Sherlock Holmes: Juego de Sombras, de Guy Ritchie

La visión del personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle que nos ofreció Guy Ritchie a finales de 2009 (principios de 2010 en España) fue un inesperado éxito que supo ganarse a un gran público, especialmente a aquellos que habían entrado en el juego que tanto el director como los actores ofrecían, una relectura divertida con alma de comic-book en donde el sabueso de Baker Street sabía dar buenos puñetazos mientras resolvía misterios decimonónicos. La muy positiva respuesta en taquilla hizo que inmediatamente se pusieran a trabajar en una secuela donde podríamos ver al villano por excelencia del detective.

Finales del S. XIX. Se están cometiendo atentados mortales por diferentes rincones de Europa. Mientras la opinión pública culpa de ellos a un grupo de anarquistas, Sherlock Holmes sabe quién está realmente tras ellos, el Profesor James Moriarty.

Siempre he pensado que como espectadores debemos saber qué vamos a ver, o, al menos, qué podemos esperar de una película. La primera entrega de la película que nos ocupa se alejaba de la imagen de Holmes que teníamos (y que el cine nos ha estado ofreciendo años atrás), para mostrarnos a un hombre que, además de ser muy inteligente, le gustaba merodear de aquí para allá y enfrascarse en peleas callejeras. Nada que objetar, pues, aunque pudiera parecer lo contrario, la descripción del personaje no se aleja en exceso de lo expuesto en el canon. Por desgracia los muy puristas (adeptos al personaje) se muestran contrarios a ésta versión, pero no hay problema, como he comenzado citando en el párrafo, hay que saber lo que se va a ver, y para éstos espectadores en concreto recomiendo encarecidamente la serie de la BBC protagonizada de manera magistral por Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, y cuyo primer episodio perteneciente a la segunda temporada es soberbio. Ahí encontrarán al Holmes puro y duro, con la licencia de enmarcarlo (de forma sobresaliente) en el presente siglo. En lo que se refiere al presente film ha que encasillarlo dentro de lo que es, un blockbuster hollywoodiense al estilo “Piratas del Caribe”, ya que aquí también lleva la batuta un personaje principal excéntrico y pintoresco.
Ahora bien, entramos en otro punto, la secuela. Hoy día es complicado encontrarse con una secuela made in Hollywood que llegue al nivel de su original (Padrinos y Caballeros Oscuros aparte). No es casual que exista el dicho “segundas partes nunca fueron buenas”, ahí tenemos por ejemplo la secuela de “Matrix” que, salvo un espectáculo pirotécnico muy mono, ofrecía más bien poco, o la anteriormente citada Saga piratesca protagonizada por Depp, la cual me gusta pero reconozco que ninguna de las secuelas llega al notable nivel de la original. Por lo tanto es normal que la secuela del Sherlock Holmes de Ritchie pudiera resultar decepcionante (y ahora entraremos en los puntos en contra), pero, sorpresa, no lo es. De hecho con éste film me ha pasado exactamente lo mismo que con el primero, me lo he pasado de maravilla y el recuerdo que tengo de él, días después, es altamente positivo. Buena señal.

Una secuela siempre tiene un punto en contra, la novedad. Apenas existe. Conocemos a los personajes, el tono ya está marcado y (si se repite director, que es lo más lógico si funciona un film) el estilo está definido. En “Sherlock Holmes: Juego de Sombras” el espectador no va a encontrar nada que no haya visto en la anterior, lo que si se va a encontrar es más exceso. Otra regla de toda buena secuela hollywoodiense, si algo ha funcionado explótalo hasta la saciedad en la próxima. Aquí Guy Ritchie hace alarde de su amor por los ralentís en las secuencias explicativas y en varias secuencias de acción. A pesar de no ser partidario de dicha herramienta narrativa se lo perdono, ya que ofrece un espectáculo visual sin parangón. Todo es acción, movimiento, explosiones, ritmo. Apenas encontramos altibajos (algunos levísimos, sin importancia) y eso es una buena noticia. Es una montaña rusa más grande que la anterior.
En contra, he de decir que el director abusa del flashback, por un lado, y del ralentí descriptivo, por otro, una sola vez. Sobre el flashback me sobra que muestre la muerte de un personaje clave en el Universo Holmesiano. Había quedado claro anteriormente, y, además, de forma muy elegante, en fuera de campo. Sobre el ralentí, me pareció absurdo que lo utilizara al final cuando los dos rivales están frente a frente. Su batalla es mental, de inteligencia, son dos personas con alto nivel intelectual enfrascadas en una peligrosa partida de ajedrez que anuncia el germén de lo que será la I Gran Guerra, no hacía falta que introdujera el juego de lucha a la mitad. Dos detalles pequeños, pero que personalmente me supieron a mucho, ya que sin ellos podría decir muy abiertamente que “Juego de Sombras” es para “Sherlock Holmes” lo que “El Caballero Oscuro” fue para “Batman Begins”.

