Siguiendo el dicho de que no hay dos sin tres la Paramount le pidió a Coppola un nuevo Padrino. Habían pasado quince años desde “El Padrino: Parte II” y el director no pudo rehusar la oferta debido a la crisis comercial por la que estaba pasando su carrera. De nuevo Coppola se reunió con Puzo para escribir el guión y crear una historia completamente original.
La línea argumental que se eligió sería la búsqueda del perdón por parte de Michael Corleone y la cesión de poder al hijo bastardo de Sonny. Como telón de fondo, además de Nueva York, se eligió Sicilia y hechos históricos que tuvieron como protagonista al Banco del Vaticano.
Parecía que no habría problema en contar de nuevo con los actores que ya había participado en las anteriores entregas, pero Robert Duvall solicitó una excesiva suma de dinero para volver a interpretar a Tom Hagen. Al no llegar a un acuerdo, Coppola modificó el guión justificando que Hagen había muerto años atrás e introdujo al personaje del abogado B.J. Harrison. Para dar vida a Mary, la hija de Michael, se eligió a Winona Ryder, pero problemas de agenda y salud le impidieron participar sustituyéndola por Sofia Coppola, algo por lo que la cinta, y el propio director, serían criticados.
El 25 de Diciembre de 1990 llegaba a las pantallas la esperada “El Padrino: Parte III”. La opinión general fue que no dejaba de ser una buena película pero no alcanzaba la excelencia de sus predecesoras.
En Busca de la Redención
La película transcurre veinte años después de “El Padrino: Parte II”. Michael Corleone es ya un hombre mayor que busca la reconciliación con sus hijos y la desvinculación con los negocios sucios. Será un viaje de dolor en que busque la absolución por todos sus pecados.

Michael recibe Honores Papales: La cinta se abre mostrándonos la residencia de los Corleone en el Lago Tahoe, ahora sumamente descuidada. El recuerdo de la muerte de Fredo aparece en forma de flashback. Michael escribe una carta a sus hijos pidiendo que acudan a la ceremonia en Nueva York donde recibirá Honores Papales.
Como es habitual en las películas de “El Padrino” comenzamos con una celebración de temática religiosa, esta vez un nombramiento bendecido por el Santo Padre. La secuencia nos pone en situación presentándonos cambios en la familia y nuevos personajes. Michael ha sufrido un relativo cambio, ya no se muestra como el hombre de faz seria e inmutable, sino como un anciano agradable que disfruta de la compañía de sus seres queridos y que se siente incomodo al recibir la visita de matones como Joey Zasa. Kay asiste a la celebración para pedirle a Michael que deje a su hijo Anthony dedicarse a la música y dejar la carrera de Derecho. Aunque al principio se muestra reacio a dejar que su hijo tome ese camino acaba accediendo. Connie Corleone ha adquirido mayor importancia en la vida de Michael y anima la velada. Gracias a ella entrara en escena un nuevo personaje, Vincent Mancini, el hijo de Sonny. Connie acompaña a Vincent ante Michael y ejerce como madrina sobre él. Vincent tiene problemas con Zasa y no trata de ocultarlos enfrentándose a él frente a su tío Michael, demostrando así que ha adquirido el carácter impulsivo y violento de Sonny. El arzobispo que ha realizado la ceremonia conversa en todo momento con el abogado de Michael, Harrison, dejándonos ver que tras ese nombramiento se esconden negocios. Mary, la hija menor de Michael y Kay, ya es una mujer y es Presidenta de la Asociación Vito Corleone, destinada a obras benéficas. La joven siente atracción por su primo Vincent, al cual se acerca y coquetea. Entre otros invitados encontramos a Don Altobello, viejo amigo de la famlia y padrino de Connie, al hijo de Tom Hagen, y ahijado de Michael, que se ha convertido en sacerdote o al siempre fiel guardaespaldas de Michael, Al Neri, que aquí adquirirá mayor protagonismo. La ceremonia concluye con la foto de familia en la cual Michael invita a Vincent a posar.

