Muchos años han pasado desde que Steven Spielberg declarara su intención de realizar un film sobre el decimosexto Presidente Norteamericano, Abraham Lincoln. A principio de 2000 se especuló que Tom Hanks se encargaría de dar vida al conocido líder del pueblo norteamericano que fue asesinado en el Teatro Ford el 15 de Abril de 1985, para posteriormente confirmarse que sería otro actor que ya había trabajado con Spielberg, Liam Neeson, quien se haría cargo del papel. El proyecto parecía no ver la luz y en Junio de 2010 Neeson se apeó del mismo, cuando el guion firmado finalmente por Tony Kurshner (en sustitución del inicialmente previsto John Logan) basado en el libro “Team of Rivals” estaba listo. En Noviembre de 2010 Spielberg anunció quién sería el actor elegido para tan importante rol, el irlandés Daniel Day-Lewis, algo que sumaba considerablemente el interés sobre el film.
La fecha escogida para el estreno (en Estados Unidos) fue el 7 de Noviembre, justo después de celebrarse las elecciones norteamericanas.
La cinta se centra en los últimos meses de vida del Presidente Lincoln, cuando la Guerra Civil Americana vivía su cuarto año y la Cámara de los Comunes estaba a punto de votar la Decimotercera Enmienda, por la cual se aboliría la esclavitud al reconocer a todas las personas iguales ante la ley.
Al contrario de lo que pudiera parecer la película no relata la vida de Abraham Lincoln sino cómo éste consiguió sacar adelante su proyecto de ley por el cual conseguir poner fin a la esclavitud a la que estaban sometidos las personas de color en los estados del Sur. Así la película se desarrolla como un drama histórico que avanza por medio de conversaciones en donde se citan repetidamente conceptos y referencias de ámbito político, pero que lanza un mensaje humanista que encauza con el cine característico de su director. Y es que “Lincoln” posee detalles en común con “El Color Púrpura” o “Amistad”, en que se aboga por los derechos humanos y se vuelve a poner de manifiesto cómo para conseguir un buen fin se deben hacer sacrificios, por duros y desagradables que sean. Para ello el film gira en torno a Lincoln y su obsesión por que se vote a favor de la Decimotercera Enmienda, y lo hace humanizándolo, representándolo como un ser humano que posee un don para la oratoria pero que también tiene miedos y dudas, sabiendo que no todas las decisiones que tome serán las acertadas, de hecho para conseguir su triunfo no dudará en comprar votos a favor y en alargar la Guerra que está sacudiendo su Nación.
A pesar de desarrollarse en medio de una contienda bélica la cinta carece por completo de secuencias de acción, de hecho la única batalla aparece en la apertura del film, funcionando para situarnos temporalmente. Aquí los soldados son sustituidos por políticos, las armas por documentos, las banderas por ideologías y los campos de batalla por despachos y gabinetes, lugar en donde de verdad se deciden las contiendas, con un grupo de hombre discutiendo sobre lo que se debe o no se debe hacer.
Se nota cuando se tiene pasión por un proyecto, y, de la misma manera que Abraham Lincoln luchó por sacar adelante la enmienda que pusiera fin a la esclavitud, Steven Spielberg ha luchado por realizar su film sobre el famoso Presidente cuya estatua preside la National Mall de Washington, consiguiendo un resultado de gran nivel. Después de decepcionar (más para unos que para otros) con la “impuesta” cuarta entrega de Indy, de divertirse con la infografía en la estupenda “Tintín y el Secreto del Unicornio” y de realizar la irregular “War Horse”, el Rey Midas vuelve con una obra mayor, en donde demuestra, una vez más, su genio cinematográfico. “Lincoln” es una película visualmente impecable, con una belleza en sus imágenes innegable, en la cual sorprendentemente, y muy a favor de la misma, el director se muestra más comedido y teatral que nunca, casi invisible, situando la cámara en el lugar que le corresponde, consiguiendo encuadres preciosos y elegantes que ayuden y refuercen a la narración. No hay mejor ejemplo de esto que la primera secuencia del film en que se nos presenta el Presidente, escuchando el relato de dos soldados de color que han sobrevivido a la batalla con la que se abre el film y mostrándose como un hombre que busca la cercanía y la comprensión, sin necesidad de que lo halaguen ni ensalcen. Sólo por esa breve secuencia la película merece la pena, claro que hay mucho más, como todas las secuencias protagonizadas por Lincoln (cada una vale su peso en oro) o las dos grandes intervenciones de Thaddeus Stevens (inconmensurable Tommy Lee Jones), en especial su última secuencia, una verdadera preciosidad. Resulta, además, muy interesante e inteligente la forma en que Spielberg decide narrar el destino del Presidente, de manera que consiga tomar por sorpresa al espectador de la misma forma que cogió por sorpresa a los ciudadanos.
