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El Gran Gatsby, de Baz Luhrmann

22 mayo, 2013

great_gatsby_ver17Poca esperanza existía en torno al resultado que pudiera ofrecer la nueva adaptación de la famosa novela de F. Scott Fitzgerald, una de las cimas literarias norteamericanas del S. XX. Y es que el anuncio a mediados del pasado 2012 del cambio de fecha del estreno daba idea de la inseguridad que tenía Warner sobre la misma, cosa sorprendente ya que era una de las que se barajaban para los Oscars, aunque, según justificaron después, era un riesgo que DiCaprio estrenara dos películas simultáneamente y decidieron colocarla en Mayo, justo al comienzo de la temporada veraniega.

Nick Carraway es un joven con aspiraciones a escritor se muda a pasar el verano a Nueva York, en donde vive su prima Daisy con su esposo Tom Buchanan. Junto a su residencia vive un misterioso hombre que organiza fiestas en su inmensa mansión y que responde al nombre de Gatsby. Inesperadamente, Nick recibe una invitación para asistir a uno de esos estruendosos eventos de parte del mismísimo Gatsby, con quien entablará amistad y descubrirá el secreto que esconde tras su riqueza.

La obra de Fitzgerald ofrece una desmitificadora imagen del sueño americano, y más en concreto de los famosos años 20, cuando Estados Unidos vivió una fiesta sin freno gracias a su proliferación económica. No parecía existir mañana para todos aquellos que gastaban el dinero que llenaba sobradamente sus bolsillos gracias a la revolución industrial y el auge inmobiliario, ni para los que, a pesar de la Ley Seca, vivían de fiesta en fiesta, descorchando el champán, ingiriendo alcohol, bailando hasta que los pies casi se les rompieran. Era el desfase en su máximo expresión, un periodo en que la felicidad se medía en la cantidad de dinero que se poseía. Siempre se quería más, y más, y más, nada era imposible, y menos desde que un edificio había llegado a rozar el cielo. Y sin embargo, tras esa alegría, ese poder, se escondía la infelicidad de seres que se sienten solos, incompletos, incapaces de llenar ese hueco que les impedía sonreír de verdad.
“El Gran Gatsby” crítica la clase acomodada sin reparos. La hipocresía, los juicios hacia cualquier persona recién conocida y hacía los nuevos ricos, las máscaras que ocultan infidelidades aparecen a lo largo de un relato que tiene en su misterioso protagonista la personificación del idealismo, el amor y la melancolía. Jay Gatsby es el Sueño Americano sin fisuras, con un marcado idealismo y una pizca de inocencia, se ha formado a sí mismo y ha luchado contra todo lo que se ha puesto por delante hasta lograr lo que todo el mundo ansía, aunque para él no sea más que un medio para llegar a lograr lo que le empuja a seguir rodando, la persona a la que entregó su corazón, Daisy.
Se aporta así, a través del personaje, una visión romántica del mundo destruido por el paso del tiempo y por un pasado que cuesta que regrese.

No diré que la película no adapta fidedignamente el texto de Fitzgerald, ya que no es así, a pesar de prescindir de personajes (o hacerlos más secundarios) o de ofrecer una más protagonismo al narrador Nick, la película narra los hechos tal y cómo suceden en la novela. El problema del film radica en lo que personalmente ya me temía, Baz Luhrmann sigue adorando los excesos visuales, llegando a asfixiar con ellos una historia que no los necesitaba, o al menos, no en la medida en que se usan.
El director australiano sigue fiel a sí mismo regalándonos otra de sus películas personales, y es que, nos guste o no, Luhrmann es un autor, y su cine está caracterizado por música estridente y anacrónica con respecto a la historia, veloces movimientos de cámara y un montaje frenético al más puro estilo videoclip. Además su tema no cambia, una historia de amor que comienza como si de una comedia se tratase y acaba en la más triste de las tragedias (con excepciones, claro). Dicho desarrollo me funcionó como espectador en “Moulin Rouge!” y me horrorizó en “Australia”, así que ahora no me sorprende que siga por el mismo camino, aunque sí que mientras viera el film tuviera destellos de “Moulin Rouge!”, y es que aquí el director casi logra que olvide de que esto viendo “El Gran Gatsby” y piense que esto es la segunda parte del musical, sustituyendo a McGregor por McGuire (el narrador torturado) y a Kidman por DiCaprio (la persona amada/admirada).

GatsbyDiCaprio

A pesar de no gustarme sus manierismos narrativos, creo que a Luhrmann le gusta el buen cine, el clásico, siempre ha dejado huella de ello, por ejemplo en “Australia” usaba “El Mago de Oz” y su “Over the Rainbow” casi como leit motiv, y sus títulos de crédito son muy elegantes, por no citar el uso dela fotografía en sus películas, rememorando el gran technicolor, aunque en ocasiones resulte pasteloso y sobrecargante, como en la presente. Así pues, Luhrmann, criado entre grandes títulos musicales de MGM y Warner, entiende el cine como un gran espectáculo cercano a una fiesta de luz y color, tal vez sea por esa razón por la que cualquier historia, por muy íntima que sea, las adorna con mil y un trucos que dejen boquiabierto al espectador, ya sea para bien o para mal.

