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Kiss Kiss Bang Bang, de Shane Black

18 abril, 2013

KissKissPosterHarry Lockhart es un pobre ladronzuelo que, inesperadamente y de forma accidentada, es elegido para hacer una prueba como protagonista de una película de Hollywood. En una fiesta le presentan a Gay Perry, un detective que le enseñará cómo comportarse para el papel al que opta, y se reencontrará con su amiga de niñez Harmony, comenzando así una serie de sucesos que lo sumergirán en una trama cargada de secretos, mentiras, besos y violencia.

Esta es una de esas películas que en el momento de su estreno pasó prácticamente desapercibida pero que con el paso de los años se ha ido convirtiendo en un pequeño clásico para varios cinéfilos, entre los cuales me incluyo.
Al igual que la historia que narra, la película se transforma, pasando de ser una comedia a una sátira sobre Hollywood para terminar como una historia que bebe fundamentalmente de la novela negra de mediados de los 60. Así pues el film va mutando a través de un metalenguaje que sigue a rajatabla las señas de identidad del género negro (el detective que narra en off, la doble personalidad, el héroe por accidente, Los Ángeles).
La película supone el debut en la dirección de Shane Black, guionista de títulos emblemáticos del cine de acción como “Arma Letal” o “El Último Boy Scout”, y aprueba con nota mediante una planificación elegante y un ritmo enérgico que apenas ofrezca una pausa al espectador y en el que todo detalle o dato es importante para acabar por unir todas las piezas del rompecabezas. El punto fuerte de Black es otorgar un cierto aire de comedia negra (cosa que aquí consigue de manera más que eficaz con momentos realmente desternillantes) a historias que tratan de reflejar, y criticar, una sociedad en la que no todo es lo que parece, enmarcada casi siempre en Los Ángeles. Así pues podemos encontrar en su primera película como director reminiscencias a los títulos que le dieron fama como guionista, como el tratarse de una buddy movie (con un vuelta de tuerca que da mucho juego) y el congeniar a la perfección diálogos agiles y con chispa en situaciones propias del cine de suspense. Además podemos vislumbrar cierta similitud en la trama con lo que se nos narraba en “Arma Letal”, donde las mentiras y negocios sucios de un padre marcan el desgraciado destino de su hija.
Black sigue fielmente los cánones establecidos atreviéndose a reinterpretarlos mediante la figura del narrador, que llega a jugar con el espectador y a hacerlo participe en la historia con sus interrupciones en que llega a rebobinar para atrás por algún detalle que se le ha quedado en el tintero o para criticar clichés típicos del cine de Hollywood, consiguiendo una descripción de los hechos dinámica y rica que, además, nos lleve a replantearnos si todo lo que vemos (o hemos visto) es real o ha sido manipulado otorgándole ciertos detalles propios de las novelas de Johhny Gossamer para hacerlo más interesante.

El guion está basado en una parte de la novela “Bodies Are Where You Find Them” de Brett Halliday, y, como he mencionado, está impregnado por frases punzantes que critican la sociedad hollywoodiense a través de los clichés que la habitan y situaciones que congenian perfectamente la comedia con el suspense y la acción.
La música corre a cargo de John Ottman, dando como resultado una muy notable composición que mantiene la esencia del cine negro. Mención especial para los títulos de apertura, breve resumen de lo que estamos a punto de ver.
La cinta no solo está bien narrada a nivel formal sino que cuenta con unos actores que realizan estupendas interpretaciones. Robert Downey Jr. da vida a Harry, el protagonista y narrador, antiguo delincuente que acaba viéndose inmerso en una trama más propia de las novelas criminales que leía de niño. Downey, como siempre, está fabuloso dando rienda suelta a su expresividad y gestualidad características. A su lado tenemos a un sorprendente Val Kilmer dando vida al detective Gay Perry. La química entre ambos es incuestionable llevándolos a protagonizar momentos sorprendentes que roban más de una carcajada. Junto a ellos tenemos a la infravalorada Michelle Monaghan, la chica del relato, dispuesta a triunfar como actriz en un mundo lleno de lobos y de falsas identidades.

Es muy llamativa la reunión que se produzco en el film. Joel Silver había producido la mayoría (por no decir todas) las cintas escritas por Black y ahora apadrinaba su debut cinematográfico tras la cámara con dos actores que no vivían el éxito comercial de antaño, aunque uno de los dos (Downey) parecía, y quería, volver a despuntar y tenía a su esposa, Susan, trabajando para Silver.

“Kiss Kiss, Bang Bang” es divertida, trepidante, oscura y sorprendente. Una película que gusta ver.

Lo Mejor: Su mezcla de géneros. Los actores.

Lo Peor: El maltrato comercial que sufrió.

Argo, de Ben Affleck

5 noviembre, 2012

En cinco años las opiniones respecto a la figura de Ben Affleck parecen haber cambiado, y ello se debe al desarrollo de una faceta que sorprendió a muchos viniendo de él, la dirección. El hombre que, tras ganar el Oscar por “El Indomable Will Hunting”, no conseguía despuntar en el terreno interpretativo de la misma forma que si lo hizo su amigo y compañero Matt Damon (a pesar de algún sonoro taquillazo) fue puesto en duda hasta que dio un golpe sobre la mesa y demostró su valía. Primero dando vida a George Reeves en “Hollywoodland” (por la que ganó la Copa Volpi y se llevó algún que otro comentario negativo, no en vano daba vida a un actor cuyas capacidades interpretativas estaban tan mal consideradas como las suyas) y después sorprendiendo con su primer film como director, la estimable “Adiós pequeña, adiós”, adaptación de un libro de Dennis Lehane ambientado en su Boston natal. Pero mayor sorpresa para un servidor fue su segunda película, “The Town”, un thriller de atracos, también ambientado en Boston, que poseía vibrantes secuencias de acción y un reparto estupendo. No cabía duda de que si había un lugar en donde si se disfrutaba del talento de Affleck era tras la cámara, algo que se certifica por completo en su último film.
Como ya sucediera con su anterior trabajo, ésta película le viene de rebote. Primero iba a ser dirigida por George Clooney, pero el también actor y director por diversos problemas de agenda y demás no veía el momento de llevarla a cabo y la puso en manos de Affleck, quien aceptó.

La trama de “Argo” parece un guion original escrito para el cine, pero nada más lejos de la realidad. Se trata de una historia real sucedida a principio de los 80 que apareció en un artículo escrito por Joshuah Bearman.
En 1979 Irán vivió un gran malestar social contra el pueblo norteamericano por dar asilo al Sah Mohammed Reza Pahlevi, quien había viajado a Nueva York para tratarse de un cáncer. Las protestas para que el antiguo gobernante les fuera entregado llevaron al pueblo iraní a manifestarse contra la embajada de Estados Unidos, la cual fue tomada por los manifestantes comenzando así la llamada crisis de los rehenes de Irán. De entre las personas que trabajaban en la embajada consiguieron escapar seis antes de que ésta fuera tomada, escondiéndose en la residencia del embajador de Canadá. Al conocer la noticia el gobierno estadounidense se puso manos a la obra para hacerlos volver a casa antes de que fueran descubiertos. Un experto en rescates, el agente de la CIA Tony Mendez, fue quien ofreció la idea menos mala de las que se barajaron: sacarlos del país haciéndolos pasar por un equipo de rodaje canadiense que busca exteriores para una película de ciencia-ficción.

