La familia Bowden vive placidamente en su residencia de New Essex con vistas a pasar otro verano normal. Sin embargo su tranquila vida se verá alterada por culpa del exconvicto Max Cady, quien ha salido de la cárcel con un solo pensamiento: Vengarse.

Casi todos los remakes despiertan casi siempre un rechazo a la hora de compararlos con su original, pero hay honrosas excepciones que convierten al remake en una pieza a tener en cuenta gracias a la renovación de la idea y a la buena mano que tenga el director elegido para llevarlo a cabo. “El Cabo del Miedo” es una de esas excepciones.
En un principio iba a ser dirigida por Steven Spielberg, pero al entrar en escena el interés de Robert De Niro decidió ofrecérsela a Martín Scorsese, siendo así el primer film puramente comercial del director. Puesto que era un film destinado a taquilla, y de encargo, Scorsese decidió pasárselo bomba y jugar con todos los elementos propios del suspense mediante una dinámica, malsana, y brillante puesta en escena, rematada con un guión que retrataba de forma más inestable ,y tenía más mala leche, a la familia protagonista que en la película del 62.

La familia Bowden aparenta ser la típica familia americana de clase alta sin problemas. Sam Bowden es un exitoso abogado, su mujer Leigh es una diseñadora artística, y su hija Danielle es quinceañera del montón. Pero pronto empezarán a brotar las pequeñas fisuras que harán peligrar la estabilidad familiar. Esta estabilidad se rompe con la salida de Max Cady de la cárcel y su incesante acoso a Sam, al cual culpa de haberse pasado catorce años en prisión por no haberlo defendido bien. Cady es un psicópata que se lo hace pasar mal a la familia, pero es aún peor, es el pasado que vuelve a las vidas de los protagonistas. Con la reaparición del preso afloran viejas heridas dentro del matrimonio que parecían sanadas, como las infidelidades, pero además verán en peligro la vida de su hija Danielle, pues Cady fue condenado por violar a una chica de casi la misma edad que ella, la cual pasa por el estado de incomprensión familiar y ganas de contradecir a sus padres.

Primer acierto del remake, dar otra vuelta de tuerca a los personajes. Si en la película original de J. Lee Thompson, el protagonista era un recto y honroso abogado con una impecable vida familiar con su mujer e hija, aquí Scorsese, con el guionista Wesley Strick, replantea a cada personaje de la familia Bowden hasta convertirlos en seres más humanos, no tan perfectos. Sam es un hombre con defectos, que vive con la sombre de la culpa sobre sus hombros, pues, además de haber engañado a su mujer en el pasado y tontear actualmente con una compañera de bufete, en realidad nunca sacó a relucir una prueba que pudo reducir la sentencia de Cady. Leigh es la sufridora, digamos que en apariencia transmite bienestar, pero es un volcán a punto de explotar que no duda en echarle en cara a su marido todos sus errores cuando el mal se cierna sobre ellos. Danielle es la chica quinceañera deseosa por experimentar todo tipo de cosas, lo cual la hace vulnerable y fácil de manipular, una joven Lolita amenazada por lobos salvajes.

El personaje de Max Cady debe ser una evolución al interpretado por Robert Mitchum y no una fotocopia. Si bien ambos personajes intimidad físicamente, hay pequeños detalles que los diferencian. El Cady de Scorsese es un ángel vengador que ha aprovechado su tiempo entre rejas para leer y conocer el sistema penal. Cual Mesías, Max llega a New Essex para implantar la única justicia legal, el ojo por ojo. No se detendrá hasta ver a Sam postrado a sus pies pidiendo perdón por sus pecados, con el cielo como juez y su familia como jurado. Para subrayar aún más el papel de Cady como personaje bíblico y torturador se tatúa todo su cuerpo con palabras y frases con reminiscencias a la Biblia.
Otro detalle que me parece muy interesante es el lado femenino que Cady dice haber conocido en la cárcel, en donde por falta de mujeres se tienden a sodomizar unos a otros. Sin llegar al extremo de decir que el personaje sea homosexual, si es interesante detalles como su melena negra peinada de forma algo femenina o su tendencia a travestirse para cometer uno de sus crímenes.