En “El Gran Gatsby” no me gustó que de nuevo se decantara por un estilo excesivamente cómico para la presentación de Nick al llegar a Nueva York, ni que se excediera en la representación de las fiestas, aunque, a medida que va progresando hacia el drama clásico una vez entra Gatsby en escena, mejora y llega a transmitir el alma de la novela.
Si me tuviera que quedar con una secuencia tengo claro que sería la confrontación entre Gatsby y Buchanan en la habitación de Nueva York. Me pareció todo un logro por parte de Luhrmann conseguir transmitir el ambiente tan cargado, ya no sólo por el insoportable calor, ni por los aparatos de aire acondicionado o el picahielos, sino por los personajes, que saben que de un momento a otro todo va a explotar.

La Banda Sonora, a pesar de prescindir del jazz característico de la época y que tan presente estaba en la obra de Fitzgerald (a excepción de la presentación del personaje por medio del Raphsody in Blue), posee una selección de canciones soberbia aunque no me convencieron del todo insertadas en el film.
Los efectos especiales no están todo lo cuidados que debieran, aunque también es cierto que al director le gusta dejar marcado qué es real y qué fabricado por ordenador, como si estuviésemos en un teatro o en la época dorada de las películas.
Luhrmann vuelve a encontrarse con Leonardo DiCaprio para realizar este proyecto tan personal para ambos tras “Romeo+Julieta”. Ya tenemos claro que DiCaprio es muy buen actor y que de unos años a esta parte se ha forjado una carrera impecable, cosa que parece no ensuciará con la presente, aunque si está más bajo de lo que nos tiene acostumbrados. Su interpretación como Gatsby me resultó perfecta en los momentos dramáticos, aunque un tanto forzada cuando se tratan de escenas más alegres o incomodas (cuando espera a Daisy en casa de Nick, por ejemplo). Aun así me convence como el personaje. Su amigo Tobey McGuire sigue dando vida a personajes bondadosos y algo tímidos como es el caso de Nick, el joven que se ve engullido por lo que la gran ciudad le ofrece. McGuire me resultó muy justo y prescindible en más de una escena. Carey Mulligan está correcta como Daisy, la delicada flor que robó el corazón de Gatsby. Mulligan es muy buena actriz, pero, al igual que McGuire, no consigue convencerme del todo, sólo en su escena en el hotel conseguí vislumbrar algo del personaje descrito por Fitzgerald. Joel Edgerton me resulta perfecto como Tom, el millonario esposo de Daisy que tiene un affair con la esposa del dueño de la gasolinera. Edgerton consigue dotar de humanidad al personaje que se catalogaría fácilmente como “el malo”, cuando en realidad no es más que otro infeliz. El mejor del reparto para mí. Tanto Elizabeth Debicki como Isla Fisher y Jason Clarke me resultan desaprovechados, sus personajes tiene más peso y relación con los protagonistas, cosa que aquí se ha reducido.

La película ha sido la encargada de inaugurar el Festival de Cannes 2013 con un recibimiento más bien tibio por parte de la crítica.
En definitiva Luhrmann consigue una atrevida y artificiosa mirada a un clásico. The show must go on.

Lo Mejor: Joel Edgerton. La calurosa secuencia en la habitación del hotel.

Lo Peor: Los excesos de Luhrmann.

La Princesa Prometida, de Rob Reiner

20 marzo, 2013

BridePosterAhora que están tan de moda las adaptaciones de cuentos clásicos (Blancanieves, Hansel y Gretel, Las Habichuelas Mágicas) me parece un buen momento para recordar una de las películas que supo plasmar a la perfección lo que debe ser una película de aventuras con alma de cuento.
No me cansaré de unirme a todas aquellos que defienden la década de los 80 como una de las mejores en cuanto a cine juvenil, fantástico y de aventuras se refiere, encontrándonos verdaderos clásicos incuestionables. Parece que los años están revalorizando una década bastante denostada durante mucho tiempo por el sector critico, y de hecho, como bien podemos ver en la actualidad, se está volviendo la vista a dicha década en busca de inspiración y aprendizaje sobre cómo se deben hacer las cosas. Y es que las películas de los 80, aquellas con las que muchos crecimos, conseguían lo que la gran mayoría del cine comercial actual pretende. Conquistarnos. Dejaban de ser meros entretenimientos de alrededor de 100 minutos para convertirse en parte de nuestra vida cotidiana, de tal forma que frases que oíamos en ellas las insertábamos en nuestro día a día. Era un cine de consumo rápido que no menospreciaba al espectador que pasaba por taquilla, sino que le ofrecía un verdadero motivo por el que sentarse en la butaca y soñar con la historia que veía proyectada en la pantalla, llegando a hacerle partícipe y a sentirse identificado con los personajes protagonistas. En este contexto encontramos “La Princesa Prometida”, adaptación homónima del libro escrito por William Goldman que él mismo llevó acabo.

