Archivos de la categoría ‘Drama’

Los Fabulosos Baker Boys, de Steve Kloves

14 junio, 2013

BakerBoysAdemás de películas capitales dentro del cine juvenil con espíritu de gran aventura, en la década de los 80 podemos encontrarnos productos protagonizados por actores de primera fila (que formarían lo que sería el star system de los 90) más encuadrados en el drama ligero o la comedia con mensaje (y bien hecha). De entre esas películas, y perteneciente a finales de los 80, con los 90 a punto de ver a luz, encontramos “Los Fabulosos Baker Boys”.

Frank y Jack Baker son dos hermanos pianistas que tocan en bares y clubs nocturnos. Tras comprobar cómo el público apenas repara en ellos y los gerentes les cancelan actuaciones, deciden contratar a una voz femenina como acompañamiento. Es así como aparece en sus vidas Susie Diamond.

“Los Fabuloso Baker Boys”, como sucediera con muchas otras cintas de su tiempo, esconde tras una fachada de película amable un retrato triste de unos personajes y un mundo idealizado por muchos, la vida del músico. Por lo general se piensa que la vida del músico, y del artista en general, debe ser grandiosa, estupenda, llena de infinidad de anécdotas y aventuras entre camerinos y escenarios, pero nada más lejos de la realidad. El cielo lo tocan una escasa minoría, dejando en el abismo a los que cada día van rozando el suelo y luchan por que no les tumben del todo, porque siguen teniendo un sueño, porque les gusta lo que hacen, porque han nacido para ello. Así tenemos a los hermanos Baker, antiguos jovenzuelos ganadores de concursos de música, talentosos a las teclas de un piano pero cuya existencia depende de la afluencia de gente en los garitos que tocan. Frank es el responsable, el hombre de familia, la cabeza pensante del dúo, el que lleva los negocios y mueve todo el tinglado por tal de conseguir actuaciones, mientras Jack es el talento innato, el genio tras el piano, pero también el seductor, según él lleva una gran vida ligando chicas (con las que no pasa más de una noche) y gastando el dinero que gana, ocultando su verdadera frustración y miseria. Claro que, como toda pareja de hermanos, se soportan, y se quieren, eludiendo discutir de sus divergencias, hasta que aparece la chica. Susie Diamond tiene ángel, deslumbra a todo aquel que la observa cantar, parece un cisne delicado delante de todo el plantel para descubrirse como otra superviviente de la vida que busca el techo que más la cobije. Con ella en el grupo aflorarán las rencillas y las discusiones, aunque también vivirán su máxima gloria al ser contratados para tocar en un hotel de lujo para clientes de alto standing. En definitiva, es un trío que debía cruzarse en la vida, aunque sólo fuera para darse abrigo por un tiempo.

Hoy día su nombre parece estar asociado a la Saga Harry Potter, pues fue el encargado de escribir las adaptaciones de los libros al cine, pero Steve Kloves esconde entre su curriculum cintas como la presente, la cual representa además su debut en la dirección tras haber escrito el guion de “Adiós a la Inocencia”. Kloves vuelca todo el peso en los actores, auténticas almas de la cinta, narrando la historia de manera eficaz, sin detenerse en ningún detalle minúsculo que pueda entorpecer al ritmo, lo cual es una de las virtudes de la mayoría de cintas contemporáneas a la presente, sabían aportar información y desarrollar la historia con un ahorro de detalles que hoy día sería un lujo poder ver en cualquier producción hollywoodiense. Todo es directo, y aunque el ritmo pueda resultar lento no se trata de ninguna manera de una película “lenta” (son conceptos diferentes). Además la cinta posee un tono amargo, melancólico, triste, lo cual queda subrayado con frases y confrontaciones entre los personajes muy bien realizadas, y por un final que aporta veracidad. Todo, tarde o temprano, acaba, lo cual no quiere decir que los personajes dejen de seguir caminando por la vida.
Tras la cámara, Kloves se muestra muy sobrio, claro que consiguió regalarnos una de las secuencias más memorables de la Historia del cine, capaz de crear escuela dentro del cine romántico y ser homenajeada/plagiada en más de una ocasión: la Pfeiffer cantando sobre el piano. La cámara sigue en todo momento los movimientos de una arrebatadora Michelle Pfeiffer, guapísima vestida con su vestido rojo, transmitiendo mucha sensualidad de manera elegante. Un auténtico regalo para la vista.
A nivel técnico la cinta cumple, y su buen nivel interpretativo y de guion hace que se le perdonan fallos de raccord o infiltraciones fugaces de miembros del equipo en algún plano.

Otra de las grandes virtudes de la cinta es contar con un trío protagonista lleno de carisma y grandes dotes interpretativas con las cuales conseguir transmitir humanidad y verdad, y es que no hay momento en el film que no resulte auténtico. Jeff y Beau Bridges dan vida a los hermanos Baker, lo cual puede parecer sencillo para ellos debido a que son hermanos en la vida real. Jeff vuelve a encandilar con su carisma y atractivo como Jack, al que le aporta ese toque de tortura interna que años después le reportaría el Oscar con “Corazón Rebelde”, mientras Beau resulta de lo más simpático y bondadoso, aunque a la hora de tratar negocios es tan serio y formal como el que más. Junto a ellos tenemos a la gran Michelle Pfeiffer, capaz de iluminar la cueva más oscura nada más entrar en ella. Su Susie resulta algo torpe y oportunista en su día a día, pero desprende dulzura, fuerza y energía en cada actuación.

“Los Fabulosos Baker Boys” logró diversos premios y cuatro candidaturas a los Oscars, entre los que se encontraba el de Mejor Actriz para Pfeiffer, la cual no ganó a favor de Jessica Tandy, siendo una de las decisiones más cuestionables en la Historia de los premios ya que la Pfeiffer había ganado casi todos los premios interpretativos del año allanándole el camino a la dorada estatuilla que aún hoy se le sigue resistiendo.
Posee tristeza sin llegar a ser un drama, diversión sin ser una comedia y canciones sin ser un musical, sencillamente es un pequeño fragmento de la vida de unos personajes tan humanos como cualquiera.

Lo Mejor: Los actores. Su honestidad y sinceridad.

Lo Peor: ¿Por qué hoy es tan difícil lograr cintas así?

