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Salvar al Soldado Ryan, de Steven Spielberg

Mayo 16, 2008

En la Segunda Guerra Mundial, una escuadra del ejército americano es mandada a adentrarse en Normandía en busca de un hombre para devolverlo a su hogar.

Hablar de “Salvar al soldado Ryan” es hablar de la cumbre de un género, el bélico, así como también del punto de inflexión en la carrera de Steven Spielberg, quien a partir de este título entraría en su etapa de madurez artística sin olvidar los principios que rigen su cine.

La historia posee un dilema que nos hace ver, una vez más, el absurdo de la guerra. ¿Qué sentido tiene arriesgar la vida de ocho hombres para salvar a uno? El soldado al que deben encontrar y hacer regresar a casa se ha ganado tal premio debido a la muerte de sus tres hermanos en el frente. ¿Pero eso le hace ser más merecedor de volver que cualquier otro? Los hombres de la escuadra que lo buscan también son hermanos, esposos, hijos de alguien y tienen el mismo derecho. Todo se resume a una cosa, órdenes. El alto mando ha decidido que la Sra. Ryan merece tener con vida a uno de sus cuatro hijos vivo, y por ello deciden hacerlo regresar. Aún así no es sino una muestra más del absurdo que mueve las contiendas, el darle más importancia a un hijo único por la muerte de sus hermanos que a un padre de familia u otros muchos hijos abandonados a su suerte por las líneas enemigas.
Este debate será el que planee sobre la compañía que va en busca del soldado sorteando peligros varios en su camino. De los ocho hombres que parten en su busca caerán dos por el camino y otros tantos en Ramelle, donde se encuentra Ryan. El capitán Miller, cabeza al mando de la escuadra, simplifica el asunto diciendo que es una orden y, como cualquier otra, hay que cumplirla. Claro que eso no le impide poner de manifiesto su opinión al respecto alegando que Ryan es posible que no se lo merezca, ya que ni le conoce, pero que si conseguir que vuelva a casa le hace ser merecedor a él y sus hombres de regresar también a su hogar habrá merecido la pena. Al final Miller mirará a Ryan y le dirá que se lo merezca, que merezca todo el sacrificio que han hecho por él para que vuelva sano y salvo.

Al contrario de lo que parece, la película carece de heroísmo. Ninguno de los miembros de la escuadra se comporta valerosamente ni arriesga su vida en post de una causa. Simplemente cumplen con su deber. La frase del capitán Miller “Aquí se viene a morir” bien resume su condición de soldados. O matan o les matan. Así de simple.
Cuando liberan al soldado alemán y le ordenen caminar 1000 pasos en una dirección hasta que se encuentra con una tropa americana y se entregue, como si así estuvieran haciendo lo correcto, no piensan en las posibles consecuencias que este hecho puede acarrear, y es que luego este soldado aparece al final con sus compañeros matando a miembros del ejército americano, entre ellos a personas que le perdonaron la vida.
Sin embargo los alemanes no se nos muestran como malos prototipos, de hecho solo son el enemigo en el tablero. Su condición es igual a la de los americanos y tienen el mismo objetivo: ganar la guerra defendiendo sus puestos. No son más sanguinarios ni malvados que los invasores. Para muestra esa escena que acontece una vez tomada la playa de Omaha en que unos americanos matan sin contemplaciones a unos alemanes que se rinden.