Duelos. Honor. Persecuciones. Gigantes. Criaturas terroríficas. Piratas legendarios. Curanderos. Amor Verdadero. “La Princesa Prometida” posee los ingredientes necesarios para captar engatusar a todo espectador consiguiendo ser una pieza maestra e imprescindible dentro del imaginario de aventuras cinematográfico. Claro que el verdadero detalle que hace que la cinta conecte con el público no es la historia en sí, sino la forma en que se nos cuenta,  remarcando su naturaleza de cuento mediante la figura del narrador, un buen cuentacuentos. Pues bien, dicho personaje es materializado en la figura del abuelo que visita a su nieto enfermo en cama y decide hacerle la tarde más amena leyéndole un libro, el mismo que su padre le leía a él y posteriormente que él leyó al padre del niño.
Existe un aire aleccionador en la relación entre el abuelo y el niño, el cual es el típico mozalbete amante de los videojuegos y los deportes al que le repelen los libros y todo lo relacionado con temas románticos (estupendo cuando el abuelo le anuncia que al final le dará igual si se besan o no). Sin embargo, y sin que él lo espere, está a punto de experimentar una gran aventura en donde su interés irá creciendo más y más hasta el final, demostrando el poder que posee una buena narración (ya sea literaria o cinematográfica) y cómo podemos ser transportados a lugares fantásticos sin salir de casa. A parte de la historia de aventuras que nos narra, la película nos relata el viaje de progresión del niño, el cual acaba pidiendo al abuelo que vuelva a leerle de nuevo el libro en su próxima visita, lanzándonos, además, un mensaje en apoyo a la cultura y al poder de la imaginación.

Reflexiones aparte, “La Princesa Prometida” es un cuento muy bien narrado que posee unos personajes carismáticos, los cuales representan una pasión o sentimiento. Buttercup y Westley reflejan el amor verdadero e incondicional; el Príncipe Humperdinck y el Conde Rugen la maldad y cobardía; Vizzini la prepotencia y la mentira; el Gigante Fezzik la amistad y bondad. Claro que si hay un personaje por el que es recordada la película (o al menos yo siempre la relaciono) ese es Iñigo Montoya. El honor personificado, el espadachín que ofrece descanso a su rival antes de comenzar el duelo, el que busca la venganza por la muerte de su padre. Un gran personaje que recuerda a los que dieran vida Errol Flynn o Douglas Fairbanks. Y, encima, español.
Resulta curioso cómo las pasiones que empujan a los personajes es lo que los mantiene con vida y los lleva, incluso, a resucitar. Así vemos cómo Westley revive por el amor que siente hacia Buttercup o cómo Iñigo, a pesar de haber recibido una herida mortal, sigue luchando y recuperándose por cumplir su palabra.

ButtercupWestley

Hoy su nombre parece haber perdido fuerza, pero Rob Reiner encadenó varios títulos remarcables entre las décadas de los 80 y 90, como “This is the Spinal Tap”, “Cuando Harry encontró a Sally” o “Algunos hombres buenos”, incluso se atrevió a adaptar a Stephen King de forma más que aceptable con “Cuenta Conmigo” y “Misery”. “La Princesa Prometida” pertenece a esta buena racha de producciones hollywoodienes en donde demostró ser un artesano más que eficiente, y eso se debió a su buena mano con los actores, logrando que los personajes que interpretaban llegaran a conseguir la empatía del espectador. Seguramente se le podrían sacar muchos errores técnicos al cuento que nos ocupa pero la sensación que nos queda tras verla es tan buena que se le perdonan.

William Goldman adaptó su novela de forma fidedigna, aunque con leves cambios, como el sustituir al personaje del padre por el abuelo. Aunque el cambio más importante lo encontramos en el mensaje final, mucho más pesimista en el libro al descubrírsele al niño que no todo en la vida es tan bonito ni acaba tan bien como aparenta en un principio (en el film el abuelo le dice que la vida no tiene por qué ser justa). Me gusta mucho como van introduciéndose interrupciones del niño que cortan la narración del cuento, eso no sólo aporta veracidad sino que incrementa la incertidumbre y emoción sobre lo que va a pasar a continuación. Creo que no hace falta decir que el film posee frases memorables, desde el “Como desees” hasta el mítico “Me llamo Iñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir”, la cual recientemente puso en apuro a un viajero que iba en un avión con una camiseta que ponía dicho texto en honor a la película.

El reparto está tan bien escogido que casi todos ellos son recordados por éste film, a pesar de haber hecho más cosas. Cary Elwes está muy bien como héroe enamorado que sigue los cánones físicos del aventurero clásico, con bigotito y atuendo al estilo del Zorro. Mi querida Robin Wright siempre ha sido Buttercup, la Princesa del título. Mandy Patinkin es Iñigo Montoya, y poco más que añadir, sólo que es un placer volver a disfrutar de él y de otro personaje tan bueno como es el Saul de Homeland. Fred Savage fue (como siempre) el jovenzuelo de la peli, en este caso, además, nexo de unión con el espectador, más aún si se tenía su edad cuando se veía por primera vez (caso de un servidor). Peter Falk volvía a deleitarnos con su presencia dando vida al entrañable abuelo y narrador del relato. Billy Cristal da vida, con maquillaje de por medio, al Milagroso Max.

La Banda Sonora fue compuesta por Mar Knopfler, la cual resulta pasada de moda (otra seña característica de muchas cintas ochenteras) pero otorga al film una personalidad característica. El tema “Storybook Love” fue cantado por Willy DeVille.

El film corrió la misma suerte que otro muchos títulos de los 80. El año de su estreno no tuvo el éxito esperado pero actualmente tiene multitud de seguidores, incluso existen parejas admiradoras del film que se han llegado a casar vestidos de los personajes y en un ambiente pastoril.
“La Princesa Prometida” es otro ejemplo perfecto de buen cine comercial y de cómo debe hacerse una buena película de aventuras que posea todos los ingredientes característicos. Un clásico para disfrutar una y otra vez.

