Archivos de la categoría ‘Thriller’

Insomnio, de Christopher Nolan

Julio 24, 2008

El detective Will Dormer y su compañero Hap Eckhart son enviados a Alaska para investigar el asesinato de una joven mientras en su ciudad se prepara una investigación de Asuntos Internos contra su departamento.

Remake de la película escandinava de mismo título de 1997 (y que no negaré no haber visto) Christopher Nolan realizó su particular visión sobre la misma con los elementos que le han convertido en autor cinematográfico como son la dualidad, la culpa y la obsesión.

La dualidad nos es mostrada a través de dos personajes tan diferentes como el policía y el asesino. Tanto el agente Dormer como el escritor Walter Finch han experimentado la sensación de cometer crímenes. El uno (Dormer) al falsificar pruebas que condenaran a un asesino, el otro (Finch) por haber asesinado a una joven admiradora suya. Ambos pasan noches en vela sin poder dormir, atormentados por sus actos. Sin embargo Finch, con el paso de los días, conseguirá controlar su angustia y aceptarla, consiguiendo conciliar el sueño una vez más, con su vista puesta en experimentar de nuevo el asesinato. Esto concretamente es lo que diferencia a uno de otro, lo que hace que Dormer adopte la actitud correcta frente a Finch y lo que nos lleva al terreno de la culpa.
Un mal policía es aquel que no puede dormir por tener la conciencia intranquila. Así cita la agente Burr a su admirado Dormer unas palabras que el policía conoce bastante bien y que están haciendo mella en él. Si bien ya al principio el veterano agente teme ser descubierto por falsificación de pruebas, esto se incrementará con el asesinato accidentado de su compañero Hup mientras persiguen a Finch. Dormer no parara de preguntarse si lo hizo accidentalmente o si es lo que quería, más aún al enterarse de que Hap lo iba a delatar. Así comienza para Dormer unas largas noches diurnas interminables donde su alma se torturará por el acto presente a la vez que rememorará su inaceptable, aunque justa, acción pasada. La única forma que tiene Dormer de limpiar sus pecados es atrapando a Finch e impidiendo que su admiradora, la agente Ellie Burr, se convierta en otra persona como él, que se salte las reglas por muy justo que le parezca.
La obsesión siempre está presente en el género policiaco y aquí rodea a los tres personajes principales. Dormer busca atrapar a Finch a pesar de que este le hace chantaje y puede contar lo de Hap. Finch está obsesionado con culpar del asesinato al exnovio de su víctima y así demostrar ser tan inteligente como los personajes de sus novelas detectivescas. Pero también habla de otra obsesión, la de la agente Burr por convertirse en una buena agente de policía en un mundo de hombres.

Alaska es un personaje más dentro de la trama y es un ejemplo de cómo sacar partido a un escenario. Si ya es duro quedarse dormido, más duro es hacerlo en un lugar donde nunca anochece. Así Alaska se convierte en el purgatorio de Dormer, el terreno donde sus pecados le persiguen allí donde van y donde el sueño no llegará hasta que haya limpiado su conciencia (maravillosa la escena final con esa inolvidable frase de Pacino que resume todo).

Christopher Nolan dirige la película de manera sobria y lenta, que no aburrida, adentrándonos en los pensamientos de Dormer, y enmarcándola dentro de una atmosfera azulada y fría, acorde con el escenario donde se desarrolla. Nolan se marca grandes secuencias donde el miedo y la inseguridad hacen gala, como es la inolvidable entre la niebla, climax donde se desatará la tragedia que envolverá a Dormer hasta el intenso final. El guión corre a cargo de Hillary Seitz, creando buenas frases que definan la psicología de los personajes, aunque desgraciadamente no aproveche todos cuanto puede.
Como suele pasar en todas sus películas, el director sabe centrarse en los actores para dejar que se desenvuelvan. Para la ocasión contó con tres pesos pesados. Robin Williams mostraba su cara más turbia y desagradable dando vida de manera sutil, sin grandes aspavientos ni muecas, haciendo doblete ese año con su inquietante personaje para “One Hour Photo”. Hilary Swank esta correcta como la agente Burr, encargada de investigar la muerte de Hap. El que está en estado de gracia es Al Pacino, concediéndonos uno de sus últimos mejores papeles como el agente de policía Dormer. Pacino va progresivamente transmitiéndonos una energía que mengua a medida que avanza el film y que sus parpados son incapaces de cerrarse. Mencionar la breve participación de la maravillosa, e infravalorada, Maura Tierney como encargada del hotel donde se hospedan Hap y Dormer.

Un brillante thriller psicológico donde Christopher Nolan hace gala de sus más profundos intereses, que seguiría explotando en sus posteriores obras, y donde Pacino demuestra ser de los más grandes.

Lo Mejor: La ambientación. La secuencia entre la niebla. Pacino. El final.

Lo Peor: Algunos personajes secundarios merecían más protagonismo.

A la caza, de William Friedkin

Julio 12, 2008

El Agente de policía Steve Burns recibe la misión de encontrar a un asesino de homosexuales introduciéndose en los turbios bajos fondos de clubs nocturnos gays.

Llevaba tiempo queriendo ver esta película, no solo por Al Pacino, sino por su director, William Friedkin, hoy en muy baja forma, que supo crear películas de referencia como “French Connection” o “El Exorcista”, además del reivindicable policiaco “Vivir y morir en L.A.”. La sensación que me ha provocado “A la Caza” es similar a la que me provocó en su día “El Exorcista”, un malestar general durante su visionado por la crudeza y extremismo con la que el director muestra el mundo gay a finales de los 70.

La trama gira en torno a un policía que se infiltra entre homosexuales para atrapar a un asesino. Hasta ahí parece una película policiaca interesante. El problema surge cuando descubrimos que todos los homosexuales del film son clichés basados en los Village People y que nos recuerdan a los barbudos que regentaban La Ostra Azul en “Loca Academia de Policia”. No digo que no haya homosexuales así, pero que todos los que muestre el film estén cortados por el mismo patrón o sean travestís resta veracidad al relato.
Eso por un lado, por otro lado tenemos el mal rollo que nos provoca ver los crueles actos que realiza el asesino con sus víctimas, el más memorable, y altamente terrorífico, es aquel en que acaricia con su afilado cuchillo el pezón de su próxima víctima, coronado con el asesinato mediante cuchilladas en la espalda, similar al que se muestra en “Zodiac” de Fincher.
Es como si Friedkin quisiera incomodar al espectador introduciéndolo en los bares gays con una atmosfera malsana desde el principio en que unos policías abusan de unos travestías pasando por esos planos que muestran un mar de velludos varones sudando y amándose entre sí dentro de los clubs.

La película posee dos partes como son la infiltración de Burns dentro de ese mundo y una segunda en que el agente descubre a su presa y comienza a acosarla hasta atraparla.
Pues bien, si la primera parte posee esos momentos visuales de incomodidad la segunda demuestra que Friedkin no sabe exactamente que contar, echando por la borda la trama detectivesca. La película comienza haciendo alusión al asesino mediante un brazo amputado, para posteriormente no hacer más mención a las amputaciones, solo al cuchillo. En ningún momento se nos dice porque el asesino actúa así, ni aún con los recuerdos de su padre, y la forma que tiene Burns de cazarle es de lo más inverosímil, por no hablar de ridícula con los dos vestidos de la misma manera, en plan moteros.
El final bien podría significar que hay muchos más detrás de lo que parece con ese primer plano de los ojos de Burns mientras su novia se pone su uniforme de infiltrado. Eso podría decirnos que el verdadero asesino de la trama no es el que han cazado sino cualquier otro, incluso cabe la posibilidad de que Burns, tras haber sido exprimido por el caso y haber compartido tantos momentos con homosexuales, se haya convertido en asesino. Claro que eso queda en la opinión de cada uno.