El Gran Gatsby, de Baz Luhrmann

22 mayo, 2013

great_gatsby_ver17Poca esperanza existía en torno al resultado que pudiera ofrecer la nueva adaptación de la famosa novela de F. Scott Fitzgerald, una de las cimas literarias norteamericanas del S. XX. Y es que el anuncio a mediados del pasado 2012 del cambio de fecha del estreno daba idea de la inseguridad que tenía Warner sobre la misma, cosa sorprendente ya que era una de las que se barajaban para los Oscars, aunque, según justificaron después, era un riesgo que DiCaprio estrenara dos películas simultáneamente y decidieron colocarla en Mayo, justo al comienzo de la temporada veraniega.

Nick Carraway es un joven con aspiraciones a escritor se muda a pasar el verano a Nueva York, en donde vive su prima Daisy con su esposo Tom Buchanan. Junto a su residencia vive un misterioso hombre que organiza fiestas en su inmensa mansión y que responde al nombre de Gatsby. Inesperadamente, Nick recibe una invitación para asistir a uno de esos estruendosos eventos de parte del mismísimo Gatsby, con quien entablará amistad y descubrirá el secreto que esconde tras su riqueza.

La obra de Fitzgerald ofrece una desmitificadora imagen del sueño americano, y más en concreto de los famosos años 20, cuando Estados Unidos vivió una fiesta sin freno gracias a su proliferación económica. No parecía existir mañana para todos aquellos que gastaban el dinero que llenaba sobradamente sus bolsillos gracias a la revolución industrial y el auge inmobiliario, ni para los que, a pesar de la Ley Seca, vivían de fiesta en fiesta, descorchando el champán, ingiriendo alcohol, bailando hasta que los pies casi se les rompieran. Era el desfase en su máximo expresión, un periodo en que la felicidad se medía en la cantidad de dinero que se poseía. Siempre se quería más, y más, y más, nada era imposible, y menos desde que un edificio había llegado a rozar el cielo. Y sin embargo, tras esa alegría, ese poder, se escondía la infelicidad de seres que se sienten solos, incompletos, incapaces de llenar ese hueco que les impedía sonreír de verdad.
“El Gran Gatsby” crítica la clase acomodada sin reparos. La hipocresía, los juicios hacia cualquier persona recién conocida y hacía los nuevos ricos, las máscaras que ocultan infidelidades aparecen a lo largo de un relato que tiene en su misterioso protagonista la personificación del idealismo, el amor y la melancolía. Jay Gatsby es el Sueño Americano sin fisuras, con un marcado idealismo y una pizca de inocencia, se ha formado a sí mismo y ha luchado contra todo lo que se ha puesto por delante hasta lograr lo que todo el mundo ansía, aunque para él no sea más que un medio para llegar a lograr lo que le empuja a seguir rodando, la persona a la que entregó su corazón, Daisy.
Se aporta así, a través del personaje, una visión romántica del mundo destruido por el paso del tiempo y por un pasado que cuesta que regrese.

No diré que la película no adapta fidedignamente el texto de Fitzgerald, ya que no es así, a pesar de prescindir de personajes (o hacerlos más secundarios) o de ofrecer una más protagonismo al narrador Nick, la película narra los hechos tal y cómo suceden en la novela. El problema del film radica en lo que personalmente ya me temía, Baz Luhrmann sigue adorando los excesos visuales, llegando a asfixiar con ellos una historia que no los necesitaba, o al menos, no en la medida en que se usan.
El director australiano sigue fiel a sí mismo regalándonos otra de sus películas personales, y es que, nos guste o no, Luhrmann es un autor, y su cine está caracterizado por música estridente y anacrónica con respecto a la historia, veloces movimientos de cámara y un montaje frenético al más puro estilo videoclip. Además su tema no cambia, una historia de amor que comienza como si de una comedia se tratase y acaba en la más triste de las tragedias (con excepciones, claro). Dicho desarrollo me funcionó como espectador en “Moulin Rouge!” y me horrorizó en “Australia”, así que ahora no me sorprende que siga por el mismo camino, aunque sí que mientras viera el film tuviera destellos de “Moulin Rouge!”, y es que aquí el director casi logra que olvide de que esto viendo “El Gran Gatsby” y piense que esto es la segunda parte del musical, sustituyendo a McGregor por McGuire (el narrador torturado) y a Kidman por DiCaprio (la persona amada/admirada).

GatsbyDiCaprio

A pesar de no gustarme sus manierismos narrativos, creo que a Luhrmann le gusta el buen cine, el clásico, siempre ha dejado huella de ello, por ejemplo en “Australia” usaba “El Mago de Oz” y su “Over the Rainbow” casi como leit motiv, y sus títulos de crédito son muy elegantes, por no citar el uso dela fotografía en sus películas, rememorando el gran technicolor, aunque en ocasiones resulte pasteloso y sobrecargante, como en la presente. Así pues, Luhrmann, criado entre grandes títulos musicales de MGM y Warner, entiende el cine como un gran espectáculo cercano a una fiesta de luz y color, tal vez sea por esa razón por la que cualquier historia, por muy íntima que sea, las adorna con mil y un trucos que dejen boquiabierto al espectador, ya sea para bien o para mal.

En “El Gran Gatsby” no me gustó que de nuevo se decantara por un estilo excesivamente cómico para la presentación de Nick al llegar a Nueva York, ni que se excediera en la representación de las fiestas, aunque, a medida que va progresando hacia el drama clásico una vez entra Gatsby en escena, mejora y llega a transmitir el alma de la novela.
Si me tuviera que quedar con una secuencia tengo claro que sería la confrontación entre Gatsby y Buchanan en la habitación de Nueva York. Me pareció todo un logro por parte de Luhrmann conseguir transmitir el ambiente tan cargado, ya no sólo por el insoportable calor, ni por los aparatos de aire acondicionado o el picahielos, sino por los personajes, que saben que de un momento a otro todo va a explotar.

