Munich, de Steven Spielberg

En las olimpiadas de Munich de 1972 miembros del grupo terrorista Septiembre Negro secuestraron a once miembros del equipo deportivo israelí. La muerte de estos once deportistas dio como respuesta una represalia israelí hacia los organizadores de la matanza.

“Munich” es posiblemente la película más polémica de Spielberg al retratar las duras represalias que llevo a cabo Israel tras el acontecimiento de Munich. La comunidad judía estadounidense criticó duramente al director llamándolo traidor y mentirosos por los hechos que contaba, basados en la discutida novela “Vengeance” de George Jonas. Sin embargo, más que una película histórica o política, “Munich” es un análisis sobre la violencia por medio de actos terroristas.

El ojo por ojo es lo que impulsa a Israel a contraatacar contra los palestinos. Les han asesinado a once de sus hombres y ellos van a hacer lo mismo con once de los suyos, concretamente contras los que planearon la matanza de Munich. O al menos eso dicen, pues nunca dan pruebas fiables de que los objetivos estuvieran realmente implicados en tales hechos.
Para la misión se creará un pequeño grupo compuesto por cinco hombres, dirigidos por el agente del Mossad Avner, quien renunciará a su condición de agente para trabajar clandestinamente en Europa. Estos cinco miembros no son asesinos, sino personas normales y corrientes (maravillosa esa escena en que hablan animadamente en la mesa cuando se han conocido con la bella música como único sonido) que poseen facultades especiales para desempeñar distintos trabajos. Así pues Carl se encarga de limpiar el escenario del crimen de huellas, Hans trabaja como contable y posee una tienda de antigüedades, Robert fabrica bombas que no actúan del todo bien debido a su condición de juguetero especializado más bien en desactivar bombas que en fabricarlas. Tan solo Steve y Avner podrían considerarse agentes de campo, pero diferentes. Mientras Steve es impulsivo y quiere eliminar a todo enemigo de judíos posible, Avner se plantea diversas cuestiones a lo largo de su misión, empezando a dudar de sus actos cuando está llegando al final.

No es fácil ver una película como esta que refleja tan bien un problema patente y actual como es el terrorismo. La incomunicación entre los países y sus continuas discusiones hace que actúen de forma violenta y sanguinaria. Sin embargo la película contiene una secuencia (quizás de las mejores que tiene), en que el grupo de Avner coincide en un piso franco con un grupo palestino, que demuestra la posibilidad de dialogo. En lugar de matarse unos a otros en ese momento, Avner y los suyos se harán pasar por miembros de otras bandas terroristas (Robert se hace pasar por uno de ETA), conviviendo con ellos una noche tranquilamente, donde el único enfrentamiento será a la hora de elegir la música. La conversación entre Avner y el jefe del grupo palestino es tranquila, discuten sobre los problemas que acontecen en sus países sin violencia ni peleas, como debería ser. Desgraciadamente en la secuencia posterior la violencia se hará de nuevo patente al matar Avner al hombre con el que había mantenido una tranquila charla la noche anterior.
La secuencia final en que Avner discute con Ephraim sobre los resultados obtenidos alegando que a cada hombre que han matado le ha sustituido otro peor resume todo lo que quiere transmitir el film. Matar a una persona dirigente para que luego esta sea sustituida por otra y responda con peores represalias hasta llegar a alcanzar límites insospechados y sobrecogedores para la humanidad es del todo menos patriotico.
La película no se corta en mostrar las redes que mueven y controlan el terrorismo, movidas por el dinero, como es en este caso un tradicional familia francesa, representada por Louis y su padre , que conoce el paradero de toda persona, ya sea terrorista o no, facilitando la información a todo aquel que quiera comprarla por una cuantiosa suma.

A través del personaje principal observamos las consecuencias del terrorismo en sus ejecutores. Al principio Avner es un hombre de familia formal, elegido por su excelente hoja de servicios y por la amistad de su familia con el alto mando israelí. Para él realizar su misión es la mejor forma de responder frente a la matanza de Munich y demostrar su fidelidad hacia su patria. Pero poco a poco se irá convirtiendo en una persona asustada, insegura, que siente haberse convertido en un objetivo para sus enemigos, que no son otros que los que le han estado dando información sobre el paradero de sus objetivos. Es escalofriante el momento en que Avner se mete en su armario para dormir, al igual que aquel agente protagonista de un relato de Hans, por miedo a tener una bomba bajo la cama o a que lo maten mientras duerme. Es la deshumanización del ejecutor, no solo son víctimas aquellos que perecen en los atentados, sino quienes los llevan acabo.

