Hancock, de Peter Berg

John Hancock es un superhéroe que vive en la ciudad de Los Angeles que ayuda a erradicar el crimen en la ciudad. Sin embargo sus actos no salen todo lo bien como quisiera el héroe debido a su adicción al alcohol y a sus continuas meteduras de pata que destrozan más de lo que salvan. Pronto Hancock tropezará con un relaciones públicas que le ayudará a cambiar su imagen ante las personas.

Una idea mal aprovechada. Esa es la sensación que tiene uno al terminar de visionar la nueva película del hipertaquillero Will Smith. Su punto de partida, la vida un superhéroe alcohólico y gamberro, bien podría haber dado para una nueva radiografía o relectura del superhéroe contrapuesta a la que nos ofreciera Shyamalan con su excepcional “El Protegido”. Si en el film de Willis se trataba de examinar las fisuras internas de un hombre indestructible analizando sus miedos e inseguridades ante sus poderes, en el film de Peter Berg se desaprovecha la oportunidad de narrarnos otra vertiente, como es la soledad de un héroe que no sabe de dónde viene ni por qué es como es, y al que el mundo le ha dado la espalda por sus malos hábitos.
Si bien el film se abre con las continuas meteduras de Hancock para hacer el bien (detener a unos maleantes clavando el coche encima de un edificio; salvar a Ray de una muerte por un ferrocarril provocando daños mayores) y sus adicciones a beber y a no aguantar a nadie que le insulte (incluidos niños) pronto derivará hacia una vertiente tan comercial y manida como es la redención del héroe y su integración frente al mundo, que volverá a admirarlo. De acuerdo, eso es un tópico que dentro de lo que cabe no habría hecho mayor daño al film si se hubiera desarrollado bien, el mayor problema es cómo cambia la trama en el ecuador de la cinta, al descubrirnos a otro ser igual a Hancock. La película en ese momento se transforma absurdamente pillando al espectador desprevenido y atónito, queriendo ser un giro de guión inteligente para demostrar que sus creadores no saben muy bien que contar. Esto puede ser debido a la cantidad de reescrituras de guión a las que ha sido sometida la historia (en un principio titulada “Tonight, He comes”) que no han hecho sino perjudicar una idea interesante.

Peter Berg ya demostró tener vertiente gamberra en la divertida “Very Bad Things” y un estilo visual, heredado de su padrino Michael Mann (con pequeño papel en la película), en “La Sombra del Reino”. Pero en “Hancock” el director se pierde, no solo en sus innumerables ideas mal encadenadas, sino que Berg no sabe muy bien qué tipo de atmosfera darle al film. De pronto vemos a un Hancock triste y dolido sobre el tejado de la familia que lo ha acogido para justo después ser testigos de varios tropezones del héroe vía YouTube. Ni siquiera sabe realizar buenas secuencias de acción como la de apertura o la del combate entre Hancock y su igual femenina (a la cual le sombrean los ojos y la visten de negro para acentuar más su antagonismo). Además de esto el film posee ciertos altibajos de ritmo que entorpecen la narración como son las escenas de Ray intentando vender a unos empresarios sus distintas ideas “Todo Corazón” o aquellas en que se nos muestra a Hancock entre rejas repitiendo una y otra vez “Paso”.

A pesar de todas estas cosas la película está resultando un éxito haya donde se estrena y eso es debido a su protagonista, el rompetaquillas Will Smith. Reconozcamos que el actor se esfuerza en cada proyecto en que interviene y que aquí vuelve a llenar la pantalla cada vez que aparece. Como Hancock el actor está más que a gusto, puede dar rienda suelta a su humor gamberro contenido y además mostrar su lado dramático. Desgraciadamente el personaje no está todo lo perfilado que debiera y quedan muchas incógnitas sobre él, como por ejemplo por qué el águila lo representa ya sea en su gorro, en su espalda cuando se pone el traje, o cuando va a rescatar a la policía que está atrapada en un tiroteo que pasa junto a la estatua de una. Puede que sea porque el águila es un animal noble y fuerte, justo lo que se espera de él, o tal vez porque vuela. No queda claro, pero debe tener un significado que los creadores no han querido decir.
Acompañan a Smith Charlize Theron, culpable del cambio de giro que da la película transformándose en una dominatrix con reminiscencias a Tormenta de “X-Men”. Jason Bateman es Ray, el relaciones públicas que quiere cambiar la imagen pública de Hancock convirtiéndolo en un héroe de su talante.

Entre los productores del film se encuentran Michael Mann y Jonathan Mostow , primeras elecciones como director, y Akiva Goldsman, artífice de las reescrituras de guión a las que fue sometido el film.
Aún a pesar de ser una extraña mezcla de ideas inconexas la película es lo es, una comedia veraniega de corta duración (y menos mal) a mayor gloria de un Smith que vuelve a demostrar ser capaz de levantar todo en lo que interviene.

Lo Mejor: Smith.

Lo Peor: Es un cocktail de ideas mal mezclado.

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2 pensamientos en “Hancock, de Peter Berg

  1. “Very Bad Things” es una pelicula a reivindicar, una gamberrada de cuidado.
    Sobre “Hancock” me crispa que desaprovecharan una oportunidad tan buena para contar otro punto de vista sobre un superhéroe.

    Saludos.

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