Detenido por realizar actos de vandalismo con coches, Sean Boswell es enviado con su padre a Japón, ya que es la única manera de no ir a prisión. Allí no podrá distanciarse del mundo de las carreras de coches, participando contra el mejor corredor de Tokyo, el Drift King.

Hay sagas que son innecesarias, que uno se pregunta por qué las hacen. La Saga de “The Fast and the Furious” es una de ellas.
Comenzando de manera realista sobre el mundo de los tooning con trama policial, la primera película se convirtió en el éxito inesperado, aumentando la fama de su protagonista, Vin Diesel. Ciertamente el film era entretenido, aunque previsible, y poseía buenas secuencias de acción con los coches.
Desgraciadamente su éxito trajo algo malo consigo, y fue que se realizó la obligada secuela de film que alcanza una notable taquilla. La Segunda parte solo tenía en común al protagonista, o mejor dicho al otro protagonista, el poli rubio al que da vida Paul Walker. Para conseguir que el público conecté más con el personaje, tras la marcha de Diesel (el verdadero protagonista del original), pues al chaval lo convierten en proscrito que deja la placa para participar en carreras ilegales. Es que los tios malos molan más. Para conseguir el buen rollo de amigos de la primera parte, le ponen como compañero a un antiguo amigo suyo también delincuente. Pero claro, esta secuela fue lo que debía ser, un producto mediocre en donde los soches no sirven más que para destruirse y donde los protas parecen sacados de la SuperPop.
Dicho esto, creo que sobran las palabras para decir lo que pienso sobre esta tercera parte de la franquicia.

El protagonista es, de nuevo, un fuera de la ley que se vuelve loco con un coche. Como ya ha violado todas las normas de circulación de USA pues lo mandan a Japón para que las siga infringiendo allí.
La película incluso parodia “Lost In Tanslation”. Desde el poster ya leemos “Speed don´t need translation”, y es que a la película de Sofia Coppola le han salido ya hasta parodias. En “Tokio Drift” la enorme urbe no sirve más que para mostrar mucha iluminación. Los japoneses hablan perfecto inglés en todos lados, incluso cuando hablan entre ellos sin ningún occidental delante (¡Cómo saben que sin inglés no van a ningún sitio!).

Los personajes son más planos que una hoja de papel. La trama es la más trillada de la historia del cine, “chico conflictivo, pero de buen corazón, es trasladado a un nuevo lugar en donde se enamorara de la chica del malo del barrio a quien se enfrentará para demostrar que es mejor en una modalidad de carrera que aprende un menos que canta un gallo”. Por no decir que el padre del prota es militar, y encima le ayuda en su propósito de derrotar al hijo del jefe Yakuza en una carrera (¡¡¡!!!). Podrían haber creado una trama más complleja para esta tercera parte de una Saga, como antes he mencionado, innecesaria, pero parece que sólo les importa a esta gente que los coches y los nuevos estilos de conducción (en este caso el drift) sean las esrtellas, sin importar los personajes.
En relación con las otras dos películas esta tiene en común….. nada. Bueno solo tiene una cosilla en común, que es la participación al final de una presencia que se echó en falta en la segunda.

Claro que diréis, pero ¿y las carreras?. Pues bien, puedo decir que, aún quedando por debajo de lo visto en la primera película, estas carreras son muy realistas. Con especial detenimiento en los movimientos de Drift, que es de lo que va el film, el director nos deleita con escenas espectaculares que al menos dan vidilla a la trama (¡menos mal!).

La película es dirigida por Justin Lin, que parece que ha sido elegido solo por el simple hecho de ser japonés.
El reparto está lleno de rostros jóvenes, entre ellos el más conocido es Lucas Black (sorino de Melanie Griffith en “Crazy in Alabama), pero solo están para rellenar.
De nuevo los coches son muy guapos, con sus tuneados y todo eso (Atención al coche de Hulk), con música pastillera, y tías guapas.
2,5/10