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Un Domingo Cualquiera, de Oliver Stone

Julio 17, 2008

El equipo de futbol de los Miami Shark no pasa por su mejor momento al no conseguir niguna victoria. A esto se le suma la baja de su quarterback estrella, el legendario Cap Rooney, y su sustitución en la figura del joven Willie Beamen, que pasará de ser un jugador anónimo a una superestrella.

Reconozco que no soy un gran admirador del deporte, y mucho menos del futbol americano, pero esta película de Oliver Stone, gran amante de este deporte, es una de las mejores que ha retratado ese mundo.
Como film se centra en una crisis dentro del equipo protagonista, los Sharks, pasando por cada uno de sus componentes, desde el quarterback hasta el enfermero. Así pues la película trata de ser un reflejo sobre los distintos motores que componen un equipo de futbol consiguiendo acercarnos más a ese mundo que se esconde tras el banquillo y a esos hombres convertidos en dioses por todos aquellos que van a verlos cada domingo jugar.
A pesar de estar enmarcada dentro del género deportivo, es una historia épica sobre un grupo de hombres, de colosos, que deben dar lo mejor de sí mismos para complacer a la muchedumbre que grita sus nombres. Como dice el médico del equipo, son gladiadores, los guerreros que se enfrentan cada fin de semana contra otros iguales en un estadio realizado bajo los arquetipos del Coliseo.
Oliver Stone sabe muy bien lo que está narrando, y no duda en compararlo con la película por excelencia que mejor ha retratado un espectáculo romano, “Ben-Hur”, en esa conversación que mantienen Beamen y el entrenador utilizando sabiamente el montaje en paralelo con la película de Wyler.

A pesar de ser una película coral, podemos citar tres personajes que explican el mundo deportivo.
En primer lugar Willie Beamen, típico chico que sale de la nada tras mucho tiempo chupando banquillo para demostrar que es el mejor, o eso es lo que piensa. Es la novedad. Beamen no es más que otro jugador que está saboreando su momento de gloria, como lo saboreó Cap Rooney, sin pensar en que eso tendrá un final.
Tony D´Amato es el entrenador del equipo, vieja gloria y amigo personal del fundador del equipo, D´Amato sufre lo mismo que su amigo Cap, su tiempo ha pasado, ya no es el numero uno de antaño que ganaba grandes títulos y hacía rugir a sus hombres. Es de la vieja escuela, la voz de la sabiduría, el que debe hacer que hombres con ínfulas de estrellas trabajen como uno solo para ganar.
Christina Pagniacci es la nueva propietaria del club. Hija del fundador, la nueva jefa querrá hacer limpieza en todos los ámbitos, eliminando los viejos troncos que no pueden dar más de sí (Cap Rooney, D´Amato) por savia nueva con ganas de ganar (Beamen). Es la representación del capitalismo dentro de todo negocio, la que se preocupa más de los números que de sus trabajadores. Pagniacci no solo representa la novedad por los continuos cambios que quiere hacer sino porque es una mujer dirigiendo un mundo de hombres, con lo cual debe demostrar en todo momento que tiene el control.

“Un Domingo cualquiera” trata también sobre el reemplazo, el mirar hacia el futuro a la hora de dirigir un equipo de futbol. Casi todos los personajes de la cinta o viven su momento de gloria o de decadencia, y será a estos últimos a quienes les toque abandonar honrosamente, con la cabeza bien alta. Y no solo hablo de los jugadores, sino del entrenador y del médico.

El título hace referencia a todos esos domingos que salen los jugadores al campo de batalla, pero esconde más bajo su coraza. Un domingo cualquiera puedes ganar o perder, lo que marca la diferencia es si lo haces como un hombre o no. O sea que pase lo que pase debes aceptarlo y afrontarlo con la cabeza bien alta. Eso es lo que diferencia a los buenos jugadores de los del montón. En el equipo de los Sharks seremos testigos tanto de lo uno como de lo otro.
Oliver Stone no se corta un pelo a la hora de mostrar la crudeza dentro del campo de futbol (ese ojo) y la vida privada de los futbolistas, que gastan todo su dinero en placeres de lo más variopinto. Mujeres, drogas, coches, todo está al alcance de su mano durante un tiempo. Es triste comprobar cómo jugadores de primera con familia se dedican a pasar sus ratos libres nifando cocaína y acostándose con otras mujeres, o arriesgando su vida en el campo solo por ganar más y más dinero.

El director realiza una película épica no solo en contenido sino en forma. El inicio no podría ser mejor. Comienza como algo minimalista, un balón detenido en la hierba, de repente una mano ensangrentada se posa en la pelota y se desata la tormenta. Los truenos rugen a la par que el entrenador al ver a sus guerreros perdiendo una vez más.
Stone no da un respiro al espectador durante los 135 minutos que dura la película gracias a su montaje dinámico en donde casi todos los planos no sobrepasan los 30 segundos de duración. Es como si Stone jugara en la sala de montaje a pasar la pelota. Ahora este plano, ahora este, y entre medias dos centésimas de segundo de este otro consiguen que el director nos este ofreciendo un espectáculo como el que viviríamos en un estadio viendo a esos chicos dando el do de pecho a la hora de pasarse el balón.
Hay momentos que beben mucho del videoclip y no es casual, casi todos ellos aparecen cuando los protagonistas son los futbolistas o más concretamente Willie Beamen, rematado con ese (horroroso) videoclip insertado que nos describe su ascenso en el panorama futbolístico.

El reparto es de primera. Al Pacino da vida al enérgico Tony D´Amato ofreciéndonos otro recital interpretativo donde sus gestos, sus miradas y sus gritos pueden ablandecer a gigantes de dos metros. Cameron Diaz muestra su seriedad interpretativa a las órdenes de Stone para dar vida a Christina Pagniacci, la nueva propietaria del equipo que debe enfrentarse a viejas glorias que han formado parte de su vida desde que era una niña. Dennis Quaid es Cap Rooney, famoso quarterback de los Sharks que está viviendo su ocaso deportivo, con D´Amato como máximo apoyo a su lado. Jamie Foxx, aún no era el actor hiperconocido de hoy día, pero bien puede ser su interpretación en este film un reflejo de su carrera cinematográfica. Él es Willie Beamen, el cual en manos de otro director habría sido protagonista de una película más de superación personal, pero que en manos de Stone es un engreído niñato que cree estar por encima de sus compañeros. James Woods es Harvey Mandrake, el médico del equipo, aficionado a mantener relaciones con animadoras. Matthew Modine es Ollie Powers, el reemplazo de Mandrake al frente de la salud de los jugadores. Aaron Eckhart es Nock Crozier, el sustituto futuro de D´Amato para dirigir al equipo. Lauren Holly es Cindy Rooney, esposa de Cap, se antepone a la idea de que su marido abandone el futbol. Elizabeth Berkley es una prostituta que quiere sacarle todo el dinero que pueda a D´Amato. Charlton Heston da vida brevemente a un Comisionado y el propio director se reserva el papel de comentarista deportivo.

Oliver Stone realizó un gran trabajo al acercarnos al futbol americano, su triunfo es mayor al conseguir que unos negados al deporte, como yo mismo, vibraran con su film. Es duro, vertiginoso, dramático, épico y vibrante. Un gran espectáculo.

Lo Mejor: Es un espectáculo digno del deporte que homenajea.

Lo Peor: Puede dar una imagen del futbol algo extremista (¿O no?).

Amistad, de Steven Spielberg

Mayo 15, 2008

Un grupo de esclavos se amotina tomando la goleta en donde van captores, la Amistad. Querrán regresar de vuelta a África, pero serán atrapados por un barco americano que los captura y encarcela para ser juzgados.

“Amistad” representa uno de los traspiés más significativos en la carrera de Steven Spielberg. En un intento por realizar la misma hazaña de cuatro años atrás con “Jurassic Park” y “La Lista de Schindler”, el director realizó de manera casi simultánea la secuela de los dinosaurios y esta película de corte histórico que denuncia el esclavismo. Además era la primera película que dirigía para su recién estrenado sello, “DreamWorks”, con lo que las expectativas eran mayores. Sin embargo el resultado para ambas películas fue bastante inferior al de las anteriores sin repotarle éxito alguno, y no solo porque coincidieran el año del “Titanic”.

La película quiere reflejar fielmente los supuestos sucesos de 1938 en torno a los hechos acontecidos en La Amistad, cuando un grupo de africanos se amotinó matando a toda la tripulación excepto a dos, siendo detenidos poco después, y juzgados no una, sino tres veces. El film pretende conseguir una revancha histórica demostrando lo malos que eran los españoles (y no lo digo porque sean españoles, diría igual si fueran franceses o ingleses) traficando con esclavos mientras los americanos luchan por la abolición de la esclavitud y los defienden. Lo mismo de siempre digamos. Claro que este no es el gran fallo sino la representación histórica que roza el ridículo de personajes históricos como Isabel de España, una niña de 11 años que juega con muñecas y cuya presencia en pantalla no ayuda para nada al metraje, o John Quincy Adams, el expresidente americano que se erige en último momento como gran héroe demostrando sus dotes de oratoria. Estos detalles con algunos otros más (lo siento, no soy un experto en historia) hacen que nos sea difícil enmarcar a “Amistad” dentro de cine histórico verídico. Más bien puede entrar en ese cine, tan abundante, de cine histórico artificioso, o sea que utiliza la historia para contar su propia historia.