Partiendo de un acontecimiento histórico Ben Affleck consigue crear un thriller en donde se mezclan la política, el cine dentro de cine y una trama de espías.
La primera viene dada por el apartado histórico de la trama relatándonos la tensa situación en que se encontraba el pueblo iraní a finales de los 70, cuyo origen nos es explicado brillantemente mediante un prólogo en forma de comic.
El cine es una ilusión visual, un gran truco de magia, y ese truco es llevado a cabo por magos, de los cuales los mejores están en Hollywood. En la meca del cine se forja el plan para sacar a los ciudadanos estadounidenses de Irán tomando un film que requiera lugares exóticos en su rodaje e inventando una productora que sirva como tapadera. Si vas a contar mentiras y a intentar convencer al público no hay mejor lugar de Hollywood, cuna de la falsedad.
Por último tenemos el cine de espías desde el momento que Mendez viaja a Irán para sacar de allí a los fugitivos escondidos. Se trata de una misión perfectamente elaborada en que deben encajar todas las piezas, empezando por los propios estadounidenses ocultos, quienes tendrán que fingir ser verdaderos profesionales del séptimo arte para subirse al avión que les lleve a casa.
Todo ello está perfectamente tejido y amasado para que se solape y cree una vibrante película en donde tiene cabida un toque de humor y crítica, tanto al gobierno estadounidense (esas absurdas ideas que se sueltan en la reunión) como al mundo del cine, en este caso muy especialmente a través de los personajes interpretados por Alan Arkin y John Goodman, toda una pareja.

“Argo” recuerda al film dirigido por Barry Levinson en 1997 “La Cortina de Humo” al aparecer en ambas como elemento salvador para el gobierno estadounidense el Séptimo Arte, aunque en la presente va más allá de funcionar como tapadera. Affleck no sólo critica de forma acertada el mundo de Hollywood sino que homenajea un género que se puso en alza a finales de los 70, la ciencia-ficción entendida como space opera. “Star Wars” o “Flash Gordon” son títulos a los que el director acude para llevar a cabo su película, incluso de forma explicita, especialmente al clásico de Lucas. La ciencia-ficción ofrecía entretenimiento y la posibilidad de viajar a mundos desconocidos, pero también escondía cierta mirada crítica, e incluso política, del mundo en que vivimos.

La labor de Affleck en el terreno de la dirección deja constancia de sus modelos. En su primer film se dejaban ver rasgos de Clint Eastwood; “The Town” poseía el impacto de Michael Mann en sus vibrantes secuencias de acción; con “Argo” el director no esconde las influencias del cine de los setenta (con el Logo de la Warner de dicha época incluido), con un estilo cercano al de Lumet con un toque actual similar al de Greengrass. Desde el primer instante quedamos atrapados por la película con la intensa secuencia de las protestas y posterior inmersión en la embajada por parte de los manifestantes que recuerda a “Munich” de Spielberg. A continuación tenemos el desarrollo de la situación y planteamiento del plan adentrándonos en el terreno de la comedia crítica hacia el mundo de Hollywood, con los personajes de Goodman y Arkin como protagonistas. Por último nos encontramos en la ejecución de la misión, en plena tierra hostil, en donde Affleck saca toda la artillería y nos ofrece una buena dosis de tensión y emoción.
La buena mano del director tras la cámara, apoyado brillantemente por la fotografía de Rodrigo Prieto, queda engrandecida por el magnifico montaje de la cinta. A lo largo de todo el film se entrecruzan las diversas tramas de modo que el espectador sea incapaz de despegar la vista de la pantalla, llegando a crear momentos de contraste tan buenos como la lectura de guion y una petición pública de Irán a Estados Unidos. Y es que el montaje es una de las piezas claves para que la película alcance la grandeza, no hay mejor muestra de ello que su tramo final, de lo más tenso que he visto este año en pantalla. Aunque se critique que en dicho tramo exista un cumulo de obstáculos para los protagonistas yo creo que es un recurso muy valido y, dentro del cine de intriga, hasta indispensable.

Chris Terrio es el encargado de escribir el guion de la cinta. El rasgo más flojo es la incursión en la vida privada del personaje de Mendez, intentando así introducir un poco de rasgo dramático en torno al personaje que no consigue cuajar del todo.

A pesar de desarrollarse hace más de treinta años podemos comprobar cómo entonces ya existían esas tensiones entre Oriente Próximo y Estados Unidos que, desgraciadamente, aún hoy día siguen. He llegado a leer opiniones de todo tipo con respecto a la ideología y color político que propaga el film. Personalmente no creo que el objetivo del mismo sea lanzar un mensaje político, ni que se decante por un lado u otro, sencillamente muestra unos hechos de la forma más objetiva posible, añadiéndoles, eso si, algunas agradecidas gotas de ficción cinematográfica.

La ambientación del film es soberbia, captando a la perfección los años 70, aunque no me parece buena idea lo de incluir las fotos en los créditos para que se certifique el gran trabajo de traslación que han hecho. Alexandre Desplat, por su parte, crea la partitura que acompaña muy bien a las imágenes.
Parece que otro rango de Affleck como director es saber elegir los actores que compongan sus films. John Goodman y Alan Arkin están estupendos dando vida al maquillador, y ganador del Oscar, John Chambers y al productor Lester Siegel respectivamente, protagonizando grandes momentos en el film y soltando las frases más memorables. Bryan Cranston sigue copando las carteleras con su presencia, en ésta ocasión dando vida al jefe de Tony, Jack O´Donell. Victor Garber es el embajador de Canadá Ken Taylor. Affleck vuelve a reservarse el papel protagonista, decisión que en su anterior film ya fue muy criticada. Como Mendez he de reconocer que me ha convencido, no hace un gran papel pero si me lo creo como agente especialista en rescates capaz de mantener en todo momento la calma.

Aunque finalmente no la dirigiera, George Clooney, junto a su socio Grant Heslov, se ha encargado de producir el film que ha sido recibido con entusiasmo.
Intriga, diversión y emoción. “Argo” es uno de los títulos del año. Una soberbia película.

Lo Mejor: Su ritmo y buen pulso. El tramo final. El reparto.

Lo Peor: Las fotografías durante los títulos de crédito me sobran.

Skyfall, de Sam Mendes

1 noviembre, 2012

La quiebra de MGM en Noviembre de 2010 casi consiguió lo que ningún villano en la Saga de James Bond, que desapareciera de las pantallas. Afortunadamente la famosa compañía del león consiguió salir del aprieto salvando los proyectos que tenía en marcha, entre los que se encontraban “El Hobbit”, el remake de “Robocop” y la nueva aventura del Agente 007, la cual consiguió tener luz verde gracias al acuerdo que se firmó con Sony, coproductora de las dos entregas anteriores con Craig como agente al servicio de su Majestad. En Diciembre de 2010, cuando la productora fue rescatada, se fijó la fecha en que 007 volvería a las pantallas: el 26 de Octubre de 2012, coincidiendo con el 50 aniversario del estreno de “Dr. No”.
La producción de la película comenzó antes de la declaración por parte de MGM de que se encontraba en quiebra (concretamente se empezó a gestionar tras el estreno de “Quantum of Solace”), y entre su equipo figuraba Sam Mendes como asesor, lo cual hacía vislumbrar la posibilidad de que también se encargara de la dirección de la misma. Finalmente Mendes fue anunciado como director del film (convirtiéndose así en el primer director con un Oscar de la Saga) y tras él se fueron sumando los nombres que acompañarían a Craig en su tercera aventura como Bond. Además de la fija Judi Dench estarían Naomie Harris y Berenice Marlohe como nuevas chicas Bond, Javier Bardem como el villano, Ben Whishaw como Q (que volvía a la Saga) así como Ralph Fiennes y Albert Finney dando vida a dos personajes cuya información estuvo en secreto.
La vigesimotercera entrega de la Saga parecía tener todas las piezas necesarias para ofrecer, tras cuatro largos años de ausencia (los mismos que existieron entre la última de Brosnan y la primera de Craig), un nuevo capítulo que devolviera al personaje a las pantallas siguiendo la estela de “Casino Royale” y haciendo olvidar el desliz de “Quantum of Solace”.