La Banda Sonora, a pesar de prescindir del jazz característico de la época y que tan presente estaba en la obra de Fitzgerald (a excepción de la presentación del personaje por medio del Raphsody in Blue), posee una selección de canciones soberbia aunque no me convencieron del todo insertadas en el film.
Los efectos especiales no están todo lo cuidados que debieran, aunque también es cierto que al director le gusta dejar marcado qué es real y qué fabricado por ordenador, como si estuviésemos en un teatro o en la época dorada de las películas.
Luhrmann vuelve a encontrarse con Leonardo DiCaprio para realizar este proyecto tan personal para ambos tras “Romeo+Julieta”. Ya tenemos claro que DiCaprio es muy buen actor y que de unos años a esta parte se ha forjado una carrera impecable, cosa que parece no ensuciará con la presente, aunque si está más bajo de lo que nos tiene acostumbrados. Su interpretación como Gatsby me resultó perfecta en los momentos dramáticos, aunque un tanto forzada cuando se tratan de escenas más alegres o incomodas (cuando espera a Daisy en casa de Nick, por ejemplo). Aun así me convence como el personaje. Su amigo Tobey McGuire sigue dando vida a personajes bondadosos y algo tímidos como es el caso de Nick, el joven que se ve engullido por lo que la gran ciudad le ofrece. McGuire me resultó muy justo y prescindible en más de una escena. Carey Mulligan está correcta como Daisy, la delicada flor que robó el corazón de Gatsby. Mulligan es muy buena actriz, pero, al igual que McGuire, no consigue convencerme del todo, sólo en su escena en el hotel conseguí vislumbrar algo del personaje descrito por Fitzgerald. Joel Edgerton me resulta perfecto como Tom, el millonario esposo de Daisy que tiene un affair con la esposa del dueño de la gasolinera. Edgerton consigue dotar de humanidad al personaje que se catalogaría fácilmente como “el malo”, cuando en realidad no es más que otro infeliz. El mejor del reparto para mí. Tanto Elizabeth Debicki como Isla Fisher y Jason Clarke me resultan desaprovechados, sus personajes tiene más peso y relación con los protagonistas, cosa que aquí se ha reducido.

La película ha sido la encargada de inaugurar el Festival de Cannes 2013 con un recibimiento más bien tibio por parte de la crítica.
En definitiva Luhrmann consigue una atrevida y artificiosa mirada a un clásico. The show must go on.

Lo Mejor: Joel Edgerton. La calurosa secuencia en la habitación del hotel.

Lo Peor: Los excesos de Luhrmann.

Silver Linings Playbook, de David O. Russell

25 enero, 2013

SilverLiningsPosterPat Jr. es un profesor que acaba de salir después de ocho meses del hospital psiquiátrico en que internó por golpear al amante de su esposa tras encontrarlos en la ducha. Pat, que sufre un trastorno de bipolaridad, es incapaz de olvidar a su esposa, a la cual aspira a recuperar de cualquier manera. Será entonces cuando aparezca en su vida Tiffany, otra joven con crisis emocionales.

No debemos dejarnos llevar por las apariencias, la nueva película del director de David O. Russell es, como ya le sucediera a su anterior film (la sobrevalorada “The Fighter”), similar a cualquier telefilm de sobremesa, un drama con tintes familiares e historia de amor como medida de superación personal. Claro que a algo le deberá su éxito en los premios y festivales anuales, al menos eso me cuestionaba cuando el film llevaba escasos quince minutos en que apenas ofrecía que no se haya visto, salvo por el ritmo acelerado y la calidad interpretativa de los actores. Y entonces sucede, aparece un catalizador provocando una reacción inflamable similar a la que causaba Kim Basinger en “Cita a Ciegas”. Al fuego se le combate con fuego, y a Pat Jr. y sus continuos ataques de desequilibrio emocional le debe dar replica y hacer frente alguien tan inestable como él, o más, y ahí aparece Tiffany, la joven recién enviudada que ha sembrado la mala fama de acostarse con todo hombre que se le cruce por delante. Dos trenes acaban de colisionar, dos personajes que sufren las heridas de una pérdida y tratan de salir adelante con sus repentinos cambios de humor a cuestas. Tiffany es la dinamita que hace explotar la historia y convertirla en algo que merece la pena.

La película consigue narrar con desenfado una historia triste que habla de seres perdidos a los que la sociedad no comprende. Pat y Tiffany poseen el don de decir todo lo que piensan sin importar qué dirán, aunque en el caso de él trate de controlarlo para reconquistar a su esposa. En este mundo de locos que vivimos, pero que parece no querer aceptarse, encontramos personas como nuestros protagonistas que se encuentran y viven su particular historia en la que aprenden a pasar página para acabar por aceptarse a sí mismos y ser más felices.

David O. Russell narra con un ritmo vertiginoso la historia, algo que se agradece y la dota de ese aroma agradable. Aunque particularmente no disfruto con su estilo excesivamente libre con la cámara hay que reconocerle saber aprovechar los elementos con los que cuenta, desde un guion escrito por él mismo que adapta la novela de Matthew Quick mediante unos diálogos rápidos, director y certeros hasta unos actores estupendos, desde Bradley Cooper hasta, sorpresa, Chris Tucker. Cooper entró en el proyecto tras la salida de Mark Wahlberg para hacerse cargo del protagonista Pat, y he de decir que es la mejor interpretación que le he visto. Me lo creo en todo momento como ese hombre ansioso, torturado, con cambios de humor marcados y que despierta una extraña simpatía hacía su persona (será la honestidad con que dice las cosas). A día de hoy, su mejor papel. A su lado tenemos a la bomba del film, una Jennifer Lawrence que sigue demostrando su capacidad interpretativa con el rol de Tiffany, la verdadera protagonista, la que hace que el invento funcione. Sale en pantalla y ya todo ha merecido la pena, esta actriz es todo un portento. Da gusto poder disfrutar de un Robert De Niro que posee momentos emotivos y divertidos dando vida a Pat Sr., el hombre que muestra una obsesión supersticiosa y enfermiza (todos los personajes tienen una pizca de locura) con el futbol. Aunque parezca que Jacki Weaver tiene un rol secundario como la madre de Pa Jr. hay que decir que es el pegamento emocional que pone orden en el desequilibrado hogar donde viven, logrando un personaje al que se le coge cariño de inmediato. Chris Tucker es Danny, compañero del Hospital de Pat, experto en “quedar” libre. John Ortiz y Jula Stiles forman el matrimonio “idílico” formado por Ronnie y Veronica, amigo y compañero de juergas deportivas de Pat y hermana de Tiffany respectivamente, causantes de que los protagonistas se conozcan.

“Silver Linings Playbook” (“El Lado Bueno de las Cosas” en nuestro País) es otra agradable película que me ha hecho querer ser mejor persona y superar problemas una vez acaba su visionado. No es la Mejor Película del año, y puede que no sea recordada en los libros de Historia del Cine, pero cintas así vienen bien y demuestran que igual valor posee un aceptable cinco, con sus virtudes y defectos, como un rotundo diez

Lo Mejor: El reparto, con Lawrence en cabeza. El ritmo.

Lo Peor: No es tanto como pregonan, lo cual no tiene nada de malo.