Una película es tan buena como su villano. Ciñéndonos a la frase podemos decir que “Sherlock Holmes: Juego de Sombras” es muy buena, porque tiene un villano de altura. Una de las dudas que me asaltaban era cómo reflejarían al Napoleón del Crimen en el film, y la elección adoptada me parece muy acertada. Moriarty es una figura pública, un prestigioso profesor de Universidad que teje una peligrosa tela de araña en torno a Europa limpiando todo rastro que lo lleve hasta él. Es un terrorista, con una capacidad intelectual a la altura de Holmes, quien muestra hacia él un enorme respeto y admiración.
La película comienza donde termina la anterior. Todo es igual, Holmes liándose a puñetazos, mostrándose tan divertido y barriobajero como de costumbre, y flirteando con Irene Adler. Pero entonces, algo cambia, entra en escena Moriarty, y cuando lo hace el film sube de nivel. Las secuencias en que aparece son de lo mejor del film, y sus careos con Sherlock electrizantes, de hecho en el primero el profesor consigue que Holmes, sutilmente, muestre el odio que le procesa cuando le narra el destino de Adler y sus planes para Watson, quien volverá a acompañarlo en esta aventura porque Moriarty así lo quiere.

Uno de los pilares de las aventuras de Sherlock Holmes es su amistad y compañerismo con Watson. En el primer film se nos mostraba dicha relación y quedaba muy bien definida. Aquí no hay más que seguir explotándola, con la diferencia del estado civil de Watson, ahora un hombre casado. No son pocos los momentos cómicos (algunos ridículos) protagonizados por la pareja, quien vuelve a dar síntomas de una excelente relación de química (en parte gracias a la labor de Downey Jr. y Law).
El film avanza con la estructura de un thriller de acción. Holmes y Watson recorriendo gran parte de Europa intentando detener a Moriarty. Es como un film de James Bond, sólo que transcurre a finales del diecinueve. A la pareja protagonista se les une Simza, una gitana afincada (ilegalmente) en Francia, y que bien podría haber sido más secundaria de lo que es, ya que aporta muy poco.

Siguen existiendo guiños y homenajes. Aquí entra en escena Mycroft, el hermano listo de Sherlock, que, además de trabajar para el Gobierno, demuestra ser un amante de las veladas nocturnas y practicar el nudismo en el calor de su hogar. Holmes hace gala de su placer por los disfraces, algunos de los cuales serán sorprendentes y nos soltarán alguna carcajada. El sicario de Moriarty es Sebastian Moran, presente en alguna que otra aventura literaria del detective.
Hay guiños a películas y series que tuvieron al personaje como protagonista. En una ocasión Sherlock dice que morirá sólo, y eso hizo que automáticamente recordara “The Young Sherlock Holmes” en donde el joven detective afirmaba melancólicamente que viviría sólo. El vehículo que Watson conduce es similar al de la serie de animación de Hayao Miyazaki. Además encontramos guiños a otros films, como por ejemplo a “Dos mulas y una mujer”, con tema de Morricone incluido, y al Joker que Ledger inmortalizó por medio del maquillaje que lleva Downey Jr. en una secuencia.