James Bond es dado por muerto tras ser herido en una misión en donde debía recuperar un disco duro con los nombres de agentes infiltrados. Meses después el MI6 sufre un ataque terrorista perpetrado por un misterioso hombre que guarda un gran rencor hacia M. Bond volverá al servicio activo para erradicar la amenaza.

“Casino Royale” marcó un punto de inflexión en el Universo Bond al convertirse en un reinicio cinematográfico necesario y favorable para el personaje, siendo representado de la manera más fidedigna a lo que Ian Fleming había creado. Un ser duro, hierático, apegado a su deber con Inglaterra y el Servicio Secreto Británico pero con matices, ya que tras esa coraza de hielo se esconde un ser humano como cualquier otro, con un corazón capaz de romperse. “Quantum of Solace” significó una decepción al no ser capaz de desarrollar al personaje más allá de su sed de venganza y capacidad de redención, aunque si poseía ciertos detalles que se han sabido aprovechar en la presente “Skyfall”, la cual consigue subsanar los errores de la citada entrega dirigida por Forster y estar a la altura de “Casino Royale”, llegando por momentos a superarla.

La nueva entrega del agente británico reivindica, tanto a nivel argumental como cinematográfico, a James Bond como un producto a la vieja usanza que se niega a perecer frente a rivales que posean más medios y tecnología. Se podría hacer un paralelismo entre las dificultades que ha sufrido la película para ver la luz y el propio Bond, remarcando que, a pesar de las muchas adversidades que se encuentre en su paso y que la muerte le ronde, 007 no va a morir y siempre estará listo para el servicio, siendo fiel al estilo que siempre lo ha caracterizado y ha forjado su personalidad convirtiéndolo en todo un icono británico. Entre las muchas frases memorables que se citan en el film hay una que defiende este rasgo, cuando Bond decide viajar al pasado para tener ventaja. Y es que es a los orígenes donde hay que volver para encontrar la identidad que lo reafirme en contra de las nuevas modas.

“Skyfall” ahonda en la génesis del personaje creando un arco psicológico en torno a él y a los que le rodean altamente interesante y complejo. La trama se erige sobre un triángulo, el formado por Bond, M y Silva. Si hay una relación que se ha enriquecido desde “Casino Royale” es la de M y Bond, acentuando la figura materna de la jefa del MI6 sobre el agente. Dicha relación materno-filial adquiere mucha más consistencia y sentido gracias a Silva, hijo bastardo del sistema que busca venganza a toda costa, creándose una tragedia griega con tintes épicos y fatales. Silva es la antítesis de Bond, su reflejo tergiversado y roto.

Se cumplen 50 años del personaje en el cine y hay que celebrarlo como se merece. En “Muere otro Día” (cuyo estreno coincidió con el 40 Aniversario) no cesaban de insertar referencias y guiños a anteriores entregas de la serie, pero lo hacían de forma cercana a la comedia, con cierto tono autoparódico por momentos. “Skyfall”, al igual que aquella, incluye guiños y detalles característicos de la Saga pero, en la mayoría de ocasiones, en función de la historia.
Sobre este aspecto destacar la recuperación de Q de forma muy acertada, convirtiéndolo en un joven Nerd, y la aparición del famoso Aston Martin DB5, un emocionante momento dentro del film. Por supuesto se guardan otras sorpresas que es mejor no destripar por aquí y que resultan muy satisfactorias.
Se ha vuelto la mirada a la marca clásica de la Saga, siendo ésta la película protagonizada por Craig más conectada con las antiguas entregas, así pues se ha descendido la acción física predominante en las anteriores a favor de tiroteos y el tema musical de Bond hace aparición en repetidas ocasiones, cuando en las dos entregas previas no sonaba más allá de los créditos finales. Para rematar la película se finaliza con una maravillosa secuencia que cierra el círculo.

Que un director como Sam Mendes se encargara de la dirección del film daba bastante garantías de que el resultado fuera bueno, aunque tampoco había que confiarse, ya que en la anterior Marc Forster demostró que no bastaba con tener un digno curriculum para llevar a cabo una película de Bond, especialmente si nunca has dirigido secuencias de acción. Por fortuna, y visto el resultado final, se puede decir que acertaron eligiendo al director de “Camino a la Perdición”.
He de reconocer que ésta nueva entrega del famoso agente secreto se convirtió en uno de los estrenos más esperados para un servidor desde el mismo momento en que se dio a conocer la noticia de que Mendes estaría al timón. Y es que el director británico es uno de los directores que más admiro. Con “Skyfall” vuelve a hacer gala de su pulcra caligrafía cinematográfica regalándonos la película de 007 más estética y personal, pero sin alejarse de un clasicismo narrativo acorde a la historia y al personaje.
El film posee dos tramos. Tras una secuencia de apertura espectacular y emocionante en forma de persecución a gran escala por Estambul la cinta entra a desarrollarnos la historia de manera pausada pero sin bajar el ritmo. En este bloque descubrimos cómo Mendes y los guionistas han sabido sacar provecho de cada personaje, estableciendo a la perfección las motivaciones y relaciones que existen entre ellos con una puesta en escena minimalista en donde encontramos, incluso, planos contemplativos, algo arriesgado para una producción comercial de este calibre. El segundo bloque tiene lugar desde el momento en que hace aparición Silva, el terrorífico villano que pone en peligro al MI6 y al que el director presenta en un largo travelling que lo define a la perfección. A partir de ese instante la cinta adquirirá un tono más intenso, llegando a alcanzar la épica con mayúsculas a medida que se acerque el gran final.

Cada escena posee el estilo de Mendes, o sea una planificación cuidada al detalle, muy clásica y elegante, engrandecida por la excelente fotografía de Roger Deakins. Los momentos de acción, por si había alguna duda, cumplen resultando ser soberbios, desde la citada secuencia en Estambul hasta el gran tiroteo final en la mansión. A destacar la pelea a contraluz en el rascacielos de Shanghai, una pequeña obra de arte, y toda la gran secuencia de Londres, apasionante.
La capital británica adquiere más protagonismo funcionando como gran escenario y de paso servir como gran regalo para la ciudad que ha acogido en 2012 los Juegos Olímpicos, y así de devolver el favor a su Majestad la Reina por haber escogido a Bond para acompañarla en la apertura. Además hay que decir que es la primera película rodada por Mendes en su patria.

Con Mendes a bordo entraron a formar parte de la película grandes nombres del actual panorama cinematográfico consiguiendo hacer de ésta entrega la más prestigiosa en cuanto a equipo de producción se refiere.
El guion estaba previsto que fuera escrito por el aclamado Peter Morgan (“The Queen”, “Frost/Nixon”) pero finalmente ha sido John Logan quien se ha encargado de ello, en colaboración con los habituales de la Saga Robert Wade y Neal Purvis, con un resultado superior a la media en donde se humaniza aun más a Bond y se ahonda en su personalidad. El film sigue a rajatabla las pautas de toda buena película Bond, con diversidad de localizaciones exóticas alrededor del mundo, mujeres hermosas (aunque si ninguna chica Bond al estilo de las anteriores) y un villano, esta vez sí, carismático y amenazante. Como sorpresa encontramos bastantes toques de humor bien insertados que consiguen sacar más de una sonrisa.
La flamante fotografía que luce el film es obra del gran Roger Deakins, quien realiza un trabajo soberbio plasmando diferentes tipos de atmósferas según el lugar del mundo en que nos encontramos, con un extraordinario juego de luces y colores que le da una textura y cuerpo único a la cinta, diferenciándola de todo lo anteriormente visto.
Según se dice David Arnold no pudo participar en el film porque estaba muy ocupado con los Juegos Olímpicos y se escogió como sustituto a Thomas Newman, colaborador inseparable de Mendes. Newman aporta su peculiar estilo siguiendo las reglas marcadas dentro de la Saga, consiguiendo momentos grandiosos, de hecho la secuencia de Londres cuando M lee a Tennyson no tendría la misma fuerza sin sus acordes.
La canción interpretada por Adele subraya la naturaleza del film por mantenerse apegada a los orígenes del personaje y la secuencia de créditos a la que acompaña es una maravilla visual.