Steven Spielberg realiza su película más violenta y salvaje sin ahorrar ningún detalle a la hora de mostrar las acciones bélicas. Amputaciones, miembros reventados, hígados desangrándose, tripas saliéndose, inmolaciones, todo aparece en el film de forma explícita y desgarradora como nunca antes se había mostrado en cine.
Si hay que hablar de una secuencia por excelencia cada vez que se menciona este film esa es el desembarco de Normandía. En ella Spielberg da muestra de su talento fílmico dejando al espectador pegado a la butaca sobrecogido por lo que está viviendo. Porque no nos engañemos, Spielberg no solo nos muestra, sino que nos hace participes en todo momento de la odisea de los soldados, en especial del capitán Miller. El director nos embarca en una de las lanchas que se dirige a la playa. En ella está Miller junto a su compañía. Todo parece estar en calma de no ser por el continuo traqueteo de la lancha que provoca vómitos entre los hombres. Cuando el vigía anuncie que quedan treinta segundo Miller dará órdenes precisas finalizadas con una sola frase: “no vemos en la playa”. Cuando la lancha se detenga y el puente baje se desencadenara el infierno. Unas ráfagas incesantes de disparos atraviesan a los soldados de primera fila obligando al resto a saltar por la borda cayendo al agua. Unos conseguirán salir pero otros perecerán atravesados por las balas o sencillamente ahogados. A partir de este momento Spielberg utiliza el plano subjetivo del capitán Miller en que se adentra en la playa y se pone a cubierto para a continuación hacer algo que el director no suele hacer, utilizar la cámara lenta. Las explosiones han reventado los oídos de Miller y le han dejado momentáneamente sin audición con lo cual el soldado contempla todo el cruel acontecimiento sin apenas sonido, como los espectadores. Vemos soldados saliendo de una lancha ardiendo, un soldado buscando su brazo apuntado, otro llorando. Contemplamos todo ello boquiabiertos, sobrecogidos, sin saber cómo actuar, al igual que Miller. El sonido de una bomba despierta al capitán de su sordera para volver a tomar las riendas y dirigir a sus hombres hacia el objetivo.
Así pues tenemos que en esta secuencia, de veinte minutos de duración, Spielberg ha utilizado casi todo el lenguaje cinematográfico. El primer plano cuando Miller contempla la playa, los contraplanos de lo que Miller ve así como también el de los alemanes disparando, la cámara lenta, los planos generales, el excelente uso del sonido, todo ello excelentemente introducido y mezclado consiguiendo una de las mejores secuencias de la historia del cine.

Hay además en esta secuencia un elemento narrativo crucial a lo largo de todo el film como es el travelling. Spielberg, cámara al hombro, sigue en todo momento a los soldados en su odisea, para así conseguir que el espectador sea un soldado más de la escuadra, un compañero. En la secuencia de la playa el personaje primordial es Miller y siempre nos encontramos junto a él, pero posteriormente, una vez iniciada la misión el director se detendrá en otros miembros de la escuadra, especialmente de Upham, el traductor que nunca ha entrado en combate y ve todo lo que tenía idealizado echado por los suelos al contemplar de primera mano las consecuencias de la guerra.
Otro de los rasgos, afines al travelling, que rodean todo el conjunto es la duración de los planos. Spielberg cuando no rueda una secuencia de acción sigue utilizando el travelling así como planos largos que encuadren a los protagonistas hablando o dándonos información sobre ellos. Y es que no solo las secuencias bélicas son las que hacen de esta película una Obra maestra, sino aquellas que nos muestran a los soldado hablado tranquilamente, descansando, y que dan muestra del excelente director de actores que es Spielberg. Como muestra citaré la acontecida dentro de la iglesia en que Miller y Horvatch recuerdan a un antiguo soldado y al recientemente fallecido Caparzo a la par que se nos muestra el principio de Alzheimer que sufre Miller en su mano derecha.

Si bien la película se aleja de esos films propagandísticos que tanto existieron a lo largo de los 40 y 50 no duda en homenajear a un grande, y admirado por Spielberg, como es John Ford en esa secuencia en que la madre de los Ryan va a recibir la noticia de la muerte de sus tres hijos. Una secuencia muda, subrayada por la música de John Williams, que desprende emotividad por los cuatro costados y que se cierra con ese maravilloso plano en que en una mitad la puerta enmarca a la mujer con el sargento y el cura y en la otra vemos iluminada la foto de los cuatro hermanos. Una Joya de secuencia.

Janusz Kaminski doto al film de una capa de blanco y negro, consiguiendo que los colores resultaran apagados, salvo en la secuencia mencionada anteriormente y en el prologo y epilogo que acontece en la actualidad. El director de fotografía consigue transmitirnos ese aroma a guerra mediante los colores y ambientes. Entre mis momentos favoritos se encuentran ese gran plano general en que los rayos de la noche nos hacen ver las siluetas de los soldados caminando por el campo.
El sonido es primordial. La perfecta sincronización de todos y cada uno de los sonidos que se escuchan en las batallas es sobrecogedor. Momento de mención es aquel en que una gota de agua cae en una hoja para pasar a una lluvia sin parangón, mezclándose el sonido de las gotas cayendo con el de los disparos, sin saber diferenciar muy bien entre uno y otro.
John Williams compuso su oda a los caídos como tema principal del film. Su música queda en segundo término, a lo largo de la travesía aparece solo en momentos muy puntuales, lo que no impide que sea una composición notable.

