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La Novia Cadáver, de Tim Burton

Febrero 13, 2008

bride.jpgAl mismo tiempo que realizaba “Charlie y la fábrica de chocolate”, Tim Burton creaba una nueva película de animación en la línea de “Pesadilla antes de Navidad” y “James y el melocotón gigante”, aunque que en esta ocasión, además de crear la historia y producirla, él se encargaría de dirigirla junto a Mike Johnson.
La película narra la historia de Victor Van Dort, prometido en matrimonio con Victoria Everglot. Incapaz de pronunciar los votos en el ensayo de la ceremonia, el joven prometido vagará por el bosque intentando recordarlos. Tras pronunciarlos perfectamente en un ensayo e introducir el anillo en lo que parece una rama, sus problemas no habrán hecho más que comenzar, pues acaba de desposarse con una novia cadáver.

Inspirándose en una antigua historia ruso-judía Burton consigue aquí un ejercicio de stop-motion visualmente más rico que la celebre historia de Jack Skeleengton, aunque no tan original. Y es que el film es una carta de amor a todo lo que le gusta al director homenajeando a las viejas películas de terror como a las historias de amor.
El matrimonio que han de contraer Victor y Victoria es de conveniencia, pues la familia del joven pertenece a la llamada de nuevos ricos (pescaderos que han prosperado), mientras la de la joven es una familia que arrastra gran prestigio, pero que actualmente está en la ruina a pesar de las apariencias. En contra de lo que suele ocurrir, los jóvenes se enamoran instantáneamente al verse, lo que empeora mucho más las cosas cuando Victor comete el pequeño desliz de desposarse con el cadáver.
Por otro lado tenemos el relato de la novia cadáver, la cual fue asesinada por su prometido y prometió casarse con el primer hombre que se lo pidiera, lo cual repercute en nuestro pobre Victor. Emily, tal es el nombre de la difunta, tiene el corazón roto y vive atormentada al no encontrar nadie que la quiera, y sin embargo, a pesar de encontrar en Victor un nuevo amor, no sacrificará al joven para tenerlo a su lado.
Podríamos decir que existe necrofilia al presenciar el matrimonio entre un vivo y un muerto y su particular historia romántica. A pesar de ello, y en lugar de producirnos terror, sentimos tristeza y aprecio por Emily.

La película ofrece muchas referencias cinematográficas. El principio, justo cuando aparece el título, recuerda a “Sleepy Hollow”, cuando Ichabod libera a un pajarillo de su jaula antes de emprender el viaje al pueblo, siendo aquí sustituido por una mariposa que libera Victor antes de ir a conocer a su prometida. El piano de la casa Everglot es un Harryhausen, referencia directa al mago de los efectos especiales stop-motion. El padre de Victoria recuerda en cierta medida al personaje de animación Don Sapo, a la vez que el baile de esqueletos nos rememora el famoso episodio de las “Silly Symphonies”. La forma en que Victor llega al punto que está enterrada Emily recuerda a cuando Jack Skeelington se encuentra con el árbol que lo lleva a la ciudad de la Navidad.
De nuevo vuelve a estar aquí presente el encuentro entre el mundo de los vivos y de los muertos que ya visitó Burton en “BeetleJuice”, insistiendo más aquí en el elemento cómico que sucede cuando ambos mundos se encuentran con divertidos gags, de entre los que hay un homenaje a “Lo que el viento se llevó”. El mundo de los muertos sigue siendo colorista y divertido, en donde se celebra cada nueva llegada del exterior, frente al gris y aburrido mundo de los vivos, lleno de hipocresía y conveniencia.

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Burton relata la historia de manera dinámica consiguiendo un ritmo que no decae y con una inteligente puesta en escena como es cuando los Everglot bajan las escaleras mientras los Van Dort las suben, simbolizando así su situación en la escala social. Hay también imágenes fantasmagóricas como la aparición de la novia en el puente bajo la luz de la luna. Posee ciertos gags verdaderamente divertidos, sobre todo en la última mitad y cuando los muertos se presentan ante los vivos.
La extensa galería de personajes está formada por Victor y Victoria (¿referencia a la película de Edwards?), los Van Dort, los Everglot, el pastor eclesiástico y el misterioso Lord Barkis en el mundo corpóreo, y de La novia Cadáver, su particular gusano, el anciano Elder Gutknetch, el general Bonaparte, o el hombre dividido entre los muertos. Siempre se ha comparado esté película con “Pesadilla antes de Navidad” por estar hecha en stop-motion, pero lo más que tienen en común es la existencia de perros, en la del 94 fantasmal, y en la presente huesudo. De nuevo los personajes vuelven a tener sombras en los ojos, figuras erguidas y delgadas (en especial Victor).
Danny Elfman elaboró una banda sonora principalmente romántica, cuyo tema principal es precioso. Sin embargo las canciones no están tan conseguidas como las de “Pesadilla antes de Navidad”, a pesar de tener algunas de gran calidad.
Para doblar a los personajes Burton contó con varios conocidos como Johnny Deep para Victor, Helena Bonham Carter para la novia cadáver, Christopher Lee para el sacerdote, Albert Finney para el padre de Victoria, Deep Roy para el general Bonaparte o Michael Gough para Elder Gutcknetch. Emily Watson dio voz a Victoria, Tracey Ullman a su madre, y Richard E. Grant al malvado Lord Barkis.

De nuevo los críticos y el público alabaron la tarea de Burton al seguir realizando films de animación al viejo estilo, aunque le birlara el merecido Oscar otra película de animación stop-motion (Wallace y Gromit) estamos ante un precioso cuento de amor entre el mundo de los vivos y los muertos.

Lo Mejor: Su magnifica puesta en escena.

Lo Peor: Compararla con “Pesadilla antes de Navidad”.

La Chica del Puente, de Patrice Leconte

Enero 14, 2008

001.jpgHay géneros que nos gustan pero que sin embargo han perdido mucho en el panorama cinematográfico actual. En mi caso reconozco que me gustan las películas románticas, pero no las románticas del “te quiero, y quiero que vivamos felices” con envoltorio pasteloso como nos tiene acostumbrado hoy día Hollywood, sino aquellas que resultan o bien cercanas a la realidad en donde los protagonistas son personajes de carne y hueso con verdaderos sentimientos o bien desprenden cierta magia como la presente. Y es que “La Chica del Puente” ha sido un hallazgo para mi, una historia de amor narrada mediante un realismo mágico absorbente y que contiene la que para mi es una de las mejores escenas de amor jamás rodadas.