Claro que “Amistad” posee una gran carga de buenas intenciones y objetivos, y es que la película más que un fresco histórico es un alegato a favor de los derechos humanos. Los africanos esclavizados se sublevan por un derecho primordial, la libertad. Ese derecho que les ha sido arrebatado injustamente y que empuja a cualquier hombre a luchar por conseguirla. Si bien al principio creemos que lo hacen por su propia naturaleza de seres salvajes (en esa gran secuencia de apertura) al poco de conocer un poco más al protagonista, Cinque, y nos narre su historia comprobamos que son personas encadenadas a una vida de servicio sin motivo alguno, tan solo para enriquecer a otras personas.
También podemos hablar de cien de juicios. El film gira en torno a los distintos juicios que deben pasar los esclavos para demostrar que son libres y que fueron capturados injustamente. No tenemos solo un juicio, sino tres. Uno primero frente a un juez veterano, el segundo con un juez joven, y el tercero ante el Tribunal Supremo. Total, que tenemos unas vistas muy completitas.
Si antes he citado que la película posee dudosa rigurosidad histórica si juega brillantemente con la historia utilizando el caso de los africanos como antecedente a la posterior guerra civil. Y es que si hay tanto juicio y expectación por el caso en el film es por el miedo que azotaba a Estados Unidos de una posible guerra entre el Norte y el Sur por la abolición. De hecho, los principales defensores de los africanos, Joadson y Tappan, son abolicionistas que pretenden utilizar el caso en beneficio de su causa.

Existen ciertos paralelismo con el cristianismo, o más concretamente con la historia de Jesús, que subrayan aún más ese toque artificioso al que antes me refería. Los africanos consiguen una biblia y comienzan a leerla a través de sus dibujos, conociendo así la historia del hijo de Dios y sintiéndose identificados, pues ellos también están siendo juzgados injustamente.
El personaje principal, Cinque, es un guía para su pueblo, el hombre al que todos siguen y atienden. Sin embargo este rasgo en la película pierde mucha fuerza en el momento en que Cinque comienza a hablar con Baldwin y a entender lo que le dice sin necesidad de intérprete, como si el africano hubiera aprendido solo escuchando a sus captores, rematado con su cambio de personalidad, de repente es un hombre fiero y brusco y a la mínima de conocer a Baldwin posee una excelente cortesía. Eso es artificial, pero es que llega al absurdo con ese momento en que Cinque se levanta y grita “Libre a nosotros”, consiguiendo que algo supuestamente emotivo sea fantasioso.

Spielberg realiza secuencias muy buenas en un conjunto cojo. La secuencia de apertura con esa maravillosa fotografía azulada es magnífica, utilizando el primerísimo primer plano en que nos muestre la angustia de Cinque por sacar el clavo que le apresa hasta narrarnos el motín por medio de elipsis a través de fundidos. El flashback que nos narra la vida de Cinque y todo su cautiverio hasta llegar a La Amistad está muy bien narrado, conteniendo en él escenas de lo más desgarradoras. La conversación entre Baldwin y Cinque a pesar de tener cierta fantasía, está muy bien planteada para cuando el africano responda que viene de mucho más lejos de lo que Bladwin le está indicando se meta entre las sombras. El monologo final de Quincy Adams es sencillo y directo, otorgando a Hopkins toda la escena para que se luzca. Por otra parte contiene secuencias que si bien pueden parecer interesantes resultan innecesarias, como la visita a la goleta en que Joadson queda atrapado entre cadenas, rememorando lo que sufrieron sus antepasados y temiendo que le ocurra. Buena escena que queda como anecdótica. La duración no ayuda mucho, siendo la parte del abogado Baldwin bastante prescindible.
El guión corrió a cargo de David Franzoni (que luego volvería a jugar con la historia en “Gladiator”), quien comete el terrible fallo de introducir elementos supuestamente cómicos (la reclamación de los esclavos por distintas personas) que alcanzan el absurdo.
Lo que hay que remarcar en esta película es la excelente fotografía de Janusz Kaminski, dotando a la película de unos colores vivos y puros incrustados en una oscuridad prominente a lo largo del metraje.
La música de John Williams vuelve a estar a la altura componiendo un canto triste que evoca el país africano así como uno más alegre para el triunfo de los esclavos.

El reparto está lleno de figuras de primera fila que desgraciadamente tienen menos peso del que parece. Morgan Freeman es el abolicionista Joadson, un hombre preocupado en suprimir el mal que atañe a los de su raza, la esclavitud. Aunque en principio aparezca como un personaje importante quedará en segundo término como comparsa, mero espectador de los hechos. Matthew McConaughey es Baldwin, el abogado defensor de los africanos, que, no sé ustedes, a mi me cayó mal desde el primer momento en que aparece y decide defender a los cautivos como si fueran mercancía. Djimon Hounsou es Cinque, el verdadero protagonista del film, el héroe de su tribu que se enfrentó a un león y ganó, para ahora enfrentarse a otro león (los jueces) y volver a ganar. Hounsou fue el descubrimiento del film para a continuación realizar papeles similares (por no decir iguales) en “Gladiator” y “Diamante de Sangre”. Stellan Skarsgaard es el abolicionista Pattam, al que parece importarle más llegar a la Guerra Civil que salvar a los africanos. Nigel Hawthorne es el Presidente Van Buren, ansioso por ser reelegido. Mi querida Anna Paquin está desaprovechadísima, por no decir sobrante, como la Reina Isabel de España. El mejor actor a nivel interpretativo en el film es Anthony Hopkins como John Quincy Adams. Posee las mejores frases y realiza una convincente interpretación como anciano medio sordo capaz de dejar K.O. al tribunal supremo tras más de diez minutos de alegato.

La película recibió cuatro nominaciones a los Oscars: Mejor fotografía, Mejor Actor Secundario (Hopkins), Mejor Vestuario, y Mejor Banda Sonora.

Un film fallido dentro de la filmografía de Spielberg, que, aún poseyendo secuencias muy buenas, queda por debajo de lo que es capaz.

Lo Mejor: La fotografía. Algunas secuencias realmente sobrecogedoras. Su discurso a favor de los derechos humanos.

Lo Peor: Su excesiva duración. McConaughey.

La Lista de Schindler, de Steven Spielberg

Mayo 14, 2008

Una vez finalizado el rodaje de “Jurassic Park” Spielberg puso rumbo a Europa para comenzar la producción de una de sus películas más personales y aclamadas, un film que le haría conseguir los honores de los críticos que aún dudaban de su talento. Tomando como punto de partida la novela de Thomas Keneally, “El Arca de Schindler”, Spielberg realizaría un film por el que sonaron anteriormente nombres como Pollack, Scorsese o Wilder. La historia estuvo merodeando al director durante muchos años pero por su camino se cruzaron proyectos como “El Color Púrpura” o “El Imperio del Sol” que le impidieron llevarla a cabo. Por suerte, años después consiguió realizarla.

¿Qué puedo decir de “La Lista de Schindler” que no se haya dicho ya? Es el film que mostro el holocausto judío como nunca antes se había hecho, removiendo conciencias en todo el mundo al relatarnos los terribles sucesos de Polonia durante la invasión nazi. Es un film por el que no pasan los años. Es un film duro, austero, realista, difícil de ver, pero necesario, una de esas películas que marcan época y demuestran que el cine, además de entretenimiento, puede hacernos mejores personas tras contemplar el horror.

La película nos muestra los horrores del genocidio nazi mediante tres personajes principales.
Oskar Schindler, empresario que ve en la Guerra su oportunidad para enriquecerse construyendo material armamentístico. Miembro del partido nazi, Schindler abrirá una fábrica donde tendrá como empleados a judíos pertenecientes al gueto de Cracovia que deberán portar una tarjeta de acreditación para ir a trabajar.

Schindler representa el oportunismo empresarial. Su mayor objetivo es ganar dinero de la forma más barata, buscando apoyo en los altos cargos del ejército a base de mujeres y buenas bebidas. El pertenecer al partido nazi no influye en su vida, no muestra en ningún momento las ideologías propias del partido sino que lo usa para sus propósitos, no es más que fachada. La presentación del personaje nos da toda esta información mediante esos planos detalle en que se viste y se coloca la insignia nazi para a continuación ir a un club y hacerse amigo de todos y cada uno de los personajes ilustres que caminan por él. No le basta más que una grata sonrisa, su limpia vestimenta, invitaciones y mujeres para tener en sus manos a los generales que pagarán por sus servicios.
No se puede decir que Schindler fuera un santo. Si a todo lo anterior mencionamos su carácter de mujeriego y la justificación de los actos de Amon, podemos ver que Oskar no es más que un hombre normal y corriente, con sus fallos y virtudes, al que el destino quiso poner en sus manos las vidas de miles de judíos para darles trabajo, acogerlos en su fábrica, y posteriormente darles la libertad.

