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Lincoln, de Steven Spielberg

15 enero, 2013

lincolnPosterMuchos años han pasado desde que Steven Spielberg declarara su intención de realizar un film sobre el decimosexto Presidente Norteamericano, Abraham Lincoln. A principio de 2000 se especuló que Tom Hanks se encargaría de dar vida al conocido líder del pueblo norteamericano que fue asesinado en el Teatro Ford el 15 de Abril de 1985, para posteriormente confirmarse que sería otro actor que ya había trabajado con Spielberg, Liam Neeson, quien se haría cargo del papel. El proyecto parecía no ver la luz y en Junio de 2010 Neeson se apeó del mismo, cuando el guion firmado finalmente por Tony Kurshner (en sustitución del inicialmente previsto John Logan) basado en el libro “Team of Rivals” estaba listo. En Noviembre de 2010 Spielberg anunció quién sería el actor elegido para tan importante rol, el irlandés Daniel Day-Lewis, algo que sumaba considerablemente el interés sobre el film.
La fecha escogida para el estreno (en Estados Unidos) fue el 7 de Noviembre, justo después de celebrarse las elecciones norteamericanas.

La cinta se centra en los últimos meses de vida del Presidente Lincoln, cuando la Guerra Civil Americana vivía su cuarto año y la Cámara de los Comunes estaba a punto de votar la Decimotercera Enmienda, por la cual se aboliría la esclavitud al reconocer a todas las personas iguales ante la ley.

Al contrario de lo que pudiera parecer la película no relata la vida de Abraham Lincoln sino cómo éste consiguió sacar adelante su proyecto de ley por el cual conseguir poner fin a la esclavitud a la que estaban sometidos las personas de color en los estados del Sur. Así la película se desarrolla como un drama histórico que avanza por medio de conversaciones en donde se citan repetidamente conceptos y referencias de ámbito político, pero que lanza un mensaje humanista que encauza con el cine característico de su director. Y es que “Lincoln” posee detalles en común con “El Color Púrpura” o “Amistad”, en que se aboga por los derechos humanos y se vuelve a poner de manifiesto cómo para conseguir un buen fin se deben hacer sacrificios, por duros y desagradables que sean. Para ello el film gira en torno a Lincoln y su obsesión por que se vote a favor de la Decimotercera Enmienda, y lo hace humanizándolo, representándolo como un ser humano que posee un don para la oratoria pero que también tiene miedos y dudas, sabiendo que no todas las decisiones que tome serán las acertadas, de hecho para conseguir su triunfo no dudará en comprar votos a favor y en alargar la Guerra que está sacudiendo su Nación.
A pesar de desarrollarse en medio de una contienda bélica la cinta carece por completo de secuencias de acción, de hecho la única batalla aparece en la apertura del film, funcionando para situarnos temporalmente. Aquí los soldados son sustituidos por políticos, las armas por documentos, las banderas por ideologías y los campos de batalla por despachos y gabinetes, lugar en donde de verdad se deciden las contiendas, con un grupo de hombre discutiendo sobre lo que se debe o no se debe hacer.

LincolnLeeJones

Se nota cuando se tiene pasión por un proyecto, y, de la misma manera que Abraham Lincoln luchó por sacar adelante la enmienda que pusiera fin a la esclavitud, Steven Spielberg ha luchado por realizar su film sobre el famoso Presidente cuya estatua preside la National Mall de Washington, consiguiendo un resultado de gran nivel. Después de decepcionar (más para unos que para otros) con la “impuesta” cuarta entrega de Indy, de divertirse con la infografía en la estupenda “Tintín y el Secreto del Unicornio” y de realizar la irregular “War Horse”, el Rey Midas vuelve con una obra mayor, en donde demuestra, una vez más, su genio cinematográfico. “Lincoln” es una película visualmente impecable, con una belleza en sus imágenes innegable, en la cual sorprendentemente, y muy a favor de la misma, el director se muestra más comedido y teatral que nunca, casi invisible, situando la cámara en el lugar que le corresponde, consiguiendo encuadres preciosos y elegantes que ayuden y refuercen a la narración. No hay mejor ejemplo de esto que la primera secuencia del film en que se nos presenta el Presidente, escuchando el relato de dos soldados de color que han sobrevivido a la batalla con la que se abre el film y mostrándose como un hombre que busca la cercanía y la comprensión, sin necesidad de que lo halaguen ni ensalcen. Sólo por esa breve secuencia la película merece la pena, claro que hay mucho más, como todas las secuencias protagonizadas por Lincoln (cada una vale su peso en oro) o las dos grandes intervenciones de Thaddeus Stevens (inconmensurable Tommy Lee Jones), en especial su última secuencia, una verdadera preciosidad. Resulta, además, muy interesante e inteligente la forma en que Spielberg decide narrar el destino del Presidente, de manera que consiga tomar por sorpresa al espectador de la misma forma que cogió por sorpresa a los ciudadanos.

Nos encontremos con la cinta más seria e impostada del director desde “Munich” (no en vano comparte guionista) pero ello no impide que encontremos momentos y situaciones muy suyos, como por ejemplo cuando el trío contratado por el Presidente intenta comprar votos (divertida, en especial cuando el personaje de James Spader se da prisa para que no lo maten) o el momento de la votación, que posee un toque de emoción muy característico de este tipo de producciones y una resolución bastante previsible. Salvo esas leves pinceladas la cinta mantiene el tono sin cortarse en mostrar las secuelas de la Guerra al final, cuando Lincoln avanza a caballo por los campos.

LINCOLN

El guion firmado por Tony Kushner es muy bueno al desarrollar la estrategia política que ejecutó Lincoln con ayuda de unos pocos hombres. Aunque no narre la vida del personaje si lanza algunos detalles de su vida, como la infelicidad en su matrimonio (Mary Todd Lincoln es representada como una mujer con cierto desequilibrio emocional debido a un acontecimiento pasado).
Es cierto que el tema que trata puede impedir la conexión emocional en el espectador, o que muchos espectadores acaben algo cansados o desinteresados sobre lo que se cuenta, ahora bien no veo que la película posea características para que se le tache (como he llegado a leer) de americanada. Si, está protagonizada por un Presidente Norteamericano, se desarrolla en un periodo muy conocido de la Historia Norteamericana y está realizada por, posiblemente, el director norteamericano más famoso. Pero, por esa regla de tres, bien podríamos catalogar muchas otras películas de “Inglesadas”, “francesadas”, “alemanadas” o, ¿por qué no?, “españoladas”. Personalmente considero “americanada” a toda aquella película que no sólo ensalce al pueblo norteamericano sino aquellas que ponga a los yanquis como únicos posibles salvadores (y salvados) del mundo, como por ejemplo cualquier película de Roland Emmerich (director alemán al que le caen muy bien los norteamericano vista su filmografía, aunque siempre se cargue sus emblemáticas ciudades) o Michael Bay. “Lincoln” no entra dentro de ese cajón, es una historia que habla sobre un hecho histórico muy importante que no ensalza a los Estados Unidos por encima de ninguna otra nación, de hecho en la cinta encontramos una reflexión, con toques shakesperaianos, sobre el ser humano y se cierra con una secuencia (algo caprichosa y, posiblemente, sobrante) en donde se abraza a todas las naciones. De hecho más que una película política la veo como una película idealista que posee eco actual, y es que gracias a la semilla que plantaron Lincoln y sus seguidores fue posible la lucha de Luther King a favor de los derechos civiles y hoy día podemos ver sentado en el despacho oval de la Casa Blanca a Barack Obama. Estamos, en definitiva, ante una historia universal que defiende la igualdad entre todos los seres humanos.

La dirección de Spileberg no sería lo mismo sin estar brillantemente apoyada por sus colaboradores habituales. La fotografía de Janusz Kaminski es una maravilla, consiguiendo la sensación de estar viendo viejos cuadros en movimiento, con un tratamiento de la luz excepcional.
Al contrario de lo que sucedía en la anterior película de Spielberg la notable música del gran John Williams aparece en momentos muy puntuales, funcionando, como de costumbre, como perfecto acompañamiento.

LincolnShadows

Parece que ésta es la película del director con mejores interpretaciones vista la gran cantidad de premios y reconocimientos que están recibiendo los mismos, pero la verdad es que Steven Spileberg es muy buen director de actores, como ya se ha visto en sus anteriores películas, y aquí sigue demostrándolo mediante una selección de intérpretes de primer orden. David Strathairn es el senador William Seward, mano derecha del Presidente; Jared Harris el Jefe del Ejército de la Unión Ulisses S. Grant; Joseph Gordon-Levitt da vida al hijo de Abraham Lincoln, Robert, quien insiste en alistarse para la Union; James Spader, John Hawkes y Tim Blake Nelson funcionan como alivio cómico como el trío Bilbo, Latham y Schell; Hal Holbrook es Preston Blair, político que funciona como pieza clave en los planes del Presidente; Jackie Earl Haley es el delegado Alexander Stephens. Todos están muy bien en sus respectivos roles, pero hay tres que destacan sobre el resto. Sally Field entró al proyecto desde primer momento para dar vida a Mary Todd Lincoln, a la cual personifica como una mujer que sufre grandes dolores de cabeza debido a los premonitorios sueños de su esposo y a la sombra del pasado que le arrebató a su hijo. Tommy Lee Jones vuelve a hacer gala de su vena algo huraña, pero muy cargada de humanidad y calidez, bordando su rol del abolicionista Thaddeus Stevens. Y frente a todos ellos, llenando cada escena, demostrando, una vez más, de qué va esto de la interpretación, nos encontramos con el gran Daniel Day-Lewis, el cual vuelve a desaparecer tras el personaje que le ha tocado interpretar, el Presidente Abraham Lincoln, consiguiendo que creamos que estemos viendo en todo momento al viejo Presidente, como si éste hubiera resucitado. El trabajo del irlandés es digno de todo elogio posible haciendo del personaje alguien cercano, cálido, con sentido del humor, un líder que infunde respeto mediante la comprensión, la tolerancia y la calma. Otra gran interpretación para su soberbia carrera.

