Archivo de Octubre 2008

Heat, de Michael Mann

Octubre 30, 2008

En la ciudad de Los Ángeles el inspector Vincent Hanna junto a su equipo debe detener a la banda de ladrones liderada por Neil McCauley.

Antes de realizar su primer trabajo televisivo tras la cámara Michael Mann tenía escrito un guión considerablemente largo sobre un policía y un criminal. Mann ideo la historia partiendo de lo que le contaban amigos trabajadores en el cuerpo de policía y que habían tratado con verdaderos criminales. El director decidió reducir el guión para rodar un episodio televisivo llamado “L.A. Takedown”, pero cuando Art Linson leyó el verdadero guión le dijo que debía hacer la película. Linson consiguió a De Niro para el papel del ladrón mientras Mann apalabró con Pacino el papel del policía. El anuncio era demoledor: Pacino y De Niro juntos en la gran pantalla, ya habían participado antes en “El Padrino II” pero no coincidían en ningún momento. Con un gran elenco de secundarios, algunos de ellos ahora actores conocidos, Mann realizó la que es su película más personal y significativa.

Lo primero que hay que decir sobre “Heat” es que no se trata de una película sobre policías y ladrones al uso, no es una película donde los polis son buenos y los ladrones malos, sino un retrato autentico de la vida de estos hombres que llevan un arma y se dedican a jugarse la vida todos los días, estén de un lado u otro.
Vincent Hanna es un teniente de policía que lleva cientos de casos turbios sobre sus espaldas. Es un buen policía, trabaja para ello al 100% y eso perjudica su vida intima que ya pasa por su tercer matrimonio. Al llegar a casa no se encuentra un remanso de paz precisamente sino una mujer que se siente abandonada y una hijastra cuyo padre pasa de ella dejándola tirada cada dos por tres. Hanna se define como un hombre que vive para la persecución, no es un hombre de estar por casa, a él le mueve la emoción de capturar a sus presas, que van desde simples ladrones o camellos a verdaderos psicópatas sanguinarios.
Neil McCauley es un expresidiario que planea golpes importantes contando con gente de confianza, amigos a los cuales cuida interviniendo en su vida personal si es preciso. McCauley es un profesional, controla todo al más mínimo detalle y no se arriesga si ve algún cabo suelto por pequeño que este sea. Su lema es no admitas nada en esta vida que no puedas dejar en treinta segundos si la pasma te pisa los talones, ya ha pasado bastantes años en prisión y tiene claro que no va a volver allí. Hombre solitario y callado, de porte siempre integro e intachable, habrá algo con lo que McCauley no cuente, el amor. Su tropiezo con Eady, una joven que trabaja en la biblioteca, marcará el punto de inflexión en su vida a partir del cual reconsidere abandonar lo que mejor sabe hacer para marcharse y llevar una vida normal.
Además de los dos personajes protagonistas, que representa cada gremio, la película cuenta con un gran elenco de personajes secundarios, no sabría decir el número pero es posible que a lo largo del film aparezcan cuarenta o cincuenta personajes con dialogo, los cuales, y es otra de las característica que hacen grande este film, tienen profundidad. No hay ningún personaje en la trama que este de relleno, absolutamente todos ellos tienen un fin y, por supuesto, una personalidad perfectamente definida que crea un repertorio de personajes ricos, dignos de una tragedia shakesperiana. Así pues tenemos por ejemplo a Chris Shiherlis, amigo y compañero de Neil, quien tiene problemas con el juego y ve desmoronarse su vida familiar, o a Donald Breedan, un recién salido de la cárcel cuyo trabajo de libertad condicional le está resultando un infierno.

Al profundizar en todos los personajes, en mayor o menos medida, descubrimos que no se diferencia mucho los policías de los criminales. Todos ellos tienen una familia y sus propios problemas personales que no involucran al trabajo, salvo que siempre que salen de casa sus mujeres temen no volver a verlos debido al riesgo que corren. Para remarcar este paralelismo y similitudes entre ambos gremios Mann nos los muestra de manera similar cenando. Si no supiéramos a que se dedican creeríamos que trabajan para un banco o en una tienda, con lo cual se acaban desmitificando los arquetipos caricaturescos con que Hollywood siempre ha retratado ambos oficios. Ni se es un héroe siendo policía, ni te haces famoso por robar. Simplemente son personas que hacen lo único que saben hacer.
En el fondo, y al final, descubrimos que todos los personajes del film son perdedores, incluso aquellos que parecen salir indemnes acaban perdiendo algo importante. Y es que, por qué no decirlo, “Heat” posee uno de los finales más tristes dentro del género. Neil parece que huye con Eady a empezar una nueva vida pero su orgullo le obliga a desviarse de su plan para eliminar al hombre que le traicionó. Ese error le cuesta el tener que enfrentarse a Hanna en un duelo del que solo uno puede salir vivo. Como en las viejas películas vence el policía, pero el sentimiento que nos invade no es el de confort sino el de tristeza, la misma tristeza con la que Hanna se acerca al cuerpo de McCauley y le agarra la mano. Tenemos a dos hombres, uno de ellos posee una vida triste que le obliga a tropezarse diariamente con verdadera chusma y cuya vida familiar se ha ido a pique, el otro es un pecador que parece redimirse gracias al amor y que tenía en perspectiva una nueva vida. Al final la justicia gana, pero desearíamos que se hubiera puesto de otro lado la balanza.

Michael Mann realiza un film visualmente poderoso con todos los rasgos propios del autor. Los tonos azulados predominan en las escenas nocturnas, especialmente cuando se muestra a Neil. La definición del personajes es sensacional y nos describe su personalidad solitaria mediante ese plano en que deja la pistola en su mesa cristalina y se detiene ante la ventana observando el mar. Se palpa la soledad del personaje en esa sencilla escena. El rimo y la fuerza con que se nos narra todo impide que el film tenga un momento de descanso a pesar de sus casi tres horas de duración. El uso del sonido y de la música vuelve a ser primordial para el director, introduciéndola en los momentos puntuales para que sirva como elemento descriptivo, ya sea para reforzar una situación o describir un estado de animo de algún personaje. No creo que haya mejor ejemplo de esto que la secuencia del atraco y posterior tiroteo en donde el tema de percusión de Goldenthal funciona como segundero a medida que están realizando el robo para después desaparecer de golpe y ser sustituida por los disparos ensordecedores. Nunca se habían escuchado disparos tan realistas y vibrantes como en esta película.
El director sabe dirigir cine de acción, es un artesano en la materia. La secuencia del principio en que embisten al camión y lo roban es impactante y nos mete de lleno en la trama. Además sabe sacar de los actores todos sus sentimientos sin que hablen, solo utilizando los primeros planos que ahonden en cada personalidad y la música, algo que personalmente me encanta. Por ejemplo remarco la mirada que echa Neal a Eady cuando la deja durmiendo, cómo si se arrepintiera de haber estado con ella pero con miedo de no verla más, o cuando Chris ve por última vez a su esposa y esta le advierte del peligro que corre. Memorable es también el momento en que Neil está perpetrando el robo de unos cristales siendo vigilado por Hanna y su equipo dentro de un furgón. El movimiento de uno de los policías pone en alerta a Neil quien decide abortar la operación frente a la mirada preocupada de Hanna. Sutileza interpretativa y buena dirección.

La ciudad de Los Ángeles es un personaje más y Mann así la muestra, sacándole partido en todo momento y ofreciéndonos una visión diferente de ella.
Para llevar a buen puerto el proyecto Mann se apoya en profesionales con los que ya había trabajado antes, tal es el caso del director Dante Spinotti, quien consigue crear los ambientes adecuados para cada situación. El compositor Elliot Goldenthal creó una banda sonora arriesgada que encaja como un guante con las imágenes, con dos canciones de Moby, de las cuales la que cierra el film, “God Moving Over The Face Of The Waters”, es imposible escucharla sin asociarla con el mismo.

