Nomadland, de Chloé Zhao

Uno de los subgéneros por excelencia de la cultura americana son las historias que se desarrollan a través de carreteras, conocidas en el ámbito cinematográfico como road movies. En no pocas ocasiones la carretera ha funcionado como metáfora para el desarrollo vital de los personajes que protagonizaban las historias, sirviendo tanto de camino de descubrimiento y aprendizaje como de superación y aceptación personal. Se trataba, al fin y al cabo, de un viaje como otro cualquiera, que comenzaba en un punto y terminaba en otro. Sin embargo, la reciente ganadora del Oscar a Mejor Película rompe con dicho desarrollo para mostrar un estilo de vida que hace de la travesía un hogar para muchos seres humanos.
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La Liga de la Justicia de Zack Snyder (Zack Snyder´s Justice League)

Creo que fue George Lucas quien, en una de las entrevistas que concedió a raíz del reestreno de la Trilogía de “La Guerra de la Galaxias” a finales de los 90, declaraba sentirse como un pintor del Renacimiento que revisitaba sus obras para restaurarlas y acercarlas más a su visión. Aunque sus palabras siempre se han interpretado como un alegato a favor de la abusiva utilización de los efectos especiales por mero capricho, no le faltaba razón al creador de la Saga Galáctica cuando defendía su papel de creador y poseedor del resultado final de la obra.
Ediciones extendidas. Montajes del director. Siempre han existido películas que han sufrido tijeretazos, ya sea por imposición de la censura de la época o por orden de unos productores que temblaban al comprobar el excesivo metraje que les presentaba el director (antes de ser condenado y repudiado, Harvey Weinstein era popularmente conocido como “Harvey Manostijeras”, bien lo sabe Scorsese). Por suerte, y en especial desde el nacimiento del DVD, fueron apareciendo ediciones extendidas de las películas. Algunas ofrecían escenas eliminadas que, insertadas, poco más ofrecían a lo ya visto; otras se acercaban más a su fuente literaria (el caso de “El Señor de los Anillos” y sus ediciones extendidas es histórico, aunque el propio Peter Jackson ha asegurado que las ediciones definitivas son las mostradas en cine); y otras directamente ofrecen un nuevo punto de vista llegando a transformar el conjunto. En este último aspecto destaca Ridley Scott, quien como Lucas se considera un artista renacentista que restaura sus obras tantas veces como sean necesarias hasta quedar satisfecho. Si bien a la hora de hablar del británico siempre sale a la palestra su magnífica “Blade Runner” (ya sea con voz en off o sin ella; con Unicornio o sin él) siempre he de romper una lanza a favor de su más que notable “El Reino de los Cielos”. Su versión del director ofrece una mejor narración y trato a los personajes, resultando ser una cinta más solida y espectacular, en gran sintonía a las grandes producciones clásicas.

Otro conocido montaje extendido, ya en consonancia con el comentario presente, es el de “Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia”. Como me sucediese con la cinta sobre las cruzadas de Scott, cuando vi en cine la película dirigida por Zack Snyder quise gritar de rabia. Aquello me pareció un sinsentido narrativo. Con escenas potentes, pero coja narrativamente. Claro, luego vi la versión con 30 minutos más y me ayudaron a encauzar más la trama, los personajes, los temas que contiene (que no son pocos). Le pierde, como en toda obra de Snyder, cierta solemnidad y exceso visual, pero el resultado es mucho mejor, tanto que a día de hoy la defiendo como de lo mejor del reciente Universo DC. Pues bien, dicha cinta debía ser la base para la reunión superheroica DC que plantase cara a la impoluta hoja de ruta que estaba llevando a cabo su casa rival, MARVEL. Siempre que he comentado alguna cinta sobre el ¿actual?¿fallido? Universo DC he criticado sus prisas para alcanzar a MARVEL a la hora de unir a sus personajes en la gran pantalla. “El Hombre de Acero” pasó de ser una reactivación en el cine para Superman a ser el primer escalón para dicho fin. En resumen, fueron improvisando sin un plan definido. Pero ojo, que luego individualmente sus películas no son tan desastrosas como pudieran parecer (o quisieran hacer creer según que comentarios). Las dos cintas de Snyder poseen grandes momentos; “Wonder Woman” encandiló a crítica y público; “Aquaman” es un divertimento de primer nivel. Pero hubo un punto de inflexión, uno que hizo que la casa madre de Superman y Batman dejase de centrarse en querer jugar a ser MARVEL y se centrase en sus personajes regalando obras simpáticas como “Shazam!” o alcanzado la gloria en forma de premios con “Joker”. Y dicho punto de inflexión fue “La Liga de la Justicia”.