Nos encontremos con la cinta más seria e impostada del director desde “Munich” (no en vano comparte guionista) pero ello no impide que encontremos momentos y situaciones muy suyos, como por ejemplo cuando el trío contratado por el Presidente intenta comprar votos (divertida, en especial cuando el personaje de James Spader se da prisa para que no lo maten) o el momento de la votación, que posee un toque de emoción muy característico de este tipo de producciones y una resolución bastante previsible. Salvo esas leves pinceladas la cinta mantiene el tono sin cortarse en mostrar las secuelas de la Guerra al final, cuando Lincoln avanza a caballo por los campos.
El guion firmado por Tony Kushner es muy bueno al desarrollar la estrategia política que ejecutó Lincoln con ayuda de unos pocos hombres. Aunque no narre la vida del personaje si lanza algunos detalles de su vida, como la infelicidad en su matrimonio (Mary Todd Lincoln es representada como una mujer con cierto desequilibrio emocional debido a un acontecimiento pasado).
Es cierto que el tema que trata puede impedir la conexión emocional en el espectador, o que muchos espectadores acaben algo cansados o desinteresados sobre lo que se cuenta, ahora bien no veo que la película posea características para que se le tache (como he llegado a leer) de americanada. Si, está protagonizada por un Presidente Norteamericano, se desarrolla en un periodo muy conocido de la Historia Norteamericana y está realizada por, posiblemente, el director norteamericano más famoso. Pero, por esa regla de tres, bien podríamos catalogar muchas otras películas de “Inglesadas”, “francesadas”, “alemanadas” o, ¿por qué no?, “españoladas”. Personalmente considero “americanada” a toda aquella película que no sólo ensalce al pueblo norteamericano sino aquellas que ponga a los yanquis como únicos posibles salvadores (y salvados) del mundo, como por ejemplo cualquier película de Roland Emmerich (director alemán al que le caen muy bien los norteamericano vista su filmografía, aunque siempre se cargue sus emblemáticas ciudades) o Michael Bay. “Lincoln” no entra dentro de ese cajón, es una historia que habla sobre un hecho histórico muy importante que no ensalza a los Estados Unidos por encima de ninguna otra nación, de hecho en la cinta encontramos una reflexión, con toques shakesperaianos, sobre el ser humano y se cierra con una secuencia (algo caprichosa y, posiblemente, sobrante) en donde se abraza a todas las naciones. De hecho más que una película política la veo como una película idealista que posee eco actual, y es que gracias a la semilla que plantaron Lincoln y sus seguidores fue posible la lucha de Luther King a favor de los derechos civiles y hoy día podemos ver sentado en el despacho oval de la Casa Blanca a Barack Obama. Estamos, en definitiva, ante una historia universal que defiende la igualdad entre todos los seres humanos.
La dirección de Spileberg no sería lo mismo sin estar brillantemente apoyada por sus colaboradores habituales. La fotografía de Janusz Kaminski es una maravilla, consiguiendo la sensación de estar viendo viejos cuadros en movimiento, con un tratamiento de la luz excepcional.