Hay dos secuencias que merecen un aparte. La primera es el citado robo y tiroteo. El director nos sitúa en el corazón del banco y en las perspectivas de los atracadores. La velocidad y precisión con lo que sucede todo es milimétrica, la cual ayudada por la música, nos transmite una ansiedad similar a la que deben sentir los ladrones. Por otra parte se nos muestra en paralelo como Hanna y sus hombres reciben la noticia del robo y se dirigen al lugar, lo cual imparte a la pieza más suspense. Cuando los atracadores van saliendo del banco y todo parece normal observamos al equipo de la policía rodeándolos. Parece que van a capturarlos de manera pacifica a pesar de sus armas. Cuando Chris está a punto de subir al coche se da cuenta de que están siendo observados y sin dilatar empieza a disparar dejándonos petrificados. Se acaba de desatar el caos. La sucesión de disparos, cómo todo va aconteciendo de forma trágica y realista (desde la gente gritando hasta los atracadores cambiando los cartuchos de sus armas), la coreografía a través de los coches por los que Neil y Chris se abren paso a balazos, todo ello está mezclado y montado de manera impactante, tanto que una vez finalizada el espectador siente que ha sido participe al comprobar como su corazón ha pegado un acelerón. Con ella Mann crea escuela realizando la mejor secuencia de acción de la década, y posiblemente de la historia del cine.
La otra secuencia a reivindicar, y por la cual fue famosa la película, es la conversación entre Hanna y McCauley. Que se unieran en pantalla a De Niro y Pacino en un policíaco presagiaba que sus secuencias les enfrentarían poniéndolos frente a frente. Pues bien, Mann los pone frente a frente tomando un café. La secuencia por sí me parece muy interesante al funcionar como descanso dentro del conjunto. Está situada concretamente a la mitad de película y es la más sencilla formalmente hablando. Se trata de un plano contraplano al uso. No hay más. Una conversación tranquila entre dos hombres que se encuentran a ambos lados de la ley y que no discuten sobre si lo que hacen esta bien o esta mal o si yo soy mejor que tu, sino sobre ellos mismo. Su reunión les sirve para expresar sus miedos. Hanna confiesa sus pesadillas a un extraño al que vigila, y McCauley admite su relación en secreto con Eady. Es un climax, el descanso que precede la tormenta que está a punto de desatarse. Su mirada final, además de mostrarnos la admiración mutua que se procesan, no presagia sino un futuro que será fatídico para uno de los dos.

El reparto está sobresaliente. Al Pacino es Vincent Hanna. El actor quiso dotar al personaje de mucha energía, como si fuera colocado todo el día, con cierto histrionismo, así se conseguía realizar una balanza junto al personaje de De Niro, más tranquilo y centrado. Ciertamente Pacino consigue transmitirnos vitalidad y energía en todo el metraje. De Niro realiza su última gran interpretación para mi gusto. El actor vuelve a hacer gala de su estilo contenido creando a un verdadero profesional dentro del mundo de los robos. De Niro nos transmite todo lo que su personaje piensa mediante leves y sutiles miradas, sin necesidad de tirar de tics, y consigue que simpaticemos con el personaje, lo cual no es nada fácil al tratarse de un criminal. Val Kilmer es Chris, mano derecha de Neil. Kilmer está controlado y consigue un personaje creíble que se encuentra a punto de perder a su familia si no cambia su vida. Amy Brenneman es Eady, la joven de la que se enamora Neil, protagonizando con él las secuencias románticas del film. Al igual que el ladrón está sola y necesita a alguien en quien apoyarse. Tom Sizemore es Michael, otro de los miembros de Neil. Sizemore no tiene que esforzarse mucho para su papel pues la vena criminal le sale bien. Diane Venora es Justine, esposa de Hanna, la cual pasa por un momento duro al comprobar como su marido apenas la atiende como debiera. Ashley Judd es Charlene, la mujer de Chris que tiene un lío con un don nadie al que da vida Hank Azaria. Jon Voight es Nate, el encargado de buscar los trabajos a Neil y administrar sus ganancias. Wes Studi vuelve a ponerse a las ordenes de Mann tras “El Último Mohicano” para dar vida a uno de los hombres de Hanna, al igual que Ted Levine. Natalie Portman es la hija de Venora e hijastra de Pacino, Lauren, una chica que se siente abandonada por su padre. La escena que protagoniza en la bañera del motel donde se aloja Pacino es impactante. William Fichtner es Van Zant, un hombre de negocios que quiere jugársela a Neil. Dennis Haysbert es Donald, quien acaba de salir de la cárcel. Danny Trejo hace de si mismo, un exconvicto al que le gusta la acción.

Michael Mann consiguió realizar su mejor película, la más redonda. “Heat” es una pieza indispensable dentro del genero policiaco, siendo protagonizada además por dos figuras carismáticas dentro de dicho género. De hecho es para un servidor la última gran película policíaca.
Épica, impactante, emocionante, con la mejor secuencia de acción jamás rodada. El calificativo de Obra Maestra no se le queda pequeño.

Lo Mejor: Todo.

Lo Peor: Nada.

Moteros tranquilos, toros salvajes

Octubre 28, 2008

Llevaba tiempo queriendo leer este libro y por fin lo he conseguido. Escrito por Peter Biskind, basándose en entrevistas hechas a diferentes personalidades, se trata de un estudio acerca de la generación de los 70, mi época favorita en la Historia del Cine y razón por la que tenía ganas de leerlo. El libro analiza la decada desde finales de los 60 con la gestación de títulos emblemáticos como “Bonnie and Clyde” o “Easy Rider” hasta principios de los 80, cuando el poder de los directores fue perdiendo fuelle. Los 70 fue una época maravillosa para Hollywood, en ese periodo se gestaron títulos tan imprescindibles como “French Connection”, “El Padrino”, “El Exorcista”, “Tiburón”, “La Conversación”, “Taxi Driver”, “La Última Película”, “Alguién voló sobre el nido del cuco”, “Toro Salvaje”, “Apocalypse Now”, “El Cazador” o “La Guerra de las Galaxias”.
Cada episodio estudia los hechos que sucedían a medida que se rodaban esto títulos por medio de anécdotas que sacan a la luz el fuerte temperamento de Dennis Hopper, la influencia de las drogas en la gran mayoría de personalidades hollywoodienes (de productores a actores), la fama de mujeriegos de galanes como Warren Beatty, y por supuesto la fatídica tragedia que sucedía a finales de los 60 con la masacre llevada a cabo por la familia Mason. El libro habla de las dificultades que tuvieron las primeras pelicula de la decada, las cuales no entendían los productores de los estudios, demasiado conservadores que veían en ellas influencias del cine europeo, el cual no entendían. Se narran las dificultades de Coppola para hacer “El Padrino”, el estudio casi lo hecha y no quería a Brando ni a Pacino para el film, y relata el infierno que pasó el director para llevar a cabo su “Apocalypse Now”.
El libro adolece de caer siempre en sacar los trapos sucios de las estrellas que poblaban Hollywood en aquellos años, además de descubrirnos cosas bastante interesantes, como que Scorsese no quería a De Niro para el papel de Travis Bickle, sino a Harvey Keitel, o el temperamento que se gastaba De Niro con todas sus novias, con las cuales se peleaba para al día siguiente regalarles un frasco de colonia.
Un libro apasionante, que se lee en una sentada. Ideal para todos los amantes del cine.

Taxi Driver, de Martin Scorsese

Octubre 26, 2008

Travis Bickle es un excombatiente de Vietnam que combate su insomnio al volante de un taxi por las noches.

En 1973 Brian De Palma le mostró al productor Michael Phllips un guión escrito por el entonces periodista Paul Schrader. Phillips quedó maravillado ante el escrito y le ofreció a De Palma dirigirla pero el director declinó la oferta recomendando a un compañero de generación que estaba punto de estrenar su primera película importante, a la cual invitó a Phillips a un pase previo. Al finalizar la proyección no cabía duda, el director de aquel film era el hombre idóneo para llevar a la pantalla lo que había escrito Schrader, pero no solo eso, sino que en el film aparecía el actor que daría vida al protagonista. La película era “Malas Calles”. Phillips acababa de tener un gran éxito con “El Golpe” y no preveía muchos problemas en conseguir financiación y distribución para la película, pero el que tanto Scorsese como De Niro aún no hubieran hecho algo de gran relevancia para la taquilla frenó un poco a las productoras. Por suerte Scorsese realizó “Alicia ya no vive aquí” que le reportó excelentes críticas y tuvo un considerable éxito, además de ganar el Oscar para la protagonista Ellen Burstyn, y De Niro ganó el Oscar por “El Padrino II” consolidándose como un actor a seguir de cerca. Fue así como Columbia dio luz verde a “Taxi Driver”.

La película es uno de los retratos más escalofriantes sobre la psicología humana, pero además es el retrato del ambiente hostil que rodea las personas llegando a alienarlos de tal forma que puede convertirlas en seres desequilibrados.
La primera secuencia del film habla por sí misma y nos da indicios de la personalidad del protagonista. Una nube de humo llena la pantalla. De repente un vehículo amarillo, un taxi, la cruza erradicándola. La mirada de un hombre va de un lado a otro observando todo lo que se mueve a su alrededor. Él es Travis, nuestro protagonista. En esta secuencia, y sin que aún nadie haya abierto la boca, se nos describe el objetivo del protagonista, eliminar la basura. Ese taxi que atraviesa la humareda no es sino la representación del personaje que lo conduce.
Travis es un hombre que se pasa catorce horas diarias casi siempre al volante del taxi, recorriendo la ciudad de un lado a otro por la noche. Si ya de por sí el hombre está algo dolido por su experiencia en Vietnam que debe tomar medicamentos y le impiden dormir, el conducir un taxi de noche llevando en él a todo tipo de personajes no le ayuda a sentirse mejor. Al contrario, Travis va experimentando poco a poco lo que es estar alienado a una profesión que le tiene atado a un volante la mayor parte del tiempo.