Itzhak Stern es un contable judío contratado por Schindler para llevar la administración de su fábrica y le encuentre inversores para ella, así como trabajadores eficientes. Stern representa todo el sufrimiento de los judíos. Su supervivencia primordialmente se debe a sus dotes en la administración, pero pronto Schindler lo utilizará como asesor y persona de confianza dentro del campo.
Stern es quien motiva a Schindler para que salve las vidas de muchos judíos. El administrador informará a su patrón en todo momento de los terribles sucesos acontecidos dentro del infernal recinto para que este tome conciencia y actúe para impedir tales actos contratando a las personas amenazadas.
Entre Stern y Schindler va desarrollándose una relación de amistad muy bien planteada en el film. Al principio Schindler tan solo lo necesita como empleado, nada más. La secuencia en que va a buscarlo a la estación porque se le ha olvidado la acreditación y el empresario dice que “si llega cinco minutos tarde qué habría sido de su vida” la resume. No es más que un empleado imprescindible a la hora de llevar las cuentas. Pero poco a poco, y tras Schindler contemplar el terrorífico genocidio que se está acometiendo realizará con su hábil ayudante una lista mediante la cual se llevará a todos los judíos posibles a su fábrica en Checoslovaquia, lejos del poder nazi y del terrible Amon.

Amon Goeth es la personificación del nazismo en estado puro. En contraposición con Schindler, al que se nos presenta más fríamente, Amon es presentado en el film llegando al gueto, con una fuerte pulmonía, débil. Su presentación a las trabajadores no nos da muestra de maldad alguna (el impedir que Helen se le acerque para que no se contagie), hasta que ordena asesinar a una trabajadora. A partir de aquí Amon no será más que un asesino sin escrúpulos hacia los judíos. Él dirige la expulsión y matanza del gueto, conduciendo a los judíos al campo de concentración, que se convierte en su coto de caza matutino.
Goeth realizará un pacto comercial con Schindler exigiéndole la mitad de sus ganancias a cambio de no matar tan frecuente ni masivamente, pues el empresario le informa de que cada muerte le hace perder dinero. Entre ambos se entablará una amistad por conveniencia que Schinlder utilizará para persuadir al oficial de que perdonar tiene más fuerza que castigar, dicho que Amon práctica pero que no acaba de convencerle, sintiendo que el perdonar a los judíos no hará sino que crezcan tanto como las uñas de sus manos.
En contra de su mente racista y genocida, Amon siente especial simpatía hacia Helen, la judía que conoce nada más llegar al gueto. El alemán instará a Helen para que le acompañe, pero la mujer se niega, siendo Schindler el que ponga punto y final llevándosela consigo a su fábrica.

Existen varias listas a lo largo del film. Las primeras se refieren a las que hacen los nazis de los judíos, desde su distribución en el gueto hasta su división entre servibles y desechables. Las listas de los nazis representan el mal, todas ellas reducen el número de judíos, eliminando a los no incluidos en ellas. Para los alemanes dichas listas apenas tienen importancia, cuando Stern es conducido por error al tren y Schindler exige su liberación amenazando al encargado el hombre le responderá que un nombre más o menos en la lista le da igual.
Ahora bien, esto no ocurre con la lista que da título al film y que crean Stern y Schindler. En ella el empresario irá metiendo la mayor cantidad de nombres y familias judías posibles, para en su conclusión Stern citar que representa la vida, el bien absoluto. En contra de lo nazis, a Schindler si le preocupa la cantidad de nombres que pueblen su lista, insistiendo en meter más y más. A cada paso que pierde dinero mediante baratijas y bienes, un hombre o mujer o niño es introducido en la lista, siendo salvado.

La película posee un aire documental que la eleva por encima de obra cinematográfica hasta documento histórico. Spielberg dirigió gran parte del metraje cámara en mano, dotando a las imágenes de crudeza y realismo, implicando en todo momento al espectador. No pensemos que las escenas violentas y desagradables que aparecen en el film son gratuitas. Todo lo que aparece sucedió de verdad, y de forma mucho más cruenta a la que se nos muestra incluso. Y es que Spielberg resume los actos de los nazis mediante esa sutileza tan característica y que hacía gala en “El Color Púrpura” como son los momentos en que el joven muere junto a Stern fuera de plano con el sonido del disparo de Amon como elemento narrativo, o cuando las mujeres son enviadas por error a Austwitch y metidas en las duchas con todo el temor de morir por las historias que han escuchado. La niña con el vestido rojo es una muestra más de esa sutileza, pues mediante ese color comprobamos (como Schindler) poco después el horrible genocidio acontecido en que las personas han sido incineradas.

Puede que “La Lista de Schindler” sea el film más hiriente de la carrera de Spielberg, y no por las imágenes que se nos muestran como ya digo, sino por lo que representa fidedignamente. La enorme masacre a la que el pueblo judío fue sometido y que se debió a temas que aún hoy día, desgraciadamente, persisten como son el racismo y la xenofobia. Esta película levanta conciencias y nos hace luchar por ser mejores personas para impedir que aquello vuelva a suceder.
Se comenta en muchos lugares refiriéndose al film que las secuencias finales sobran en extremo. Ver a Schindler abatido y llorando, tras comprobar las vidas que podría haber salvado, puede que no tenga rigurosidad histórica, pero si la vemos cinematográficamente representa el llanto de la humanidad al verse impotente ante tales actos. El paseo final en que los judíos caminan para dar paso a la actualidad es en muestra de gratitud hacia la persona de Schindler, esto ya deberíamos verlo como algo personal para Spielberg, cuya sombra pone punto y final a la historia al poner la última piedra.

El guión corrió a cargo de Steven Zaillian, quien hizo una excelente labor a la hora de escribir los diálogos y representar todo la ascensión nazi.
La excelente fotografía en blanco y negro de Kaminski (en su inauguración con Spielberg) no solo consigue ese toque documental sino que convierte a la película en un archivo imperecedero, una obra atemporal que sobrevivirá por siempre.
La música de John Williams sigue erigiéndose como las Banda Sonora más desgarradora y triste que haya compuesto el compositor. El excelente uso del violín a cargo de Itzhak Perlman así como de pianos y flautas consiguen darle a la película mucha más emotividad, hasta llegar a erizarnos la piel cada vez que la escuchamos.

El reparto realiza una excelente labor resaltando por encima de todos tres nombres. Liam Neeson debe darle las gracias a Spielberg por haberle dado el papel que impulsó su carrera. El actor da vida brillantemente a Oskar Schindler, cuya magnánima presencia llena cada escena en que aparece. Ralph Fiennes también debe estar agradecido al director por haberle dado el papel de Amon Goeth, el oficial nazi que imparte terror en el campo de concentración. Fiennes crea a Goeth mediante una mirada fría y calculadora, siempre he pensado que la secuencia en que el actor realiza una de sus mejores interpretaciones es aquella en que se mira al espejo diciendo “te perdono”. Pone los pelos de punta. El gran ben Kingsley realiza el papel más calido de todos, el del administrativo Itzhak Stern. El actor vuelve a deleitarnos con otra lección de interpretación realizando un personaje bondadoso y afable.

Con “La Lista de Schindler” Spielberg consiguió alzarse ganador absoluto en la ceremonia de los Oscars de 1993 llevándose siete: Mejor Película, Director, Fotografía, Guión Adaptado, Banda Sonora, Montaje y Dirección Artísitica.
“La Lista de Schindler” es una película necesaria, de las que hacen seguir creyendo en el cine. Una Obra maestra inmortal.

Lo Mejor: Su existencia.

Lo Peor: Sucedió.

El Imperio del Sol, de Steven Spielberg

Mayo 10, 2008

Jim Graham vive con sus padres en Shanghai bajo protección diplomática. Al estallar el conflicto bélico y declarar los japoneses abiertamente la Guerra contra los americanos a través del ataque de Pearl Harbor se producirán altercados y revueltas por toda la ciudad obligando a abandonarla. Jim se separa de sus padres en un gran tumulto de gente quedando abandonado en un país sacudido por la Guerra.