Lo Mejor: Transmite la magia propia de los cuentos. El reparto.

Lo Peor: Inconcebible sacarle algo malo.

Eternal Sunshine of the Spotless Mind, de Michel Gondry

14 febrero, 2013

EternalPoster“Puedes borrar a una persona de tu mente. Sacarla de tu corazón es otra historia..”

14 de Febrero. Día de los enamorados. Aunque te digas a ti mismo que en realidad dicha fecha no es más que una estrategia publicitaria de la sociedad consumista, la añoranza de tener a alguien con quien compartir un momento o unas palabras, aunque sólo sea un “Me gustas”, vuelve a inundarte. Entonces decides que no quieres ir al trabajo. Tus ánimos no están para comprobar cómo compañeras y compañeros reciben cartas y ramos de flores que les alegre el día, y, de paso, te lo entristezca aún más. Así que tomas un tren de cercanías y huyes, te escondes en un lugar en donde no recuerdes en qué fecha te encuentras y donde no haya nadie, más que la fría calma de las olas. Pero algo sucede inesperadamente. De vuelta a casa en el tren una chica quiere entablar conversación contigo. Ya la habías visto antes, en la estación. No es muy guapa, ni tampoco fea, pero tiene una personalidad que te atrae de la misma manera que su extravagante color de pelo. No sabes por qué, pero esa chica te gusta, y tú parece que le gustas a ella, así que te ofreces acompañarla a casa cuando te la vuelves a encontrar en tu coche de regreso. Habláis, tomáis una copa y os despedís, con su número de teléfono apuntado en un papel para llamarla, cosa que haces nada más llegar a casa. Y así, amigo, has empezado una historia de amor, la cual, como todas, comienza de manera maravillosa aunque, poco a poco, vayan apareciendo pequeñas piedrecitas que entorpezcan el camino.
Un día, tan inesperado como aquel en que os conocisteis, las piedrecitas han hecho una montaña aparentemente infranqueable que pone punto y final a lo vuestro. No importa quién ha tenido la culpa. Se ha acabado. Pero lo peor no es eso, sino descubrir cómo ella te ha borrado por completo de su vida, de tal forma que si os encontráis te mirará como un desconocido. El dolor te corroe la entrañas y decides pagarle con la misma moneda, mandándola al olvido, y para que te resulte más fácil piensas en las cosas en las que estabais en desacuerdo, lo que no te gustaba de ella, vuestras pequeñas disputas. El problema es que, en medio de esos recuerdos, aparecen los buenos momentos, los que hacían que estar a su lado mereciera la pena. Pero ya es tarde. Lo bueno y lo malo ha quedado atrás, en un rincón de la memoria que has optado por enviar a la papelera de reciclaje en espera de pulsar el botón “vaciar”. Te gustaría volver al día que la conociste, cuando te gobernaba un sentimiento extraño y agradable cada vez que os mirabais, cuando no había problemas y estabais felices, que era lo realmente importante, aunque al final lo olvidaras. Sólo te queda la esperanza de tener otro 14 de Febrero en que el amor vuelva a aparecer.

No importa cuántas veces vea “Eternal Sunshine of Spotless Mind”, siempre acaba despertándome emociones. Es la historia de amor-desamor más extraordinaria que he visto, en la cual siempre descubro algo nuevo. Es una Joya indiscutible en que todos los elementos están ligados a la perfección, desde la inventiva puesta en escena de Michel Gondry, llena de una originalidad desbordante que nos introduce en el onírico mundo del subconsciente con un uso de recursos artesanales fabuloso, a una banda sonora de primera en que lucen tanto las canciones (es especial “Everebody´s got to learn something”) como la composición original de Jon Brion. El montaje es sobresaliente, sorprendiendo al espectador y ayudando a subrayar ese toque pesimista, pero también lleno de esperanza, de la cinta con respecto a la relación amorosa.

EternalBiblio

La peculiar y extravagante imaginación de Charlie Kaufman consigue crear la historia más honesta, certera y perfecta de lo que es una relación sentimental a través de un proceso lobotomizador que acerque al film al género fantástico. Su lábor le reportó, al fin, el Oscar.
El elenco interpretativo consigue componer personajes inolvidables, desde un odioso Elijah Wood como profanador de personalidad, pasando por un Mark Ruffalo de lo más pintoresco que sufre de amor en silencio a una inocente y alegre Kirsten Dunst y un (casi) siempre estupendo Tom Wilkinson como Genio de la lámpara capaz de conceder el deseo del olvido. De Kate Winslet poco se puede escribir ya, sólo diré que no me ha enamorado tanto como con su extrovertida, peculiar y carismática Clementine. Pero la sorpresa del film no es ninguno de los elementos ya citados, sino el actor protagonista de la cinta, el cual certificaba su calidad interpretativa de manera incuestionable como el tímido y torturado Joel. En “El Show de Truman” se ganó el respeto del sector que lo apuñalaba en cada una de sus nuevas comedias, con “Man of the Moon” repitió jugada, pero en ninguna de ellas está tan soberbio como en la presente. Y es que Jim Carrey merecía en 2004 el reconocimiento que se le ha negado siempre, porque su interpretación de hombre torturado que emprende una odisea por olvidar a su amor es de lo más memorable que se ha visto en años a nivel interpretativo. Porque enternece. Porque cada segundo en que aparece transmite verdad. Porque consigue que empatices con él y sientas su tristeza.