Sin embargo su mayor enfermedad es la soledad. El taxista no tiene vida social, su vida es su trabajo, aunque él quiera acabar con eso imaginando que tiene una misión: hacer el bien por los demás. Según sus propias palabras “nadie debería vivir para su propio beneficio, sino por el bien ajeno”, es por ello que su obsesión sobre la suciedad en las calles va en aumento creándose una paranoia en su cabeza que ve peligro haya donde va. Irónicamente Travis lo que en realidad busca, como todos los solitarios, es dejar de estar solo, quiere una vida normal, quiere pasear en la calle entre la gente como otra persona más, quiere ser reconocido. En el fondo si busca un beneficio, aunque sea ayudando a los demás como él piensa.
Su vida parece cambiar cuando conoce a Betsy, una joven que trabaja en la campaña por el Senador Palantine. Aquí observamos cierta inocencia por parte de Travis a la hora de cortejar a Betsy. Aunque resulta altamente violenta no podemos negar que el invitar a la joven a un cine porno sin mayor maldad solo es característico de una persona algo discapacitada, que no desequilibrada (esto sería si quisiera abusar de ella y Travis desde luego no muestra ningún rasgo violento hacia ella). Tras este incidente, Betsy no querrá saber nada más de él convirtiéndose en una más que surca las calles entre porquería.

Cuando parece que tras percance con Betsy Travis se vuelve un hombre más violento, que incluso se hace con varias armas con el aparente objetivo de atentar contra el Senador Palantine, aparece en su vida una nueva luz que grita en silencio ser salvada: Iris. La joven prostituta de 12 años entra en la vida del taxista una noche tras dejar a un cliente. Ella se mete en el asiento de atrás y le pide que se ponga en marcha a toda prisa pero aparece un hombre que arranca a la joven del vehículo y da al taxista un billete de cinco dólares pidiendo que se olvide del asunto. Está muy bien utilizado ese billete dentro de la trama, pues varias veces Travis tiene la oportunidad de deshacerse de él y no lo hace hasta el momento concreto que descubre donde vive la joven, dándole el billete a su “casero”. Hay una segunda vez en que Iris se cruza con Travis, y es mucho más importante que la primera porque sucede en el periodo en que él ha decidido tomarse la justicia por su mano. Sucede cuando el taxista está atravesando una calle y la joven se cruza ante él a punto de ser atropellada. La mirada con que ella le mira no es la de una persona rencorosa por haber sido casi atropellada, sino la de un ser asustado y frágil en un mundo lleno de lobos, y Travis así la interpreta, convirtiéndola en la persona más importante de su vida, a la cual debe salvar.
Con Iris todo es distinto que con Betsy, Travis congenia con ella en todo momento y lucha por hacerla entrar en razón para que abandone el mundo de la prostitución sin que ella le de la espalda o le abandone de repente, de hecho su conversación en la cafetería sucede tras el rechazo de él a tener sexo con ella por tratarla como lo que es: una niña. Entre ambos se forma un vinculo, son hijos de la noche, ella hace la calle y él recorre las calles, y ambos ansían lo mismo, existir más allá de su trabajo. Ella quiere dejar la calle y marcharse y él quiere dejar de ser anónimo.

Se dice que “Taxi Driver” es un western urbano. En mi opinión adquiere carácter de western propiamente dicho cuando Iris entra en escena como una damisela en apuros, así Travis sería perfectamente el vaquero que debe salvarla y la escena dentro del hotel donde hacen negocios Sport y compañía el rancho donde tiene lugar el sangriento tiroteo final.
El resto del film mí es una disección de la América de los 70 a través de la mirada de un miembro de esa sociedad que recorre las calles de noche. Siempre estamos en el sitio de Bickle, en todo momento le acompañamos por las calles neoyorquinas, que, al contrario de otras películas, se nos muestran sucias y realistas. Nos convertimos así, como el protagonista, en voayeurs nocturnos de la vida ajena en que un taxi puede servir de habitación para practicar el sexo, como de confesionario.

Martin Scorsese crea su primera Gran Obra Maestra. “Taxi Driver” es una película que va más allá de cualquier calificativo. El director se muestra inspirado e influenciado por el cine europeo, en especial la Nouvelle Vague”, creando una película inolvidable en donde su estilo empezará a ser patente. En todo momento Scorsese nos pone en la situación de Travis, siempre le acompañamos y observamos su entorno, además de escuchar sus pensamientos mediante la voz en off. Los planos de sus ojos o esos repetitivos primeros planos del personaje no hacen sino acrecentar el estudio psicológico al que está siendo sometido. No debemos sentirnos avergonzados al decir que nos identificamos con él puesto que todo lo que él ve es tal y cómo lo define: una basura, y así se esfuerza Scorsese en mostrárnoslo. Las putas, los yonquis, los macarras, los chulos, incluso los puertorriqueños se nos presentan de manera amenazadora.
El director utiliza la cámara lenta en momentos puntuales para subrayar algo. Por ejemplo la presentación de Betsy caminado por la calle con las palabras de Travis en Off que la definen como “el ser más hermoso que ha visto” o cuando Travis va a reunirse a su cita con Betsy se nos muestra caminado por la calle, pero no va vestido con su indumentaria normal, sino elegante, es cómo si su vida fuera a cambiar y dejara de estar solo. O cuando el Senador Palantine acaba de dar el discurso y Travis huye mirándolo cuando parece que va a atentar contra su vida, es como si el taxista se hubiera arrepentido y hubiera descubierto que ese no es el camino correcto, y no porque los guardas de seguridad le hayan visto como sospechoso.
Hay una secuencia en que Scorsese se aleja de Travis, en que el protagonista no aparece de ninguna manera. Es la secuencia entre Iris y Sport. Esta secuencia sirve para ver la clase de vida que lleva la chica junto al chulo, y cómo este la tiene hipnotizada mediante sus discursos cariñosos. Pero hay más, gracias a ella se trata de humanizar a Travis justificando así que se tome la justicia por su mano al final. Esa secuencia final comienza en el momento en que Travis aparca el coche y se dirige a Sport para matarle. La fotografia cambia en este bloque para que las escenas de sangre no resultarán tan duras, pero aún así lo resultan. Este tramo es pura violencia descarnada, cruda y dura, no hay épica, todo es un continuo de tiros, heridas y sangre, presentado de manera sobrio y seca. Una vez acabado el tiroteo hay un detalle a resaltar como es el intento de suicidio de Travis. Como si ya hubiera hecho todo lo que tenía que hacer en el mundo y no merece la pena seguir en él coge su pistola, se la coloca bajo la cabeza y aprieta el gatillo. Pero no hay balas, Ninguna de sus armas tiene balas que le borren del mundo, condenándolo a seguir patrullando las calles en su taxi como un justiciero calificado por la prensa como héroe.
Además de todo lo comentado Scorsese se marca secuencias maravillosamente bien rodadas y sugerentes, que consiguen hacernos sentir sensaciones. Los planos detalle del entorno del taxi en los créditos de apertura parecen propios de un film de suspense. El zoom que realiza dentro del vaso en que la pastilla se descompone es sugerente. La secuencia dentro del cine porno en la cita con Betsy provoca incomodidad y resulta violenta. El travelling cenital que describe la escena sangrienta en el apartamento es alucinante. Todo el film es una experiencia visual.

Todos los elementos están combinados de manera brillante. El guión de Schrader es genial y presenta uno de los personajes más impactantes de la historia del cine. La fotografía de Michael Chapman encrudece aún más la historia dotándola de un realismo tangible. El montaje es propio de Scorsese y no decae en ningún momento. El tema musical del film compuesto por Bernard Herrman es melancólico y consigue dotar a la cinta de una atmósfera triste y deprimente a la par que romántica.

