A.I. Inteligencia Artificial, de Steven Spielberg

David tiene 11 años. Su amor es real. Pero él no lo es.

“A.I. Inteligencia Artificial” es una de las películas más importantes y personales del director Steven Spielberg. El proyecto comenzó muchos años antes entre él y Stanley Kubrick con la idea de que el director de “El Resplandor” produjera y Spielberg dirigiera. Fueron pasando los años y, a pesar de no olvidar el proyecto y seguir trabajando juntos en él, la película no llegaba a ver la luz. La trágica muerte de Kubrick en 1999 hizo que su viuda se pusiera en contacto con Spielberg y le pidiera que realizara la película que durante tanto tiempo habían trabajado su esposo y él. Spielberg se tomo muy en serio el proyecto, tanto que escribió el guión integró, siendo esta la primera película desde “Encuentros en la 3ª Fase” que llevaría su nombre tanto en dirección como en guión.

La historia gira en torno a David, un ser artificial creado para dar amor afectuoso e incondicional y reemplazar así el vació existente entre muchas parejas a la hora de tener hijos, o de aquellas que han perdido alguno. La pareja que lo encarga tiene a su hijo en coma irreversible. Aunque al principio Mónica, la madre, se comporte de manera algo temerosa pronto comenzara a tratar al Ser como a su propio hijo. Pero la relación pronto se romperá al volver a casa Martin, el hijo biológico que ha despertado del coma. El niño se comportará de forma cruel con David, tratándolo como a un juguete. El miedo de los padres ante el peligro que corre su hijo frente a la máquina les hará devolverlo para destruirlo, pero Mónica decide dejarlo abandonado en el bosque a su suerte. David comenzará así un viaje en que pretende convertirse en un niño de verdad para que se madre le quiera.

No es difícil ver el paralelismo de esta historia con Pinocho. David, al igual que el niño de madera, es un ser inerte que pretende convertirse en un niño de verdad para ganarse el amor materno en este caso. En su camino, al igual que el personaje de Collodi, se encontrará con una feria ambulante que destruye a los de especie, tendrá a su lado a su propio Pepito Grillo con forma de oso de peluche y buscará incansablemente al Hada Azul para que cumpla su deseo. Así pues la película no oculta su envoltorio de cuento narrado por una voz en off, remarcado con la música de “La Bella Durmiente” cuando Mónica lee a su hijo dormido “Robin Hood” en un hospital infantil decorado con dibujos de cuentos, o cuando a Mónica se le sale el zapato antes de ir a una cena de gala, tal y como “La Cenicienta”. Pero “A.I.” no es un cuento de hadas, aunque hablemos de Spielberg estamos frente a uno de los relatos más tristes y pesimistas de todos cuantos ha relatado el autor, así como una de sus obras más complejas.

En un futuro no muy lejano en que los casquetes polares han comenzado a derretirse el ser humano ha llegado a un punto capaz de crear robots 100% idénticos a él mismo. Pero, como siempre pasa, se quiere ir a más. David es el primero de su especie, un ser mecánico (Meca) por dentro que exteriormente personifica la viva inocencia y niñez, alcanzando la personalidad de un niño normal a la hora de escuchar la impronta y dar cariño a todo aquel que adquiera uno. Es el gran logro de la ciencia, el conseguir dotar a un robot de sentimientos. Además de ser capaz de dar, David es consciente, atención “consciente”, de ser correspondido o no, así como también es capaz de sentir dolor, al contrario que cualquier otro de su especie hasta ese momento. El hombre ha creado un ser casi idéntico a él, sustituyendo a Dios.
Que en el transcurso de su odisea David este acompañado por Joe, un robot de placer, no es casual. Ambos han sido fabricados para un fin concreto, amar. Pero de distinta forma. Joe da placer carnal mientras David da cariño sentimental, amor puro, real. Además entre ambos observamos el proceso evolutivo de los Mecas. Joe es conocedor de su condición robótica mientras David cree ser un niño real desde el momento en que le es grabada la impronta. Pero no solo eso, sino que, como Joe dice, David es un escalón más, ha sido creado para un fin, como todos, solo que él no lo sabe, su ignorancia ante el hecho de su naturaleza le hace ser una muestra de la evolución Meca, que va en aumento frente a la humana, donde la fertilidad va descendiendo a pasos agigantados. La feria de la carne, un grupo de humanos que destruyen robots, es el reflejo de la sociedad humana asustada frente al incremento de los robots. Es la antesala de una guerra que está a punto de estallar entre humanos y máquinas, de los cuales solo uno sobrevivirá.

