beauty_and_the_beast_poster-1.jpgLos años 90 son considerados la Edad Dorada de las películas Disney. En 1989 la casa del ratón Mickey renacía tras varios años realizando films de animación fallidos con el largometraje “la Sirenita” basado en el cuento de Andersen. Tras el éxito obtenido la compañía decide comenzar varios proyectos más ambiciosos destinados a todos los públicos y donde se recuperaría la esencia de los musicales de Broadway y de los grandes musicales de los años 40 y 50. El siguiente animado film de la compañía renovaría la animación deslumbrando al mundo entero. Se trataba de “La Bella y la Bestia”.

La historia comienza con un gran plano general de un bosque donde vemos al fondo un castillo en lo alto de una colina. Poco a poco nos vamos acercando al castillo a medida que entra una voz en off con el famoso “Erase una vez…”. Esta primera imagen nos rememora el primer gran clásico que es “Blancanieves”, pero lo que viene a continuación es una muestra de genialidad por parte de los directores Gary Trousdale y Kirk Wise, ya que lo narrado por la voz en off será mostrado por medio de las vidrieras del castillo. La animación vuelve a hacerse patente cuando las garras de la Bestia destrozan su retrato humano y se sume en su amargura junto a los rosa mágica que se marchita y al espejo. Su maldición solo se romperá si aprende a amar a una mujer y es correspondido.
Un prólogo magistral que da paso a la historia de Bella, una linda muchacha que vive en una aldea francesa y que se diferencia del resto de los habitantes en su afán por leer libros. El padre de Bella, Maurice, es un inventor que quiere participar en la feria. De camino a ella se pierde por el camino y llega al castillo de la Bestia en donde será encarcelado. Bella, al ver aparecer al caballo de su padre, decide ir en su busca y descubre la cruel situación en que se encuentra su anciano padre. Para liberarlo decide hacer un pacto con la Bestia: ella se cambiará por su padre, a lo cual el monstruo accede. En su clausura dentro del castillo Bella hará amistad con los sirvientes y se establecerá entre ella y Bestia una amistad especial cuando este le salve la vida.

La Bella y la Bestia nos habla la belleza interior, esa belleza que es la esencia del ser humano. No importa lo horrible que una persona sea por fuera si por dentro tiene buen corazón, lo que hay que hacer es ver más allá descubriendo esas virtudes. Un cuento tradicional francés que los animadores y dibujantes convirtieron en una película romántica inolvidable creando una gran galería de personajes.
Los personajes secundarios en esta ocasión son los sirvientes de la casa, convertidos en muebles y enseres por la maldición, y están diseñados con todo lujo de detalle compenetrando perfectamente rasgos humanos en objetos. Lumiere es un candelabro, Ding-Dong es un reloj y la Sra. Potts es una tetera. Si vemos la secuencia final con ellos como humanos y su forma decorativa nos daremos cuenta del gran logro de los animadores a la hora de crearlos y darle coherencia. Otros personajes a destacar son Gastón, el fanfarrón cazador que pretende a Bella y que recuerda a Rock Hudson, cuya maldad es afín a su supuesta belleza. El payaso de la función es su fiel Lefou, un pequeño hombrecito que se cree mucho por ser amigo del campeón.
Bella está diseñada con rasgos que nos rememoran a las actrices clásicas, con grandes ojos, castaña y una figura muy esbelta. Ciertamente su imagen hace honor a su nombre, como en todos los personajes, cuyo nombre tiene que ver con su personalidad. Bestia por su parte representa un reto mayor al mezclar en su creación diversas partes de animales que juntas deben cohesionarse perfectamente consiguiendo un personaje de entidad propia. Así pues la melena será de un león, la cabeza de un búfalo, los colmillos y hocico de un jabalí, las patas y cola de un lobo, y el cuerpo de un oso. Su resultado es para quitarse el sombrero.

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Como he dicho, la película quiere rememorar los grandes musicales y para ellos hace falta grandes números orquestados coreografiados. Para empezar la secuencia que nos presenta a Bella y nos la describe es un gran número musical en donde forma parte todo el pueblo, narrada con un virtuosismo tan magnánimo que no perdemos detalle de cada personaje y cosa que ocurre. Hay un homenaje a “Sonrisas y Lagrimas” en el momento en que Bella canta a solas y sube por una colina. El número lleno de color y vida que es “Qué Festín” con Lumiere como maestro de ceremonias es un placer para la vista, así como hace honor al nombre de la canción, y una muestra de la fuerza y el montaje que posee la película. El tema más conocido es el que da título a la película, cantado por la Sra. Potts y protagonizado por los dos protagonistas que bailan un inolvidable vals en donde se mezclaba animación tradicional con ordenador en el gran salón.
Pero no solo de momentos musicales se compone el film, sino también de grandes secuencias dramáticas y emocionantes como el rescate de Bella por parte de Bestia y su lucha con los lobos; el enfrentamiento final entre Bestia y Gastón en lo alto de la torre del castillo; una de mis secuencias favoritas que es cuando Bella accede a quedarse por su padre, con esa luz cenital que ilumina a ambos personajes situados frente a frente; y por último esa gran secuencia final en que la Bestia se convierte en el torturado príncipe y sucede el beso que transforma el castillo maldito en un castillo resplandeciente y a sus habitantes-objeto en personas. Hay también momentos para la comedia aportados sobre todo por los carismáticos secundarios, y también por la Bestia y su torpeza a la hora de pretender a Bella.
El diseño de los decorados merece también mención (cuanto me repito, eh) pues hay un gran contraste entre el feliz pueblo francés de bella, diseñado hasta el más mínimo detalle, con respecto al castillo gótico con interior barroco que nos recuerda a los castillos de las películas de terror.

La película fue un rotundo éxito de crítica y público. Fue presentada un mes antes de su estreno en el prestigioso Festival de Cine de Nueva York dejando maravillados a los críticos más reacios .Consiguió dos Oscars que se convertían en clásicos para Disney y para Alan Menken , pues ya los había ganado por “La Sirenita”,como son el de Mejor Banda Sonora y Mejor Canción. Pero la sorpresa fue que “La bella y la Bestia” se convertiría en el primer y único film de animación nominado para “Mejor Película” del año.

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Valoración: Obra Maestra.