A pesar de ya contar con un Oscar en su haber Robert De Niro fue considerado un genio, y a ser venerado, gracias a su escalofriante interpretación como Travis Bickle. El actor se preparó el papel conduciendo un taxi durante horas, adentrándose en la mente del personaje. A Albert Brooks nunca lo miraba para así conseguir más antipatía hacia su rol y con Jodie Foster quedaba para ensayar. Trabajó con su cuerpo e improvisó la que hoy día es la secuencia más famosa de la película, aquella en que se mira a un espejo y habla consigo mismo preguntando “¿Are you talking to me?”. Su mirada nos deja ver a un ser desequilibrado y solitario, alguien fuera de todo raciocinio, mucho más amenazante cuando aparece rapado con cresta cual mohicano. Una creación interpretativa magnánima. Cybill Shpeherd es Betsy, la rubia de la que se enamora Travis. La actriz está correcta, y cumple con su personaje, al igual que cumple su compañero Abert Brooks dando vida a Tom, compañero dentro de la campaña. Jodie Foster conmueve con su papel de Iris, su primer papel verdaderamente reivindicativo a pesar de que ya tenía una larga experiencia en cine y televisión (la mayoría producciones Disney y un breve papel en la anterior pelicula de Scorsese “Alicia ya no vive aquí”). Foster está magnifica y nos muestra a una niña que juega peligrosamente a ser adulta de manera inolvidable. Harvey Keitel es Sport, el chulo de Iris y traficante, representación de esa basura que ensucia las calles. Keitel brilla, como siempre, pese a su breve intervención. Scorsese se guarda dos pequeños roles. Uno es un cameo cuando se nos presenta a Betsy. El otro tiene más significado, y es el del hombre que confiesa a Travis en su taxi que va a matar a su esposa. Sinceramente, creo que Scorsese debería explotar más su vena interpretativa porque siempre que hace algún papelillo lo clava.

La película, fuera de polémicas, ha sido, y sigue siendo, protagonista en varios debates que la estudian y analizan cual obra filosófica, y es que en cada visionado se encuentran nuevos detalles, y eso solo sucede con las grandes obras de arte.
“Taxi Driver” ganó en Cannes la Palma de Oro y estuvo nominada a cuatro Oscars. Lo peor no es que no ganará ningún Oscar (fue el año de “Rocky”), sino que no nominaron ni a Scorsese ni a Schrader por sus magnos trabajos. Por suerte el tiempo la ha puesto en el sitio que se merece, como una de las mejores obras de Scorsese y del Séptimo Arte en general.
Asfixiante, claustrofobica, obsesiva, hipnótica, violenta, la película nos atrapa durante dos horas en la mente de un personaje fascinante y oscuro. Una experiencia inolvidable.

Lo Mejor: Todo.

Lo Peor: Nada.

Scarface, de Brian De Palma

Octubre 24, 2008

Tony Montana es un refugiado cubano en Estados Unidos cuyo objetivo es convertirse en el hombre más poderoso del mundo.

Cuando Brian De Palma pensó en hacer un remake de “Scarface” de Hawks y Hughes lo quería ambientar en los años 30, pero al proponer hacerlo en la actualidad el director se desentendió del proyecto puesto que no le veía sentido. Fue entonces cuando Sidney Lumet entró en el proyecto y sugirió que el protagonista perteneciera a esa ola de refugiados cubanos que estaban llegando a Estados Unidos. El guión se le encargó a Oliver Stone, quien se empapó de todo lo relacionado con cuba y el narcotráfico de cocaína procedente de Bolivia. Stone escribió el libreto en Francia, desenganchándose de camino de su adicción a las drogas, y cuando se lo presento a Lumet este quedó contrario ante tanta violencia y excesos que abandonó la dirección. El productor Martín Bregman volvió a llamar a De Palma y le presentó el guión de Stone. El director quedó encantado con lo que había leído y decidió dar vida a esta revisión del clásico de 1932.

La película narra el auge y caída del gangster Tony Montana, un refugiado cubano que va ascendiendo mediante actos criminales. Montana representa la ambición y el exceso. Su única meta es ser amo y señor de todo cuanto le rodea de la forma más rápida, esto es el negocio de la cocaína. La ambición hace que Tony liquide a su antiguo jefe, López, para empezar a trabajar con el terrateniente Sosa de Bolivia en el contrabando y posterior distribución de cocaína en Miami. Cuando mata a López no solo se queda con su parte del negocio sino con su mujer, Elvira, a la cual Tony le echó su penetrante mirada en cuanto la vio por primera descendiendo por el ascensor.
El mundo de Montana es un mundo plagado de excesos. Le gustan las cosas a lo grande, y solo hay una forma de tener todo lo que su mente imagina: el dinero. Si tienes el dinero tienes el poder. Los excesos de Tony se materializan en su gran mansión decorada con todo lujo en rojos chillones y dorados. Desgraciadamente todo ese exceso será lo que marqué la caída del gangster. Con Sosa acuerda mover gran cantidad de droga acordando con el narco un pacto de por vida mediante el cual nunca podrá darle la espalda, ni siquiera cuando este le pida un favor. Cuando quiere limpiar dinero lo hace en cantidades descomunales, motivo por el cual se gana una acusación de evasión de impuestos. El refrán tan sabio que le dijo su antiguo jefe de que volará siempre recto y firme se lo ha saltado queriendo ir más allá que cualquier hombre, queriendo volar tan alto que no pensó que su caída sería mortal.

Generalmente el “Scarface” de De Palma narra lo mismo que el de Hawks con muchos puntos en común respecto al personaje principal. Ambos quieren a la chica del jefe al que sirven y después liquidan. A ambos les gusta las refriegas de tiros. Y los dos llevan una cicatriz en el rostro. Pero la versión De Palma-Stone contiene cosas muy interesantes que la separan del clásico del 32 convirtiéndola en un film original y único. En primer lugar es que el protagonista es cubano, no italo-americano. Luego está el ambientarla en el Miami de los años 80 y en que se trata el tema de la inmigración cubana en Estados Unidos. Casi todos los protagonistas con entidad del film son cubanos o bolivianos, y lo que da fuerza a nuestro protagonista es un producto procedente de ellos, la cocaína.

Otro de los puntos más interesantes a tratar es la relación de Tony con las mujeres del film. Primero hablemos de Elvira. Podríamos decir que es la chica de la que se enamora, pero creo que decir eso sería excesivo. Elvira es una chica de extraordinaria belleza que impactó a Tony la primera vez que la vio convirtiéndola en un objeto que conseguir, un capricho. Él mismo le dice que para gobernar hace falta una mujer adecuada al lado y es por eso porque la elige, porque irradia fuerza y deja a todo el que la ve boquiabierto. Por otro lado tenemos a Gina, hermana de Tony. Aquí si que podemos hablar de amor de verdad. Gina es el único personaje del film por el que Montana se dejaría matar si fuera preciso. No admite que ningún hombre se acerque a su hermanita, ni siquiera su mejor amigo Manny. Gina es especial, se merece algo mejor que cualquiera de los que rondan las discotecas. En esta obsesión de Tony por proteger a su hermana vemos los celos que siente cada vez que un hombre se la acerca, y así podemos decir que tenemos una relación incestuosa entre hermanos que llega a su punto álgido cuando Gina entra en el despacho de Tony ofreciéndosele desnuda con un arma.

Brian De Palma realiza una de sus películas más celebradas, aunque seamos sinceros, dentro de su extensa filmografía “Scarface” queda como buena en lo que a términos de dirección se refiere. El director dio un giro al no plantearse este film como uno de sus ejercicio hitchcockianos sino más como un film de acción. Son precisamente las secuencias de acción aquellas que consiguen hacer de “Scarface” una película a tener en cuenta dentro de la carrera del director y que posteriormente perfeccionaría en obras como “Los Intocables” o “Carlito´s Way”. Por supuesto aunque sean secuencias primordialmente de acción todas ellas conllevan el sello del director a la hora de crear un suspense. Dos secuencias marcan esto. La primera la que acontece en la habitación de un motel cuando a Tony y un compañero le tienden una emboscada y son esposados al baño mientras sus compinches de fuera no se enteran de que les ha pasado por estar distraídos con las chicas guapas. En esta secuencia el director hace gala de su amor por la sangre con esa salpicadura a ritmo de sierra o el posterior tiroteo. La segunda secuencia es la final. Contemplamos como entran en la mansión de Tony varios sicarios mientras él no se entera por estar ocupado con su hermana Gina. Una vez se dé cuenta del asalto a su casa, a través de una fatídica perdida, comenzará una orgía de tiros y sangre empañada por el humo de cocaína. Ni que decir tiene que dicha secuencia es mítica dentro del cine de gangsters por lo salvaje que resulta todo.
Como detalles interesantes que merecen mención destaco el acercamiento que hace el director a los ojos de Tony cuando algo le interesa (la primera vez que ve a Elvira, siempre que se trata de su hermana), o esa presentación del personaje mediante un giro de 360º mientras está en un interrogatorio. Hay una escena que me parece genial por lo que transmite, y es cuando Montana está en la bañera gigante con Manny sentado a su lado y Elvira esnifando coca. El gangter está exaltado viendo la televisión y criticando a todo el país, su paranoia va creciendo por momentos y no confía en nadie. Pues bien, De Palma ya nos dice que el protagonista está a punto de caer mediante un picado que deja a Tony solo en la habitación pegando voces y maldiciendo a todo aquel que le dé la espalda. Genial.
El guión de Oliver Stone es otra pieza fundamental para la película, y merece tanta autoría fílmica como De Palma. El film contiene frases muy celebradas puestas en boca de Montana que definen al personaje, como por ejemplo, una de mis frases favoritas: “En este mundo solo tengo dos cosas, mis cojones y mi palabra y no los rompo por nada ni por nadie”. Por supuesto en inglés gana mucho más, como todo el film integro.