La película se está convirtiendo, inesperadamente, en el mayor éxito de Spileberg en taquilla en años (si exceptuamos la última de Inidiana Jones) y ha recibido grandes parabienes de la crítica. Y es que a pesar de su apariencia “Lincoln” esconde un discurso conciliador y humanitario que no debería pasar desapercibido. Otra gran película de su director.

Lo Mejor: Demuestra, de nuevo, la maestría de Spileberg y Day-Lewis. El reparto. Visualmente es una preciosidad.

Lo Peor: Tanta terminología política puede impedir la conexión emocional del espectador. La secuencia que funciona como epílogo me resulta caprichosa.

El Discurso del Rey, de Tom Hooper

7 febrero, 2011

El Duque de York, Alberto Federico Arturo Jorge de Windsor, sufre un problema de tartamudez desde su niñez. Su esposa, Elizabeth, buscará ayuda en un logopeda con el que entablará amistad el Duque. Durante la terapia, Bertie (como lo conocen sus amigos) será coronado Rey tras la abdicación de su hermano adquiriendo el nombre de George VI, debiendo enfrentarse a un grave problema, la II Guerra Mundial.

Con todos ustedes la película british del año (o mejor dicho, del pasado, se estrenó a pocos días de terminar 2010). Existen películas que han nacido para arrasar en taquilla, otras que lo han hecho por el mero gusto de entretener al público sin grandes aspiraciones, las que no deberían existir y las que aspiran a arrasar en los premios. “El Discurso del Rey” pertenece a ésta última. Es una película que, al igual que un traje, está confeccionada de manera milimétrica para captar la atención de los votantes académicos. Posee un director prestigioso en el terreno televisivo (“Elizabeth I”, “John Adams”), un elenco de actores excelente (lo mejor de la película, su verdadera alma), un cuidado en el diseño de escenarios y vestuario. En resumen, rebosa british quality durante todo su metraje. Ahora bien, lo más importante es que el film tiene a los ambiciosos hermanos Weinstein como productores (aunque también lo es Geoffrey Rush, aportando capital australiano), verdaderos cerebros de marketing que buscan de nuevo triunfar en unos premios en donde no han tenido mucha suerte los últimos años. Porque, seamos sinceros, ésta película no llega a tener el respaldo de los exdueños de MIRAMAX (entiéndase por esto “publicidad”) y seguramente habría llegado a nuestro país de la misma forma que llegó la anterior película de Hooper, “The Damned United”, sin apenas vida comercial.

Bien, tras haberme desahogado un poco (he de reconocerlo, la película me parece buena pero no para ¡¡ 12 Nominaciones !! en los Oscars), expondré mi opinión sobre el film.
Si hay un calificativo que le viene como anillo al dedo a la cinta es “bonita”. Estamos ante una historia de amistad, de superación, una historia de aprendizaje al estilo “Pigmalión” que llega a los corazones. La parte monárquica, ahí está, se muestra pero apenas se entra en muchos detalles de la corte, lo más memorable para mi gusto es cuando se prepara la celebración de Bertie y el bueno de Lionel Logue (digan lo que digan, el mejor personaje de la cinta) se sienta en el trono demostrando lo absurdo de tanta pantomima de cara a la galería (¡¡si la silla está llena de garabatos!!).
“El Discurso del Rey” es una película para el gran público, al contrario de lo que fue “The Queen” (ahí si que había chicha donde rascar), mucho más exquisita y realizada por un grande como Frears. La película de Hooper transmite buenos sentimientos desde el primer momento en que se nos presenta al personaje de Bertie como una persona con una discapacidad seria, la tartamudez, la cual es mucho más grave dado la naturaleza de su cargo, es una figura crucial en Inglaterra que debe inspirar confianza y ganarse a la gente. A ello hay que sumar la llegada de la radio, medio por el que su majestad llega a todos sus súbditos, y al que Bertie, lógicamente, tiene pavor.

El corazón del film, y verdadera razón por la que ha triunfado, es las sesiones que comparten Bertie y Logue. Todas ellas están llenas de humanidad (una regla estricta que pone el logopeda, en su clase ambos son iguales) y de diálogos ingeniosos. El logopeda se convierte en guía y apoyo para Bertie, pasando de ser un mero súbdito de adopción (es australiano, algo no muy bien visto por el gremio eclesiástico) a un amigo de confianza que estará a su lado en el momento más importante de su recién inaugurada monarquía, cuando deba informar al pueblo de la entrada en la Guerra. Si bien puede parecer que el título se debe a ésta escena hay que decir que “speech” significa también capacidad de hablar, y, para mi gusto, describe la naturaleza del film mucho mejor.

Tom Hooper dirige muy académicamente, centrándose en todo momento en los actores y encuadrándolos en los escenarios de forma adecuada. Me llama la atención el espacio que deja a los laterales de los personajes para mostrar lo que tienen a su espalda, en especial en la primera conversación entre Logue y Bertie (el logopeda muy cómodo, con el calor de su despacho a su espalda, mientras Bertie, sentado en el sofá con la pared empapelada en un estado muy deteriorado, transmite incomodidad).
La escena más emocionante (he leído en más de una ocasión el calificativo de “épica”) es la secuencia final, en que tiene lugar el famoso discurso. Si, es emocionante, y lo es porque es la culminación de un aprendizaje, el examen final, donde el alumno se juega todo y el suspenso no es una opción. Aquí tenemos a nuestro estudiante, Bertie (ya Su Majestad Jorge VI), realizando su examen bien apoyado por su maestro, quien, cual director de orquesta, marca el ritmo. Por supuesto el alumno saca matrícula de honor y el público aplaude alabando a su líder cuando anuncia el inicio de la II Gran Guerra.

El guión de David Seidler es muy bueno gracias a sus diálogos (entre los que tenemos esa memorable escena en que Bertie no para de decir tacos) y a cómo ha conseguido crear una historia de amistad partiendo de una pequeña anécdota. Los fallos que veo son algunos personajes históricos algo desdibujados (Churchill) y alguna escena sobrante que subraya su espíritu bondadoso (esa visita Real a casa de los Logue). Por cierto, el hecho de considerar el guión como original me parece erróneo, ya que, primero, se basa en un hecho real (hablamos de Jorge VI) y, segundo, se basa en las memorias de Lionel Logue.

Para componer la música del film se ha contado con un experto en temas de la Corte como es Alexandre Desplat (ya hizo lo propio en “The Queen”). No descubro nada si digo que el compositor francés es de los mejores dentro del panorama cinematográfico, sin embargo en la presente película apenas aporta más que un bonito tema principal y algunos fragmentos musicales que secunden bien a las imágenes. En el momento crucial (el discurso) ni siquiera se ha utilizado música original sino que se ha recurrido a Beethoven, algo que me resulta chocando teniendo en nómina un compositor tan grande como Desplat.

Ver “El Discurso del Rey” es como ver una buena obra de teatro, puede que el decorado no sea todo lo bueno que debiera, pero si los actores viven sus personajes y consiguen captar la atención al público todo está ganado. Pues eso es lo que pasa aquí. Los actores consigue convertir lo que bien podría haber sido una película de sobremesa en una película de verdad. Colin Firth da vida a Jorge VI de forma impecable, cuidando al máximo la forma de hablar (con la complicación que el tartamudeo conlleva) y demostrando, una vez más, su buen porte británico. Geoffrey Rush está tan bien como Firth, incluso me atrevería decir que está incluso mejor. Puede que su Lionel Logue no padezca ninguna discapacidad pero su humanidad, su pasión por Shakespeare y el amor que profesa por su familia y su trabajo hacen de él el mejor personaje para mi gusto. Además de interpretar al logopeda, Rush es uno de los padrinos de la cinta en labores de producción. Helena Bonham-Carter deja de lado sus personajes burtonianos para dar vida a Elizabeth, la esposa de Bertie. La actriz británica aporta calidez y simpatía al personaje consiguiendo que nos olvidemos de su última película a las ordenes de su esposo. Si por mi fuera, les daba el premio de interpretación del año a los tres en sus respectivas categorías, claro que Rush y Bonham-Carter lo tienen complicado frente a los actores de “The Fighter” vistos los últimos sondeos. Al trío les secundan actores de prestigio como Michael Gambon como el Rey Jorge V, Guy Pierce como el Rey Eduardo VIII, quien abdicó para casarse con una mujer divorciada, Derek Jacobi como Arzobispo Cosmo Lang y Timothy Spall como Winston Churchill.

Cargada de buenos sentimientos “El Discurso del Rey” ha conseguido calar hondo entre la crítica y el público. Ha sido galardonada en diferentes gremios, siendo el más afortunado Colin Firth, quien ha ganada el Globo de Oro y se perfila como ganador del Oscar, se lo merece. En definitiva, una buena película.

Lo Mejor: Los actores.

Lo Peor: Está demasiado diseñada para triunfar.

Balada Triste de Trompeta, de Álex de la Iglesia

21 diciembre, 2010

Todo surgió durante el rodaje de un episodio de “Plutón B.R.B. Nero”. Álex de la Iglesia habló con Carlos Areces y Carolina Bang sobre una idea que se le había ocurrido en que un payaso armado con una metralleta aterrorizaba a los transeúntes. Dicha idea fue tomando forma en la mente del director y actual Presidente de la Academia Cinematográfica Española e hizo que se sentara a escribir en solitario el guión de la que sería su próxima película, una historia violenta ambientada en la España franquista con dos payasos que se enfrentan por el amor de una mujer.