El Renacer de la Justicia

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Mank, de David Fincher

Cuando, hace ya diez años, llegó a las pantallas “La Red Social” no pocos comentarios se referían a la misma como la “Ciudadano Kane” de nuestro tiempo. Ambas cintas retrataban contemporáneos personajes reales (bajo pseudónimo en el caso de la cinta de Welles) sin impedir que les salieran críticas al respecto de parte de los afectados. Cosas de la vida, el azar o esa cosa llamada Magia del Cine, los nombres de David Fincher y Orson Welles han vuelto a coincidir en la última película del director de “Zodiac”.

El deseo de llevar a la pantalla la elaboración de escritura del guion de “Ciudadano Kane” le ha supuesto a Fincher más de veinte años. Fue su padre, Jack Fincher, quien escribió la historia sobre Herman J. Mankiewicz, coguionista (o guionista absoluto, su autoría con respecto a la historia siempre estuvo en riña con Welles) de la Obra Maestra que revolucionó el lenguaje cinematográfico y que fascinó a los Fincher. Eso convierte al proyecto en uno de los más personales (si no el que más) para Fincher, quien ya intentó levantarlo a finales de los 90 encontrándose con la negativa de lo estudios a financiar una cinta en Blanco y Negro. Gracias a NETFLIX, actual mecenas de grandes nombres y fiel colaboradora de Fincher desde que comenzaran una fructífera relación a raíz de “House of Cards”, ha podido realizarse la obra soñada de padre e hijo.

Herman J. Mankiewicz (Mank para los amigos) es llevado a un rancho en el desierto de Mojave. Ha sufrido hace poco un accidente que le obliga a permanecer en cama con la pierna enyesada. Su misión dentro de ese rancho será escribir un guion por orden del actual niño bonito de Nueva York apadrinado bajo el manto de la RKO, Orson Welles. Durante el duro proceso de escritura en el que tratará de combatir la ausencia de alcohol, el guionista recordará hechos de su vida que ayudarán a dar a luz a la historia de Charles Foster Kane.

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Eraser, de Charles Russell

John Kruger es un agente del programa de protección de testigos especializado en hacerlos desaparecer de todo radar hostil. Su última misión será la de proteger a una mujer que tiene grandes secretos sobre la venta de armas por parte del Gobierno.

Parece que cuesta recordar cuando el nombre de una estrella arrastraba a multitud de espectadores a las salas de cine. Hoy rigen las franquicias, pero hace un par de décadas era el nombre de un actor/actriz lo que levantaba el interés por una película. Dentro del cine de acción de los 80 y la primera mitad de los 90 los dos nombres que (casi) monopolizaron el cine de acción eran los de Stallone y Schwarzenegger. Había incluso discusiones sanas cobre si se era más de uno que de otro como si se estuviese hablando del Barcelona y el Real Madrid. Años después ambos nos han regalado colaboraciones conjuntas disfrutables (“Plan de Escape”) pero lejos de su edad de oro, esa en que su apellido era más que suficiente para que dijeras hoy voy de cabeza al cine.
Siempre que pienso en “Eraser” lo hago catalogándola como la última película puramente Arnold que se puede salvar. Era 1996, y la cinta estaba diseñada, como casi todas las anteriores de acción en que había participado, para su entero lucimiento. Ese año, visto con perspectiva, el cine de acción empezó a cambiar. Michael Bay pegó un golpe sobre la mesa con su estilo adrenalínico regalando “La Roca”. Will Smith se asentaba como nuevo héroe de acción luchando contra los extraterrestres. Y Tom Cruise se inauguró como Ethan Hunt en un film que tiene detalles en común con la presente protagonizada por el que se convertiría en Gobernador de California.
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Black Rain, de Ridley Scott