El reparto está formado por rostros conocidos. Tom Hanks se estrena con Spielberg dando vida al reservado capitán Miller. El actor, representación del americano medio, representa magistralmente a un sencillo capitán del ejército, que siente como su humanidad se va perdiendo a cada paso que mata. Su monologo en que nos desvela su antigua profesión de maestro, rompiendo esa porra que están haciendo sobre su persona, y el recuerdo sobre su mujer quedan como uno de los mejores momentos intimistas dentro del film desmitificando completamente la imagen heroica propia de los capitanes, así como su excelente interpretación como hombre torturado y dañado por la guerra que comienza a sufrir Alzheimer a través de su mano. Tom Sizemore es el sargento Horvatch, el compañero más veterano de Miller que ha viajado por muchas regiones durante la contienda. Este rasgo lo conocemos gracias a ese detalle en que coge arena de Normandía y la mete en una lata junto a otras muchas. Edward Burns es Reiben, el enfurruñado y quejica soldado que ve en la misión una pérdida de tiempo. Jeremy Davies es Upham, el traductor que se ve inmerso en la guerra, mostrando su cobardía para después hacer algo que debía haber hecho. Este personaje tiene idolatrada la guerra a través de los libros, pero pronto descubrirá que en ellos no está lo más cruel y real. Giovanni Ribisi es el médico Wade, un joven que sufrirá uno de los más cruentos destinos que tienen lugar a lo largo del film. Adam Goldber es Mellish, el soldado judío que siente el dolor al que ha sido oprimido su pueblo mostrando orgulloso su cruz a los alemanes. Barry Pepper es Jackson, el francotirador que ve en Dios su guía a la hora de matar alemanes, su condición le hace considerarse un arma de matar. Vin Diesel da vida al soldado Caparzo, el cual comete el error de su vida al intentar salvar a una niña pequeña. Matt Damon es el soldado Ryan, un joven al que la noticia de sus hermanos entristece pero no le empuja a aceptar su orden de volver a casa, decidiendo quedarse junto a sus compañeros en el frente. Entre pequeñas participaciones tenemos a Ted Danson, Paul Giamatti o Dennis Farina.

La película fue un éxito rotundo entre público y crítica, algo que venía de perlas a Spielberg tras su anterior batacazo con “Amistad”. Galardonada con multiples premios recibió cinco Oscars de los diez a los que aspiraba: Director, Fotografía, Montaje, Sonido y Efectos Sonoros.

“Salvar al Soldado Ryan” es una Obra Maestra del cine, un film desgarrador que nos muestra la guerra en primera persona, sin aspavientos. Un triunfo de Steve Spielberg.

Lo Mejor: Muestra la guerra sin contemplaciones.

Lo Peor: Que mucha gente vea en ella una americanada.

Troya: Director´s Cut, de Wolfgang Petersen

Enero 17, 2008

pack_sml.jpgEl otro día adquirí la versión extendida del film realizado por Wolfgang Petersen sobre el poema épico de Homero. Reconozco que el día que la vi en cine salí satisfecho a pesar de sus garrafales errores históricos y sus licencias con respecto al magistral literario. También salí con la sensación de que habían metido tijera en varios tramos, un punto en que aún ahora, vista la presente edición, sigo estando decepcionado.
Como es sabido “Troya” narra la guerra entra troyanos y griegos debido al secuestro por parte del príncipe Paris de Helena, esposa de Menéalo, quien pide ayuda a su hermano Agamenón para recuperarla, sirviendo esto como excusa para dar paso a un conflicto que le hará gobernar el Egeo. El héroe glorificado de la contienda es Aquiles, quien se dirige a la guerra para alcanzar la gloria eterna como héroe victorioso.