Temía que Álex de la Iglesia no fuera a ser el mismo después de salir decepcionado de “Los Crímenes de Oxford” y de comprobar cómo su serie cómica de ciencia-ficción no conseguía engancharme. Estaba preocupado, para qué nos vamos a engañar. Afortunadamente ya puedo respirar tranquilo gracias a su última película, en la que vuelve a hacer gala de su sello de la forma más desatada que nunca y con la que convenció al mismísimo Quentin Tarantino, que le obsequió en el último Festival de Venecia con dos importantes galardones (Dirección y Guión). “Balada Triste de Trompeta”, título que tiene su origen en una canción de Raphael, nos devuelve al de la Iglesia más violento y desquiciado, ese al que, a mi particularmente, me gusta coger de la mano y dejar que me guíe durante dos horas por su circo esperpéntico.

En primer lugar hay que decir que no estamos antes una película perfecta, ni mucho menos, adolece de lo mismo que el resto de películas de la filmografía del director, un cierto desequilibrio narrativo en que apenas se profundiza en la multitud de personajes que aparecen a lo largo de la historia. Aquí tenemos una película que abarca un largo periodo temporal (desde 1937, en que explota la Guerra Civil, hasta mediados de los 70, en que el franquismo toca a su fin) en que se van sucediendo escenas muy llamativas pero en las que se echa un poco en falta más solidez argumental, es decir, tenemos un collage de imágenes en que algunas casan mejor con unas que con otras. Ahora bien, tampoco veo la necesidad de profundizar hasta las entrañas de los personajes para llegar a comprender qué nos quieren contar con la película, ya que queda muy claro qué quiere el Payaso Triste (que la chica lo ame), cómo es el Payaso Tonto (perfecto con su pequeños espectadores y maltratador con su chica) y qué papel representa la Chica de la Tela (la perfección, ardiente e inocente). Puede verse en estos tres personajes un reflejo de la España de la época, incluso un discurso político si se quiere, ya que la película muestra lo que fue (y es) España, un país lleno de payasos tristes y tontos que nunca se ponen de acuerdo por llegar a conseguir la misma cosa. ¿Que lo peor de la película es que no tiene respiro, los personajes apenas tienen desarrollo y los acontecimientos se suceden de forma forzada? Bueno, pienso en la escena de apertura, en que los niños ríen con los payasos, y llego a la conclusión de que ellos tampoco estaban preparados para ver cómo las risas debían llegar a su fin de golpe y porrazo por culpa de una (maldita) guerra.

Tras haber dado, así por encima, mi punto de vista de la historia, hablemos de la forma en que está realizada la película. El primer adjetivo que me viene a la cabeza cuando pienso en ella (y cuando la estaba viendo) es “burrada”. Eso mismo. Es una burrada de película, un coctel molotov de situaciones extremas en que los personajes llegan a hacer auténticas barbaridades descerebrales. Está claro que la locura se plasma muy bien en pantalla, pero vayamos por partes.
La película se abre con una potente escena protagonizada por dos payasos que son reclutados para combatir en la guerra por el bando republicano. Tras esto los títulos de crédito, maravillosos, posiblemente los mejores del cine español, los cuales se merecen más de un visionado de forma independiente para poder admirar más detenidamente su calidad. Una vez acaban los créditos de apertura tenemos una brutal escena de acción en que los dos bandos se enfrentan y donde el Payaso Tonto es apresado tras vencer los nacionales y pide a su hijo que siga sus pasos en el mundo de la farándula y lo vengue cuando llegue el momento. A partir de ahí comienza la historia central de los dos payasos y la chica que avanza por medio de escenas cargadas con humor muy negro y violencia. Dicho humor y violencia van in crescendo a medida que avanza la película, alcanzado la locura absoluta en el momento en que el Payaso Triste vive su catarsis y decide llegar a ser como el Payaso Tonto. Es entonces, cuando el film parecía no tener limite, el momento en que llega a adentrarse en la locura absoluta con una España como telón de fondo en que empieza a aparecer ETA y el franquismo roza su fin.

El toque de la Iglesia se nota en todo fragmento (escena), toda la esencia de su cine está aquí, mezclada y agitada de forma demencial. La película no esta hecha con cabeza, ni con el corazón, sino con las entrañas. Es puro odio desatado, pero también una declaración de amor al cine que le gusta, puede vislumbrarse a Fellini, Berlanga, al Joker de Tim Burton, el grand guignol y, por supuesto, a Hitchcock en ese final devastador ambientado en el Valle de los Caídos, en donde la demencia llega a su mayor grado. Es una secuencia final apoteósica en donde se mezcla “Vértigo” y “Con la Muerte en los Talones”, y que sólo es manchada por el (breve) protagonismo que se le regala al motorista. Después llega el final y uno no sabe si reír o llorar, ya que después de cerca de dos horas enganchado a las imágenes mediante las cuales se ha reído, se ha sufrido, se ha pasado miedo y se ha sentido furia todo ha acabado, y nadie ha ganado. Una sensación de tristeza crece en mi interior, será porque la película, al contrario que otras más pretenciosas en este sentido, consiguió impactarme emocionalmente.

Me cuesta decidir a qué genero pertenece la película, ya que me hizo reir, pero no creo que sea una comedia, y también me hizo sentir dolor, pero tampoco creo que sea un drama. Lo más acertado sería decir que “Balada Triste de Trompeta” es un esperpento a través del cual vemos diferentes sucesos históricos mostrados con mejor o menor atino. Por ejemplo, me pareció tremendo (por bueno) cómo muestra el asesinato de Carrero Blanco pero me sobra la frase que le dice el Payaso Triste a los miembros de ETA en el coche, resulta forzado. Y aquí entramos a debatir el guión. Ya he citado antes que la historia carece de un equilibrio argumental y que los personajes no tienen mucha profundidad, en especial los secundarios, los cuales parecen estar de relleno, pero a parte de eso hay que fijarse en los diálogos, ya que si aquí hay algo que sobra son algunas frases lapidarias que no hacen sino subrayar de forma innecesaria algo que se describe sencillamente con lo que se nos muestra en pantalla (se nota la ausencia de Guerricaechevarria). En este aspecto me rechinó mucho la frase que dice el director de circo afirmando que “en este país todos nos volvemos locos” en un momento en que está claro que la situación se ha ido de madre y que poco cuerdo queda ya en pantalla. Aún así yo agradezco a Álex de la Iglesia esta historia, puede ser imperfecta, pero incluso eso puede llegar a jugar a su favor.

La calidad visual del film es irreprochable, ya no sólo por las espectaculares imágenes que el director rueda (ojo al tramo del Valle de los Caídos, produce auténtico vértigo) sino por el tratamiento de la imagen, gracias a la estupenda labor del director de fotografía Kiko de la Rica.
Los efectos especiales son de primera, sobre todo en los planos generales del principio en que el pequeño Javier busca a su padre. La única pega en este aspecto es en el vuelo final del motorista (yo no solo sobra sino que encima está mal hecho). La labor del departamento de maquillaje es soberbia, transformando el rostro de Antonio de la Torre en un terrorífico Payaso desfigurado y el de Carlos Areces en el de un desagradable Joker.

La Banda Sonora corre a cargo de Roque Baños, el mejor compositor de cine español junto con Alberto Iglesias. Baños sabe acompañar a la perfección a las imágenes mediante una partitura sólida que se abre con el tema de créditos como si fuera un paso de Semana Santa. A parte de la caomposición original encontramos temas musicales de la época, como la canción de Raphael que da título al film, la cual también tiene cierto protagonismo.

El elenco de actores cumple con su función, incluso aquellos que apenas tienen un minuto lo aprovechan. Por pantalla vemos circular a Raúl Arévalo, Joaquin Climent, Fran Perea, Fernando Guillém Cuervo e incluso a Fofito. Luego el director ha contado con sus habituales, como Terele Pávez, Luis Varela, Sancho Gracia, Enrique Villén, Manuel Tallafé y Santiago Segura, con el que se reencuentra después de más de 10 años en que hicieran “Muertos de Risa”, con la cual la actual tiene más de un punto en común. El trío protagonista está compuesto por Carlos Areces, Carolina Bang y Antonio de la Torre. Areces, conocido sobre todo por “La hora chanante” y “Muchachada Nui”, da vida al Payaso Triste, Javier. Areces demuestra su capacidad interpretativa cambiando totalmente del registro que nos tenía acostumbrados para crear un personaje bondadoso, que se enamora de la chica a su llegada al circo, pero que acaba siendo presa de la locura y se transforma. Un gran trabajo del actor, que ya había aparecido en cine en “Spanish Movie”, “Campamento Flipy” y “El Gran Vázquez”, pero que aquí debuta por todo lo alto con un papel protagonista. Carolina Bang sale preciosa en pantalla, sus ojos ya valen para que me crea la locura que viven los dos payasos protagonistas. Puede que a nivel interpretativo la actriz no luzca de la misma forma que sus compañeros pero cumple perfectamente la función de objeto de deseo. Antonio de la Torre es el Payaso Tonto, un personaje terrorífico. Ama a los niños, son su vida, su sustento, pero detrás de ese maquillaje protagonizado por una gran sonrisa se esconde un cruel hombre que disfruta imponiendo su palabra en el circo y gobernando a Natalia, a la cual no duda en maltratar siempre que sea preciso para que acate sus ordenes. De la Torre es un gran actor, y por si alguien lo dudaba que se acerque y lo vea aquí. Si me he de quedar con alguien del elenco me quedo con su labor, hizo que sintiera miedo desde el primer momento en que aparece.