Martín Scorsese da una lección de cine fabricando una película plagada de todo tipo de tópicos que resulta apasionante, gracias a demás a un ritmo endiablado que no da descanso.
El director hace gala de sus movimientos de cámara vertiginosos ejecutados con maestría a la vez que demuestra su buen dominio narrativo enmarcando cada secuencia con una puesta en escena acorde a la situación. Cada vez que algo va a pasar, y para dar sensación de inseguridad, Scorsese utiliza un ángulo desequilibrado que nos advierte. Esta angulación sirve también para describir y reforzar la inestabilidad que sufre la familia Bowden. Es muy interesante el uso de imágenes manipuladas que se nos muestran como si fueran un negativo, cómo si Scorsese quisiera hacer una radiografía de cada personaje. El homenaje a genios del suspense, con Hitchcock en cabeza está presente, como en ese primerísimo primer plano de los ojos de Jessica Lange cuando ve por primera vez a Max Cady sobre su valla, o el juego que hace cuando van echando las cerraduras, tan dinámico, con un nerviosismo en el montaje que describe perfectamente a Sam.
La presentación de Max Cady es brillante, no solo llega a impactarnos haciendo ejercicios en su celda de espaldas, con su cruz tatuada, sino que Scorsese refuerza su amenaza contra el mundo exterior gracias a ese plano en que sale de prisión y a medida que avanza hacia nosotros el personaje unas nubes negras empañan el cielo, avisando que se avecina una tormenta. Me hace gracia, además, como Cady entra en primer contacto con la familia. Aparece ante nuestros ojos una escena de “Este chico es un demonio” para aparecer en la imagen la silueta de Cady. Esto a mi entender esconde más de lo que parece. La película que se nos proyecta fue un éxito de Universal que habla de un padre que adopta un chico malísimo, para al final descubrir que lo quiere a pesar de sus defectos. Bueno, la historia que vamos a ver trata de una familia que debe enfrentarse a sus defectos para seguir unida, pero no solo eso, sino que parece que Scorsese quiere reírse de todas esas películas de estudio destinadas al gran público (irónicamente está es su película comercial por antonomasia) introduciendo a su personaje Max Cady que tapa la imagen y se parte de risa con, o de, la película.
Una de las mejores secuencias de la película, para un servidor la mejor, es en la que Danielle es seducida por Cady. En un principio se pensó en hacer, como la original, una persecución por el instituto, pero luego se creyó que era mejor poner a los dos personajes juntos hablando. La secuencia parece muy sencilla, un simple juego de plano-contraplano. Pero Scorsese vuelve a demostrar, una vez más, su maestría enmarcándola en una casita de chocolate. El personaje de Cady aparece, cual bruja de cuento, por la puerta escondido entre las sombras, hablando a la chica de manera cordial y afectiva, ganándose su confianza. A medida que evolucione la conversación Danielle se dará cuenta de que el hombre que tiene delante no es el profesor de interpretación, pero le da igual, las armas de Cady han surtido efecto y han impresionado a la chica que se encuentra engullida por el lobo. El punto álgido, y malsano, de dicha secuencia es cuando se produce la violación mediante la inducción del dedo de Cady en la boca de Danielle, perpetrando así la inocencia de la niña y eliminándola por completo con un beso. Según cuneta la leyenda, la secuencia que se montó fue la grabada por primera vez en que Lewis y De Niro utilizaron la improvisación. Si es así, menuda secuencia se marcaron, aún vista hoy transmite malestar, y eso es fabuloso en una película de estas características, encima producida por un gran estudio.

El tramo final, enmarcado en el lugar que da titulo al film, está muy bien utilizado por el hecho de convertir el lugar donde la familia siempre ha estado feliz en un lugar más acorde con el titulo, donde la amenaza se cierne sobre ellos. Aquí Scorsese cae en todos los tópicos de películas de psicópatas al hacernos creer que el malo muere y luego reaparece, pero da igual porque sabe cómo hacer que no parezca absurdo, y si encima pone al protagonista como una fiera dispuesta a mancharse las manos de sangre, alejado del correcto tipo que dio vida Gregory Peck, mejor. Además de que en este tramo hace algo tan interesante como poner a Cady mirando a cámara mientras juzga a Sam, con lo cual nos convierte a los espectadores en jueces de lo que está ocurriendo en escena. Brillante.

El director volvió a confiar en su colaboradores habituales. Thelma Schoonmaker montó el film transmitiendo con un ritmo endiablado en que se palpaba el malestar y la claustrofobia. Elmer Bernstein utilizó el mismo tema de la película del 62 compuesto por Bernard Herrman y lo utiliza casi siempre, consiguiendo que las imágenes resulten más obvias, seguro que por iniciativa de Martín Scorsese, que ya que hacia esto por encargo quería caer en todas las obviedades posibles.
Nick Nolte y Jessica Lange dan vida al matrimonio Bowden. En los dos casos están más que solventes y realizan sólidas interpretaciones como matrimonio en crisis. Robert De Niro volvió a dar el do de pecho ejercitando su cuerpo hasta transformarlo en puro músculo, tatuándose el cuerpo con productos vegetales y visitando a un dentista para que retocará su dentadura. Su creación es impresionante, transmitiendo en todo momento una seguridad y un salvajismo acojonantes. Es una pena que hoy día se haya parodiado su imagen de Max Cady por culpa de malas imitaciones que repiten la palabra “abogado”, haciendo olvidar otros momentos como el citado con Lewis o el que vive encerrado en una habitación con Illeana Douglas donde da rienda suelta a sus malas artes. Juliette Lewis afrontó su primer papel con mucho desparpajo, dando vida a la hija de los Bowden cual Lolita con ganas de explorar placeres prohibidos sin perder la inocencia de una niña. Illeana Douglas da vida a Lori, compañera de Sam en el bufete y posible futura amante a la que Cady le hará pasarlo mal. Como guiño a la anteror aparecen Robert Mitchum y Gregory Peck, pero de forma inversa. Ver que Mitchum es el jefe de policía y Peck, en su última aparición cinematográfica, el defensor de Cady, no deja de ser irónico y divertido.

Como era esperar la película fue un éxito en taquilla, el mayor de Scorsese hasta “El Aviador”. Recibió dos nominaciones a los Oscars a Actor protagonista (De Niro) y Secundaria (Lewis). Puede que esté considerada una película menor de Scorsese por el hecho de ser comercial, pero en mi opinión es mejor, y tiene más personalidad, que otras películas suyas posteriores, como por ejemplo “Infiltrados” otro remake por el que se llevó demasiados halagos.

Una muy buena película de genero realizada con maestría por Scorsese que demuestra que se puede llegar a hacer un buen remake.

Lo Mejor: La puesta en escena. El ritmo. De Niro.

Lo Peor: Que la consideren menor por el hecho de ser comercial.