Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, de Steven Spielberg
Mayo 23, 2008
1957. Los soviéticos liderados por Irina Spalko buscan la calavera de cristal mediante la cual podrán adquirir un poder inimaginable. En su camino se interpondrá Indiana Jones.
Han pasado diecinueve años desde su última cruzada. Diecinueve años en que el mundo ha cambiado, tanto para Indy como para los espectadores de cine. El mundo del cine ha sufrido una revolución digital y los efectos CGI se han adueñado de las grandes epopeyas y superproducciones. Indiana Jones, por su parte, ha combatido en la II Guerra Mundial y ha trabajado para el gobierno como agente doble espiando a los rusos, sin embargo el mundo en que vive dista mucho del que fue antaño, como el cine al que perteneció. El miedo y la paranoia respecto a la bomba nuclear como los secretos respecto a seres de otros planetas, bien decorado con jóvenes que idolatran a Elvis y escuchan Rock and Roll, empañan los años 50 en Norteamerica. No era de extrañar, que, al igual que le pasa a Indy en la película, incapaz de comprender el mundo en que vive, el espectador sufra un disloque al ver el film y descubra que la película apenas posee el aroma y el alma de los anteriores films. Por una sencilla razón, el cine, como los años para Indy, ha cambiado y hay que amoldarse a ellos, con lo que las consecuencias llevan consigo. Puede que a muchos les duela ver al héroe rodeado de tanta infografía o realizando fantasmadas increíbles, pero ojo, que eso ya lo había en las anteriores solo que amoldado a la época en que se hicieron, ahora vivimos en una época donde prima el más increíble todavía y donde los jóvenes en lugar de leer revistas o comics se pasan las horas jugando a la Playstation. Así que no digamos que Indy ha cambiado, porque nosotros también.
Tras esta introducción algo personal entremos en materia. Spielberg declaró que esta película la hacía especialmente para los fans, quienes pedían incansablemente una nueva aventura de Indy. Pues bien, el director parece haber aparcado su vena autoral y personal para irse a pasárselo bomba dirigiendo a su personaje más icónico en una película que contiene todos los elementos del género: acción, persecuciones, misterios, romanticismo, pero a la que le falta algo esencial que le impide elevarse a la altura de sus predecesoras: personalidad. No podemos negar que la película entretiene durante sus dos horas y nos ofrece una ración de buen cine, aunque por debajo de las expectativas (que siempre van en contra). El principio es sensacional, el ritmo bien medido, la entrada de Indy (aunque esto estropeado por habérnoslo mostrado en el tráiler), y la búsqueda de la caja que le ordenan encontrar los soviéticos para pasar a una secuencia de acción bien ejecutada y desarrollada que concluye con Indy en un pueblo de juguete a punto de presenciar uno de los mayores horrores que ha inventado el ser humano. Sin embargo a medida que avanza la película comenzamos a sentir una monotonía ante lo que estamos viendo. No hay novedad, ni sorpresa, ni mucho menos emoción, sacro error en este caso. La película tiene el factor nostalgia a su favor y nos alegramos ante el reencuentro de Indy con Marion, así como con cada una de las acciones del héroe, pero sufrimos el terrible efecto deja vú provocado por situaciones vistas en otras películas (ya no solo dentro de la saga) que hacen que la película pierda puntos.
Personalmente, y en contra de lo que se está diciendo, aplaudo el mcguffin de la película. Cierto es que no se ahonda en él ni se da una explicación más allá de lo que dice Spalko sobre sus conocimientos de parapsicología y lo que se podría conseguir mediante la unión de todas las calaveras de cristal. Una vez descubramos lo que son dichas calaveras pueden suceder dos cosas: o nos sentimos estafados y ofendidos por ver al personaje en tal guisa, o aplaudimos, como fue mi caso. Porque no me podrán negar que no es maravilloso el reencontrarse con el personaje icónico de Spielberg, como es Indiana Jones, dentro del género icónico del director, la Ciencia-Ficción de temática extraterrestre. Esto solo nos demuestra una vez más que Spielberg, junto con Lucas, ha hecho lo que le ha dado la gana y lo que más le gusta, consiguiendo algo novedoso dentro de la franquicia, pues por primera vez no se encuentra una reliquia sino que se tiene un encuentro en 3ª fase.