La película se divide en tres partes, o actos, bien diferenciados mediante el uso del fundido a negro.
La primera parte narra la vida de Jim en Shanghai con sus padres y su posterior abandono. El niño canta en el coro, pasea en bicicleta y muestra su amor especial hacia los aviones. En este tramo se nos narrara el auge y caída de los diplomáticos de manera sutil y magistral. Jim exige a su criada oriental que haga lo que le pide cuando vive en plena armonía, pero cuando se reencuentra con ella una vez comenzado el conflicto la mujer le dará una bofetada como reprimiéndole sus continuos mandatos hacia ella y demostrándole que ya no tiene poder alguno. Jim vivirá en su casa poco tiempo, el cual acostumbrará a pasearse en bicicleta por el hogar y a buscar comida. La falta de comida le hace salir de la que ha sido su casa durante muchos años y enfrentarse al mundo exterior. Las calles están plagadas de soldados y gente pobre. Jim conocerá a Basie, un americano que se gana la vida como ladrón y comerciante que ve en Jim una forma de ganar beneficios.
El segundo acto transcurre en el campo de concentración. Jim ha crecido y madurado, aunque su inocencia sigue vigente a través de sus continuas preguntas y habladurías interminables. Basi vive como jefe en un pequeño recinto, y Jim hará lo que sea para que le consideren uno más de ellos y lo acepten. En este tramo observamos que Jim se ha convertido en proveedor de la comunidad occidental que está encerrada, consiguiendo todo tipo de cosas, a la vez que aprende latín mediante las enseñanzas del doctor Rawlins. El bloque termina con el ataque americano al campo y el traslado de los prisioneros al interior del país.
El tercer y último acto narra la marcha de Jim y sus compañeros a través del país, apartándose él del grupo en un coliseo donde se quedará cuidando de la Sra. Victor, quien ha cuidado del muchacho en su estancia en el campo de refugiados. A la mañana siguiente el joven contemplará un haz de luz blanca cegadora que piensa es el alma de la mujer, para descubrir a través de la radio que se trata de un artefacto conocido como bomba atómica. Al volver al antiguo campo donde ha estado preso tantos años el chico volverá a repetir su paseo en bici por las habitaciones vacías del lugar hasta ser encontrado por soldados americanos que lo llevan a un refugio donde se reencontrará con sus padres.

El film trata sobre la perdida de la inocencia a través del joven Jim Graham. Al principio el niño ve la guerra como un juego de aviones, siendo partidario de los japoneses, a los que admira y respeta por su valor. A medida que Jim descubra nuevas cosas de la vida y contemple de primera mano los sufrimientos de una guerra irá perdiendo esa inocencia poco a poco hasta acabar con ella completamente en el momento en que la bomba estalle.
En Graham podríamos ver el reflejo de la sociedad occidental, y más concretamente la americana (a pesar de que niño es inglés). Estados Unidos sufrió un duro golpe al ser bombardeado en Pearl Harbor, hecho que le empujó a la guerra. Los americanos fueron perdiendo su inocencia entrando en el conflicto hasta perderla definitivamente lanzando las bombas que destruirían Iroshima y Nagashaki. Cuando Graham diga que ha aprendido una nueva palabra, y que esta es bomba atómica, intentará revivir a su amigo japonés de forma igual que intenta recuperar su inocencia, descrito visualmente a través de esa reanimación que se hace Jim a si mismo vestido de colegial, pero desgraciadamente no puede. Ha muerto como los cientos de personas que perecieron en el fatídico hecho.
Es la odisea de la vida, del paso de la inocencia a la madurez de forma impuesta por los acontecimientos. Jim lo dice en más de una ocasión, su vida en el campo es la escuela de la vida.

“El Imperio del Sol” marca para la filmografía de Spielberg el ejercicio más claro de emular al cine de David Lean. Ya al principio se pensó en el prestigioso director inglés para dirigirla. Cuando el director denegó la oferta, y cayó en manos de Spielberg, decidió realizarla como lo hubiera hecho Lean.
La película tiene ese empaque épico y majestuoso que caracterizaba el cine del autor inglés a través de los grandes escenarios que nos muestran la ciudad de Shanghai al principio, o las escenas con grandes multitudes perfectamente dirigidas y coordinadas. El ritmo pausado lleno de preciosos atardeceres y grandes planos generales en que los personajes caminan por el paisaje consigue una película llena de espectacularidad. La película consigue semejarse, de modo leve, a “El Puente sobre el Rio Kwai” en su segundo acto, cuando se nos describe la vida en el campo de refugiados, siendo los captores japoneses y los prisioneros ingleses.

Sin embargo, el film adolece de ciertos detalles que le impiden ser, para un servidor, una obra redonda.
Lo más evidente es la psicología y presencia de algunos personajes que quedan algo confusos o poco aportan a la trama. Bien es cierto que la historia nos es narrada a través de la mirada de Jim en todo momento, pero eso no debería influir a la hora de crear a los personajes que formarán parte de su vida. El doctor Rawlins es un maestro para Jim, un hombre culto que desempeña sus labores de médico en el campo para después de salir de él quedar en segundo término sin dirigir palabra con el joven que le ha salvado la vida y le ha ayudado. Justo lo contrario pasa con el Sr. Maxton, amigo del padre de Jim que reaparece en su vida dentro del campo de manera forzada y muy secundaria para después estar junto a Jim en todo momento que transcurra su marcha por los campos y grandes paisajes de Japón. La Srá. Victor acoge en su habitación a Jim, siendo ella la referencia del despertar sexual del joven. Sus miradas espías por la noche hacia ella y su esposo así nos lo sugieren.
El personaje adulto más importante es Basie, el americano. Presentado al espectador como un superviviente que aprovecha cualquier ocasión para sacar beneficios, hasta de vender al chico si es preciso, de pronto se nos muestra como alguien protector hacia el joven, dejándolo abandonado una vez más cuando ha de subir al camión con dos pequeños a los que hace pasar por sus hijos. Así pues Basie nos resulta un farsante, alguien sin alma ni objetivo claro salvo el de vivir a cuerpo de rey con grandes privilegios y mandando. Aunque Jim vea en él una figura de referencia nos resulta difícil al espectador que así sea cuando lo deja abandonado a su suerte en más de una ocasión. Afortunadamanente el muchacho abrirá finalmente los ojos respecto al que consideraba su amigo.

Spielberg usa planos largos llenos de lirismo como el que abre el film en el rio en que un enorme barco se abre paso entre ataúdes. Con esto el director parece demostrar su capacidad a la hora de adoptar el estilo europeo, aunque en determinados momentos bien podría haber recortado tramos excesivamente contemplativos, sobre todo al final del primer acto, que entorpecen el ritmo del film. También es cierto que estos detalles, y ciertos tramos algo cogidos con los pelos, ya venían así en el original literario de James G. Ballard que Tom Sttopard no tocó a la hora de escribir el guión.
La fabulosa fotografía de Allen Daviau vuelve a ser de gran importancia, dando profundidad en los grandes planos generales en que se nos muestran las grandes multitudes y contraponiendo la riqueza de colores que abre el film (apogeo occidental) frente a la pobreza y predominio de colores más oscuros y marrones en el trascurso del viaje de Jim.
John Williams retomo su colaboración con Spielberg creando una Banda Sonora evocadora a ese gran Imperio del Sol Naciente que veía sus días contados.

El reparto del film lo componen nombres de primera fila como John Malkovich dando vida a Basie o Miranda Richardson como la Sra. Victor. El ahora conocido Ben Stiller es uno de los miembros del clan de Basie y Joe Pantoliano es Frank, el perro faldero del americano. El debutante Christian Bale realiza una soberbia interpretación como Jim Graham, pasando de la inocencia a la madurez con esa secuencia final en que se reencuentra con sus padres, donde Spielberg homenajea a “El Pequeño Salvaje”, en que ya se muestra como un hombre que ha perdido la inocencia en su mirada.

A pesar de ser un fracaso económico obtuvo seis nominaciones a los Oscars, como son Mejor Montaje, Banda Sonora, Dirección Artísitica, Fotografía, Vestuario y Sonido.

Sin ser una obra redonda si puedo decir que es una de las películas más interesantes, y visualmente maravillosas, de Spielberg, que habla de uno de sus temas más predilectos como es la perdida de la inocencia.

Lo mejor: La fotografía. Emular a las antiguas superproducciones en su empaque. Christian Bale.

Lo Peor: Le sobra un poco de metraje. Algunos secundarios aportan muy poco.

El Color Púrpura, de Steven Spielberg

Mayo 9, 2008

Cuando Steven Spielberg tomó las riendas de la adaptación cinematográfica de la novela ganadora de Pulitzer “El Color Púrpura” sorprendió a propios y extraños. La autora de la novela, Alice Walker, había manifestado lo mucho que le gustó “E.T.” y no dudaba de que Spielberg fuera a realizar un buen trabajo. Sin embargo el director no vio con tanta claridad su labor, ya que suponía un cambio drástico dentro de su cine, y se apoyo en la propia autora, que rehusó adaptar su trabajo para el cine aunque accedió a ayudar al director durante el rodaje, y en el productor, y autor de la Banda Sonora, Quincy Jones.

La película abarca casi tres décadas en la vida de Celie. Tres décadas llenas de sufrimiento y resignación soportadas gracias a la esperanza de reencontrarse con su hermana Nettie y a la amistad que procesará con Shug, la amante de su marido Albert.
Celie y Nettie están tan unidas como la uña y la carne, pero la expulsión de Nettie por parte de Albert las separará. Será entonces cuando Celie quede sola frente a un hombre despiadado y machista. Hasta que llegue Shug. Aunque al principio se ría de ella por su aspecto encontrara en su persona una buena amiga con quien hablar y aprender.

