Viuda Negra (Black Widow), de Cate Shortland

El personaje de Viuda Negra llevaba clamando por una película en solitario desde hacía años, antes incluso de que llegasen las películas individuales de superheroinas capitaneadas por “Wonder Woman” y seguida por “Capitana Marvel”. El éxito de las mismas seguro que impulsó el que diese luz verde a tan añorado proyecto, siendo toda una sorpresa que anunciasen la realización de la aventura en solitario del personaje interpretado por Scarlett Johansson a continuación de “Vengadores: Endgame” visto su desenlace. Dicho anuncio trajo consigo multitud de rumores, incluyendo una hipotética resurrección o una narración de los orígenes de la espía rusa antes de entrar a formar parte de S.H.I.E.L.D.
Al final ni lo uno ni lo otro. En otro de esos movimientos tan característicos de MARVEL, pillan desprevenido a todo aquel espectador prejuicioso ofreciendo una cinta de acción y espionaje en que se habla de la importancia de la familia que se elige y de la subsanación de los errores del pasado.

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El Patriota (The Patriot), de Roland Emmerich

La carrera de Roland Emmerich vivió un pequeño giro en el 2000. Tras fracasar (o mejor dicho, no rendir tanto en taquilla como se esperaba) con su versión de “Godzilla”, el director alemán decidió virar la vista al pasado, en concreto hacia la Guerra de la Independencia Americana. Abandonaba así su amor por la temática fantástica pero no por enardecer el orgullo yanqui.

Benjamin Martin es un veterano Coronel de la guerra franco-india que vive en paz con sus siete hijos tras fallecer su esposa. Al explotar la Guerra por la Independencia de las Colonias, Martin se mantendrá neutral hasta que la vida de sus seres queridos esté en peligro.

Enmarcada dentro del cine épico que tanto ha contentado al gran público a lo largo de los años (y del que hecho de menos alguna película en condiciones), “El Patriota” ofrece cerca de tres horas de gran espectáculo siguiendo los cánones del género, en especial se la ha llegado a considerar (no sin razones) hermana de otra célebre cinta de los 90 también protagonizada por Mel Gibson, “Braveheart”. Sigue leyendo

Waterworld, de Kevin Reynolds

El futuro. Los casquetes polares se han derretido cubriendo toda la Tierra conocida. Muchos supervivientes han aprendido a vivir en comunidades flotantes, oxidadas, incívicas y arcaicas. Otros, han preferido optar por una vida errante. En medio de todo ello, existe la esperanza de encontrar Tierra Seca, desde la que empezar de nuevo.

El Naufragio de Kevin

Existen muchas películas cuya fama se debe más a los rodajes bajo los que se han realizado que al resultado de la misma. Si bien existen grandes películas que han surgido de los infortunios meteorológicos o de un ambiente tóxico plagado de egos desmedidos, la gran mayoría que sufren este tipo de problemas y contratiempos acaban resultando salpicadas, o directamente ahogadas, una vez llegan a la gran pantalla. “Waterworld” es una de ellas.

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Cruella, de Craig Gillespie

La Disney sigue apostando por renovar/reinterpretar sus clásicos animados acercándolos a una nueva generación. Después de la descafeinada versión en live-action de “Mulán” le toca el turno a una de las villanas más célebres de la filmografía Disney, nada más y nada menos que Cruella de Vil. En cualquier ranking de villanos célebres de la casa del ratón Mickey (y ya puestos, de la Historia del Cine) no es difícil encontrarse en primeros puestos con ésta amante enfermiza de las pieles y, por ende, enemigo número uno de toda asociación animalista que se precie. El personaje ya tuvo su versión en carne y hueso bajo el rostro de Glenn Close en la primera adaptación en carne y hueso de un clásico Disney como es “101 Dálmatas”. En dicha cinta se trasladaba de manera literal la versión animada (como años después se acostumbraría a hacer con otros clásicos), logrando un notorio éxito de taquilla que vería continuación en una absurda e irritante secuela. Ahora, se vuelve a abordar el personaje convirtiéndola en completa protagonista y narrando sus años mozos.