El título del film (en España “Olvídate de Mí”) hace alusión (incluso de forma expresa en el film) a un fragmento del poema de Alexander Pope “Eloise to Abelard”:

¡Qué feliz es la suerte de la vestal sin tacha!
Olvidarse del mundo, por el mundo olvidada.
¡Eterno resplandor de la mente inmaculada!
Cada rezo aceptado, cada antojo vencido.

Al igual que la fuente de la que bebe para su título la película acaba resultando un poema visual en donde se dan de la mano comedía, drama, e incluso terror. Todo ello ligado de manera sublime bajo un manto surrealista.
“Eternal Sunshine of the Spotless Mind” es la película romántica más fascinante que se ha creado para mi gusto, en donde se vuelve a demostrar cuán cruel e irónico puede llegar a ser el Destino, llevándonos a tropezar en la misma piedra una y otra vez, y el Amor, el cual, además de reportar grandes momentos de felicidad, también duele.

Brindemos por los inocentes que emprenden su viaje romántico empujados por la ilusión, las esperanzas y la felicidad, ignorantes de los futuros inconvenientes que la vida les pondrá en su camino poniendo a prueba su amor.

Feliz Día de San Valentín.

Amor, de Michael Haneke

22 diciembre, 2012

AmourPosterMichael Haneke posee el don de incomodar al espectador a través de sus historias y los personajes que las protagonizan, amén de su innegable capacidad cinematográfica para remarcar dicho malestar. En su última película el director alemán nos vuelve a golpear con un relato duro y triste cargado de lucidez sobre la vejez, la enfermedad, el compromiso y la muerte.

Un matrimonio que se encuentra en el otoño de su existencia vive plácidamente en su piso de Paris hasta que un día la señora sufre una parálisis y el marido decide cuidarla en casa.

Entre los votos que una pareja promete cumplir al pasar por el altar se encuentra el tan consabido “en lo bueno y en lo malo; en la salud y la enfermedad”, lo cual Haneke expone de manera honesta en la pantalla. El amor es uno de los sentimientos más bonitos del mundo, pero también de los que más daño hacen. No todo lo que conlleva la palabra es un camino de rosas. Amar acuña términos y valores tan fuertes como el respeto, la tolerancia, el perdón o el compromiso. Éste último es el que más se nota en el film, con el marido demostrando desde el primer momento en que la enfermedad, ese ladrón de bienestar, aparece inesperada y terriblemente. Es posible que la forma en que el marido decida llevar las riendas y cuidar de su esposa sea un tanto cuestionable, incluso por momentos cruel, pero para él no es sino la manera de mostrarle respeto y cumplir aquello que le hizo prometer.
Haneke, fiel a su elegante estilo mediante una planificación plagada de planos largos y travellings, hiere al espectador por medio de una verdad incuestionable: nuestro camino en este mundo tiene un final, y no va a ser agradable, ni para nosotros, simples mortales, ni para las personas que tenemos a nuestro alrededor y nos quieren. Durante todo el metraje el director va acrecentando una atmósfera atosigante (ayudada por el reducido espacio donde se desarrolla, el piso de la pareja) consiguiendo que nos encojamos más y más, clavándonos pequeños alfileres hasta, llegado un punto crucial, rasgarnos el alma.
A pesar del dolor que nos transmite la historia he de decir que sentí también mucha humanidad, ternura e, incluso, un rayo de esperanza en la conclusión de la misma, al menos yo quiero verlo asi.

Aunque posea sus rasgos característicos estoy de acuerdo con los que opinan que ésta es la película más accesible de las realizadas por el director, además de ser la, para mi gusto, más universal de su filmografía. Me sorprendió especialmente comprobar cómo, a pesar del tema que trata, Haneke aprovecha para introducir un leve toque de comedia mediante el uso de la música en un plano-contraplano.
Claro que si el film consigue calar hondo es gracias a la labor interpretativa de los protagonistas, Emmanuelle Riva y Jean-Louis Trintignant. Ella sobrecoge (en especial a aquellos que hayan vivido una situación similar) dando vida a Anne, la señora que sufre la enfermedad y va degenerándose poco a poco, mientras que él es Georges, el marido. Ambos no interpretan, sino que viven sus roles transmitiendo autenticidad en todo momento. A su lado nos encontramos con Issabelle Huppert como Eva, la hija del matrimonio, quien, siguiendo la tradición familiar, se ha dedicado a la música y no deja de viajar, sufriendo en la distancia la situación de su madre.

Ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes (en donde Haneke ha triunfado en seis ocasiones) “Amor” ahoga, remueve y nos llega como un puñetazo al estómago y la conciencia.

Lo Mejor: Trintignant y Riva. Su capacidad de conmocionar.

Lo Peor: No es apta para días nublados.

Ruby Sparks, de Valerie Faris & Jonathan Dayton

14 diciembre, 2012

RubyPosterNo son pocas las veces en que el cine ha recurrido a la figura del escritor para protagonizar historias (este año sin ir mas lejos hemos tenido varios títulos en que se ha dado el caso), casi siempre centradas en una crisis o situación conflictiva que impide al creador de palabras llevar a cabo su obra. “Ruby Sparks” se presenta de este modo, con el antiguo niño prodigio, y actual escritor de éxito, Calvin Weir-Fields, en medio de una crisis personal y creativa que le impide poder escribir una palabra para su nuevo y esperado libro. Tras seguir el consejo de su psiquiatra comienza a escribir sobre una chica que apareció en sus sueños y que se convertirá en su musa hasta un día en que, misteriosamente, se le presenta en su vida real.