El asunto Inmobilaire: Los planes de Michael con el Vaticano son llegar a un acuerdo para convertirse en principal accionista y socio de Inmobilaire, una gran empresa que genera millones de dólares. A cambio de participar en dicha empresa el arzobispo pide la ayuda económica de Michael debido a los problemas que está padeciendo el Banco del Vaticano. Afirmada la participación de Michael en la sociedad la noticia saldrá en todos los periódicos y pondrá sobre aviso a los antiguos socios de Michael. En la reunión con la Junta Directiva de Inmobilaire el anciano Don descubre tener varios enemigos en la sociedad que le impedirán controlar la empresa. No hay que engañarse, Michael busca alejarse de una vez por todas del mal camino y con Inmobilaire pretende comenzar una nueva vida que limpie de una vez por todas tanto su alma como el nombre de su familia. Mientras todo esto sucede, Michael acoge a Vincent como guardaespaldas. EL joven impulsivo a tenido la visita de dos matones enviados por Joey Zasa, con lo cual su vida corre peligro. Ha comenzado una guerra entre él y Zasa en la que Michael debe ser arbitro y aconsejar a su joven sobrino.

El atentado en Atlantic City: Para contentar a sus socios y liquidar las deudas que tiene con ellos Michael acuerda con Don Altobello una reunión con todos los jefes de las familias en New Jersey. Los planes de Michael son ofrecer una cuantiosa suma a cada uno para así poner punto y final a sus relaciones y dejarlos contentos. Casi todo el mundo se siente satisfecho ante la generosidad de Don Corleone, menos Joey Zasa, que no recibe nada. Zasa se siente insultado y declara la guerra a Don Corleone marchándose. Altobello busca una reconciliación pacifica y va tras Joey. Los miembros de las familias se quedan tranquilamente continuando la reunión cuando de repente comienza a vibrar toda la sala. Lo que parece un terremoto se convierte en un ataque del que pocos saldrán vivos. Vincent y Al salvan a Michael y lo sacan de ahí. Una vez en casa intentan descubrir quién ha podido maquinar un ataque como ese. En la discusión Michel sufre un infarto, en su dolor maldice el nombre de Altobello y recuerda a su hermano Fredo. Rápidamente es llevado al hospital.

Vincent toma cartas en el asunto: Con Michael en el Hospital la familia se siente ofendida y busca venganza. Vincent, apoyado por su tía Connie y por Al decide tomarse la venganza por su mano y ocuparse de Zasa. Vincent oculta un secreto y es que mantiene una relación de amor con Mary, su prima. La joven quiere saber todo cuanto pueda de los asuntos de la familia y su pasado, a lo cual le responderán solo lo justo y necesario. Es la persona más inocente del clan y no debe verse inmiscuida. Vincent planea la muerte de Zasa en plena fiesta del barrio de Litle Italy, a vista de todos. Esta escena recuerda en tema y situación a la acontecida en la segunda película cuando Vito mata a Fanucci, solo que aquí Vincent actúa a vista de todos, creando una masacre en donde caerá el jefe junto con sus hombres. Con Zasa muerto Michael se muestra colérico, no es así como deben hacerse las cosas y menos sin su permiso. La noticia de que Connie y Al apoyaron a Vincent lo coge por sorpresa, ya nada pueda hacer asi que será mejor seguir adelante. En su estancia en el hospital Kay visita a su exmarido para darle las gracias y comunicarle que Anthony debutará en la Opera de Sicilia. Michael se sentirá muy satisfecho y promete ir el día de estreno a ver a su hijo. Altobello visita también a Michael y acuerdan hacer las paces en Sicilia.