Adèle es una joven con facilidad para enamorarse de los hombres, sin embargo tiene tan mala suerte que no ha conseguido encontrar al amor de su vida y cree ser la causa de las desgracias que suceden a su alrededor. Victima de ese sentimiento de mala suerte que la rodea decide lanzarse una noche al Sena desde un puente, pero la presencia esa noche de un hombre misterioso impedirá que su plan fracasé.
El hombre que irrumpe de forma afortunada en la vida de la joven es un lanzador de cuchillos venido a menos y marcado también por la desgracia de la mala suerte. Pero al contrario que Adéle, Gabor cree que la mala suerte puede acabar si se hace caso de las señales y uno no deja de creer en si mismo.
Dos perdedores rotos por dentro que pasean cada día como si el mundo fuera un afilado cuchillo dispuesto a dañarles. La suerte, o el Destino, ha querido unir a ambas personas para complementarse y demostrarles que cuando parece que todo acaba y no hay por qué seguir luchando alguien aparece inesperadamente y te tiende la mano porque te necesita tanto como tú a ella.

El viaje que emprenden ambos, en el cual Adèle accede a ser compañera del número de Gabor, les ayudará a conocerse y a comprobar que si uno cree en sí mismo es posible cualquier cosa, pero sobre todo que en el momento en que menos lo esperas puede aparecer la persona de tu vida, aquella que es afín a ti formando un todo absoluto y con la que serías capaz de vencer cualquier obstáculo.
Es una historia de amor en donde “Te quiero” se expresa mediante el grito sordo de los silencios, las leves caricias y las penetrantes miradas. Pero sobre todo se expresa en el momento en que ambos personajes se fusionan en escena para realizar el número de lanzamiento de cuchillos, el cual se convierte en un acto de amor y deseo que les provoca tanta satisfacción como el propio acto sexual.

Patrice Leconte dirige esta maravillosa historia con un buen dominio de ritmo y composición de planos, en donde hay lugar para planos de todo tipo como es el subjetivo de una mosca. La preciosa fotografía en Blanco y Negro consigue traspasar una historia que podría resultar cotidiana en algo mágico.
Sin embargo, si por algo hay que recordar esta película es por las maravillosas secuencias de los números de lanzamiento de cuchillos, rodados y montados con una maestría impecable. Hay dos concretamente. El primero es el bautismo de fuego de Adèle frente a Gabor delante de un público en donde nuestro corazón se encoge tanto como el de los espectadores del film. Gabor tapa con una cortina a Adèle y comienza su actuación alternando primeros planos de los protagonistas con planos detalle de los cuchillos hincándose y expresiones atónitas del público. Toda la secuencia está narrada a ritmo de la hermosa canción “Who will take my dreams away”, con lo que se consigue un impacto dramático aún mayor. Pero ahí no acaba todo, la segunda secuencia reivindicativa en que ambos repiten el número no es delante de un público, sino solos, tras una discusión finalizada con el acto de amor entre ambos: el lanzamiento de cuchillos. Esta vez están solos, en un granero. Adèle se libera del manto que la cubre y abre sus brazos mientras Gabor la observa como observaría a una mujer desnuda. Su mano tiende el cuchillo que dará comienzo al número. Su pulso es firme. Adèle lo mira a los ojos con expresión de deseo. El lanzador comienza a lanzar sin prisa pero sin pausa, y cada disparo es recibido por Adèle como si de una penetración se tratara. Por si no queda claro esto, Leconte, ayudado de la espléndida fotografía de Jean-Marie Deujou que aquí ensalza mas la luz que traspasa la figura de ella y enmarca la mirada de él, filma el plano girándolo y mostrándonos a la protagonista como volcada en una cama. “Who will take my dreams away” suena tan fuerte y dramáticamente como antes. Al finalizar no hablan, tan solo se miran como se mirarían dos amantes. Una secuencia para enmarcar dentro del cine romántico.

Los protagonistas están magníficamente interpretados por el gran Daniel Auteuil y Vanessa Paradis. He de reconocer que me he llevado una gran sorpresa con la señora de Johnny Depp, que desde el primer fotograma nos atrapa con su mirada y su modo de expresarse.

Un maravillosa película romántica donde la suerte y el destino se dan la mano.

Lo Mejor: Todo, pero por destacar algo, las secuencias de lanzamiento de cuchillos

Lo Pero: No haberla disfrutado en pantalla grande.

Amor a Quemarropa, de Tony Scott

Agosto 21, 2007

true_romance_ver1.jpgTras muchos años oyendo hablar de ella, el otro día me dispuse a ver esta película dirigida por el hermano listo de Ridley Scott, con guión de Quentin Tarantino y con un reparto de primer orden. Una película romántica en donde la acción, el drama, el humor y la carretera van cogidos de la mano.

La película nos narra la historia de amor entre Clarence y Alabama. Él es un chico que trabaja en una tienda de comics y que va al cine en el día de su cumpleaños a ver una sesión especial de cine de Artes Marciales, allí tendrá un encuentro fortuito con Alabama, una chica de vida alegre contratada para hacerle la noche más feliz. Aunque para ella no era más que un trabajo más (el tercero) se enamorará de Clarence y se casarán, pues han nacido para estar juntos. Sin embargo los problemas no tardan en aparecer. Clarence decide ir a visitar al chulo de Alabama para recoger las cosas de ella y dejarle bien claro que ya no le pertenece. En su encuentro con el singular chulo, un tío blanco que se cree negro, Clarence no tendrá más salida que acabar a disparo limpio marchándose de allí con la supuesta maleta de Alabama. Cuando Alabama se entera de la muerte de Drexl llora, pero no de tristeza sino de alegría, sus llantos bañados con una sonrisa le agradecen a Clarence que le haya liberado de ese cabrón. Pero lo que encuentran en la maleta es algo muy diferente a pertenencias personales. Cocaína. Haciendo gala de su carácter impulsivo, Clarence decide ir a Hollywood a venderla y sacarse el dinero suficiente para vivir sin preocupaciones con Alabama. Claro que los problemas acaban de empezar, pues los verdaderos dueños de la mercancía emprenderán una búsqueda tras ellos eliminando a todo aquel que sepa algo del paradero de los jóvenes.