Siguiendo la estela de películas recientes como “Más extraño con que la Ficción”, “500 días juntos” o “Eternal Sunshine of the Spotless Mind” (lo siento, no puedo con su castellanizado título), y con un cierto toque que recuerda a “Por amor al Arte” de Neil LaBute, el nuevo film de los directores de “Pequeña Miss Sunshine” conjuga a la perfección el cine romántico y de relaciones humanas con un toque original cercano al fantástico.
La película esconde dos historias, pudiendo interpretarse de dos modos. Por un lado como la relación entre el creador y su obra, comenzando como algo productivo en donde florezca el impulso por explorar aspectos desconocidos de su personalidad y el querer superarse a sí mismo creando algo que le complete y reconforte. Desgraciadamente, con el paso del tiempo, eso va desapareciendo dando paso a borrones y alteraciones en la obra en busca de un final perfecto que le dé sentido, y en ello es el escritor quien debe poner el punto final, liberándola y dejándola vivir su propia vida (una vez sea publicada y los lectores juzguen sobre ella) por mucho que le cueste y pese.
Por otro lado como una historia de amor que comienza de forma completamente inesperada. Toda relación sentimental tienen unos principios fabulosos, un chico conoce a una chica en que ve personificado todo lo que busca y vuelca en ella todas sus energías. Claro que las relaciones progresan y avanzan mostrando diversos aspectos de la personalidad de cada uno, desconocidos para el otro, que dan paso a discusiones y desacuerdos, siendo el mayor error intentar cambiar o moldear a la otra persona queriendo hacerla más a nuestra medida. Eso hace que una relación se vaya pudriendo y envenenando.

Los directores Valerie Faris y Jonathan Dayton siguen fieles a su estilo narrando la historia con los personajes como verdadero motor del relato. Con un ritmo bien medido la pareja de directores desarrolla la historia con buen gusto, otorgándole breves toques de comedia, en especial en la escena (que funciona como oasis en el conjunto) de la reunión en casa de la madre de Calvin o los momentos en que aparece el hermano de Calvin. Por lo demás “Ruby Sparks” posee un tono romántico indie que va evolucionando hacia el mayor de los dramas con una de las escenas de tortura emocional más chocantes, duras e inolvidables que he podido ver.
Si existe un nombre que debemos enmarcar como responsable del triunfo del film ese es el de Zoe Kazan, nieta del legendario director Elia Kazan. La joven actriz no sólo da vida de forma esplendorosa a Ruby, la chica de ficción que se materializa en la vida real, sino que es la responsable del guion, uno de los mejores del año para mi gusto, lleno de originalidad, fresco, con diversas lecturas sobre las relaciones de pareja y el trabajo del escritor.
La relación entre Calvin y Ruby funciona a la perfección gracias a los actores que le dan vida, la pareja en la vida real formada por Paul Dano y la propia Kazan, quienes desprenden una gran química más allá de la pantalla. Dano vuelve a dar vida a un escritor tras “Being Flynn” de manera altamente competente y creíble otorgándole ese toque que el actor ya ha explotado en otros títulos cercano a la timidez e inseguridad, mientras que Kazan ilumina todos y cada uno de los planos en que aparece. Les acompañan Chris Messina como Harry, el hermano de Calvin, quien a pesar de presentarse como un tipo algo inmaduro es un hombre con los pies en el suelo; Annette Bening y Antonio Banderas forman una pareja que rememora a la que ya dieran vida Dustin Hoffman y Barbra Streisand en “Los Padres de él”, dos hippies felices que viven en su pequeño paraíso terrenal; el gran Steve Coogan es la otra cara de Calvin, el egocéntrico escritor de éxito amante de las masas; Elliot Gould es el psiquiatra de Calvin.

Sin llegar a ser una película redonda “Ruby Sparks” ha conseguido robarme el corazón gracias a su historia y a sus personajes. Preciosa.

Lo Mejor: Zoe Kazan, en todas sus vertientes.

Lo Peor: Algún exceso en los tramos cómicos.

El Exótico Hotel Marigold, de John Madden

18 octubre, 2012

No sé por qué (puede que me pillara de buen humor) pero la última película estrenada por el director de “Shakespeare in Love” me ha ganado. Aunque me acerqué a ella con cierta reticencia (el recuerdo de “Love Actually” y su exceso de edulcoramiento pesa) he de decir que me he llevado una muy agradable sorpresa con esta historia protagonizada por grandes nombres de la escena británica.

Un grupo de jubilados ingleses se traslada a la India para pasar una temporada en el exótico hotel Marigold. Sin embargo, cuando llegan, descubren que el recinto no es tan exquisito como se les había vendido comenzando así una serie de descubrimientos personales que cambiarán su vida.