Regreso a Sicilia: Michael es recibido por todo lo alto y acogido en casa de Don Tommasino, quien siempre se ha comportado como un gran amigo de la Familia. Entre las caras conocidas Michael se reencontrará con su antiguo guardaespaldas, Carlo, y visitará la tumba de su primera esposa, Apollonia, junto a sus hijos, a los que se abrirá y contará cosas que nuca les había contado. Michael le dice a Mary que la historia con su primo Vincent es imposible y que debe alejarse de él. La visita a su tierra natal sirve a Michael para comenzar a limpiar su alma y querer ser mejor persona, pero antes debe zanjar unos asuntos. El asunto Inmobilaire es el causante de todo lo que ha sucedido. Altobello está compinchado con Lucchesi, un importante hombre de negocios que dirige la junta de Inmobilaire y que está asociado con el arzobispo. Michael descubre que lo han tratado como a un pelele y pide consejo a Don Tommasino, quien le recomienda que visite al cardenal Lamberto, un verdadero hombre de Dios. Para empezar a preparar su contraataque Micael pide a Vincent que se una a Altobello utilizando como excusa que está enamorado de Mary, así podrá descubrir qué planean.

La confesión: Siguiendo el consejo de Don Tommasino, y acompañado por él, Michael visita al cardenal Lamberto, quien lo escucha atentamente y entiende su preocupación. Lamberto siente simpatía por su visitante y descubre que su alma está sufriendo. Tras un amago de infarto del que se recupera Michael accede a la propuesta de Alberto a confesarse. A solas, en el claustro, Lamberto escucha a Michael. Sin duda alguna esta es una de las secuencias más memorables de toda la cinta. Michael confiesa cada pecado para a continuación escucharse la campana de la Iglesia. Es escalofriante y muy duro cuando dice que él mato al hijo de su madre, él mato al hijo de su padre. Sus pecados son terribles pero la absolución no es imposible. Para seguir su camino de salvación Michael intenta hacer las paces con Kay antes de la actuación de su hijo y la acompaña por Sicilia enseñándole sus raíces. Mientras tanto Altobello y Lucchesi han contratado a un asesino para que mate a Michael. Don Tommasino es asesinado por este asesino al ser reconocido.

El nombramiento de Vincent: Velando a Tommasino el anciano Corleone se siente agotado y sin fuerzas para continuar. Necesita traspasar su poder antes de que se desencadene la tormenta. Vincent es nombrado Vincent Corleone y convertido en nuevo Don, es el unión de la familia que puede llevar las riendas. Michael pone una sola condición a Vincent para ser el jefe de la familia, que deje en paz a Mary. En el Vaticano se nombra un nuevo Papa, el elegido es Lamberto quien tomará el nombre de Juan Pablo I. La primera acción de Vincent será planear la venganza contra todos los enemigos de los Corleone utilizando a Al para encargarse del arzobispo, Carlo para acabar con Lucchesi y así tomarse su vendetta contra el hombre que mató a su patrón y sus guardaespaldas para proteger la Opera donde tendrá lugar “Cavallería Rusticana”.

Cavalleria Rusticana: Haciendo honor a la tradición de películas de “El Padrino” el tramo final se presenta como una enorme secuencia que hace honor a la Opera que se representa. La familia Corleone al completo asiste para ver el debut de Anthony. Connie regala a Altobello una cajita de dulces que el anciano devorará a medida que transcurra la función. El nuevo Papa, Alberto, muere por envenenamiento ya que impedía las acciones empresariales del Vaticano y era un estorbo para el arzobispo. El sicario contratado para matar a Michael falla dentro de la Opera y debe tomar otro punto de acción. Neri mata al arzobispo en el Vaticano, Carlo hace lo propio con Lucchesi en su despacho y Altobello muere debido al veneno de los pasteles. A la salida de la Opera, cuando parece que todo ha acabado favorablemente para la Familia, a excepción de la muerte del Papa, al cual Michael tenía gran aprecio, se escuchan unos disparos. El sicarios ha intentado matar a Michael pero ha fracasado. En su lugar se ha cobrado otra victima. Mary cae murta a ojos de su padre, quien no puede contener un grito de dolor. El final operístico se subraya al ponerse Connie el mantón sobre la cabeza de forma teatral y trágica.