Desgraciadamente, como nota negativa, el film, ya no solo dentro de la trama sino formalmente, es muy ochentero. Con esto de ochentero me refiero a que es imposible imaginarse esta película realizada en otra época y eso le impide ser atemporal. La culpa de esto se lo achacó no solo a los constantes zooms, sino más bien a la música, a todo lo que concierne con la música. Giorgio Moroder fue un compositor muy bueno que compuso temas grandioso para films celebres del os 80 (inolvidable el de “El expreso de medianoche”) pero aquí se excede en su uso de la electrónica componiendo además canciones discotequeras a mansalva. Si estas canciones se usaran solamente en los tramos de discotecas no pasaría nada, pero es que la película tiene ese tramo tan propio del cine de los ochenta como es narrarnos los hechos que explican el ascenso de Montana mediante una sucesión de imágenes acompañadas por este tipo de música. Yo entiendo que eso gustará en aquellos días por ser popular musicalmente pero hoy resulta hortera.

El reparto está encabezado por Al Pacino, bueno mejor dicho, está al servicio de Al Pacino. Él fue el actor en que se pensó para hacer la película desde el principio, y no decepcionó mostrando una obsesión compulsiva por hablar perfectamente con acento cubano. Esa es una de las razones por las cuales hay que verla en Versión Original, Pacino hace un trabajo estupendo con su acento, además de dar rienda suelta a un sin fin de gestos muy propios de los cubanos. Pacino se muestra en esta película salvaje como un león en todo momento mediante su mirada maracada. Su creación de Tony Montana es para muchos su mejor papel, yo diría que es el más icónico. Siempre nos quedará la duda sobre que era polvo blanco que había en la mesa para la secuencia final, solo decir que el actor se achicharró la mano al coger la metralleta cuando le tocaba rodarla. Michelle Pfeiffer fue elegida para Elvira, y demos gracias a que aceptó pagarse el avión para la prueba sino tal vez solo tendríamos de ella su secuela para “Grease”. La Pfeiffer se muestra siempre perfecta en su papel de joven novia de ricachón enganchada al polvo blanco. Otra preciosidad, Mary Elizabeth Mastrantonio es Gina, la hermana de Tony, una jovencita a la que le gusta divertirse en discotecas dando rienda suelta a su inocencia. Steven Bauer da vida a Manny, el mejor amigo de Tony. Bauer forma una pareja muy buena con Pacino en la pantalla y eso consigue que sus personajes nos parezcan que realmente son amigos desde hace años. Robert Loggia es Frank López, el jefe de Tony que le abre las puertas al negocio. F. Murria Abraham es Omar, mano derecha de López.

“Scarface” es una cinta de gangsters violenta, descerebrada por momentos, con fragmentos muy De Palma, pero sobre todo es una película 100% Al Pacino.

Lo Mejor: El personaje de Tony Montana creado por Pacino. La secuencia final.

Lo Peor: Está demasiado anclada en los 80.

Escenas: Heat

Octubre 21, 2008

He aquí dos secuencias de la película policíaca dirigida por Michael Mann protagonizada por Pacino y De Niro.
La primera es la famosa conversación que ambos personajes mantienen tranquilamente en una cafetería. Según cuentan los involucrados la secuencia se rodó sin ensayar dejando que cada actor interpretará a su manera, con lo cual cada vez que repetían salían emociones y reacciones diferentes. La química entre ambos no se puede poner en duda gracias a esa sonrisa final que se intercambian. Aunque sea un simple plano-contraplano nos da la oportunidad de ver juntos a dos de los más grandes haciendo lo que mejor saben.

En segundo lugar tenemos el atraco al banco y posterior tiroteo. Coronada como una de las mejores secuencias de acción de la historia con todas las de la ley, una lección de cine. La tensión y la emoción que consigue Mann en esta gran secuencia es inigualable, diez minutos de puro vértigo.

Tarde de Perros, de Sidney Lumet

Octubre 19, 2008

Un 22 de Agosto de 1972 tres hombres planearon el atraco de un banco en Brookling. Solo dos lo levaron a cabo. Debían realizarlo rápido. Sin embargo aquel día se convirtió en el peor de su vida.

Basándose en aquel hecho real sucedido en 1972 el director Sidney Lumet y el guionista Frank Pierson crearon una de las piezas maestras cinematográficas de la década de los 70.
Todo empieza un día normal. En Brooklyn todo transcurre con normalidad. Unos jóvenes aparcan su coche cerca de la entrada de un banco. Primero baja uno y entra dentro del edificio. A continuación le siguen los otros dos que había dentro del vehículo. Dentro del banco el que ha entrado primero se sienta frente al director de la sucursal apuntándole con un arma. Los otros dos sacan sus armas y uno de ellos, el cabecilla, anuncia el atraco. El chico que ha entrado con el cabecilla se raja y huye del banco. A partir de aquí se desata un cúmulo de circunstancias que convierten lo que en principio parecía un golpe sencillo en un espectáculo mediático en que el centro son el ladrón y la policía.

Si por algo considero grande “Tarde de Perros” es por el realismo, plagado de humor algunas veces, con que suceden los hechos. Sonny y Sal, los dos ladrones, son dos tipos normales, que tienen los nervios a flor de piel. No son criminales, sino personas corrientes que eligen el camino fácil para huir del mundo opresor en que viven. En todo momento los dos están nerviosos, asustados, aunque aparentando control sobre la situación.
He mencionado el humor que acontece en varios momentos. No son situaciones cómicas buscadas a drede sino que aparecen en la trama de forma sencilla, sin resultar forzada. Ahí tenemos por ejemplo el momento en que Sonny descuelga el teléfono creyendo que es la policía cuando en realidad es el esposo de una de las rehenes, la cual preguntará minutos después a Sonny si van a tardar mucho como para que ella llegué a cenar. Otro momento, que describe muy bien la naturaleza amable de Sonny, es cuando dentro del banco todas las cajeras están haciendo cosas y a una de ellas el atracador está enseñándole a utilizar el arma para ponerse firme como en el ejercito. ¿Cuándo hemos visto a un atracador que preste su arma a una rehén? Esa es una de las genialidades de la película.

Sydney Lumet planifica la ejecución del robo al banco de manera magistral, tomándoselo con tiempo, situando y centrándose en cada uno de los personajes. El director dirige con fuerza todo el metraje, consiguiendo que los hechos que se nos presentan parezcan que suceden en tiempo real. Lo mejor es que la película no da un minuto de respiro, siempre sucede algo que impide tomar aliento. Tan solo pondría como pega ese pequeño bajón de ritmo al final de la cinta en que Sonny hace dos llamadas telefónicas a sus respectivas mujeres.
EL film no se queda en una simple película de robos, es más, lo menos que representa es una película de robos. “Tarde de Perros” es una historia sobre lo que significaron los 70 en la sociedad norteamericana. En ella se dan cita la homosexualidad (León, la “mujer” de Sonny), la sombra de Vietnam (Sonny luchó en ella), el alzamiento contra el orden establecido (Sonny plantando cara a más de 200 agentes de policía), o el poder de los medios de comunicación que elevan al atracador como un héroe para el pueblo. Lumet y Pierson condensan en el banco todos los problemas de la sociedad norteamericana en aquellos años.

El reparto con el que cuenta Lumet está soberbio. Al Pacino volvió a ponerse a las ordenes del director tras “Serpico” para dar vida a Sonny, el joven que planea el robo al banco. Pacino realiza una interpretación electrizante, inspirada, enérgica, nerviosa y desesperada que describe muy bien al joven. Una de sus mayores virtudes es que, como el pueblo que está a las afueras del banco, nosotros acabamos admirando el valor de Sonny y le apoyamos cuando sale a las puertas y planta cara a la policía sin más armas en las manos que una pañuelo blanco. Una de las interpretaciones más grandes de Pacino. John Cazale es Sal. Un personaje muy interesante, pues aunque al principio aparenta ser el que lleva la voz cantante, resulta ser un tipo inseguro, que no puede dar un paso sin Sonny, a quien ayuda llevando a cabo el robo. Desgraciadamente su nerviosismo le hace comportarse como alguien violento a quien temer. Cazale está maravilloso, como siempre. Irónicamente el actor advierte a una oficinista de que fumar provoca cáncer, cuando poco tiempo después él moriría por dicha enfermedad. Charles Durning es el agente Moretti, negociador con el cual Sonny se pondrá en contacto para sus exigencias. El elenco de actrices que dan vida a las cajeras y oficinistas del banco bordan sus papeles, cada una de manera distinta y personal.