Lincoln, de Steven Spielberg

15 enero, 2013

lincolnPosterMuchos años han pasado desde que Steven Spielberg declarara su intención de realizar un film sobre el decimosexto Presidente Norteamericano, Abraham Lincoln. A principio de 2000 se especuló que Tom Hanks se encargaría de dar vida al conocido líder del pueblo norteamericano que fue asesinado en el Teatro Ford el 15 de Abril de 1985, para posteriormente confirmarse que sería otro actor que ya había trabajado con Spielberg, Liam Neeson, quien se haría cargo del papel. El proyecto parecía no ver la luz y en Junio de 2010 Neeson se apeó del mismo, cuando el guion firmado finalmente por Tony Kurshner (en sustitución del inicialmente previsto John Logan) basado en el libro “Team of Rivals” estaba listo. En Noviembre de 2010 Spielberg anunció quién sería el actor elegido para tan importante rol, el irlandés Daniel Day-Lewis, algo que sumaba considerablemente el interés sobre el film.
La fecha escogida para el estreno (en Estados Unidos) fue el 7 de Noviembre, justo después de celebrarse las elecciones norteamericanas.

La cinta se centra en los últimos meses de vida del Presidente Lincoln, cuando la Guerra Civil Americana vivía su cuarto año y la Cámara de los Comunes estaba a punto de votar la Decimotercera Enmienda, por la cual se aboliría la esclavitud al reconocer a todas las personas iguales ante la ley.

Al contrario de lo que pudiera parecer la película no relata la vida de Abraham Lincoln sino cómo éste consiguió sacar adelante su proyecto de ley por el cual conseguir poner fin a la esclavitud a la que estaban sometidos las personas de color en los estados del Sur. Así la película se desarrolla como un drama histórico que avanza por medio de conversaciones en donde se citan repetidamente conceptos y referencias de ámbito político, pero que lanza un mensaje humanista que encauza con el cine característico de su director. Y es que “Lincoln” posee detalles en común con “El Color Púrpura” o “Amistad”, en que se aboga por los derechos humanos y se vuelve a poner de manifiesto cómo para conseguir un buen fin se deben hacer sacrificios, por duros y desagradables que sean. Para ello el film gira en torno a Lincoln y su obsesión por que se vote a favor de la Decimotercera Enmienda, y lo hace humanizándolo, representándolo como un ser humano que posee un don para la oratoria pero que también tiene miedos y dudas, sabiendo que no todas las decisiones que tome serán las acertadas, de hecho para conseguir su triunfo no dudará en comprar votos a favor y en alargar la Guerra que está sacudiendo su Nación.
A pesar de desarrollarse en medio de una contienda bélica la cinta carece por completo de secuencias de acción, de hecho la única batalla aparece en la apertura del film, funcionando para situarnos temporalmente. Aquí los soldados son sustituidos por políticos, las armas por documentos, las banderas por ideologías y los campos de batalla por despachos y gabinetes, lugar en donde de verdad se deciden las contiendas, con un grupo de hombre discutiendo sobre lo que se debe o no se debe hacer.

LincolnLeeJones

Se nota cuando se tiene pasión por un proyecto, y, de la misma manera que Abraham Lincoln luchó por sacar adelante la enmienda que pusiera fin a la esclavitud, Steven Spielberg ha luchado por realizar su film sobre el famoso Presidente cuya estatua preside la National Mall de Washington, consiguiendo un resultado de gran nivel. Después de decepcionar (más para unos que para otros) con la “impuesta” cuarta entrega de Indy, de divertirse con la infografía en la estupenda “Tintín y el Secreto del Unicornio” y de realizar la irregular “War Horse”, el Rey Midas vuelve con una obra mayor, en donde demuestra, una vez más, su genio cinematográfico. “Lincoln” es una película visualmente impecable, con una belleza en sus imágenes innegable, en la cual sorprendentemente, y muy a favor de la misma, el director se muestra más comedido y teatral que nunca, casi invisible, situando la cámara en el lugar que le corresponde, consiguiendo encuadres preciosos y elegantes que ayuden y refuercen a la narración. No hay mejor ejemplo de esto que la primera secuencia del film en que se nos presenta el Presidente, escuchando el relato de dos soldados de color que han sobrevivido a la batalla con la que se abre el film y mostrándose como un hombre que busca la cercanía y la comprensión, sin necesidad de que lo halaguen ni ensalcen. Sólo por esa breve secuencia la película merece la pena, claro que hay mucho más, como todas las secuencias protagonizadas por Lincoln (cada una vale su peso en oro) o las dos grandes intervenciones de Thaddeus Stevens (inconmensurable Tommy Lee Jones), en especial su última secuencia, una verdadera preciosidad. Resulta, además, muy interesante e inteligente la forma en que Spielberg decide narrar el destino del Presidente, de manera que consiga tomar por sorpresa al espectador de la misma forma que cogió por sorpresa a los ciudadanos.

Nos encontremos con la cinta más seria e impostada del director desde “Munich” (no en vano comparte guionista) pero ello no impide que encontremos momentos y situaciones muy suyos, como por ejemplo cuando el trío contratado por el Presidente intenta comprar votos (divertida, en especial cuando el personaje de James Spader se da prisa para que no lo maten) o el momento de la votación, que posee un toque de emoción muy característico de este tipo de producciones y una resolución bastante previsible. Salvo esas leves pinceladas la cinta mantiene el tono sin cortarse en mostrar las secuelas de la Guerra al final, cuando Lincoln avanza a caballo por los campos.

LINCOLN

El guion firmado por Tony Kushner es muy bueno al desarrollar la estrategia política que ejecutó Lincoln con ayuda de unos pocos hombres. Aunque no narre la vida del personaje si lanza algunos detalles de su vida, como la infelicidad en su matrimonio (Mary Todd Lincoln es representada como una mujer con cierto desequilibrio emocional debido a un acontecimiento pasado).
Es cierto que el tema que trata puede impedir la conexión emocional en el espectador, o que muchos espectadores acaben algo cansados o desinteresados sobre lo que se cuenta, ahora bien no veo que la película posea características para que se le tache (como he llegado a leer) de americanada. Si, está protagonizada por un Presidente Norteamericano, se desarrolla en un periodo muy conocido de la Historia Norteamericana y está realizada por, posiblemente, el director norteamericano más famoso. Pero, por esa regla de tres, bien podríamos catalogar muchas otras películas de “Inglesadas”, “francesadas”, “alemanadas” o, ¿por qué no?, “españoladas”. Personalmente considero “americanada” a toda aquella película que no sólo ensalce al pueblo norteamericano sino aquellas que ponga a los yanquis como únicos posibles salvadores (y salvados) del mundo, como por ejemplo cualquier película de Roland Emmerich (director alemán al que le caen muy bien los norteamericano vista su filmografía, aunque siempre se cargue sus emblemáticas ciudades) o Michael Bay. “Lincoln” no entra dentro de ese cajón, es una historia que habla sobre un hecho histórico muy importante que no ensalza a los Estados Unidos por encima de ninguna otra nación, de hecho en la cinta encontramos una reflexión, con toques shakesperaianos, sobre el ser humano y se cierra con una secuencia (algo caprichosa y, posiblemente, sobrante) en donde se abraza a todas las naciones. De hecho más que una película política la veo como una película idealista que posee eco actual, y es que gracias a la semilla que plantaron Lincoln y sus seguidores fue posible la lucha de Luther King a favor de los derechos civiles y hoy día podemos ver sentado en el despacho oval de la Casa Blanca a Barack Obama. Estamos, en definitiva, ante una historia universal que defiende la igualdad entre todos los seres humanos.