Partiendo de un guión que escribiera Tarantino con Roger Avary titulado “My Friend´s Best Party” Tony Scott realiza una película visualmente atractiva, con buen ritmo y con su particular estilo característico a la hora de rodar tiroteos como son las cámaras lentas y los halos de luz que bañan la escena. Se dice que esta es su mejor película, sin embargo no estoy de acuerdo, pues a pesar de haberla dirigido creo que el merito de este film lo tiene más Tarantino gracias a su soberbio guión plagado de diálogos ingeniosos. Y es que el film irradia todo lo que es el cine de Tarantino. Para empezar el film empieza en un bar (al igual que “Pulp Fiction”, “Reservoir Dogs” o incluso “Asesinos Natos”) en donde el protagonista expresa su admiración por Elvis con un monologo muy Tarantiniano. A continuación Clarence se dirige al cine el día de su cumpleaños para visionar un ciclo de films de Sonny Chiba, actor al que admira Quentin y que trabajó para él en “Kill Bill”. Como todo buen film Taratiniano tenemos un chulo salido de la olla que cree ser negro, el padre de Clarence que es policía, un gangster elegante que lleva sin matar a nadie cerca de dos décadas, un matón especialista en dar palizas, un productor narcotraficante, su ayudante algo estupido y cocainómano, los policías que buscan atrapar al productor, el amigo de la pareja protagonista que es un actor frustrado y su compañero de piso colocado a todas horas del día.

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Entre todos los personajes se entablaran conversaciones y situaciones de lo más pintorescas. Entre las más memorables (de las muchas que hay) tenemos el encuentro entre Clarence y Drexl en el club de este último; la conversación entre el gangster y el padre de Clarence en que nos enteramos que los sicilianos eran negros; el paseo en montaña rusa que le dan al ayudante estupido y donde se lo pasan de vicio Alabama y Clarence. Teniendo entre medias el mundo de Hollywood no desaprovechan la oportunidad de ridiculizarlo, especialmente en el momento en que Clarecen y el productor hablan de grandes películas y dicen que las que ganan los Oscars son siempre las mismas y que la última gran peli que lo ganó fue “El Cazador”, sin olvidar que la película favorita de Clarence en años se titula “Vietnam me mata”, y cuya secuela, en fase de pre-producción, se llamará… “Vietnam me mata 2”, título en donde Hollywoood demuestra su originalidad, como bien dice el productor. Sin embargo la secuencia por la que esta película es recordada sobre todo es por la brutal paliza que le propaga un, por aquel entonces, desconocido James Gandolfini a Patricia Arquette, un momento realmente inolvidable digno de encabezar la lista de palizas en el cine de Hollywood.

A pesar de que a Tarantino no le gustó demasiado la forma de Scott de llevar a la pantalla su historia, y de que cambiaran el verdadero final, el guionista le cedió unas cuantas frases al director para su siguiente film, y el mejor de su filmografía en mi opinión, “Marea Roja” en donde Quentin aportó su granito de arena en la conversación sobre caballos y en las referencias a Silver Surfer de Kirby, los comics vuelven a estar presentes como en esta en que Clarence quiere enseñarle a Alabama el numero 1 de Spider-Man. También se podría hacer una similitud entre el nombre de la protagonista y el submarino, ambos del mismo nombre. Según se dice también, “Asesinos Natos” era la continuación de esta historia, y no es nada descabellado viendo que ambas se mueven en el terreno de la Road Movie y que las parejas protagonistas son los Bonnie and Clyde de los 90. Desgraciadamente Stone hizo lo que quiso con el trabajo de Quentin según las malas lenguas.

El espectacular reparto está compuesto por Christian Slater como Clarence y Patricia Arquette como Alabama, ambos en dos de sus mejores interpretaciones, en especial él. Gary Oldman vuelve a transformarse para dar vida al sádico Drexl; Dennos Hopper da vida al padre del protagonista; Brad Pitt se pasa toda la película colocado en un papel inhabitual en su carrera, y de los más divertidos de la cinta; Michael Rapaport es el amigo de Clarence en Hollywood y quien le consigue el contacto: James Gandolfini es el matón que persigue a la pareja en busca de la droga; Tom Sizemore da vida a un policía bastante similar al que diera vida en “Asesinos Natos” mientras Chris Penn da vida a su compañero; Val Kilmer aparece siempre desenfocado en segundo termino como Elvis, el mentor. Citar dos nombres que trabajarían para Quentin tras esta, Christopher Walken magnifico en el breve papel del gangster que hace el interrogatorio a Dennos Hopper, y un muy secundario Samuel L. Jackson como un pobre traficante que acaba acribillado a manos de Gary Oldman, pero al que Quentin recompensaría convirtiéndolo en uno de sus actores fetiche.

Mencionar la Banda Sonora compuesta por Hans Zimmer, una composición que podría emparentarse con “Thelma & Luise” por su estilo, pero que no deja de sorprender viendo como queda en pantalla. Por supuesto, también tenemos canciones de todas las épocas, otra característica más del sello Tarantino.

Lo Mejor: El guión. La paliza que le da Gandolfini a Arquette.

Lo Peor: El final made in Hollywood.

Frankie y Johnny, de Garry Marshall

Abril 3, 2007

Johnny acaba de salir de la cárcel y busca trabajo en un café-restaurante en donde conocerá a Frankie, una mujer de la que se enamorará. Aunque Frankie no quiere nada serio, Johnny le hará recuperar las ganas de amar a otra persona.Muy estimable película del director de “Pretty Woman” en donde se nos narra la historia de amor de los dos protagonistas y el entorno que los rodea.
De caracteres diferentes, Frankie y Johnny se convierten en la pareja perfecta, dos personas diferentes que en el fondo no serían nada el uno sin el otro. Mientras Johnny es un hombre optimista, inteligente y con ganas de vivir el momento Frankie es una mujer con miedo a comenzar una relación por sus vivencias pasadas, su vida se resume en ir a su trabajo, llegar a casa y ponerse a ver películas en su nuevo video que no sabe cómo funciona mientras come una pizza. Dice un refrán que dos personas opuestas son las que más se atraen, y los protagonistas de este film bien pueden ser ejemplo para aquellos que no lo piensen. Otra cosas distinta es que una de las dos partes no quiera admitir que la otra le gusta, luchando contra sus sentimientos y mintiéndose a sí misma. Así es Frankie, una mujer que se niega a sentir lo que verdaderamente siente, y Johnny es quien no abandona en su cruzada por que ella le acepte, según él están predestinados debido a la canción del mismo título que sus nombres entre otras cosas.
La película no es más que una historia de personajes, de seres humanos reales, con problemas de verdad como pagar el alquiler, mantener una familia, trabajar para vivir, sin olvidarse de los sueños (el cocinero que consigue vender un guión y marcharse a Holywood). Todo ello es relatado sin salirse apenas del restaurante en donde trabajan ambos protagonistas, en donde sus compañeros y su jefe enriquecen más la trama y nos demuestra que no somos tan diferentes los unos de los otros.
La historia que nos cuentan trata el tema de la soledad, la que sienten los protagonistas, como los camareros del restaurante. Todos llegan a casa tras una dura jornada de trabajo y se encuentran solos, sin nadie que los reciba, no tienen más que el restaurante donde trabajan y a los compañeros con que comparten la jornada. También se hace alusión al SIDA (no olvidemos que estamos en los 90) a través del amigo gay de Frankie, con lo cual el film hace una leve mirada crítica a dicha enfermedad cuando se daba a conocer.