Años después, un Michael ya viejo se encuentra solo en Sicilia sentado en una silla. En su memoria viven los recuerdos de juventud y los bailes junto las tres mujeres más importantes de su vida: Apollonia, Kay y su hija Mary. Las ha perdido a las tres. “Ardería en el Infierno por mantenerte a salvo”. Esa frase es la que le dice Michael a su hija cuando ella duda sobre los negocios de su padre. Su intento de salvarla ha fracasado. Su camino de redención se ha cobrado como victima a su ser más querido, ahora solo le queda morir para que el diablo cobre su deuda.

El Final de los Corleone
No había otro camino. Al final de la segunda parte nos encontrábamos con un Michael odioso e insalvable, ya no se podía empeorar esa imagen diabólica. Ahora había que intentar salvarle, y el camino elegido para ello es su búsqueda del perdón y el intento de salvar a sus hijos de todo el mal. “Nuestro bien más preciado son los hijos” A pesar de no tener una estrecha relación con Anthony, debido a que sabe que él mató a Fredo, intenta complacerlo dejándolo marchar en busca de su sueño y apoyándolo días antes de la función. Mary es diferente, la niña de sus ojos, la encargada de dirigir la Fundación que creó y que se muestra limpia. La lucha de Michael por volver al buen camino es constante pero le saldrá muy cara al perder al miembro de su familia más amado.
Francis Ford Coppola realizó con “El Padrino III” una película notable, pero no excelente, no hemos de olvidar que se trata de un encargo impuesto y que tal vez por esa razón no saliera tan bien como las anteriores. Tampoco ayudó la negativa de Duvall a participar obligando al director a modificar el guión.
Comenzaré diciendo las virtudes que encuentro en la tercera parte de la Saga Corleone.
El personaje de Michael Corleone y su camino de redención. Me parece excelente como está llevado y que se decidiera tomar este camino. Las secuencias protagonizadas por Michael siguen teniendo fuerza, en especial las que tienen lugar en Sicilia. Entre los grandes momentos que se quedan grabados en la memoria citaré cuando Anthony le canta a su padre la canción Siciliana rememorando sus tiempos de juventud con Apollonia y consiguiendo una sensación de nostalgia pasmosa, o el momento de la confesión junto al padre Lamberto. Además la portentosa, maravillosa e inolvidable interpretación de Pacino vale ya para que esta película se tenga en cuenta.
El protagonismo de la Iglesia. Me encanta como Coppola retrata los negocios del Vaticano, demostrando que la Iglesia es otra multinacional que se mueve por dinero. Aquí descubrimos una confrontación entre poder y fe. Hay hombre de Dios ambiciosos para los que solo existe el dinero, como el arzobispo, y otros que creen aún en el poder de Dios para entrar en las personas y salvar su alma, como el padre Lamberto. Para crear esta trama Coppola y Puzo tomaron hechos históricos como los problemas del Banco Vaticano o la muerte de Juan Pablo I.

Ahora veamos las cosas flojas que impiden a esta tercera parte llegar a la altura. En especial se trata de dos puntos.
La falta de personalidad en los personajes secundarios. Son muchos los nuevos personajes que buscan tapar el hueco de antiguas presencias. El elegir a George Hamilton para sustituir a Robert Duvall como abogado no cuaja, es más, el nuevo abogado Harrison llega hasta casi a molestar y caer mal. Lucchesi y el arzbosipo no alcanzan a tener la entidad que tuvieron Sollozo o Hyman Roth en las anteriores. El hijo mayor de Michael, Anthony, demuestra más soltura cuando protagoniza la Opera que cuando tiene escenas intimas con su padre. Afortunadamente tenemos otros personajes secundarios como Don Altobello o Jaey Zasa que si consiguen ser recordados.
Tanto Mary como Vincent merecen protagonizar el segundo punto que flojea. Empezaré hablando de Vincent. Si bien es cierto que en la primera película nos mostraban los flirteos de Sonny con otras mujeres nunca se nos dejó claro que tuviera un hijo, y menos aún que fuera reconocido y tuviera favores de la familia como aquí se nos dice. Ahí ya veo una laguna, pero puesto que ha pasado veinte años arguméntales desde la anterior película lo perdonaremos. La verdad es que Vincent si tiene personalidad, se muestra como un chico arrogante que busca el poder por medio de la violencia y que es digno heredero del carácter de su padre. Bien, ahora lo que no consigue ser creíble por ningún motivo es la historia de amor entre Vincent y Mary. En ningún momento es creíble, resulta muy forzada y perjudica la película. En especial al final, cuado Mary cae muerta, Vincent suelta un “No” con menos pasión que un recién nacido. Sin lugar a dudas es el gran lastre de la película.