La dirección de Spileberg no sería lo mismo sin estar brillantemente apoyada por sus colaboradores habituales. La fotografía de Janusz Kaminski es una maravilla, consiguiendo la sensación de estar viendo viejos cuadros en movimiento, con un tratamiento de la luz excepcional.
Al contrario de lo que sucedía en la anterior película de Spielberg la notable música del gran John Williams aparece en momentos muy puntuales, funcionando, como de costumbre, como perfecto acompañamiento.

LincolnShadows

Parece que ésta es la película del director con mejores interpretaciones vista la gran cantidad de premios y reconocimientos que están recibiendo los mismos, pero la verdad es que Steven Spileberg es muy buen director de actores, como ya se ha visto en sus anteriores películas, y aquí sigue demostrándolo mediante una selección de intérpretes de primer orden. David Strathairn es el senador William Seward, mano derecha del Presidente; Jared Harris el Jefe del Ejército de la Unión Ulisses S. Grant; Joseph Gordon-Levitt da vida al hijo de Abraham Lincoln, Robert, quien insiste en alistarse para la Union; James Spader, John Hawkes y Tim Blake Nelson funcionan como alivio cómico como el trío Bilbo, Latham y Schell; Hal Holbrook es Preston Blair, político que funciona como pieza clave en los planes del Presidente; Jackie Earl Haley es el delegado Alexander Stephens. Todos están muy bien en sus respectivos roles, pero hay tres que destacan sobre el resto. Sally Field entró al proyecto desde primer momento para dar vida a Mary Todd Lincoln, a la cual personifica como una mujer que sufre grandes dolores de cabeza debido a los premonitorios sueños de su esposo y a la sombra del pasado que le arrebató a su hijo. Tommy Lee Jones vuelve a hacer gala de su vena algo huraña, pero muy cargada de humanidad y calidez, bordando su rol del abolicionista Thaddeus Stevens. Y frente a todos ellos, llenando cada escena, demostrando, una vez más, de qué va esto de la interpretación, nos encontramos con el gran Daniel Day-Lewis, el cual vuelve a desaparecer tras el personaje que le ha tocado interpretar, el Presidente Abraham Lincoln, consiguiendo que creamos que estemos viendo en todo momento al viejo Presidente, como si éste hubiera resucitado. El trabajo del irlandés es digno de todo elogio posible haciendo del personaje alguien cercano, cálido, con sentido del humor, un líder que infunde respeto mediante la comprensión, la tolerancia y la calma. Otra gran interpretación para su soberbia carrera.

La película se está convirtiendo, inesperadamente, en el mayor éxito de Spileberg en taquilla en años (si exceptuamos la última de Inidiana Jones) y ha recibido grandes parabienes de la crítica. Y es que a pesar de su apariencia “Lincoln” esconde un discurso conciliador y humanitario que no debería pasar desapercibido. Otra gran película de su director.

Lo Mejor: Demuestra, de nuevo, la maestría de Spileberg y Day-Lewis. El reparto. Visualmente es una preciosidad.

Lo Peor: Tanta terminología política puede impedir la conexión emocional del espectador. La secuencia que funciona como epílogo me resulta caprichosa.

The Master, de Paul Thomas Anderson

10 enero, 2013

MasterPosterPaul Thomas Anderson es una de las voces más personales del cine norteamericano contemporáneo. Sus películas no hablan de un sólo tema sino que abarcan diversas capas argumentales a través de sus protagonistas, verdaderos motores de sus historias. Ahora, tras cinco años de ausencia regresa con otra intensa película que le ha costado sacar adelante.

Freddie Quell es un soldado de la Marina que concluye su servicio y debe reintegrarse laboralmente en la sociedad. Sus problemas con el alcohol parecen impedirle llevar un camino recto, hasta que tropieza con Lancaster Dodd, líder del movimiento conocido como La Causa.

Desde que se dio a conocer el argumento del film se ha promocionado a “The Master” como el film sobre el origen de la Cienciología, sin embargo afirmar que narra el nacimiento del movimiento creado por L. Ron Hubbard sería quedarse muy en la superficie. Y es que la película vuelve a hablar, como es habitual en el director, del individuo, el cual busca en todo momento una manera de huir de la omnipresente opresión en que se encuentra, y lo hace como si de una sesión psicológica se tratara, deteniéndose cuidadosamente en los personajes y su entorno.
Freddie es un rebelde sin causa, un soldado que parece tener un cierto desequilibrio mental causado por los traumas de la guerra y la incesante cantidad de alcohol que ingiere. No le importa nada, vaga por la vida perdido, mudándose de un sitio a otro. Es el tipo perfecto para ser atraído a un club o entorno social que busque crecer por medio de personas débiles (La Causa en el film) a las que abrazar dándoles el afecto anhelado. Freddie acepta unirse a La Causa, aunque, con el tiempo, el vacío y la sensación de opresión vuelven a apoderarse de él.
A su lado tenemos a Lancaster Dodd, el líder y maestro de los fieles que siguen sus creencias sobre la posibilidad de viajar en el tiempo y ver más allá del presente. Dodd se presenta como un hombre seguro de sí mismo, convencido de la doctrina que propaga, sin embargo, y al igual que Freddie, se siente encarcelado, oprimido. Y es que detrás del recto guía espiritual podemos descubrir a un ser amaestrado que llega albergar dudas y a sentirse insatisfecho en su cometido, aunque apenas lo demuestre.
Ambos personajes son dos caras de la misma moneda, claro que mientras Freddie se muestra inquieto en su búsqueda de libertad y contrario a aceptar las normas sociales comportandose como un ser indomable Lancaster ha aceptado su situación. No hay mejor ejemplo de esto que la secuencia en que están encarcelados. Mientras Freddie deja llevarse por sus irrefrenables impulsos psicóticos y lucha por liberarse Lancaster se encuentra calmado, a la espera, como si estar en una prisión para él fuera habitual. Finalmente ambos personajes se enzarzan en una pelea de gritos e insultos como si fueran dos perros rabiosos, poniendo de manifiesto la verdadera naturaleza animal del ser humano, la cual Lancaster y su séquito se empeñen en no aceptar dentro de su credo.