Estella es una joven que sobrevive mediante actos delictivos en el Londres de los 60 juntos a sus compinches Horacio y Gaspar. Sin embargo, la verdadera vocación de la joven es crear diseños de moda y ser tan grande como la diseñadora más famosa de Inglaterra, la Baronesa.

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La Vida de David Gale (The Life of David Gale), de Alan Parker

Llega un momento en que los amantes del cine han consumido tanto material audiovisual que el disco duro de la memoria acaba haciendo una especie de desfragmentacion automática mediante la que mantenga películas completas, tramos importantes de otras y mande al cajón de reciclaje aquellas que, por diversos motivos, no le han dejado huella alguna. Personalmente, hay muchas películas que sé que he visto pero de las que apenas guardo un recuerdo que me permita mantener una conversación sobre la misma. Dentro de dichas películas estaba “La Vida de David Gale”, la cual he revisionado (resucitado) gracias a la pasión con que hablaba de ella una persona muy especial, a quien le impactó en cine y a quien quiero dedicar la presente reseña.

David Gale es un prestigioso profesor y activista en contra de la Pena de Muerte que es acusado de matar a una amiga y sentenciado a dicha condena. Tres días antes de su ejecución solicita hablar con una periodista, a la que relatará los hechos e intentará convencer de su inocencia.
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Nomadland, de Chloé Zhao

Uno de los subgéneros por excelencia de la cultura americana son las historias que se desarrollan a través de carreteras, conocidas en el ámbito cinematográfico como road movies. En no pocas ocasiones la carretera ha funcionado como metáfora para el desarrollo vital de los personajes que protagonizaban las historias, sirviendo tanto de camino de descubrimiento y aprendizaje como de superación y aceptación personal. Se trataba, al fin y al cabo, de un viaje como otro cualquiera, que comenzaba en un punto y terminaba en otro. Sin embargo, la reciente ganadora del Oscar a Mejor Película rompe con dicho desarrollo para mostrar un estilo de vida que hace de la travesía un hogar para muchos seres humanos.
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La Liga de la Justicia de Zack Snyder (Zack Snyder´s Justice League)

Creo que fue George Lucas quien, en una de las entrevistas que concedió a raíz del reestreno de la Trilogía de “La Guerra de la Galaxias” a finales de los 90, declaraba sentirse como un pintor del Renacimiento que revisitaba sus obras para restaurarlas y acercarlas más a su visión. Aunque sus palabras siempre se han interpretado como un alegato a favor de la abusiva utilización de los efectos especiales por mero capricho, no le faltaba razón al creador de la Saga Galáctica cuando defendía su papel de creador y poseedor del resultado final de la obra.
Ediciones extendidas. Montajes del director. Siempre han existido películas que han sufrido tijeretazos, ya sea por imposición de la censura de la época o por orden de unos productores que temblaban al comprobar el excesivo metraje que les presentaba el director (antes de ser condenado y repudiado, Harvey Weinstein era popularmente conocido como “Harvey Manostijeras”, bien lo sabe Scorsese). Por suerte, y en especial desde el nacimiento del DVD, fueron apareciendo ediciones extendidas de las películas. Algunas ofrecían escenas eliminadas que, insertadas, poco más ofrecían a lo ya visto; otras se acercaban más a su fuente literaria (el caso de “El Señor de los Anillos” y sus ediciones extendidas es histórico, aunque el propio Peter Jackson ha asegurado que las ediciones definitivas son las mostradas en cine); y otras directamente ofrecen un nuevo punto de vista llegando a transformar el conjunto. En este último aspecto destaca Ridley Scott, quien como Lucas se considera un artista renacentista que restaura sus obras tantas veces como sean necesarias hasta quedar satisfecho. Si bien a la hora de hablar del británico siempre sale a la palestra su magnífica “Blade Runner” (ya sea con voz en off o sin ella; con Unicornio o sin él) siempre he de romper una lanza a favor de su más que notable “El Reino de los Cielos”. Su versión del director ofrece una mejor narración y trato a los personajes, resultando ser una cinta más solida y espectacular, en gran sintonía a las grandes producciones clásicas.