“El Color Púrpura” es un drama humano que nos describe las penurias vividas tanto por Celie como por las personas que la rodean. Y es que no hay personaje en la trama que no sufra. El arrebato de la inocencia, el poder dominante del hombre sobre la mujer y la redención se dan de la mano en este intenso drama.
Empezando por la protagonista, Celie, que de niña es violada por su padre quedando embarazada dos veces, la primera de un niño y la segunda de una niña. Cuando su padre se cansa de ella no le hará el más mínimo caso y la ofrece a un granjero viudo, Albert, que pretende a su otra hija, Nettie, más agraciada que Celie. Pero la vida de Celie no mejora con Albert, sino todo lo contrario. Tras irse de casa, su hermana Nettie se instalara una temporada con ellos, y, al no ceder ante los impulsos carnales de Albert, será expulsada y apartada de su hermana. Su papel de esposa se asemeja más bien al de criada, y comenzará a sufrir duros maltratos por parte de su marido cada vez que le contradiga. Tras muchos años soportando las reprimendas y palizas, Celie decide tomar las riendas de su vida empujada por la persona que menos se imagina en un principio, y por la que siente admiración, Shug. Gracias a ella descubrirá las cartas escondidas durante tantos años que le mandaba su hermana, las cartas que la empujan a plantarle cara a Albert y a marcharse en busca de una nueva vida, regresando como una mujer nueva.
Sofía es la esposa del hijo de Albert, Harpo. Una mujer bien repartida a la cual nadie le pone una mano encima ni la humilla, y si es así que se prepare. Sofía es orgullosa, no teme a nada tras haber pasado su juventud rodeada de hombres a los que paraba los pies. Sin embargo su orgullo herido por el alcalde le hará propinarle un puñetazo que la conduce durante ocho años a la cárcel, saliendo de ella como una mujer humillada, golpeada, coja y sin vida. La energía que transmitía en cada visita se ha evaporado tras ocho años de infierno, durante los cuales sus propios hijos se han olvidado de ella.
A pesar de ser admirada por todos los hombres, Shug también vive su propio drama al no hablarse con su padre, el reverendo. Abandonó su hogar para dedicarse a la música y por ello el pastor del pueblo no le dirige la palabra.

El mundo masculino no queda impune a pesar de que al principio parezca que tiene las riendas.
Harpo es torpe y no consigue dominar a su esposa Sofía, a la que quiere. Aunque sigue los consejos de su padre al pegarla, el pobre muchacho recibirá mucho más en forma de golpes. Alegre y soñador, Harpo tendrá su visión puesta, además de en sus hijos y esposa, en un pequeño bar abierto junto al rio.
Albert nos puede resultar del todo inhumano a lo largo del film. Sus continuas palizas y su autoridad contra Celie lo convierten en el antagonista de la historia, pero no es más que otro sufridor más cuya forma de expresión ante su descontento con el mundo es la violencia y el dominio. Enamorado de Shug desde siempre, el granjero deberá contentarse casándose con Celie, una mujer que no le atrae nada pero sin la cual no sabría desenvolverse de ningún modo. Tras muchos años, Albert ve su mundo venido abajo tras la ida de Shug y el abandono de Celie, acabando como un ser alcohólico y viviendo en un hogar putrefacto. Sin embargo al final aparece la poca bondad que le queda al traer de vuelta a casa a la hermana de Celie junto a sus hijos, componiendo la unión que rompió hace casi treinta años.

El renacer del ser humano está muy presente, sobre todo el de la mujer a través de Celie y Sofía. La secuencia que acontece en la comida familiar cuando Celie declara su intención de marcharse rematándolo con la amenaza de matar a Albert a golpe de cuchillo hace despertar a la dormida Sofía de su estado sumiso para devolverle la alegría y energía. Sofía despierta, pero renace Celie, mostrándonos su cara menos conocida como una mujer fuerte, que ha aprendido lo que es el dolor y que no teme a nadie. “Lo que he vivido yo, lo vivirás el doble” maldice Celie a Albert, y como una profecía se cumple dejando al viejo granjero solo y sin nadie, sumido en alcohol.

A pesar de que los protagonistas son negros no estamos ante un film de temática racial, de hecho el único momento que toca este tema es cuando encierran a Sofía y su posterior servidumbre con la mujer del Alcalde, consiguiendo que los espectadores nos sintamos identificados con los personajes.

Steven Spielberg, ayudado por la excelente y colorista fotografía de Allen Daviau que aviva los colores de manera asombrosa consiguiendo un film preciosista, realiza un drama al más puro estilo clásico conjugando dramatismo desgarrado con exquisita sutileza y gotas de tensión que componen una de sus films más redondos.
El director rueda secuencias de extremo dramatismo en determinados momentos, pero en especial citaría el de la separación de las dos hermanas a manos de Albert. Los gritos, el sudor, los abrazos entre ambas frente a la fuerza bruta de Albert interponiéndose hace que se pongan los pelos de punta. La secuencia termina con Nettie y Celie jugando a sus palmitas separadas por la distancia mientras Nettie jura a los cuatro vientos que “Solo si se muere dejará de escribir” en un momento que rememora a “Lo que el viento se llevó” en la promesa que hace Scarlett al cielo.
La tensión se masca en dos secuencias idénticas que tienen una navaja de afeitar como protagonista. Me refiero al momento en que Celie va a afeitar a Albert con su hermana en el pensamiento y el daño que les ha hecho su marido al separarlas. La primera tiene lugar justo cuando Nettie se ha marchado y nuestra protagonista muestra deseos de matar a Albert, pero la amenaza de él hace poner alerta a Celie, afeitándolo de manera cuidadosa. El excelente uso del montaje en que el sonido de la cuchilla, las moscas, y el carruaje del correo que se acerca otorga a la secuencia una enorme tensión, tan grande como la que contiene la segunda secuencia, prácticamente gemela a esta. Sucede cuando Albert golpe a Celie sorprendiéndola leyendo una carta de su hermana. La mujer tras descubrir que le escondia las cartas decide realizar el acto que debió llevar a cabo en su momento. El juego es el mismo, solo que la cuchilla no llega a tocar nunca el rostro de Albert, sino a afilarse bien y acercarse a su rostro a ritmo de los tambores de Africa y a la exasperada carrera de Shug por impedirlo.
Pero sin embargo, y por lo que “El Color Púrpura” merece todas las menciones es por su excelente sutileza a través de fueras de campo y detalles. En el momento en que Nettie llega a casa de Albert conocemos las intenciones del hombre a través de los golpecitos que se da en la pierna con el correo, similares a que se hacen con una fusta antes de montar a caballo, y la posterior en que persigue a la joven e intenta violarla, quedando el intento fuera de cuadro, dan certeza del talento fílmico del director.
El final es pura emoción. El reencuentro de las dos hermanas a contraluz con el sol reanudando su juego de palmas mientras trás ellas pasa la figura de Albert. Una sola escena en que se resume el tema de la película, la separación de dos hermanas y su posterior unión por el mismo hombre. Puro cine.

Su desarrollo y montaje es de escuela, consiguiendo que un film de dos horas y veinte minutos, que abarca en su metraje casi tres décadas, no canse y esté tan bien enlazado y narrado.
La música esta vez no corrió a cargo de John Williams, sino del productor Quincy Jones que compuso un maravilloso tema principal para el film.
El reparto está magnifico completamente. Danny Glover da vida de manera magistral al machista Albert consiguiendo que al final sintamos compasión por él. La televisiva Oprah Winfrey es Sofía, la orgullosa mujer a la que es robada su libertad. Margaret Avery es Shug Avery, la cantante que se hace amiga de Celie. Laurence Fishburne realiza un breve papel como amigo y musico de local de Harpo. Ahora bien, la que sorprende es, la por entonces debutante, Whoopy Goldberg dando vida a Celie. La actriz da una lección de interpretación pasando de ser una mujer joven tímida y retraída que tiene en Dios a su único amigo, hasta llegar a una mujer madura y segura de sí misma. El mejor papel que ha realizado la actriz.

“El Color Púrpura” es una gran drama, y merece todos mis respetos porque cuando una película consigue emocionar y que la lagrimilla caiga (y a mí, no lo oculto, se me cae con esta en más de una ocasión) no hay más que aplaudir. Claro que los Académicos de Hollywood no debieron estar muy de acuerdo, pues Spielberg sufrió un gran revés por parte de la industria nominándola a once Oscars y no premiándola con ninguno a favor de la tediosa “Memorias de África”.

Una película emotiva, sutil, que la pone al nivel de los grandes dramas clásicos y donde Spielberg demostró su excelente conocimiento cinematográfico al realizar una pelicula diferente a cuantas habia hecho anteriormente.