A nivel de dirección y puesta en escena Coppola sigue demostrando tener buen pulso y ser todo un maestro. Secuencias como la de apertura de la fiesta, el atentado en Atlantic City, la muerte de Zasa, la confesión de Michael o todo el tramo final de la Opera están realizadas con elegancia y profesionalidad, adquiriendo la mayoría de ellas gran fuerza.
El factor nostalgia está muy presente, la estructura es muy parecida a la de “El Padrino”. Para empezar, la escena en que Michael es investido se rodó en la misma iglesia donde se rodó el final de “EL Padrino”.Comienza con un Michael ya mayor en plena celebración que recibe a todo aquel que quiere verlo. El Don será objeto de atentado y de nuevo Sicilia tiene gran importancia. Además hay un traspaso de poder. Son muchas las coincidencias entre ésta película y la original de 1972, de hecho Coppola quería comenzar la tercera entrega con la conversación que el arzobispo mantiene con Michael planificándola de la misma manera que la que tenía Bonasera con Vito en el primer film.
El guión de Puzo y Coppola es completamente original. El mayor reto es completar un hueco de veinte años que separa ambas películas. Así pues debemos ser clementes y entender que han sucedido muchas cosas entre ambos films, como por ejemplo la venta de todos los casinos y negocios de Michael o el conocimiento de la existencia de Vincent. El libreto de esta parte es el más flojo pero no es para nada despreciable, siguen existiendo frases con garra y la atmósfera de film operístico de clausura. Es el fin de Michael Corleone, con él muere la dinastía.
Una vez más el equipo técnico repitió demostrando que seguía estando en forma. Gordon Willis en la fotografía, Dean Tavoularis en la dirección artística y Carmine Coppola en la Banda Sonora secundaron la dirección de Coppola y la reforzaron.

A nivel interpretativo encontramos por única vez en la Saga un desnivel en los actores. Al Pacino vuelve a erigirse como un monstruo interpretativo que aprovecha cada plano en la imagen más torturada y melancólica de Michael Corleone. Él solo levanta toda la cinta. Talia Shira recibe más protagonismo como Connie, la hermana de Michael. Shire vuelve a estar excelente y se muestra como una gran mujer que busca lo mejor para la posteridad de la familia y no duda en tomar decisiones. Diane Keaton es Kay en su versión de preocupada madre y sufrida exmujer de Michael. Andy Garcia es Vincent Manzini, el impulsivo heredero de Sonny. Garcia demuestra tener presencia y saber desenvolverse pero su historia de amor con Sofia Coppola no le ayuda. La hija del director ha recibido muchos palos injustamente por esta película. De acuerdo, no es que brille, pero hay que reconocer que sus momentos con Pacino merecen un mínimo de atención. Desgraciadamente, y al igual que Garcia, la historia de amor que viven no hay por donde cogerla. Eli Wallach es Don Altobello. Wallach está muy bien y recuerda el nivel interpretativo que ha predominado en esta Saga. Joe Mantegna es Joey Zasa. Mantegna se esfuerza y consigue una interpretación convincente. Raf Vallone es el Cardenal Lamberto, futuro Juan Pablo I. La humanidad que desprende este hombre es brutal y muy afín a lo que requiere el personaje. George Hamilton el abogado Harrison, ni de broma tapa el hueco dejado por Duvall. Richard Bright vuelve a dar vida a Al Neri demostrando que con Michael tiene una relación de amistad. Bridget Fonda aparece como presencia invitada y para demostrar lo bien que se le dan a Vincent las mujeres. Como participación especial tenemos a la madre de Martín Scorsese dando vida a una de las habitantes del barrio de Little Italy que suplica a Vincent para que termine con Zasa.