El reparto brinda las que posiblemente sean las mejores interpretaciones en una entrega del Agente 007, y eso es gracias, una vez más, a la mano del director, acostumbrado a sacar grandes interpretaciones de todo aquel que se pone a sus órdenes. Daniel Craig vuelve a dar vida a James Bond escarbando en sus raíces escocesas y dotándole de un aroma añejo y torturado. Una vez más Craig se reafirma como el mejor Bond cinematográfico posible. A su lado tenemos a la gran Judi Dench, que posee un gran protagonismo, de hecho es la segunda entrega que protagoniza en donde su M resulta ser más que una jefa que da órdenes y se convierte en personaje primordial para la trama. Javier Bardem eleva la película en cada una de sus apariciones, llenando la pantalla cada segundo que aparece y demostrando lo gran actor que es. Su Silva es un cúmulo de sensaciones, produciendo verdadera incomodidad gracias a su personalidad un tanto ambigua y a sus ansias de venganza. Un villano digno de 007, ya iba siendo hora después de tanto hombre de negocios. Naomie Harris es Eve, la compañera de Bond en la misión de apertura, un personaje fantástico con el que se juega inteligentemente hasta que se descubre su verdadero papel dentro de la Saga. Berenice Marlohe es Sévérine, una mujer que trabaja para Silva. Marlohe posee una gran escena con Craig cuando nombra a Silva por primera vez, demostrando el terror que le produce. Ben Wishaw está estupendo como el rejuvenecido Q. Ralph Fiennes me ha sorprendido gratamente como Malory, jefe de seguridad en el ministerio. Albert Finney da vida a Kincade, un hombre que pertenece al pasado de Bond.

James Bond celebra su medio Siglo en el cine con un título a la altura, capaz de gustar a fans del personaje como a los que no lo sean tanto. La crítica parece haberse rendido a sus pies catalogándola como la mejor aventura cinematográfica del personaje y el público ha respondido muy positivamente en su primer fin de semana de estreno en Reino Unido. Ya se habla de la nueva entrega prevista para 2014, para la que está sonando con insistencia el nombre de Nolan, algo nada descabellado vistas sus continuas declaraciones de amor hacia el personaje. Se ha hablado sobre las similitudes entre “Skyfall” y “The Dark Knight” pero personalmente yo no veo que existan más allá de que ambas poseen una secuencia ambientada en unos rascacielos en China y que una escaramuza del villano sea parecida. Por lo demás son películas completamente distintas y con personalidad propia.
Más que una excelente película de James Bond, “Skyfall” es un gran thriller de acción orquestado a la perfección por Sam Mendes y su equipo. Personalmente me ha encandilado desde el primer segundo, regalándome el mejor James Bond que haya podido ver en una sala de cine. Arriesgada, emocionante y divertida a partes iguales. Un Bond referencial. Un clásico moderno.

Lo Mejor: El alto nivel narrativo y visual. El reparto.

Lo Peor: Que las futuras entregas no estén a la altura.

Looper, de Rian Johnson

25 octubre, 2012

Año 2044. Joe es un Looper, un asesino contratado para eliminar a personas que le son enviadas por la mafia desde el futuro 2074. Su vida estará en juego cuando tenga que eliminar a su yo futuro y éste escape.

Todos los años solemos encontrarnos con alguna película que resulta todo un soplo de aire fresco dentro del panorama cinematográfico y se convierte, inesperadamente, en un éxito, llegando a ser catalogada como el sleeper del año. En 2012 parece que ese film será “Looper”, la tercera película del director Rian Johnson, una interesante y atractiva propuesta de ciencia-ficción en que el director certifica su ya demostrado valor en el ámbito fílmico.
La ciencia-ficción es un género muy rico, capaz de albergar discursos existenciales y filosóficos sobre el ser humano y de añadir toques característicos de otros géneros, ya sea terror, drama, acción e incluso la comedia y el romanticismo. En “Looper” queda patente dicha máxima al utilizar un marco de género fantástico (con los viajes en el tiempo como principal reclamo) que encuadre una historia con aroma noir y destellos de western.

Los viajes en el tiempo han sido uno de los temas más recurrentes dentro de los relatos de ciencia-ficción. Autores como H.G Wells o Mark Twain se sirvieron de ellos para escribir dos de sus libros más conocidos, sentando así las bases de lo que serían las futuras paradojas temporales que la literatura, el cine y la televisión han sabido desarrollar hasta conseguir títulos referenciales que demuestren el juego inabarcable que ofrece viajar en el tiempo. Los bueno relatos de viajes en el tiempo casi siempre tienen a un protagonista que en su aventura sufre una evolución. “Looper” posee parte de su riqueza en ese rasgo.
En el protagonista de la cinta descubrimos ese desarrollo vital por medio de sus dos versiones, la joven y la vieja. El Joe joven vive al día asesinando a personas del futuro sin mostrar ningún rasgo de remordimiento ni planteamiento moral y pasándoselo bien con sus colegas de profesión mientras se droga y pasa algunas noches esporádicas con una joven bailarina. Su meta es cerrar su bucle (o sea, eliminar a su yo futuro) y marcharse a Francia con el dinero que ha ahorrado para pasar el resto de su vida. El Joe del futuro es un hombre renovado, que ha dejado atrás una vida delictiva y violenta encontrando por fin la paz, pero al que, desgraciadamente, una tragedia le marca, llevándole a buscar por todos los medios cambiar su destino, aunque por ello tenga que cometer actos atroces.
El enfrentar a dos personajes que son el mismo es algo muy interesante y abre la puerta a extensos debates morales y paradójicos, y es que tener que eliminar a una persona que eres tú mismo con treinta años de más dejaría en shock a cualquiera, claro que en el planteamiento de la historia, eso significa poner fin a tu vida como asesino y comenzar una vida mejor con una gran prestación económica.

Todos, en algún momento, hemos pensado “si hubiese sabido esto habría actuado de otra forma en el pasado”. Es algo que siempre está ahí, el arrepentimiento, el haber querido que las cosas hubiesen sido de otro modo. Cuando los dos Joe se encuentren contemplaremos in situ el cambio de su personalidad al tener juntos en pantalla dos momentos distintos de su edad. El joven es la ingenuidad, el aprendizaje maquillado de inquietudes e ímpetu, el mayor es la voz de la experiencia, el que sabe qué va a pasar e intenta advertirte. Puede que a la versión joven no le importe los discursos de un viejo (aunque sea él mismo) pero sí quedará implantada en su interior una semilla que le hará replantearse cada acto desde ese instante. Al final nos encontramos con dos mitades temporales enfrentadas no sólo físicamente sino también psicológicamente.