“Balada Triste de Trompeta” es una película Álex de la Iglesia 100%. Tiene todas sus virtudes y sus defectos. Es original y valiente. Para mi gusto, junto con “Buried”, es la mejor cinta española del año, y me arriesgo a decir que dentro de un tiempo será considerada un clásico de nuestro cine.

Lo Mejor: Es una furiosa, violenta y desquiciada locura.

Lo Peor: El hilo argumental no es todo lo sólido que debiera.

Robin Hood, de Ridley Scott

7 junio, 2010

La de vueltas que le han dado a la nueva aproximación sobre el famoso bandido que robaba a los ricos para dar a los pobres. Primero iban a darle la vuelta a la tortilla convirtiendo al famosos arquero de Sherwood en el villano y al sheriff de Nottingham en el héroe. Christian Bale sería Robin Hood mientras Russell Crowe, que se convirtió en productor del proyecto, daría vida al sheriff. Luego Bale se desvinculó del proyecto y barajaron la posibilidad de que Crowe interpretara a ambos personajes, ya en este momento había entrado a formar parte del proyecto Ridley Scott, amigo de Crowe, con el que realizaría su quinta película. Finalmente, tras dimes y diretes, se decantaron por narrar la historia de siempre, Robin Hood enfrentándose a la tiranía de los nobles ingleses con Lady Marian como su gran amor.

Finales del S. XII. Ricardo, Corazón de León, se encuentra combatiendo en Francia. Entre sus arqueros se encuentra Robin Longstride, quien, como el resto de sus compañeros, desea que acabe la contienda para volver a casa y cobrar lo que le corresponde. Tras la muerte del Rey, Longstride huye junto a tres compañeros rumbo a Inglaterra encontrándose por el camino a varios soldados ingleses muertos, entre los que está Robert de Loxley, quien hace jurar a Robin que regresará su espada a su padre, Sir Walter. Una vez lleguen a Inglaterra Juan será coronado Rey, comenzando una serie de ataques por parte de su sirviente Godfrey que pueden desencadenar una Guerra Civil. Robin, por su parte, cumple su promesa llevando a Sir Walter la espada de su hijo a Nottingham, en donde conocerá a Lady Marion.

Si me llegan a vender esta película como un drama histórico con escenas bélicas hubiera salido del cine más satisfecho de cómo fue en realidad. El primer gran fallo de la película lo encontramos en el título mismo. Nunca, a lo largo de su más de dos horas de duración, Robin Logstride es Robin Hood. Bueno miento, si lo es, durante 40 segundos. Creo que fue un gran error cambiar el título del film, debería haberse quedado con Nottingham, donde se forjó el mito, que de eso va la cinta, ni más ni menos. Claro que los productores, inteligentes y pensando siempre en la taquilla, saben que vende más el nombre del héroe que el de la región en donde comete sus hazañas.
Luego utilizan para promocionar la cinta las mismas armas de siempre, un poster con Crowe en plan Gladiator de los bosques y el nombre de Ridly Scott precedido por “Del director de Gladiator” (porque el que dirigió “Alien” y “Blade Runner” a saber dónde está). Es cierto que los dos le deben mucho al éxito de la película de romanos, y parecía que esta nueva inmersión en el mito del arquero sería tan entretenida como aquella, pero no nos engañemos, “Robin Hood” posee la misma acción que la que aparece en su trailer, que por cierto tiene mejor ritmo y más emoción que la película en sí. Así que a quienes hayan visto el trailer les advierto que las escenas de luchas y batallas que ven en él son las mismas que se van a encontrar en la película, en versión extendida eso sí, pero que no superan los veinte minutos de los ciento treinta que dura en total.
Encima aparecen Crowe y Scott en las entrevistas afirmando que han realizado el mejor Robin Hood que se ha visto, con prepotencia y criticando a los anteriores. Bien habrían hecho si se quedan calladitos respecto a eso, porque decir que su Robin Hood es mejor que el de Errol Flynn, cuando aquel si sabía luchar y derrochar carisma, hace que su película me guste menos.

Queda claro que los artífices de la cinta han querido realizar la aproximación más exactamente histórica de toda cuántas se han realizado. Francia e Inglaterra se encuentran al filo de una guerra, Ricardo no es el Rey bondadoso de otras versiones y muere por una flecha que lo alcanza en el cuello mientras Juan se muestra como un soberano ambicioso que no sabe cómo llevar el País, que se encuentra al filo de una Guerra Civil. Todo eso me parece muy bien, ya digo que si me llegan a avisar de que voy a asistir a otra clase de Historia made in Scott salgo del cine contento. Pero no fue así, yo fui al cine a ver a Robin Hood, a ver flechas volando, a ver combates, a ver acción, a ver una hermosa historia de amor entre Robin y Marian, ¿y qué me encuentro? Una película que quiere ser más de lo que debe debido a sus ínfulas de rigurosidad histórica. No digo que la rigurosidad histórica esté mal, al contrario, bienvenida sea, siempre y cuando se respete en todos los términos, ya que no puedes ser fiel a hechos históricos y luego convertir a Lady Marian en una mujer del S. XXI que incluso va a luchar.

Al menos visualmente la película no decepciona, consiguiendo no aburrirnos del todo mediante su excelente ambientación. Ridley Scott siempre ha sido bueno en saber dotar a sus cintas del tono perfecto, y aquí vuelve a hacer gala de ello, otra cosa es que acierte en su ejecución.
El director se muestra más tranquilo que en otras ocasiones épicas recientes, tan tranquilo que durante el nudo de la película no parece estar pasando nada. Muchas conversaciones, muchos personajes que van y vienen, pero poca chicha que cortar. Vamos, que lo que nos cuenta en dos horas podría habérnoslo contado perfectamente en una y la otra restante habernos ofrecido lo que yo personalmente andaba buscando, aventuras en Sherwood.
Hay tres secuencias de acción a lo largo de todo el metraje. La de apertura en Francia, prometedora, muy bien ejecutada. El ataque a Nottingham por parte de los hombres de Godfrey, no tan emocionante como debía ser si no fuera por ese gran enfrentamiento entre Godfrey y Sir Walter. La batalla final en la costa, deudora de “Salvar al Soldado Ryan” y “Braveheart” entre otras muchas. Y ahí, cuando la película parece coger calor y ser emocionante, aparecen los créditos. Entre medias de las batallas se desarrolla la completa historia que intentan narrarnos, tan completa que no saben donde centrarse. Por un lado los ataques de Godfrey (el malo de opereta), por otro la historia de Robin (muy superficial), luego la historia de amor (debía haber sido mucho menos ñoña), las decisiones de Juan como Rey (faltas de garra), los niños que se esconden en los bosques de Sherwood (no sabemos mucho acerca de ellos) y por último la amenaza de Francia (prácticamente inexistente). Si al menos Scott demostrara atino en la planificación de las secuencias, pero es que ni siquiera eso, de hecho creo que es su trabajo menos inspirado en los último años.

El guión corre a cargo de Brian Helgeland después de que Crowe rechazara el escrito por Ethan Reiff y Cyrus Boris. El mayor fallo del libreto es el de no conseguir hacer destacar a Robin por encima del resto, sino que es otro personaje más que aparece, con más minutos en pantalla, pero no más importante que, por ejemplo, Marshal. El recuerdo de su padre aparece demasiado tarde como para que veamos en él al que inspira a la muchedumbre. Hay personajes de la leyenda que aparecen casi forzosamente, como el sheriff de Nottingham, cercano a la parodia.
Encontramos criticas que bien se dan en la actualidad, como la avaricia de la Iglesia, el descontento del pueblo con sus gobernantes y cómo los gobernantes planean ganarse a la multitud hasta conseguir un beneficio para luego dar la espalda.
El montaje lo veo muy descompensado, sin poseer un ritmo bien llevado que incluso nos hace alcanzar el aburrimiento en su mitad. Seguro, siendo Scott, que existirá una Versión Extendida, y en ese caso, como ya pasara con “El Reino de los Cielos”, la película puede ganar algunos puntos.
La Banda Sonora me parece de lo mas destacable de la cinta. Compuesta por Marc Streitenfeld, colaborador de Scott desde “Un Buen Año”, contiene temas poderosos que ayudan a unas imágenes altamente necesitadas.

El reparto está compuesto por Russell Crowe en su versión Máximo, diez años después. Crowe tiene presencia, pero su Robin Hood apenas posee el carisma que necesita para forjarse como el gran héroe que es. Cate Blanchett vuelve a demostrar su alta calidad interpretativa dando vida a Lady Marion, demasiado actual para mi gusto, parece que ahora todas las mujeres en las cintas de aventuras deben saber utilizar la espada. La mejor interpretación de la cinta nos la ofrece el más famoso exorcista de la historia del cine, Max Von Sydow como Sir Walter,. Mark Strong se está encasillando en papeles de villano, dando vida a Godfrey, quien se vende al mejor postor. Oscar Isaac es el Príncipe Juan. Eileen Atkins es Eleanor de Aquitania, Reina Madre. William Hurt es Marshall, antiguo sirviente del Rey que ahora se ve relegado a segundo lugar. Mark Addy es Fray Tuck, tan borracho y campechano como siempre ha sido el personaje. Matthew Macfayden es el sheriff de Nottingham mientras Danny Huston es el Rey Ricardo.

Al igual que Tim Burton con la secuela de los libros de Carroll, Ridley Scott me he defraudado con la precuela de la leyenda del famoso arquero de Sherwood.
Hay muchas versiones de Robin Hood, incluso una serie juvenil, y no recuerdo aburrirme en ninguna como en la presente. Una decepción por parte de Scott.

Lo Mejor: Max Von Sydow. La Banda Sonora. La ambientación.

Lo Peor: No ofrece nada de lo que prometía.

