Encuentros en la 3ª Fase (Close Encounters of the Third Kind), de Steven Spielberg

En el desierto de New Mexico aparecen misteriosamente varios aviones pertenecientes a la Segunda Guerra Mundial en perfecto estado y funcionamiento. A partir de este momento sucederán varios acontecimientos por todo el globo que parecen indicar la existencia de presencia extraterrestre en nuestro planeta.

“Encuentro en la tercera fase” es la primera película realmente importante de entre las realizadas por Spielberg. El director la escribió tras quedar del todo insatisfecho con el guión de Paul Schrader, convirtiéndose así en su primer guión propio. Con esta película comenzaba a hablar de un tema que le seguirá el resto de su vida, para bien y para mal, y que le proporcionaría éxitos, como es la vida extraterrestre. En ella Spielberg parece que, al principio, va a relatarnos otro cuento de terror, pero acaba por regalarnos una maravillosa película de ciencia-ficción que contiene ese elemento tan característico en el resto de su filmografía: magia.

Científicamente se entiende por un encuentro en primera fase con vida extraterrestre el que es solo mediante contacto visual, segunda fase cuando dejan alguna huella a su paso y tercera fase cuando hay contacto directo.
Brillantemente, la película sigue estas tres fases, aunque no de manera ordenada respecto a las dos primeras. Lo primero que vemos es la reaparición de aviones desaparecidos en 1945 que vuelven a aparecer en perfectas condiciones en pleno desierto de Nuevo Mexico. Esto, junto con la aparición del enorme barco en pleno desierto del Gobi pertenece a la segunda fase, han dejado huellas. El vislumbrar las naves ya sea en la lejanía o de cerca, como hacen los vecinos y habitantes cada noche, pertenece a la primera fase. Por último tenemos, en el apoteósico final, el contacto directo con los visitantes, los cuales no sabemos con qué intenciones vienen exactamente, lo que enriquece mucho más la experiencia cinematográfica.

Y es que Spielberg no abandona su vena hitchcockiana en esta película, sino todo lo contrario. Durante la primera hora y cuarto la película tendrá un cumulo de suspense y tensión tan grandes como el anterior film del director. La incertidumbre de no saber muy bien que está sucediendo en la tierra y el por qué de las apariciones de grandes embarcaciones y aviones mantienen en tensión al espectador, creciendo a medida que se suceden los avistamientos y leves tomas de contacto. La secuencia que tiene lugar en la parada del cruce con la vía del tren en que se detiene nuestro protagonista, Roy, es antológica. Repitiendo una situación acontecida minutos antes, Spileberg nos muestra tras el ventanal trasero del coche como unas luces que se asemejan a las de un coche se acercan a Roy. Este le indica, como previamente a otro conductor, que le adelante. Y lo hace, pero por encima, pues vemos como las luces van ascendiendo y desapareciendo tras el vehículo. Una vez detenido frente a las vías Roy tendrá un primer contacto con los seres. La eliminación de todo sonido y elemento eléctrico, dejando la escena en la mayor oscuridad, rota mediante la cegadora luz cenital que aparece de repente crea una secuencia escalofriante. El uso del sonido, como del montaje, en dicha secuencia es magnífico, así como sorprendente el momento en que Roy es elevado un poco junto con sus papeles e instrumentos hacia arriba.
Esa secuencia pertenecería al puro suspense, pero existe otra en que el director va más hacia allá jugando con la tensión más extrema alcanzando la angustia. Me refiero a la secuencia que acontece en la casa de Gilliam y su pequeño hijo Barry. La mujer sale tranquilamente de casa a tirar la basura hasta que algo la asusta. El cielo nublado oscuro no presenta nada bueno. Rápidamente entra en casa y cierra todas las puertas y ventanas. De nuevo el excelente uso del sonido, como de las luces rojas y blancas intensas, ayudados por las breves y tranquilas frases del niño que no teme abrirles la puerta a los visitantes consiguiendo una de las imágenes más celebres del film, transmiten una atmosfera incomoda y agobiante.

La misma atmosfera se mantiene a lo largo de los dos primeros tercios de película, en donde, como ya he citado, no sabemos muy bien con qué intención vienen los visitantes. Lo que sabemos es que todo aquel que haya tenido un leve contacto con ellos sufre un cambio, además de fuertes quemaduras. Así pues en New Mexico un hombre dirá que “el sol bajó y le cantó”, mientras en la India un extenso grupo de personas no deja de tararear una canción que dicen haber escuchado del cielo.
Aunque tenemos científicos y miembros del ejército, imprescindibles en este tipo de films, el verdadero protagonista de la película es Roy Neary, un hombre corriente cuya vida cambiará en el momento en que tenga contacto con un OVNI. Neary pasara de ser un padre de familia algo huraño a ser una persona introvertida y obsesionada con una figura que dibuja en todo aquello que tiene delante (terrorífica la escena con el puré). Cada momento que pasa parece estar más desequilibrado, pero en el fondo no quiere más que lo que todos, tener respuestas, saber qué y por qué le está pasando eso. Es la búsqueda de la verdad, Neary lucha por encontrar una razón a lo que le está pasando, en contra de lo que piense su familia y las personas que le rodean. Es un elegido, un llamado que debe saber encontrar el lugar donde encontrarse con los visitantes.