Lo cierto es que no se nos narra nada nuevo ni fabuloso en ésta historia, se trata de otro relato de descubrimiento personal más, sólo que protagonizado por un variopinto elenco de ancianos que, por diferentes razones, ha decidido viajar la India. Al principio, y como es natural, se sienten como pez fuera del agua, en un entorno que no es el suyo, rodeados de ruido, gente y costumbres desconocidas para ellos, pero al que, poco a poco, se irán adaptando y encontrando su lugar.
Para algunos el viaje significará poner fin a viejas heridas, para otros el escapar de las deudas. Al final, (y salvo para uno de los miembros que se vez incapaz de adaptarse) su estancia en la India significará un nuevo comienzo. No importa que la sociedad a la que perteneces te dé la espalda porque hayas superado la mayoría de edad, ni que hayas fracasado en un negocio, ni que te hayas quedado solo, siempre hay una salida y una forma de seguir adelante. Es el grito de Carpe Diem generalizado, no importa qué edad se tenga para emprender nuevos caminos.

La mayor virtud del film es la amabilidad que desprende, orquestada con elegancia y sin desviarse mucho hacia la comedia fácil ni el drama lacrimógeno. Cierto es que hay momentos que desentonan o no están bien encauzados, pero por lo general el tono alegre con toques de tristeza está bien llevado.
John Madden (del que tengo pendiente la bastante bien recibida “La Deuda”) sigue fiel a si mismo y realiza un film cuyo mayor aliciente se encuentra en su reparto, y es sobre ellos sobre quien se vuelca. Basándose en la novela de Deborah Moggach, cuya adaptación ha sido llevada a cabo por el guionista Ol Parker, el director británico narra el film de manera correcta y con buen ritmo secundado eficientemente por la fotografía de Ben David, que otorga al film esos colores exóticos propios del país en donde se desarrolla el film, y la fantástica música de Thomas Newman. Claro que el mayor aliciente del film es disfrutar en pantalla de Judi Dench, Bill Nighy, Tom Wilkinson, Maggie Smith, Ronald Pickup, Celie Imrie y Penelope Wilton, los cuales demuestran su buen hacer interpretativo creando unos personajes entrañables (a excepción de uno de ellos) a los que se les coge aprecio al poco de empezar el film. En especial destacan Dench, como voz narradora del relato, Wilkinson, un juez con un antiguo secreto, Nighy, fiel esposo y apasionado descubridor de nuevas culturas, y Smith, antigua criada con cierta vena intolerante y racista. El reparto lo completa Dev Patel como Sonny, propietario del Hotel Marigold que también sufrirá un redescubrimiento personal en su búsqueda por crear un hotel orientado a clientes de avanzada edad, y Tena Desae como su amada Sunaina.

A pesar de narrar una historia en donde los protagonistas descubran un país es de agradecer que no se excedan en dar una imagen turística del mismo, lo que no quiere decir que no suavicen un poco la realidad, que es distinto. Al contrario de otras cintas en donde se muestran rincones emblemáticos del lugar que se visita (caso de “VickyCristinaBarcelona” por ejemplo, entre otros muchos) aquí se elige narrar la historia captando el ambiente de las calles, y eso que bien podrían haber optado por ser más turísticos mediante el personaje de Nighy. Una decisión acertada en todo caso.

“El exótico Hotel Marigold” es una amable y simpática película que elogia la vida por encima de todo y de las que gusta disfrutar de vez en cuando.

Lo Mejor: El reparto. Su tono amable.

Lo Peor: Su falta de originalidad.

The Artist, de Michel Hazanavicius

7 enero, 2012

ImagenEn contadas ocasiones uno sale del cine con la sensación de haber visto un film extraordinario, algo que pocas veces se tiene la ocasión de ver. “The Artist” es una de esas películas. No cuenta nada nuevo, cierto, y sin embargo nos enamora. ¿Por qué? Pues sencillamente porque se trata de un film mudo en pleno S. XXI, y cuando digo mudo no sólo me refiero  a que ningún personaje habla. No. Sino a la esencia misma del cine mudo, o sea pantalla 4:3, ausencia de sonido más allá de la música, y, si, un blanco y negro que nos devuelve a la época de los años 20. Es un canto de amor al cine con mayúsculas, un sincero y bello homenaje a éste arte que tanto nos apasiona y encandila.

George Valentin es un famoso actor de cine que vive su apogeo en el Hollywoodland de los años 20 y que tropieza con la joven y ilusionada Peppy Miller, aspirante a actriz. La llegada del cine sonoro cambiará sus vidas.

La historia, como ya he citado, no cuenta nada nuevo, ésto mismo lo hemos visto en “Cantando bajo la lluvia” o “Sunset Boulevard”, pero resulta novedoso por la naturaleza de la cinta. Narrar en una película muda cómo el cine sonoro cambió la vida a multitud de estrellas que no supieron adaptarse y cayeron en el olvido me parece original, tanto como la forma en que nos muestra el director Michael Hazanavicius cómo Valentin se siente oprimido por un mundo al que no sabe adaptarse (sensacional la secuencia pesadillesca).
Hazanavicius, en cuyo curriculum encontramos las parodias (también protagonizadas por Jean Dujardin) de espías “OSS 117”, sabe perfectamente lo que hace, utiliza todos los recursos clásicos del cine y toca casi todos los géneros que existen (desde el drama a la comedia, pasando por el terror y el musical) para narrar la historia, con encuadres elegantes y precisos. Todo es un gran homenaje, ya no sólo al cine en general, sino a maestros como Chaplin, Keaton, Welles, Murnau, Hitchcock e incluso Spielberg.
A pesar de no tener un guión plagado de originalidad he de decir que la historia, de entrada, me tiene ganado, ya que trata de cine dentro de cine y habla sobre la caída y auge de estrellas, así como de la redención. Puede que esté cargada de clichés pero (como he dicho más de una vez) si lo que te cuentan está bien contado qué más da.
Un pilar fundamental en el cine es la música, y en ésta película se demuestra sobradamente. Aunque este año tenemos el regreso por la puerta grande del maestro John Williams con dos trabajos sensacionales me gustaría que los premios a mejor Banda Sonora del año se le otorgaran a Ludovic Bource, ya que su trabajo en “The Artist” es altamente meritorio y complejo debido a que él, a través de su música, es el encargado de describir las emociones de unos personajes que nos hablan a través de sus ojos.