Sin más escenarios que el restaurante, el apartamento de Frankie y un hall en donde se realiza una fiesta, el director Garry Marshall consigue que el ritmo de la cinta no decaiga y que lo que esta pasando en pantalla nos interese. Cierto es que se la va la mano en más de un momento con sus sentimentalismo, aunque aquí estén ocultos tras el sentido del humor del guión que corre a cargo del autor de la obra de teatro en que se basa, Terrence McNally. Una de las secuencias más memorables de la película es cuando Johnny regala a Frankie una flor, el momento en que ella decide dar el primer paso y perder el miedo, un momento realmente inolvidable.
El reparto consigue crear unos personajes creíbles, cercanos, gracias a lo cual nos sentimos más conectados con la historia. Entre los secundarios nos encontramos con el habitual de Marshall, Hector Elizondo y Nathan Lane como el amigo gay de Frankie. Sin embargo los dos grandes protagonistas son Al Pacino como Johnny y Michelle Pfeiffer como Frankie, quienes consiguen unas más que notables interpretaciones (en especial ella) reencontrándose años después de “Scarface”.

Estimable película sobre una relación y sobre las personas que viven el día a día.

Oscars: Lost in Translation (2003)

Febrero 8, 2007

Bob Harris es un reputado actor estadounidense que viaja a Tokyo para rodar un anuncio publicitario. Charlotte acompaña a su marido a la misma ciudad en donde tiene que realizar un reportaje. Hospedados en el mismo hotel, pronto se establecerá una relación de amistad entre Bob y Charlotte que les ayudará a sobrevivir en la desconocida ciudad.La segunda película de Sofia Coppola tras la cámara fue una sorpresa y su consolidación como autora cinematográfica. Con un presupuesto ínfimo la directora se trasladó a Tokyo con todo su equipo para rodar la película, en la mayoría de lugares sin permiso por lo cual tuvieron que rodarlo rápido.
La historia que nos cuenta Coppola es una historia Universal, la relación entre un hombre y una mujer en tierra extraña. Aunque la directora no nos lo pone fácil queriendo narrar la típica historia de amor, sino que nos la presenta del modo más natural y humano como es la posibilidad de encontrar a una persona en quien apoyarte cuando estás solo, perdido. Y no me refiero solamente perdido en una ciudad como lo pueden estar los protagonistas, sino perdido en la vida, sin saber qué hacer con ella, como bien dice Charlotte en la sensacional secuencia en que está con Bob tumbada en la cama bocarriba.
Y es que ambos personajes son dos personas que no saben muy bien en qué punto de su vida se encuentran, sintiéndose solas sin nadie que las escuche. Bob ha ido a Tokyo para rodar un anuncio de Whisky en lugar de estar representando una obra de teatro que le haría mucho más feliz, y Charlotte ha ido solamente para acompañar a su marido a hacer un reportaje fotográfico.
Las relaciones con sus respectivas parejas ayuda a comprender también ese estado de soledad que viven ambos. Mientras Bob mantiene conversaciones con su mujer por telefono en donde las conversaciones más importantes son acerca del color de una moqueta, Charlotte comparte su vida con un trabajador compulsivo, cuyas amistades no agradan a la chica (esa actriz mega-chuli hermanastra de Cameron Diaz).
La ciudad de Tokyo es un personaje más. Sus enormes edificios, su inagotable movimiento, su cultura, su gente. Todo lo que representa la ciudad en vuelve a los protagonistas en un manto de soledad (que maravilloso plano en que vemos a Charlotte asomada a la venta con Tokyo a través de ella). No es extraño que cuando se viaja a un lugar extranjero, en donde te sientes solo y no tienes a nadie experimentes una crisis existencial que haga replantearte tu vida.

La vida de ambos cambia al encontrarse en el bar del hotel por la noche, incapaces de dormir debido al insomnio (aunque no es la primera vez que se ven). La situación no puede ser más normal, ella llega, se sienta junto a él y comienzan una conversación. Tan simple como eso, la vida de ambos ha cambiado sin que aún lo sepan. Lo que ha sido una simple velada tomando una copa en un bar se convertirá en una amistad que los ayudará a sobrevivir en una ciudad que no entienden, y que no les entiende. Juntos pasarán una noche de diversión rematada con sesión de karaoke; irán al hospital para que miren el tobillo a Charlotte (mientras contemplamos la divertida escena que está ocurriendo en la sala de espera entre Bob y un pequeño japonés); y compartirán sus vivencias tumbados en la cama, en donde el único gesto carnal entre ellos será el leve roce que le hace Bob a ella en la mano.
Esa amistad que se ha establecido entre ambos pronto se convertirá en algo más grande y significará para cada uno un momento personal importante en sus vidas. A pesar de una diferencia de edad considerable, Bob y Charlotte acaban enamorándose, aún sabiendo que no pueden permitírselo. En el film no se escucha nunca decir “te quiero” ni frases simplonas y previsibles, aquí gritan los silencios, las cosas que no se dicen pero se intuyen por miradas y gestos. La secuencia final, sublime, muestra como Bob le susurra algo a Charlotte al oído que el espectador no puede oír, consiguiendo que cada uno imagine cuáles han sido esas últimas palabras.

A pesar de contarnos algo tan triste como es la soledad, Coppola tiñe las situaciones de humor e ironía. Como cuando Bob está rodando el anuncio y el director japonés lo corta una y otra vez hablando largo y tendido para simplemente decirle que lo haga “más intenso”, o cuando la encargada de hacérselo pasar bien a Harris entra en su habitación para darle “placer” a base de que él le “lompa las medias”.
La directora contó para el film con dos interpretes sensacionales, que supieron dar todo su potencial interpretativo. Bill Murray como Bob Harris, el actor que viaja a Tokyo para hacer publicidad de un Whisky, y Scarlett Johansson (antes de convertirse en la Sex-Simbol de hoy) como la perdida Charlotte. Además participan Giovanni Ribisi como el marido de Charlotte, y Anna Faris (la prota de Scary Movie) como la irritante actriz de cine.
Dicen que Sofia Coppola se basó en sus propias experiencias para crear el personaje de Charlotte. No sería extraño ver representado a Spike Jonze en el personaje de John, el marido de Charlotte, ni comparar a Cameron Diaz con el personaje interpretado por Anna Faris.