Rian Johnson pone en boca del personaje interpretado por Jeff Daniel la característica de su cine cuando éste le crítica a Joe su forma de vestir (“Vistes como los personas de esas viejas películas que ves. Deberías llevar un toque original”). El director ya dejaba patente en sus anteriores films (la notable “Brick” y la correcta, aunque fallida, “The Brothers Bloom”) su amor por jugar con géneros clásicos aportándoles un toque personal y diferente. Aquí utiliza retales de otros films y los zurce hasta conseguir un traje primoroso que luce de maravilla. “Looper”, como otras grandes de ciencia-ficción, avanza cual relato de cine negro con un protagonista arquetípico que sueña alcanzar un destino mejor del que tiene pero que, por culpa de un error, pondrá en peligro su existencia presente y futura. La trama avanza y, al igual que le sucede al protagonista, evoluciona hasta llegar a un climax que es puro western y que se cierra con la decisión mas coherente de todas, dejando la posibilidad al espectador para que imagine lo que pueda suceder mediante ese final abierto.
El trabajo técnico llevado a cabo por Johnson y su equipo es encomiable. El ajustado presupuesto con el que han contado ha sido bien invertido y demuestra cómo se puede realizar una historia ambientada en el futuro con menos medios que de costumbre consiguiendo un acabado altamente satisfactorio que nos descubra un 2044 factible, en donde las calles nos sean reconocibles e incluso podamos vislumbrar secuelas de una crisis económica que ha afectado a una población que vive en la pobreza absoluta. La dirección, así como también el montaje, es soberbia, con un uso del encuadre y la planificación sobresaliente, consiguiendo captar nuestra atención desde el primer minuto y logrando secuencias que entran dentro de lo mejor del año.

La película posee dos partes diferentes. Una primera, genial y fascinante, en donde se nos introduce en el mundo de Joe mediante un montaje frenético y ágil. Esta parte alcanza su cenit con la maravillosa secuencia que nos narra los treinta años que han transcurrido entre las dos versiones de Joe y cómo ha evolucionado el personaje de una a otra. A continuación el film echa el freno conscientemente, debe desarrollar el conflicto de tener a los dos Joe en busca y captura e introducir la estupenda secuencia de enfrentamiento dialectico entre ambos personajes temporales. En dicha secuencia se nos abre el otro frente que el film tomará desde entonces como trama principal, la historia del niño.
El mayor error del relato es el considerable bajón de ritmo de sufre cuando se nos presenta la segunda parte del relato, la granja. Es como si cambiásemos de película de repente. Abandonamos la urbe futurista y la trama de persecuciones emocionante para adentrarnos de golpe en el terreno del drama personal con una madre y su hijo de forma muy relajada. El film parece perder toda la sangre que tenía. Menos mal que, tras aproximadamente veinte minutos, llega el momento de inflexión del film y la película vuelve a meter el acelerador hasta el final.

La película merece halagos a nivel narrativo y estético, pero en lo que se refiere a su historia no se la puede tildar de original, ya que además de tomar rasgos de otros títulos de viajes en el tiempo (con “Regreso al Futuro” al frente) la película parece en su segunda mitad un remake de “Terminator”, incluso la protagonista tiene el mismo nombre que Linda Hamilton en la cinta de Cameron, y posee una secuencia que me pareció un calco de la mejor de “X-Men: La Decisión Final”. Aunque también he de decir que prefiero que me cuenten bien una historia conocida, no en vano me considero muy defensor de la forma en que están realizadas las películas.
La banda sonora corre a cargo de Nathan Johnson, primo y colaborador incondicional del director, quien crea una composición muy atmosférica que ayude a subrayar lo que se nos narra en pantalla.

El director vuelve a contar con su actor favorito y amigo Joseph Gordon-Levitt para protagonizar el film dando vida a Joe en versión joven. Gordon-Levitt, que también ejerce como productor ejecutivo, ya tiene poco que demostrar, es uno de los mejores actores del panorama hollywoodiense y aquí demuestra cómo puede representar a la versión joven de Bruce Willis de manera muy convincente, aunque el maquillaje lo vea un tanto innecesario. Por su parte Bruce Willis demuestra una vez más ser un actor versátil y competente como la versión adulta de Joe. El actor vuelve al terreno de la ciencia-ficción tras “El Quinto Elemento” y, sobre todo, “Doce Monos” para demostrar su buen hacer interpretativo. Emily Blunt está estupenda (a todo los niveles) como una Sarah Connor sureña que vive sola con su hijo en su granja. Noah Segan da vida a Kid Blue, cazador que funciona un poco como elemento cómico al demostrar en exceso su torpeza disparándose demasiadas veces en el pie con su pistolón. Paul Dano participa brevemente como Seth, amigo de Joe. Jeff Daniels da vida a Abe, un enviado del futuro que manda sobre los Loopers. Una pena que su personaje no esté todo lo explotado que debiera para resultar un villano memorable. Por cierto, Daniels y Gordon-Levitt ya participaron juntos en otra maja película de toque noir llamada “The Lookout” que merece la pena.

“Looper” ha sido una de las sorpresas del año al recibir el beneplácito de la crítica y el público. Sin llegar a ser el súmmum de la originalidad si que resulta una estimulante propuesta sci-fi. Cine de entretenimiento del bueno.

Lo Mejor: El talento narrativo de Johnson. El reparto.

Lo Peor: La caída de ritmo a la mitad. No es tan original como la pintan.

Mátalos Suavemente, de Andrew Dominik

26 septiembre, 2012

Si la pasada década los desagradables acontecimientos del 11S y la Guerra de Irak sirvieron como tema o telón de fondo para varias historias y películas ésta presente parece haber sido sustituida por la interminable crisis económica que nos engulle. El cine, como toda manifestación artística, se adapta en mayor o menor medida a los acontecimientos que marcan la situación social del momento.
La última película del tándem formado por el actor Brad Pitt y el director Andrew Dominik, que hace cinco años nos trajo la estupenda “El Asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, toma la novela “Cogan´s Trade” del escritor George V. Higgins para trasladarla a la época actual con la crisis y las elecciones presidenciales norteamericanas de 2008 como fondo.

Dos expresidiarios de poca monta roban una timba de poker organizada por la mafia. La organización criminal contrata entonces los servicios de Jackie Cogan, un hombre especializado en limpiar problemas por medio de la violencia.

La película avanza cual relato criminal mediante un discurso desmitificador y desesperanzado acerca del presente y de Estados Unidos. Los dos personajes que asaltan la timba no son más que victimas, dos pobres diablos que creen haber ganado la lotería pero que no han hecho más que firmar su sentencia de muerte. Creían que podrían tomar una parte del pastel, que podrían vencer al sistema, pero no. El sistema que rige el mundo (representado por la mafia en el film) funciona, y a quien no le guste cómo funciona o lo ponga en duda se le elimina de la ecuación pegándole un tiro en la cabeza o mandándole al trullo. Ni más ni menos. Así es el negocio.
Si hay algo que mueve al mundo no es otra cosa que el dinero, la economía, culpable de que nos encontremos en la situación actual. Jackie Cogan es muy consciente de eso y es tajante al cerrar el film con una sencilla frase que remata la tesis que el film quiere exponer. Ni siquiera el país de la libertad y las oportunidades puede conseguir con sus ideales hacer olvidar que el dinero es el dinero.

Siguiendo las reglas establecidas por el genero Dominik crea un film que bebe del noir de los 70 primordialmente dialogado. Los diálogos son los que marcan el ritmo del film, los que lo hacen avanzar describiendo psicológicamente a los personajes y la sociedad que los rodea. Por desgracia algunos de esos diálogos están demasiado alargados o llenos de excesiva redundancia que sobrecargue aún más lo que el director quiere poner de manifiesto. Puede que Dominik (autor también del guión) haya querido emular así el estilo de Tarantino o los Coen con frases irónicas y llenas de cinismo que a veces resultan y otras no tanto, aunque he de decir que he soltado alguna que otra carcajada en alguna de ellas, y es que el director pretendía dotar a la narración de un aire cómico que lo alejara de otros relatos del género más impostados.