Los halagos no acaban aquí. El reparto al completo merece un premio, ya que todos están formidables. Actuar en una película muda exige ser más expresivo, pero sin perder la naturalidad, y todos lo consiguen, es más, lo más asombroso es que parecen haber viajado en el tiempo y proceder de los primeros años del cine, y eso que no hablamos de actores desconocidos, por ahí tenemos a John Goodman, James Cromwell y Malcolm McDowell. Destacar a los protagonistas. Bérénice Bejo da vida a Peppy Miller con la alegría, inocencia y frescura de las jóvenes estrellas de cine. Su mirada es radiante durante todo el film y consigue enamorarnos en las primeras escenas en que aparece. De Jean Dujardin creo que ya se ha dicho todo. Cannes se rindió a sus pies y no dudó en entregarle el premio a Mejor Actor, y no es para menos. El actor francés está inmejorable como George Valentin, un cruce de Douglas Fairbanks y Rodolfo Valentino, que vivirá en sus carnes la llegada del sonoro. Dujardin nos da un recital interpretativo por todo lo alto por medio de una trabajo soberbio de expresión corporal rematado con la expresividad de su mirada, capaz tanto de hacernos reir a carcajadas (la secuencia en que está rodando y debe repetir tomas) como de emocionarnos. Un trabajo formidable, lleno de carisma y sentimiento. Y no nos olvidemos del perro, compañero de fatigas del protagonista y protagonista de varias de las secuencias memorables del film.

De vez en cuando el cine nos regala emociones y recuerdos imborrables. “The Artist” es cine puro. Valiente, divertida, romántica, triste, emocionante. Lo tiene todo, incluido un final de los que hacían tiempo no se veían, de los que dan ganas de levantarse y aplaudir. Uno de los cantos de amor al cine más bonitos que se han realizado y que he visto en pantalla grande. Puede ser prematuro decirlo, pero qué diablos, es, desde ya, un clásico.

Lo Mejor: Todo.

Lo Peor: Ni se me ocurre.

Sin compromiso, de Ivan Reitman

7 junio, 2011

Emma y Adam se conocen desde hace años. Un día deciden comenzar un relación centrada únicamente en encuentros sexuales con la condición de que nunca se enamoren.

Natalie Portman tuvo que agotarse en exceso durante el rodaje de “Black Swan”, sólo así se explica que las últimas películas estrenadas por la actriz sean meras producciones de consumo rápido destinadas al gran público.
“Sin compromiso” gira en torno a una relación de amigos con derecho a roce, algo que parece estar en alza hoy día ya que pronto se estrenará otro film de igual índole protagonizado por Mila Kunis (casualmente coprotagonista con Portman de la cinta de Aronofsky) y Justin Timberlake. El planteamiento podría dar para algo medianamente interesante que explique cómo han cambiado las relaciones hoy día debido a los apretados horarios laborales, al miedo al compromiso y a la independencia que sienten multitud de personas. En el caso de Emma, que es en quien más se ven estos rasgos, necesita una persona con la que desahogarse sexualmente pero no para tener una relación debido al ajustado horario de su trabajo (trabaja en un hospital como médico), esto la lleva a hacer un pacto con Adam, el cual acaba de sufrir un duro golpe emocional y sólo quiere acostarse con alguien por mero placer. Desafortunadamente el film acaba siendo una comedia romántica más, altamente predecible, y en la que solo puede destacarse el trabajo de los actores.

Ivan Reitman se ha encargado de dirigir la película. El que hace años fuera un acertado director de comedias (tal vez sin personalidad pero competente) parece haberse convertido en un director de encargo que ha perdido su chispa, quedando relegado a productos como “Mi SuperExnovia” o la presente, la cual, eso si, está rodada con estilo clásico, al servicio de los actores. Los chistes y gags pertenecen a la escuela de las recientes comedias juveniles, casi todos basados en el sexo y el mal gusto. Al menos se puede decir que la película no aburre, sobre todo si se es fan de alguno de los actores que aparecen.
Natalie Portman y Ashton Kutcher dan vida a los protagonistas de manera correcta, aunque lo más importante es que existe química entre ambos (no excesiva, pero menos da una piedra). Ella está muy simpática en sus escenas con unas copas de más y él sigue demostrando lo bien que se le dan este tipo de films. Del elenco destacan el gran Kevin Kline, el cual haga lo que haga siempre es bien recibido, aquí dando vida al padre de Adam, una antigua estrella de la televisión que sigue alardeando con su anticuado eslogan, y un muy secundario Cary Elwes como doctor del hospital en que trabaja Emma.

“Sin Compromiso” es una comedia romántica del montón que de no ser por quien la protagoniza no tendría mayor interés.

Lo Mejor: Los actores.

Lo Peor: No aporta nada nuevo.


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