Nominada a cuatro Oscars, consiguió llevarse el de Mejor Guión Original para la hija de Coppola, mientras Bill Murray se quedó con cara de palo al escuchar el nombre de Sean Penn como Mejor Actor (merecidísimo por su interpretación en la sensacional “Mystic River”). Se echó en falta la nominación a Johansson como Actriz, aunque ese año también tenía en cartel “La Joven de la Perla” y era difícil elegir entre uno y otro.
Aún así, aquel año 2003 fue el año de “El Retorno del Rey” y tanto el film de Coppola como el de Eastwood quedaron tapados (a pesar de llevarse ambos films premios gordos).
Para mí “Lost in Translation” es una película real, dura, que muestra perfectamente el estado de soledad que vivimos en determinados momentos de nuestra vida, esos momentos en que no sabemos cómo salir del agujero en que nos hemos metido, en donde gritamos en silencio que nos encuentren.
9/10

Miguel y William, de Inés Paris

Febrero 7, 2007

El escritor inglés William Shakespeare es un joven que viaja a Castilla tras la pista de su amada Leonor, la cual se va a casar con el Duque de Obando, un viejo celoso. La joven le pedirá a su prometido para su boda una obra escrita por un conocido autor español que se dedica a recaudar impuestos, Miguel de Cervantes. A la llegada de Shakespeare a Castilla, la joven ideará un plan para que ambos autores escriban la obra sin enfrentarse.Con un planteamiento tan peculiar, y original, como “¿Y si Miguel de Cervantes y William Shakespeare se hubieran conocido?”, la directora Inés Paris realiza su primera película en solitario tras la divertida “A mi madre la gustan las mujeres” y “Semen, una historia de amor”, codirigidas junto a Daniela Fejerman. Partiendo del guión escrito por Tirso Calero y Miguel Ángel Gómez, Paris introduce el personaje femenino de Leonor convirtiéndola en protagonista de la historia, y musa de los dos prestigiosos autores.
Leonor es una joven que se va a casar con un duque viudo, avaro y celoso por deseo de su padre. Sin embargo la joven vive una aventura con William Shakespeare a la vez que se enamora de Miguel de Cervantes. Para que esto pueda ser así en el palacio de su prometido, Leonor convierte a William en sirviente suyo y a Miguel le encarga una obra para ella.

Esa es la historia a grandes rasgos, sin embargo lo que resalto, y creo que ahí está la riqueza del film, es la inventiva para unir a dos grandes genios de la literatura en una misma historia. ¿Y qué mejor manera de unirlos sino por la fantasía y tratando a la historia como si se tratará de una obra escrita en esos días? Y es que la historia posee elementos teatrales a mansalva, no solo en su desarrollo, sino también como guiños a obras de la Edad de Oro del Teatro Español (Ahí tenemos al Duque exponiendo su idea de que “si tuviera que elegir entre boba o bachillera, a la boba elegiría sin duda” sacado de La Dama Boba de Lope de Vega).
El tratamiento de dos figuras tan ilustres en el mundo de las letras me parece un acierto para el propósito del film, que no es otro que contarnos una especie de sainete fantástico. Miguel de Cervantes es un hombre maduro que ha perdido toda ilusión por escribir, y por la vida. Se dedica a recaudar impuestos y a vivir de una mísera renta. Mientras que Shakespeare es un joven, algo payaso, que ama la vida, y a las mujeres, incapaz de crear una tragedia, pues solo ve alegría en la vida y tiene miedo a enfrentarse al dolor. A medida que se van conociendo (desde su obra, pues Leonor le pasa al uno lo que ha escrito el otro para que hagan una única obra) ambos autores irán alimentándose creativamente el uno del otro hasta llegar a respetarse, no sin antes haber tenido sus pesquisas.
La obra que ambos crean no es otra que “Othello”, la historia del moro cegado por los celos. Obra que tiene mucho que ver con la historia de Leonor y el Duque, pues él no permite que nadie mire a su prometida ni la toque sin su permiso. Así pues realidad y ficción se unen en la trama para demostrar que lo que vemos en una obra de teatro no es sino reflejo de lo que en realidad somos.
Además tenemos a los personajes de las hijas del Duque, Magdalena y Consuelo. Consuelo es una religiosa que no está muy segura de su vocación (esas miradas al escritor inglés), mientras Magdalena es una arpía con un único objetivo: quedarse con la fortuna de su padre eliminando a Leonor. Para lo cual decide hacerse con el medallón que la joven regaló a un inquisidor en pago por la vida de Cervantes, y así demostrar a su padre (el cual ha solicitado a su prometida llevar dicho megallón en su cena prematrimonial) que la engaña con otro hombre. ¿A alguien más le recuerda al argumento de las piedras de diamantes de “Los Tres Mosqueteros”?

Seguramente cuando uno ve esta historia no puede dejar de pensar en “Shakespeare in Love”, y es que el film de Paris (por mucho que quieran negarlo) le debe mucho a la película que Madden dirigiera. En primer lugar tiene a Shakespeare como protagonista, quien crea una obra inspirado en una joven de quien se enamora y que pronto se va a casar. Dicha joven no solo quiere la obra escrita sino que también quiere protagonizarla. La representación de dicha obra no está exenta de miedo al principio por parte de los actores para al final acabar con un gran éxito. ¿Sigo?. La música del film está compuesta por el mismo autor, Stephen Warbeck, que he de decir crea una música alegre y pegadiza. Resumiendo, que por mucho que quieran eludir las comparaciones, son inevitables.
Ahora bien, este film se ha hecho en España, sin pretensiones, con el fin de hacer pasar un buen rato al espectador, y con elementos españoles deudores de la picaresca española, y de la obra de Cervantes. Nada más hay que ver el inicio del film con ese “En un lugar de Inglaterra, cuyo nombre no recordamos….”, o la personificación de Sancho Panza en un criado, o la pelea de Shakespeare contra los molinos. Incluso la relación entre Cervantes y Shakespeare cuando son amigos puede compararse a la de Quijote y Sancho (Cervantes monta un corcel elegantemente, mientras Shakespeare va en burro haciendo el ridículo). No solo tenemos guiños al Quijote, sino también a obras del inglés, como “Hamlet” cuando le dice a Consuelo que “Vaya a un convento”, o directamente de “Othello”.

Como película que quiere emular una obra de teatro, aquí el plato fuerte son los actores y sus interpretaciones. Juan Luis Galiardo (también productor de la cinta) realiza con tesón y presencia una adecuada personificación de Cervantes, mientras Wil Kemp (que ya coincidió con Anaya en “Van Helsing”) aporta su juventud y dotes para la danza al personaje del escrito de Stratford. Elena Anaya está muy correcta como Leonor, su sola presencia ya basta (al menos para mí). Sin embargo, los que consiguen que el film consiga tener ese aire de fantasía y teatralidad son los secundarios, liderados por José Mª Pou como el Duque, con su presencia extravagante y sus celos desbocados consigue llenar toda escena en que aparece. Le sigue una maquiavélica, y divertida, Malena Alterio, cuyo personaje parece un cruce entre la madrastra de Cenicienta y Bette Midler en “El Retorno de las Brujas”. Geraldine Chaplin da vida al indispensable personaje del ama de la protagonista, mientras la debutante Miriam Giovanelli da vida a la casta (en apariencia) Consuelo.

