C.C. Baxter es un perito contable que trabaja en una importante aseguradora de Nueva York cuya meta es ascender hasta lo más alto en la empresa y conseguir una cita con la guapa ascensorista Fran Kubelik. Para ayudarlo a ascender Baxter posee un as bajo la manga, su apartamento, el cual presta a los altos cargos para vivir juergas con guapas muchachas.
Al principio de “Conversaciones con Billy Wilder” Cameron Crowe describe cómo le pide al mítico director de cine que le firme un poster de “El Apartamento”. Al verlo, Wilder dice: “Una buena película, teníamos buenos actores. Salió Bien. Es mi favorita”. Cuanta verdad. Si bien es cierto que la filmografía de Wilder está repleta de obras mayores (“Sunset Boulevard”, “Perdición”, “Días sin Huella”) es “El Apartamento” la que deja marca en el corazón de todo aquel que la ve.
La película podemos definirla como una comedia triste de amor. En ella tenemos a nuestros dos protagonistas, Baxter y Kubelik, soñadores que anhelan alcanzar una vida mejor pagando un alto precio.
Baxter, cuyas iniciales C.C. significan Clifford y Calvin pero al que sus amigos llaman Buddy, trabaja muchas horas en la aseguradora con alto rendimiento y posee una mente privilegiada para los números y las estadísticas, lo cual debería ser suficiente para ascender en la empresa. O eso parece. Una vez Baxter prestó la llave de su apartamento a un compañero para pasar la tarde con una “amiguita”. El rumor de que el apartamento podía servir como picadero para los hombres de la oficina llegó a expandirse hasta alcanzar el odio de los jefes que no perdieron la oportunidad y engatusaron a Baxter para que les dejara usar su hogar por las tardes a cambio de un ascenso. El pobre Baxter, cegado por subir y subir puestos rápidamente, no dudó en ceder su hogar durante unas horas, como si fuera una habitación de hotel, para que sus superiores echaran una canita al aire y lo tuvieran en consideración a la hora del prometido ascenso. Lo peor es que, a pesar de haber escalado ya los suficientes puestos, continúen pidiéndole su hogar, con lo cual sigue siendo una victima extorsionada por los poderosos que lo chantajean si no cede la llave (“Se tarda mucho en subir pero basta un segundo para salir por la puerta principal de una patada”). Cierto es que Baxter acaba ascendiendo, pero pronto descubre que no todo es alcanzar el piso más alto de la empresa ni poseer el despacho más grande, pues de qué sirve tener tanto si al llegar a casa se siente solo sin compartir un momento con nadie.
Fran Kubelik es una ascensorista que trabaja en el edificio donde está la aseguradora para la que Baxter trabaja. Para los hombres de la planta donde trabaja Buddy es una chica altamente reservada, un pez difícil de pescar, inalcanzable. O eso parece. La ascensorista vive una aventura con el jefe de personal, el señor Sheldrake, el cual promete que se divorciará de su esposa y se irá con ella. Pero son promesas que caen en saco roto. De nuevo engatusada por Sheldrake, Fran ve como se desvanecen sus sueños al descubrir la agria verdad de manos de la secretaria del jefe de personal. Es un hombre con un don para seducir a muchachas bonitas y luego dejarlas tiradas o recicladas como secretarias.
Entre Kubelik y Baxter hay dos cosas en común a parte de trabajar en el mismo edificio. La primera es que ambos buscan la aprobación, de diferente forma, de Sheldrake. Kubelik quiere ser correspondida sentimentalmente, a cambio de ser engañada, mientras Baxter quiere ser ascendido, a cambio de ser chantajeado. Sheldrake posee la llave de la felicidad para ambos.
La otra cosa en común para ambos es el infortunio amoroso. A pesar de que Kubelik se siente enamorada de Sheldrake no siente que este lo esté de ella, sintiéndose vacía y desgraciada, sin encontrar en el mundo alguien que le dé amor verdadero. Baxter no está mejor que ella. Enamorado en secreto de la ascensorista, a la cual no puede cortejar porque sabe que está con su jefe, el bueno de Baxter no puede hacer otra cosa que ayudarla y devolverle las ganas de vivir, convenciéndola incluso de que Sheldrake la quiere. Con esto tenemos una historia de amor protagonizada por dos personas solitarias y tristes que el destino dicta que se encuentren. La escena en que ambos juegan por primera vez a las cartas ya da señas de la complicidad entre ambos que acabará por consolidarse con ese “Cállese y reparta” que cierra el film.
Billy Wilder crea junto con su guionista habitual I.A.L. Diamond una película perfecta en donde se dan lugar comedia, drama y critica social por medio de diálogos geniales. Y es que el retrato que se nos muestra de la sociedad norteamericana a finales de los 50 no es para nada idílico. Por un lado tenemos el adulterio por medio de que los hombres buscan por todos los medios quedar con sus amiguitas para olvidar momentáneamente a sus mujeres, con las cuales se aburren. Por otro tenemos el abuso laboral en forma de chantaje, que es lo que recibe Baxter. Si no da su apartamento que se olvide de ascender en la empresa. Este rasgo también podría llevar a pensar en peloteo por parte del protagonista al principio, aunque sus esfuerzos y su talento con los números resta fiabilidad a esa afirmación convirtiéndolo en una victima.