Steven Spielberg no oculta la naturaleza formal del film, el thriller. El director realiza un film cercano a los setenta con zooms y encuadres propios del género en aquella época. No es difícil compararla con “Chacal” de Zinnemann, ya no solo en su caligrafía fílmica sino mediante la presencia de Michel Lonsdale. Spielberg crea secuencias de suspense a la hora de realizar los atentados muy brillantes, en concreto siempre se me vienen a la cabeza dos: la primera cuando deben asesinar mediante un teléfono-bomba a uno de los objetivos y un camión impide ver que la hija del hombre está en el apartamento obligando a Hans y Avner a correr a toda prisa antes de que Robert presione el detonador, la segunda cuando Avner debe apagar la luz para dar la señal de presionar la bomba para que explote la cama donde duerme otro objetivo situado junto a su habitación. En la primera primaria el excelente uso del montaje que hace Michael Kahn mientras en la segunda el preciso tempo con el que se narra la inseguridad de Avner a la hora de apagar la luz.
Spielberg muestra los actos terroristas de manera realista y desagradable. Ya no solo los de Munich a base de flashback (bestial cuando a un israelí le revientan la boca), sino mediante el cruel y frio asesinato hacia la asesina profesional en su barco. Si hay una secuencia dura de ver es esa.
No podemos negar que Spielberg demuestra ser valiente, ya no solo al mostrar explícitamente los terribles actos que realizan tanto los palestinos como los judíos, sino a la hora de terminar el film. Creo que no hay otra película de Spielberg que tenga un final tan sutil y dramático como el presente en que Avner se marcha caminando tras discutir con Ephraim para pasar por delante de las torres gemelas, quienes marcaron en su caída el culmen del terrorismo mundial.

Como defectos podríamos achacarle los atentados fabricados de manera algo mecánica a lo largo del film, así como su excesivo minutaje. Hay un corte de montaje algo brusco que siempre me ha dislocado como es ese en que Avner se encuentra en Beirut en plena refriega y pasamos de repente a Francia, dentro del coche de Louis.
Si bien se ha discutido en más de un sitio la escena del coito entre Avner y su mujer al final mientras este piensa en los hechos de Munich, yo no lo veo como un problema, sino como el cambio que ha sufrido el personaje durante su misión. Al principio del film se muestra haciéndole el amor a su mujer estando embarazada, sin importarle, para al final mostrárnoslo ausente, realizando el acto sexual pero sin sentirlo, obsesionado con la causa de su misión, como si fuera el fantasma que lo acompañará durante el resto de su vida.

El guión corrió a cargo de dos grandes como son Eric Roth y Tony Kushner, quienes idean magníficos diálogos entre los personajes mediante los que discutir acerca del terrosimo.
La dirección artística es sublime, representando al detalle los años setenta mediante vehículos, vestuarios y su atmósfera.
Janusz Kaminski refleja mediante su fotografía los distintos ambientes europeos en que se mueven los protagonistas, haciendo especial hincapié en la diferencia que hay entre la atmosfera elegante y calidad de Francia frente a la húmeda y amarillenta de Grecia o Israel.
Michael Kahn juega perfectamente con el montaje realizando secuencias excelentes dentro del género, con las dos mencionadas como punto álgido.
John Williams vuelve a crear una banda sonora dramática similar a “La Lista de Schindler”, aunque en esta ocasión Spielberg no la use tanto dentro del metraje.

El reparto está formado por nombres tan internacionales como los países por los que transcurre la propia película. Eric Bana realiza una excelente interpretación como Avner, el jefe del grupo. Daniel Craig es Steve. Ciarán Hinds es Hans, el mejor amigo de Avner dentro del grupo, su confidente por decirlo de alguna manera. Mathieu Kassovitz es Robert, el juguetero que se cuestiona la misión en que participa alegando que están en contra de lo que significa ser judío. Hanns Zischler es Hans, posiblemente el miembro del grupo que quede más secundario. Ayelet Zurer es Daphna, la mujer de Avner. Geoffrey Rush es Eprhaim, el jefe de Avner en la misión. Mathieu Almaric es Louis, el benefactor de nombres para Avner. Michael Lonsdale es Papá, un personaje cercano al Padrino por así decirlo, el que mueve los hilos internacionalmente otorgando nombres al mejor postor y siempre en su beneficio.

Aunque levantara ampollas dentro de la comunidad judía, “Munich” es una película necesaria que plantea dilemas asociados al terrorismo, demostrando una vez más que no sirve de nada matar. Desgraciadamente la realidad que muestra ha llegado a incrementarse mucho más hasta nuestros días en que vivimos asolados por el miedo.
Recibió cinco candidaturas a los Oscars: Película, Director, Guión adaptado, Montaje y Banda Sonora.

Un muy buen thriller que analiza la violencia en nuestros días, demostrando que mediante ella no se llega a ninguna parte.

Lo Mejor: Su estilo fílmico setentero. El final.

Lo Peor: La estructura de los asesinatos es muy similar.

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Un pensamiento en “Munich, de Steven Spielberg

  1. A mi me pareció increible…Los momentos de suspense son francamente brillantes…o el momento en que asesinan a aquella espía, o cuando el personaje de Eric Bana empieza a volverse más paranoico si cabe…
    El estilo es brillantemente setentero y la dirección de Spielberg es magistral, sin artificios, salvo ese momento del coito, que a mi no me molesta demasiado tampoco…
    Una demostración junto a “AI” de que Spielberg es de los más grandes

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