El doctor Malcolm Sayer consigue un trabajo en un hospital de Nueva York como encargado de enfermos crónicos. Al poco de estar trabajando Sayer descubre que sus enfermos pueden reaccionar impidiendo que se caigan las cosas o cogiendo pelotas al vuelo. El médico decide experimentar con una nueva droga para descubrir si el mal que les afecta es una rama de Parkinson, para lo cual elige como conejillo de indias a Leonard Lowe, que lleva treinta años en estado catatónico.

Basada en los hechos reales del doctor Oliver Sacks, que él mismo publicó en su autobiografía y que nos narra el milagro del regreso a la vida de un grupo de enfermos crónicos, la directora Penny Marshall realizo esta emotiva película centrándose en la amistad que se establece entre el doctor Sayer y el enfermo Leonard.
Lo que la película trata de transmitirnos es que debemos aprovechar la vida realizando esas pequeñas cosas que hacen que valga la pena vivir. Los pacientes que trata Sayer despiertan después de treinta años que les afectara la enfermedad de encefalitis letárgica gracias al uso de una nueva droga experimental, la L-Dopa, fabricada para tratar enfermos de parkinson. Al volver a la vida, los pacientes descubren que no se encuentran en el momento en que se quedaron dormidos, afectando este hecho a cada uno de forma distinta, pero altamente dramática (ahí tenemos por ejemplo a ese anciano que se ha quedado sin nadie en el mundo). Lo más triste del asunto, y es algo que Sayer secunda, es que durante todo el tiempo que han permanecido afectados han seguido experimentando sentimientos, los cuales son incapaces de expresar por su enfermedad, llegando a ser presos de su cuerpo y realizando así un paralelismo con la historia de tigre que Leonard le descubre a Sayer. Al despertar los enfermos quieren experimentar todas las cosas que les gusta, como bailar, salir a pasear, ver revistas de coches. Han vuelto a la vida de forma milagrosa y quieren aprovechar hasta el último aliento

Esas ganas de vivir llegan a todos los miembros del hospital que ayudan a los pacientes, menos a Sayer, que se muestra altamente tímido y encerrado en su mundo botanico. Él está tan dormido como sus pacientes lo han estado, con la diferencia de que él si está vivo, lo que le hace una persona que ha negado el placer que le ofrece la vida. Será intimando con Leonard cuando descubra esos pequeños placeres. Entre medico y paciente se crea un vínculo de confianza. Leonard teme recaer y pide a Sayer que no lo abandone si eso pasa, a lo que el doctor da su palabra. Es así como cada día que pasa su amistad crece, y cómo Sayer pierde ese miedo a hablar frente a la gente, aprendiendo a saber valorar los pequeños placeres de la vida.

Si bien estamos ante una película que hoy día podría considerarse telefilm de sobremesa con su “Basado en una historia real” de cabecera, lo cierto es que “Despertares” llega al público gracias a la honestidad con que muestra la vida diaria dentro del hospital, deteniéndose en cada uno de los pacientes. La directora Penny Marshall (autora de títulos tan decentes como “Big” o “Ellas dan el golpe”) hace gala de su personal dirección solvente que se basa, sobre todo, en centrarse en el trabajo de sus actores.

Como producto hollywoodiense de buenos sentimiento no desaprovecha momentos emotivos como el reencuentro de Leonard con su madre, con otros más cómicos como la paciente de color que no puede ver ningún bolígrafo o el despertar de los enfermos y la muestra de personalidad de cada uno de ellos. Desgraciadamente el final es de esos de quedarte con el corazón en un puño, sobre todo cuando empieza a brotar de nuevo la enfermedad en Leonard y este no puede controlarla. La sensación de impotencia que sentimos es igual que la de Sayer, que no puede hacer nada por su amigo. Como escena dramática más memorable protagonizada por Leonard me quedo con el baile final con su amor Paula, donde el enfermo está en estado crítico invadido por tics y le dice que no volverá a verla, una escena preciosa a la vez que triste. Pero no todo acaba mal, como he dicho al principio la película es un canto a la vida, y no hay mejor forma de acabar esta historia que con nuestro protagonista, el buen doctor, invitando por fin a tomar un café a su enfermera y siguiendo su lucha por conseguir que su amigo vuelva a despertar.
El guión corrió a cargo del prestigioso Steve Zaillian, el cual crea unos personajes reales, cercanos, a la par que unas situaciones de lo mas convincentes y efectivas con buenas frases, ahí queda ese momento en que Sayer descubre a Leonard recién levantado de la cama diciéndole que “él no está dormido”. La emotiva música, con precioso tema central, de Randy Newman ayuda a dar más emotividad a la historia.

El elenco interpretativo está soberbio, consiguiendo una perfecta cohesión interpretativa a escala general. Robin Williams borda al doctor Malcolm Sayer mediante una timidez contenida en que no muestra ni un ápice de sus tics característicos. Como es habitual en él, se deja barba para resultar más dramático. Robert De Niro consigue convencernos de que es incapaz de moverse para volver después a la vida, sin embargo donde demuestra la gran actor que es es en el tercio final, cuando vuelve a afectarle la enfermedad y su cuerpo es incapaz de controlarse. La escena en que se peina frente al espejo y sus tics son incesantes es de estudio. Julie Kavner es la enfermera Eleanor, la cual siente algo más que aprecio por Sayer. La maravillosa Penélope Ann Miller es Paula, la chica de la que se enamora Leonard, y es que para no enamorarse de la dulzura de esta mujer que aparece breves diez minutos en que se luce. John Heard repite el papel de mandamás antagonista que ya hiciera para Marshall en “Big” como el director del Hospital. Max Von Sydow aparece brevemente como el doctor Peter Ingham, el caul vivió el brote de la enfermedad hace treinta años. Mención especial para el elenco de secundarios que dan vida a los enfermos, todos consiguen que creamos que ciertamente son enfermos y no actores.

La película fue un éxito que recibió varios reconocimientos en forma de candidaturas. Robin Willism fue candidato al Globo de Oro como protagonista mientras en los Oscars lo fue De Niro, además de la película y el guión.
Un film más que correcto con buenos sentimientos y una labor interpretativa de altura.

Lo Mejor: El elenco interpretativo. La escena del baile entre Leonard y Paula.

Lo Peor: Puede resultar de sobremesa.