Otro conocido montaje extendido, ya en consonancia con el comentario presente, es el de “Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia”. Como me sucediese con la cinta sobre las cruzadas de Scott, cuando vi en cine la película dirigida por Zack Snyder quise gritar de rabia. Aquello me pareció un sinsentido narrativo. Con escenas potentes, pero coja narrativamente. Claro, luego vi la versión con 30 minutos más y me ayudaron a encauzar más la trama, los personajes, los temas que contiene (que no son pocos). Le pierde, como en toda obra de Snyder, cierta solemnidad y exceso visual, pero el resultado es mucho mejor, tanto que a día de hoy la defiendo como de lo mejor del reciente Universo DC. Pues bien, dicha cinta debía ser la base para la reunión superheroica DC que plantase cara a la impoluta hoja de ruta que estaba llevando a cabo su casa rival, MARVEL. Siempre que he comentado alguna cinta sobre el ¿actual?¿fallido? Universo DC he criticado sus prisas para alcanzar a MARVEL a la hora de unir a sus personajes en la gran pantalla. “El Hombre de Acero” pasó de ser una reactivación en el cine para Superman a ser el primer escalón para dicho fin. En resumen, fueron improvisando sin un plan definido. Pero ojo, que luego individualmente sus películas no son tan desastrosas como pudieran parecer (o quisieran hacer creer según que comentarios). Las dos cintas de Snyder poseen grandes momentos; “Wonder Woman” encandiló a crítica y público; “Aquaman” es un divertimento de primer nivel. Pero hubo un punto de inflexión, uno que hizo que la casa madre de Superman y Batman dejase de centrarse en querer jugar a ser MARVEL y se centrase en sus personajes regalando obras simpáticas como “Shazam!” o alcanzado la gloria en forma de premios con “Joker”. Y dicho punto de inflexión fue “La Liga de la Justicia”.

El Renacer de la Justicia

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Mank, de David Fincher

Cuando, hace ya diez años, llegó a las pantallas “La Red Social” no pocos comentarios se referían a la misma como la “Ciudadano Kane” de nuestro tiempo. Ambas cintas retrataban contemporáneos personajes reales (bajo pseudónimo en el caso de la cinta de Welles) sin impedir que les salieran críticas al respecto de parte de los afectados. Cosas de la vida, el azar o esa cosa llamada Magia del Cine, los nombres de David Fincher y Orson Welles han vuelto a coincidir en la última película del director de “Zodiac”.

El deseo de llevar a la pantalla la elaboración de escritura del guion de “Ciudadano Kane” le ha supuesto a Fincher más de veinte años. Fue su padre, Jack Fincher, quien escribió la historia sobre Herman J. Mankiewicz, coguionista (o guionista absoluto, su autoría con respecto a la historia siempre estuvo en riña con Welles) de la Obra Maestra que revolucionó el lenguaje cinematográfico y que fascinó a los Fincher. Eso convierte al proyecto en uno de los más personales (si no el que más) para Fincher, quien ya intentó levantarlo a finales de los 90 encontrándose con la negativa de lo estudios a financiar una cinta en Blanco y Negro. Gracias a NETFLIX, actual mecenas de grandes nombres y fiel colaboradora de Fincher desde que comenzaran una fructífera relación a raíz de “House of Cards”, ha podido realizarse la obra soñada de padre e hijo.