La pelicula no situa en un sitio concreto geográficamente un caso, sino que se mueve por distintos lugares del mundo mostrándonos las distintas huellas de los extraterrestres, convirtiendo la película en universal.
El último tercio del film otorga todas las respuestas que Roy y los espectadores hemos estado buscando. ¿Con qué intención han venido los extraterrestres? En una secuencia donde la luz y el sonido tienen vital importancia Spileberg mantiene la tensión hasta el final en que aparece la gigantesca nave nodriza, con la cual se comunicarán mediante las cinco notas musicales. La nodriza les responderá, pero mediante dos notas que recuerdan levemente a las que presentaban a “Tiburón”, con lo cual aún no podemos estar tranquilos. Será una vez abierta la compuerta y aparezcan los humanos abducidos 30 años atrás cuando la calma y el triunfo se hagan patentes.

He empezado diciendo que esta sea posiblemente la primera película realmente dentro de la filmografía de Steven Spielberg, y cinematográficamente hablando se resume en dos detalles.
El protagonista, Roy Neary es un padre de familia que presta poca atención a sus hijos y a su mujer. Tan solo está centrado en su maqueta de tren al principio y posteriormente en la búsqueda de la verdad sobre lo que le ocurre. A través del personaje, Spielberg hablará de algo que será muy frecuente en su cine, la ruptura familiar. Ya cuando Roy tiene el primer contacto se convierte en alguien más distante con respecto a su familia, pero es en esa secuencia desoladora en que está metido en la bañera y su hijo mayor lo llama cobarde cerrando y abriendo la puerta desesperadamente la que anuncia el fin de la unión familiar.
El final es diferente a cualquier otro que hubiera rodado antes el director por poseer magia pura y dura. Usando sabiamente la música a través de los vivos colores de las naves espaciales, Spileberg creará un in crescendo apoteósico con la aparición de la nave nodriza, sus vivos colores y sonidos, la reaparición de personas desaparecidas, las figuras de los extraterrestres a contra luz, culminando con esa emotiva despedida de Roy y su abrazo con los pequeños visitantes. Mágico, sencillamente mágico.

Existe otro rasgo más que nos describe el amor de Spielberg por dos películas, ambas usadas en la misma secuencia. Cuando nos es presentado el personaje de Roy, este les dice a sus hijos que iran a ver Pinocho mientras en la televisión están emitiendo “Los Diez Mandamientos”. Pues bien, en la secuencia final, Spielberg homenajeará a las dos películas. A la de De Mille mediante la montaña del Diablo, en donde tiene lugar la cita con los extraterrestres, la cual es muy similar al monte Sinaí donde Moisés recibe las tablas de la ley. Del clásico de Disney coge el tema principal para el momento en que Roy va a entrar en la Nave nodriza, consiguiendo más emoción y fantasía para el relato.

Steven Spielberg vuelve a demostrar su excelente planificación y narración. No solo ofrece tensión mediante las secuencias anteriormente citadas, sino que consigue momentos sobrecogedores como son la aparición del barco en el desierto o el alzamiento de dedos de los hindús. Esta vez el director está bien arropado por la magnífica fotografía de Vilmos Zsigmond que transmite inseguridad( el terrorífico cielo) y grandiosidad épica (la aparición del monte del diablo cuando Roy y Gilliam lo vislumbran). Douglas Slocombe se centraría en la calida parte de la India.
El set donde se construyó la base donde va a tener lugar el contacto es el más grande realizado para una película de Spielebrg.
El mago de los efectos especiales Douglas Trumbull crearía las complicadas naves como Spielberg quería, definidas por luces de neón. Esta fue la primera película que empezó a utilizar fotografía digital, y en la que participó otro futuro genio de los FX, Dennis Muren.
La música de John Williams vuelve a ser de vital importancia, pues mediante las cinco notas principales se comunican los humanos con los extraterrestres.

Richard Dreyfuss vuelve a colaborar con Spielberg tras las negativas de Steve Mqueen, Dustin Hoffman y Al Pacino. Dreyfuss crea un retrato más que certero sobre lo que es la obsesión de un hombre por buscar algo (sublime ese momento en que arranca todo su césped y recoge el cubo de la basura), aunque siempre utilizando ese toque de humor que el actor sabe transmitir. Teri Garr da vida a la mujer de Roy, quien cada vez nota más el distanciamiento de su marido. Melinda Dillon es Gilliam, otra afectada indirecta de los extraterrestres, pues es a su hijo a quien eligen para llevárselo. Spielberg tuvo aquí la ocasión de dirigir a uno de sus ídolos, François Truffaut, dándole el papel del científico francés Lacombe, el cual lleva esperando este encuentro toda su vida, envidiando a Neary por la oportunidad que se le presenta.

De las ocho candidaturas conseguidas a los Oscars (entre ellas Mejor Dirección) solo consiguió llevarse Mejor Fotografía.

“Encuentros en la 3ª fase” obtuvo una excelente acogida entre público y crítica, convirtiéndose en una película de referencia dentro del género extraterrestre. Años después, y debido al fracaso económico que supuso “1941″ la Columbia obligó a Spielberg a remontarla introduciendo más secuencias, como la entrada de Dreyfuss en la nave.
Una excelente película que tiene grandes elementos de suspense, tensión y emoción.

Lo Mejor: La parte final me impresiona y sobrecoge cada vez que la veo.

Lo Peor: No se me ocurre.

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Un pensamiento en “Encuentros en la 3ª Fase (Close Encounters of the Third Kind), de Steven Spielberg

  1. Recuerdo que la vi hace mucho tiempo y sinceramente no la tengo nada fresca, pero me gustó bastante y el tratamiento que hizo Steven la convierte en una pieza única del cine fantástico

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