“El Padrino: Parte III” puso fin a la Saga de los Corleone de la mejor manera posible. Mucho se habló de un posible “Padrino IV”, incluso Puzo demostró su deseo de contar la historia de Sonny joven en paralelo al reinado de Vincent como jefe, en un ejercicio similar al de “EL Padrino II” con Michael y Vito. Coppola negó tal proyecto y hoy día tal posibilidad está muerta y enterrada, cosa que sucedió definitivamente con la muerte del autor de la novela. En conjunto la Trilogía queda muy bien y nos narra no solo la historia de los Corleone sino en concreto la historia de Michael Corleone.
A pesar de no contar con todo el beneplácito de la critica “EL Padrino: Parte III” recibió siete nominaciones a los Oscars: Película, Director, Secundario (Garcia), Montaje, Fotografía, Banda Sonora y Dirección Artística. Fue la única vez en que una historia de los Corleone se iba de vacío, teniendo a rivales tan fuertes como “Uno de los Nuestros” o la triunfadora “Bailando con Lobos”. Lo más indígnante es que Pacino no se llevara otra nueva nominación.
Operística, nostálgica, conclusiva. “El Padrino: Parte III” puede ser considerada la oveja negra de la Familia, pero ya nos gustaría tener más a menudo ovejas negras así. En conjunto, y junto con sus dos predecesoras, forman una gran historia, una obra capital en el Cine, y es que “El Padrino” es la mayor Trilogía de la Historia.
Lo Mejor: La buena labor técnica. Sigue desprendiendo solemnidad. Al Pacino.
Lo Peor: La historia de amor entre Vincent y Mary. Tener tan magnas predecesoras.
Antes incluso de que “El Padrino” se estrenara, y viendo la cantidad de tinta que estaba corriendo acerca del film, la Paramount planeo realizar una secuela en el acto. El enorme éxito de “El Padrino” y su triunfo en los Oscars aceleró la marcha de la producción. Francis Ford Coppola prefirió que contrataran a otro director para encargarse de la película recomendando a Martín Scorsese, pero la productora se negó a aceptarlo. A cambio de realizar la película Paramount ofrecía a Coppola todo lo que pidiese. Así pues, el director aprovechó su posición privilegiada y pidió que le dejaran tiempo para poder realizar una pequeña película en San Francisco así como una llamativa suma de dinero y derecho al montaje final sin intromisiones. Aceptados estos términos Coppola volvió a reunirse con Puzo para dejar preparado el guión.
















Poco podía imaginar Mario Puzo que su novela conocida primeramente como “Mafia” y luego rebautizada como “El Padrino” se convertiría en una de las películas más populares de la Historia y que daría lugar a la Saga cinematográfica más grandiosa y elogiada.














De un tiempo a esta parte siempre que se ha realizado una película policíaca ambientada a principios del S. XX se ha hecho siguiendo las pautas del género, con cierto aire nostálgico y resultados en su mayoría excelentes que tenían el sello de su director como “Los Intocables”, “Muerte entre las Flores” o la más reciente “Camino a la Perdición”. Cuado Michael Mann anunció que su siguiente proyecto sería una aproximación a la figura de John Dillinger, a quien el mundo del cine le ha rendido tributo en varios films como “Dillinger” de John Milius, muchos de sus admiradores nos alegramos en exceso. Cada noticia nueva del proyecto hacia que las ansias de ver el film aumentaran. En un principio la idea era que el protagonistas estuviera interpretado por Leonardo DiCaprio pero por problemas de agenda no pudo ser y el director se puso en contacto con Johnny Depp, quien aceptó. Para dar vida a Melvin Purvis se escogió a Christian Bale, anunciando así un duelo interpretativo entre ambos que rememorara una de las obras cumbre del director, “Heat”. La sorpresa que puso el grito en el cielo por parte de mucha gente fue la decisión del director de rodar la cinta en Digital con cámaras de Alta Definición como lleva haciendo desde “Collateral”. El resultado es una cinta visualmente impactante que renueva el cine de criminales ambientado en la Gran Depresión.