El verdadero valor de la cinta, además de su excelente reparto, lo encontramos en la buena mano que tiene el director australiano para llevar a cabo el film. Mediante un ritmo pausado, en que se van insertando fragmentos de discursos de Obama y Bush, Dominik va narrando los acontecimientos con pulso firme y eficiente inyectando de forma inesperada dosis de violencia que lleguen a resultar incluso incómodas. El único momento en que chirria la película es cuando se muestra el estado mental en que se encuentra el personaje de uno de los atracadores, medio drogado. Ahí Dominik juega un poco con el tratamiento de la imagen y el montaje de forma un tanto caprichosa. A parte de eso tengo que decir que en “Mátalos suavemente” encontramos varias de las mejores escenas del año. La secuencia del asalto a la timba provoca autentica tensión e incertidumbre gracias no sólo a la puesta en escena sino a la estupenda forma en que está montada. Los momentos en que estalla la violencia son mostrados de tres formas diferentes: una primera en que la imagen se acelera un poco y el sonido se incrementa resulta impactante, la segunda está narrada a cámara lenta llegando a resultar casi lirica mientras la última es seca y directa.
De entre las muchas conversaciones que pueblan el film destaco las llevadas a cabo por Frankie y Russell, los dos golfos que inician todo, al principio del film y la que mantienen Frankie y Jackie en el bar, en donde el matón demuestra cómo ganarse a la gente y llevársela a su terreno.

El reparto es (a excepción del personaje de la prostituta) completamente masculino y brinda interpretaciones muy sólidas. Brad Pitt parece haber abandonado su época de melenas al viento y mirada profunda para aceptar su mayoría de edad y dar vida a personajes más interesantes. Su Jackie Cogan posee altos grados de carisma llenando la pantalla desde el momento en que se nos presenta a ritmo de Johnny Cash ataviado por su chaqueta negra y sus gafas de sol. Es un asesino que trabaja para el sistema pero que no teme exigir lo que le corresponde. James Gandolfini es Mickey, otro asesino perteneciente a viejos tiempos, un hombre que no puede dejar de olvidar el pasado entre bebidas y mujeres, la cara triste y desencantada de la profesión y del mundo. Richard Jenkins es el contratista de Jackie, la conexión directa con los grandes jefes, el que dice cómo van las cosas y cómo deben estar. Ray Liotta es el organizador de timbas Markie Trattman, un pobre mafioso al que un desliz en el pasado le jugará una mala pasada dentro del sistema. El dúo formado por Scoot McNairy y Ben Mendelhson como los dos atracadores es altamente elogiable al crear dos personajes marginales creíbles y por los que incluso llegamos a sentir lástima. Sam Shepard, que ya apareció en la anterior película de Dominik, realiza un pequeño cameo como matón.

“Mátalos suavemente” se estrenó en el pasado Festival de Cannes con una buena acogida en líneas generales.
Sin llegar a ser una excelente película (del presente 2012 aún no he visto ninguna) si que es uno de los títulos que mejor sabor de boca me han dejado este año, con algunas de las mejores escenas del mismo. Una buena película.

Lo Mejor: La dirección de Dominik. El reparto.

Lo Peor: Los subrayados de guión.

Drive, de Nicolas Winding Refn

22 septiembre, 2012

En 2011 un toque de nostalgia impregnó muchas de las mejores películas del año, ya fuera volviendo la vista a los orígenes del Séptimo Arte (“Hugo”, “The Artist”) o dotando a las historias de un estilo cercano a la década de los 70 y 80, como por ejemplo “X-Men: First Class”, “Super 8” o la presente “Drive”.

La historia gira en torno a un joven conductor especialista de cine que trabaja en un taller reparando coches y, de forma clandestina, presta su talento tras el volante a criminales para cometer robos. Pronto conocerá a Irene, una chica que vive junto a él y con la que comienza una relación pero cuyo marido, que hizo negocios con la mafia, está a punto de salir de prisión.
El cine de justicieros urbanos vivió su mayor gloria a finales de los 70 y principios de los 80 con títulos protagonizados en su mayoría por figuras como Charles Bronson , y es a ese tipo de films al que “Drive” se asemeja sobre el papel pero en lo que respecta a su forma estamos mucho más cerca de Melville y Michael Mann, y eso es lo que prima en la película y por lo que funciona. Nos encontramos ante un estimulante ejercicio estilístico en donde se palpan los 80 por medio de la fotografía, el vestuario y la música. Y es que si hubiera que definir con un adjetivo a “Drive” usaría cool.
El protagonista del film, así como la naturaleza de la cinta, se podrían describir por medio de una escena, para mi gusto la mejor del film, el momento en que el conductor le confiesa a Irene su participación en un crimen que ha cometido con su marido entrando posteriormente en el ascensor, que ya está ocupado por otra persona. No hay palabras, sencillamente vemos al conductor observar al hombre que tiene a su lado, apartar a Irene a su espalda, girarse hacía ella, besarla y de repente golpear violentamente al tipo hasta reventarle la cabeza. Pasamos de un momento intimo y tierno, plasmado por medio de la cámara lenta y oscureciendo la escena, a una situación violenta y sanguinaria inesperadamente. Así es “Drive”, una película elegante que, cuando menos lo esperas, explota.

Hace poco salió otro título con el que “Drive” posee similitudes como es “El Americano”. Ambas ponen la vista en el cine europeo en su forma (no en vano están realizadas por directores del viejo continente) y más concretamente en Melville y su “Le samourai”. Los protagonistas de las mismas son hombres sobre los que tenemos poca información acerca de su vida pasada, solitarios, con un código de honor que rige sus vidas y que tienen la mala suerte de cruzarse con una mujer que cambiará su destino. Claro que mientras la cinta de Anton Corbijn supuso una cierta decepción, quizás por su tono demasiado impostado, la de Winding Refn convence, y para mi gusto lo consigue por saber compaginar ese halo místico del justiciero solitario con un empaque retro.
Además de a Melville antes he citado a Michael Mann como fuente sobre la que el trabajo de Winding Refn se apoya. Mann es otro heredero del cine del director francés, quizás el más evidente, a cuyas películas dota de un estilo visual muy personal ayudado por una selección musical soberbia. En “Drive” vislumbramos algo similar, una cuidada puesta en escena perfectamente ambientada para la ocasión mediante una fotografía a cargo de Newton Thomas Sigel y una banda sonora muy potente en que se alternan canciones ochenteras con la composición de un inspirado Cliff Martinez. Por si eso fuera poco Winding Refn ambienta su historia en una de las ciudades preferidas de Mann, Los Ángeles, y al igual que él, la enmarca en zonas urbanas alejadas de todo lo que tenga que ver con la meca del cine.

Nicolas Winding Refn se alzó con el premio al Mejor Director en el Festival de Cannes de 2011, algo a lo que no se le puede poner muchas pegas visto el resultado final de su película. Y es que todas las virtudes de “Drive” las encontramos en el trabajo y decisiones del director, que va desde la estilosa, y por momentos impactante, puesta en escena a la elección de los actores. Personalmente me estimula ver una película planificada de forma tan elegante, incluso en los momentos en que la violencia se apodera del relato. Escenas como las del enfrentamiento en el motel o la anteriormente citada del ascensor son posiblemente las más memorables, pero a ellas también se podrían añadir la de la persecución tras el robo en donde se introduce un ralentí desde el interior del coche con Christina Hendricks asustadas mientras a su espalda, tras el cristal, el coche rival vuela por los aires o todo el prólogo, maravilloso, en donde se nos describe al protagonista y su forma de actuar tras el volante. La mayor pega que se me ocurre poner al trabajo de Windign Refn es que algunos planos en que no se habla ni ocurre nada parecen demasiado alargados, casi contemplativos.
Refn saca de su reparto lo que la historia necesita, así pues Ryan Gosling (que repetirá con el director en “Only God Forgives”) es un ser de apariencia tranquila capaz de soltar su aguijón en cuanto se siente amenazado. Su imagen con la chaqueta del escorpión, la cual sirve como metáfora (demasiado evidente) para describir la personalidad de su personaje, ha llegado a ser emblemática. Carey Mulligan desprende calidez e inocencia siendo Irene, una joven madre que busca alguien que la proteja a él y su hijo. Oscar Isaac consigue impregnar de arrepentimiento a Standard, esposo de Irene. Ron Perlman es Nino, gerente de un restaurante italiano que tiene negocios con la mafia. Albert Brooks es Bernie, empresario que decide promocionar al conductor dentro de las carreras de coches y que esconde negocios sucios. Dos exitosos rostros televisivos participan en el film. Bryan Cranston es Shannon, jefe del taller en que trabaja el conductor cuando no ejerce de especialista y lo más cercano a un mentor o figura paterna que posee. Christina Hendricks es Blanche, compinche en el robo que desencadenará la tormenta.