Según cuentan Friedkin no ha sido nunca un excelente director de actores, a pesar de haber contado con verdaderas figuras de primer orden, y de que varias de ellas estuvieran nominadas al Oscar o lo ganaran. Decir que Al Pacino resulta ajustado en su papel sería quedarse corto. El magnífico actor no pega ni con cola como agente infiltrado por muchos abdominales y mucha camiseta corta que se ponga. Su mirada en algún que otro momento da fe de lo gran actor que es, pero no basta para el personaje en esta ocasión. Le secundan Paul Sorvino como el capitán Edelson, culpable de introducir a Burns dentro de ambientes que lo volverán algo desquiciado. Karen Allen es Nancy, novia de Burns, un personaje que pinta bien poco dentro de la trama.

Una película para ver y olvidar, que contiene escenas de lo más discutibles. Posiblemente el policiaco mas flojo del director junto a “Jade” que engrandece sus trabajos para “Vivir y morir en L.A.”.

Lo Mejor: Algún que otro momento en que la atmosfera habla por sí misma.

Lo Peor: Muestra una visión demasiado extremista y ridícula del mundo homosexual, además de no crear una trama policiaca decente.

Munich, de Steven Spielberg

Mayo 21, 2008

En las olimpiadas de Munich de 1972 miembros del grupo terrorista Septiembre Negro secuestraron a once miembros del equipo deportivo israelí. La muerte de estos once deportistas dio como respuesta una represalia israelí hacia los organizadores de la matanza.

“Munich” es posiblemente la película más polémica de Spielberg al retratar las duras represalias que llevo a cabo Israel tras el acontecimiento de Munich. La comunidad judía estadounidense criticó duramente al director llamándolo traidor y mentirosos por los hechos que contaba, basados en la discutida novela “Vengeance” de George Jonas. Sin embargo, más que una película histórica o política, “Munich” es un análisis sobre la violencia por medio de actos terroristas.

El ojo por ojo es lo que impulsa a Israel a contraatacar contra los palestinos. Les han asesinado a once de sus hombres y ellos van a hacer lo mismo con once de los suyos, concretamente contras los que planearon la matanza de Munich. O al menos eso dicen, pues nunca dan pruebas fiables de que los objetivos estuvieran realmente implicados en tales hechos.
Para la misión se creará un pequeño grupo compuesto por cinco hombres, dirigidos por el agente del Mossad Avner, quien renunciará a su condición de agente para trabajar clandestinamente en Europa. Estos cinco miembros no son asesinos, sino personas normales y corrientes (maravillosa esa escena en que hablan animadamente en la mesa cuando se han conocido con la bella música como único sonido) que poseen facultades especiales para desempeñar distintos trabajos. Así pues Carl se encarga de limpiar el escenario del crimen de huellas, Hans trabaja como contable y posee una tienda de antigüedades, Robert fabrica bombas que no actúan del todo bien debido a su condición de juguetero especializado más bien en desactivar bombas que en fabricarlas. Tan solo Steve y Avner podrían considerarse agentes de campo, pero diferentes. Mientras Steve es impulsivo y quiere eliminar a todo enemigo de judíos posible, Avner se plantea diversas cuestiones a lo largo de su misión, empezando a dudar de sus actos cuando está llegando al final.

No es fácil ver una película como esta que refleja tan bien un problema patente y actual como es el terrorismo. La incomunicación entre los países y sus continuas discusiones hace que actúen de forma violenta y sanguinaria. Sin embargo la película contiene una secuencia (quizás de las mejores que tiene), en que el grupo de Avner coincide en un piso franco con un grupo palestino, que demuestra la posibilidad de dialogo. En lugar de matarse unos a otros en ese momento, Avner y los suyos se harán pasar por miembros de otras bandas terroristas (Robert se hace pasar por uno de ETA), conviviendo con ellos una noche tranquilamente, donde el único enfrentamiento será a la hora de elegir la música. La conversación entre Avner y el jefe del grupo palestino es tranquila, discuten sobre los problemas que acontecen en sus países sin violencia ni peleas, como debería ser. Desgraciadamente en la secuencia posterior la violencia se hará de nuevo patente al matar Avner al hombre con el que había mantenido una tranquila charla la noche anterior.
La secuencia final en que Avner discute con Ephraim sobre los resultados obtenidos alegando que a cada hombre que han matado le ha sustituido otro peor resume todo lo que quiere transmitir el film. Matar a una persona dirigente para que luego esta sea sustituida por otra y responda con peores represalias hasta llegar a alcanzar límites insospechados y sobrecogedores para la humanidad es del todo menos patriotico.
La película no se corta en mostrar las redes que mueven y controlan el terrorismo, movidas por el dinero, como es en este caso un tradicional familia francesa, representada por Louis y su padre , que conoce el paradero de toda persona, ya sea terrorista o no, facilitando la información a todo aquel que quiera comprarla por una cuantiosa suma.

A través del personaje principal observamos las consecuencias del terrorismo en sus ejecutores. Al principio Avner es un hombre de familia formal, elegido por su excelente hoja de servicios y por la amistad de su familia con el alto mando israelí. Para él realizar su misión es la mejor forma de responder frente a la matanza de Munich y demostrar su fidelidad hacia su patria. Pero poco a poco se irá convirtiendo en una persona asustada, insegura, que siente haberse convertido en un objetivo para sus enemigos, que no son otros que los que le han estado dando información sobre el paradero de sus objetivos. Es escalofriante el momento en que Avner se mete en su armario para dormir, al igual que aquel agente protagonista de un relato de Hans, por miedo a tener una bomba bajo la cama o a que lo maten mientras duerme. Es la deshumanización del ejecutor, no solo son víctimas aquellos que perecen en los atentados, sino quienes los llevan acabo.

Steven Spielberg no oculta la naturaleza formal del film, el thriller. El director realiza un film cercano a los setenta con zooms y encuadres propios del género en aquella época. No es difícil compararla con “Chacal” de Zinnemann, ya no solo en su caligrafía fílmica sino mediante la presencia de Michel Lonsdale. Spielberg crea secuencias de suspense a la hora de realizar los atentados muy brillantes, en concreto siempre se me vienen a la cabeza dos: la primera cuando deben asesinar mediante un teléfono-bomba a uno de los objetivos y un camión impide ver que la hija del hombre está en el apartamento obligando a Hans y Avner a correr a toda prisa antes de que Robert presione el detonador, la segunda cuando Avner debe apagar la luz para dar la señal de presionar la bomba para que explote la cama donde duerme otro objetivo situado junto a su habitación. En la primera primaria el excelente uso del montaje que hace Michael Kahn mientras en la segunda el preciso tempo con el que se narra la inseguridad de Avner a la hora de apagar la luz.
Spielberg muestra los actos terroristas de manera realista y desagradable. Ya no solo los de Munich a base de flashback (bestial cuando a un israelí le revientan la boca), sino mediante el cruel y frio asesinato hacia la asesina profesional en su barco. Si hay una secuencia dura de ver es esa.
No podemos negar que Spielberg demuestra ser valiente, ya no solo al mostrar explícitamente los terribles actos que realizan tanto los palestinos como los judíos, sino a la hora de terminar el film. Creo que no hay otra película de Spielberg que tenga un final tan sutil y dramático como el presente en que Avner se marcha caminando tras discutir con Ephraim para pasar por delante de las torres gemelas, quienes marcaron en su caída el culmen del terrorismo mundial.

Como defectos podríamos achacarle los atentados fabricados de manera algo mecánica a lo largo del film, así como su excesivo minutaje. Hay un corte de montaje algo brusco que siempre me ha dislocado como es ese en que Avner se encuentra en Beirut en plena refriega y pasamos de repente a Francia, dentro del coche de Louis.
Si bien se ha discutido en más de un sitio la escena del coito entre Avner y su mujer al final mientras este piensa en los hechos de Munich, yo no lo veo como un problema, sino como el cambio que ha sufrido el personaje durante su misión. Al principio del film se muestra haciéndole el amor a su mujer estando embarazada, sin importarle, para al final mostrárnoslo ausente, realizando el acto sexual pero sin sentirlo, obsesionado con la causa de su misión, como si fuera el fantasma que lo acompañará durante el resto de su vida.