Herman J. Mankiewicz (Mank para los amigos) es llevado a un rancho en el desierto de Mojave. Ha sufrido hace poco un accidente que le obliga a permanecer en cama con la pierna enyesada. Su misión dentro de ese rancho será escribir un guion por orden del actual niño bonito de Nueva York apadrinado bajo el manto de la RKO, Orson Welles. Durante el duro proceso de escritura en el que tratará de combatir la ausencia de alcohol, el guionista recordará hechos de su vida que ayudarán a dar a luz a la historia de Charles Foster Kane.

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Eraser, de Charles Russell

John Kruger es un agente del programa de protección de testigos especializado en hacerlos desaparecer de todo radar hostil. Su última misión será la de proteger a una mujer que tiene grandes secretos sobre la venta de armas por parte del Gobierno.

Parece que cuesta recordar cuando el nombre de una estrella arrastraba a multitud de espectadores a las salas de cine. Hoy rigen las franquicias, pero hace un par de décadas era el nombre de un actor/actriz lo que levantaba el interés por una película. Dentro del cine de acción de los 80 y la primera mitad de los 90 los dos nombres que (casi) monopolizaron el cine de acción eran los de Stallone y Schwarzenegger. Había incluso discusiones sanas cobre si se era más de uno que de otro como si se estuviese hablando del Barcelona y el Real Madrid. Años después ambos nos han regalado colaboraciones conjuntas disfrutables (“Plan de Escape”) pero lejos de su edad de oro, esa en que su apellido era más que suficiente para que dijeras hoy voy de cabeza al cine.
Siempre que pienso en “Eraser” lo hago catalogándola como la última película puramente Arnold que se puede salvar. Era 1996, y la cinta estaba diseñada, como casi todas las anteriores de acción en que había participado, para su entero lucimiento. Ese año, visto con perspectiva, el cine de acción empezó a cambiar. Michael Bay pegó un golpe sobre la mesa con su estilo adrenalínico regalando “La Roca”. Will Smith se asentaba como nuevo héroe de acción luchando contra los extraterrestres. Y Tom Cruise se inauguró como Ethan Hunt en un film que tiene detalles en común con la presente protagonizada por el que se convertiría en Gobernador de California.
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Black Rain, de Ridley Scott

La carrera de Ridley Scott se caracterizó durante los 80 y los 90 de unos altibajos demasiado marcados. Por cada buena película que realizaba entregaba dos decepcionantes (o directamente mediocres). Si bien en su filmografía podemos contar con unas cuantas películas merecedoras del calificativo de grandes, en la década de los 80 y 90 vivió de las rentas de haber dirigido “Alien” y “Blade Runner” (con la salvedad de la también notable “Thelma y Louise”). Puede que de ahí viniese el que se catalogara a su hermano Tony como “el hermano bueno de los Scott”. Y es que, en mi opinión, Ridley siempre ha sido más exigente a la hora de embarcarse en un proyecto, aunque los resultados no estuviesen a la altura. Claro que a finales de los 80 su nombre no cotizaba tanto como al principio de la década (tampoco lo haría durante los 90 tras el descalabro de “1492: La Conquista del Paraíso”). Los fracasos de la menospreciada “Legend” y de la nefasta “La Sombra del Testigo” le convirtieron en un director al que podían recurrir para endosarle algún proyecto que se había quedado sin director. Así fue cómo llegó a sus manos la policiaca “Black Rain”. En un primer momento iba a encargarse de dirigirla Paul Verhoeven, pero el holandés se fue con Schwarzenegger a Marte dejando el proyecto de Michael Douglas abandonado. El nombre de Scott salió en la reunión de producción como director ideal gracias (de nuevo) a su notable capacidad estética. El resultado es un correcto thriller de acción que brilla gracias a las labores de producción y a un Scott más atinado que en su anterior trabajo.

Dos detectives de Nueva York presencian por accidente un asesinato en un restaurante y acaban deteniendo al culpable, miembro de la yakuza. El gobierno japonés solicita que se le entregue al asesino y los dos policías deben escoltarlo a Japón, donde se escapará y deberán volver a cazarlo.
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