Nominada a seis Oscars, de los que ganó “Guión Original”, “Tarde de Perros” fue un éxito y se erige sin dificultad como la mejor película que ha hecho Lumet para un servidor, por encima de “Doce hombre sin piedad” o “Serpico”.
“Tarde de Perros” es como un globo que se hincha cada vez más, y más, y más, hasta que explota dejándonos una sensación de tragedia.

Lo Mejor: Los actores, con Pacino en cabeza. Es intensa y realista. Lumet en su apogeo.

Lo Peor: Algún que otro bajón de ritmo.

El Cazador, de Michael Cimino

Octubre 17, 2008

Tres amigos parten hacia Vietnam a luchar en la contienda. A su regreso nada será como antes.

Cuando medio mundo del cine estaba esperando el proyecto mastodóntico de Coppola sobre la guerra de Vietnam el director Michael Cimino consiguió adelantársele con esta película que trataba la contienda de manera intimista, centrándose en la vida de las personas que viven en una ciudad industrial.

“El cazador” no es una película sobre la guerra Vietnam. Es una historia humana sobre las personas que fueron a combatir en ella y acabaron destruidos, ya sea por dentro o por fuera , hiriendo también a sus familias.
Michael, Steven y Nick son amigos desde siempre, trabajadores en la empresa metalúrgica del pueblo, que están a punto de celebrar dos cosas: la boda de Steven y su partida hacia Vietnam, por la cual los homenajean como héroes que van a luchar por su patria. Pero antes de salir hacia la guerra deben hacer una última cosa: salir de caza. Michael es el mejor tirador. Su lema es que las piezas hay que cazarlas de un solo disparo, hay que gastar una bala tan solo. Ya en la contienda serán secuestrados por un grupo del vietcong y obligados a jugar una partida de ruleta rusa. En el transcurso del juego aprovechan la oportunidad de escapar, pero ninguno de los tres vuelve a casa como partió. Steven ha quedado paralítico y se niega a volver con su mujer. Nick se ha quedado en Vietnam, participando en juegos clandestinos. Michael es el único que vuelve, pero la vida nunca será igual para él.
Si hay un personaje por el que gire la película y nos sintamos identificados con él, ese es Michael. En principio ansioso por ir a combatir creyendo que se lo pasará tan bien como cazando, pasará a ser una persona tremendamente triste y torturada por la perdida de sus amigos, de lo cual se siente culpable. A su regreso no querrá fiestas de bienvenida, ni palmadas en la espalda, sino volver a ser el chico de siempre, pero eso es imposible, la guerra, el horror, ha hecho tal mella en él que es incapaz de acostarse sin olvidar los gritos, la sangre, el humo, el olor a pólvora. Desde siempre enamorado de Linda, nunca se ha atrevido a decirle nada, y menos desde que su amigo Nick le dijo que estaba enamorado de ella. A su regreso, intentará mantener esa relación tan especial que siempre ha querido con ella, pero las sombras de la guerra siguen torturando a Michael, quien, incapaz de disparar a un ciervo como antes, emprenderá un viaje con el objetivo de traer a sus amigos a casa y expiar sus pecados. A por el primero que va es a por Steven, quien encadenado a una silla de ruedas se niega a volver a casa, pero que Michael convence y consigue devolverlo con su familia. Cuando descubre el paradero de Nick, Michael no lo piensa mucho y decide regresar a Vietnam para traerle de vuelta. Pero lo que allí descubre es una pesadilla, Nick es un zombie que se mueve en competiciones de ruleta rusa como campeón. Michael decide competir contra él para hacerle entrar en razón y que deje todo ese mundo. Nick, tras reconocer a su amigo mediante la frase “un disparo” que tanto decía, coge el revolver y se revienta los sesos. Con esto acaba la vida de Michael, quien no volverá a ser el hombre que fue, viviendo torturado por no conseguir hacer regresar a su amigo a casa, sintiéndose culpable de todas las desgracias que le han sucedido a sus amigos y familias.

Aún no estando centrada en la contienda vietnamita durante gran parte del metraje, si es cierto que Vietnam rodea tanto al conjunto como a Michael. Vietnam es el mal de la cinta, la que hace que todas las desgracias sucedan. En Vietnam los tres amigos pierden primordialmente la inocencia, la alegría que tanto les identificaba. El film describe lo que significo Vietnam para todo un país por medio de tres personajes, sin grandes escenas de batalla ni grandes monólogos e donde el personaje lloré y maldiga la guerra. Todo está ahí por medio de lo austero, lo sutil. No hay nada más triste que en el regreso de Michael este se quede lejos sin querer ver a nadie alquilando una habitación de motel, mientras sus amigos le esperan con una gran celebración. Vietnam, la guerra, es el cáncer.

Michael Cimino realizó en este, su segundo film, un ejercicio de cine basado en los silencios, en las grandes secuencias que describieran a los personajes dentro de su entorno. Quizás la secuencias más recordada, por su extensa duración (cerca de una hora), es la de la boda de Steven. Justo desde el principio de la película en que los hombres salen de trabajar hasta que parten de caza se trata la boda. Ya en la secuencia nupcial Cimino explica cómo va a contarnos la historia. Mientras el cura hace toda la celebración, la cámara se centra en los primeros planos de los personajes, las miradas entre Nick, Linda y Michael que nos dicen lo que siente cada uno, o ese plano detalle de la gota escapándose de la copa anunciando las desgracias. El director enmarca a los personajes en los grandes escenarios que tiene a su disposición, el mejor ejemplo de ello es cuando están de caza y Michael queda empequeñecido ante el extenso paisaje rocoso, enriquecido mediante la niebla y la música. Si hay algo que me gusta de esta película es cómo describe los sentimientos mediante silencios, caricias, miradas, controlando el tempo y dejando que los actores saquen la verdad. Las escenas entre Michael y Linda en que parecen niños pequeños incapaces de decirse lo que sienten las tengo clavadas en la memoria como la mejor representación de lo difícil que es declararse cuando se está enamorado.
La película tuvo polémica con miembros de Vietnam por culpa de las escenas de ruleta rusa mediante la cual torturaban a los prisioneros. Sinceramente, siempre que veo “El cazador” no busco en ella una clase de historia sobre cómo se trataban los unos a los otros, de hecho creo que es mejor no saberlo viendo lo que nos muestran algunos documentales, así que creo que la ruleta rusa es una licencia argumental muy admisible que sirve perfectamente para crear el angustioso climax final donde toda esperanza se pierde por un disparo, solo un disparo.

Robert De Niro se embarcó con Cimino en busca de un lugar donde enmarcar la historia de estos amigos. Cuando ya decidieron el pueblo metalúrgico, De Niro se puso casco de obrero y empezó a trabajar con los trabajadores de allí para entrar más en el personaje como antes era habitual en él. Su interpretación, bueno qué decir, él mimo dice que es de la que más orgulloso se siente. Y es que conseguir que nos sintamos identificados con ese hombre desolado sin muchas palabras es para aplaudir. El actor demuestra aquí que cuando está contenido, con una mirada que lo dice todo, haciendo fácil lo difícil, es el mejor indiscutiblemente. Meryl Streep es Linda, la chica guapa del pueblo por la cual sienten amor tanto Nick como Michael. Streep siempre parece que no se esfuerza mucho, pero es que consigue hacernos creer todo personaje suyo, y solo por las escenas que tiene con De Niro, o la desoladora escena final, merece todos los halagos. Christopher Walken está inmenso. Es increíble como consigue crear a un personaje que se va degradando paso a paso hasta convertirse en un zombie. Su aparición al final de la película parece propio de una película de terror, con su cuerpo esquelético y sus ojos hundidos. Es la viva imagen de la deshumanización. El gran John Cazale consiguió finalizar el rodaje dando vida Stan, el amigo bocazas de la pandilla. Cazale estaba prometido con Meryl Streep y se le había diagnosticado un cáncer. Los productores querían cambiarlo por otro actor, pero Streep dijo que si él se iba ella también. Terminó todas sus secuencias y murió antes de que el film se estrenase. Fue un gran actor que realizó varias de las mejores películas de la década. John Savage es Steven, el joven que queda de por vida en una silla de ruedas.

La película fue un gran éxito que puso a Cimino en la cresta de la ola. Ganó cinco Oscars como son Película, Director, Secundario (Walken), Montaje y Sonido, además de estar nominados a otros cuatro más como Actor (De Niro), Secundaria (Streep), Fotografía y Guión Original. A Cimino se le abrió entonces “La Puerta del Cielo”, pero emprendió un camino a los infiernos que causó muchas desgracias.

“El cazador” es una film duro, triste, que muestra las heridas de la guerra de forma realista y sutil.

Lo Mejor: Los actores. La historia.

Lo Peor: Puede resultar algo larga, o lenta.

