El Silencio de los Corderos, de Jonathan Demme

xin_2510031817364512797549La estudiante del FBI Clarice Starling es enviada por su superior, Jack Crawford, para que entreviste al psiquiatra y peligroso asesino Hannibal Lecter para que la ayude a crear el perfil psicológico del asesino conocido como “Buffalo Bill”, el cual mata a jóvenes mujeres para posteriormente desgarrarles la piel.

La película de 1991 “El Silencio de los Corderos” supuso un hito cinematográfico. Se trataba de la adaptación de la novela homónima de Thomas Harris, del cual se había llevado a la pantalla el libro que sirve de precuela a este, “El Dragón Rojo”, de manos de Michael Mann en “Manhunter”. Sin embargo “El silencio de los Corderos” no es una secuela del film de Mann, tan solo comparte con él el autor de la novela en que se basa y los nombres de algunos personajes, en especial el del jefe de policia Crawford y, especialmente, el caníbal Hannibal Lecter, que a partir de esta película se convertiría en un icono del cine de terror.

Argumentalmente, tanto literariamente como cinematográficamente, “El Dragón Rojo” y “El Silencio de los Corderos” no se diferencian demasiado. En ambos tenemos a un asesino en serie cuya psicología es más retorcida de lo habitual, a un policía encomendado por Crawford para que se ocupe del caso y a Lecter como ayuda de este agente para atrapar al asesino. Sin embargo la película de Demme va mucho más allá y acaba convirtiéndose en un thriller claustrofóbico y angustioso sobre la psicología humana.
De acuerdo que la película trata de atrapar al temido “Búfalo Bill” y detener su oleada de crímenes. Pero no es eso lo que queda grabado en la memoria del espectador. Lo verdaderamente grande de este film es la relación que se establece entre Clarice y Lecter mediante cuatro breves entrevistas en las cuales ambos intentarán sonsacar al otro lo que les interesa, entrando en un juego dialéctico entre policía y criminal sin precedentes.

Starling es aún una inexperta agente a cuyo jefe cae en gracia. Jack Crawford confía en ella para que consiga obtener de Lecter información acerca del criminal al que persiguen, con una advertencia y aviso: “Qué jamás se fíe de Lecter, puede entrar en su mente sin que usted se dé cuenta”. Aunque al principio en guardia frente al temido asesino, poco a poco Clarice comenzará a sentir cierta simpatía, incluso cariño, por el doctor encerrado en una jaula, confesándole sus miedos más íntimos, de los cuales Lecter se aprovecha haciendo un paralelismo entre lo que vio de pequeña y lo que está viviendo ahora, rodeada por carteles de jóvenes muertas que gritan en silencio que se les haga justicia y se detenga a su asesino para que no siga matando. Clarice debe detener a “Búfalo Bill” para acallar sus demonios y conseguir dejar de escuchar los gritos del pasado que tanto la atormentan. Debe enfrentarse a su miedo para encontrar al asesino.
Por su parte el temido Hannibal Lecter es una persona refinada, con alto nivel intelectual, siempre teniendo la situación bajo control. Lecter detesta a todo ser inferior, salvo a Clarice. Ya al principio demuestra simpatía por la agente cuando descubre su verdadero objetivo y le recomienda volver a la escuela, pero no sin antes ponerla tras la pista de “Bill”. A medida que se vayan sucediendo las entrevistas el doctor irá incrementando su admiración, y deseo, hacia su inocente entrevistadora, concluyendo su historia con una leve caricia de despedida y una llamada telefónica en la cual le declare su amor mediante la frase: “el mundo es mucho más interesante con usted en él”. Es la historia de “La Bella y la Bestia” en su versión más terrorífica.

