Los Crímenes de Oxford, de Álex de la Iglesia

oxford_murders.jpgTengo a Álex de la Iglesia a la cabeza de cineastas patrios y no suelo perderme ninguna de sus películas. Con “Los Crímenes de Oxford” he sufrido la mayor decepción dentro de la filmografía del director vasco. La razón no es otra que las altas expectativas con las que me dispuse a verla, las cuales se vinieron abajo a mitad de metraje. La película no es que no me gustara, sino que es la película con menos personalidad de su director, quien intenta realizar, a veces con éxito y otras quedándose a medio camino, un ejercicio de estilo cercano a Hitchcock o Mankiewicz.

Un joven estudiante americano se traslada a Oxford para realizar su tesis sobre la cual quiere tener como evaluador el prestigioso profesor Shelton, apartado ya de la educación. Tras las negativas del matemático el joven se dispone a irse de nuevo a su hogar, pero un acontecimiento lo detiene: el asesinato de su casera, lo que llevará a unirle en una búsqueda de ingenio al profesor en busca del asesino.

El film está basado en la novela de Guillermo Martínez, y podríamos decir que es ahí donde debemos buscar tanto el origen como los fallos que tiene la película. Como vemos, estamos ante una película de misterio y crímenes cercana a las novelas de Agatha Christie, pero lo que podría haber sido un interesante thriller de suspense queda simplemente como una película de enigmas más por culpa sobre todo del guión primordialmente lleno de diálogos matemáticos que parecen no tener fin. Hay mucha conversación en la trama, demasiada, la cual parece impedir lucirse más al director, quien debe limitarse en la gran mayoría de tramos a rodar planos-contraplanos. Además de unos diálogos descuidados tenemos una muy poca definición de los dos personajes femeninos, los cuales quedan muy desdibujados y es imposible creer las motivaciones que las llevan a realizar sus actos.
Me resulta extraño comprobar que una trama que avanza mediante ecuaciones matemáticas deje al margen factores y términos tan importantes e interesantes dentro de la trama como son la parálisis cerebral que afecta a varios personajes secundarios sin ahondar más en el tema salvo de forma anecdótica. Algo similar pasa con las relaciones amorosas de los personajes, están ahí pero de manera forzada.

Por suerte tenemos al bueno de Álex tras la cámara, quien a pesar de limitarse en muchos tramos a una panificación sencilla pero efectiva, consiguiendo que el metraje pase en un suspiro, es capaz de regalarnos momentos tan buenos como el plano-secuencia, trucado, en que nos muestra a todos y cada uno de los posibles sospechosos paseando por la calle para acabar en la habitación donde se ha cometido el crimen. Posiblemente el momento más álgido del film. Remarcar también el final del film, o más bien su último cuarto en que utiliza un recurso tan clásico y habitual en este tipo de genero (y que me recordó a “El Silencio de los Corderos”) como es utilizar el montaje en paralelo a tres bandas para confundir al espectador haciéndole creer una cosa y descubrir que estábamos equivocados. Por supuesto, me refiero a la secuencia del autobús. La secuencia final me pareció acertada, aunque forzada debido al guión, por como está planteada, entre falsedades que se muestran al hombre como lo que son, sin ocultar su naturaleza. Y es que la falsedad resulta ser la mayor de las verdades. Un digno final que De La Iglesia cierra con un inteligente primer plano.
Puede que resulten innecesarios dentro de la trama, pero en general me gustaron casi todos los flashbacks que contiene la película, en especial el que narra la vida del matemático condenado a la cama, y que es uno de los personajes más pintorescos de la trama a pesar de salir poco, y el del asesinato cometido en Inglaterra a principios de siglo. Tanto el flashbak de la guerra, que abre el film, como el que nos rememora hechos acontecidos en el film para explicar el desenlace me parecen innecesarios, pero visualmente atractivos.

Ya que es una producción internacional, aunque primordialmente española, el reparto está lleno de rostros conocidos por el gran público. Destaca John Hurt como Shelton, el prestigioso profesor de matemáticas al que el actor presta su buen saber interpretativo y dialéctico. Elijah Wood está muy justito como Martin, el estudiante americano. Leonor Watling y Julie Cox poseen los personajes femeninos, y por tanto los menos agradecidos dentro de la construcción y desarrollo de ambos, Y es que ¿alguien puede creerse que una mujer tan portentosa y espectacular como Lorna se enamore simplemente por la espalda de alguien como Wood? Por no citar sus forzadas secuencias con el protagonista. Aunque eso si, a la Watling siempre es un placer verla en pantalla, todo hay que decirlo. Burn Gorman da vida a otro pintoresco personaje, un estudiante de la Universidad dolido por la ignorancia que ha sufrido por parte de los profesores, y en ciertos momentos parece estar desquiciado. Dominique Pinon participa como un hombre que sufre le enfermedad de su hija.

Una película de misterio bien llevada por el director, pero con mucho agujeros de guión, posiblemente debido al original literario en que se basa.

Lo Mejor: La dirección de Álex de la Iglesia.

Lo Peor: Un guión forzado y excesivamente plagado de diálogos explicativos.

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