El Diablo sobre Ruedas (Duel), de Steven Spielberg

Cuando había ya realizado varios episodios para televisión y era la persona más joven que había firmado un contrato con la Universal, a Steven Spielberg se le presentó la oportunidad de realizar un telefilm para el serial titulado “la película de la semana” de Universal , que se retransmitía cada fin de semana. El proyecto en cuestión era la adaptación a la pequeña pantalla de un relato de Richard Matheson que había salido publicado en Playboy. El propio Matheson escribió el guión del film que supondría la prueba de fuego para un joven Spielberg.
La historia relataba el enfrentamiento entre un hombre en su coche frente a un enorme camión que no deja de perseguirle.

El protagonista, David Mann, es un hombre normal y corriente que sale de casa una mañana como otra cualquiera para reunirse con un amigo para un asunto de negocios. Su travesía parece de lo más normal hasta que se topa con un camión grasiento que le impide el paso. Hasta ahí todo bien. El problema surge cuando el camión empieza a retar a nuestro protagonista en un juego de adelantos para pasar a embestidas y acoso sin cuartel hasta que solo uno quede con vida.
Es un relato de supervivencia. Como bien dice David en uno de sus pensamientos, te levantas una mañana, todo transcurre de forma tranquila hasta que alguien se te cruza en tu camino y pone en peligro tu existencia durante 20 o 25 minutos.
Spielberg ha declarado alguna que otra vez, aunque luego lo haya negado, que “Duel” era como un western, y en cierta medida tiene pequeños ingredientes del género. El propio título hace referencia. El pique de haber quien corre más entre ambos vehículos al principio. El enfrentamiento final, cara a cara. Para rematar esta teoría nada mejor que ver el plano en que el director hace un zoom dejando nuestro coche protagonista entre las ruedas del camión como si estas fueran las piernas de un pistolero que está dispuesto a desenfundar.

Sin embargo “Duel” es en realidad un ejercicio de suspense muy notorio. Spielberg juega con la tensión cada vez que hace su aparición el terrible camión, sobre todo a partir de que la mano humana del infernal vehículo le haga señas al protagonista para que le adelante y este se vea sorprendido por otro coche viniendo hacía él.
Una de las bazas que tiene el film es el conseguir que el espectador se convierta en todo momento en David Mann, y no solo por su retrato de hombre de clase media. Ya la primera secuencia en plano subjetivo del coche nos da indicios de esto, pero donde más claro se hace es en la escena del bar, cuando nuestro protagonista pasará del alivio tras lavarse la cara al más profundo miedo al ver tras la ventana del local a su infatigable perseguidor. El espectador observará como si fuera David a todo hombre del local sospechando de cada uno a través de la única pista que tenemos, como son sus botas. Y es que al conductor del camión nunca se le ve, todo un acierto, pues dota de más misterio e incomodidad a la situación.

Steven Spileberg supo desenvolverse muy bien para tener diez días, que pasaron a doce, de rodaje. El director quiso rodar en exteriores, cosa que consiguió una vez demostró que podía ocuparse del proyecto sin problema, y suerte que fue así pues la película no sería la que es si hubiera sido rodada en estudio. Como buen admirador de Hitchcock el director sabía que al público había que sugerirle cosas para incomodarle, de ahí la secuencia en el bar donde todo el mundo es sospechoso. Al director inglés se le homenajea incluso en el momento en que el camión da marcha atrás y unos acordes rememoran la música de “Psicosis”.
Mirándola como película hay que reconocer que tiene fallos, pero viéndola como lo que es, un telefilm, hay que alabar a sus creadores. El conseguir que tengamos la misma incomodidad que David ya es un logro, que rematado con la narración del director llega a ser notorio. Spileberg, ayudado por el director de fotografía Jack A. Marta, da muestras aquí de sus conocimientos cinematográficos mediante primeros planos agobiantes en que define el estado de ánimo del protagonista, especialmente al final. El travelling en que David entra en el bar, siguiéndolo en el momento en que se lava, hasta que sale y observa por la ventana al terrible camión es asombroso, pues define el cambio de ánimo que adquiere el protagonista tras haber sido atacado bruscamente y comprobar que lo persiguen.
Uno de los rasgos que más me gustan es la presentación del antagonista en pantalla. Visualmente casi siempre es mediante contrapicados que lo alzan como el rey de la carretera. Pero visualmente es un elemento que transmite miedo. Su aspecto gastado y oxidado rematado con esas matriculas que simbolizan trofeos de coches destruidos y el aceite derramándose como si fuera su sangre hirviendo y su sonido atronador lo convierten en el primer monstruo de Spielberg.

Como he citado anteriormente, si estuviéramos hablando de una película seria correcta sin más, y como telefilm incluso siendo notable, tiene ciertos rasgos que no me acaban de gustar. En primer lugar la conversación que tiene David con su esposa y que nos describe que ambos mantuvieron una discusión la noche anterior no aporta nada a la trama, y le resta a David esa neutralidad que bien podría identificarle con cualquier ciudadano. Otra de las cosas que no me acaban de gustar es el uso de la voz en off en repetidas ocasiones, como si tuvieran miedo a dejar que la imagen y la interpretación de Dennis Weaver hablarán por sí misma y que el espectador sacara sus conclusiones de lo que piensa el protagonista en dicho momento.
Se nota también cierta utilización de planos iguales en repetidas ocasiones, especialmente al principio cuando el protagonista conduce tranquilamente, como si estas fueran introducidas para que alcanzase la duración exigida.

En “Duel” encontramos muchos de los rasgos que posteriormente encontraremos en la filmografía de Spielberg.
En primer lugar tenemos un enfrentamiento entre un pequeño vehículo que conduce nuestro protagonista frente a un gigantesco camión en un enorme desierto de asfalto. Dicho enfrentamiento será similar el que posteriormente narre el director en la magistral “Tiburón”, siendo tan peligrosa la carretera como el mar (esa advertencia que David le hace a los niños para que no se acerquen al asfalto cuando vislumbra al camión es parecida a las del jefe Brody) jugando en todo momento con el suspense y marcándose un tour de force final donde la tensión será protagonista y donde el destino del villano es rematado de forma casi idéntica.
En segundo lugar tenemos un rasgo que será primordial en la oficial primera película del directo, “Loca Evasión”, como es la road-movie. Salvo la breve secuencia en el bar y la llamada telefónica todo el metraje de “Duel” transcurre en carretera, al igual que la mayoría del metraje de la cinta protagonizada por Goldie Hawn.
En tercer lugar, aparecen varios actores que repetirían con el director, y más concretamente la gasolinera donde David para y es embestido es la misma en la que John Belushi aparca su avioneta y es atendido por la misma propietaria en “1941”.
En cuarto lugar vemos la aparición brevemente de esos reptiles que tan poca gracia le hacen a uno de los personajes más celebres de la filmografía de Spielberg.

El film supuso un reconocimiento a Spielberg, que le abriría las puertas al mundo del largometraje empezando con “Loca Evasión”, claro que esa no sería la película por la que la gente empezaría a fijarse en él.

Lo Mejor: Su uso del lenguaje cinematográfico.

Lo Peor: Hay que verla como un telefilm.

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2 pensamientos en “El Diablo sobre Ruedas (Duel), de Steven Spielberg

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