MasterAdams

El marcado carácter psicológico del film rememora especialmente las doctrinas y estudios de Freud. Las sesiones ejercidas por Dodd se llevan a cabo mediante un proceso de hipnosis y de la interpretación de los sueños, sobre lo cual se basó el trabajo del conocido médico austriaco. Claro que más allá de eso nos encontramos con el tema recurrente en todo estudio freudiano, el sexo, con el papel que ejerce la mujer para el hombre especialmente, y ahí entran los personajes de Peggy y Doris. Peggy es la esposa de Lancaster, una dulce y cálida madre de familia que tiene bien cogida la sartén por el mango en casa y que acaba descubriéndose como un personaje inquietante y manipulador, verdadera alma de La Causa, para la cual hará todo lo posible, incluido mantener a su amado maridito a raya de todas las maneras posibles.
El pobre Freddie, por su parte, demuestra tener un deseo sexual inabarcable, es parte de su rebeldía, ninguna mujer consigue satisfacerle del todo, y eso es parte de su mal. El pobre marinero se siente dolido, arrepentido, enfermo por culpa de una mujer a la que hizo daño, Doris. Dicha relación fue breve, intensa, le llegó al corazón. Era amor de verdad. Abandonado por ese sentimiento, Freddie sigue vagando por el mundo soñando con acostarse junto a esa mujer que un día tuvo y ya no le pertenece. Y es que, a la hora de elegir cárceles, ninguna mejor que el cuerpo de una mujer.

En el cine de Anderson encontramos una figura bastante recurrente, la del gurú o guía. En “Magnolía” era T.J.Mackey y sus clases de dominación sexual. En “There will be Blood” Eli Sunday y su espiritual Iglesia de la Iluminación. En “The Master” tenemos a Lancaster Dodd y su Causa. Al contrario de lo que habitualmente sucede, Anderson no utiliza dichos personajes como figura de apoyo sino que a través de ellos demuestra la insatisfacción personal, la cual intentan suplir con creencias a las que sumar a individuos que los apoyen y les hagan sentirse mejor. Macke, Sunday y Dodd saben ganarse a las masas por medio de su labia y sus ideologías, aunque éstas no sea más que una fachada para ocultar lo que en verdad tortura su alma.

MasterPhoenixSeymour

Paul Thomas Anderson continua el camino emprendido con “There will be Blood”, en la cual su estilo enérgico y acelerado fue sustituido por uno más moderado, en que el ritmo fuera más pausado pero sin perder la intensidad que lo caracteriza, con una fuerza visual acrecentada por un guion lleno de sustancia y unos actores en estado de gracia.
“The Master” posee, pues, una narración reposada en que el director vuelve a hacer gala de su maestría cinematográfica con largos travellings y planos secuencia (atención al que sigue a Freddie desde el muelle al interior del barco), aunque, en ésta ocasión, sustituye la grandeza de los paisajes de su anterior film por espacios más reducidos en donde sean los personajes los que lleven la voz cantante. Y es que Anderson se centra completamente en ellos, utilizando de manera brillante primeros planos que subrayen las sesiones psicológicas llevadas a cabo. De todas ellas quizás la más memorable y sobrecogedora sea la primera a la que es sometido Freddie, en donde aparece el nombre de Doris por vez primera, con una interpretación de Joaquin Phoenix que pone los pelos de punta.
De esta forma el director consigue alcanzar una madurez narrativa incuestionable, con planos llenos de belleza y en donde se refuerza la naturaleza de los personajes (contrapicado de Amy Adams dejando claro quién manda), la sensación de opresión y búsqueda de libertad, llegando a conseguir hipnotizarnos de la misma manera que logra Dodd con sus feligreses.

El guion me parece sensacional, tocando infinidad de temas que no dejan de tener actualidad. La Causa es un movimiento ideológico como otro cualquiera y la película pone de manifiesto cómo puede llegar a convertirse en un suplicio incluso para aquellos que la defienden. El sermón que suelta Lancaster sobre el dragón funciona como pequeño símil a la de los dos protagonistas.
A nivel técnico no se le puede poner pena alguna (en realidad, no se le puede poner pega a ningún apartado). La fotografía de Mihai Malaimare Jr. es sensacional captando el ambiente de los 50 (acojonante cuando Freddie trabaja en los almacenes y aparecen sus modelos) mientras que la Banda Sonora de Johnny Greenwood consigue aportar una atmosfera con personalidad que refuerce las sensaciones que transmite la película.

MasterPhoenix

Gracias a “The Master” podemos disfrutar de un duelo interpretativo como no veíamos desde hace años. Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman protagonizan conjuntamente secuencias para rememorar una y otra vez, con una riqueza de matices y reacciones dignas de todo halago. Phoenix parece no abandonar el camino de la autodestrucción con un personaje compungido, triste, alguien con el que cuesta simpatizar al principio. Seguramente la labor de Phoenix, con transformación física incluida (aparece excesivamente delgado y encorvado), lleve a mucha gente a catalogarlo como el mejor del film, pero enfrente tiene a otro monstruo de la interpretación como es Philip Seymour Hoffman, socio habitual de Thomas Anderson que llena la pantalla desde el primer instante que aparece. Frente a la irascibilidad de Phoenix tenemos una contenida interpretación por parte de Seymour Hoffman, el cual demuestra, una vez más, su estatus de camaleón aunque sólo lleve bigote. Por favor que Thomas Anderson siga contando con él para sus películas, para mi están consiguiendo llegar a la altura de lo que consiguieron Scorsese-De Niro. Junto a la pareja protagonista tenemos a la gran Amy Adams descubriéndose como una maquiavélica e inquisidora titiritera. Adams es otra de mis debilidades a la que poca pega puedo poner, salvo que si hubiera salido más en pantalla no me habría importado. Laura Dern aparece brevemente como una de las fieles de La Causa.

“The Master” es todo un reto para el espectador. Una película que posee clasicismo y modernidad a partes iguales y en donde volvemos a disfrutar de un duelo interpretativo de altura. Fascinante, atrevida, compleja e hipnótica.