Entre las muchas libertades creativas que se toma el film tenemos el convertir a Patroclo como primo de Aquiles, evitándose así el tema homosexual que sin embargo parece existir en uno de los hombres al servicio del guerrero, Eudoro, que siente un gran amor hacía su líder. Por otro lado, la cruel guerra que duró 10 años parece durar días en la trama, o a lo sumo semanas. El personaje de Ulises queda en un segundo termino y su idea del caballo de madera se resuelve en dos frases y 2 minutos de metraje. Como Aquiles es el protagonista del film no pueden eliminarlo como históricamente ocurrió tras la muerte de Hector, sino después de la invasión a la ciudad, para así reforzar la trama amorosa del guerrero con Gryseida, mientras se cargan a otros personajes que sí sobrevivieron como Agamenón.
Así pues, “Troya” es imposible verla como fiel retrato histórico de lo que aconteció, peri si se puede contemplar como un espectáculo épico en donde los héroes no son indestructibles y tienen fisuras. Aquiles es egocéntrico y se cree el centro del mundo, vistiendo siempre en batalla su armadura dorada para resaltar por encima del resto, mientras Hector es el noble príncipe de Troya que no aprueba la acción de su hermano ni está de acuerdo con las decisiones de su padre, preocupándose más por el bienestar y la supervivencia de su ciudad.
Petersen es como Ridley Scott, aunque yo sigo quedándome con el inglés. Uno se pone a ver “El Submarino” y después se pone “Poseidón” o “Air Force One” y no da crédito, cuesta imaginar que este hombre hiciera una película tan buena de submarinos para luego realizar semejantes despropósitos. Sin embargo “Troya” no llega a ser un despropósito del todo. Posee ciertos momentos bien ejecutados y trazados, aunque no consigue rodar todas secuencias de batalla bien, consiguiendo en algunas un caos total. Lo que más me molesta aparte de las excesivas batallas es la monótona puesta en escena de los diálogos. La mejor secuencia del film para mi es aquella en que Aquiles y Héctor van a enfrentarse, desde el amanecer en que se nos muestran a los dos guerreros preparándose, hasta el desenlace en que el Rey Príamo, excelente Peter O´Tolle en dicha secuencia, pide el cuerpo de su hijo en la tienda de Aquiles. Una tramo que llega a durar 15 minutos y que conforma lo mejor del film.

Respecto a la edición extendida, que en el fondo es la razón del post, diré que poco varia con respecto a la cinematográfica, incluso posee cambios que la perjudican considerablemente.
El principio es mejor, han eliminado los coros de la música para dar paso a una música más suave y presentar la batalla a través del olfateo de un perro y su rastreo de cadáveres. La presentación de Ulises ha variado, teniendo este una conversación con los emisarios de Agamenón y siendo llamado para la guerra.
Las batalla son mas feroces y sangrientas a la par que largas.
Hay conversaciones extendidas que no aportan demasiado a lo ya visto.
Por fin hay desnudos femeninos, cosa que es muy de agradecer con tanta carne musculosa. Cuando se presenta a Aquiles durmiendo vemos como una de sus amantes está completamente desnuda a su lado . Diane Kruger nos deleita con su bonitos pechos en su primera secuencia con Bloom.
El cambio más sonrojante de todos tiene lugar en mi momento favorito, que es la batalla Héctor-Aquiles. De acuerdo que la Banda Sonora compuesta por Horner era flojísima (el hombre tuvo apenas un mes), pero precisamente uno de los momentos en que menos molestaba era el duelo entre ambos héroes. Bien, parece que a Petersen le gustó mucho “El Planeta de los Simos” de Burton, ya que elimina la composición de Horner en ese tramo para introducir el Main Title de Elfman para “Planet of the Apes”, consiguiendo dicha escena tenga un aire absurdo con tanto sintetizador de fondo. Gran error.

El reparto esta lleno de rostros conocidos, algunos de ellos ya vistos en Sagas Épicas y películas del mismo genero. Brad Pitt dio vida a Aquiles, Eric Bana a Hector, Orlando Bloom a Paris, Sean Bean a Ulises, Brian Cox a Agamenón, Brendan Gleeson a Menéalo y Peter O´Toole a Priamo. De entre ellos destacan sobre todo Bana y Sean Bean, que es perjudicado por la poca importancia que se le da a su personaje, el mítico Ulises. Pitt cumple como forzudo rubio platino y Bloom hace lo que en todas sus pelis épicas, solo que más soso aún. Es de suponer que al director de fotografía la mandarían verse todos los capítulos posibles de “Los Vigilantes de la Playa” para conseguir que todos ellos salieran con los bíceps bien marcados y conseguir buena cantidad de publico femenino para una película primordialmente masculina, porque si no, no me explico la iluminación imposible que hace remarcar tanto músculo inexistente, bueno el Pitt se curró sus abdominales en el gym, que para algo es productor y tenía que dar ejemplo.
Entre las féminas tenemos a Diane Kruger en su primer papel antes de involucrarse en Búsquedas con Nicolas Cage, dando vida a Helena, causante de la guerra y amor de Paris. Saffron Burrows es la esposa de Héctor consiguiendo la mejor interpretación femenina del film, cosa no muy difícil por otra parte. Rose Byrne es Gryseida, esclava de Aquiles, que siente una fuerte atracción por ella. Julie Christie hace el breve papel de madre de Aquiles, quien le anuncia su profecía.