Simpática película, cuyos mayores errores es tener tanto que ver con “Shakespeare in Love” y abusar del personaje femenino convirtiéndolo en protagonista, cuyo monologo final parece de un mitin feminista. Pero como es todo fantasía, pues se lo perdonamos y recomendamos esta película como una obra que pudo haberse escrito en el S. XVII, con algún que otro cambio, y donde se demuestra que la pluma (el amor) gana a la espada.
6/10

Oscars: Annie Hall (1977)

Febrero 4, 2007

Alvy Singer es un cómico neoyorkino judío que conoce a Annie Hall gracias a unos amigos. Ambos comenzarán una relación llena de altibajos por las calles de Nueva York.Una de las películas más celebres de Woody Allen en las que vuelve a hacer gala de su característico sentido del humor dando vida a Alvy, su alter ego, un cómico enamorado hasta la medula de Nueva York, judío que ve ataques antisemitas en varios personas que viven en la ciudad de los rascacielos, neurótico compulsivo que lleva visitando a un psiquiatra desde hace 16 años, con una visión pesimista de la vida y amante de las películas Suecas, con Ingmar Bergman a la cabeza.
Lo que en principio era una historia a base de sketches con monólogos y números cómicos de Allen acabo convirtiéndose en la historia de una relación.
El film comienza con Alvy contando un chiste al espectador (La cámara) en que dice que “no le gustaría ser socio de un club en que lo aceptaran”, así es como él ve la vida, y en concreto las relaciones, pues a pesar de encantarle estar con mujeres, no ve la posibilidad de vivir con ninguna. Ya entonces nos comunica su ruptura con Annie.
En un partido de tenis conocerá a Annie Hall, una chica inteligente, con un estilo de vestir original y llamativo, que se quiere hacer un hueco en el mundo de la música. Con Annie vivirá una relación plena, que los llevará incluso a vivir juntos (algo en lo que Alvy no está de acuerdo). Tendrán sus momentos buenos y sus momentos malos, hasta que llegue el momento en que ambos vean que están bebiendo de un vaso vacío y decidan romper.
Annie y Alvy son diferentes, mientras Alvy no aguanta entrar a los dos minutos de empezar la película Annie lo ve una estupidez, Annie desea trasladarse a California mientras Alvy no podría vivir mucho tiempo apartado de Nueva York, lo único que tienen en común es que ambos son artistas a los que les cuesta actuar frente a un público (Alvy empezó escribiendo chistes para cómicos penosos).

Allen puso originalidad en la puesta en escena consiguiendo momentos inolvidables dentro de su filmografía. No solo hablaba al espectador, sino que, entre otras cosas, introducía personajes en escena para argumentar lo que dice (el momento en el cine), se convierte en un personaje animado enamorado de la madrastra de Blancanieves, y viaja en el tiempo junto a Annie y su amigo Rob para presenciar su infancia en Brooklyn.
El montaje es una de las mejores cosas del film, pues el montador Ralph Rosenblum consigue dar coherencia y unión a una serie de escenas que en principio eran simples chistes y gags para finalmente convertirlos en la historia de Alvy Singer y su relación no solo con Annie, sino con otras mujeres de su vida. Se dice que Rosenblum tuvo que trabajar con 30000 metros de cinta grabada que tuvo que organizar para conseguir el resultado final del film.
Entre los actores que participaron en ella nos encontramos con Jeff Goldblum y Christopher Walken en pequeños papeles. Tony Roberts como el amigo de Alvy, Rob, y Diane Keaton como Annie Hall, uno de sus mejores papeles, que la actriz construyo ayudada por el extravagante vestuario que lleva su personaje.
El guión corrió a cargo de Allen y Marshall Brickman, y significo un punto de inflexión en la carrera del director, pues realizó un film alejado de todo lo que había hecho antes en que las historias iban a base de sketches característicos de alguien que ha salido de un nightclub.

En 1977 consiguió alzarse con los premios correspondientes a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actriz (Keaton) y Mejor Guión. A pesar de ello, y aunque es de las mejores películas del director, creo que aquel año debió ganar “La Guerra de las Galaxias” (no solo porque me encante, que conste). En mi opinión la mejor película de Allen es “Manhattan”.
7,5/10

Eduardo Manostijeras, de Tim Burton

Diciembre 26, 2006

Una vendedora de productos cosméticos Avon descubre que, en el castillo situado en lo alto de la montaña de su vecindario, vive un joven con tijeras en lugar de manos. La mujer decide llevarse al muchacho consigo e instalarlo en su casa. El joven, llamado Edward, conocerá el mundo exterior y a las personas que habitan en esa vecindad además de experimentar el amor.

Mágico film del director Tim Burton, en el que mezcló de manera magnifica romanticismo, drama, ambiente navideño y terror, consiguiendo un cuento oscuro inolvidable.
Con la mirada puesta en el clásico “Frankenstein”, Burton cuenta la historia de un hombre que se quedó a media hacer, o medio terminado. A falta de sus manos, es un hombre de carne y hueso normal y corriente. Si el monstruo de Frankenstein infundía terror por su aspecto, Edward infunde tristeza, en su rostro se ve miedo, no hay ningún rasgo de amenaza. Por esa razón Peg, la vendedora que se presenta en el castillo, lo traslada a vivir a su vecindario. Sin embargo no piensa en las consecuencias que puede tener dicha decisión para los miembros de la comunidad ni para el propio Edward. Al principio lo verán como una persona que tiene una minusvalía pero pronto lo verán como una amenaza que rompe todo aquello que toca.
Edward vive con el tormento de no poder sentir con sus manos, no puede tocarse su cara, y teme poner sus tijeras encima de un ser querido. Ejemplo de lo que digo es cuando Kim se acerca a él para que la abrace y él no quiere ponerle las manos encima recordándole al momento en que su padre murió y acarició su rostro inerte con su filo, rajándolo.