Gracias a la película comprobamos que Indiana Jones no quiere abandonar el sombrero ni el látigo (elementos que caracterizan su personalidad aventurera), a pesar de que la época, y las circunstancias, se lo impongan. Al principio son los agentes del FBI los que le aconsejan dejar de hacer el héroe, consiguiendo la renuncia del profesor de la Universidad y su decisión de partir para dar clases a Inglaterra, abandonando un país apestado por la caza de brujas y la paranoia. Por suerte entrará en escena Mutt, quien le pedirá ayuda para buscar a Ox, un viejo compañero de facultad de Jones. Como no podía ser de otra forma, y gracias a Dios, Indy volverá a blandir el látigo. El final, a pesar de resultar flojo y sin la emoción que causa el de “La Última Cruzada”, tiene una magnifico detalle que vuelve a describir la misma idea, perfectamente narrada a través del abrir de una puerta por medio de el viento, el cual arrastra a su paso el sombrero del aventurero, que parece querer pasar a otras manos, pero su dueño lo impedirá, volviendo a imponerse al destino que lo quiere dejar fuera de juego, o mejor dicho jubilado.
Si bien la película contiene homenajes a anteriores títulos de la Saga, es a través de un nuevo personaje por el que tendremos los más relevantes y significativos. Reconozco que la presencia de un personaje joven dentro del Universo Indiana Jones me tenia arto preocupado, pero ahora reconozco que Mutt es de lo mejor del film, sin llegar al carisma de Indy podemos decir que consigue formar con el héroe un dúo con personalidad que mantienen continuos tiras y aflojas, incrementados cuando aparezca en escena una persona que ocupa el corazón de ambos. Pues bien, a través de Mutt tenemos homenajes a la época de los 50, y concretamente a la juventud de esos maravillosos años. Su presentación es un claro homenaje al Marlon Brando de “Salvaje”, su neceser inseparable es un peine con el que peinarse al más puro estilo Travolta de “Grease”, película a la cual se homenaje mediante el enfrentamiento en la cafetería entre quaterbacks y moteros engominados. Además el protagonizará el momento “Tarzán”, que si bien resulta algo sonrojante no deja de ser un homenaje claro a las películas de aventuras de las cuales nació Indiana Jones.
Además de estos claros guiños homenajes tenemos otros como son el del principio (delicioso para mi gusto) en que unos jóvenes libran una carrera automovilística con un jeep del ejercito al más puro estilo “American Graffiti”, o el de la presencia del Arca de la Alianza dentro del almacén, además de claros recuerdos a la figuras de Marcus Brody y Herny Jones Sr. (Ay, si Connery hubiera participado), necesarios por otra parte.
Entre las copias que hace y que restan putos tenemos los de las hormigas que rememoran a “La momia” de Sommers, factor que nos da cierta inquietud hacia la originalidad de Spielberg en la puesta en escena de esta aventura.
Steven Spielberg ha decidido realizar esta película con vistas a un claro objetivo: la taquilla, no es de extrañar estando George Lucas de por medio. Solo así podemos entender el resultado. Sin ser una mala película, ni mucho menos, sí que es cierto que el director carece de la originalidad y la fuerza que predominaban en los anteriores títulos de la Saga. Por poner un ejemplo claro diré que con “Indiana jones y el reino de la calavera de cristal” pasa igual que con “El Mundo Perdido”, está hecha por imposición popular, sin pasión apenas, y eso se nota en más de un tramo, como son las continuas visitas a tumbas y cárceles donde se desaprovecha la oportunidad de introducir suspense y misterio.
Por suerte los resultados no son tan flojos como la secuela de los dinosaurios, gracias sobre todo a maravillosas secuencias de acción de estilo clásico aunque empañadas de CGI en su mayoría. La del principio por completo es una gran secuencia que domina los primeros veinte minutos y nos rememora los buenos momentos del cine de aventuras. A continuación tenemos esa persecución en moto donde las acrobacias al más puro estilo clásico harán gala (ese Indy metiéndose en el coche y saliendo de él para volver a montarse en la moto es trepidante). Sin embargo la secuencia de acción más vibrante y frenética de todas es la persecución en la selva, en donde los soviéticos se enfrentarán con Indy y compañía por hacerse con la calavera. Todo es un caos, pero qué caos, nos enteramos de todo sin perder información, cosa poco habitual hoy día en el cine de acción comercial.
Spielberg rueda tramos que parecen sencillos de manera mimosa y cuidadosa. Claro ejemplo es la primera conversación entre Indy y Mutt en la cafetería. Es una conversación rodada de manera clásica donde tiene especial importancia lo que rodea a los protagonistas, y no solo para demostrar lo que se ha trabajado el diseño de producción, sino para mostrarnos una amenaza que los sigue y crear juegos cómicos de lo más conseguidos (el juego con la botella de Coca-Cola).
El final, y me refiero a la secuencia final, tiene el impecable detalle del sombrero, pero desmerece del apoteósico y memorable final de “La Última Cruzada”, verdadero punto y final a las aventuras del héroe, para ahora pasar a un punto y seguido de nuevo que rememora el final de “El Arca Perdida”.