Los robots han ido evolucionando de forma progresiva. Primero eran fabricados como utensilios, meras herramientas que ayudaban al hombre a realizar sus tareas puntuales. Posteriormente comenzaron a realizar robots más cercanos al hombre que realizaban tareas propias de seres humanos como limpiar o cuidar de los hijos. Joe correspondería a este grupo, su existencia sirve para cubrir el apetito sexual de muchas féminas, las cuales según sus palabras, una vez están con un Meca no vuelve a estar con un hombre. Primer gran problema ¿no? Pero llegamos a David, un organismo cibernético que siente, piensa, razona, y es capaz de amar. Ya no solo cubre una necesidad sino que también interfiere en la vida emocional de los seres humanos. Nos encontramos ante un dilema, porque por un lado reemplazaría y satisfaría una necesidad humana, pero por otra estamos hablando de una máquina. Cuando es expuesto a la feria de la carne los gritos del público es de repulsión ante el maestro de ceremonias, otorgando así la liberación del Meca. Les hicieron más rápidos, fuertes, inteligentes, pero lo que marca la diferencia absoluta y el principio del fin del ser humano es haber otorgado a un robot la capacidad de pensar y sentir por sí mismo.
Sobre los tan discutidos seres que aparecen al final del film se ha dicho que son extraterrestres (el gran estigma de Spielberg), pero ¿por qué no pueden ser Mecas avanzados creados por otros Mecas? Eso sencillamente explicaría su nulo conocimiento sobre el ser humano. Han transcurrido 2000 años, y supuestamente en caso de una guerra, habrían ganado los Mecas, capaces de pensar por sí mismo, ¿Quién dice que no crearon otros seres como ellos, o incluso más avanzados cuyo resultado es el que nos aparece al final? Creo que el debate seguirá abierto y eso engrandecerá mucho más el film.

Steven Spielberg crea una gran obra de arte que fue (y sigue siendo) incomprendida. Reconozco que cuando la vi en cine no me gustó, mejor dicho salí muy decepcionado, pero tras varias revisiones reconozco que la película mejora una y otra vez. El director no pretende emocionar al espectador como en continuas ocasiones, sino todo lo contrario, quiere mostrar distante los hechos que narra, como Kubrick. La atmosfera del film es casi en su totalidad oscura, salvo cuando David está en casa. El director rueda casi un film intimista con esos largos planos que describen el ambiente familiar en que David se ha instalado para pasar a narrarnos, a partir de ese fabuloso plano en que vemos a David quedar abandonado mediante el espejo retrovisor, una road movie futurista a lo largo de escenarios inquietantes en donde homenajea a Tron mediante los cazadores motorizados (la feria de la carne), otros espectaculares y luminosos, cercanos a Las Vegas (Rogue City), y desoladores y fríos (Nueva York). Será en este último destino donde el viaje de David tendrá fin, alcanzando la película un paso lento y consumido, afín al protagonista que afirma no poder más. El momento en que descubre su naturaleza robótica a través de los ojos de otro muñeco es memorable, demostrándonos tras él la nula importancia que tendrá David al salir al mercado esos robots. El tramo final del film se asemeja al de “2001”. El tempo narrativo en que los seres descongelan a David y este abre los ojos, en ese plano blanco cegador en que sus azulados ojos llenan la pantalla, inicia el epilogo de la odisea robótica. Aunque parezca ser optimista con el reencuentro entre madre e hijo lo cierto es que la película acaba de forma casi pesimista. La madre resucitada duerme para siempre y David, sin ningún motivo para existir una vez ha sido correspondido con el amor de su madre, decide dormir para siempre también, poniendo fin a la existencia humana, pues él era la prueba de que los seres humanos existimos.