Entre las secuencias memorables tenemos, a parte de todas las protagonizadas por Holmes y Moriarty (con mención especial a la de la tortura, al nivel de la de “Casino Royale”), la persecución en el bosque. Todo un alarde de ritmo y emoción en donde los excesos de Ritchie parecen no tener fin funcionando maravillosamente y consiguiendo crear una aparatosa e imborrable set piece. La secuencia de acción en el tren resulta espectacular y divertida, con Watson y Holmes discutiendo a la par que intentan salvar sus pellejos.
Otra secuencia memorable es que acontece en la Opera de Paris. Es una secuencia 100% Zimmer, en la que el compositor se adueña de ella mediante su relectura del “Don Giovanni” de Mozart consiguiendo marcar el ritmo en todo momento.

Hans Zimmer vuelve a encargarse de la Banda Sonora de forma muy acertada. Lo malo de Zimmer cuando compone para una secuela es que apenas renueva, sino que se repite llegando a resultar falto de creatividad. No es el caso en la presente, pues el compositor consigue evolucionar con respecto a lo creado para la anterior. El (ya clásico) tema de Holmes sigue estando muy presente, rodeado en ésta ocasión por acordes oscuros y barrocos que acentúan la amenaza que supone Moriarty. Gran trabajo del compositor alemán.

La base pare crear la historia es “El Problema Final”, y poco más hay que decir. Los guionistas encargados de elaborar el guion han sido Michele y Kieran Mulroney, los cuales deberían haberse esforzado más de sí a la hora de adaptar tan importante aventura. El resultado no es desastroso, pero podrían haber dado más intriga a la aventura y recortar personajes que aportan muy poco.
A nivel técnico la película es más rica. La fotografía es excelente y los efectos especiales son mucho mejores. Citar que se ha cambiado el formato, la anterior se rodó en 16:9 y ésta tiene un formato panoramcio 2:35/1, lo que acrecienta la espectacularidad.

El reparto está correcto en líneas generales. Actores como Eddie Marsan, Kelly Reilly o Rachel McAdams ven como sus personajes no tienen más de diez minutos en pantalla, en el caso concreto de Marsan no llega ni al minuto, el inspector Lestrade no tiene nada que decir aquí. Stephen Fry da vida de manera relajada y sin esforzarse a Mycroft Holmes, su ya clásica elegancia es suficiente. Noomi Rapace entra en Hollywood con el personaje de Simza, la gitana que ayuda a los protagonistas. Este papel no significa más que abrirle las puertas de Hollywood a la Salander sueca y presentarla al gran público yanqui antes de que llegue protagonizando “Prometheus”.
Jared Harris compone un excelente Moriarty, tal vez perjudicado por el recuerdo que se tiene del actor en la serie “Fringe”. Harris fue una sorpresa cuando se seleccionó para el papel, y ahora no se puede poner ninguna pega, su presencia es intimidatoria y hace honor a tan magnífico villano. Jude Law y Robert Downey Jr. siguen en su línea, demostrando la buena química que poseen en pantalla. Law compone un Watson muy acertado mientras Downey Jr. vuelve a ser el rey de la función como Holmes, un poco más excéntrico e inestable que de costumbre, pero que lo llega a pasar mal de verdad, tanto emocionalmente, pues teme por la vida de su amigo, como fisicamente.

“Sherlock Holmes: Juego de Sombras” es un blockbuster hollywoodiense bien realizado, que no engaña a nadie y que ofrece una buena ración de acción y aventura. Está a la altura de la anterior y, por momentos, llega a superarla. Un divertimento de primera clase.

Lo Mejor: El dúo protagonista. Los cara a cara entre Moriarty y Holmes. La espectacular secuencia del bosque. El trabajo de Hans Zimmer.

Lo Peor: Los excesos de Ritchie llegan a resultar molestos en contadas ocasiones. El prescindible personaje de Simza.

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2 comentarios to “Sherlock Holmes: Juego de Sombras, de Guy Ritchie”

  1. Jesús Fariña Says:

    Me ha parecido muy bueno tu espacio de cine, te incluyo en mi blogroll para mejor seguimiento. Un saludo.

  2. paola Says:

    Esta película me encanta, Sherlock Holmes juego de sombras es una de las grandes creaciones de Guy Ritchie, quien es un excelente director, en las dos películas que han salido de Sherlock Holmes me ha encantado como desarrolla las historias.

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