El guion, que se basa en la novela de James Sallis, es sencillo y predecible, teniendo bastante en común con el mítico western “Shane”. Su punto de partida recuerda al film de Walter Hill “Driver” aunque luego se centre en la historia intima entre el conductor e Irene y de cómo éste está dispuesto a llegar hasta el final por protegerla a ella y su hijo.

“Drive” es una película primordialmente visual. Un ejercicio de estilo con una personalidad heredera de los 70 y 80. Estimulante.

Lo Mejor: Su estilo visual. La Banda Sonora. El reparto.

Lo Peor: El guion, predecible.

El Legado de Bourne, de Tony Gilroy

20 agosto, 2012

Tras hacerse público al mundo el caso de Jason Bourne la CIA decide poner fin a su último proyecto con agentes especiales eliminando a cada uno de ellos. Tan sólo se salvará Aaron Cross, quien buscará ayuda en la Dra. Marta Shearing.

La Trilogía de Jason Bourne es una de las joyas del reciente cine de acción. Con ritmo trepidante, una buena historia y un gran reparto las películas que forman el tríptico se ganaron el favor de crítica y pública coronando dicha hazaña con 3 Oscars para la última entrega, “El Ultimatum de Bourne”. Al finalizar la tercera entrega Matt Damon y el director Paul Greengrass (artífice de las dos secuelas) declararon que para ellos la historia estaba terminada, claro que Universal no lo veía del mismo modo y barajó la posibilidad de continuar la franquicia de una manera muy arriesgada, sin su protagonista. ¿Cómo podía hacerse un film de Bourne sin Bourne? Parece que Tony Gilroy, guionista de la trilogía, lo tenía muy claro: contando una historia de otro agente que perteneciera a la raíz de donde salió el agente amnésico y ampliando el Universo del mismo. Los productores dieron el visto bueno y pusieron en manos de Gilroy el proyecto. Mejor habrían hecho dejando la idea en el cajón.

El film contiene las señas de identidad de la franquicia: un espía perseguido por quienes le adiestraron; mucha discusión de despachos en que se nos desvelan los proyectos secretos de la CIA; viajes por diversos lugares del mundo (pocos en este caso); persecución final adrenalínica. Todo ello bajo el patrón establecido, pero falla algo, o mejor dicho, le fallan varias cosas.
Para empezar, la historia. Lo más interesante de ella es su primera mitad, que se desarrolla en paralelo con “El Ultimatum”, y en donde descubrimos otro grupo de espías, ésta vez entrenados bajo los efectos de una droga que aumenta sus posibilidades físicas y neuronales, una especia de fármaco para hacer de ellos supersoldados. Una vez sabemos eso hay poco más donde escarbar.
El otro punto débil es la incapacidad de conseguir captar la atención del espectador, todo evoluciona sin fuerza, con continuas sensaciones de “esto ya lo he visto”, sin espacio para la sorpresa.
Por último tenemos al protagonista, Aaron Cross. Si algo conseguía Jason Bourne es que nos sintiéramos identificados con él, queríamos conocer su pasado a la par y saber cómo llegó a ser un asesino. Cross también persigue un objetivo, en este caso superar su dependencia de la famosa droga, pero lamentablemente no conseguí empatizar con él. Entre ambos existen diferencias, las más notorias son que Cross recuerda perfectamente cómo entró en el programa Outcom y que cuando entra en acción no duda en usar armas mientras Bourne era más de andar por casa y repartía golpes con un libro cualquiera.
Sobre Jason Bourne se hace muy poca alusión y tiene nula importancia en la historia que se nos narra, de hecho si no se le mencionara ni apareciera ninguna fotografía suya la película se quedaría de la misma forma, pero, claro, hay que justificar el uso de su nombre en el título.

Tony Gilroy toma las riendas de la dirección sin imprimir la energía de Greengrass ni el efectismo de Liman. El director y guionista tiene un estimable trabajo en su curriculum como es “Michael Clayton”, pero eso no basta como garantía, y aquí se demuestra. Su dirección es muy impersonal, con guiños a las películas anteriores (la presentación de Cross), ni siquiera en la gran secuencia de acción final (la persecución obligatoria, metida a la fuerza) consigue alzar el vuelo. Mal montada, con soluciones de guión penosas (ahora suelto una moto y cojo otra) y una resolución de vergüenza, la persecución motorística pone fin al film de golpe y porrazo. De su trabajo tras la cámara tan sólo me pareció interesante el travelling que realiza siguiendo a Cross desde el exterior al interior de la casa de Marta para concluir disparando a alguien, pero es un pequeñísimo oasis entra tan vasto desierto.

A nivel de guión resulta sorprendente que Gilroy participara en las anteriores. Aquí ha tenido la colaboración de su hermano Dan y no parece que haya sido para mejor en mi opinión. Se amplían los proyectos para crear una nueva raza de espías (de Treadstone y Blackbriar pasamos a Otucom y Lerx-3), aparecen nuevos personajes que van de un lado a otro de las oficinas de la CIA y de los que apenas sabemos nada, mientras que los dos protagonistas (Cross y Shearing) no dejan de ser una pareja de acción del montón.
Para la música se ha sustituido a John Powell por James Newton Howard, un cambio que tampoco ha ido para bien, por muy bueno que sea Howard su composición aquí resulta mu funcional (nada comparado con su gran trabajo para “Blancanieves y la Leyenda del Cazador”). Como regla se finaliza con el “Exteme Ways” de Moby.

Jeremy Renner se está convirtiendo en el chico de las franquicias. De “Mission:Impossible – Protocolo Fantasma” saltó a “Los Vengadores” y de ahí a Bourne. Renner es buen actor pero en las últimas superproducciones que ha realizado parece prestar su presencia y poco más. Si querían que consiguiéramos olvidar a Matt Damon he de decir que no lo han logrado. La maravillosa Rachel Weisz da vida a la chica del relato, la Dra. Marta Shearing, encargada de realizar las pruebas y suministrar el suero a los agentes. Weisz se desenvuelve medianamente bien con un personaje sin mayor trasfondo. Como curiosidad diré que me pareció irónico ver haciendo de chica Bourne a la esposa del actual James Bond. Edward Norton es Byer, antiguo Coronel de Cross que ordena cerrar el poyecto Outcom y lidera la persecución de Cross. El reparto lo completan Stacy Keach y Donna Murphy como miembros de la CIA y Oscar Isaac como otro agente de Outcom que comparte cabaña y comida con Cross (en un tramo, el de Alaska, bastante aburrido). Para unir con las anteriores se vuelve a contar en modo de cameo con David Strathairn, Scott Glen, Joan Allen y Albert Finney (al que veremos también en la próxima de Bond).

