Rupert Pupkin es un admirador empedernido del cómico Jerry Langford hasta tal punto que sueña en convertirse en su sucesor y ser el nuevo Rey de la Comedia.

Martín Scorsese realizó esta cruel visión sobre el mundo del espectáculo centrándose en esos maravillosos desconocidos que son los admiradores.

La película nos muestra hasta que punto estaría dispuesta a llegar una persona por conseguir la fama, pero no solo eso, sino que llega a explicarnos la obsesión de un hombre por llegar a ser tan famoso, o más, que el cómico al que admira.
Rupert Pupkin se un perdedor, un hombre normal y corriente que se cree importante. Su fachada no podría definir más su personalidad, siempre vistiendo trajes baratos que emulan a los de Jerry Langford y presumiendo de la cantidad de autógrafos que tiene de gente famosa. Pupkin está obsesionado por Langford, por lo que representa. Convocar a millones de espectadores en televisión con éxito. Recibir los aplausos del público. Ser reconocido por la calle. Pero el mayor problema de Pupkin no es que quiera llegar a serlo, sino que cree que ya lo es, cree ser un gran humorista cuando lo más triste es que no tiene apenas gracia. Hay una escena que define perfectamente la mente de Pupkin, y es cuando nos lo encontramos solo en su vivienda recitando no un monologo, sino su presentación personal frente a un mural que representa un público.

La película muestra los riesgos que se atrevería a correr un admirador hasta conseguir estar cerca de su ídolo. Mientras Pupkin sueña con llegar a la altura de Langford, y superarle en antena como cómico, Masha ansía estar a solas con el exitoso comico para realizar sus más profundas fantasías.
No es descabellado afirmar que todo el que vea esta película se sentirá en mayor o menor medida identificado por alguno de los dos admiradores. ¿Quién no ha querido llegar al estrellato de alguien admirado, o incluso imaginar que se le supera? O ¿quién no ha tenido alguna fantasía con un ser celebre? Así pues descubrimos que el film habla de todos nosotros, de todos los que disfrutamos viendo una película, o la televisión, o escuchamos un disco, y pensamos en las personas que lo han hecho posible queriendo llegar a ser como ellas.
Aunque el final de la película parezca feliz, en mi opinión no lo es tanto. Pupkin cumple su sueño de hacer reír a miles de espectadores. Al final triunfa el soñador, si. Pero también triunfa un ser desgraciado sin talento, que lo más que ha hecho es secuestrar a su ídolo para aparecer en el programa y darse a conocer al mundo, que le aplaude y pide más, porque siempre gustan los perdedores.

Aunque en principio parezca que Scorsese ha realizado un film bastante flojo, resulta que tiene detalles muy interesantes merecedores de nuestra atención. El momento en que comienzan los créditos de apertura me parece inteligente. La imagen se congela en el momento justo en que las manos de Masha pide salir de una limusina mientras fuera están Pupkin y Langford y el flash de una fotografía explota. Si contemplamos un minuto ese fotograma nos parece que el cristal del coche se asemeja a una pantalla de televisión y las manos de Masha exigen entrar en ella. Es el grito de “quiero pertenecer a ese mundo” resumido en un simple plano congelado. Es el tema de la película. Si bien es cierto que el director quiere realizar algunas escenas cómicas, como el torpe secuestro de Langford, patina un poco y resultan algo exageradas, claro que también sirven para describir la torpeza de Pupkin. El personaje central nos es descrito maravillosamente bien gracias a su entorno, su habitación está adornada por replicas en cartón de Langford y tiene unos sillones en los cuales están sentadas las figuras del cómico y Liza Minelli, mientras en el centro queda reservado el sitio donde se sienta Pupkin. No es exagerado afirmar que hay un paralelismo con “Psicosis”, pues si en aquella Norman Bates creía hablar con su madre, aquí sucede igual. La voz de la madre de Pupkin aparece en los momentos en que él está inmerso en sus sueños, pero nunca aparece corporalmente, sino mediante su voz que parece un eco. Es así como podemos llegar a pensar que Pupkin sufre una ligera esquizofrenia.
El guión corrió a cargo de Paul D. Zimmerman, que consigue reflejar de manera real, y algo cruel, a los famosos y sus locos admiradores.

Robert De Niro da vida a Rupert Pupkin consiguiendo un veraz retrato sobre un triste perdedor. El personaje llega a ser tan triste e inocente que sentimos verdadera lástima aunque al final consiga su objetivo. La fachada que utiliza De Niro en el film no hace sino incrementar esa empatía, con un peinado y bigote característicos y una vestimenta de circo. Podemos mencionar otros personajes interpretados por el actor que se asemejan bastante al perfil, pero no son iguales. Por un lado Travis Bickle y su paranoia frente al mundo y por otro el Gil Renard y su obsesión por llegar a ser reconocido en el mundo del beisball. Jerry Lewis es Jerry Langford. El actor rompe con su imagen agradable y loca de otros papeles mostrando su lado huraño y desagradable cómo el cómico televisivo que vive solo en su gran apartamento. Podría significar un papel basado en él mismo incluso, pero la verdad al finalizar sentimos tal desprecio hacia Langford como no hemos sentido nunca por Jerry Lewis. Claro que a saber cómo son los famosos en la vida real. Sandra Bernhard es Masha, la joven admiradora que sueña con tener al cómico para sí sola. La actriz protagoniza una de las mejores secuencias como es la de la seducción hacia su ídolo en que se queda en ropa interior. Tony Randall aparece como personaje invitado, y Scorsese aparece brevemente como director del programa. Como anécdota citar que la actriz que da vida a Rita, amor platónico de Pupkin, es Diahnne Abbot, primera esposa de De Niro. Al final va a resultar que esta película era autobiográfica para todos los implicados.

A pesar del mal recibimiento que tuvo en su día recibió varios reconocimientos en los BAFTA y en círculos de críticos.
Scorsese realizo una película más que correcta sobre el veneno de la fama y las obsesiones de los fans que merece tenerse en cuenta dentro de su filmografía.

Lo Mejor: Su sencillez llena de grandes verdades respecto al mundo del espectáculo.

Lo Peor: Resbala cuando quiere ser una comedia.