Looking for Richard, de Al Pacino

Octubre 15, 2008

Al Pacino siempre se ha declarado un devoto admirador de Shakespeare, además de un fiel representante de sus obras en el teatro. En los 90 se le ocurrió realizar este docu-drama en que el actor y director realiza su particular visión sobre “Ricardo III”.
No debemos engañarnos, “Looking for Richard” es ante todo una oda hacia William Shakespeare y su extensa obra dramática poniendo en vigencia su inmortalidad. Pacino monta el film con tramos documentales propios de making of en que toman las decisiones sobre la película alternando con fragmentos de escenas de la obra interpretadas por Pacino y un gran número de actores perfectamente caracterizados y metidos en el papel. Este montaje es muy interesante y permite dejarnos ver lo grande que es Pacino a la hora de meterse en un papel, sin ir más lejos ver ese momento en que recita el monologo vestido de calle con gorra de béisbol paralelamente a su puesta en escena fílmica en que aparece caracterizado como príncipe jorobado y deforme.
La película sirve también para demostrar lo poco que conoce la gente de calle sobre Shakespeare. Si, todos saben lo de “Ser o no ser”, pero pocos conocen su extensa galería literaria que contiene muchas de las más grandes obras jamás escritas. Pacino con esta película-experimento quiere rendir homenaje al de Stratford. Durante el viaje que emprende el actor, siempre junto con su amigo Frederick Kimball, seremos testigos de sus opiniones acerca de la obra y sobre el autor, del cual visitan varios lugares en Inglaterra (entre los que se encuentran el teatro donde hacia sus obras y el lugar de su nacimiento).
¿Es una película o un making of? Ambas podemos decir, pues como ya he citado vemos las conversaciones que se tienen a la hora de plantear una escena y justamente después la escena montada. Cuando acaba el film uno tiene la sensación de haber visto una película sobre Ricardo III a la vez que ha aprendido más sobre ella, con lo cual se puede decir que Pacino consigue su objetivo de hacerla didáctica. Además se añaden entrevistas con actores ingleses y sus puntos de vista sobre cómo se debe interpretar a Shakespeare y las dificultades que surgen cuando los americanos quieren llevarlo a la práctica.
Pacino cuenta con Kevin Spacey, Alec Baldwin, Kevin Conway, Winona Ryder o Aidan Quinn, además de un extenso grupo de actores teatrales, para su visión fílmica, mientras aparecen como entrevistados Kenneth Branagh, Vanessa Redgrave, Kevin Kline, Derek Jacobi, John Gielgud, Rosemary Harris o James Earl Jones.
La película documental data de 1996, pero no sería arriesgado afirmar que es un proyecto gestado durante años, pues Pacino muestra el mismo aspecto que en Carlito´s Way en algunos tramos, en otros luce la gorra de promoción de “Esencia de mujer”, mientras en otros se muestra más maduro, además de que cuenta con compañeros del reparto de Glengarry Glen Ross, los cuales no sería descabellado afirmar que los involucró durante el rodaje de dicho film. Así que podemos decir que fue un proyecto muy personal para el actor y que le ocupó unos cuantos años llevarlo a cabo.
“Looking for Richard” es una película arriesgada, interesante, en que comprobamos por qué Al Pacino es tan grande. Si uno es fan del actor, y además de Shakespeare, no puede salir decepcionado de esta inolvidable experiencia fílmica.

Lo Mejor: Lo arriesgado de la propuesta. Es apasionante.

Lo Peor: Queremos la película de “Ricardo III” por Al Pacino integra.

Casino, de Martin Scorsese

Octubre 14, 2008

Después del giro de 180º realizado con “La Edad de la Inocencia”, Martin Scorsese volvió a su tema favorito: el hampa, y lo hizo contando con varios miembros de “Uno de los Nuestros” como son Nicholas Pileggi en el guión (basado en su libro homónimo) y Robert De Niro y Joe Pesci como protagonistas. La película giraría esta vez sobre la ciudad de Las Vegas, en que un grupo de personajes apuestan sus vidas en post del triunfo.
“Casino” retrata fielmente el funcionamiento de un negocio en Las Vegas, movido siempre por mafioso a miles de kilómetros que lo controlan poniendo a alguno de sus miembros al frente. Las Vegas, la ciudad del pecado, la ciudad que vive de noche iluminada por innumerables luces capaces de verse desde el aire y que impiden ver el gigantesco desierto que lo rodea. El lugar idóneo para perder la vida jugandotelo todo.

Para retratar el mundo de los Casinos la historia gira sobre tres personajes.
Sam “Ace” Rothstein: Antiguo corredor de apuestas con ojo de lince, del cual viene su apodo “Ace” (el As). Es el hombre idóneo para dirigir un Casino aunque al principio él lo dude. Rothstein es un apostador nato, pero en la película no apuesta por dinero, sino porque su vida vaya en auge. Al principio reacio a dirigir el Casino Tangiers, pronto se sentirá como en casa dentro de él, controlando que todo vaya sobre ruedas para que los jefes estén contentos. Se mueve como Dios dentro del Tangiers, al que considera su bebé, lo que él diga se hace, y solo hay una norma: pase lo que pase la banca siempre gana. Pronto aparecerá para Ace otro gran amor en su vida, Ginger, una buscavidas que se mueve por su local y por la que Rothstein apostará casándose con ella y dándole la llave de toda su fortuna.
Nicky Santoro: Amigo de Sam desde hace años, es enviado a Las Vegas para cuidar de él y del negocio. Nicky es un avaricioso, siempre se mueve en busca de su propio beneficio. De carácter impulsivo y violento Santoro verá en Las Vegas una tierra virgen de la que extraer un montón de dinero sin que se enteren en casa, su objetivo primordial es llevar a la ciudad una organización criminal de la cual él sea el jefe. Al principio seguirá teniendo una relación cordal con Sam, pero está irá degenerando en un enfrentamiento entre ambos que puede resultar perjudicial para cualquiera de los dos. Los vicios de Nicky son de lo más variado, entre los que se encuentran el acostarse con las mujeres de otros, como Ginger, de la cual se hace amante.
Ginger: Una buscavidas que se pega a todo aquel que tenga fortuna en el juego para sacar tajada. Su truco es tratar bien a las personas y su golpe de suerte conocer a Sam, quien le abrirá las puertas al paraíso. Sin embargo su apego hacia Lester, un chulo yonqui, la hace perder la confianza de Sam. No la ayuda mucho su adicción a las drogas y su amistad con Nicky.

Scorsese vuelve a deleitarnos con una narración emocionante a base de grandes planos largos y travellings maravillosos. Por poner ejemplos mencionaremos el travelling que nos describe cómo sacan el dinero mediante un maletín los mafioso o esos grandes barridos y panorámicas que describen la vida diaria dentro del casino. El director envuelve la película de lujo, todo es enriquecedor visualmente, yo no solo gracias a los flamantes decorados llenos de luces cegadoras, sino al excelente diseño de vestuario plagado de color.
De nuevo el tempo está perfectamente tratado, todo sucede a un ritmo endiablado del que no perdemos detalle y que nos atrapa en esa espiral de juego y poder. La presentación de Rothstein es muy inteligente al presentárnoslo a través de su voz en off mientras su figura va iluminándose en un ligero contrapicado. El momento en que Ginger entra en la vida de Sam es también memorable, sobre todo gracias a ese plano cenital en que la rubia de oro lanza las fichas al aire.

Como suele ser habitual en varias películas del director, el uso de la voz en off se convierte en un elemento más. En esta ocasión son dos personajes los que nos narran la historia: Sam y Nicky. Resulta curioso cómo termina la voz en off de Nicky, justo cuando su vida llega a su fin, cortándola bruscamente del sonido. El mayor problema que le veo en esta película concreta al uso de la voz en off, es que hay frases que bien podrían haberse eliminado por resultar repetitivas, no hay más que fijarse en cuantas veces Nicky hace alusión a “el dinero, siempre el maldito dinero”, que, aunque sea para hacer hincapié en la causa por la que se desencadena todo, resulta cargante.
El guión, firmado por Nicholas Pileggie y Scorsese, está muy bien trazado narrándonos diez años en la vida de los protagonistas y contándonos los trapicheos con los que mueven el dinero de los casinos. El libreto contiene además un momento de lo más divertido cómo es el aterrizaje del FBI en casa de Sam y la huida de los agentes de su residencia mientras Nicky usa la avioneta como blanco para su juego de golf.
La fotografía de Robert Richardson se caracteriza por esos halos de luz cegadora en cenital que enmarca a los personajes principales. El montaje de Thelma Schoonmaker es frenético, afín a lo que requiere la trama, y es de reconocer que consiga que una película de cerca de tres horas se pase en un suspiro abarcando una década de historia. El uso musical es propio de Scorsese, con cantidad de temas que encajan con las imágenes, entre los que no pueden faltar su indispensable “Gimme Shelter”.