Al contrario de lo que sucedía en la anterior película de Spielberg la notable música del gran John Williams aparece en momentos muy puntuales, funcionando, como de costumbre, como perfecto acompañamiento.
Parece que ésta es la película del director con mejores interpretaciones vista la gran cantidad de premios y reconocimientos que están recibiendo los mismos, pero la verdad es que Steven Spileberg es muy buen director de actores, como ya se ha visto en sus anteriores películas, y aquí sigue demostrándolo mediante una selección de intérpretes de primer orden. David Strathairn es el senador William Seward, mano derecha del Presidente; Jared Harris el Jefe del Ejército de la Unión Ulisses S. Grant; Joseph Gordon-Levitt da vida al hijo de Abraham Lincoln, Robert, quien insiste en alistarse para la Union; James Spader, John Hawkes y Tim Blake Nelson funcionan como alivio cómico como el trío Bilbo, Latham y Schell; Hal Holbrook es Preston Blair, político que funciona como pieza clave en los planes del Presidente; Jackie Earl Haley es el delegado Alexander Stephens. Todos están muy bien en sus respectivos roles, pero hay tres que destacan sobre el resto. Sally Field entró al proyecto desde primer momento para dar vida a Mary Todd Lincoln, a la cual personifica como una mujer que sufre grandes dolores de cabeza debido a los premonitorios sueños de su esposo y a la sombra del pasado que le arrebató a su hijo. Tommy Lee Jones vuelve a hacer gala de su vena algo huraña, pero muy cargada de humanidad y calidez, bordando su rol del abolicionista Thaddeus Stevens. Y frente a todos ellos, llenando cada escena, demostrando, una vez más, de qué va esto de la interpretación, nos encontramos con el gran Daniel Day-Lewis, el cual vuelve a desaparecer tras el personaje que le ha tocado interpretar, el Presidente Abraham Lincoln, consiguiendo que creamos que estemos viendo en todo momento al viejo Presidente, como si éste hubiera resucitado. El trabajo del irlandés es digno de todo elogio posible haciendo del personaje alguien cercano, cálido, con sentido del humor, un líder que infunde respeto mediante la comprensión, la tolerancia y la calma. Otra gran interpretación para su soberbia carrera.
La película se está convirtiendo, inesperadamente, en el mayor éxito de Spileberg en taquilla en años (si exceptuamos la última de Inidiana Jones) y ha recibido grandes parabienes de la crítica. Y es que a pesar de su apariencia “Lincoln” esconde un discurso conciliador y humanitario que no debería pasar desapercibido. Otra gran película de su director.
Lo Mejor: Demuestra, de nuevo, la maestría de Spileberg y Day-Lewis. El reparto. Visualmente es una preciosidad.
Lo Peor: Tanta terminología política puede impedir la conexión emocional del espectador. La secuencia que funciona como epílogo me resulta caprichosa.













De un tiempo a esta parte siempre que se ha realizado una película policíaca ambientada a principios del S. XX se ha hecho siguiendo las pautas del género, con cierto aire nostálgico y resultados en su mayoría excelentes que tenían el sello de su director como “Los Intocables”, “Muerte entre las Flores” o la más reciente “Camino a la Perdición”. Cuado Michael Mann anunció que su siguiente proyecto sería una aproximación a la figura de John Dillinger, a quien el mundo del cine le ha rendido tributo en varios films como “Dillinger” de John Milius, muchos de sus admiradores nos alegramos en exceso. Cada noticia nueva del proyecto hacia que las ansias de ver el film aumentaran. En un principio la idea era que el protagonistas estuviera interpretado por Leonardo DiCaprio pero por problemas de agenda no pudo ser y el director se puso en contacto con Johnny Depp, quien aceptó. Para dar vida a Melvin Purvis se escogió a Christian Bale, anunciando así un duelo interpretativo entre ambos que rememorara una de las obras cumbre del director, “Heat”. La sorpresa que puso el grito en el cielo por parte de mucha gente fue la decisión del director de rodar la cinta en Digital con cámaras de Alta Definición como lleva haciendo desde “Collateral”. El resultado es una cinta visualmente impactante que renueva el cine de criminales ambientado en la Gran Depresión.