Lo Mejor: Es Drama con Mayúsculas.

Lo Peor: Está infravalorada.

El viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán Gómez

Marzo 21, 2008

03bb2c40da55c8af885177e7cb9a501c.jpgDurante el franquismo una compañía familiar de cómicos recorre los pueblos de España realizando juguetes cómicos que diviertan a las gentes del lugar. Sin embargo pronto se tendrán que enfrentar a entretenimientos que les hagan sombra, como el cine.

Maravillosa película de Fernán Gómez que hace un homenaje a esas personas que se pasaban todo el día recorriendo caminos para llegar a un pueblo y realizar su función teatral sin más pago que comida y techo para descansar.
La historia se centra, y es narrada, en Carlos Galván, hijo del director de la compañía Iniesta-Galván, Don Arturo. Su grupo está formado, además de por su padre, por su tía, la primera actriz Doña Julia, su novia Juanita Plaza, su jovencita prima, Rosita, y el administrativo excombatiente en Rusia Sergio Maldonado. La vida de Carlos, y del grupo en general, cambiará con la llegada del hijo de este, Carlitos.

Carlos Galván representa el sueño frustrado de miles de actores como es el triunfo, el ser reconocido. Su vida de artista se condensa en esos pequeños pueblos de España. Tras la separación de los componentes de la compañía, derrotados ya por el avance del cine, Carlos buscará futuro en Madrid como extra con la ayuda de Maldonado, pero no pasará de ahí por mucho que el actor piense que así es.
A Galván lo conocemos ya mayor, en una residencia para ancianos, donde nos narrará sus múltiples triunfos repletos de reconocimientos por parte de figuras ilustres de la escena y sus innumerables premios que lo llevan al Festival de Venecia donde se codea con personajes famosos. Sin embargo, todo esto que nos narra no es más que una ilusión, un sueño que el cómico siempre ha deseado cumplir, y cuya creación mental ha sido gracias a recortes de prensa en donde leía los éxitos de otros actores.

Fernán Gómez nos narra a través de su novela primero, y de la película realizada un año después, sobre la perdida de la ilusión. El grupo de cómicos va de pueblo en pueblo felizmente hasta que le hacen sombra el invento del cine que llega a los pueblos por medio de un distribuidor, cruel enemigo de los Galván, Solis. El director nos muestra la perdida de la ilusión por parte de los miembros de la compañía. En primer lugar de Juanita que dice a Carlos que el teatro se muere, la gente está más hecha a ver fútbol o ir al cine, además de afirmar algo que a Carlos le rompe por dentro: “No son actores, son vagabundos que tienen que suplicar un techo para comer y dormir”. La tía de Carlos, y posteriormente su padre, Don Arturo, deciden ponerse a trabajar para otra compañía de cómicos, pues ven que si para una sola compañía hay apenas trabajo, para dos sería inexistente, con lo que deciden unirse a ella para el resto de sus días. Maldonado, Rosita y Carlos pondrán rumbo a Madrid para probar fortuna, abandonando esos caminos que tanto han recorrido.
La película también nos muestra lo que es la herencia familiar. El padre de Don Arturo fue cómico, y él nació en un carro de cómicos para luego dar paso a su hijo Carlos, que seguiría la tradición convirtiéndose en parte de la profesión. Sin embargo Carlos sufrirá una puñalada al comprobar que su recién llegado hijo Carlitos (al que define como zangolotino) se niega a formar parte de ese mundo aludiendo que es ridículo. A pesar de los muchos esfuerzos que pone Carlos para que su hijo ame el mundo de los cómicos, estos caerán en saco roto convirtiéndose él en el último Galván de la escena.

Es triste el relato que Fernán Gómez nos cuenta, pues a pesar de estar narrado en plan comedia en el fondo es la vida de un actor como otro cualquiera, que termina sus días olvidado, en una residencia para ancianos donde lo único que tiene para vivir son sus sueños y sus ilusiones.

EL director dota a la película de una atmósfera teatral que va desde los escenarios rurales de los pueblos, hasta la interpretación de los actores. Solo así podemos entender las exageraciones en sus reacciones (memorable cuando están hablando con el aspirante a autor teatral Zacarías), concordando con sus impostadas interpretaciones en escena del todo incompatibles con el mundo del cine (desoladora la secuencia en que Don Arturo hace el ridículo frente al director de cine al rodar una escena).
El reparto está formado por el gran Jose Sacristán como el idealista y soñador Carlos Galván, que aunque en su época de juventud se muestra más bien comedido, hace una muy convincente interpretación en su época de anciano. Gabino Diego da vida a Carlitos, el descubierto hijo de Carlos con acento gallego que piensa que el oficio de su padre es ridículo. Nuria Gallardo es la fogosa prima de Carlos, Rosita. Juan Diego borda su papel de Maldonado, experto en recitar versos. Fernando Fernán Gómez da vida a Don Arturo, fiel reflejo de la decadencia de los cómicos. Laura del Sol es Juanita, la joven actriz que ha perdido toda ilusión. Entre los personajes secundarios tenemos a Simón Andreu, Agustín González, Carmelo Gómez, Tina Sáinz o Miguel Rellán.

La película fue la primera galardonada en Los Goya ganando los premios correspondientes a Película, Director y Guión Original.
“Hay que recordar”. Así empieza esta historia que creó Fernán Gómez. Hay que recordar a esos cómicos que hicieron más feliz la vida a los ciudadanos de los pueblos de España con su estilo a base de sainetes. Hay que recordar a todos aquellos actores y actrices que nos alegraron nuestros días y que el mundo ha dejado olvidados.

Lo Mejor: El fiel reflejo que hace de la vida de cómico.

Lo Peor: Que, como los cómicos de la película, nadie se acuerde de ella.

La Pasión de Cristo, de Mel Gibson

Marzo 19, 2008

20060326140940-pas-poster.jpgLa tercera película como director de Mel Gibson causó cierto revuelo a lo ancho y largo del globo. El director daba fruto a uno de sus mayores sueños como es narrar las últimas horas de vida de Cristo. Si hay algo que no se le puede negar a Gibson en su faceta de director es ser intenso. Ya mostró sus dotes de lirismo, garra y valentía en la oscarizada “Braveheart”, pero sería en “La Pasión” donde expulsaría toda la violencia visual que el director guardaba dentro, como si mediante ella expiara sus pecados.

Relatar las ultimas horas de Jesús de Nazaret no es que sea algo muy original pero Gibson realizó un film con un impacto visual como pocos se han visto en pantalla, con sus pros y sus contras.
Empecemos con las cosas malas del film. El adjetivo que va como un guante a la película es “excesivo”. Gibson se excede en esta película con todo lo que le gusta a nivel formal. En primer lugar los ralentíes o cámaras lentas, abundantes durante gran parte del metraje consiguiendo que, si bien algunas escenas causen más impacto (las caídas de Cristo), otras queden vacías.
En segundo lugar el exceso de duración, pues bien podría haber metido tijera en unos diez o quince minutos, especialmente cuando Jesús recorre la ciudad de camino al Golgota. Ni que decir tiene que la escena final es tan prescindible como ridícula, con esa mano agujereada, aunque el juego de luces sea maravilloso no aporta nada salvo mostrarnos la Resurrección.
Por último donde el director se excede, y el motivo por el cual la película fue tan comentada, es en el calvario de Cristo. Gibson saca todo su sadismo para mostrarnos las injusticias que sufrió el Señor a mano de los sacerdotes y los romanos. El momento cumbre de este castigo tiene lugar a partir de la Flagelación, en que seremos testigos de la gran mayoría de latigazos y golpes sufridos por Jesús, siendo uno de ellos especialmente el que dañe sensiblemente al espectador (ese costado). Coincidiendo este momento justamente con la mitad de película, el espectador no tiene más remedio a partir de ahí que sufrir tanto como el protagonista de la cinta, pues se convertirá en uno más del pueblo que ve el martirio de ese hombre al que, santo o no, han tratado de forma inhumana. Si Gibson quería que nos sintiéramos mal por lo que le pasó a Jesús la verdad es que lo consigue, claro que podría haber sido mucho más sutil mostrándonos el sufrimiento de la madre con el sonido de los latigazos en off (cosa que hace, pero cuando ya hemos presenciado más de lo que debemos)