Robert De Niro es Sam Rothstein volviendo a ofrecernos otro de sus recitales en que su mirada hablé más que su lengua. Su imagen de jefe no se la discute nadie, aunque parezca ridículo con esos trajes que lleva tan coloridos (atención a esa escena en que se lventa en calzoncillos) y sus gafas gigantes, propias de los 70. Joe Pesci es Nicky Santoro, de nuevo mostrándonos su cara de mala leche y de pocos amigos. Su palabra favorita es “joder”. Sharon Stone es la sorpresa como Ginger. La actriz se ganó los aplausos con este papel que de verdad borda mostrándonos como pasa de la mayor gloria a la decadencia enfermiza. Nunca volvió a hacer nada tan grande, ni a salir tan guapa, como aquí. James Woods es Lester, el amiguito de Ginger. El actor da vida muy bien al hombre fracasado que temerá cruzarse con Sam.

Hemos de citar irremediablemente “Uno de los Nuestros”. Si hay una razón por la cual considere “Casino” como notable, en lugar de maestra, es porque está a la sombra de “Uno de los Nuestro”. El uso de la voz en off, el ritmo atosigante al final en que todo parece estallar para los personajes, el ascenso y posterior decadencia de uno de los protagonistas (Liotta en aquella Stone en la presente), lo muy parecidos que son los roles de De Niro y Pesci en ambas (por no decir idénticos), están un nivel por debajo que en la magistral película del 90.
Aún así, “Casino” es con todas las de la ley, la última gran obra de Scorsese, donde todo su genio volvía a deleitarnos con una historia de ambición, poder y traiciones en el mundo del hampa. Todo marcado desde el principio con aire de tragedia griega, aunque al final salve a uno de los protagonistas de lo que parecía una muerte segura.

Las críticas fueron muy favorables para la película, sobre todo para Sharon Stone, quien saboreó las mieles del éxito dentro del circulo de críticos ganando el Globo de Oro y recibiendo una nominación al Oscar como Mejor Secundaria.

Otra muestra más de la genialidad de Scorsese para retratar el mundo de la mafia, esta vez zambulléndonos en Las Vegas y en el turbulento negocio de los casinos. Prueben suerte.

Lo Mejor: Scorsese en su salsa. Sharon Stone.

Lo Peor: Está a la sombra de “Uno de los Nuestros”.

Los Padres de Ella, de Jay Roach

Octubre 12, 2008

Greg es un joven enfermero que va a dar el importante paso de declararse a su prometida, Pam. Pero antes, la pareja recibe la noticia de la boda de la hermana de Pam, con lo cual se le presenta a Greg la oportunidad de conocer a la familia de su amor.

Si nos dijeran que estamos a punto de ver una comedia del director de “Austin Powers” con el protagonista de “Algo Pasa con Mary” iríamos predispuestos a ver otra comedia del montón con chistes y gags en su mayor parte escatológicos. De hecho, parte de la publicidad era esa, “una comedia con el protagonista de….”. Pero claro, la película tenía un As personificado en la figura del suegro interpretado por Robert De Niro, quien volvía a embarcarse a una comedia tras los excelentes resultado de “Una terapia peligrosa”.

La película plantea como situación un fin de semana en la vida de Greg, concretamente el fin de semana que conoce a sus suegros. Todo sabemos el nerviosismo que nos aborda a la hora de conocer a los familiares de nuestra novia (o novio en el caso de las chicas) , siempre queremos quedar bien y ser agradables para recibir el visto bueno, sobre todo, en el caso de los hombres, del padre. Pues bien Greg se va a enfrentar a uno de sus fines de semana más estresantes al verse las caras con Jack Byrnes, un hombre de familia, católico y muy reservado, con un secreto que le hace más aterrador. Este hombre hará que el entorno sea más hostil para Greg al impedirle poder fumar, acostarse con su novia, y teniendo que compartir el servicio con el gato domestico, Gafe. Con lo cual se nos presenta el decorado obvio para un sin fin de situaciones a cual más desternillante.

No es exagerado afirmar que “Los padres de ella” es una de las mejores comedias de la primera década del milenio. Todas las situaciones están bien planteadas y no resultan forzadas. Aunque al principio parezca que estamos a punto de presenciar otra comedia más con Ben Stiller ofreciéndonos su show, todo cambia cuando a los escasos diez minutos de cinta entra en escena Jack, el padre de Pam. A partir de ahí todo será un incesante tour de force cómico en donde las frases y las situaciones nos hagan soltar más de una carcajada. La mayoría de ellas son culpa, por supuesto, del personaje de Stiller, el cual se esfuerza por caer bien a la familia y tropieza donde menos lo espera. Ya de entrada su apellido da para mucho juego, y es que apellidarse Follen no es nada serio, y si encima su verdadero nombre es Gaylo imaginaos. Pero no nos asustemos, ya he citado que aquí el humor basto está muy secundario y se decantan más por situaciones corrientes como los problemas de comunicación entre futuros suegro y yerno. Se puede destacar muchas secuencias, pero remarcaremos tres. Primero cuando Jack y Greg van al supermercado y empiezan a charlar forzosamente, pues Jack tiene cara de pocos amigos, para ir evolucionando hacia algo más amigable y cercano que se rompe por culpa del comentario de Greg sobre la canción que están escuchando y que pone a Jack alerta sobre los malos hábitos del novio de su hija. En segundo lugar, la cena que acontece momentos después en que Jack demuestra sus dotes como poeta, Greg explica como ordeñar a una gata (y cualquier cosa con pezones), y el toque de gracia mediante una urna. Cómo esta medido el tempo de los diálogos y las miradas que lanza Jack hacia Greg consiguen que ambas situaciones sean desternillantes, acercando la película a la mejor comedia, aquella que conseguía soltarte la carcajada sin más aspavientos que una buena frase metida en el momento justo. Como colofón, añadiré la secuencia que acontece en casa de Kevin, exnovio de Pam y padrino de la Boda de su hermana, cuando Greg luce un minúsculo bañador y la arma jugando al waterpolo. Memorable.

Jay Roach sabe que la buena comedia sale de las interpretaciones de los actores, y aquí se muestra mucho más comedido que en los films del espía británico, mimando cada situación con gags muy conseguidos y situaciones de enredo bien resueltas. Si es ceirto que hay algún gag que parece fuera de lugar, la mayoría made in Stiller, pero como la película acaba siendo un sentido homenaje a la mejor comedia clásica y supera con creces a la gran cantidad de comedietas que llegan se lo perdonamos.
El guión no es del todo original. De entrada nos recuerda a ese otro gran clásico “¿Adivina quién viene esta noche?”, pero es que además es un remake del film homónimo de 1992 realizado por Greg Glienna con el mismo título y casi los mismo nombres de los protagonistas, con alguna variación.

Robert De Niro sorprendió una vez más al sentirse como pez en el agua dentro de una comedia que no tenía nada que ver con los gangsters (pero si con cuerpos gubernamentales) en donde su faz seria y sus miradas felinas de vigilante protector hacia el bienestar de su hija fueron muy celebradas, como también lo fue una escena en que interrogaba a su futuro yerno. Ben Stiller volvió a dar vida al hombre corriente con mala pata en la vida de manera más solvente que de costumbre, que estar a la altura de De Niro no es moco de pavo y la química entre ambos fue una de las grandes bazas por las que funcionó el film. Teri Polo es la hijita mimada de Jack y el amor de Greg, Pam. En realidad ella es el motivo del enfrentamiento entre ambos, y es que ya sabemos el cariño protector que le tienen los padres a las hijas pequeñas. Blythe Danner es la ñoña madre de Pam, Dina, la cual no pone obstáculos a las elecciones de su hijita. Jon Abrahams es Denny, el hijo menor de los Byrnes, un rebelde que sale a escondidas de casa y fuma porros sin que su padre lo sepa (y es que si lo supiera seguro que estaría en un centro de reclutamiento). Owen Wilson da vida al exnovio de Pam, el cual no caía nada bien a Jack hasta que se separó de su hija. Como era de esperar la presencia de Wilson era obligatoria estando Stiller de por medio.

“Los padres de ella” fue un éxito indiscutile que devolvía la comedia de verdad a las salas de cine consiguiendo que soltáramos carcajadas. Como era de esperar se realizó una secuela con el título “Meet the Fockers” (titulada aquí “Los padres de él”) en que, como era de esperar los Byrnes, y los espectadores, conocimos a la familia de Greg, los Follen, interpretados por Dustin Hoffman y Barbra Streisand. Aunque no llegara al nivel de la presente volvió a robarnos alguna que otra carcajada.

Lo Mejor: Es una comedia al más puro estilo clásico. El dúo De Niro-Stiller.

Lo Peor: Algún que otro gag flojo, sin importancia.