Amistad, de Steven Spielberg

Un grupo de esclavos se amotina tomando la goleta en donde van captores, la Amistad. Querrán regresar de vuelta a África, pero serán atrapados por un barco americano que los captura y encarcela para ser juzgados.

“Amistad” representa uno de los traspiés más significativos en la carrera de Steven Spielberg. En un intento por realizar la misma hazaña de cuatro años atrás con “Jurassic Park” y “La Lista de Schindler”, el director realizó de manera casi simultánea la secuela de los dinosaurios y esta película de corte histórico que denuncia el esclavismo. Además era la primera película que dirigía para su recién estrenado sello, “DreamWorks”, con lo que las expectativas eran mayores. Sin embargo el resultado para ambas películas fue bastante inferior al de las anteriores sin repotarle éxito alguno, y no solo porque coincidieran el año del “Titanic”.

La película quiere reflejar fielmente los supuestos sucesos de 1938 en torno a los hechos acontecidos en La Amistad, cuando un grupo de africanos se amotinó matando a toda la tripulación excepto a dos, siendo detenidos poco después, y juzgados no una, sino tres veces. El film pretende conseguir una revancha histórica demostrando lo malos que eran los españoles (y no lo digo porque sean españoles, diría igual si fueran franceses o ingleses) traficando con esclavos mientras los americanos luchan por la abolición de la esclavitud y los defienden. Lo mismo de siempre digamos. Claro que este no es el gran fallo sino la representación histórica que roza el ridículo de personajes históricos como Isabel de España, una niña de 11 años que juega con muñecas y cuya presencia en pantalla no ayuda para nada al metraje, o John Quincy Adams, el expresidente americano que se erige en último momento como gran héroe demostrando sus dotes de oratoria. Estos detalles con algunos otros más (lo siento, no soy un experto en historia) hacen que nos sea difícil enmarcar a “Amistad” dentro de cine histórico verídico. Más bien puede entrar en ese cine, tan abundante, de cine histórico artificioso, o sea que utiliza la historia para contar su propia historia.

Claro que “Amistad” posee una gran carga de buenas intenciones y objetivos, y es que la película más que un fresco histórico es un alegato a favor de los derechos humanos. Los africanos esclavizados se sublevan por un derecho primordial, la libertad. Ese derecho que les ha sido arrebatado injustamente y que empuja a cualquier hombre a luchar por conseguirla. Si bien al principio creemos que lo hacen por su propia naturaleza de seres salvajes (en esa gran secuencia de apertura) al poco de conocer un poco más al protagonista, Cinque, y nos narre su historia comprobamos que son personas encadenadas a una vida de servicio sin motivo alguno, tan solo para enriquecer a otras personas.
También podemos hablar de cien de juicios. El film gira en torno a los distintos juicios que deben pasar los esclavos para demostrar que son libres y que fueron capturados injustamente. No tenemos solo un juicio, sino tres. Uno primero frente a un juez veterano, el segundo con un juez joven, y el tercero ante el Tribunal Supremo. Total, que tenemos unas vistas muy completitas.
Si antes he citado que la película posee dudosa rigurosidad histórica si juega brillantemente con la historia utilizando el caso de los africanos como antecedente a la posterior guerra civil. Y es que si hay tanto juicio y expectación por el caso en el film es por el miedo que azotaba a Estados Unidos de una posible guerra entre el Norte y el Sur por la abolición. De hecho, los principales defensores de los africanos, Joadson y Tappan, son abolicionistas que pretenden utilizar el caso en beneficio de su causa.

Existen ciertos paralelismo con el cristianismo, o más concretamente con la historia de Jesús, que subrayan aún más ese toque artificioso al que antes me refería. Los africanos consiguen una biblia y comienzan a leerla a través de sus dibujos, conociendo así la historia del hijo de Dios y sintiéndose identificados, pues ellos también están siendo juzgados injustamente.
El personaje principal, Cinque, es un guía para su pueblo, el hombre al que todos siguen y atienden. Sin embargo este rasgo en la película pierde mucha fuerza en el momento en que Cinque comienza a hablar con Baldwin y a entender lo que le dice sin necesidad de intérprete, como si el africano hubiera aprendido solo escuchando a sus captores, rematado con su cambio de personalidad, de repente es un hombre fiero y brusco y a la mínima de conocer a Baldwin posee una excelente cortesía. Eso es artificial, pero es que llega al absurdo con ese momento en que Cinque se levanta y grita “Libre a nosotros”, consiguiendo que algo supuestamente emotivo sea fantasioso.