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Hablando un poco sobre “Búfalo Bill”, podemos ver en su objetivo un tema muy importante: el cambio, la evolución. Igual que la polilla calavera que tanta importancia tiene para la investigación y que acaba evolucionando en una mariposa, nuestro asesino busca el cambio, pero también nuestra protagonista. Clarice emprende un vieja desde el momento en que decide aceptar la orden de visitar a Lecter. Desde ese momento la joven descubrirá cosas y será testigo de hechos horripilantes que la marcarán, pero sobre todo se enfrentará a sí misma plantándole cara al pasado de manos de Lecter que, como buen psiquiatra, conduce a la joven agente por los caminos que más le convienen.

Jonathan Demme realizó con este film una obra de absoluta referencia dentro del género. De la manera más sencilla el director consigue transmitirnos inquietud y miedo a lo largo de todo el metraje gracias a su excelente uso de los primeros planos, ideales para adentrarse en la psique de los personajes. El director consigue imágenes de lo más escalofriantes a la hora de mostrarnos los actos de “Búfalo Bill” o cuando nos muestra a este en su guarida, su forma de tratar a su victimas y, sobre todo, la visión que desea poseer cuando se mira ante el espejo.
Demme consigue también grandes momentos de suspense, como son la sangrienta huida de Lecter, donde el personaje da rienda suelta a su talento sádico, y al tramo final en la casa del asesino en que el director utiliza el plano subjetivo para mostrarnos como “Búfalo Bill” tiene a Clarice a su merced.
Sin embargo es en los momentos de las conversaciones entre Clarice y Lecter cuando Demme merece todos los elogios, y es que no hay una sola conversación rodada de igual manera. Todas poseen un estilo característico en su planificación y ambientación, en concordancia con la evolución que está sufriendo la relación Lecter-Starling, transmitiendo una atmósfera claustrofóbica en la que ambos se encuentran solos el uno frente al otro. La primera vez que Clarice va a visitar a Lecter es guiada hacia las celdas y detenida en un lugar donde se enciende una luz roja, en señal de peligro. Está a punto de conocer a la Bestia. La forma en que Clarice camina por el pasillo dice mucho del miedo que siente la joven aunque no quiera aparentarlo, sin apenas mirar a su izquierda, escuchando los sollozos y las guarradas de los presos hasta llegar a la última celda, la de Lecter. Una vez frente a él Clarice se mantendrá a distancia. A pesar de que el doctor le pida acercarse un poco más ella lo más que acerca es su brazo extendido para que este compruebe su identificación. Curiosamente este primer encuentro finaliza con un acercamiento entre ambos, cuando Starling ha sufrido el ataque de un preso y Lecter le grita pidiéndole que lo escuche y ofreciéndole sus disculpas de parte del agresor. La segunda visita es de noche, con Lecter envuelto en la oscuridad mientras Starling se ha acercado al cristal de la celda para comentarle todo lo que ha visto en el lugar al que el doctor la ha enviado. La tercera vez se establece un pacto entre ambos mediante el cual cambiarán información. Esta tercera conversación destaca por el juego con el cristal en el cual tenemos un primer plano de Clarice, que acaba estando acompañada en él por Lecter a través de su reflejo, con lo cual se consigue la sensación de que no exista cristal y ambos estén en el mismo espacio. La cuarta vez ha cambiado el escenario, ya no se encuentran en la prisión sino en una gran sala en donde tienen a Lecter enjaulado. Sin embargo esta vez las emociones se destapan para Clarice que relata al doctor sus miedos de niñez y finaliza acercándose a él, dejando incluso que este le acaricie con su meñique. Para rematar del todo la angustia y psicología de cada uno de ellos en determinado momento Demme utiliza de manera sensacional la colocación de la cámara, utilizando el contrapicado para remarcar cómo Lecter posee el control de la situación, con sus intensa mirada incrustándose y adentrándose en Clarice a la vez que en los espectadores.