El pueblo del film es muy colorista y alegre en apariencia. Por la mañana a primera hora los hombres se marchan a trabajar y no vuelven hasta por la noche, dejando a sus mujeres solas, cotilleando y creando chismes que pueden llegar a perjudicar a los demás. Son ellas las que marcan el rumbo de la vecindad, lideradas por una amante de Tom Jones algo caliente. Cuando llega el nuevo vecino se mostrarán cálidas y hospitalarias, sin embargo, a la mínima que meta la pata el pobre se convertirán en verdaderas brujas.
Al contrario que el pueblo, nos encontramos con el castillo. Lúgubre, polvoriento, pero habitado por un ser de gran corazón

La puesta en escena de Tim Burton, que acababa de obtener el exito de público con “Batman”, se palpa desde el primer fotograma. ¿Qué digo? Desde los mismísimos títulos de crédito. Comenzando por el inicio de la historia narrada por la señora mayor y siguiendo con el viaje a través del pueblo hasta el castillo, que es muy similar al principio de “Beetlejuice”. La atmósfera que rodea el conjunto está impregnada por ese humor negro del autor y su característico ambiente gótico, mirando al género clásico. La entrada de Dianne Wiest en la mansión, ese gran recibidor al estilo de “Ciudadano Kane” con toque de película de terror, es un ejemplo. La presentación de Edward como amenaza entre sombras. El personaje de Edward recuerda mucho, creo que fue el modelo a seguir, a Cesare de “El Gabinete del Dr. Caligari”. O la presencia de Vincent Price (presencia indiscutible en títulos clásicos de terror y a quien Burton le dedicó el sensacional cortometraje “Vincent”) como El Inventor.

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Burton consigue la que es su película más memorable (al menos para mí), y la más enternecedora. Cargada de grandes momentos como pueden ser el anteriormente citado en que Edward abraza a Kim y recuerda la muerte de su padre; la secuencia en que Edward demuestra sus dotes de peluquería; el baile de Kim bajo la nieve mientras Edward moldea una escultura en hielo; o la gran secuencia final. Todas ellas engrandecidas por la música de Danny Elfman.
Mencionar taimen la magnífica utilización de los flashacks y su inteligente montaje. El primero de ellos es cuando se prepara la barbacoa y Edward recuerda los primeros pasos para crearle; seguidamente, acostado en la cama de Kim, recordará cuando su padre le leía libros, y finalmente, el momento de su muerte, con ese plano fabuloso del muchacho atravesando las manos que ia a regalarle su padre, mientras abraza a la persona que más ha querido tras él.
El personaje de Edward fue conseguido gracias al mago de FX Stan Winston, quién realizo un excepcional trabajo de maquillaje.

La dirección artística esta cuidadísima consiguiendo unos escenarios de ensueño, gracias en gran parte a las figuras moldeadas por Edward que decoran los jardines del vecindario.
La Banda Sonora merece ser mencionada como la mejor compuesta por su autor para un film de Tim Burton (y eso que le ha realizado todas, excepto “Ed Wood”). En esta, el autor alcanza una majestuosidad que ha intentado emular en trabajos posteriores, sin conseguirlo. Desde los títulos de crédito hasta el memorable final, su música se convierte en otro personaje más de la historia, capaz incluso de ablandarnos el corazón (¡Ese Final!). Un Obra Maestra musical.

El reparto esta formado por Johnny Deep en su primera colaboración con Burton (con el que luego repetiría cinco veces más, la última la están rodando ahora “Sweeney Todd”), realizando el papel del inolvidable Edward, creando un personaje clásico y de referencia en el mundo del cine, y particularmente en el de Tim Burton (con permiso de Jack Skelington). Su personaje está lleno de tristeza transmitida por sus ojos ensombrecidos y su tez pálida. Winona Ryder repite con Burton tras “BeetleJuice”. Aquí es Kim, el amor de Edward. La actriz pone su rostro y su melena (peluca) rubia a la chica que al principio lo repele para después enamorarse de él. Dianne Wiest es Peg, la mujer vendedora de productos cosméticos que encuentra a Edward y lo traslada consigo a la vecindad. La actriz está fantástica, como de costumbre. Alan Arkin es Bill, el padre de Kim. Vincent Price como el Inventor, padre de Edward, está soberbio, su breve intervención queda grabada en la memoria.

Inolvidable film de Tim Burton. En mi opinión su Obra Maestra. Un Cuento Imprescindible ideal para las navidades que haría una buena doble sesión con “Pesadilla antes de Navidad”.

Lo Mejor: Absolutamente todo, pero por destacar algo, el final.

Lo Peor: No sé.

Moulin Rouge!, de Baz Luhrman

Diciembre 15, 2006

Christian es un joven que llega a París a finales del S. XIX con el sueño de convertirse en escritor. Allí se encontrará con una explosión artística que tendrá influencia en el S. XX. Introducido en el ambiente bohemio de mano del pintor Touluse-Lautrec el joven conocerá a la que será su musa y amor en el famoso Moulin Rouge, la cortesana Satine.El director de “Romeo + Julieta” vuelve a contarnos aquí una historia de amor prohibido (no muy lejana a la inmortal obra de Shakespeare) enmarcada esta vez en el género musical. Pero no en un musical convencional, sino en un musical videoclipero, atosigante, divertida, sensacional, emocionante, inolvidable.
Y es que si “Moulin Rouge!” gusta tanto es por su innovadora forma de presentarnos el musical, bebiendo de la generación MTV para contarnos una historia de amor universal en que los protagonistas cantan sus sentimientos.

El protagonista, Christian, es el joven que se encamina a una gran ciudad, en busca de una vida bohemia que le ayude a expresar en palabras lo que siente, en una obra que hable sobre la libertad, la verdad, la belleza, el amor, consiguiendo una gran obra. Sin embargo, no cuenta con enamorarse de Satine, cortesana del Moulin Rouge, deseada por todos, en especial por el Duke quien subvencionará la obra que escribe Christian y protagonizará Satine, sin saber que ambos son amantes. El desenlace de esta historia no será nada agradable para ninguno de ellos.

Como bien dice Christian al principio del film, “lo más grande que te puede pasar es amar y ser correspondido”. Y es que al amor es el tema principal de esta película, el que mueve a los protagonistas, el que les hará vivir y sufrir, incluso volverse locos por celos. El causante de todas las cosas que les ocurren a lo largo del film.
También vemos los ambientes bohemios y la vida que se vivía en Paris a finales de siglo XIX. El personaje de Touluse-Lautrec nos sirve de toma de contacto con la realidad de los artistas que vivían en aquel momento.El estilo visual de la película es de lo más sorprendente. Los grandes escenarios parisinos parecen decorados de teatro, dándole a la película un aspecto de ensueño.
Pero si por algo es recordada la película es por sus magnificas canciones y su puesta en escena en pantalla. Momentos tan gloriosos como “Diamonds are the girl´s best friend” en que se nos presenta a Satine, “This is your song” cantado por Christian a Satine, o el numero musical cantado sobre el club, con la cabeza del elefante, entre ambos terminando en las estrellas. Por no hablar del divertido musical “Spectacular, Spectacular”, el memorable tango “Roxanne”, o el número estrella del film, cantado dos veces, pero con una fuerza brutal en el final, consiguiendo un in crescendo sensacional, la canción “Come what may”. Como vemos, excepto la última canción, el resto son canciones de artistas como Madonna, Sting, Prince, que se versionaron para el film consiguiendo encajar como un guante.