Se pretendía continuar la franquicia manteniendo la calidad pero para mi gusto no ha sido así. “El Legado de Bourne” no merece tener en su título el apellido del personaje creado por Ludlum al que el cine trató de manera fantástica. Una sonora decepción para olvidar.

Lo Mejor: La secuencia en casa de Shearing.

Lo Peor: Deshonra una Saga que es de lo mejor del cine de acción.

Luces Rojas, de Rodrigo Cortés (por Miguel Delgado)

24 febrero, 2012

Mi colaborador Miguel Delgado asistió el pasado 21 de Febrero al prestreno de la esperada “Luces Rojas” en la ECAM para Taller d Cine Canal+, donde estuvo presente el director Rodrigo Cortés. A continuación su crítica.

Luces Rojas, de Rodrigo Cortés

Rodrigo Cortés se ha convertido en uno de los referentes del cine español actual. Todo gracias a ese salto al vacío llamado “Buried”, que puso el nombre de este polifacético director en el mapa mundial. Era su segunda película después de la interesante aunque fallida “Concursante” (que paso sin pena ni gloria), una apuesta arriesgada y un éxito artístico arrollador. De ahí que las expectativas puestas en su nuevo proyecto se dispararan, y más después de saber que contaría con actores de la talla de Sigourney Weaver, Cillian Murphy y Robert De Niro . Y en esas estamos: Cortés estrena este 2 de Marzo “Red Lights”, un film que ha dirigido, escrito, producido y montado, o sea que ha puesto toda la carne en el asador. En principio, todo hacía indicar que nos encontraríamos ante un thriller con trasfondo sobrenatural sorprendente, emocionante y bien hilvanado. He tenido la oportunidad de verla el miércoles en la ECAM con motivo del preestreno organizado por “Taller Canal +”, con charla con el propio director después de la proyección y me temo que los resultados, sin ser malos, no llegan a los niveles esperados.

“Red Lights” cuenta la historia de la Dra. Matheson (clara alusión al escritor Richard Matheson) y su ayudante Tom Buckley, dos investigadores que se dedican a descubrir fraudes paranormales, algo en lo que son realmente competentes. En este contexto, aparece Simon Silver, un médium que vuelve públicamente después de 30 años de inactividad. Esto provocara conflictos en ambos investigadores, y sus creencias serán puestas a prueba…
Lo primero que uno puede pensar, y más viendo el trailer, es que estaríamos ante un film con bastante dosis de terror y de sustos, cuando la realidad es que la película va por otros derroteros. Cierto que posee, sobre todo a partir de su segunda mitad, una atmosfera inquietante, y alguna escena con la intención de hacerte saltar de la butaca (aunque no muy destacables), pero principalmente la cinta potencia el drama y el misterio, siendo una cinta sosegada y progresiva. Cortes dijo que en su ritmo y forma, le inspiraron lo thrillers políticos de los 70, y eso se nota, a pesar de no olvidarse el trema a tratar en ningún momento. Sin embargo, uno de sus fallos es no ofrecer un guión completamente solido que requieren este tipo de proyectos.

Nos encontramos ante ese tipo de películas que terminan definiéndose por su final. Uno la ve y observa lo que pasa entretenido, disfrutando aunque a veces haya que pasar por alto ciertas cuestiones esperando que en el tercer acto todo termine encajando sin fisuras. Ejemplos de cintas en las que todo encaja milimétricamente pueden encontrarse en “El sexto sentido” o “El protegido” de Shyamalan (y por extensión, todo el cine de Hitchcock), y en la otra cara de la moneda hay despropósitos finales como la reciente “Intruders” de Juan Carlos Fresnadillo, de las que uno no puede quitarse ese mal recuerdo a pesar de disfrutar con parte de su visionado. “Red Lights” se encuentra en un punto intermedio respecto a su desenlace. Los últimos minutos del film no resultan ridículos ni carentes de sentido, validan todo lo visto y ocurrido durante el resto del metraje, a pesar de un par de detalles sueltos, pero tampoco es algo que tenga un sentido pleno, ni emociona. Resulta un poco forzado, lo que provoca una ligera decepción. El resto del film tampoco es que sea perfecto, con momentos muy buenos (la primera escena, o la actuación de Leonardo Sbaraglia) con otros que no vienen demasiado a cuento (todos los relacionado con cierto edificio en el que Buckley se cuela…). Hay novedad a la hora de tratar el tema paranormal, desde un punto de vista muy científico, aunque también visita lugares comunes. En otras palabras, es tan disfrutable como criticable. Esta dualidad puede observarse en una de las escenas del film, en la que Cortés se ríe, con bastante gracia, de uno de los clichés Hollywoodienses (muy detectable), cuando a su vez esta cometiendo otro (uno de los personajes principales que observa algo en el momento preciso, cuando el secundario no se había dado cuenta después de horas de investigación…).

En el plano puramente técnico, estamos ante una película muy correcta y trabajada, aunque no hay que esperar virguerías como las que Cortés nos ofreció en “Buried” película que tampoco poseía un guión perfecto pero que se elevaba mucho por encima de la media debido en gran parte, a su virtuosismo visual, algo nunca visto de esa manera. Este nuevo film resulta más convencional, pero no por ello podemos criticar la manera de dirigir de Cortes, muy competente (a pesar de abusar un poco de la cámara en mano). En cuanto al montaje, ninguna pega, creo sinceramente que es la labor que mejor se le da al gallego de todas a las que se dedica. Lo mismo ocurre con la fotografía de Xavi Giménez, uno de los directores de foto más destacables del panorama español. La música de Víctor Reyes por el contrario resulta muy poco convincente salvo por un par de momentos.

Una de las cuestiones que más llamaba la atención era ver la actuación de De Niro. Todo el mundo es consciente de que el afamado actor lleva más de una década trabajando a un nivel bajísimo, con muy pocos proyectos que puedan llegar a clasificarse simplemente como buenos. En el papel de Silver resulta convincente, algo más centrado que en película anteriores, pero aún así ya no estamos ante uno de los más grande actores vivos, como llegó a serlo hace un tiempo. Tiene presencia, pero su actuación carece de todo el misterio y el misticismo que el personaje requería. En un papel mucho más secundario, Joely Richardson resulta más oscura e impenetrable, a pesar de su corto y algo desaprovechado papel. Por el contrario Weaver y sobretodo Murphy, se encuentran completamente en sintonía y concentrados en lo que se cuenta. Elizabeth Olsen, Leonardo Sbaraglia y Toby Jones hacen también todo lo que pueden a pesar de no resultar demasiados destacables, sobre todo en el caso de Olsen, que aporta un hermoso rostro y poco más.

En fin, interesante aunque fallido film, confuso en algunos aspectos y no me termina de convencer del todo su final. Aunque a su favor diré que ciertas cuestiones seguramente necesiten de un segundo visionado en el que espero que mi opinión general mejore (como me ocurrió la segunda vez que vi Buried, aunque la verdad es que no lo creo).

Después de la proyección, apareció Cortes realizando una pequeña entrevista donde comento sus inspiraciones (como ya he comentado, los thrillers setenteros o la obra de Matheson) y como fue la preparación y el rodaje del film con tales estrellas en el reparto. Quien le haya oido alguna vez sabrá que es un hombre de una gran elocuencia y pasión por su trabajo, a la par que divertido y afable. Podréis verla en Canal + próximamente. Muy recomendable, disfrute más de sus comentarios que de la película. Al terminar pude acercarme a él y preguntarle si trabajaba ya en algún nuevo proyecto, me dijo que ahora estaba empezando a pensar en nuevas ideas. Habrá que estar atentos, ya que ha demostrado que puede hacerlo mejor.


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