Enemigos Públicos, de Michael Mann

15 agosto, 2009

poster-enemigos-publicosDe un tiempo a esta parte siempre que se ha realizado una película policíaca ambientada a principios del S. XX se ha hecho siguiendo las pautas del género, con cierto aire nostálgico y resultados en su mayoría excelentes que tenían el sello de su director como “Los Intocables”, “Muerte entre las Flores” o la más reciente “Camino a la Perdición”. Cuado Michael Mann anunció que su siguiente proyecto sería una aproximación a la figura de John Dillinger, a quien el mundo del cine le ha rendido tributo en varios films como “Dillinger” de John Milius, muchos de sus admiradores nos alegramos en exceso. Cada noticia nueva del proyecto hacia que las ansias de ver el film aumentaran. En un principio la idea era que el protagonistas estuviera interpretado por Leonardo DiCaprio pero por problemas de agenda no pudo ser y el director se puso en contacto con Johnny Depp, quien aceptó. Para dar vida a Melvin Purvis se escogió a Christian Bale, anunciando así un duelo interpretativo entre ambos que rememorara una de las obras cumbre del director, “Heat”. La sorpresa que puso el grito en el cielo por parte de mucha gente fue la decisión del director de rodar la cinta en Digital con cámaras de Alta Definición como lleva haciendo desde “Collateral”. El resultado es una cinta visualmente impactante que renueva el cine de criminales ambientado en la Gran Depresión.

1933. Es el cuarto año de la Gran Depresión. Para John Dillinger, Alvin Karpis y Baby Face Nelson es la mejor época para robar bancos.

La Gran Depresión impulsó a muchos hombres a delinquir convirtiéndose en ladrones, y más concretamente en ladrones de bancos. El máximo exponente de este grupo fue John Dillinger, quien creó un estilo inimitable a la hora de asaltar un banco. Dillinger se mostraba siempre como un caballero a la hora de ejercer su papel de atracador, nunca permitió a sus hombres decir tacos para no importunar a las damas, a la vez que nunca robaba dinero a la gente presente en sus atracos, solo se llevaba el dinero que el banco tenía guardado, ganándose así la simpatía del pueblo llano, quien veía a Dillinger más como un héroe que como un villano.
Su figura impulsó la creación del FBI por parte de J. Edgar Hoover, quien se aprovechó de los delitos de Dilllinger para crear una policía interestatal y así impedir que los atracadores huyeran cambiando de Estado. El hombre designado para cazar a Dillinger fue Melvin Purvis.
Dillinger fue también una espina para el crimen organizado de Chicago. Sus continuos robos no hacían sino crispar aún más a los señores del Sindicato del Crimen que veían en él un estorbo y un problema a erradicar.

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Al contrario de lo que pudiera parecer la cinta dirigida por Michael Mann no es un biopic sobre la vida de John Dillinger, sino un retrato de los últimos catorce meses de su vida. No importa el origen del protagonista, y eso es todo un acierto pues el personaje siempre se nos muestra como un hombre seguro de sí mismo que no mira nunca al pasado, sino todo lo contrario, solo mira al futuro, pero no a un futuro lejano, sino inmediato, en donde los planes a largo plazo no existen, tan solo existe vivir el momento intensamente y poder conseguir todo lo posible. Así la cinta nos muestra a un personaje fascinante, que no temía a nada ni a nadie y que vivió cada segundo de vida como si fuera el último.

En la película podemos observar, sin profundizar mucho, la formación del FBI y los esfuerzos de Purvis y su equipo para conseguir atrapar al delincuente, pero nada de eso tiene tanta importancia como la historia de amor entre Dillinger y Billie Frechette. Lo que aparentemente es una historia romántica más se convierte en el núcleo de la cinta. La idea del protagonista de vivir al máximo sin mirar atrás cambia una vez conoce a Billie, la cual se convertirá en el gran amor de su vida y le hará plantearse dejar Estados Unidos para marcharse y comenzar una nueva vida. Aún cuando las cosas se pongan feas y la presencia del FBI sea más insistente, los dos amantes intentarán verse y mantener el contacto.

Aunque sea la figura de John Dillinger la que protagoniza el film no se olvidan de mostrarnos a otros delincuentes famosos de la época. Red Hamilton, Homer Van Meter, Pete Pierpont, Alvin Karpis o Baby Face Nelson poseen, en mayor o menor medida, cierta importancia en la trama, aunque la participación de alguno de ellos sea meramente anecdótica. Uno de los errores de la cinta lo encontramos en el criminal Pretty Boy Floyd, con el cual se nos introduce a Melvin Purvis, mostrándonos como el agente lo mata. Eso es un error cronológico, pues Floyd murió después que Dillinger.

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Mi admiración por el cine de Michael Mann ha quedado patente en cada película suya que he comentado. La llegada de su nueva propuesta la esperaba ansiosamente para descubrir qué había hecho el director después de su leve traspiés con “Miami Vice”, y la verdad es que no salí para nada decepcionado después de ver su acercamiento a la figura de John Dillinger.
El veterano director sigue demostrando un estilo propio con encuadres memorables y secuencias de acción impactantes que vuelven a dejar claro lo gran artesano que es. La cinta comienza sin aspavientos, directa al grano, en quince minutos contemplamos una fuga, una cacería y un atraco, todo perfectamente hilado y desarrollado. En especial me dejó pasmado el principio de la cinta, con la huida de la prisión de Indiana. En él vemos una secuencia de acción perfectamente planificada que se toma su tiempo, y que posee uno de los grandes planos del film, como es aquel en que Dillinger sostiene a Walter Dietrich siendo arrastrado por el vehículo de huida. Posteriormente escuchamos el tema musical “Ten million slaves” acompañando la escena en que Purvis mata a Floyd y de ahí pasamos al atraco al banco en que Dillinger demuestra su manejo de la situación y su estilo. Puede que a continuación la cinta baje un poco el ritmo, pero no se pone para nada aburrida. Las escenas entre Billie y Johnny son magnificas y están planificadas al estilo clásico. Los dos personajes protagonizarán una de las mejores secuencias de la cinta, como es la captura de Billie frente a los ojos de John, quien impotente ve como se llevan apresada a su amor. Un gran momento.

Siempre he defendido la forma que tiene Mann de dibujar psicológicamente a los personajes. Sin utilizar líneas de dialogo, simplemente mostrándolos en alguna situación o mediante alguna mirada. En esta ocasión el perfil psicológico de Dillinger queda establecido cuando se nos muestra contemplando el horizonte al principio, como una persona que no mira atrás sino solo hacia delante. De la misma manera Melvin Purvis se nos presenta como un cazador que no se detiene hasta haber capturado a su presa.

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Como no podía ser de otra forma las secuencias de acción son uno de los puntos álgidos de la cinta. Además de las secuencias en que se nos muestran los atracos encontramos el gran momento de acción en el asedio a la cabaña de Little Bohemia y la posterior persecución. Es de noche, los hombres de un Dillinger herido disfrutan de su éxito sin saber que fuera el agente Purvis espera con sus hombres. Un vehículo se marcha de la posada. Purvis ordena detenerlo con disparos. Comienza el tiroteo. A pesar de desatarse una verdadera refriega de tiros, que vuelven a sonar de forma tan contundente como en “Heat”, el espectador contempla como van desarrollándose los acontecimientos sin perder detalle alguno. La persecución en los coches no desciende el nivel, sino que le pone la guinda, con Purvis disparando sin parar hasta que consigue volcar el vehículo de los atracadores. Para finalizar la secuencia nada mejor que ver como uno de los perseguidos muere de manera antológica, sin dejar de disparar hasta dejar vacío el cargador y caer muerto. Es una secuencia memorable, de esas que se te graban en la retina y te dejan clavado.
El final de la cinta merece también mención. Es un final fatalista y premonitorio en que nuestro protagonista acepta su destino contemplando la película “Manhattan Melodrama” protagonizada por Clark Gable. Gable es en pantalla lo que Dillinger en la vida real, y el momento en que Gable se despide para ser ajusticiado funciona como interruptor para que Dillinger acepte su final. La mirada que le echa al policía que le apunta a la salida del cine muestra el alma de un hombre que sabe lo que va a pasar. La escena final deja claro lo importante que es la historia de amor, con Billie como protagonista.

El guión está escrito por el propio Mann junto con Ann Biderman y Ronan Bennet. El punto de partida es el libro de Bryan Burrough, del cual cogen algunos detalles para crear la historia. El guión posee buenos diálogos, algunos de ellos memorables, aunque por otra parte parece faltarle algo que logre alzar la película como una Obra Maestra. Posiblemente sea la poca importancia que tienen personajes como Frank Nitti o Phil D´Andrea así como lo desdibujada que queda la creación del FBI. Aún así el libreto de la cinta es superior a la media de lo que nos ofrece el cine americano permitiéndose el lujo de introducir detalles cómicos, en su mayoría acertados. Sin duda alguna lo peor de la cinta fue ese gag propio de comedia barata en que Dillinger se encuentra en un cine rodeado de gente y su foto aparece en pantalla invitando a los espectadores a mirar a izquierda y derecha. Reconozco que me reí, pero no casa con la seriedad de la propuesta.

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El aspecto visual de la cinta es impecable. El rodar en digital otorga a la película un aire documental que ayuda a que la cinta posea más veracidad en sus imágenes y a introducirnos aún más en la acción. El Chicago de los 30 luce con todo lujo de detalles y la excelente fotografía de Dante Spinotti es otro punto a favor.
La banda sonora de Elliot Goldenthal es una hermosa composición que se ayuda de temas musicales propios de la época que casan perfectamente con las imágenes. Es también propio del cine de Mann que la música ayuda a narrar la historia y a describir situaciones.