Reconozco que vista en cine me gustó bastante esta película épica-espectáculo realizada de forma clásica aunque con muchas libertades arguméntales. El guión corrió a cargo de David Benioff, autor de “La Última Noche”, quien escribió buenos dialogos que hablan sobre los perdedore (los soldados) y los vencedores (los reyes) en las guerras con dialogos entre Pitt y Cox.  La edición extendida no mejora ni empeora la ya existente pero si es recomendable para quien no la tenga, más que nada porque viene con una excelente presentación en caja de metal y trae un libro sobre el arte conceptual, una carta de Petersen y otra de Pitt, ambas firmadas.

Lo Mejor: La batalla Héctor-Aquiles.

Lo Peor: Sus libertades arguméntales. El montaje musical es vergonzoso.

Cartas desde Iwo Jima, de Clint Eastwood

Febrero 22, 2007

1944. Soldados japoneses enviados a la isla de Iwo Jima preparan la defensa de la isla. El General Kuribayashi es mandado para dirigir el ataque. A pesar de todo el esfuerzo por defender la isla, los soldados, con el General a la cabeza, saben que la batalla está perdida.Segunda parte del díptico sobre la batalla de Iwo Jima. Si hace un mes teníamos en pantalla “Banderas de Nuestros Padres” en donde se narraba la historia de los hombres que colocaron la bandera en el monte Suribachi ahora podemos ver la historia vista desde el lado japonés. Tenía muchas ganas de verla, ya que “Banderas…” me pareció bastante regular para ser de Eastwood y esperaba que con “Cartas…” nos narrara algo mucho mejor. Y la verdad es que la espera ha merecido la pena.
Con un inicio en que se nos muestran imágenes de la isla en 2005, vemos como un grupo de arqueólogos entra en los túneles que guarnecieron a los soldados japoneses y encuentran algo bajo tierra, comenzando a cavar. Desde ese momento se hace un encadenado con la playa de la isla en donde los soldados japoneses están preparando su defensa contra los americanos. Estamos en 1944. Presenciamos la legada del General Kuribayashi y como preparará una nueva estrategia defensiva, ha estudiado a los americanos y conoce sus técnicas. Sin embargo no tiene menos miedo que sus soldados al saber que su flota ha sido derrotada y que están solos en la isla, sin apoyo.

“Cartas desde Iwo Jima” es una película mucho más intimista y poética que “Banderas…”. El primer tercio, antes del ataque, es un verdadero festín para todo amante del cine clásico. Los paseos de Kuribayashi por la isla con esa eminente fotografía semiapagada, la relación que existe entre los soldados con sus rencillas con algunos oficiales, la preparación estratégica para la defensa de la isla. Todo ello con un estilo un tanto sobrio, cercano a las películas japonesas. No voy a decir que emule al cine de Ozu o Kurosawa, que me parecen palabras mayores, pero si es cierto que Eastwood consigue un ritmo, una puesta en escena cuidadísima. El momento del ataque y toda su duración ya es algo más regular, parece que Eastwood no ha nacido para secuencias de guerra por muchos medios que posea. Aún así, dichas secuencias no duran mucho, y lo que realmente nos importa es lo que les pasa a esos hombres escondidos en los túneles que aguantan hasta comprobar que están perdidos y no les queda más salvación que morir honorablemente. El momento en que todos empiezan a inmolarse a vista de dos de los protagonistas es tremendamente desgarrador, transmitiendo una sensación de impotencia contenida. Sin embargo, hay dos muertes a base de suicidio que me parecen memorables, la del Barón Nishi en la cueva, solo, y la de Kuribayashi, viendo la única tierra de la isla que sigue siendo japonesa. Esta última muerte especialmente se convierte en una secuencia memorable gracias a la labor interpretativa, no solo de Ken Watanabe, sino de Kazunari Ninomiya que protagoniza las secuencias más dramáticas del film.
El honor de los japoneses de luchar por su país y morir en ensalzado en esta película y muestra lo importante que es para ellos, viendo una deshonra la rendición. Al ser esta la perspectiva japonesa, había que mostrar cómo se comportaban los americanos con los japoneses que capturaban. Si en “Banderas…” el personaje de Ryan Phillipe entraba en una cueva y veía las atrocidades que le habían hecho a un compañero (momento que intuyo cual es en esta película), en “Cartas…” Eastwood muestra el lado deshumano de los americanos, subrayando una vez más que en la guerra no hay buenos ni malos, sencillamente hombres que luchan por su país, aunque sea en contra de su voluntad.
Además de eso, se establece un vínculo entre japoneses y americanos al leer la carta de un soldado americano que es capturado. Es una carta de su madre. Al leerla, los japoneses sienten que no son tan diferentes a ese soldado, pues sus madres habrían escrito algo igual. Una muestra más del absurdo del deshumanización que supone la guerra en la vida de las personas.