El guión corrió a cargo de dos grandes como son Eric Roth y Tony Kushner, quienes idean magníficos diálogos entre los personajes mediante los que discutir acerca del terrosimo.
La dirección artística es sublime, representando al detalle los años setenta mediante vehículos, vestuarios y su atmósfera.
Janusz Kaminski refleja mediante su fotografía los distintos ambientes europeos en que se mueven los protagonistas, haciendo especial hincapié en la diferencia que hay entre la atmosfera elegante y calidad de Francia frente a la húmeda y amarillenta de Grecia o Israel.
Michael Kahn juega perfectamente con el montaje realizando secuencias excelentes dentro del género, con las dos mencionadas como punto álgido.
John Williams vuelve a crear una banda sonora dramática similar a “La Lista de Schindler”, aunque en esta ocasión Spielberg no la use tanto dentro del metraje.

El reparto está formado por nombres tan internacionales como los países por los que transcurre la propia película. Eric Bana realiza una excelente interpretación como Avner, el jefe del grupo. Daniel Craig es Steve. Ciarán Hinds es Hans, el mejor amigo de Avner dentro del grupo, su confidente por decirlo de alguna manera. Mathieu Kassovitz es Robert, el juguetero que se cuestiona la misión en que participa alegando que están en contra de lo que significa ser judío. Hanns Zischler es Hans, posiblemente el miembro del grupo que quede más secundario. Ayelet Zurer es Daphna, la mujer de Avner. Geoffrey Rush es Eprhaim, el jefe de Avner en la misión. Mathieu Almaric es Louis, el benefactor de nombres para Avner. Michael Lonsdale es Papá, un personaje cercano al Padrino por así decirlo, el que mueve los hilos internacionalmente otorgando nombres al mejor postor y siempre en su beneficio.

Aunque levantara ampollas dentro de la comunidad judía, “Munich” es una película necesaria que plantea dilemas asociados al terrorismo, demostrando una vez más que no sirve de nada matar. Desgraciadamente la realidad que muestra ha llegado a incrementarse mucho más hasta nuestros días en que vivimos asolados por el miedo.
Recibió cinco candidaturas a los Oscars: Película, Director, Guión adaptado, Montaje y Banda Sonora.

Un muy buen thriller que analiza la violencia en nuestros días, demostrando que mediante ella no se llega a ninguna parte.

Lo Mejor: Su estilo fílmico setentero. El final.

Lo Peor: La estructura de los asesinatos es muy similar.

Duel, de Steven Spielberg

Mayo 1, 2008

Cuando había ya realizado varios episodios para televisión y era la persona más joven que había firmado un contrato con la Universal, a Steven Spielberg se le presentó la oportunidad de realizar un telefilm para el serial titulado “la película de la semana” de Universal , que se retransmitía cada fin de semana. El proyecto en cuestión era la adaptación a la pequeña pantalla de un relato de Richard Matheson que había salido publicado en Playboy. El propio Matheson escribió el guión del film que supondría la prueba de fuego para un joven Spielberg.
La historia relataba el enfrentamiento entre un hombre en su coche frente a un enorme camión que no deja de perseguirle.
El protagonista, David Mann, es un hombre normal y corriente que sale de casa una mañana como otra cualquiera para reunirse con un amigo para un asunto de negocios. Su travesía parece de lo más normal hasta que se topa con un camión grasiento que le impide el paso. Hasta ahí todo bien. El problema surge cuando el camión empieza a retar a nuestro protagonista en un juego de adelantos para pasar a embestidas y acoso sin cuartel hasta que solo uno quede con vida.
Es un relato de supervivencia. Como bien dice David en uno de sus pensamientos, te levantas una mañana, todo transcurre de forma tranquila hasta que alguien se te cruza en tu camino y pone en peligro tu existencia durante 20 o 25 minutos.
Spielberg ha declarado alguna que otra vez, aunque luego lo haya negado, que “Duel” era como un western, y en cierta medida tiene pequeños ingredientes del género. El propio título hace referencia. El pique de haber quien corre más entre ambos vehículos al principio. El enfrentamiento final, cara a cara. Para rematar esta teoría nada mejor que ver el plano en que el director hace un zoom dejando nuestro coche protagonista entre las ruedas del camión como si estas fueran las piernas de un pistolero que está dispuesto a desenfundar.

Sin embargo “Duel” es en realidad un ejercicio de suspense muy notorio. Spielberg juega con la tensión cada vez que hace su aparición el terrible camión, sobre todo a partir de que la mano humana del infernal vehículo le haga señas al protagonista para que le adelante y este se vea sorprendido por otro coche viniendo hacía él.
Una de las bazas que tiene el film es el conseguir que el espectador se convierta en todo momento en David Mann, y no solo por su retrato de hombre de clase media. Ya la primera secuencia en plano subjetivo del coche nos da indicios de esto, pero donde más claro se hace es en la escena del bar, cuando nuestro protagonista pasará del alivio tras lavarse la cara al más profundo miedo al ver tras la ventana del local a su infatigable perseguidor. El espectador observará como si fuera David a todo hombre del local sospechando de cada uno a través de la única pista que tenemos, como son sus botas. Y es que al conductor del camión nunca se le ve, todo un acierto, pues dota de más misterio e incomodidad a la situación.

Steven Spileberg supo desenvolverse muy bien para tener diez días, que pasaron a doce, de rodaje. El director quiso rodar en exteriores, cosa que consiguió una vez demostró que podía ocuparse del proyecto sin problema, y suerte que fue así pues la película no sería la que es si hubiera sido rodada en estudio. Como buen admirador de Hitchcock el director sabía que al público había que sugerirle cosas para incomodarle, de ahí la secuencia en el bar donde todo el mundo es sospechoso. Al director inglés se le homenajea incluso en el momento en que el camión da marcha atrás y unos acordes rememoran la música de “Psicosis”.
Mirándola como película hay que reconocer que tiene fallos, pero viéndola como lo que es, un telefilm, hay que alabar a sus creadores. El conseguir que tengamos la misma incomodidad que David ya es un logro, que rematado con la narración del director llega a ser notorio. Spileberg, ayudado por el director de fotografía Jack A. Marta, da muestras aquí de sus conocimientos cinematográficos mediante primeros planos agobiantes en que define el estado de ánimo del protagonista, especialmente al final. El travelling en que David entra en el bar, siguiéndolo en el momento en que se lava, hasta que sale y observa por la ventana al terrible camión es asombroso, pues define el cambio de ánimo que adquiere el protagonista tras haber sido atacado bruscamente y comprobar que lo persiguen.
Uno de los rasgos que más me gustan es la presentación del antagonista en pantalla. Visualmente casi siempre es mediante contrapicados que lo alzan como el rey de la carretera. Pero visualmente es un elemento que transmite miedo. Su aspecto gastado y oxidado rematado con esas matriculas que simbolizan trofeos de coches destruidos y el aceite derramándose como si fuera su sangre hirviendo y su sonido atronador lo convierten en el primer monstruo de Spielberg.

Como he citado anteriormente, si estuviéramos hablando de una película seria correcta sin más, y como telefilm incluso siendo notable, tiene ciertos rasgos que no me acaban de gustar. En primer lugar la conversación que tiene David con su esposa y que nos describe que ambos mantuvieron una discusión la noche anterior no aporta nada a la trama, y le resta a David esa neutralidad que bien podría identificarle con cualquier ciudadano. Otra de las cosas que no me acaban de gustar es el uso de la voz en off en repetidas ocasiones, como si tuvieran miedo a dejar que la imagen y la interpretación de Dennis Weaver hablarán por sí misma y que el espectador sacara sus conclusiones de lo que piensa el protagonista en dicho momento.
Se nota también cierta utilización de planos iguales en repetidas ocasiones, especialmente al principio cuando el protagonista conduce tranquilamente, como si estas fueran introducidas para que alcanzase la duración exigida.

