snow_white_and_the_seven_dwarfs.jpgCuando en 1934 Walt Disney le mencionó a su hermano la idea de hacer un largometraje de animación, este se puso las manos en la cabeza. Y no solo él, sino los ejecutivos. ¿Hacer film de animación de larga duración en plena Depresión? Cierto es que Disney había triunfado con sus cortometrajes y había innovado creando sus “Sinfonías Animadas” en donde se fusionaban de manera magistral animación con música, pero el crear un largometraje era distinto, nunca antes se había hecho y no se sabía si iba a ser rentable. Disney se arriesgó con el que sería el primero de muchos largometrajes animados: “Blancanieves y los siete enanitos”.

Tomando como base el cuento de los hermanos Grimm, Disney quiso mezclar dibujos de personajes realistas con otros más imaginativos dentro de un paisaje en donde la flora y la fauna los rodearan. Así pues Blancanieves tenía cierto parecido a la actriz Janet Gaynor, mientras que para el Principe Disney siempre tuvo en mente a Douglas Fairbanks, aunque el resultado final fuese mucho más suave. El personaje humano más conseguido es el de la Madrastra, con rasgos cercanos a los de Joan Crawford representaba perfectamente la maldad, acercándose al personaje shakesperiano de Lady Macbeth. Su transformación en bruja es celebradísima, y no es para menos, es la imagen de la bruja por antonomasia, con verruga, escasos dientes, ataviada de negro y unos ojos aterradores.
Los siete enanitos rompe con el realismo de los personajes citados. Cada uno de ellos esta diseñado en post de su nombre: Dormilón siempre bosteza, Sabio lleva gafas de intelectual, Feliz y su habitual simpatía, Mocoso y su catarro incurable, Tímido y su vergüenza, Gruñon con su mal humor y Mudito. Tal vez sean estos dos últimos los más celebrados. Mudito es el cómico del grupo, el que tiene los mejores gags junto con Gruñon, cercano a Harpo Marx. El grupo completo inaugurará esa fantástica galería de grandes personajes secundarios Disney que son los que hacen de estos films una delicia.

Al igual que en sus “Sinfonías Animadas”, Disney creó una brillante composición para la película consiguiendo canciones pegadizas que trasladaran a su cuento un aire Broadway que prevalecería durante sus posteriores trabajos. De todo el repertorio musical la canción representativo de este film siempre ha sido el famoso “Hi-Oh” que cantan los enanitos a su salida de la mina.
El color de la película es asombroso viendo la época de la que trata. Resulta impresionante el cambio que hay entre el castillo de la Madrastra, lúgubre y oscuro frente la casita de los enanitos, llena de vida y luz.
A pesar de suavizar el cuento de los Hermanos Grimm no podemos decir que el film adolezca de elementos terroríficos. Toda la parte de la Bruja resulta siniestra y está mostrada en pantalla de forma magistral, desde el momento de la transformación hasta la presentación a la joven Blancanieves. Esta última secuencia es brillante. Blancanieves está limpiando en casa rodeada de sus amigos los animales cuando de repente una sombra la envuelve a través de una ventana. A través de un plano subjetivo vemos en plano medio apoyada en la ventana a la Bruja con su diabólica sonrisa a punto de ofrecerla a la joven un presente tan maligno como ella misma, solo que mucho más sugerente: una manzana roja.
El climax final es para quitarse el sombrero también. Tras ser avisados por los animales del bosque los enanitos van en busca de la Bruja para detenerla protagonizando una secuencia emocionante con un final trágico para la vieja.
Como era de esperar el final de la película sería el que predominará en casi todos los films Disney: el Príncipe Azul y Blancanieves viven felices tras ella haber despertado gracias a un beso. El plano final representa a ellos dos frente a aun cielo cuyas nubes forman un hermoso castillo. Un castillo que simbolizaría los films Disney.

La película fue un éxito de taquilla enorme, dándole a Disney la razón frente a los que no creían en él y consiguiendo el que sería su primer clásico animado, además de Una Obra maestra no solo del cine de animación sino del Séptimo Arte en general. La Academia de Hollywood le premiaría ese año con un Oscar especail acompañado por siete pequeñas replicas de la famosa estatuilla.

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Valoración: Obra Maestra