Poco, o nada, se puede decir que no se haya dicho de esta fabulosa película que dirigiera Martin Scorsese en 1980. Proyecto personal para su protagonista, Robert De Niro, quien le insistió a su amigo Marty en realizarla, pero que el director negó en varias ocasiones hasta que sufrió una fuerte crisis (se especula que pudiera ser una sobredosis) y tuvo que ser hospitalizado. En dicha hospitalización Scorsese decidió que la biografía del boxeador sería su próximo proyecto, pues ya había conseguido entender mejor al personaje.

Para la producción del film se pusieron en contacto con United Artists y con Irwin Winkler, quien ya había producido el éxito pugilístico “Rocky”, así pues le vendieron la historia como “otra de boxeo”. Los directivos del estudio no metieron mucho las narices salvo en algún punto del guión, el cual consideraban demasiado violento y malhablado, pues estaban más preocupados con la millonada que le habían soltado a Cimino para realizar “La Puerta del Cielo”.
Scorsese asistió a varios combates de boxeo para entender el deporte (a Marty no le gustan los deportes) y tuvo como asesor al mismísimo LaMotta. Por su parte De Niro decidió profundizar hasta las entrañas del personaje como buen actor de método y detener la producción en el último tercio durante tres meses para engordar 20 kilos que requería la etapa final de LaMotta.El resultado final fue historia. A pesar de no ser muy bien recibida en su estreno, “Toro Salvaje” es una experiencia visual poderosa e inolvidable. Desde sus maravillosos títulos de crédito a ritmo de “Cavallería rusticana” en donde vemos a cámara lenta como un boxeador (Jake LaMotta) baila por un ring vacío, dando golpes al aire, preparándose para un combate, iluminado por destellos de flashes que aparecen al fondo hasta concluir y dar paso a un Jake LaMotta decadente que ensaya monólogos de Shakespeare para actuar frente a un público de bar nocturno, concluyendo dicha presentación del personaje con una frase final memorable: Esto es espectáculo. Desde ahí, 1965, el film es un gran flashback que comienza en 1942, cuando un joven Jake LaMotta en estado de gracia combate por hacerse un hueco en el mundo del boxeo.
Este comienzo ya nos resume en gran parte la historia que vamos a contemplar, y la frase “Esto es espectáculo” forma parte del significado. Por un lado vemos a un gordo y descuidado LaMotta prepararse para una función nocturna frente a un público alcohólico en donde espera dar un espectáculo, por otro lado vemos al joven LaMotta disputar un combate en donde nos ofrece un verdadero espectáculo. Ha pasado de ser un joven con talento en el cuadrilátero a un viejo que cuenta chistes en garitos nocturnos.
¿Cómo ha llegado a convertirse en eso?
A medida que avanza la historia seremos testigos de la relación de Jake con su hermano Joey, quien es su manager y le presentará a quien será su esposa y gran amor (junto con el boxeo), Vickie. También veremos la mafia que controla el barrio del Bronx y cómo Jake no quiere saber nada de ellos.

“Toro Salvaje” es un discurso sobre la hombría, la masculinidad. LaMotta es un hombre católico, a quien no le gusta que le digan qué ha de hacer (aunque consienta perder un combate para complacer a jefes de la mafia y estar más cerca del título), que le gusta la buena comida, y que no aguanta que miren a su mujer ni que ella mire a otro hombre. En la relación con su esposa Vickie se acusaría a LaMotta de maltrato y machismo, pero Vickie lo ama tanto como él a pesar de las palizas, volviendo siempre a su lado. Scorsese muestra muy bien dicha relación en dos secuencias soberbias. La primera cuando un LaMotta previo a un combate le pide a su amada que le excite a pesar de no tener que practicar el sexo cómo bien manda el reglamento del buen deportista, y en donde le dice la mítica frase, una de mis favoritas de la Historia del cine, “Bésame las heridas”, a lo que ella accede. Dicha secuencia está construida de manera magistral comenzando con un plano en donde vemos los pies de Jake y a ella saliendo del baño para acercarse a él y besarle, concluyendo con él metiéndose en el baño y cerrando la puerta que ha quedado abierta cuando ella ha salido y ahora con los pies de ella dentro de cuadro. Simplemente soberbio. La segunda secuencia es la escena entre ambos cuando Jake la acusa de acostarse con su hermano Joey y entra en el cuarto de baño rompiendo la puerta y le repite la pregunta, que ella responde afirmando debido a la insistencia de su marido. Dicha afirmación llevará a Jake a ir a casa de su hermano y pegarle una fuerte paliza que será la causante de que ambos hermanos pierdan el contacto, pero a su llegada a casa y descubrir que Vickie está haciendo la maleta Jake le suplicará que no se marche y que se quede, a lo que ella accede sin oponer resistencia.