En “Duel” encontramos muchos de los rasgos que posteriormente encontraremos en la filmografía de Spielberg.
En primer lugar tenemos un enfrentamiento entre un pequeño vehículo que conduce nuestro protagonista frente a un gigantesco camión en un enorme desierto de asfalto. Dicho enfrentamiento será similar el que posteriormente narre el director en la magistral “Tiburón”, siendo tan peligrosa la carretera como el mar (esa advertencia que David le hace a los niños para que no se acerquen al asfalto cuando vislumbra al camión es parecida a las del jefe Brody) jugando en todo momento con el suspense y marcándose un tour de force final donde la tensión será protagonista y donde el destino del villano es rematado de forma casi idéntica.
En segundo lugar tenemos un rasgo que será primordial en la oficial primera película del directo, “Loca Evasión”, como es la road-movie. Salvo la breve secuencia en el bar y la llamada telefónica todo el metraje de “Duel” transcurre en carretera, al igual que la mayoría del metraje de la cinta protagonizada por Goldie Hawn.
En tercer lugar, aparecen varios actores que repetirían con el director, y más concretamente la gasolinera donde David para y es embestido es la misma en la que John Belushi aparca su avioneta y es atendido por la misma propietaria en “1941”.
En cuarto lugar vemos la aparición brevemente de esos reptiles que tan poca gracia le hacen a uno de los personajes más celebres de la filmografía de Spielberg.

El film supuso un reconocimiento a Spielberg, que le abriría las puertas al mundo del largometraje empezando con “Loca Evasión”, claro que esa no sería la película por la que la gente empezaría a fijarse en él.

Lo Mejor: Su uso del lenguaje cinematográfico.

Lo Peor: Hay que verla como un telefilm.

Carlito´s Way, de Brian De Palma

Marzo 15, 2008

c_carlitos.jpgDiez años después de “Scarface” el director Brian De Palma y el actor Al Pacino volvieron a unirse para realizar una de las mejores películas de los 90.

1975. Carlito Brigante sale de prisión gracias a su abogado y amigo David Kleinfeld. Anteriormente traficante de droga, Carlito quiere dirigir su vida por el camino recto, con solo un recuerdo bueno de sus tiempos pasados, su amor Gail. A pesar de los esfuerzos que realiza, Brigante se verá envuelto de nuevo en el mundo de la corrupción y la traición del que esperaba huir.

Son muchos temas similares los que existen entre las dos películas que realizaron De Palma y Pacino. En ambas el protagonista es extranjero, mientras en “Scarface” era cubano aquí es puertorriqueño. El tema de los narcotraficantes vuelve a ser primordial en la trama, más suavizado en esta presente. Las salas de fiesta y las discotecas aparecen del mismo modo. Pero poco más.
Ahora bien, hay un aspecto en el que ambas películas difieren, y eso es en la personalidad y en el objetivo del protagonista. Mientras en la película del 83 Tony Montana buscaba ascender en el mundo de la droga y convertirse en dueño del narcotráfico en América, Carlito Brigante quiere huir del mundo que lo llevó a pasar cinco años en la cárcel marchándose a Las Bahamas, concretamente a “Paraíso”, para vender coches.

“Carlito´s Way” es una historia de redención, en que un hombre lucha por no caer en los errores del pasado salvando lo único bueno que existió en él, a la mujer de su vida. Cuando se reencuentren volverá a sentirse atraído por ella, aunque no protagonizarán un reencuentro entre dos amantes sino más bien un reencuentro entre dos amigos que van a charlar a una cafetería sobre lo que han hecho en este tiempo. A medida que se van viendo más la atracción va creciendo hasta concluir en esa maravillosa escena en que un loco y enamorado Carlito atraviesa la puerta del apartamento de Gail, mientras esta lo espera desnuda para unirse en un abrazo y hacer el amor como llevan esperando desde que se vieron.
Desgraciadamente Carlito se ve envuelto en una trama que escapa de su control por culpa de su abogado, cocainómano y oportunista. La única salida es huir con Gail a ese Paraíso que les está esperando en donde comenzar una nueva vida.
La palabra “Paraíso” tiene más repercusión de la que en un principio parece, pues no solo es el objetivo físico que anhela alcanzar el protagonista sino también el nombre del club que regenta durante un tiempo. Así pues tenemos a Brigante rodeado por ese sueño que cada vez está más cerca de sus dedos.

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Quizás más de uno se ponga las manos a la cabeza tras leer lo que voy a decir a continuación, y es que “Carlito´s Way” me emociona más que “Scarface” (lo que no quiere decir que no me guste, todo lo contrario). Tal vez la razón sea que como espectador uno siente más simpatía por Brigante que por Montana, pero es que además como película, está mejor ejecutada y desarrollada, devolviéndonos al mejor De Palma desde “Los Intocables” en cuestión de planificación y ejecución, consiguiendo una película emocionante, épica, trágica, con momentos de tensión como solo él sabe filmar, donde demuestra una vez más su excelente uso del panorámico. Tenemos sus magníficos travellings, su composición en el encuadre a la hora de mostrarnos en primer plano un personaje y al fondo, con excelente profundidad de campo, lo que está ocurriendo, dando información al espectador en todo momento.
Entre las secuencias más memorables se encuentran aquella en la que Brigante acompaña a su primo a hacer una “entrega” para acabar a tiro limpio en un local. De toda ella quizás lo más celebrado sea ese primer plano de las gafas de uno de los hombres del local mostrándonos lo que ocurre a las espaldas de Brigante, dando paso así un tiroteo donde el director hará gala contenida de su amor hacia la hemoglobina.
Ahora bien, cuando De Palma se marca un tour de force para aplaudir hasta saciarnos es en el tramo final, justo cuando Carlito visita a Kleinfeld en el hospital. A partir de ese momento presenciaremos la huida del protagonista. Un huida que comenzará en su club nocturno y acabará en la estación de tren Grand Central. La persecución por los vagones de metro contiene suspense extremo y la posterior caza por Grand Central es para quitar el hipo. El director se marca casi un plano secuencia para mostrarnos como Carlito llega a los andenes, teniendo cuidado en no copiarse a si mismo con respecto a su magistral secuencia en las escaleras de la estación de tren de “Los Intocables”. El resultado es Impresionante.
El final del film contiene un pesimismo esperanzador gracias al anuncio luminoso que cobra vida mostrándonos a una mujer bailando con un niño.

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El guión de David Koepp es soberbio, utilizando a Carlito como narrador mediante su omnipresente voz en off, lo cual eleva al misticismo la trama al conocer como acaba nuestro héroe.
La música corrió a cargo de Patrick Doyle, quien dotó al film de una atmosfera dramática adecuada, que nos alertaba de lo que íbamos a presenciar.
Al Pacino realizó una vibrante y apasionada interpretación como Carlito Brigante, el gangster que quiere escapar de su pasado. Sean Penn volvió a repetir con De Palma tras “Corazones de hierro” para dar vida brillantemente al cocainómano abogado de Brigante, un hombre movido por la avaricia y el oportunismo. La maravillosa Penélope Ann Miller es Gail, el personaje más limpio de toda la trama. John Leguizamo da vida a Benny Blanco, un aspirante a gangster que no hace buenas migas con el protagonista. Luis Guzmán es Pachanga, la mano derecha de Carlito. Viggo Mortensen aparece en el breve papel de Lalin, viejo socio de Bringate, ahora condenado a pasar su vida en una silla de ruedas.
Tanto Penn como Ann Miller fueron nominados a los Oscars como secundarios.

Para muchos es considerado erróneamente como una secuela de “Scarface”, pero no. “Carlito´s Way” es una película única, impresionante, impactante y fascinante. Bien podríamos traducirla como “El camino de Carlito”, “A la manera de Carlito”, o, como se tradujo en España, “Atrapado por su Pasado”. Pero tras verla y digerirla parece ser que hemos presenciado un réquiem una balada en honor a Carlito Brigante.