Si en la prímera película los personajes nos importaban más bien poco, puesto que apenas nos identificamos con ellos, en “Cartas…” pasa justo lo contrario. Y todo gracias a una elaboración de personajes mucho más cuidada. El guión ha sido escrito por Iris Yamashita, el cual parece elaborar mejor personajes que Paul Haggis visto el resultado. El General Kuribayashi (sensacional Ken Watanabe) es un excelente soldado, un hombre culto que ha vivido durante un tiempo en América, y un gran estratega. Lleva muchos años como soldado y ha luchado en multitud de batallas. Su presentación en la película no es simplemente su descenso del avión sino cuando detiene a un oficial por golpear a unos soldados y le dice que “un buena capitán debe usar más el cerebro que el látigo”, una frase que lo define muy bien. Por otro lado tenemos al Barón Nishi, admirado por todos los del regimiento por ser el campeón de las olimpiadas en salto ecuestre, se muestra como un magnifico oficial, amigo de Kuribayashi, y una persona que transmite a sus hombres valor. Al igual que el general, ha vivido en América y conoce la lengua, así pues establecerá amistad con un soldado americano que capturan. Su muerte es de lo más memorable del film, en ella se ve la templanza y el honor de un hombre al que le ha llegado la hora y lo asimila con valentía. Por último tenemos a Saigo, el joven soldado que demuestra ser mejor de lo que sus oficiales piensan. Admirador del general Kuribayashi, quien le salva la vida tres veces en la isla, es el personaje que guía al espectador a través de la vida de los soldados. Su maravillosa secuencia junto a Kuribayashi al final es para convertirse en clásica instantánea.
Para ayudar a comprender a los personajes se utilizan los pensamientos de los mismos, trasladados a las cartas que escriben, y en flashbacks. Si en “Banderas…” los flashbacks resultaban un tanto innecesarios y mal utilizados, no se puede decir lo mismo aquí. Gracias a ellos comprendemos el miedo de Saigo en la guerra, fue separado de su mujer estando embarazada y teme no conocer a su hijo, a quien le hizo una promesa. También poseemos detalles de la vida del general Kuribayashi, en especial me quedo con el flashback en que es invitado a una cena en América y es homenajeado regalándole una pistola que lleva siempre con él y que será causa de su final. En dicha cena se establece una conversación con la mujer de otro oficial en que se le pregunta que haría si Japón y Estados Unidos entraran en guerra, a lo que el oficial responde que lucharía honorablemente por su país, aunque eso conlleve matar a personas con quien está comiendo en ese momento.

Clint Eastwood vuelve a demostrar aquí su buen hacer tras la cámara con momentos anteriormente mencionado. La larga duración del film no desciende de ritmo apenas, salvo algún momento puntual durante el asedio. Quizás el final sea un poco más largo de lo necesario, sin embargo está mucho mejor construido que su predecesor americano. El momento en que todas las cartas caen al suelo a ritmo de la maravillosa música de Kyle Eastwood y Michael Stevens, esas cartas representan los recuerdos de aquellas personas que fueron enviadas a una muerte segura, cuyas huellas quedaron para siempre en aquella isla. Un final donde la emoción contenida envuelve todo.

Excelente película que nos muestra lo que tuvieron que vivir aquellos soldados afincados en la Isla de Iwo Jima, servida por la maestría de Clint Eastwood.

Banderas de Nuestros Padres, de Clint Eastwood

Enero 3, 2007

1945. La Guerra en el Pacífico entre Estados Unidos y Japón llega a su punto más álgido en la lucha por tomar el control de la pequeña isla de Iwo Jima. Una foto en la que se ven seis soldados alzando una bandera en la isla servirá para alzar los ánimos de la nación y para que puedan contribuir económicamente con el ejercito americano.Primera película sobre el conflicto de Iwo Jima dirigida por Clint Eastwood. Esta primera película está presentada desde las perspectiva americana. Pero no nos engañemos, no es una película con los americanos a punto de combatir y cargándose a los japos. Es la historia del grupo de soldados que aparece en la foto alzando la bandera y que serán convertidos en héroes para toda la nación americana. Que nadie espere, pues, una nueva aventura bélica del estilo de “Salvar al Soldado Ryan”, porque esto no lo es, a pesar de tener grandes secuencias bélicas como ya comentaré.