Los guionistas Robert Benton y David Newman estaban leyendo el libro “The Dillinger Days” cuando descubrieron entre sus paginas la fotografía de un hombre y una mujer con un pie de foto que rezaba: “Estaban enamorados y robaban bancos”. Los dos guionistas unieron sus fuerzas para escribir un guión acerca de esa pareja de atracadores que vivió la fama a principios de los años 30, pero no un guión al uso sino siguiendo las pautas del cine europeo, en especial del que se hacía en Francia bajo el nombre de “Nouvelle Vague”. Una vez terminado el libreto Newman y Benton concertaron un encuentro con el hombre que veían ideal para dirigir la cinta, François Truffaut. El director les dijo que le gustaba mucho el guión pero rehusó dirigirlo debido a que ya estaba inmerso en el proyecto de “Farenheit 451”. A pesar de negarse a hacerlo Truffaut ayudó a que la película se hiciera realidad comentándole a Warren Beatty acerca de la existencia del guión y el actor se puso en contacto con Robert Benton para leerlo. Beatty quedó asombrado de tal modo que decidió producir el film y dar vida a Clyde Barrow. Se llegó a un acuerdo con Warner Brothers para producir la cinta y distribuirla. Beatty tuvo problemas para encontrar un director, aunque finalmente sería una de sus primeras opciones, Arthur Penn, quien se haría cargo, también se buscó a los actores adecuados para dar vida a los personajes poniendo especial atención en la actriz que daría vida a Bonnie Parker. La actriz la encontrarían gracias a unas fotos que hizo Curtis Hanson, en donde una guapísima chica rubia posaba devorando la cámara. Su nombre era Faye Dunaway. La película acabó filmándose y se estrenó en 1967, a pesar de que Jack Warner les dijera a Beatty y Penn que era una basura y que en el pase de estudio se había tenido que levantar tres veces para ir al servicio. La acogida por parte de la prensa no fue nada calurosa, la critica la masacró y el público pasó de ella. Parecía que Beatty había fracasado en su debut de productor, sin embargo un critico europeo que la había visto la puso muy bien. A él había que añadir las criticas de algunos miembros de la prensa norteamericanos que también reconocieron muchas virtudes en ella y eso animó a que se estudiara la posibilidad de relanzarla. Se anunció su reestreno por medio de carteles elaborados con todas las criticas positivas que animaran a la gente a acercarse al cine a verla. La respuesta fue altamente positiva, y, lo que es mejor, la crítica se fijó en ella desde otra perspectiva descubriendo un nuevo estilo dentro del cine americano. Y si en Estados Unidos funcionó bien, en Europa arrasó. El estilo que lucía Dunaway en el film fue imitado por jovencitas y los críticos europeos acogieron la película con los brazos abiertos, como un soplo de aire fresco. Era el principio de un nuevo cine americano.
Otra de las grandezas de la cinta la encontramos en su reparto. Warren Beatty es Clyde Barrow, el atracador impulsivo con una inteligencia que roza lo infantil. Personalmente si encuentro un fallo en la cinta es precisamente Beatty, y es que no acabo de creérmelo como el violento Clyde Barrow. Claro que la película es solo un acercamiento, pero hay algo en Beatty que me impide simpatizar con el personaje. Aún así reconozco que se esfuerza y lo salva. Lo contrario me sucede con Faye Dunaway. Desde el primer plano en que aparecen sus ojos nos roba la atención y nos enamora. Dunaway está formidable como la chica guerrera que ama a su atracador y maestro pero que muestra síntomas de fragilidad al descubrir que no van a ninguna parte en la vida. Toda una creación interpretativa. Gene Hackman está formidable como Buck Barrow. A el actor le vino muy bien el papel debido a las dificultades laborales que estaba teniendo y lo aprovechó al máximo sacando todo el partido que podía. Memorable su final. Michael J. Pollard es C.W., el mecánico que se convierte en conductor de los atracadores. Pollard crea al personaje más inocente de la cinta. Estelle Parsons es Blanche, la esposa gritona de Buck que no solo pone nerviosa a Bonnie, sino a los espectadores. Divertidísimo el momento en que sale de casa gritando mientras se está desarrollando un tiroteo. Parsons se documentó acerca de los personajes que iban a representar y fue la única del grupo que sabía que se habían tomado muchas libertades artísticas. Entre las presencias secundarias destaca Gene Wilder en uno de sus primeros papeles cinematográficos como Eugene, el hombre que se descubre como funerario.