Johnny Depp es John Dillinger por medio de una interpretación sumamente contenida, alejada de lo que el actor nos tiene acostumbrados. Incluso cuando parece que va a soltar alguna risa forzada se contiene y se queda en una leve sonrisa. Depp demuestra tesón y carisma para salir mas que airoso y llevar sobre sus hombros la película. Marion Cotillard realiza una gran interpretación como Billie Frechette, el amor de Dillinger. La actriz francesa posee momentos impresionantes en que su mirada hablar por sí sola, además protagoniza dos secuencias altamente dramáticas difíciles de olvidar. Christian Bale da vida a Melvin Purvis mediante su rostro hierático y su presencia firme. No entiendo por qué las criticas tan negativas hacia Bale y su interpretación en esta cinta, hace lo que el personaje requiere y demuestra que Purvis no siempre está de acuerdo con los métodos que se emplean para llevar a cabo las investigaciones. Entre la extensa lista de secundarios, que van desde tener una importancia mediana al simple cameo, encontramos a Billy Crudup, John Ortiz, David Wenham, Stephen Dorff, Jasón Clarke, Giovanni Ribisi, Emilie de Ravin, Leelee Sobieski o Branka Katic.

Con esta cinta Mann eleva el listón del cine actual ofreciéndonos una apuesta arriesgada que rompe con los cánones formales que siempre han gobernado en este tipo de producciones. Junto con “Up” es lo mejor que llevamos en el año procedente de USA. Por cierto, entre los productores ejecutivos, aunque no acreditado, encontramos a Robert de Niro.

“Enemigos Públicos” es una notable película que posee todos los ingredientes propios de Michael Mann. Acción, drama, romanticismo y un final, en mi opinión, idóneo. Le falta poco para llegar a ser una Obra Maestra.

Lo Mejor: La, arriesgada y atrevida, puesta en escena de Mann. Los actores. El sonido de los disparos.

Lo Peor: El gag cómico en el cine.

Bonnie and Clyde, de Arthur Penn

11 agosto, 2009

1967_Bonnie_and_ClydeLos guionistas Robert Benton y David Newman estaban leyendo el libro “The Dillinger Days” cuando descubrieron entre sus paginas la fotografía de un hombre y una mujer con un pie de foto que rezaba: “Estaban enamorados y robaban bancos”. Los dos guionistas unieron sus fuerzas para escribir un guión acerca de esa pareja de atracadores que vivió la fama a principios de los años 30, pero no un guión al uso sino siguiendo las pautas del cine europeo, en especial del que se hacía en Francia bajo el nombre de “Nouvelle Vague”. Una vez terminado el libreto Newman y Benton concertaron un encuentro con el hombre que veían ideal para dirigir la cinta, François Truffaut. El director les dijo que le gustaba mucho el guión pero rehusó dirigirlo debido a que ya estaba inmerso en el proyecto de “Farenheit 451”. A pesar de negarse a hacerlo Truffaut ayudó a que la película se hiciera realidad comentándole a Warren Beatty acerca de la existencia del guión y el actor se puso en contacto con Robert Benton para leerlo. Beatty quedó asombrado de tal modo que decidió producir el film y dar vida a Clyde Barrow. Se llegó a un acuerdo con Warner Brothers para producir la cinta y distribuirla. Beatty tuvo problemas para encontrar un director, aunque finalmente sería una de sus primeras opciones, Arthur Penn, quien se haría cargo, también se buscó a los actores adecuados para dar vida a los personajes poniendo especial atención en la actriz que daría vida a Bonnie Parker. La actriz la encontrarían gracias a unas fotos que hizo Curtis Hanson, en donde una guapísima chica rubia posaba devorando la cámara. Su nombre era Faye Dunaway. La película acabó filmándose y se estrenó en 1967, a pesar de que Jack Warner les dijera a Beatty y Penn que era una basura y que en el pase de estudio se había tenido que levantar tres veces para ir al servicio. La acogida por parte de la prensa no fue nada calurosa, la critica la masacró y el público pasó de ella. Parecía que Beatty había fracasado en su debut de productor, sin embargo un critico europeo que la había visto la puso muy bien. A él había que añadir las criticas de algunos miembros de la prensa norteamericanos que también reconocieron muchas virtudes en ella y eso animó a que se estudiara la posibilidad de relanzarla. Se anunció su reestreno por medio de carteles elaborados con todas las criticas positivas que animaran a la gente a acercarse al cine a verla. La respuesta fue altamente positiva, y, lo que es mejor, la crítica se fijó en ella desde otra perspectiva descubriendo un nuevo estilo dentro del cine americano. Y si en Estados Unidos funcionó bien, en Europa arrasó. El estilo que lucía Dunaway en el film fue imitado por jovencitas y los críticos europeos acogieron la película con los brazos abiertos, como un soplo de aire fresco. Era el principio de un nuevo cine americano.

La película nos narra las vivencias de Clyde Barrow y Bonnie Parker por el sudoeste de Estados Unidos a principios de los años 30, cuando la Gran Depresión golpeaba sin compasión a las familias que veían perder todas sus tierras embargadas por los bancos. En este ámbito social nacieron muchos delincuentes y gangsters, como los protagonistas. Personajes que se forjaron como héroes populares al convertirse en enemigos de las autoridades y robar a quien estaba robando a la gente humilde. Ya se sabe que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón. La característica que hizo de Bonnie y Clyde una pareja famosa era que estaban enamorados. No eran unos grandes atracadores de bancos, de hecho se les daba fatal, y eso lo muestra la cinta con breves escenas. Malvivieron por las carreteras de varios estados, huyendo siempre de la policía que quiso echarles el guante. Lo pasaron mal, pero siempre estuvieron juntos, hasta el momento de su muerte. Bonnie Parker escribió una hermosa poesía que resumía sus días junto a Clyde antes días antes de morir. No era una historia de criminales, sino la historia de dos amantes que fueron contracorriente.

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La cinta dirigida por Arthur Penn no puede ser tomada por un documento histórico. Robert Benton ha afirmado en más de una ocasión que se tomó a la pareja de delincuentes para mitificarlos, no para hacer un documental de lo que sucedió en realidad. En efecto, “Bonnie and Clyde” no es una cinta de rigurosidad histórica, sino un acercamiento romántico a la vida de estos bandoleros en donde se muestra la relación que tuvieron entre sí. La cinta nos narra por medio de varias secuencias el largo camino que recorren juntas dos personas que se parecen demasiado. Bonnie es una chica infeliz que anhela vivir la vida a lo grande, paladeando cada soplo de aire fresco. Clyde es un exconvicto que no puede redimir su condición de delincuente y que se enamora de la chica en cuanto la ve. Una vez juntos, nadie podrá separarlos.
La relación entre ambos protagonistas se enriquece al introducir a los personajes de Buck y Blanche, el hermano de Clyde y su esposa. Para Bonnie son un incordio, en especial ella, y les impiden vivir la vida que ella tiene en su cabeza. Como otro problema nos encontramos con el tema de la impotencia de Clyde, quien es incapaz de estar con una mujer. A pesar de ello Bonnie no deja de amarlo, aunque sí muestra síntomas de infelicidad.
El tema de la muerte rodea en todo momento a los personajes, en especial sobre Bonnie. La chica teme morir, y por ello echa de su vehículo a un hombre que declara ser funerario. Su miedo a la muerte se incrementa con la visita a su madre en esa bella secuencia, casi onírica, en que la señora mayor les dice que se pasarán toda la vida huyendo y que nada terminará bien. Es la premonición de algo malo que va a suceder, pues poco después morirán y ya no huirán más.

Gracias a “Bonnie and Clyde” Hollywood abrió los ojos y despertó de ese letargo en que fabricaba productos mediocres donde resaltaba un 5% de los títulos realizados. Arthur Penn creó la primera película puramente Hollywoodiense bajo los cánones europeos. El montaje por medio de elipsis en que la historia transcurra a base de breves secuencias que nos muestren la vida diaria e intima de los protagonistas, la utilización de la cámara y el no suprimir las secuencias violentas hicieron de ella un título de referencia. Penn consiguió crear una película en donde no se supiera qué iba a suceder en los próximos cinco minutos. Si algo me gusta de “Bonie and Clyde” es cómo mezcla situaciones cómicas con otras dramáticas. Así pues tenemos ese momento en que ambos roban un banco y al salir descubren que su recién incorporado miembro C.W. acaba de aparcar el vehículo de huida, para a continuación intentar escapar a toda prisa enfrentándose a la policía y matando a un hombre inocente. Penn tampoco escatima en escenas de acción. En ellas los tiroteos son ensordecedores y la violencia realista. Para la historia ha quedado ese final con los dos amantes mirándose el uno al otro y aceptando su destino, con miedo. Una secuencia final memorable con cierto grado de lirismo.
Posiblemente el tiempo haya jugado un poco en contra de la cinta a día de hoy pero no podemos negar su riqueza visual. La excelente fotografía Burnett Guffey se creó por medio de luz natural consiguiendo resultados de gran belleza. La dirección artística corrió a cargo de Dean Tavoularis y el diseño de vestuario de Theadora Van Runkle. El montaje de Dede Allen es una seña de identidad de la cinta y utiliza a menudo fundidos a negro para describir el paso del tiempo, ya sea un día o semanas. Robert Towne colaboró en la cinta como consultor creativo.

bonnieOtra de las grandezas de la cinta la encontramos en su reparto. Warren Beatty es Clyde Barrow, el atracador impulsivo con una inteligencia que roza lo infantil. Personalmente si encuentro un fallo en la cinta es precisamente Beatty, y es que no acabo de creérmelo como el violento Clyde Barrow. Claro que la película es solo un acercamiento, pero hay algo en Beatty que me impide simpatizar con el personaje. Aún así reconozco que se esfuerza y lo salva. Lo contrario me sucede con Faye Dunaway. Desde el primer plano en que aparecen sus ojos nos roba la atención y nos enamora. Dunaway está formidable como la chica guerrera que ama a su atracador y maestro pero que muestra síntomas de fragilidad al descubrir que no van a ninguna parte en la vida. Toda una creación interpretativa. Gene Hackman está formidable como Buck Barrow. A el actor le vino muy bien el papel debido a las dificultades laborales que estaba teniendo y lo aprovechó al máximo sacando todo el partido que podía. Memorable su final. Michael J. Pollard es C.W., el mecánico que se convierte en conductor de los atracadores. Pollard crea al personaje más inocente de la cinta. Estelle Parsons es Blanche, la esposa gritona de Buck que no solo pone nerviosa a Bonnie, sino a los espectadores. Divertidísimo el momento en que sale de casa gritando mientras se está desarrollando un tiroteo. Parsons se documentó acerca de los personajes que iban a representar y fue la única del grupo que sabía que se habían tomado muchas libertades artísticas. Entre las presencias secundarias destaca Gene Wilder en uno de sus primeros papeles cinematográficos como Eugene, el hombre que se descubre como funerario.

