Cinderella Man, de Ron Howard

Jim Braddock es un antiguo boxeador que sufre las consecuencias de la gran Depresión junto a su mujer e hijos. Día a día Braddock sale como todos en busca de trabajo. Pronto recibirá una oferte de su viejo amigo y manager Joe de volver a enfundarse los guantes.

Cuatro años después de triunfar con la más que discutible “Una Mente Maravillosa” Ron Howard y Russell Crowe volvieron a trabajar juntos para relatarnos otra historia real de superación personal sobre un boxeador. Lo que parecía iba a ser otro drama como el anterior resulto una película de estilo clásico que bebe del cine de Frank Capra.
En contra de lo que aparenta, “Cinderella Man” no es una película de boxeo, sino el drama de la Depresión y cómo esta perjudico a cientos de familias en Estados Unidos. Jim Braddock era un afortunado boxeador que perdió todo invirtiendo en bolsa, lo cual le convierte en otro pobre más que debe salir por las mañanas a buscarse el pan, aunque la mayoría de las veces no lo consiga.
Aunque parezca que nos encontramos ante otra historia de superación personal hemos de reconocer que la película consigue interesarnos y emocionarnos frente a lo que le sucede al protagonista y su familia. Como en las películas de Capra, los buenos sentimientos y la lucha por conseguir una meta haciendo el bien invaden el espíritu de la cinta. Una vez que Braddock vuelva al ring y demuestre que no está tan acabado como sus patrocinadores creen su triunfo invadirá al resto de personas que, como él, sufren la miseria, aportándoles un grano de esperanza y demostrando que nunca se ha de dejar de luchar.
El villano de la historia no es otro que la pobreza. Cuando a Jim le preguntan por qué lucha y él responde “por leche”, no está sino afirmando que el verdadero mal que invade su país es el hambre y la escasez de medios.

En mi opinión esta es de las películas más redondas que ha parido Ron Howard. El director dota al film de un aire clásico en su cuidada puesta en escena para las escenas en que se nos muestra el día a día de los Braddock, para adquirir más intensidad en los combates de boxeo, donde Howard nos sorprende rodándolos con tesón y efectividad.
El director sabe llevar la historia muy bien, describiéndonos el paso del tiempo con un leve fundido a negro que se convierte en una de las mejores secuencias que haya dirigido. Primero vemos a Braddock rico, quitándose una cadena frente al espejo para inmediatamente después verlo en la misma posición, pero con dificultades para colocarse su podrida prótesis dental y viviendo en la más absoluta miseria. En el trascurso de los combates hace otra muestra similar de montaje al encadenar uno que está terminando con otro recién empezado en que la fama de Braddock está creciendo.
Howard consigue que mantengamos el interés a lo largo de toda la trama, la cual recuerda a otras películas similares (¿Alguien dijo Rocky?), y consigue momentos dramáticos tan memorables como aquel en que Braddock visita a los patrocinadores y apostadores pidiéndoles dinero.
Resulta sorprendente ver que en el guión aparece Akiva Goldsman, claro que el verdadero guionista es Cliff Hollingsworth, quienes crean unos diálogos cuidados para los personajes de Jim y Joe, además de una más que correcta profundidad psicológica para casi todos los personajes.
Thomas Newman se encarga de la Banda Sonora recordando su composición para “Road to Perdition”, con lo cual podríamos decir que se crea un vínculo entre ambos films ambientados en la Depresión, claro que el film de Mendes está en otra liga.

Junto a la solvente dirección de Howard nos encontramos con los otros dos eslabones que aguantan el film, Crowe y Giamatti. El amigo Russell llena al boxeador Jim Braddock de una humanidad tan grande que es imposible no sentir simpatía por él, tanto que en cada combate nos sentimos como sus admiradores y deseamos que machaque al oponente. Por su parte Paul Giamatti da vida al manager Joe, quien le ofrece una segunda oportunidad dentro del boxeo. Giamatti hace gala de su sentido del humor para un personaje que vive de la apariencia pero que es buena persona. Renée Zellweger se lleva la parte mala del elenco. La actriz resulta poco creíble como madre y esposa sufridora, amén de que tanto engordar y adelgazar para Bridget Jones la afeó en extremo. Craig Bierko da vida al campeón Max Baer, el cual como suele suceder se nos presenta con arrogancia y mal carácter. Bruce McGill es el organizador de combates Jimmy Johnston, el cual solo piensa en el dinero.

La película recibió una buena acogida por parte de la crítica y consiguió tres nominaciones a los Oscars: Mejor Maquillaje (atención a la orejota de Crowe), Mejor Montaje y Mejor Secundario (Giamatti).

Una notable película de Ron Howard que transmite buenos sentimientos y vuelve a demostrar que nunca hay que rendirse aunque pensemos que la pelea este perdida.

Lo Mejor: El eficaz estilo clásico de Howard en la puesta en escena. Crowe y Giamatti.

Lo Peor: Renée Zellweger está fuera de lugar.

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Un pensamiento en “Cinderella Man, de Ron Howard

  1. la verdad es que después de aquel horror que ganó oscars (Una mente maravillosa) me acerqué a esta con mucho miedo y me encontré con un filme más que aceptable, sobretodo basado en dos grandes actores como tu dices que son lo mejor de la cinta.

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