El director, Baz Luhrman, dirige de manera frenética y endiablada, como he mencionado antes, influenciado por el videoclip. Esto ya le pasaba en su anterior película, pero aquí va más lejos hasta conseguir incluso marear al personal, como puede ser en la primera visita de Christian al club, muy acertado por otra parte ya que el joven está drogado. En otros momentos consigue secuencias de fuerza visual y empaque, como el primer momento en que los amantes cantan “Come What may”, el momento del tango, o la secuencia final.
La producción de la película está cuidada hasta el más mínimo detalle en los escenarios, vestuario, fotografía, y montaje. Consiguiendo con esto un espectáculo visual de primera.
La Banda Sonora fue un gran éxito de ventas en todo el mundo consiguiendo ganar el Grammy a Mejor Banda Sonora. Además de los temas de la película contenía el famoso exito de “Lady Mermelade” que hizo furor.

El reparto está encabezado por Nicole Kidman como Satine, un papel bombón que la actriz engrandece en cada momento que aparece. Ewan McGregor está perfecto, y superior al resto del reparto, como Christian, el joven soñador que se enamora de la cortesana. Jim Broadbent es Zidler, encargado del Moulin Rouge y apoderado de Satine. John Leguizamo dota de comicidad y excentricidad al artista Touluse-Lautrec. Richard Roxburgh vuelve a hacer de villano como el Duke.

Entre los innumerables premios y elogios que consiguió, citar que en la entrega de los Oscars fue derrotada por la sobrevalorada “A Beautiful mind” (cuando debía haberlo sido por “Fellowship of the ring”), conformándose con ganar los premios a Mejor Vestuario y Dirección Artística.
Mencionar que John Houston realizó un film del mismo título pero que narraba la vida del pinto Touluse-Lautrec, encarnado por el gran actor José Ferrer.

Notable film musical, quizás excesivamente videoclipero, pero que dejó un grato recuerdo en aquellos que lo contemplaron en una pantalla de cine, y se dejaron llevar por la historia de Christian y Satine.
7,5/10

The illusionist, de Neil Burger

Noviembre 23, 2006

Viena. Finales del S. XIX. Llega a la ciudad el mago Eisenheim, que maravilla a todos los espectadores con trucos inimaginables. Sus poderes llegan a oídos del príncipe de Viena que acompañado por su prometida, Sophie Von Teschen, se presenta como espectador en el teatro en que el mago actúa y comprobar tan excepcionales dotes. Cuando Eisenheim vea a Sophie reconocerá en ella a su amor de juventud, comenzando así una rivalidad entre él y el prícipe, que manda a su jefe de policía, Uhl, desenmascarar a Eisenheim y demostrar que es un impostor y manipulador.Primera película de magos que nos llega este año a espera de “The Prestige” de Christopher Nolan (que se estrenará en Enero). Más cercana a una película romántica de época, “El Ilusionista” nos narra la historia de Eisenheim y cómo maravilló a las gentes de Viena con sus trucos. Para darle vidilla al asunto meten la obligatoria historia de amor con la prometida del príncipe, que, cómo no, es el malo malísimo de la función.
La película es un enorme flashback narrado por la voz en off del inspector Uhl. Seremos testigos de cómo Eisenheim y Sophie se conocieron, cómo fueron separados y cómo el joven comienza a introducirse en el mundo de la magia. A partir de ahí seremos sorprendidos, como el resto del público de la película, por la primera intervención de Eisenheim, una sucesión de trucos de manos bien realizados. Claro, tras ver esto y ver que no lleva ni 20 minutos el film, creemos que la cosa va a ir a más, pero no. Las intervenciones del mago son siempre del mismo estilo, muy elegantes eso sí, pero no tienen un in crescendo que sorprenda como debiere. Ni siquiera el discutido final, tan sorprendente como dicen, llega a impresionar. Si bien es cierto que puede maravillar y pillar desprevenido al espectador un segundo, se huele lo que está pasando desde el principio. A pesar de ello, todos los trucos están muy bien llevados a la pantalla gracias a la puesta en escena del director Neil Burger, ver por ejemplo el momento en que se realiza el truco del árbol de naranjos y cómo la cámara gira en torno a la maceta sin cortar para dejarnos sorprendidos. Con respecto al final, he de decir que quedé un tato decepcionado porque me pareció una copia de la magnifica “Sospechosos Habituales”, y no algo más original como exigía el relato.
La historia de amor, al contrario, llega a ser previsible y típica. Desde el primer momento en que se ven los dos en el teatro sabemos lo que va a pasar. Tampoco ayuda mucho que el villano sea el cliché en estas producciones, o sea un gobernante malo malísimo que trata mal a sus mujeres.
El personaje del inspector Uhl es el mejor tratado del film. Un hombre que siente simpatía por Eisenheim, a quien se le ha mandado investigar. Quiere ser un buen policía a pesar de las consecuencias que eso conlleve con el príncipe.

Segunda película de Neil Burger tras “Interview with the Assassin”. En esta ocasión se decanta por una puesta en escena correcta y muy clásica, sobria por momentos. Debido al bajo presupuesto del film supongo que no pudo jugar más con los escenarios, prueba de esto es que siempre que se dirigen a Palacio se ve la misma vista. La fotografía oscura es de gran ayuda en las intervenciones de Esenheim, al igual que la elegante partitura de Phillip Glass. El film está basado en el relato del ganador del Pulitzer Steven Millhauser “Eisenheim the Illusionist”
El elenco interpretativo está correcto, destacando los siempre excelentes Edward Norton que dota a Eisenheim de seriedad y un leve toque de misterio, y Paul Giamatti como el inspector Uhl (seguro que lo vuelven a nominar al Oscar como secundario). Jessica Biel cambia de registro aquí para dar vida a Sophie, consiguiendo una buena interpretación de la prometida del príncipe. Rufus Sewell vuelve a repetir su papel de malo como el príncipe Leopold.

Buen film de magos, con unos trucos bien realizados, un final un tanto previsible y una historia de amor trillada hasta la saciedad. Aún así la elegante dirección y el buen trabajo de los actores hacen que esta sea una de las películas más interesantes de la temporada.

6/10