La película acabo consolidándose como todo un éxito que recibió diez nominaciones a los Oscars: Película, Director, Actor, Actriz, Secundarios (Hackman y Pollard), Secundaria, Guión Original, Vestuario y Fotografía. Finalmente se llevó Secundaria y Fotografía.

“Bonnie and Clyde” fue todo un puñetazo al sistema de estudios que imperaba en Hollywood, una bomba que explosionaría despertando a los jóvenes autores que volverían hacer brillar a la Meca del Cine.

Lo Mejor: Su ejecución formal y estructural. La fotografía. Los actores.

Lo Peor: Ver en ella un documento histórico, cuando no lo es. Beatty está muy ajustado como Clyde.

Gangs of New York, de Martin Scorsese

2 agosto, 2009

gangsofnewyorkUno de los proyectos personales para Scorsese era llevar a la gran pantalla su versión sobre el libro escrito en 1928 por Herbert Asbury titulado “Gangs of New York”. El director neoyorquiino tuvo que aguardar treinta años para llevarla a cabo en lo que se convertiría en el proyecto más ambicioso de toda su carrera. Scorsese se marchó a Italia a los legendarios estudios Cinecitta para construir los enormes decorados y rodar íntegramente la historia. Con los hermanos Weinstein como productores a través de Miramax el director se encontró al finalizar el largo rodaje con un grave inconveniente, su versión final rondaba las cuatro horas de duración, algo que los productores no podían permitir. Scorsese estuvo largo tiempo enfrascado en el montaje de la cinta con tal de contentar a los Weinstein y dar luz verde al estreno de la cinta. Finalmente la película adquirió una duración cercana a las tres horas que vio el visto bueno de los productores. La película había adquirido hasta ese momento una gran fama al tratarse de un film largamente acariciado por el director y tuvo su carta de presentación en el Festival de Cannes de 2002, donde se proyectó un avance. La película llegaría a las carteleras en Navidades de ese mismo año con ansías de convertirse en un nuevo clásico en la filmografía de Scorsese y, de paso, conseguirle premios. Desgraciadamente se quedó a medio camino.

1846. Neva York. Las bandas rivales conocidas como “Los Nativos” y “Los Conejos Muertos” están a punto de combatir por dejar claro de una vez por todas quién tiene el mandato sobre el barrio de Five Points. Bill Cutting, conocido como el Carnicero, vence al Sacerdote Vallon otorgando la victoria a “Los Nativos” y convirtiendo en proscrito a todo aquel que ose usar el nombre de “Los Conejos Muertos”. Dieciséis años después el hijo de Vallon, Amsterdam, regresa a Five Points para vengar la muerte de su padre, sin embargo su objetivo irá posponiéndose hasta no haberse ganado la confianza del Carnicero.

“Gangs of New York” funciona como un enorme fresco histórico que nos describe la vida de un barrio de la Gran Manzana a mediados del S. XIX. Observamos cómo llegaban incesantemente inmigrantes de todos los rincones, especialmente irlandeses, y cómo esto hacía mella en la vida de los norteamericanos. La Guerra Civil es noticia diariamente y los enviados a luchar son precisamente los inmigrantes recién llegados. El régimen gubernamental está dirigido por personas con dudosa moral que necesitan de la ayuda de lideres populares para llevar a cabo sus fines. Mientras tanto, en las calles, viven personas de toda condición que se dedican al hurto y a la violencia más sanguinaria. Bandas como “Los feos de las chisteras” o “Los camisas largas” caminaban marcando su territorio en Five Points haciendo tratos con la policía metropolitana. La mano dirigente que mantiene el orden dentro del Caos es Bill Cutting, persona con altos contactos en el ámbito político que dirige con puño de hierro el barrio. En medio de todo esto se desencadenará una historia de venganza por parte del joven Amsterdam, que no olvida el recuerdo de su padre ni del hombre que lo mató frente a sus ojos.
Con todo este gran lienzo que se nos presenta podríamos haber presenciado una gran película épica heredera de los grandes maestro del cine clásico en donde se nos narrara las diferentes relaciones entras las bandas que existían en la ciudad y el nacimiento de los primeros gangsters. Al menos eso prometía el título, mostrarnos la forja de las bandas de Nueva York. Sin embargo los diferentes grupos delictivos aparecen muy fugazmente sin apenas detenerse en profundidad en ninguno de ellos, lo cual es un fiel reflejo de lo que acaba siendo el film, una historia en donde se nos da mucha información sobre la forma de vida de Nueva York en sus primeros años de vida sin centrarse en nada en concreto. Ni siquiera la historia de venganza por parte de Amsterdam acaba por resultar bien desarrollada. Todo se queda en un montón de pinceladas bien dadas que no logran alcanzar un conjunto maestro.

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El mayor problema de la película es el ritmo y el querer abarcar tanto en tan poco. Se nota demasiado que la película a sufrido tijeretazos, no solo porque se dio a conocer la amargura de Scorsese al no poder mostrar nunca su versión integra del film sino porque el conjunto posee muchos altibajos. Para no ir muy lejos diré que resulta demasiado acelerado, y chocante, cómo se desarrollan los hechos al final, en que las revueltas por las calles se cruzan con la batalla final de forma confusa.
Tampoco ayuda que la historia se haya quedado en una historia de venganza más. Viniendo de Scorsese uno espera mucha más profundidad en los personajes y más capas debajo de la piel que cubre a los protagonistas. Solo Bill el Carnicero se salva de la quema en este aspecto. Al tratarse de una película de índole histórico el preferente más directo que encontramos en la filmografía del director es “La Edad de la Inocencia”, donde fue más allá de relatarnos una historia de amor y adulterio al completarla con una fuerte critica hacia la sociedad burguesa neoyorquina.

Con “Gangs of New York” entramos en la etapa que yo llamo “Scorsese busca el Oscar desesperadamente”, que coincide con el inicio de colaboración con Leonardo DiCaprio, quien por aquel entonces buscaba quitarse la etiqueta de “chico Titanic”. Siempre he sido defensor de “Gangs of New York” por muchas pegas que tenga a nivel de desarrollo. Y es que solo por cómo está dirigida la película y por el nuevo recital interpretativo que nos ofreció Daniel Day-Lewis merecía defenderla.
Reconozcámoslo, Scorsese ofrece un gran espectáculo a nivel visual. Su toque se deja ver en ese increíble travelling que describe el destino de los inmigrantes desde el momento que llegan a América y son reconocidos ciudadanos americanos hasta que regresan en caja de pino de la Guerra. Su planificación a la hora de centrarse en los actores y dejarlos hacer, en especial en el caso de Day-Lewis, es irreprochable. También lo ayuda el hecho de haberse decantado por utilizar grandes escenarios y hacer la película a la vieja usanza, sin más efectos visuales que los necesarios. Los impresionantes decorados creados por Dante Ferreti o el diseño de vestuario de Sandy Powell lucen en todo su esplendor dejando patente la grandeza de rodar en Cinecitta.
En contra debemos hablar de cómo se muestran las batallas del principio y del final. Ambas poseen cosas buena y malas. Las buenas. En el caso de la primera el mostrarnos sin ningún atisbo de pudor la violencia y la forma de luchar de los bandoleros. En el caso de la segunda utilizar tan bien la niebla que se ha formado por culpa de las explosiones para narrar la pelea entre Amsterdam y Bill. Las malas. En ambos casos es la misma cosa, el recurso de cámaras lentas y amaneramientos modernos que pegan muy poco con el conocido estilo del director y que deja patente su decisión de hacer una película excesivamente comercial.