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Ahora bien, que la película se exceda en mostrar el sufrimiento de un hombre con toda contemplación no es suficiente para tacharla de mala, ya que por otro lado posee tramos verdaderamente brillantes.
El principio del film, en el monte de los olivos es maravilloso, mostrándonos a Jesús asustado, temeroso de su fatídico destino. La azulada iluminación nocturna dota a la secuencia de gran dramatismo, rematada con el enfrentamiento entre el bien y el mal, Jesús y el Diablo.
La relación entre Jesús y María esta muy bien narrada, existiendo entre ellos un vínculo durante todo el film, desde ese momento en que la madre se arrodilla y vemos que bajo ella se encuentra su hijo aprisionado hasta el último beso en los ensangrentados pies del Mesías. Además ambos protagonizan la mejor secuencia de toda la película, como es la de la caída de Jesús rememorándole a María cuando él no era más que un niño. En ella Gibson utiliza muy bien tanto la cámara lenta como los flashbacks para mostrarnos el amor de la madre por su hijo.
Los flashbacks están muy bien utilizados pues se contraponen a los horribles actos que está viviendo Jesús. Así pues recordará la última cena en varios momentos, como su llegada en burra recibido por los ramos en contraposición a su martirio en que le escupen e insultan. Uno de los flashbacks más memorables para mi (además de los protagonizados por Maria) es aquel en el que protege a Maria Magdalena, donde la imagen nos transmite su dicho “Quien este libre de pecado, lance la primera piedra”.
La representación de ciertos personajes históricos está bien tratada en algunos casos (en otros no tanto, llegando a la caricatura, como Barrabás o Herodes). El personaje mejor dibujado sería el de Pocio Pilatos, quien deberá elegir entre juzgar y condenar a Jesús o enfrentarse a una sedición. El cónsul romano duda en todo momento, incrementando este sentimiento al no encontrar culpa ni peligro en el acusado. Además tiene en su mujer, Claudia, su voz de conciencia, pidiéndole que lo libere. Pilatos es un hombre de carne y hueso que teme ser ejecutado por el Cesar si explota una revuelta en su zona, así pues decidirá dejar la vida de Jesús en manos de sus captores lavándose él las manos en uno de los mejores momentos del metraje, después de que Jesús le exculpe de todo pecado diciéndole “quien me ha entregado a ti tiene más pecado”.
Otro de los triunfos del film es la representación del Diablo. Se nos muestra como un ser asexuado, con leves rasgos femeninos y mirada fiera. Él es la tentación que rodea a Jesús durante su Pasión. En contraposición con el elegante diabólico Ser tenemos sus muestras grotescas en el cuerpo de niños, llegando la película a tocar el terror como en el sufrimiento de Judas tras vender a su señor.

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En el fondo Gibson nos habla en la película de miedo. Todos los personajes del film tienen miedo. Jesús teme morir a pesar de saber que es su destino y que ha nacido para ello. Maria teme perder a su hijo. Pilatos teme, que si no condena a Jesús, ser derrocado y asesinado. El Diablo teme la victoria del Mesías. El miedo es el principal motor de la película, el que hace que los personajes tomen las decisiones que toman, aunque algunos de ellos luchen contra él y le planten cara dentro de lo cual nace la esperanza y el saber que por mucho sufrimiento que uno padezca será en bien del resto. “Él entregó su sangre por nostotros”.

La película no habría sido tan impactante de no ser por la magistral fotografía de Caleb Deschanel, y Mel Gibson lo sabía pues siempre tiene especial cuidado en elegir a sus directores de fotografía. Deschanel consigue crear el mundo en que vivió Jesús con luces apagadas cercanas al estilo pictórico Caravaggio siendo el plano del descenso de la Cruz con Maria teniendo en sus brazos a Jesús la representación viva de un cuadro.
La música de John Debney acentúa más las imágenes con su crescendo en la Crucifixión y posterior muerte, iniciada con la caída de la gota a tierra como si esta fuera la lágrima de Dios.

La mayoría de los actores son desconocidos y eso hace que sus personajes nos resultan más reales. Jim Caviezel se entrega en cuerpo y alma como Jesús de Nazaret, ayudado por el sangriento maquillaje. Maia Morgenstern hace una brillante interpretación como la Maria, fiel reflejo de toda madre. Monica Bellucci da vida a Maria Magdalena prescindiendo de su habitual maquillaje embellecedor. Hristo Shopov es Poncio Pilatos, el mejor personaje del film para mi gusto.

Realizada con bajo presupuesto y con una pequeña compañía para distribuirla (NewMarket), la valentía de Gibson le hace llegar a utilizar lenguas como Latín, Arameo o Hebreo para el film, subtitulándolo en todo el mundo. Da muestra así de lo personal que es esta película para él y de que gracias a esto causó más impacto, utilizando de nuevo el recurso para su posterior y magistral “Apocalypto” (la mejor película de aventuras de la década).

Puede gustar más o menos, pero, sea uno creyente o no, hay que reconocer que Gibson realizó un film impactante, doloroso, con una fuerza visual y un lirismo que no dejó indiferente.

Lo Mejor: Los actores. El flashback de la caída. La magnifica fotografía. La representación del Diablo. La fuerza visual.

Lo Peor: Es excesiva en muchos aspectos, hasta el punto de entrar en el gore más hiriente.

La Soledad, de Jaime Rosales

Marzo 10, 2008

la-soledad_b.jpgDe entre las cuatro nominadas de este año a los Goya, resaltaba una por el contrario de lo que suele suceder, y es que era para la gran mayoría desconocida. Se había estrenado en un limitado numero de salas ( y no en todas las ciudades) sin hacer mucho ruido, salvo su participación en el Festival de Cannes en la sección “Una cierta mirada”. La noche de la Gala de los Goya pocos podíamos presagiar el triunfo de tan minimalista película que conseguiría los premios a Mejor Películas, Dirección y Actor Revelación.

La historia nos narra la vida de dos mujeres. Adela se traslada con su hijo de 13 meses a Madrid para emprender una nueva vida, dejando a su padre en León. Antonia por su parte mantiene una excelente relación con sus tres hijas, a las cuales intenta comprender y hacer que se lleven bien. Cada una de ellas sufrirá diferentes tragedias que las marcarán, ya sea de forma directa o indirecta como son el cáncer, el separarse de la familia, el terrorismo, la incomunicación y la soledad.

Hay que aplaudir a la Academia por haber premiado una película tan arriesgada y minimalista como la de Rosales. Yo no diría que estamos ante un film de autor (pues considero a todos los directores autores para bien o para mal), sino más bien ante un film de arte y ensayo que tiene en su puesta en escena una de sus mejores bazas. Y es que Rosales narra las historias de Antonia y Adela de manera estática, con planos largos, deteniéndose en los personajes y sus acciones indefinidamente, alcanzando un cine intimista cercano al contemplativo sin caer en sentimentalismos. Este uso de planos tan largos en que el silencio y las emociones contenidas rodean a los personajes convierten al espectador en un espía, un mirón de la vida intima y privada de estos personajes.
Esto resulta aún más atractivo mediante la polyvisión que divide la pantalla en dos mostrándonos dos puntos de vista distintos de un mismo espacio y tiempo. ¿Qué consigue Rosales mediante esto? Reconozco que la idea de partir la pantalla en dos me parece interesante visualmente, ahora bien le encuentro dos pegas. La primera. ¿Sirve de algo? Porque lo que nos esta narrando desde dos puntos de vista bien podría narrárnoslo desde una sola perspectiva y guardarse dicho recurso en las conversaciones para así no caer en el típico plano-contraplano. La segunda. Hay un refrán que dice que lo poco gusta y lo mucho cansa. Pues bien, resulta algo monótono el excesivo uso del recurso polyvision para narrar la vida de las protagonistas, y más aún cuando lo hace en casi todo el metraje, que tampoco juega mucho a su favor con 130 minutos de duración.
Aún cuando no divide la pantalla en dos Rosales mantiene el equilibrio en la planificación ya sea mediante las líneas rectas de una pared o las de un botón para detener el autobús. Y si no es así, sigue manteniendo una planificación equilibrada poniendo a sus actores en medio del encuadre.

El guión esta repleto de silencios mediante los que los personajes se guardan todo lo que sienten por dentro, para lo cual se necesitan buenos actrices y actores que sepan transmitir esos sentimientos introvertidos. No hay duda de que si por algo se sostiene esta película, más allá de lo plenamente formal, es por su elenco interpretativo, y en especial, por las actrices. Con Sonia Almarcha y Petra Martínez a la cabeza componiendo los personajes principales de Adela y Antonia. Almarcha compone un personaje muy afable y cercano en la primera mitad de la película para luego sufrir un cambio que la envolverá en el más terrible dolor por culpa de un hecho inesperado (tanto que el espectador se queda de piedra). Martínez por su parte da vida a una señora mayor cercana a sus hijas, en especial de Nieves (Nuria Mencía), que padece cáncer y está sometiéndose a tratamiento para que este remita. Sus otras dos hijas, Elena (María Bazán) e Inés (Miriam Correa) tienen continuas peleas debido a las decisiones que toma su madre para el bienestar de ellas. Destacar a la altura de las dos protagonistas el trabajo de Miriam Correa como Inés, hija de Antonia y compañera de piso de Adela, sirviendo así como nexo de unión entre ambas. El conjunto consigue transmitir realidad a lo que sucede, a lo que ayuda el no ser muy conocidos ninguno de ellos. No dudaría en admitir que varias de las secuencias fueron improvisadas por los actores debido a lo cercanas y verdaderas que resultan, tanto que parece que estemos viendo un documental. Esta sensación se incrementa aún más al poseer todo el metraje una carencia absoluta de música.