Lo Mejor: Su poder de hipnosis. El duelo interpretativo de Phoenix y Seymour-Hoffman bajo la mirada de Adams.

Lo Peor: Un ligero alargamiento en el tramo final, poca cosa.

Amor, de Michael Haneke

22 diciembre, 2012

AmourPosterMichael Haneke posee el don de incomodar al espectador a través de sus historias y los personajes que las protagonizan, amén de su innegable capacidad cinematográfica para remarcar dicho malestar. En su última película el director alemán nos vuelve a golpear con un relato duro y triste cargado de lucidez sobre la vejez, la enfermedad, el compromiso y la muerte.

Un matrimonio que se encuentra en el otoño de su existencia vive plácidamente en su piso de Paris hasta que un día la señora sufre una parálisis y el marido decide cuidarla en casa.

Entre los votos que una pareja promete cumplir al pasar por el altar se encuentra el tan consabido “en lo bueno y en lo malo; en la salud y la enfermedad”, lo cual Haneke expone de manera honesta en la pantalla. El amor es uno de los sentimientos más bonitos del mundo, pero también de los que más daño hacen. No todo lo que conlleva la palabra es un camino de rosas. Amar acuña términos y valores tan fuertes como el respeto, la tolerancia, el perdón o el compromiso. Éste último es el que más se nota en el film, con el marido demostrando desde el primer momento en que la enfermedad, ese ladrón de bienestar, aparece inesperada y terriblemente. Es posible que la forma en que el marido decida llevar las riendas y cuidar de su esposa sea un tanto cuestionable, incluso por momentos cruel, pero para él no es sino la manera de mostrarle respeto y cumplir aquello que le hizo prometer.
Haneke, fiel a su elegante estilo mediante una planificación plagada de planos largos y travellings, hiere al espectador por medio de una verdad incuestionable: nuestro camino en este mundo tiene un final, y no va a ser agradable, ni para nosotros, simples mortales, ni para las personas que tenemos a nuestro alrededor y nos quieren. Durante todo el metraje el director va acrecentando una atmósfera atosigante (ayudada por el reducido espacio donde se desarrolla, el piso de la pareja) consiguiendo que nos encojamos más y más, clavándonos pequeños alfileres hasta, llegado un punto crucial, rasgarnos el alma.
A pesar del dolor que nos transmite la historia he de decir que sentí también mucha humanidad, ternura e, incluso, un rayo de esperanza en la conclusión de la misma, al menos yo quiero verlo asi.

Aunque posea sus rasgos característicos estoy de acuerdo con los que opinan que ésta es la película más accesible de las realizadas por el director, además de ser la, para mi gusto, más universal de su filmografía. Me sorprendió especialmente comprobar cómo, a pesar del tema que trata, Haneke aprovecha para introducir un leve toque de comedia mediante el uso de la música en un plano-contraplano.
Claro que si el film consigue calar hondo es gracias a la labor interpretativa de los protagonistas, Emmanuelle Riva y Jean-Louis Trintignant. Ella sobrecoge (en especial a aquellos que hayan vivido una situación similar) dando vida a Anne, la señora que sufre la enfermedad y va degenerándose poco a poco, mientras que él es Georges, el marido. Ambos no interpretan, sino que viven sus roles transmitiendo autenticidad en todo momento. A su lado nos encontramos con Issabelle Huppert como Eva, la hija del matrimonio, quien, siguiendo la tradición familiar, se ha dedicado a la música y no deja de viajar, sufriendo en la distancia la situación de su madre.

Ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes (en donde Haneke ha triunfado en seis ocasiones) “Amor” ahoga, remueve y nos llega como un puñetazo al estómago y la conciencia.

Lo Mejor: Trintignant y Riva. Su capacidad de conmocionar.

Lo Peor: No es apta para días nublados.

La Vida de Pi, de Ang Lee

10 diciembre, 2012

PiPosterEl joven Piscine Molitor Patel vive junto a su familia en la colonia francesa Pondicherri, en la India. Por el actual ambiente político que están viviendo su padre decide vender los animales del zoo que regenta en Canada, hacia donde deciden viajar abandonando su hogar. En el transcurso del viaje les embestirá un fuerte tormenta que hará que el joven quede naufrago compartiendo bote salvavidas con un tigre de véngala.

La novela escrita por Yann Martel (que no he leído) consiguió encandilar a una gran cantidad de lectores (incluido al Presidente Obama) y obtener prestigiosos premios literarios desde su publicación en 2001. Como siempre la industria cinematográfica posó sus ojos sobre la obra estudiando llevarla a la pantalla, algo arto complicado a primera vista. Finalmente la Fox adquirió los derechos y, tras varios directores barajados, se eligió al taiwanés Ang Lee, quien (seguramente presionado por la productora) optó por el uso del 3D para llevarla a cabo.

Hay un dicho que dice “La Fe mueve Montañas” que bien podríamos ligarlo a “La Vida de Pi”, pues posee un fuerte mensaje espiritual. Nuestro protagonista demuestra desde temprana edad sus inquietudes con respecto a la religión, aceptando diversas ideologías (desde el hinduismo hasta el Islam), de las cuales aprende y coge lo que más le completa y ayuda para afrontar la vida.
La historia lanza, de esta forma, un mensaje sobre la fe bastante claro, pero además nos encontramos con un viaje personal sobre el paso de la inocencia a la madurez en forma de fábula, en que el joven Pi demostrará cómo fue capaz de enfrentarse a sus miedos (representados por el tigre que lo acompaña) y formarse un carácter fuerte ligado a su inquebrantable espíritu de supervivencia y a su confianza en Dios.

Sorprende de entrada que una producción de este calibre esté dirigida por Ang Lee, director de polifacética carrera, capaz de hablarnos de una celebración de boda con secretos de por medio como de una historia ambientada en la época victoriana. A pesar del empaque del film Lee siempre ha sido un director al que le han interesando los personajes, logrando otorgar un gran grado de intimismo en sus historias, incluso cuando se trata de una producción Marvel. Su última película no se aleja de este camino ya que a pesar de contar con un despliegue técnico de primera categoría su mayor preocupación es el desarrollo de los personajes, o mejor dicho en este caso, del personaje, un naufrago que lucha constantemente por dar la vuelta a las adversidades que se le van presentando (incluso de niño, cuando sus compañeros de colegio se burlan de su nombre).
Lee consigue mediante el 3D deslumbrar al espectador e introducirlo en la gran aventura que vive el protagonista, consiguiendo tramos verdaderamente de ensueño que nos dejen boquiabiertos. El despliegue técnico es de primera, destacando sobre todo la integración del tigre Richard Parker en el bote junto al protagonista o todos los juegos de luces que se desarrollan en el océano que surca Pi, con predominio de colores pastel y luces fluorescentes por la noche en secuencias visualmente imborrables. Destacar también el largo primer plano que se centra en el protagonista para poner fin a su relato, todo un acierto por parte del director y del joven actor debutante Suraj Sharma.