Todos los apartados técnicos están al servicio del mundo y la historia que nos quiere mostrar el director.
La fotografía de Kaminski está plagada por sus característicos halos de luz disminuidos esta vez por una ambientación más oscura y azulada, cercana en ocasiones a una atmosfera onirica.
La música de Williams remarca ese aire intimista, jugando con instrumentos de lo más interesantes el autor crea una intensa partitura, cercana a lo experimental, con un precioso tema principal.
Los efectos especiales pasan inadvertidos en todo momento. Los excelentes animatronics de Stan Winston se mezclan con las genialidades informáticas de ILM para crear robots impecables como el del principio que nos sorprende en la reunión, o la niñera descompuesta.

Haley Joel Osment puso fin a la incógnita de si sería un ciborg (como había barajado Kubrick) o un actor quien diera vida a David. El actor, viviendo aún de los triunfos de “El Sexto Sentido”, crea una excelente interpretación como Meca programado para amar a su madre. Jude Law da vida magistralmente al robot Gigolo Joe inspirándose en Fred Astaire mediante sus elegantes pasos de baile. Frances O´Connor es Mónica, la madre que acoge a David, aunque de manera reacia al principio. La actriz crea un retrato veraz sobre lo que sería el sentirse enternecido por una máquina. William Hurt es Hobby, el científico propietario de Cybertronics que crea a David a imagen y semejanza de su hijo fallecido. Para seres informáticos se contó con las voces de Robin Williams (Dr. Who), Meryl Streep (Hada Azul) o Ben Kingsley (Narrador).

Como las películas de Kubrick la película no fue un éxito de taquilla, dejando al público algo perplejo ante lo que veía mientras la crítica se encontraba dividida. Tan solo recibió dos nominaciones a los Oscars: Efectos Visuales y Banda Sonora.

Una película fascinante a la par que compleja, cuyo envoltorio de cuento de hadas o película de robots esconde un retrato de hacia donde sería capaz el hombre por ser Dios.

Lo Mejor: Es absolutamente fascinante.

Lo Peor: Está incomprendida.

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7 pensamientos en “A.I. Inteligencia Artificial, de Steven Spielberg

  1. Adoro esta película!!!!!!!
    Increible momentos, como aquel en el que el niño ve a los muñecos con su cara, o cuando lo abandonan en el bosque o ese momento escalofriante donde piensa que ha encontrado al hada azul

  2. me encanta la pelicula pero quiero saver el vardedero nonbre de el que actua coomo david es tan guapo mmmmm ps bueno por fis me mandan su verdadero nonbre hay todas las peliculas que sale el son tan lindos hayy que guapo

  3. inteligencia artificial es la mejor pelicula me hizo reir, como cuando david abre la puerta del baño estando la madre unandolo jaja, tambien me desperto rabia por monica cuando lo abandona y me hizo llorar el final… para mi esas cosas del final no eran extraterrestres, eran robots mejorados poque si los ven de cerca se les ven unos chips.. haley estaba hecho un bonbonaso… lo amo…besos

  4. Sin duda una película fascinante. La vi en su día en el cine, y hoy mismo la he vuelto a ver con mi hermana. Y el film gana adeptos con el paso del tiempo.

    La magia de Kubrick y de Spielberg quedan latentes. Un film muy emotivo, entretenido y fascinante. Es una película diferente, que no todo el mundo sabrá entender. Logra transmitir sensaciones y emociones muy íntimas; y qué decir de esa magistral banda sonora, ese “leiv motiv” que nos hace llorar, y recordar el amor infantil que todos hemos sentido hacia nuestra madre.

    Imposible no emocionarse con esta película. Imprescindible para los admiradores del legado de Kubrick.

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