silenceofthelambsTed Tally adaptó la novela de Harris brillantemente, casi sin dificultad pues el original literario es tan dialogado que invitaba a que se realizara la película. Quizás el punto débil esté en el caso criminal que se investiga, habitual dentro del genero policiaco con asesino en serie, pero se le perdona gracias a las conversaciones entre Lecter y Clarice.
La ambientación y fotografía ayudan a que el relato posea veracidad, a la vez que resalta la tensión y la claustrofobia en la jaula de Lecter y la casa de “Buffalo Bill”, incrementando en esta última la oscuridad y un ambiente malsano.
El reparto está excelente. Scott Glenn es un perfecto Jack Crawford solo con su porte, al cual le añade algo de firmeza y sobriedad propias de un hombre de despacho. Ted Levine consigue repugnarnos con su “Buffalo Bill”, realizando una increíble interpretación. Jodie Foster da vida a Clarice Starling, desprendiendo inocencia y timidez, las cuales ayudadas por su vestuario crean un gran personaje inolvidable con el que la actriz volvió a demostrar su talento. Anthony Hopkins es Hannibla Lecter, y creo que poco más que añadir. El actor creo la personificación del mal mediante sus ojos que nunca parpadean. Hopkins había participado ya en muchas películas pero fue este personaje el que le reporto la fama de la que aún hoy sigue viviendo. Diez años después retomaría el personaje en la estimable “Hannibal” y en la posterior, pero a la vez anterior cronológicamente a esta, “El Dragón Rojo”, en la cual ya mostraba más su interés por le dinero que por un buen guión.

“El Silencio de los Corderos” fue un éxito y tuvo polémica, pues varias asociaciones de homosexuales se declararon en contra del film y en su forma de retratar a los travestís. Curiosamente, la siguiente película de Demme taparía la boca al relatarnos la bella y dura historia de un homosexual con SIDA en “Philadelphia”.
Aún así la película consiguió cinco Oscars, de hecho los cinco más importantes, que comparte con “Sucedió una Noche” y “Alguien voló sobre el nido del cuco”: Mejor Película, Director, Actriz, Actor y Guión Adaptado. Se imponía así a las favoritas de aquel año como fueron “Bugsy” y “JFK”, pero no solo eso, sino que se convertía en la primera película de genero de terror en ganar la estatuilla.

Angustiosa, escalofriante, claustrofóbica, terrorífica, “El Silencio de los Corderos” es un viaje sin retorno hacia lo más recóndito y perverso de la mente humana.

Lo Mejor: Los actores. Las conversaciones entre Starling y Lecter.

Lo Peor: Sus secuelas.

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4 comentarios to “El Silencio de los Corderos, de Jonathan Demme”

  1. Pliskeen Says:

    Tengo que revisionarla porque en su momento no me causó demasiado impacto o no supe apreciarla como es debido.

    Lo que sí es indiscutible es la irremediable inferioridad de sus secuelas. La verdad es que prefiero Red Dragon antes que el Hannibal, claro que sólo por el director, la crítica y el público se decantan por la segunda (yo prefiero centrarme en la calidad de una y otra)

    Saludos ;)

  2. Ramón Says:

    A mi Red Dragón me parece muy floja, la ultima vez que la vi, que fue hace no mucho, me chocaron muchos momentos. El mayor fallo del film está precisamente en darle excesivo protagonismo a Hopkins, razón por la cual se hizo, para que así los tres libros estuvieran en films protagonizados por el actor. La versión de Michael Mann es mejor.
    Sin embargo Hannibal me gusta más, precisamente porque se distacia de su original y tiene entidad propia. También es cierto que se la podrían haber ahorrado, pero no me disgusta tanto como la de Rattner.

    Saludos.

  3. angel Says:

    Se fijó usted que en la de Michael Mann, Lecter no es Lecter sino LEcktor…fijese en los periódicos que hablan de él. Sin embargo como se dobló al español después del éxito de “El silencio de los corderos” cuando hablan de él o con él, le llaman Lecter.

    saludos

  4. Ramón Says:

    Es cierto, no me acordaba, jeje. Gracias por recordarlo Ángel.

    Saludos.

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