Sin embargo el film no me ha conseguido engatusar de la manera que esperaba, y eso se debe a su ritmo algo descompensado, así como a la extensa duración. El principio del film se me hizo algo largo, cuando el adulto Pi comienza a narrar su historia de niñez al escritor, con un exceso de flashbacks para mi gusto. El otro problema es la parte troncal de la vida como naufrago de Pi, demasiado larga y con parones que dañan la fluidez del film.
El guion ha sido escrito por David Magee, cuyo resultado parece haber convencido a los admiradores de la novela. He de decir que la historia me recordó a “Big Fish” al tener dos protagonistas capaces de captar la atención del espectador mediante sus historias, subrayando así la importancia de los cuentacuentos. Además en Pi podemos encontrar al ser humano tolerante que acepta todas y cada una de las ideologías que le rodean sin lugar para la discriminación.

El reparto es casi por completo desconocido, decisión que obligó al director a suprimir del montaje final a Tobey Maguire pero no a Gérard Depardieu, cuyo personaje, aunque secundario, es importante para entender la trama.

La cinta ha conseguido un positivo recibimiento por parte de la crítica, aunque para mi gusto no deja de ser otra bonita película de descubrimiento y superación personal, muy bien hecha y con escenas soberbias.

Lo Mejor: Su notable acabado técnico.

Lo Peor: El ritmo y su duración.

Holy Motors, de Leos Carax

20 noviembre, 2012

Reconozco mi desconocimiento hacía la filmografía de Leos Carax, uno de los autores franceses más personales y controvertidos, sin embargo su última obra llamó mi atención tras su sonoro éxito en el último Festival de Sitges y su continua presencia en diferentes redes sociales. La cinta, además, fue la escogida por la distribuidora Avalon para inaugurar la experiencia “Oculto”, en la cual los espectadores desconocen qué película se les va a proyectar, una iniciativa de lo más interesante y atractiva.

Hacer un resumen sobre “Holy Motors” resulta complicado, ya que se trata de una sucesión de historias con el personaje principal como único vínculo. Pero más que la historia, lo que importa en la última película de Carax son las sensaciones que nos transmiten sus imágenes y, sobre todo, su protagonista, Monsieur Oscar, quien viaja en una limusina realizando diferentes paradas en las cuales representará un rol distinto, desde un padre comprensible hasta un grotesco ser de las cloacas. Es un hombre con mil caras, con una paleta de personalidades que parece no tener fin, pero, también, un alma en pena, condenada a vivir diferentes identidades olvidando quién es en realidad. Tras las imágenes chocantes y arrebatadoras del film podemos vislumbrar el drama de un ser que vaga por el mundo cansado de fingir ser otra persona según la situación se lo pida.

El inicio de la película parece ser una declaración de principios por parte del director al mostrarnos el patio de butacas de un cine lleno de espectadores, atrapados por las imágenes que se están proyectando, y a él mismo levantándose de su cama y atravesando la pared decorada con un bosque para entrar en ese mismo cine. Es una secuencia completamente alucinante que recuerda al mejor Lynch y que nos sumerge por completo en la mente de este director tan personal.
Carax parece romper las reglas establecidas al no importarle si el público entiende o no lo que está contando, sólo le interesa mostrar lo que su imaginación rocambolesca le dicta, un viaje en limusina por Paris en donde se den de la mano locura, amor, religión, baile, violencia, música y tristeza. Un show esperpéntico que se podría entender como un universo onírico en donde se pasa del sueño más confortable a la más horripilante de las pesadillas y en que deambulan personajes pintorescos. Una de las mejores frases del film cita que “la belleza está en el ojo de quien mira”, y es cierto, lo que para algunos podría parecer desagradable a otros puede parecerle exquisito, sucede así desde el principio de los tiempos en el arte, y en la aventura de Monsieur Oscar encontramos dicha tesis expuesta, ya que sus imágenes no dejarán indiferente a nadie, recordándonos en más de una ocasión que la belleza también se esconde tras lo bizarro.

Entre las diferentes historias que forman este collage he de decir que consiguieron sobrecogerme tres en concreto: la danza sexual de los dos personajes de motion-capture, en que el contorno de sus cuerpos dibujan formas indescriptibles; la despedida que se produce entre dos familiares cuando uno de ellos está a punto de exhalar su último aliento, con un final chocante; el reencuentro entre dos viejos amantes en que una canción parece resumir la naturaleza de todo el film, en donde florece la belleza y la melancolía, la mejor secuencia de la cinta y una de las mejores del año. Además encontramos un entreacto a ritmo de acordeones que merece la pena ser encuadrado entre lo más fascinante. En contra he de decir que la historia protagonizada por el Sr. Mierda (personaje que Carax ya utilizó en su cortometraje “Tokio!”) me dejó frio y un poco fuera de juego.
La película no sería la que es si no tuviera a Denis Lavant como protagonista. El actor fetiche del director desprende aquí todo su potencial interpretativo transformándose continuamente, demostrando ser todo un camaleón. Sin lugar a dudas es una de las interpretaciones más memorables del año. A Lavant le acompañan Edith Scob como Céline, la enigmática chófer que muestra rasgos de simpatía y amistad hacia el hombre al que debe conducir de un acto a otro, llegando a ser, incluso, su confidente. Eva Mendes personifica la belleza idolatrada por los medios que contrasta con la fealdad del horripilante personaje del Sr. Mierda en el episodio que tergiversa “La Bella y la Bestia” y que posee cierta connotación religiosa. Kylie Minogue protagoniza la secuencia más bella y triste del film.

Leos Carax ha conseguido volver a demostrar que en el cine aún existen posibilidades para hablar del ser humano con personalidad, sin seguir las normas establecidas, consiguiendo el que posiblemente sea el film más valiente, experimental, surrealista y arriesgado del año, una obra abstracta y anárquica. Fascinante.

Lo Mejor: Ser un salto sin red en que se transmite libertad y creatividad. Lavant y sus mil caras.

Lo Peor: El episodio del Sr. Mierda no acabó de engatusarme como el resto.


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 25 seguidores