La carrera de Ridley Scott se caracterizó durante los 80 y los 90 de unos altibajos demasiado marcados. Por cada buena película que realizaba entregaba dos decepcionantes (o directamente mediocres). Si bien en su filmografía podemos contar con unas cuantas películas merecedoras del calificativo de grandes, en la década de los 80 y 90 vivió de las rentas de haber dirigido “Alien” y “Blade Runner” (con la salvedad de la también notable “Thelma y Louise”). Puede que de ahí viniese el que se catalogara a su hermano Tony como “el hermano bueno de los Scott”. Y es que, en mi opinión, Ridley siempre ha sido más exigente a la hora de embarcarse en un proyecto, aunque los resultados no estuviesen a la altura. Claro que a finales de los 80 su nombre no cotizaba tanto como al principio de la década (tampoco lo haría durante los 90 tras el descalabro de “1492: La Conquista del Paraíso”). Los fracasos de la menospreciada “Legend” y de la nefasta “La Sombra del Testigo” le convirtieron en un director al que podían recurrir para endosarle algún proyecto que se había quedado sin director. Así fue cómo llegó a sus manos la policiaca “Black Rain”. En un primer momento iba a encargarse de dirigirla Paul Verhoeven, pero el holandés se fue con Schwarzenegger a Marte dejando el proyecto de Michael Douglas abandonado. El nombre de Scott salió en la reunión de producción como director ideal gracias (de nuevo) a su notable capacidad estética. El resultado es un correcto thriller de acción que brilla gracias a las labores de producción y a un Scott más atinado que en su anterior trabajo.

Dos detectives de Nueva York presencian por accidente un asesinato en un restaurante y acaban deteniendo al culpable, miembro de la yakuza. El gobierno japonés solicita que se le entregue al asesino y los dos policías deben escoltarlo a Japón, donde se escapará y deberán volver a cazarlo.
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Noche y Día (Knight and Day), de James Mangold

June Havens es una joven que, a la hora de embarcar en el vuelo a Boston desde Wichita, tropezará con Roy Miller, un agente secreto acusado y perseguido por su agencia de haber robado una batería inagotable. Una vez sus caminos se crucen, se convertirán en inseparables.

No pocas películas merecen una segunda oportunidad. Aunque peque en repetirme, siempre defenderé que los revisionados son importantes. Ya sea por las expectativas, el estado en que nos encontremos o las condiciones en que las veamos, podemos digerir las películas (su forma y contenido) de manera insuficiente o equivocada, sin valorarlas con un juicio más medido y reposado.
Hace diez años llegaba a las pantallas “Noche y Día” (“Knight and Day” en su original, haciendo un juego de palabras con los elementos de la cinta, sustituyendo al inicialmente previsto “Wichita”), y se presentó como la nueva cinta de acción de Tom Cruise acompañado por Cameron Diaz en su vertiente cómica y desfasada, explotada desde “Algo pasa con Mary”. Cuando la vi, me pareció un disparate (la representación de Sevilla es de denuncia, pero luego me detengo en ello). Y ahí jugaron en contra las expectativas. O, más bien dicho, la idea preconcebida que me había hecho sobre ella. La vi pensando que sería una película de acción con toques de comedia. Estaba equivocado. “Noche y Día” es una parodia con escenas de acción que vuelve a apoyar su engranaje en una pareja carismática que recuerde a las del cine clásico. Y si hay una película que parece homenajear mediante su estilo, su pareja de estrellas y el planteamiento que presenta, esa es “Charada”, al tener como protagonista a una joven que se debate entre confiar en el hombre que acaba de conocer o en aquellos que la advierten del peligro que corre a su lado.
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Novecento, de Bernardo Bertolucci

Una de las coproducciones europeas mas conocidas de la Historia se realizó a mediados de los 70 en Italia de la mano del director Bernardo Bertolucci y del productor Alberto Grimaldi. Para otorgarle una personalidad más comercial se contó con actores emergentes como Robert De Niro y Gerard Depardieu, así como consagrados como Burt Lancaster y Sterling Hayden. El resultado fue “Novecento”, una experiencia cinematográfica absoluta.