Lo Mejor: Prácticamente todo, pero los 20 minutos finales son para rememorarlos una y otra vez.

Lo Peor: Las comparaciones con “Scarface” y esa secuela que hicieron, ¿por qué?.

Promesas del Este, de David Cronenberg

Marzo 14, 2008

eastern_promises_poster.jpgDe entre las películas que llenaron las carteleras el pasado año, la última de Cronenberg fue, para un servidor, una de las mejores del año. Tras la notable “Una historia de violencia”, el director canadiense volvió a impactarnos con una historia turbia y cruda enmarcada dentro de la mafia rusa.

La película se abre con dos secuencias violentas como son el sangriento asesinato a base de cuchilla de un ruso en una peluquería por parte del dueño y su sobrino y la entrada de una mujer en un comercio pidiendo ayuda que se desmaya sobre su charco de sangre.
Ambos actos aparentemente no tienen nada en común, salvo los sangrientos que son, pero marcarán la vida de los protagonistas de la cinta.

Y es que de marcas trata esta película, de aquellas que nos recuerdan el pasado y de las que condicionan nuestro futuro.
Anna es una matrona que recibe la llegada de la chica moribunda y la atiende para salvar a la criatura que lleva en sus entrañas. La niña que nace recuerda a Anna la terrible perdida del hijo que ella esperaba y la empuja a buscar parientes que se encarguen de la recién nacida. Su búsqueda a través del diario de la madre del bebé la conducirá a un restaurante ruso regentado por Semyon, un anciano bastante amable y servicial que se ofrece a ayudar a Anna. En esa visita la matrona conocerá también a Nikolai, el chofer de la familia, y a Kirill, el hijo de Semyon.
Anna posee sangre rusa por parte paterna aunque no conoce nada de las costumbres de aquel país. Será su tío Stepan quién le recomendará que abandone la búsqueda de la familia de la niña, abandonándola a su suerte. Pero Anna no quiere hacerle caso ya que significaría perder otro bebé.
Nikolai trabaja como chofer para Semyon y mantiene una estrecha relación con su hijo Kirill. Aún se define como un simple chofer, Nikolai es el que se encarga de los trabajos sucios de la familia rusa a la que sirve. Tales actos no los hace solo por servir sino por alcanzar una meta: ganarse las estrellas. En la tradición rusa, un hombre lleva su vida y existencia tatuada por todo el cuerpo. Quien posea las estrellas en su cuerpo será considera alguien importante dentro de su clan.
De corte misterioso, serio y callado, Nikolai siente una simpatía instantánea por Anna, con la cual intentará tener una relación de amistad a duras penas. El asesinato acontecido en la barbería marcará el destino de Nikolai involucrándolo en una lucha entre clanes rivales. Su tatuado cuerpo obtendrá en el transcurso de los acontecimientos nuevas marcas que lo transformarán en un hombre respetado y temido, a la vez que solo y melancólico.

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El film retrata a la mafia rusa como pocas veces se ha visto. Recordando a clásicos del cine negro, vemos como son sus celebraciones, el respeto que recibe el jefe del clan, y los turbios negocios que esconden tras una fachada limpia (la prostitución). Además vemos el ritual de condecoración en que se ofrecen los tatuajes como si estos fueran medallas y aumentaran el rango de la persona a los que se les concede.
Por supuesto no perdemos detalle en las formas de ejecutar los actos más viles de los sicarios, con el degollamiento como modus operandus favorito. Hay que mencionar que en ningún momento utilizan pistolas ni armas de fuego sino instrumentos más artesanales como navajas y cuchillos.
Tampoco pierde la oportunidad de mostrar la mentalidad de la vieja Rusia por medio de dos personajes como son Semyon y Stepan. El regente del restaurante detesta Londres y el daño que le ha hecho ese entorno a su hijo, convirtiéndolo en un ser débil y manipulable, además de expresar abiertamente su odio a los homosexuales. Por su parte Stepam trabajó para la KGB y acusa al color de piel de la antigua pareja de Anna de la muerte del bebé que esta perdió.

Cronenberg levanta un guión correcto con una magistral puesta en escena austera, en donde hace gala de su violencia más cruda y real mediante secuencias de lo más impactantes, entre las que destacan por encima de todo dos.
La primera es la degradación doble que sufren Nikolai y una prostituta. El chofer es obligado por su amo, Kirill, a penetrar a una joven, mientras esta se muestra completamente ajena al acto. Lo cruel del asunto es la presencia vouyerista de Kirill presenciando el acto. Una vez que ha finalizado y Kirill se marche sucederá la que posiblemente sea la secuencia más triste y dramática de todas, como es el apagado canto de la chica mientras Nikolai la observa con síntoma de culpa.
La segunda secuencia es la más memorable de todas. La lucha en la sauna. No hubo en el pasado año secuencia más dura, cruda y acalorada que esta. Es tal la precisión con la que está rodada que nos hace inmiscuirnos en ella y sentir tanto calor como si de verdad estuviéramos ahí. La pelea es sucia y no se toma concesiones a la hora de mostrar a un Nikolai defendiéndose desnudo frente a sus atacantes. Los cortes, los golpes, la angustia, la sangre, todo lo siente el espectador, tanto que al final acabamos tan fatigados como el protagonista. Un prodigio.
Hay que resaltar el plano final del film, ejemplo de que una imagen vale más que mil palabras. Sin necesidad de secuencias aclaratorias ni líneas de dialogo, Cronenberg, mediante la elipsis, nos resume con ese plano a donde ha ido a parar el destino de nuestro protagonista

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A pesar de la violencia seca que muestra el film, existe una atmósfera de melancolía y tristeza, enmarcada en la época de Navidad, que empaña todo el metraje. Es muy loable el trabajo que hace Cronenberg mediante la ambientación, convirtiendo un frío e irreconocible Londres en un escenario más cercano al de aquellos países del este a los que el título hace mención y que se amolda a los distintos sentimientos de los protagonistas.
La atmósfera melancólica adquiere mayor fuerza gracias a la sencilla y perfecta partitura de Howard Shore, quien compone un triste y precioso tema principal, que ira en desarrollo durante todo el film.

El elenco interpretativo está formado por una correcta, y siempre agradable, Naomi Watts como Anna, personaje que pierde fuerza a mitad de metraje para recuperarla al final. Vincent Cassel compone uno de esos personajes inquietantes y turbios, bastante locos, que tan bien sabe componer el francés como es Kirill. Armin Mueller-Stahl compone otra de sus brillantes interpretaciones en la piel de Semyon, el patriarca de la familia para la que sirve Nikolai, un hombre de trato afable que esconde más de lo que aparenta. El director polaco Jerzy Skolimowski da vida a Stepan, el viejo ruso, tio de Anna, que conoce de primera mano los tratos con la mafia rusa. Sin embargo el que sorprende es Viggo Mortensen como Nikolai. El actor vuelve a repetir con Cronenberg dando vida al chofer y mano derecha de Kirill, Nikolai, de manera magistral, con un temple y una presencia para quitarse el sombrero. Su papel está lleno de fiereza, crueldad, remordimientos y tristeza a partes iguales. Un gran papel recompensado con Nominación al Oscar.

Una muy buena película de David Cronenberg, que contiene la que posiblemente fuera la mejor secuencia del pasado año, con un Mortensen en estado de gracia.

Lo Mejor: La dirección de Cronenberg. Mortensen. La Sauna.

Lo Peor: El personaje de Watts queda ensombrecido.

Fuego en el cuerpo, de Lawrence Kasdan

Marzo 5, 2008

body_heat_ver1.jpgLawrence Kasdan tan solo tenía como carta de presentación ser guionista del mejor episodio galáctico de “Star Wars”, “El imperio Contraataca”, cuando debutó en 1981 tras la cámara con un thriller de alto contenido sexual en que se nos relataba la intensa historia de deseo entre un abogado y una misteriosa y atractiva mujer.