El guión está escrito a tres manos, lo cual casi nunca es buena señal por muy buenos que sean los guionistas. Jay Cocks escribió el primer borrador y colaboró con Steven Zaillian y Kenneth Lonergan en la elaboración del guión final. El resultado es tan irregular como la propia película.
El montaje de Thelma Schoonmaker deja mucho que desear. A la falta de un ritmo bien hilado hay que sumarle varios fallos de raccord reconocibles y torpes.
La Banda sonora está formada por temas musicales de todo tipo que define la riqueza étnica que existía en la ciudad por aquel entonces, desde música original de Howard Shore hasta Peter Gabriel y la memorable canción de U2 que cierra el film .

leoandcameronwallEl reparto está encabeza por Leonardo DiCaprio, Cameron Diaz y Daniel Day-Lewis. DiCaprio está bastante cumplidor como Amsterdam, pero lejos de lo que llegaría a ofrecernos años después. Prometía mucho más con ésta primera colaboración a las ordenes del director que tanto ha admirado. Cameron Diaz no desaprovechó la oportunidad de trabajar con Scorsese dando vida a Jenny, la ratera que trabaja por las calles. La actriz está a la altura de su partenaire DiCaprio cumpliendo sin mucho más, aunque hay que reconocerle que dentro de sus interpretaciones la de Jenny es de las mejores. Claro, no ayuda a los dos jóvenes actores tener a su lado a ese portento interpretativo que es Daniel Day-Lewis, verdadero devoraescenas que convierte a su Bill el Carnicero en verdadero protagonista de la cinta. Con el personaje del Carnicero Scorsese vivió un eterno conflicto. Primero se lo ofreció a De Niro, quien denegó la oferta al comprobar que se trataría de un rodaje muy largo lejos de su familia. Posteriormente se le ofreció a Nick Nolte, quien también rehusó. Finalmente Scorsese se presentó en Venecia para hacerle una visita a Day-Lewis en la zapatería donde se había puesto a trabajar y de paso enseñarle el guión. Parece que Day-Lewis decidió que su retiro había sido suficiente y le dijo que sí a Marty. Gracias a él la película gana enteros, memorable su monologo cubierto por la bandera norteamericana. Entre los secundarios nos ecnotramos con Henry Thomas, John C. Reilly, Brendan Gleeson, Jim Broadbent o Liam Neeson como el Sacerdote Vallon, padre de Amsterdam.

“Gangs of New York” se estrenó en Navidades de 2002 en Estados Unidos, cuando aún el fantasma del 11S reinaba por las películas, cosa que a Scorsees no le impidió introducir las Torres Gemelas para cerrar el film con ese gran plano general de Nueva York.
Parecía que el director al fin alcanzaría su preciado Oscar, al menos eso presagiaba su victoria en los Globos de Oro y las diez candidaturas que recibió la película. Pero nada más lejos de la realidad. “Gangs of New York” se convirtió en una de las mayores fracasadas en la historia de los Oscars al no obtener ni un galardón.

“Gangs of New York” es una de las películas fallidas de Scorsese. No es una mala película pero le falta mucho para alcanzar el calificativo de notable. Tal vez algún día podamos ver el montaje completo que el director esperaba ofrecernos y así poder juzgarla como se merece, aunque eso es muy poco probable. Lo que para el director empezó como un sueño acabó resultando uno de sus mayores fracasos.

Lo Mejor: El espectáculo visual que ofrece Scorsese. El gran Daniel Day-Lewis.

Lo Peor: Expone demasiado sin desarrollar nada. Sus altibajos de ritmo. Lo mucho que ofrecía.

Ali, de Michael Mann

22 mayo, 2009

aliEn 1964 Cassius Clay se proclama campeón del mundo de los pesos pesados al derrotar a Sonny Liston. Una década después, ya conocido como Muhammad Ali, vuelve a combatir por el título contra George Foreman en Zaire.

Hacer la película sobre Muhammad Alí estuvo en el punto de mira del director afroamericano Spike Lee durante muchos años, tanto interés tenía en realizarla que cuando se anunció que Michael Mann iba a encargarse de ello puso el grito en el cielo. Mann se mostró al principio reticente a realizar el film, aunque también había mostrado mucho interés por el proyecto. A finales de los 90 tanto el actor elegido para dar vida a Ali, Will Smith, como el propio personaje sobre el que se iba a realizar el biopic eligieron a Mann para hacer el film que relataría los hechos más importantes de la vida de Muhammad Ali.

La película nos narra la década comprendida entre la victoria que llevó al protagonista a ganar el título de los pesos pesados en 1964 hasta la mítica pelea contra Foreman en Zaire en el año 1974. Una década en la que el personaje vivió una amistad con Malcolm X, quien le introdujo en la religión islámica, tuvo problemas con la justicia debido a su oposición a participar en Vietnam y no ocultaba su afición a las mujeres guapas.
Muhammad Ali fue un hombre que luchó para que su identidad fuera reconocida por todo el mundo. El entrar a formar parte del grupo afroamericano islámico que Malcolm X le descubre, y cuyo precursor es Elijah Muhammad , significa para el boxeador romper con la esclavitud, con el nombre de esclavo que su familia ha llevado y abrazar una religión que pregona la paz y una nueva esperanza para el ciudadano negro. Por desgracia la asociación musulmana demuestra a Ali no ser tan firme como parece, sino que se mueve también por intereses, así se explica que lo acepten dándole su nuevo nombre cuando gana el titulo de los Pesados y que le den la espalda, expulsándolo incluso, cuando es acusado por el Gobierno y condenado a pasar cinco años de cárcel y a pagar una multa de 10000 dólares. A pesar de ello Ali no renuncia a sus creencias ni a su nombre, pues él se ha hecho a sí mismo y nadie le manda, convirtiéndose en el héroe del pueblo.

Con esta película Michael Mann comienza su andadura en el S. XXI poniendo en práctica el uso del cine digital. El director utiliza en este film las cámaras digitales para rodar algunas escenas nocturnas u oscuras y tramos de combates otorgando a la película un aire cuasidocumental que desarrollaría aún más en su posterior “Collateral”, a partir de la cual rodaría siempre en este sistema.
A pesar de comenzar su andadura en digital el director es fiel a sí mismo y realiza una película con fuerza en sus imágenes, en donde la cámara se incrusta en los personajes para describirnos sus sentimientos y en que el uso de la steadycam funciona para darle más empaque de documental. Largos planos acompañados por una música acorde con el tema del que se habla y perfectamente fotografiada, esta vez por Emmanuel Lubezki, dejan claro que estamos ante un film 100 % Michael Mann.
Puesto que estamos ante la historia del mayor boxeador de todos los tiempos ha de haber combates. Al contrario que en otras producción hollywoodienses sobre el mundo del boxeo aquí apenas hay una emoción triunfal sino una muestra de los hechos tal cual. Si es cierto que en ocasiones concretas se introduce una cámara lenta o la música hace aparición, pero sin llegar a la exaltación. Mann estudió cada combate que iba a aparecer en la película para plasmarlo en la pantalla de forma calcada. El realizador coloca los objetivos en diferente puntos de vista mientras se desarrolla el combate (dentro del ring, en plano subjetivo de un boxeador, mostrándonos al público) consiguiendo que el interés no decaiga.

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A pesar de poseer fortaleza en sus imágenes “Ali” adolece de un montaje que no aguanta todo lo que se nos cuenta de manera equilibrada. Los dos primeros actos (el triunfo del boxeador llegando a alzarse con el título y siendo aceptado dentro de la comunidad islámica; su enfrentamiento con el Gobierno de Estados Unidos y su retirada de licencia) se sustentan bien, hay interés en saber cómo el personaje se enfrentó a estos problemas. Ahora bien, no se puede decir lo mismo del tercer acto, que nos describe la preparación y el posterior combate en Zaire. Parece que toda la película ha sido hecha para realizar este momento, que ocupa la extensa media hora final. Quizás su error sea el detenerse en un solo hecho en esta ocasión (el combate contra Foreman) mientras que en los otros dos tramos había muchos mas temas. Tampoco ayuda la forma de concluir el film, congelando la imagen con el campeón sobre el ring demostrando ser el mejor y apareciendo las típicas letras que nos resuman qué fue de su vida después, como si de un telefilm se tratara. Por este motivo el film entra a formar parte de las películas buenas, pero no brillantes, de la carrera del director.

El libreto del film fue escrito por Stephen J. Rivele, Christopher Wilkinson, Eric Roth y el propio Mann, consiguiendo introducir en él todos los hechos relevantes en la década que envuelve al film. Los diálogos son buenos y tratan de ser respetuosos con los personajes que escenifican.
El director de fotografía Emmanuel Lubezki otorga una extensa galería de colores, cambiando tonos según el lugar donde se desarrolle la acción, además las composiciones de los planos, utilizando de diferente forma la profundidad de campo, son muy llamativas.
El reparto está perfecto en su conjunto, Mann es un excelente director de actores que se preocupa en que el más mínimo personaje demuestre tener importancia dentro de la trama. Will Smith destaca sobre el resto no solo por dar vida al personaje protagonista Muhammad Ali, sino porque se trata de su primera gran interpretación dramática, quizás la mejor de su carrera a día de hoy. El actor adquirió la masa muscular que tuvo el boxeador en la época que se describe y aprendió a boxear de la misma forma que él, transformándose completamente. Otra transformación la tenemos en Jon Voight, al cual es difícil reconocer tras el maquillaje que lleva para dar vida a Howard Cosell, el entrevistador televisivo que hace buenas migas con el campeón a pesar de protagonizar diversos enfrentamiento públicos para complacer a la audiencia. Jamie Foxx se estrena con Michael Mann dando vida a Bundini, el guía de Ali en el ring, un personaje que sufre la caída del boxeador convirtiéndose en un alcohólico. Jada Pinkett Smith coincide con su esposo dando vida a Sonji, primera mujer de Ali que se convierte al Islam por él. Mario Van Peebles da vida a Malcolm X. Ron Silver es Angelo, el entrenador del campeón. Jeffery Wright es Howard Bringham, fotógrafo siempre acompañando al protagonista. Nona Gaye es Belinda, segunda esposa del boxeador y Michael Michele da vida a la tercera chica que rompe el corazón del protagonista en la cinta, Veronica.

La película consiguió dos nominaciones a los Oscars correspondientes a Actor (Will Smith) y Secundario (Jon Voight).

Brillante en su forma y con buenas interpretaciones “Ali” se presenta como una cinta interesante que nos describe a uno de los personajes más influyentes del Siglo XX. Lástima que su excesiva duración le pase factura.

Lo Mejor: El estilo de Michael Mann. Los actores.

Lo Peor: Su tercer acto pesa mucho.


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