La película cubre la primera mitad del S.XX a través de los ojos de los dos protagonistas principales, Olmo y Alfredo. Nacidos la misma noche de Enero de 1901 en que murió Verdi, cada uno de ellos pertenecerá a una clase social diferente. Olmo es hijo de un campesino. Alfredo es el nieto del terrateniente para quien la familia de Olmo trabaja. Aún a pesar de su diferencias sociales, forjarán una amistad que durará hasta el fin de sus días, incluso cuando la situación política parezca enfrentarlos.
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Abre los Ojos / Vanilla Sky

Es ineludible el que salten las comparaciones a la hora de enfrentarnos a un remake. Aplaudimos cuando la visión de un director aporta o supera al original del que parte (“Scarface” de De Palma; “The Departed” de Scorsese) y lapidamos aquellos que se quedan a la sombra de lo que hace potente a la original (“Totall Recall”; “El Planeta de los Simios” de Tim Burton). Sin duda, “Vanilla Sky” se encuentra en esta segunda categoría y cómo me resulta difícil hablar de ella sin referirme casi constantemente a la cinta de Aménabar, he optado por comentar/comparar estas cintas paternofiliales.

La Historia

Abre los Ojos/Vanilla Sky: Un joven adinerado y prepotente se enamora en su fiesta de cumpleaños de la amiga de su mejor amigo. Desgraciadamente sufre un accidente causado por su amante quedando su rostro desfigurado, lo que lo lleva a perder toda la confianza de la que presumía. Su vida de ensueño torna entonces a pesadilla de la manera más insospechada.
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Tenet, de Christopher Nolan

Creo que si por algo pasará a la historia “Tenet” será por haber sido la primera gran superproducción estrenada en la llamada “Nueva Normalidad”. No voy a restar importancia a sus aciertos, pero creo que lo más que se ha de agradecer a la cinta de Nolan es la de inyectar tremendas ganas de volver a pisar una sala de cine en época de incertidumbre y miedo. Su continuos cambios de fecha hacían temer que su estreno se vería postergado hasta el año próximo. Sin embargo, en un movimiento que podría describirse como valiente, Warner ha apostado por estrenarla en los países y ciudades en donde la pandemia esté más controlada. Así, de paso, siguen tratando entre algodones a quien es su mayor valor en alza, un cineasta que pocas veces deja indiferente.

El principal objetivo del director con “Tenet” era el de realizar una película de acción a gran escala. Y, en esencia, la película es eso. Tenemos a un agente que es reclutado por una organización para impedir la Tercer Guerra Mundial. El incluir como villano a un personajes de nacionalidad rusa hace imposible no pensar en los thrillers de espionaje surgidos de la pluma de John LeCarre. Hay un compañero inseparable y una mujer en peligro. Todos los ingredientes para crear el cóctel clásico de intriga. Pero hablamos de Nolan, a quien le encanta aportar su original granito de arena en las historias. Y aquí dicho granito se introduce mediante teorías sobre la mecánica cuántica y la física que dan lugar a la posibilidad de que se invierta el movimiento de las cosas. Chocante al principio (en especial si uno es de letras como un servidor) pero divertido cuando se desmenuza el entramado del asunto.
Tras once películas (contando “Following”) ha quedado más que claro que la obsesión del director y guionista es el tiempo como elemento narrativo. Alternar diferentes espacios temporales para lograr encajarlos en su climax es una de las mayores señas de identidad de su filmografía. En “Tenet” dicha pasión es llevada a cabo en su segundo gran bloque, y más en concreto a raíz de una de las mejores secuencias desarrollada en plena autopista. El jugar con los elementos que avanzan a la inversa se convertirá en la gran atracción de la cinta y le otorgará esa personalidad que, metraje atrás, sólo parecía esbozar. Así, “Tenet” acaba resultando una película de acción llena de paradojas temporales donde el director, sin inventar nada novedoso en lo que a viajes por el tiempo se refiere, se las ingenia para captar la atención con llamativos detalles visuales que valen más que varios diálogos farragosos contemplados previamente.

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Memento, de Christopher Nolan

Leonard es un hombre que busca sin descanso al asesino de su mujer. Además tiene un problema añadido, padece pérdida de memoria a corto plazo, lo cual le impide retener hechos recientes obligándole a recordarlos mediante polaroids y notas tatuadas en su cuerpo.

No me acuerdo de olvidarte

¿Sabéis esa sensación de tener una mosca revoloteando pero no saber dónde está? Su presencia nos la indica el sonido de su aleteo, molesto, incordiante, capaz de distraernos de cualquier tarea que estemos haciendo, incluso si ésta nos place y divierte. Querríamos atrapar a esa mosca cojonera y aplastarla para que nos deje respirar. Hay recuerdos que son parecidos y nos impiden avanzar.
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