Ned Racine es un abogado al que le pierden las faldas. Una noche conoce a una atractiva mujer con la que mantiene una interesante conversación. Tras pasar unos días y no poder quitarse a la dama de la cabeza decide ir en su busca, encontrándola en un bar. Juntos vivirán una noche de desenfreno sexual que repetirán una y otra vez, obsesionándose cada vez más el uno por el otro. El único problema que entorpece la relación es el marido de ella, un viejo y rico empresario que se detiene poco por casa. Tras meditarlo detenidamente deciden que la mejor solución para su situación es eliminarlo.

No estamos muy lejos de “Perdición” de Wilder, en que una mujer consigue embaucar al agente de seguros para eliminar a su cónyuge para así seguir su idílica aventura libremente y, además, quedarse ellos con la suculenta herencia. Y es que no podemos olvidar la herencia, verdadera razón por la que se comete el cruel acto, al menos por una de las partes. Cierto es que tanto Ned como Matty dicen quererse y amarse todo lo que no está escrito, pero una vez que descubren la suculenta fortuna que podría heredar la viuda en caso del fallecimiento del marido la perspectiva cambia para el espectador. Como siempre tenemos ante nosotros el tema de la codicia de por medio como motor del argumento.
Claro que si por algo es recordada “Fuego en el cuerpo” es por su alto contenido erótico que dio paso a posteriores films como “Atracción Fatal” o “Instinto Básico”. Kasdan transmite durante todo el metraje una atmósfera húmeda, asfixiante, calurosa, acorde perfectamente con la que rodea a todos los protagonistas de la cinta. Es verano en el pequeño pueblo de costa en que sucede la acción, pero es un verano atípico, en que las temperaturas han alcanzado altas cotas y no hay hielo suficiente para quitarse el sudor. Así pues tenemos el calor físico, el real que afecta a todo ser humano. Ese calor afecta a los dos protagonistas de distinta forma. Personajes ardientes, el calor natural no hace más que incrementar ese fuego que los abrasa por dentro y que los convierte en fieras sexuales insaciables. Pero no solo eso, sino en seres empujados por los instintos más primitivos sin pensar en las consecuencias que tendría el asesinato.

Kasdan consigue un notable debut en la dirección manteniendo un excelente pulso a lo largo de todo el metraje, con una planificación clásica, acorde con el genero que homenajea (ese despacho de William Hurt y su sombrero). Existen momentos realmente brillantes y fascinantes como son la presentación del personaje de Kathleen Turner apareciendo entre los espectadores que contemplan un concierto con su espectacular vestuario blanco rematado con esa raja en la falda que descubre su muslo. También el momento en que William Hurt se prueba el sombrero me resulta remarcable con la imagen de ella desapareciendo tras el cristal del coche que sube para que él se contemple con su nueva prenda. El momento en que se produce el primer encuentro sexual está muy bien llevado en cuanto a ritmo y brillantemente ejecutado con Hurt perdiendo la cabeza por una Turner más ardiente que nunca tras la ventana que los separa y que el protagonista romperá para dar paso a liberar todo ese deseo contenido.
El guión está plagado de conversaciones ágiles con frases de doble sentido apropiadas para la situación como se puede ver en el segundo encuentro entre los dos protagonistas en que ella hace referencia a sus “campanitas”, entre otras cosas. Si bien es cierto que vista hoy resulta de lo más previsible, el final del film es muy inteligente y enlaza muy bien con la inclusión de un personaje a mitad de metraje que en principio parece no se más que presencial.

William Hurt y Kathleen Turner cargan sobre sus hombros con el peso de la película realizando muy buenas interpretaciones, en especial ella, fiel prototipo de mujer fatal capaz de hacer perder los papeles al más casto. Sus escenas subidas de tono están perfectamente realizadas y no resultan bruscas como en otros films. Secundan al duo Richard Crenna como esposo de Turner, Ted Danson como fiscal y amigo de Hurt y Mickey Rourke como un viejo cliente de Hurt al cual pedirá un favor.

Un notable thriller subido de tono en que Kasdan se daba a conocer y tras el que realizaría obras con más o menos suerte.

Lo Mejor: La atmosfera humeda. El saber mezclar sabiamente thriller clásico con erotismo.

Lo Peor: Hoy día resulta previsible.

The Brave One, de Neil Jordan

Marzo 1, 2008

brave_one_poster.jpgErica Bain es una famosa locutora de radio que lleva una vida normal junto a su pareja. Un día, mientras dan un paseo por el parque con su perro, Erica y su novio, David, serán atacados por unos vándalos. Tras este ataque, David morirá y Erica no volverá a ser la misma, convirtiéndose en una persona fría y vengativa.

Afrontado como un proyecto personal para Jodie Foster, “The Brave One” (cuya traducción española fue “La extraña que hay en ti”) es más que un film sobre una vengadora urbana al estilo de las películas de Charles Bronson con las que se ha comparado. Si bien es cierto que después de sufrir un trauma tras el brutal ataque que recibe y perder a la persona que más quiere la protagonista se enfunda las pistolas clamando justicia al más puro estilo Harry el Sucio, también es cierto que tenemos ante nosotros una radiografía sobre los efectos del miedo y la forma que tiene varias personas de combatirlo.

Erica es una mujer normal y corriente que se siente segura, sin más preocupaciones que llegar a sus oyentes y estar cerca de su novio. Los duros acontecimientos que tuercen su idílica vida la transforman en un ser asustado, incapaz de poner un pie en la calle por medio a que eso le vuelva a suceder. Es como un animal herido que se siente rodeada por salvajes dispuestos a hacerle daño. La única forma que tiene de combatir ese miedo es mediante la misma violencia con la que ha sido atacada. Es la ley del Ojo por Ojo. Aunque al principio se haga con una pistola para sentirse más segura y defenderse, acabará interviniendo en ataques contra otras personas creyendo que esta haciendo las cosas correctas, pero poco a poco irá dándose cuenta de que la persona que fue ya no existe, siendo ahora una de esas personas peligrosas de las que ha estado huyendo.

Esta idea nos es más subrayada gracias a la ciudad en donde se desarrolla, Nueva York, creándose así un paralelismo entre el individuo y su entorno. La ciudad de los rascacielos siempre ha presumido de ser la ciudad más segura del mundo hasta el fatídico 11-S en que sus cimientos fueron puestos a prueba transformándose en una ciudad impregnada por el miedo durante largo tiempo.

Bien es cierto que la forma de combatir a los delincuentes es demasiado extrema y, si se quiere ver así, incluso fascista. Debería ser la justicia quien realizará el trabajo que está haciendo Erica en las calles. El dilema surge cuando los ciudadanos apoyan a la justiciera y opinan que todo el mundo debería actuar así siempre que la ley no haga nada.
La justicia legal en el film está mostrada de forma un tanto crítica, en especial cuando Erica va a para pedir información sobre su caso y la hacen esperar largo tiempo sin hacerle caso. Además del problema de Erica, existe otro caso en la película bastante de actualidad como es el de los malos tratos, representado por un conocido empresario al que el agente de policía Mercer quiere echar el guante y no puede por falta de pruebas.
Entre Mercer y Erica se forma un vínculo intimo que expone el dilema moral de tomarse la ley por su cuenta cuando la justicia falla. Erica se sirve de su trabajo de entrevistadora para preguntar a Mercer si haría lo que fuera por atrapar al hombre que tanto tiempo ha estado persiguiendo, pregunta a la que el agente por supuesto se niega a responder pero que su mirada nos responde.
El final del film entre Mercer y Erica nos deja claro ese interrogante. Aunque no sea la manera correcta de hacer las cosas, todos estamos en peligro de cruzar la línea.