Poco podía imaginar Nicholas Pileggi que su libro “Wiseguy” acabaría siendo una de las películas de gangsters más memorables de todos los tiempos. El libro llegó a manos de Martin Scorsese, quien una vez terminó de leerlo se puso en contacto con Pileggi informándole de su intención de realizar la cinta, a lo que el escritor contestó eufóricamente que estaría encantado. Los dos se reunieron y decidieron escribir un guión basado en el libro, con Scorsese planificando la película a mediad que escribían. El director contaría con su equipo habitual, incluyendo a los actores Robert De Niro y Joe Pesci, quienes estuvieron involucrados desde un principio en el reparto. Para dar vida al protagonista y narrador de la cinta Henry Hill se contrató al joven Ray Liotta, quien se volcó para estar a la altura. Las primeras proyecciones de la cinta recibieron bastante golpes, sobre todo en lo que respecta a la violencia de sus imágenes. Aún así “Uno de los nuestros” acabó convirtiéndose por derecho propio en la película de gangsters de la década y en una de las Obras Maestras del Cine.

Los guionistas Robert Benton y David Newman estaban leyendo el libro “The Dillinger Days” cuando descubrieron entre sus paginas la fotografía de un hombre y una mujer con un pie de foto que rezaba: “Estaban enamorados y robaban bancos”. Los dos guionistas unieron sus fuerzas para escribir un guión acerca de esa pareja de atracadores que vivió la fama a principios de los años 30, pero no un guión al uso sino siguiendo las pautas del cine europeo, en especial del que se hacía en Francia bajo el nombre de “Nouvelle Vague”. Una vez terminado el libreto Newman y Benton concertaron un encuentro con el hombre que veían ideal para dirigir la cinta, François Truffaut. El director les dijo que le gustaba mucho el guión pero rehusó dirigirlo debido a que ya estaba inmerso en el proyecto de “Farenheit 451”. A pesar de negarse a hacerlo Truffaut ayudó a que la película se hiciera realidad comentándole a Warren Beatty acerca de la existencia del guión y el actor se puso en contacto con Robert Benton para leerlo. Beatty quedó asombrado de tal modo que decidió producir el film y dar vida a Clyde Barrow. Se llegó a un acuerdo con Warner Brothers para producir la cinta y distribuirla. Beatty tuvo problemas para encontrar un director, aunque finalmente sería una de sus primeras opciones, Arthur Penn, quien se haría cargo, también se buscó a los actores adecuados para dar vida a los personajes poniendo especial atención en la actriz que daría vida a Bonnie Parker. La actriz la encontrarían gracias a unas fotos que hizo Curtis Hanson, en donde una guapísima chica rubia posaba devorando la cámara. Su nombre era Faye Dunaway. La película acabó filmándose y se estrenó en 1967, a pesar de que Jack Warner les dijera a Beatty y Penn que era una basura y que en el pase de estudio se había tenido que levantar tres veces para ir al servicio. La acogida por parte de la prensa no fue nada calurosa, la critica la masacró y el público pasó de ella. Parecía que Beatty había fracasado en su debut de productor, sin embargo un critico europeo que la había visto la puso muy bien. A él había que añadir las criticas de algunos miembros de la prensa norteamericanos que también reconocieron muchas virtudes en ella y eso animó a que se estudiara la posibilidad de relanzarla. Se anunció su reestreno por medio de carteles elaborados con todas las criticas positivas que animaran a la gente a acercarse al cine a verla. La respuesta fue altamente positiva, y, lo que es mejor, la crítica se fijó en ella desde otra perspectiva descubriendo un nuevo estilo dentro del cine americano. Y si en Estados Unidos funcionó bien, en Europa arrasó. El estilo que lucía Dunaway en el film fue imitado por jovencitas y los críticos europeos acogieron la película con los brazos abiertos, como un soplo de aire fresco. Era el principio de un nuevo cine americano.