¿Qué es un héroe? Un héroe es un símbolo, algo que nos inspira esperanza y en quien confiamos. Los jóvenes soldados que alzan la bandera en Iwo Jima y que protagonizan la foto del momento piensan que no son más héroes que cualquier otro soldado, lo único que hicieron fue levantar una bandera. Y encima, la segunda bandera, pues ya habían levantado otra antes. Pero claro, cómo la foto tomada fue del segundo alzamiento, pues hacemos cómo que el primero no existió. Eso es lo que utiliza el Gobierno Estadounidense, ve la oportunidad perfecta para inspirar a la nación y hacerles ver que están ganando la Guerra, y que con su ayuda económica lo conseguirán. Convierten la foto en un símbolo, y a los soldados en héroes, colgando carteles, haciendo estatuas, todo para que el pueblo compre bonos del ejercito y así subvencione el conflicto. Con esto se intenta demostrar que la Guerra, todas las Guerras, no son más que negocios en donde muere gente para que otros enriquezcan sus bolsillos.

De los seis soldados que aparecen en la foto, tan sólo quedan vivos tres, los cuales serán devueltos a casa, o más bien a su país, ya que bajo el mando del Gobierno harán una gira por todo el país convenciendo a la gente de que deben comprar bonos para ayudar a los soldados que luchan. Estos tres soldados ven de manera distinta su actitud respecto a tal acto. Rene Gagnon es un mensajero que está contento de participar en convenciones y de salir en portadas de prensa, adora la fama. John “Doc” Bradley es un enfermero que vuelve a casa con los viejos fantasmas de la guerra tras él. Ira Hayes es un indio que tiene serios problemas con el alcohol y que piensa que lo que están haciendo es un circo, deshonrando la memoria de sus compañeros caídos.

Mientras dure el conflicto, los tres serán reconocidos por la calle, obtendrán todo tipo de ofertas de trabajo, y serán admirados. Pero cuando acabe la Guerra verán la realidad. No son más que soldados, hombres que combatieron, que al regresar vivieron el sueño de inspirar a una nación convirtiéndose en héroes. Y todo por una foto en donde no se le ven las caras.
Con esto se desmitifica la imagen de héroe que tenemos. Hoy día alguien puede ser muy admirado por algo importante que ha hecho, vive su momento cumbre, la gente lo adora, pero el día de mañana se olvida, su misión acabó. En Iwo Jima murieron muchos soldados, tanto japoneses como americanos, y todos ellos fueron héroes, fueron soldados, desgraciadamente no todos ellos salieron en la foto.

Decir que Eastwood dirige bien es cómo decir que amanece por las mañanas. Es el último clásico vivo, y con este film sigue demostrando su buen hacer tras la cámara. Con estilo clásico, sin abusar de los movimientos bruscos de cámara, centrándose en los actores, y con gran uso del espacio en donde se sitúa la acción. Eso en lo que a secuencias dramáticas se refiere. Ahora bien, a pesar de no considerar el film como bélico si hemos de comentar las partes bélicas de la cinta. Eastwood parece haberse visto todos los films recientes sobre guerra, ya que se ve un poquito de muchas cosas. Empezando por “Troy” (si si, la de Petersen con Brad Pitt) en que los barcos se ven en un gran plano general que se va alejando hasta dejarnos ver la flota, aquí Eastwood lo rueda igual pero al revés, de un gran plano general hasta uno de los barcos en que están los protagonistas. De ahí pasamos al desembarco y posterior batalla en la isla, los cuales parecen que quieren ser sin serlo “Salvar al Soldado Ryan”. El desembarco no tiene nada que ver, aquí los soldados no desembarcan y comienza la masacre, pero una vez empezada la batalla uno puede ver ciertas similitudes con la película de Spielberg. Por ejemplo la cámara al hombro en plan subjetiva, que casi siempre va rodando el suelo y queda incomodo. Las secuencias no tienen la crudeza de “Ryan” ni el hiper realismo, pero si poseen también esa fotografía apagada casi de B&N.
Hay otro momento, en que el periódico con la foto en portada, llega a la granja de una familia, y la madre entra con él entre manos, mostrándonos en la ventana la estrella de tener un hijo en guerra, algo muy parecido a la secuencia de “Ryan” en que a la madre le informan de la muerte de sus hijos, pero sin tener tal maestría. Dicha secuencia tiene cierto aroma a John Ford, a quien Eastwood también homenajea aqui en determinados momentos (la despedida en el tren).
Por suerte Eastwood sigue demostrando lo grande que es, no centrándose en la batalla de americanos contra japoneses, sino en momentos puntuales, cómo cuando Adam Beach entra en el agujero japonés y ve los que se han hecho los japoneses a sí mismos, o cuando Ryan Phillippe entra en una habitación a oscuras, y observa algo aterrador, que por supuesto nosotros no vemos pero que intuimos, con un magnifico juego de contraluz.
Eastwood también nos muestra el absurdo de la Guerra y de la campaña propagandística que emprenden los tres soldados. En primer lugar en el momento en que se cuelga la primera bandera sobre el monte, de manera ritual, con la música de fondo, hasta que la alzan y los soldados aplauden. Muy bien, pero resulta que deciden quitar la bandera colocada para colgar otra en su lugar, así que suben los que salen en la foto, quitan la bandera colgada y ponen otra en su lugar, que es igual, y que nos lo presenta en pantalla igual, con la misma música y con idéntica planificación. Con esto subraya Eastwood lo absurdo de la contienda.
Otro momento memorable es cuando los tres soldados están subiendo una montaña con la bandera, y al subir nos encontramos que estamos en un gran campo de fútbol en que se les está homenajeando. De nuevo aquí se remarca el circo que montan alrededor de los jovenes y la fotografía.