En definitiva es una película arriesgada, destinada a una gran minoría, que habla del dolor y la soledad de manera intimista, aunque contemplativa en su puesta en escena.

Lo Mejor: Los actores. No cae en sentimentalismos.

Lo Peor: Es demasiado larga. Ha tenido que ser premiada para ser conocida.

Ahora o Nunca, de Rob Reiner

Marzo 4, 2008

bucket_list_poster.jpgEdward Cole y Carter Chambers son dos desconocidos que coinciden en una habitación de hospital donde se les diagnóstica a cada uno un cáncer terminal. Antes de abandonar el mundo terrenal, deciden realizar todas aquellos sueños que no han podido cumplir escribiéndolos en una lista.

Antaño autor de títulos tan decentes y reivindicables como son “Cuenta Conmigo”, “La Princesa Prometida”, Misery” o “Algunos hombres buenos” sin olvidar la archiconocida “Cuando Harry encontró a Sally”, lo cierto es que el nuevo Siglo, y más concretamente a los últimos años 90, no sentaron nada bien a la carrera de Rob Reiner director con films flojos como “El Presidente y Miss Wade” o “Dicen por ahí”, sin olvidar aquella comedia dramática romántica que unía a Michelle Pfeiffer y Bruce Willis titulada “History of Us”. El caso presente bien se puede comparar con este último film, ya que el mayor reclamo para verlo es la presencia de dos buenos actores.

De nuevo dentro de la comedia dramática Reiner nos va a relatar la historia de amistad que se forja entre dos ancianos durante los últimos días de su vida. Una vez se les comunique a ambos la fatídica enfermedad y su posterior destino ambos se unirán y formaran un equipo dispuestos a realizar aquellos actos que siempre han querido hacer pero que por diversos motivos no han hecho.
La trama se enriquece más gracias a las contrapuestas personalidades de los dos ancianos. Mientras Edward es rico y de carácter arisco, Carter es de familia humilde con un gran sentido del humor y espíritu optimista. Las distintas peculiaridades de ambos no harán sino crear un vinculo mayor entre ellos, complementándose divinamente aunque sin olvidar alguna que otra disputa en cuanto a realizar ciertos objetivos dentro de la lista.
La película se define con el dicho “Nunca es tarde…”, y es que tanto Edward como Carter tienen asuntos pendientes antes de marcharse, que van más allá de los caprichosos sueños que les empujan a dar la vuelta al mundo. Así pues Carter descubrirá el amor perdido hacia su mujer y Edward intentará recuperar a un ser querido con el que no se habla hace muchos años. A parte de eso encuentran otra cosa muy importante, como es la amistad que les une desde el momento en que descubren tener la misma enfermedad.

Hay que ser un genio para mezclar algo tan dramático como es la enfermedad del cáncer con la relación cómica entre los protagonistas. A mi mente llega lo que podría haber dado de si esta historia de manos de Billy Wilder con Lemmon y Matthau, sin embargo Reiner dista mucho de ser el gran Wilder buscando la lagrimilla en el tramo final, y no podemos decir que el guión sea el culmen de la originalidad (sin ir muy lejos recuerda a “Mi vida sin mí”). Los actores son los únicos que convierten este telefilm de sobremesa, incrementado mediante esas cutres vistas panorámicas de Egipto creadas por ordenador, en una película amena con buenas intenciones.
Y es que ver juntos a Morgan Freeman y Jack Nicholson en una mano a mano en donde cada uno muestra su buen hacer es de agradecer, aunque ya nos hubiera gustado verlos en otro tipo de producto más. Si bien Freeman vuelve a dar vida al hombre tranquilo y bonachón que de costumbre, sin olvidar su potente voz en off como narrador, Nicholson controla su histrionismo pero sin dejar de lado ese personaje tan malhumorado que siempre le ha caracterizado para al final conseguir que tengamos simpatía por su personaje.

En resumidas cuentas, una película amable, con buenas intenciones cuyo mayor atractivo es la pareja protagonista.

Lo Mejor: El mano a mano entre Freeman y Nicholson.

Lo Peor: Aún estando plagada de buenos sentimientos no pasará a los anales de la historia.

There Will Be Blood, de Paul Thomas Anderson

Febrero 20, 2008

there_will_be_blood_ver4.jpgAutor de obras tan dispares y fascinantes como son “Boogie Nights”, “Magnolia” y “Punch Drunk Love”, Paul Thomas Anderson regresa a las pantallas con la esperada “There Will Be Blood” en la cual narra una historia sobre codicia a través de un magnate del petróleo.

La codicia se presenta en el film desde dos bandos diferentes pero con iguales objetivos.
Por un lado, de mano del petrolero, previamente minero, Daniel Plainview quien sabe ganarse a la gente y manipularla a través de sus ensayadas charlas en las que eleva los valores familiares por encima de todo, y con esto conseguir que les cedan sus tierras y poder sacar de ellas todo liquido negro que fluya. Plainview es el perfecto empresario, que sabe como captar la atención de la gente y conseguir de ella o que se proponga, aunque sea mediante medios tan ruines como es utilizar a su hijo H.W. No piensa en el bien ajeno en ningún momento sino en las riquezas que sacará con la adquisición de las tierras. Es un ser avaricioso, envidioso, que no quiere compartir nada con nadie, y que odia a todo aquel que posea más que él.

Por otro lado tenemos al joven pastor Eli Sunday. Perteneciente a una familia a la que Plainview ha comprado sus tierras, el joven creyente pactará con el petrolero que este le pague cinco mil dólares para su iglesia, el Tercer Amanecer, cantidad que el empresario eludirá de pagar.
El pastor no se diferencia mucho de Daniel. Igual que él sabe captar la atención de sus fieles a través de pintorescos y variopintos sermones donde les convencerá, incluso, de expulsar al mismísimo Satán delante de ellos. Sin embargo el joven Sunday busca crecer a base de poder, el cual solo puede conseguir por medio del dinero que da el petróleo que se ha encontrado en su región y del que Daniel se ha convertido en propietario. Así pues Eli luchará por todos los medios para unirse con Playmouth y así sacar beneficios que le faciliten su ascenso.

He aquí el breve análisis, muy superficial, sobre la película. Ahora bien si hay que verla es por dos razones.
La primera por la excelente dirección de Anderson en las dos primeras horas de película en donde el hombre se forja unas secuencias cargadas de fuerza, intensidad, emoción, tales que nos absorben y nos transportan a ese mundo desértico de finales del XIX y primeros del XX. El director cambia con respecto a sus anteriores obras donde primaba la agilidad de los elegantes y vertiginosos movimientos para pasar a una planificación más austera, clásica, en donde se dan cita hermosos planos generales del paisaje con otros más centrados en los personajes, o mejor dicho el personaje, Daniel Plainview, que nos ayudan a entender su fascinante y aterradora psicología.
Entre los mejores momentos destaquemos por encima de todo los primeros quince minutos en que se nos describe como Plainview pasó de ser un simple minero a un gran magnate. Tan solo hay una brevísima línea de dialogo en ese transcurso de tiempo en que las imágenes bien montadas y enlazadas hablan por sí mismas. Un prodigio de dirección y narración que encandila. Otro momento destacable seria el del accidente en la torre petrolifica, en donde la maravillosa fotografía de Robert Elswith hace gala enmarcando las siluetas de los personajes en un interminable fuego ascendente y donde de nuevo el buen pulso narrativo de Anderson hace gala.

La otra razón por la que hay que verla es por contemplar otro recital interpretativo de Daniel Day-Lewis, el cual vuelve a la gran pantalla para dar vida al codicioso y ruin Daniel Plainview. El actor llena la pantalla con su presencia y compone un personaje memorable como el petrolero a base de un excelente ejercicio a través del cuerpo, como también nos hace entrever sus oscuros pensamientos por medio de sus penetrantes ojos.

Podría decir que estoy ante la mejor película del año, pero para mi desilusión no ha sido así. Y el motivo se encuentra en los forzados y fuera de lugar veinte minutos finales, en donde tanto el director como Day-Lewis parecen querer divertirse. En el caso de Anderson tiene pase la cosa en cuanto a planificación, pero no en cuanto a contenido, pues el final bien podría haberse mostrado de otra forma más elegante y con más ahorro de minutos. Por el lado de Day-Lewis es que pasa de ser un ser contenido pero odioso a convertirse en un viejo gritón excéntrico al que se le va bastante la cabeza, rompiendo así lo que podría haber sido la interpretación de su vida, la cual en algunos tramos recuerda a la de su Bill el Carnicero que hiciera para un admirado de Anderson como es Scorsese.

Aún así no tengo más que recomendar la película, a la cual considero notable por culpa de lo anteriormente comentado. Una intensa historia sobre codicia bien realizada y con momentos del mejor cine.

Lo Mejor: La dirección de Anderson y la interpretación de Day-Lewis.

Lo Peor: Los veinte minutos finales me parecen un lastre.