Lo más flojo del film es el guión. Mis temores se han hecho realidad y se ha vuelto a repetir el efecto “El Mundo Perdido” con David Koepp metiendo frases y momento infantiles en lugar de algo más elaborado. De acuerdo que se quiere explotar el factor familiar y que la película debe estar destinada a todos los públicos, pero de ahí a tener situaciones de lo más absurdas y sobrantes hay un trecho, y la película lo pasa en más de una ocasión. Así sin ir más lejos mencionaría la presencia de animales como topos o monos fuera de lugar, o la poca gracia que tiene que Mac, personaje que si no hubiera estado tampoco hubiera pasado nada, llame Jonesy a Indy todo el rato. Momentos cómicos tiene alguno que otro conseguido, en especial uno que tiene lugar en arenas movedizas (tronchante).
Spielberg declaró sobre el guión que escribió Frank Darabont que era el mejor presentado para una película de Indiana Jones. Ya nunca lo sabremos, pero siempre tendremos la duda de saber cómo era, porque mejor que el presente seguro.
John Williams y su composición dentro del film es un vivo reflejo de lo que ofrece esta nueva aventura. Nada nuevo, todo es un conjunto de rememoraciones y homenajes a las viejas películas. O sea que a través de la música ya conocemos la verdadera naturaleza del film: entretener, que no es poco.
Janusz Kaminski se esfuerza en ofrecer una fotografía afín a los 50, consiguiendo unos colores pastel vivos, pero que ni de lejos se asemejan a los que reinaban en las anteriores películas. Por supuesto el director de fotografía hace de las suyas con sus juegos de luces blancas tan personales.
Harrison Ford vuelve a enfundarse la cazadora, el sombrero y el látigo para demostrar que él, y solo él puede ser Indiana jones así pasen los años. Hay que aplaudir al actor por el esfuerzo físico que ha hecho y por no caer en la autoparodia, sino que vuelve a darle vida honrosamente, haciéndonos creer que es capaz de sobrevivir a un ataque nuclear metido en una nevera con entereza. Cate Blanchett es la villana Irina Spalko, la cual como sus antecesores villanos busca el poder sin pensar en las consecuencias que ello conlleva. Blanchett se lo pasa en grande como la mala de la función dando lecciones de esgrima y todo, su presencia ya vale para dar vida al papel. Shia LaBeouf es la gran sorpresa para un servidor, el actor aguanta el tipo, que no es poco, y crea un personaje concebido para el Universo Indy, que bien podría seguir sus pasos sin problema, pero eso será otra historia. Karen Allen vuelve a ser Marion, aunque esta vez este algo más sobreactuada vuelve a demostrar sus dotes para la aventurera y sus agallas, poniendo de manifiesto una vez más que es la única mujer a la que puede amar Indiana Jones. Ray Winstone es Mac, compañero y competidor de Indy que bien podrían habérselo ahorrado. Es un personaje que se mueve por la codicia. John Hurt es Oxley, el antiguo compañero de Indy que desaparece en su busca de la calavera. Hurt crea el personaje más cómico del film, un ser trastornado por culpa de la reliquia cristalina que ha dominado su mente misteriosamente. Jim Broadbent es el decano de la Universidad donde Indy imparte clases. Otro personaje que trata de tapar el hueco de Marcus pero que no llega ni a quedarse en el intento.
La gente pedía otra Indiana jones y ya está aquí. Ahora curiosamente será esa gente la que ataque contra le película y la ponga por los suelos, como siempre suele pasar. Sin embargo no podemos negar el valor que posee el film y que hace sobradamente su visionado: es cine de evasión de calidad, con destellos de copia, si, pero altamente entretenida. Como dijo George Lucas, solo es una película, y no la segunda venida de Cristo, y con qué razón. Las expectativas eran tan altas como si estuviésemos hablando de un nuevo “Padrino” o una secuela de “La lista de Schindler”, pero no. Es una de Indiana Jones en el S. XXI, tómenlo o déjenlo, pero yo creo que con que la hayan hecho nos podemos dar por satisfechos después de tantos años de espera. Será la oveja negra de la familia (como lo es la nueva trilogía galáctica), pero ya les gustaría a muchos tener ovejas negras como esta.
Una película de aventuras clásica que nos devuelve a Indiana Jones y al Spielberg más comercial y flojo desde “El Mundo Perdido”.
Lo Mejor: El principio. La persecución en la jungla. Ford y LaBeouf.
Lo Peor: El guión. Las altísimas expectativas con las que se ve.


