La violencia que demuestra Jake en su vida privada no es inferior a la fuerza bruta que muestra en el ring frente a un oponente. Los combates de boxeo son verdaderas joyas cinematográficas, rodados de diferentes maneras, ninguno posee un plano ni textura igual. Destacar el momento previo a la hora de luchar por el título de campeón en que un largo travelling nos guía junto a Lamotta desde el vestuario, pasando entre el público, hasta el ring, un travelling que años después Scorsese retomaría y perfeccionaría en “Goodfellas”. De todos los combates el más memorable y que ha pasado a la historia es el combate final frente a Sugar Ray Robinson, su oponente directo pues lucha con él cinco veces desde el 42. El combate se desarrolla entre niebla, como si estuviéramos en un sitio muy calido, en el mismísimo infierno. Cada golpe retumba como si fuera una bomba, los dos luchan como verdaderos animales, hasta que Jake se quede entre las cuerdas a la espera de la brutal paliza que le propagará Robinson. La sensacional fotografía en Blanco y Negro de Michael Chapman brilla en esta secuencia, consiguiendo que la sangre blanquinegra nos parezca tan roja como en la vida real. El vibrante y monstruoso montaje de Thelma Schoonmaker nos transmite la sensación de angustia, dolor y perdida que está experimentando el personaje. Todo ello bien encauzado por la mano maestra de un Scorsese en plena forma creativa.

El tramo final del film nos muestra el declive de LaMotta en que se convierte en propietario de nightclub, su mujer se marcha con sus hijo dejándolo solo, y es detenido por permitir la entrada de menores en su local, enjaulándolo en una celda en donde seremos testigos a uno de los momentos más duros del protagonista, cuando entre oscuridad golpee a la pared con sus puños desnudos y su cabeza gritando “¿Por qué?” ¿Por qué ha acabado solo? ¿Por qué no consiguió volver a hablar con su hermano? ¿Por qué todo lo que había conseguido parece haber quedado olvidado? ¿Por qué Dios le castiga de es forma? Al final, entre lágrimas, el excampeón concluirá “No soy un animal”, aunque ni él mismo consiga creerlo.
Al final veremos como Jake, en el mismo estado que lo vimos al comienzo de la película, se encuentra frente al espejo recitando un monologo de “La Ley del Silencio”, en el cual Brando recordaba a su hermano que por culpa suya dejó de boxear. Al concluir Jake se levanta y, como si fuera a disputar un combate, comienza a moverse como antaño pero sin la misma velocidad ni el mismo estilo. Simplemente porque ya no es el hombre que era.

Scorsese decidió rodar el film en Blanco y Negro tras ver varias pruebas en color y no quedar demasiado satisfecho, lo que sí queda en color son las grabaciones caseras que nos muestran la vida familiar de los LaMotta, otorgando al film el aire documental necesario para conseguir que la historia nos llegue mucho más.
De Niro consiguió una interpretación grandiosa, de las mejores de su carreras (y mira que tiene), dejando a todo el mundo boquiabierto al verle con 20 kilos de más. Además de por su arriesgado trabajo físico (que le dejó una lesión) De Niro se desenvuelve de manera realmente sutil y contenida para un papel con tanta energía física, ejemplo de ello es cuando somete a un interrogatorio a su hermano sobre su mujer. Entre los secundarios no encontramos con el que sería su compañero criminal en posteriores trabajos de Scorsese (además de buen amigo en la vida real) Joe Pesci como su hermano Joey, en donde ya mostraba sus malos humos que le harían famoso en “Goodfellas” y “Casino”, si no vean la secuencia en el club en donde le endiña una paliza a uno que tiene tratos con la mujer de su hermano, precisamente interpretado por otro de la “Familia”, Frank Vincent. Para el papel de Vickie se eligió a la actriz Cathy Moriarty, novata en el mundo del cine, que consiguió una sensacional interpretación como la mujer de LaMotta. Entre todos los actores existe cierta complicidad, de hecho varias secuencias salieron de la improvisación entre ellos y no es extraño que años después hayan vuelto a trabajar juntos.

El film fue candidato a varios Premios de la Academia, entre ellos Película, Director, Actor Secundario, Actriz Secundaria, Sonido y Fotografía, consiguiendo el de Mejor Actor para Robert De Niro y el de Montaje para Schoonmaker. De nuevo Scorsese se quedó a las puertas del Oscar que merecía (y que parece ser le darán este año). Me hace gracia pensar que la película frente a la que perdió es “Gente Corriente” de Robert Redford, un film del que poca gente se acuerda, mientras que casi todo el mundo sabe, aunque no la haya visto, cual es “Toro Salvaje”. Y es que no es extraño, ni excesivo, el que la película de Scorsese sea considerada por mucha gente como “el Mejor Film Americano de los 80”, una década que iría en declive pero que comenzó con muy buen pie.

“Toro Salvaje” es un biopic, si, pero no un biopic convencional. Es un drama, una tragedia griega, una película de amor y celos, un film de boxeo, la historia de un hombre que tuvo todo y acabó sin tenerse más que a sí mismo. Una Obra de Arte.