Otra de las grandezas de la cinta la encontramos en su reparto. Warren Beatty es Clyde Barrow, el atracador impulsivo con una inteligencia que roza lo infantil. Personalmente si encuentro un fallo en la cinta es precisamente Beatty, y es que no acabo de creérmelo como el violento Clyde Barrow. Claro que la película es solo un acercamiento, pero hay algo en Beatty que me impide simpatizar con el personaje. Aún así reconozco que se esfuerza y lo salva. Lo contrario me sucede con Faye Dunaway. Desde el primer plano en que aparecen sus ojos nos roba la atención y nos enamora. Dunaway está formidable como la chica guerrera que ama a su atracador y maestro pero que muestra síntomas de fragilidad al descubrir que no van a ninguna parte en la vida. Toda una creación interpretativa. Gene Hackman está formidable como Buck Barrow. A el actor le vino muy bien el papel debido a las dificultades laborales que estaba teniendo y lo aprovechó al máximo sacando todo el partido que podía. Memorable su final. Michael J. Pollard es C.W., el mecánico que se convierte en conductor de los atracadores. Pollard crea al personaje más inocente de la cinta. Estelle Parsons es Blanche, la esposa gritona de Buck que no solo pone nerviosa a Bonnie, sino a los espectadores. Divertidísimo el momento en que sale de casa gritando mientras se está desarrollando un tiroteo. Parsons se documentó acerca de los personajes que iban a representar y fue la única del grupo que sabía que se habían tomado muchas libertades artísticas. Entre las presencias secundarias destaca Gene Wilder en uno de sus primeros papeles cinematográficos como Eugene, el hombre que se descubre como funerario.
Los agentes de narcóticos Jimmy “Popeye” Doyle y Buddy “Cloudi” Russo investigan la posible llegada de un gran cargamento de droga en Nueva York.
En 1997 apareció una película que se ganó los aplausos de critica y público. Dirigida por Curtis Hanson y basada en una novela de James Ellroy “L.A. Confidential” se convirtió en un clásico moderno del cine negro.
Robert Evans había alcanzado ya un prestigio en Paramount gracias a los éxitos de “Love Story” y “El Padrino” cuando se enteró de un proyecto que tenían entre mano el guionista Robert Towne con el actor Jack Nicholson. Ambos se conocían de la época en que trabajaron para la factoría de Roger Corman y planearon trabajar en un proyecto común que Towne escribiría pensando en el actor para el papel principal. Evans leyó el guión, comprobando el potencial que tenía, y se puso a buscar al director apropiado para llevarlo a cabo. El fatídico episodio de Sharon Tate seguía torturando a Roman Polanski, quien recibió la oferta de Evans para dirigir la película. Polanski aceptó en lo que fue su regreso al cine de Hollywood desde “La Semilla del Diablo”. En un principio la actriz escogida para dar vida a la femme fatale de la historia fue Ali McGraw, por aquel entonces pareja de Evans, pero su romance, y posterior huida, con Steve McQueen hizo que su nombre desapareciera de casting sustituyéndola por Faye Dunaway, que animó el rodaje con continuas broncas con el director, quien a su vez se encontraba en continuo enfrentamiento con Towne por cambiar el final de la historia. La peleas no cesaban, incluso Jack Nicholson explotó un día porque Polanski le rompió el televisor donde estaba viendo un partido de Los Ángeles Lakers. Finalmente, a pesar de los problemas, “Chinatown” consiguió realizarse convirtiéndose en uno de los títulos de referencia del Cine Negro.
