La Soledad, de Jaime Rosales

la-soledad_b.jpgDe entre las cuatro nominadas de este año a los Goya, resaltaba una por el contrario de lo que suele suceder, y es que era para la gran mayoría desconocida. Se había estrenado en un limitado numero de salas ( y no en todas las ciudades) sin hacer mucho ruido, salvo su participación en el Festival de Cannes en la sección “Una cierta mirada”. La noche de la Gala de los Goya pocos podíamos presagiar el triunfo de tan minimalista película que conseguiría los premios a Mejor Películas, Dirección y Actor Revelación.

La historia nos narra la vida de dos mujeres. Adela se traslada con su hijo de 13 meses a Madrid para emprender una nueva vida, dejando a su padre en León. Antonia por su parte mantiene una excelente relación con sus tres hijas, a las cuales intenta comprender y hacer que se lleven bien. Cada una de ellas sufrirá diferentes tragedias que las marcarán, ya sea de forma directa o indirecta como son el cáncer, el separarse de la familia, el terrorismo, la incomunicación y la soledad.

Hay que aplaudir a la Academia por haber premiado una película tan arriesgada y minimalista como la de Rosales. Yo no diría que estamos ante un film de autor (pues considero a todos los directores autores para bien o para mal), sino más bien ante un film de arte y ensayo que tiene en su puesta en escena una de sus mejores bazas. Y es que Rosales narra las historias de Antonia y Adela de manera estática, con planos largos, deteniéndose en los personajes y sus acciones indefinidamente, alcanzando un cine intimista cercano al contemplativo sin caer en sentimentalismos. Este uso de planos tan largos en que el silencio y las emociones contenidas rodean a los personajes convierten al espectador en un espía, un mirón de la vida intima y privada de estos personajes.
Esto resulta aún más atractivo mediante la polyvisión que divide la pantalla en dos mostrándonos dos puntos de vista distintos de un mismo espacio y tiempo. ¿Qué consigue Rosales mediante esto? Reconozco que la idea de partir la pantalla en dos me parece interesante visualmente, ahora bien le encuentro dos pegas. La primera. ¿Sirve de algo? Porque lo que nos esta narrando desde dos puntos de vista bien podría narrárnoslo desde una sola perspectiva y guardarse dicho recurso en las conversaciones para así no caer en el típico plano-contraplano. La segunda. Hay un refrán que dice que lo poco gusta y lo mucho cansa. Pues bien, resulta algo monótono el excesivo uso del recurso polyvision para narrar la vida de las protagonistas, y más aún cuando lo hace en casi todo el metraje, que tampoco juega mucho a su favor con 130 minutos de duración.
Aún cuando no divide la pantalla en dos Rosales mantiene el equilibrio en la planificación ya sea mediante las líneas rectas de una pared o las de un botón para detener el autobús. Y si no es así, sigue manteniendo una planificación equilibrada poniendo a sus actores en medio del encuadre.

El guión esta repleto de silencios mediante los que los personajes se guardan todo lo que sienten por dentro, para lo cual se necesitan buenos actrices y actores que sepan transmitir esos sentimientos introvertidos. No hay duda de que si por algo se sostiene esta película, más allá de lo plenamente formal, es por su elenco interpretativo, y en especial, por las actrices. Con Sonia Almarcha y Petra Martínez a la cabeza componiendo los personajes principales de Adela y Antonia. Almarcha compone un personaje muy afable y cercano en la primera mitad de la película para luego sufrir un cambio que la envolverá en el más terrible dolor por culpa de un hecho inesperado (tanto que el espectador se queda de piedra). Martínez por su parte da vida a una señora mayor cercana a sus hijas, en especial de Nieves (Nuria Mencía), que padece cáncer y está sometiéndose a tratamiento para que este remita. Sus otras dos hijas, Elena (María Bazán) e Inés (Miriam Correa) tienen continuas peleas debido a las decisiones que toma su madre para el bienestar de ellas. Destacar a la altura de las dos protagonistas el trabajo de Miriam Correa como Inés, hija de Antonia y compañera de piso de Adela, sirviendo así como nexo de unión entre ambas. El conjunto consigue transmitir realidad a lo que sucede, a lo que ayuda el no ser muy conocidos ninguno de ellos. No dudaría en admitir que varias de las secuencias fueron improvisadas por los actores debido a lo cercanas y verdaderas que resultan, tanto que parece que estemos viendo un documental. Esta sensación se incrementa aún más al poseer todo el metraje una carencia absoluta de música.

En definitiva es una película arriesgada, destinada a una gran minoría, que habla del dolor y la soledad de manera intimista, aunque contemplativa en su puesta en escena.

Lo Mejor: Los actores. No cae en sentimentalismos.

Lo Peor: Es demasiado larga. Ha tenido que ser premiada para ser conocida.

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