El director elegido para la película fue el irlandés Neil Jordan. Aún conteniendo tramos brillantes, como la conversación en el bar entre Mercer y Erica reflejados en el espejo, si es cierto que se nota una desgana sobre todo en el abuso de planos inclinados que nos subrayen la inestabilidad de Erica en el momento de salir a la calle tras su ataque, y los que acontecen cuando va a impartir justicia. Es interesante y muy de actualidad que en el momento de la paliza a David y Erica el director utilice las imágenes del teléfono móvil de uno de los atacantes. Son pequeños momentos buenos en un conjunto bastante correcto con baches de guión sobre todo en su primera mitad.
Joel Silver produjo la película junto a Jodie Foster, quien puso en marcha el proyecto y da vida a Erica de manera más que solvente. Si bien es cierto que personalmente me gusta esta actriz, reconozco que me dio miedo debido a la silueta huesuda que luce, aunque su momento de maquillada con mirada mapache es bastante memorable. Terrence Howard realiza una muy buena interpretación como el detective Mercer, posiblemente el policía mas trabajador de la ciudad, que ve sus esfuerzos caer en saco roto. El televisivo “perdido” y pistolero en “Grindhouse” Naveen Andrews da vida a David, el novio de Erica. Citar la aparición de Mary Steenburgen como directora del programa de radio de Erica.

Una película mejor de lo que me esperaba, aunque por debajo de las posibilidades que el planteamiento establece.

Lo Mejor: El paralelismo entre Erica y Nueva York. La conversación en el bar.

Lo Peor: Los continuos tópicos que la pueblan.

No es País para Viejos, de Joel y Ethan Coen

Febrero 11, 2008

51.jpgTras oír hablar de ella durante mucho tiempo (concretamente desde el pasado Festival de Cannes) por fin ha llegado a nuestras pantallas “No es País para Viejos”, la película basada en la novela homónima de Cormac McCarthy que los hermanos Coen han llevado a la pantalla consiguiendo una de sus películas mas redondas.

Llewelyn Moss es un soldador que tropieza con un grupo de hombres asesinados junto con un cargamento de droga. En su búsqueda por un superviviente encontrara, junto al cadáver de este, una maleta llena de dinero que no dudará en quedarse, lo que desencadenara una huida en la que le pisará los talones el misterioso asesino Antón Chigurg.

El cine de los hermanos Coen está plagado por situaciones absurdas y personajes de lo mas variado. Sus historias, incluso las más dramáticas, poseen un humor negro y conversaciones variopintas que ayudan a suavizar el relato (claro ejemplo de esto es “Fargo”, donde el personaje de Mcdormath nos resulta simpático gracias a su manera de investigar, a la par que a su embarazo). Sin embargo los Coen parecen haber aparcado la comedia en esta ocasión, tras los sonoros fracasos de “Ladykillers” y “Crueldad intolerable”, para realizar su películas más dura, fría, directa y filosófica. Siguiendo la novela de McCarthy fielmente (por lo que he oído, no la he leído) los dos hermanos realizan un portentoso trabajo de dirección en que cada plano, cada secuencia, está estudiada al milímetro.

“No es país para viejos” es una película primordialmente de acción, pero no acción entendida como suele entenderse, sino como acto. Todo el film avanza por los actos que va cometiendo el soldador y las consecuencias que tienen estos sobre toda persona con la que se cruza. Él representa la codicia, ha encontrado un maletín con dos millones de dólares y no piensa un momento en deshacerse de él, aunque ponga su vida y la de las personas que quiere en peligro.
Tras sus pasos tenemos al misterioso Antón Chigurg, un hombre callado cuya máxima expresión es la violencia. Tras su paso deja un río de sangre que parece no tener fin. Su sola presencia provoca incomodidad y miedo. Es la representación corpórea de la muerte, el mal personificado. Su atuendo oscuro y su rostro inmutable hielan la sangre de todo aquel que se lo cruza. No duda en matar a todo aquel que estorbe en sus propósitos, sin embargo suele perdonar la vida, o más bien regalar mas tiempo de vida por medio de la moneda de plata. El simple lanzamiento de la moneda al aire delante tuya ya supone que has apostado algo sin saberlo, lo más valioso que tienes, tu vida. Ahora bien, si aciertas lo que ha salido, la muerte te dejara seguir viviendo hasta que volváis a encontraros. Dicha caracteristica está muy bien planteada en el encuentro con el encargado de la gasolinera, que además de ser una de las mejores secuencias del film, nos da cierta información sobre el personaje de Bardem.
No hay acto en la película que quede sin castigo, el cual será ejecutado casi siempre por Chigurg. Todos los personajes del film son pecadores, merecen ser castigados, aunque sea por el más pequeño de sus pecados. Desde los mexicanos que encuentra Llewelyn al principio, que son traficantes, hasta el jefe de ellos, son bandidos, cuyos actos han perjudicado la vida de otras personas. Incluso Chigurg resultará castigado por el destino tras cometer un acto fuera de lugar, totalmente innecesario.
Tan solo hay dos personajes en el film completamente inocentes. En primer lugar el Sheriff Bell, personificación de los viejos tiempos, aquellos tiempos pasados en que los agentes de la ley imponían la justicia tan solo con su presencia, sin ayuda de armas, y que ahora se ve rodeado de un vendaval de violencia inexplicable y cruel que escapa de su comprensión. Bell será testigo de los hechos en la distancia, como alguien que ve algo que le da miedo y no quiere enfrentarse a ello. El otro personaje es la mujer de Moss, quien confía en el viejo sheriff y le pide que ayude a su marido. Al igual que Bell ella no será participe activa de los actos troncales pero será un personaje fundamental a la hora de entender la historia.

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Bien podríamos estar ante un western normal, con ese sheriff, los ladrones, el asesino que va tras el protagonista. Pero la película posee ciertos tono filosófico y trascendental que dota a la historia de un aro universal en que se estudia la violencia, como se ha manifestado y ha ido cambiando a través de los años, convirtiendo a los viejos defensores de la ley en personas caducadas. Este detalle, mostrado en la película a través de lo que habla el Sheriff, convierte la película en algo distante e intelectual, lo que impide la implicación emocional del espectador.
Los Coen ya he mencionado que dirigen de manera magistral la película, desde esa presentación de Chigurg, a través de su instrumento, la bombona de gas, hasta el plano final, completamente desolador. Con un ritmo lento, subrayado con la ausencia de música, pero seguro y estudiado, adecuado para la historia, en donde la imagen se expresa por si misma sin necesidad de diálogos, componen secuencias de gran belleza, en parte gracias a la excelente labor de fotografía de Roger Deakins, y vibrantes cargadas de tensión. De entre ellas destaco dos absolutamente memorables. La primera que acontece en el motel cuando Chigurg encuentra por primera vez donde se esconde Llewelyn con la maleta. La segunda cuando hay un duelo entre ambos, y donde la película alcanza el mejor momento western propiamente dicho, que se abre con ese excelente juego de luz bajo la puerta de la habitación de Llewelyn.

La labor de los actores es magnifica. Se habla mucho de Bardem, pero es que también están fabulosos tanto Josh Brolin como Tommy Lee Jones. Si que es cierto que nuestro compatriota posee el papel mas agradecido y memorable de todos, como es el de Antón Chigurg, al cual interpreta de manera magistral con su mirada intimidatoria y su rostro impasible. Brolin compone una brillante interpretación como Moss, el hombre que encuentra el dinero y se ve envuelto en una huida desesperada por salvar su vida. Lee Jones es la viva representación de la ley del viejo oeste, incluso aparece montado a caballo con su sombrero. A él corresponde la parte más dialogada del film, la que más información metafórica nos da de la historia, ya que todo lo que dice, todas sus historias, poseen eco en los hechos que vemos. Kelly McDonald merece ser reconocida como una de las mejores secundarias por su magnifico papel de Carla Jean Moss, el personaje con el que el espectador puede sentirse más identificado. Woody Harrelson da vida a la otra cara de la moneda que es el personaje de Bardem. Si Chigurg es callado y de gatillo fácil, Carson es un charlatán al que le gusta dar rodeos y hacer tratos.

La película está recibiendo merecidos reconocimientos, en especial para su tandem de directores como para Bardem, que pueden ver sus esfuerzos inmortalizados en los Oscars el próximo día 24.
Una muy buena película de los Coen, que vuelven a recuperar su excelente buen pulso como narradores.