Uno de los proyectos personales para Scorsese era llevar a la gran pantalla su versión sobre el libro escrito en 1928 por Herbert Asbury titulado “Gangs of New York”. El director neoyorquiino tuvo que aguardar treinta años para llevarla a cabo en lo que se convertiría en el proyecto más ambicioso de toda su carrera. Scorsese se marchó a Italia a los legendarios estudios Cinecitta para construir los enormes decorados y rodar íntegramente la historia. Con los hermanos Weinstein como productores a través de Miramax el director se encontró al finalizar el largo rodaje con un grave inconveniente, su versión final rondaba las cuatro horas de duración, algo que los productores no podían permitir. Scorsese estuvo largo tiempo enfrascado en el montaje de la cinta con tal de contentar a los Weinstein y dar luz verde al estreno de la cinta. Finalmente la película adquirió una duración cercana a las tres horas que vio el visto bueno de los productores. La película había adquirido hasta ese momento una gran fama al tratarse de un film largamente acariciado por el director y tuvo su carta de presentación en el Festival de Cannes de 2002, donde se proyectó un avance. La película llegaría a las carteleras en Navidades de ese mismo año con ansías de convertirse en un nuevo clásico en la filmografía de Scorsese y, de paso, conseguirle premios. Desgraciadamente se quedó a medio camino.
El reparto está encabeza por Leonardo DiCaprio, Cameron Diaz y Daniel Day-Lewis. DiCaprio está bastante cumplidor como Amsterdam, pero lejos de lo que llegaría a ofrecernos años después. Prometía mucho más con ésta primera colaboración a las ordenes del director que tanto ha admirado. Cameron Diaz no desaprovechó la oportunidad de trabajar con Scorsese dando vida a Jenny, la ratera que trabaja por las calles. La actriz está a la altura de su partenaire DiCaprio cumpliendo sin mucho más, aunque hay que reconocerle que dentro de sus interpretaciones la de Jenny es de las mejores. Claro, no ayuda a los dos jóvenes actores tener a su lado a ese portento interpretativo que es Daniel Day-Lewis, verdadero devoraescenas que convierte a su Bill el Carnicero en verdadero protagonista de la cinta. Con el personaje del Carnicero Scorsese vivió un eterno conflicto. Primero se lo ofreció a De Niro, quien denegó la oferta al comprobar que se trataría de un rodaje muy largo lejos de su familia. Posteriormente se le ofreció a Nick Nolte, quien también rehusó. Finalmente Scorsese se presentó en Venecia para hacerle una visita a Day-Lewis en la zapatería donde se había puesto a trabajar y de paso enseñarle el guión. Parece que Day-Lewis decidió que su retiro había sido suficiente y le dijo que sí a Marty. Gracias a él la película gana enteros, memorable su monologo cubierto por la bandera norteamericana. Entre los secundarios nos ecnotramos con Henry Thomas, John C. Reilly, Brendan Gleeson, Jim Broadbent o Liam Neeson como el Sacerdote Vallon, padre de Amsterdam.
En 1964 Cassius Clay se proclama campeón del mundo de los pesos pesados al derrotar a Sonny Liston. Una década después, ya conocido como Muhammad Ali, vuelve a combatir por el título contra George Foreman en Zaire.