Spielberg realiza secuencias muy buenas en un conjunto cojo. La secuencia de apertura con esa maravillosa fotografía azulada es magnífica, utilizando el primerísimo primer plano en que nos muestre la angustia de Cinque por sacar el clavo que le apresa hasta narrarnos el motín por medio de elipsis a través de fundidos. El flashback que nos narra la vida de Cinque y todo su cautiverio hasta llegar a La Amistad está muy bien narrado, conteniendo en él escenas de lo más desgarradoras. La conversación entre Baldwin y Cinque a pesar de tener cierta fantasía, está muy bien planteada para cuando el africano responda que viene de mucho más lejos de lo que Bladwin le está indicando se meta entre las sombras. El monologo final de Quincy Adams es sencillo y directo, otorgando a Hopkins toda la escena para que se luzca. Por otra parte contiene secuencias que si bien pueden parecer interesantes resultan innecesarias, como la visita a la goleta en que Joadson queda atrapado entre cadenas, rememorando lo que sufrieron sus antepasados y temiendo que le ocurra. Buena escena que queda como anecdótica. La duración no ayuda mucho, siendo la parte del abogado Baldwin bastante prescindible.
El guión corrió a cargo de David Franzoni (que luego volvería a jugar con la historia en “Gladiator”), quien comete el terrible fallo de introducir elementos supuestamente cómicos (la reclamación de los esclavos por distintas personas) que alcanzan el absurdo.
Lo que hay que remarcar en esta película es la excelente fotografía de Janusz Kaminski, dotando a la película de unos colores vivos y puros incrustados en una oscuridad prominente a lo largo del metraje.
La música de John Williams vuelve a estar a la altura componiendo un canto triste que evoca el país africano así como uno más alegre para el triunfo de los esclavos.

El reparto está lleno de figuras de primera fila que desgraciadamente tienen menos peso del que parece. Morgan Freeman es el abolicionista Joadson, un hombre preocupado en suprimir el mal que atañe a los de su raza, la esclavitud. Aunque en principio aparezca como un personaje importante quedará en segundo término como comparsa, mero espectador de los hechos. Matthew McConaughey es Baldwin, el abogado defensor de los africanos, que, no sé ustedes, a mi me cayó mal desde el primer momento en que aparece y decide defender a los cautivos como si fueran mercancía. Djimon Hounsou es Cinque, el verdadero protagonista del film, el héroe de su tribu que se enfrentó a un león y ganó, para ahora enfrentarse a otro león (los jueces) y volver a ganar. Hounsou fue el descubrimiento del film para a continuación realizar papeles similares (por no decir iguales) en “Gladiator” y “Diamante de Sangre”. Stellan Skarsgaard es el abolicionista Pattam, al que parece importarle más llegar a la Guerra Civil que salvar a los africanos. Nigel Hawthorne es el Presidente Van Buren, ansioso por ser reelegido. Mi querida Anna Paquin está desaprovechadísima, por no decir sobrante, como la Reina Isabel de España. El mejor actor a nivel interpretativo en el film es Anthony Hopkins como John Quincy Adams. Posee las mejores frases y realiza una convincente interpretación como anciano medio sordo capaz de dejar K.O. al tribunal supremo tras más de diez minutos de alegato.

La película recibió cuatro nominaciones a los Oscars: Mejor fotografía, Mejor Actor Secundario (Hopkins), Mejor Vestuario, y Mejor Banda Sonora.

Un film fallido dentro de la filmografía de Spielberg, que, aún poseyendo secuencias muy buenas, queda por debajo de lo que es capaz.

Lo Mejor: La fotografía. Algunas secuencias realmente sobrecogedoras. Su discurso a favor de los derechos humanos.

Lo Peor: Su excesiva duración. McConaughey.

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