A pesar de que la dirección de Eastwood es muy notoria y clásica, la película tiene un punto negro que es el montaje. Se supone que el film es un flashback en el que recuerdan la campaña propagandística alrededor de la foto, pero dentro de ese flashback mete otro flashback en que los protagonistas recuerdan la batalla. Creo que el error de esto está en no saber muy bien por donde encauzar la historia. Se supone que un joven al que no se le ve la cara, pues casi siempre esta entre sombras, está recopilando información sobre lo que pasó en Iwo Jima. Bien, podrían haber optado pues por haber narrado los hecho cronológicamente ordenados, y utilizar dicho personaje como representación de los espectadores, como ya hiciera Orson Welles en su magnifica “Citizen Kane” (de hecho Eastwood lo presenta igual, entre sombras, sin saber quien es). Desgraciadamente, el director comienza a hacer un puzzle de piezas dentro de piezas, y repitiendo secuencias consiguiendo el efecto Deja Vu. Además de esto el problema del film es que parece que nunca termine debido a un innecesario epilogo en que se nos muestra quien es esa figura entre sombras (gran error), y en que introducen momentos sentimentales innecesarios y metidos con calzador. Con mencionar que el film dura dos horas pero que al salir de la sala parecía que llevaba casi tres está todo dicho.

El guión del film corre a cargo de Paul Haggis, quien ya colabora con Eastwood en “Million Dollar Baby”. Aquí el guionista parece no estar tan suelto como en la historia de Maggie, y quiere introducir varios chistes para remarcar más el verdadero sentido de la campaña propagandística por parte de los políticos. Además de que debería haberse centrado más en los protagonistas, ya que en ningún momento nos sentimos identificados con ellos, lo que es un error.
La música del film está compuesta por Lennie Niehaus y Clint Eastwood, que vuelve a demostrar su sencillez en el tema principal que rodea todo el film.

El reparto está formado por un elenco de actores jóvenes, de los cuales varios curiosamente han trabajado ya en otras producciones bélicas. Barry Pepper era el francotirador de “Salvar al Soldado Ryan” y aquí es ascendido a Teniente; Adam Beach fue el indio navajo de “Windtalkers” y aquí sigue fiel a sus raíces dando vida a Ira Hayes, posiblemente el personaje más complejo de la trama, pero al que no se le sabe sacar buen partido; Ryan Phillippe es “Doc”, el enfermero que quiere llegar a ser propietario de una funeraria; Jesse Bradford es Rene, el que ve en la foto su oportunidad de ser famoso; Jamie Bell es Iggy, el más joven del grupo, del que todos se ríen, pero por el que sienten simpatía; Robert Patrick es el Coronel Johnson; Paul Walker es Hank Hansen, otro del pelotón.

El film está producido por Steven Spielberg, quien dejo libertad creativa a Eastwood en todo momento (cosa que dudo en determinados momentos). Esta película está por debajo de los dos trabajos anteriores del director.

Buen film que desmitifica la figura de héroe y que vuelve a mostrarnos una vez más lo absurdo de la Guerra. A esperas de “Letters from Iwo Jima”, esta primera película sobre el enfrentamiento me ha parecido estimable, pero no perfecta, y mucho menos viniendo de quien viene.
6,5/10