El film se puede separar en tres actos, como si de una obra de teatro se tratara. La primera parte comprendería toda la presentación de los personajes hasta que Baxter es ascendido por primera vez, o sea cuando nos han puesto las cartas sobre la mesa (Baxter busca ascender ayudado por prestar el apartamento, quiere una cita con Kubelick pero no la consigue al estar esta enamorada de Sheldrake, el cual acaba pidiéndole a Baxter el apartamento para pasar una velada de reconciliación con Kubelik). El segundo acto comprendería toda Nochebuena y el día de Navidad (Kubelik se desengaña descubriendo los flirteos de Sheldrake sumiéndose en una depresión que la lleva a intentar suicidarse en el apartamento de Baxter, el cual la salva pidiendo ayuda a su vecino médico y cuidándola hasta que se reponga). Casi todo este fragmento sucede íntegramente en lugar que da título al film y será cuando ambos protagonistas se conozcan mejor. El tercer y último acto corresponde al momento en que Baxter es ascendido a lo más alto y Sheldrake abandona a su esposa por Fran. Parece que todo va a terminar bien para ambos (Baxter en la cima, Kubelik con Sheldrake), pero algo ha cambiado tras su breve convivencia en el apartamento que los empuja a tirar por la borda sus sueños y vivir juntos lo que siempre han querido: una historia de amor verdadero.
El talento de Wilder para conjugar comedia y drama vuelve a ponerse de manifiesto en este film. Es de elogio la manera que se tiene de pasar de situaciones cómicas o desenfadadas a momentos dramáticos. Siempre que pienso en este film recuerdo la escena en que Baxter le enseña a Kubelik su nuevo sombrero, el cual le queda algo ridículo aunque la ascensorista le diga que le queda bien, consiguiendo una escena divertida en que el baile del exterior por la víspera de Navidad incrementa el buen ambiente que se rompe una vez Kubelik le de a Baxter su espejo. Gracias al espejo Baxter descubre dos cosas, primero que Kubelik es la amante de Sheldrake, y, segunda, que la joven se encuentra igual de rota como el objeto, sentenciando esta afirmación con esa gran frase: “Cuando lo miro me recuerda cómo me siento por dentro”.
Hay más momentos de este estilo, como cuando Baxter llega con una mujer a su apartamento borracho y descubre a Kubelik en su cama, o con los comentarios que recibe nuestro protagonista por parte de sus vecinos, en especial del doctor, el mejor personaje secundario del film, que piensa que las visitas de los jefes de Baxter son juergas formadas por él.
La dirección artística hay que destacarla por el extraordinario trabajo que se hizo para conseguir dar una gran profundidad a la oficina donde trabaja Baxter.
El reparto lo forman unos excepcionales Jack Lemmon, Shirley MacLane y Fred MacMurray. Lemmon está impresionante como Baxter, para mi es su mejor interpretación, así como también lo considero uno de los mejores personajes de la Historia del Cine. Y es que no tiene precio ver como este hombre gris se enfrasca en su trabajo, soporta lluvias y fríos mientras sus jefes disfrutan en su apartamento para al día siguiente ir a trabajar con un fuerte catarro, que sufre en silencio su amor por la ascensorista y que nos deja boquiabiertos con su talento para cocinar espaguetis con una raqueta. Una delicia de personaje interpretado con maestría. Shirley McLane no está peor, su Fran Kubelik nos gana el corazón desde el primer movimiento que hace para pulsar los botones del ascensor. Con una interpretación contenida MacLane compone un personaje melancólico y roto con una mirada inolvidable. Fred McMurray es Sheldrake, el vividor jefe de Baxter que tiene en Kubelik su amante particular. Jack Kruschen es el Dr. Dreyfuss, el vecino de Baxter que le ayuda con Kubelik cuando este está en apuros. Como ya he dicho, el mejor personaje secundario.
La película fue galardonada con 5 Oscars: Mejor Película, Dirección, Guión Original, Dirección Artística y Montaje, siendo nominada además a Mejor Actor (Lemmon), Actriz (MacLane), Actor Secundario (Kruschen), Fotografía y Sonido. Mencionar que fue la última película en Blanco y Negro en conseguir el Oscar hasta el 93 en que llegó Speilberg con “La Lista de Schindler”, para la cual también se barajó el nombre de Wilder como director.
“El apartamento” es una película que desprende tristeza y alegría a partes iguales, un maravilloso film romántico con el que Wilder triunfó indiscutiblemente.
Lo Mejor: Todo.
Lo Peor: Nada.


4 febrero, 2009 a las 1:43 pm |
Increíble película. Una de las mejores de la historia. Y es que con Shirley McLaine qué película puede ser mala. Esa mujer es perfecta.
Yo recuerdo con mucho cariño la secuencia en la que Jack Lemon le prepara unos spaguettis y los cuela con una raqueta.
Un saludo
2 marzo, 2010 a las 1:24 pm |
la pelicula es unaa puta castaañaaa!!! k asko de pelii t loo juroo no e visto una peli peor en el puto koleegio … maansaa dicee hijoos dee puutaaaa