Lo Mejor: La dirección de los hermanos secundada brillantemente por la fotografía y los actores.

Lo Peor: Posee cierta carga filosófica y trascendental que la impiden ser disfrutada por todo tipo de público.

Hannibal, de Ridley Scott

Enero 31, 2008

hannibal.jpg“El Silencio de los Corderos” fue un gran éxito que renovó el thriller y dio a conocer al gran público al personaje del caníbal Hannibal Lecter, aunque no era la primera vez que este personaje aparecía en pantalla ni la primera adaptación de la Saga de Thomas Harris, pues Michael Mann ya realizó “Manhunter” basándose en “El Dragón Rojo”, donde el caníbal tenía el rostro de Brian Cox, sin embargo fue la escalofriante interpretación de Anthony Hopkins la que quedó grabada en la retina de los espectadores como el psicópata. Como era de esperar, a raíz del éxito de la película que dirigiera Jonathan Demme (coronada con cinco Oscars), las continuas noticias sobre la posible secuela no eran pocas. El creador del personaje, Thomas Harris, publicó en 1999 la tercera novela de la serie Lecter con el nombre “Hannibal” cuyos derechos compró Dino De Laurentiis, pero hubo varios problemas a la hora de preparar el film. Ni Demme ni Jodie Foster querían participar y a punto estuvo Hopkins de no involucrarse, claro que si así hubiera sido la película directamente no habría existido. Había que reemplazar dos nombres tan potentes como los dos ausentes y el productor no perdió tiempo. Para el papel de la agente especial Starling se barajaron infinidad de nombres hasta llegar al de Julianne Moore, que debería permanecer siempre a la sombra de Jodie Foster durante toda la producción para la vista pública. El director elegido fue Ridley Scott, quien en esos momentos presentaba en sociedad “Gladiator”, que le haría volver a abrazar el éxito, lo cual respaldaba su elección.

Reconozco ser un gran defensor de esta película de Ridley Scott. El director creo una obra totalmente diferente a “El Silencio de los Corderos”, lo cual me parece del todo acertado, pues ¿qué sentido tiene hacer algo que ya existía?. En contra de la angustiosa y claustrofobia puesta en escena de Demme, Scott se decanta por grandes escenarios abiertos para narrarnos la vida actual de Hannibal Lecter, retirado felizmente en Florencia, ciudad a la que hacía referencia cuando estaba encarcelado. El director inglés sabe de sobra como ambientar sus películas y aquí consigue transmitirnos un aire de clasicismo y elegancia acorde con la ciudad florentina.
Mientras que la cinta de Demme es un thriller psicológico, la de Scott es un thriller romántico donde hay sitio para el odio y la venganza cercano a las grandes tragedias griegas. La relación entre Lecter y Starling se iba estrechando cada vez más a medida que se entrevistaban y la agente no ha conseguido librarse del recuerdo del doctor, el cual tampoco olvida a su aventajada alumna del FBI. Como dos amantes separados consiguen ser unidos a través de un multimillonaria totalmente desfigurado y desvalido por culpa del caníbal, Mason Verger. El hombre pondrá a Starling de nuevo tras la pista de Hannibal a la par que ofrecerá una recompensa a quien le de el paradero del hombre. Es aquí donde entra el inspector Pazzi, un ser codicioso que aprovechara la oportunidad de entregar a Lecter sin contar con la inteligencia del veterano doctor, quien decide volver a entablar conversaciones intimas con Clarice gracias al móvil del policía al cual llama la agente.
La relación entre Lecter y Starling es la de la Bella y la Bestia, tan diferentes entre ellos pero a la vez necesitados el uno del otro. La agente ha perdido el control sobre sí misma en varias operaciones debido a sus continuos pensamientos sobre la figura del asesino. Para Lecter, Clarice es la única persona en el mundo por la que siente aprecio, la única mujer que hace que su congelado corazón vuelva a latir. No es su apariencia lo que lo atrae sino su inteligencia, su fuerza y sus miedos, los cuales utiliza para acercarla a él.

El guión de la película esta escrito por Steve Zaillian, quien rescribió lo escrito en un principio por el gran David Mamet. Diré que es una adaptación correcta, aunque con un final demasiado suave. Me explico. El libro de Thomas Harris es prácticamente igual al film salvo por el retrato psicológico de Starling y por el final, el cual es más siniestro y posee cierta mala leche que en el film se eliminó. Y es que, seamos francos, Clarice debía transformarse en una igual a Lecter, una vampira andante, devoradota de cuerpos con los cuales festejar banquetes acompañada de su eterno amor. Quizás el transformar un personaje cercano a los espectadores en otro psicópata echó para atrás a los creadores del film quienes se inclinaron por una Clarice más acorde a la ley, aunque con un mal momento personal en que introducirían de nuevo a Lecter en su vida. Si tuviera que ponerle un gran pero a la película sería este sin duda, el no haberse atrevido a adaptar fielmente y totalmente la novela con todas sus consecuencias.

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Ridley Scott consigue un trabajo más que aceptable si tenemos en cuenta la presión que sufría por muchos medios y personas de hacer regresar al cine una figura como Hannibal. Ya he mencionado lo acertado que es el cambio de estilo con respecto a “El Silencio de los Corderos” y su firmeza e inteligente puesta en escena en todas y cada una de las escenas acontecidas en Florencia, con secuencias tan hermosas como la de la Opera, cuya pieza musical se creó exclusivamente para la película, o la persecución a través de las bocacalles. Eso en lo que respecta a Lecter, en cuanto a Clarice el director decide caer en ciertos recursos suyos bastante discutibles como son ralentíes y aceleraciones con los que conseguir mayor impacto en las secuencias de acción.
Uno de los aspectos más discutidos sobre la película el día de su estreno fueron las secuencias que poseía. Si bien ya posee un personaje bastante grotesco, delicatessen para los amantes del fantástico, Mason Verger, el bueno de Scott nos enseña lo que sería la preparación de un plato y posterior degustación para Hannibal. Esto está presentado en la película en forma de venganza hacía el agente Krendler, encarnado por Ray Liotta, al cual le van a succionar los sesos para que piense mejor. Una secuencia que a muchos les pareció de mal gusto pero que era necesaria, en mi opinión, para un personaje como Hannibal Lecter.
Scott se rodeo de buenos colaboradores que ya habían estado a su servicio en su Peplum Romano, como Pietro Scalia en el montaje, o Hans Zimmer en la Banda Sonora, ambos realizando buenos trabajos, sobre todo el segundo que crea una partitura acorde con el personaje, elegante, con algo terrorífico cercano al trabajo de coros que realizó John Debney en “End of Days”.
Anthony Hopkins será siempre Hannibal Lecter, para bien o para mal. Julianne Moore crea una Clarice Starling diferente a la de Foster, pero ni muchos menos está mal, sencillamente es que las comparaciones son odiosas. Entre el elenco de secundarios tenemos a Ray Liotta, Giancarlo Giannini, Francesca Neri y un muy desfigurado Gary Oldman en el papel de Mason Verger, otro de esos personajes que tanto caracterizan al camaleónico actor.

Un thriller más que estimable, realizado con buen pulso, al que el gran nombre de su predecesora le hizo sombra e impidió a muchos ver las riquezas que posee. Al año siguiente llegaría otra parte más, esta vez una precuela-remake, pues se trataba de “El Dragón Rojo”, ahora sí con Hopkins como Lecter y un gran elenco interpretativo, y cuatro años después, y ya para exprimir la gallina de los huevos de oro del todo, al bueno de Harris se le ocurre crear la infancia de Hannibal en “Hannibal: El Origen”, realizando un ejercicio de marketing admirable, y es que vendió los derechos antes de incluso tener escrito el libro entero para así coincidir la publicación con el estreno de la peli. Por suerte de la película ya poca gente se acuerda.

Lo Mejor: Las secuencias de Florencia.

Lo Peor: El final debía ser más atrevido y gore.