Después del giro de 180º realizado con “La Edad de la Inocencia”, Martin Scorsese volvió a su tema favorito: el hampa, y lo hizo contando con varios miembros de “Uno de los Nuestros” como son Nicholas Pileggi en el guión (basado en su libro homónimo) y Robert De Niro y Joe Pesci como protagonistas. La película giraría esta vez sobre la ciudad de Las Vegas, en que un grupo de personajes apuestan sus vidas en post del triunfo.
“Casino” retrata fielmente el funcionamiento de un negocio en Las Vegas, movido siempre por mafioso a miles de kilómetros que lo controlan poniendo a alguno de sus miembros al frente. Las Vegas, la ciudad del pecado, la ciudad que vive de noche iluminada por innumerables luces capaces de verse desde el aire y que impiden ver el gigantesco desierto que lo rodea. El lugar idóneo para perder la vida jugandotelo todo.

Para retratar el mundo de los Casinos la historia gira sobre tres personajes.
Sam “Ace” Rothstein: Antiguo corredor de apuestas con ojo de lince, del cual viene su apodo “Ace” (el As). Es el hombre idóneo para dirigir un Casino aunque al principio él lo dude. Rothstein es un apostador nato, pero en la película no apuesta por dinero, sino porque su vida vaya en auge. Al principio reacio a dirigir el Casino Tangiers, pronto se sentirá como en casa dentro de él, controlando que todo vaya sobre ruedas para que los jefes estén contentos. Se mueve como Dios dentro del Tangiers, al que considera su bebé, lo que él diga se hace, y solo hay una norma: pase lo que pase la banca siempre gana. Pronto aparecerá para Ace otro gran amor en su vida, Ginger, una buscavidas que se mueve por su local y por la que Rothstein apostará casándose con ella y dándole la llave de toda su fortuna.
Nicky Santoro: Amigo de Sam desde hace años, es enviado a Las Vegas para cuidar de él y del negocio. Nicky es un avaricioso, siempre se mueve en busca de su propio beneficio. De carácter impulsivo y violento Santoro verá en Las Vegas una tierra virgen de la que extraer un montón de dinero sin que se enteren en casa, su objetivo primordial es llevar a la ciudad una organización criminal de la cual él sea el jefe. Al principio seguirá teniendo una relación cordal con Sam, pero está irá degenerando en un enfrentamiento entre ambos que puede resultar perjudicial para cualquiera de los dos. Los vicios de Nicky son de lo más variado, entre los que se encuentran el acostarse con las mujeres de otros, como Ginger, de la cual se hace amante.
Ginger: Una buscavidas que se pega a todo aquel que tenga fortuna en el juego para sacar tajada. Su truco es tratar bien a las personas y su golpe de suerte conocer a Sam, quien le abrirá las puertas al paraíso. Sin embargo su apego hacia Lester, un chulo yonqui, la hace perder la confianza de Sam. No la ayuda mucho su adicción a las drogas y su amistad con Nicky.

Scorsese vuelve a deleitarnos con una narración emocionante a base de grandes planos largos y travellings maravillosos. Por poner ejemplos mencionaremos el travelling que nos describe cómo sacan el dinero mediante un maletín los mafioso o esos grandes barridos y panorámicas que describen la vida diaria dentro del casino. El director envuelve la película de lujo, todo es enriquecedor visualmente, yo no solo gracias a los flamantes decorados llenos de luces cegadoras, sino al excelente diseño de vestuario plagado de color.
De nuevo el tempo está perfectamente tratado, todo sucede a un ritmo endiablado del que no perdemos detalle y que nos atrapa en esa espiral de juego y poder. La presentación de Rothstein es muy inteligente al presentárnoslo a través de su voz en off mientras su figura va iluminándose en un ligero contrapicado. El momento en que Ginger entra en la vida de Sam es también memorable, sobre todo gracias a ese plano cenital en que la rubia de oro lanza las fichas al aire.

Como suele ser habitual en varias películas del director, el uso de la voz en off se convierte en un elemento más. En esta ocasión son dos personajes los que nos narran la historia: Sam y Nicky. Resulta curioso cómo termina la voz en off de Nicky, justo cuando su vida llega a su fin, cortándola bruscamente del sonido. El mayor problema que le veo en esta película concreta al uso de la voz en off, es que hay frases que bien podrían haberse eliminado por resultar repetitivas, no hay más que fijarse en cuantas veces Nicky hace alusión a “el dinero, siempre el maldito dinero”, que, aunque sea para hacer hincapié en la causa por la que se desencadena todo, resulta cargante.
El guión, firmado por Nicholas Pileggie y Scorsese, está muy bien trazado narrándonos diez años en la vida de los protagonistas y contándonos los trapicheos con los que mueven el dinero de los casinos. El libreto contiene además un momento de lo más divertido cómo es el aterrizaje del FBI en casa de Sam y la huida de los agentes de su residencia mientras Nicky usa la avioneta como blanco para su juego de golf.
La fotografía de Robert Richardson se caracteriza por esos halos de luz cegadora en cenital que enmarca a los personajes principales. El montaje de Thelma Schoonmaker es frenético, afín a lo que requiere la trama, y es de reconocer que consiga que una película de cerca de tres horas se pase en un suspiro abarcando una década de historia. El uso musical es propio de Scorsese, con cantidad de temas que encajan con las imágenes, entre los que no pueden faltar su indispensable “Gimme Shelter”.

Robert De Niro es Sam Rothstein volviendo a ofrecernos otro de sus recitales en que su mirada hablé más que su lengua. Su imagen de jefe no se la discute nadie, aunque parezca ridículo con esos trajes que lleva tan coloridos (atención a esa escena en que se lventa en calzoncillos) y sus gafas gigantes, propias de los 70. Joe Pesci es Nicky Santoro, de nuevo mostrándonos su cara de mala leche y de pocos amigos. Su palabra favorita es “joder”. Sharon Stone es la sorpresa como Ginger. La actriz se ganó los aplausos con este papel que de verdad borda mostrándonos como pasa de la mayor gloria a la decadencia enfermiza. Nunca volvió a hacer nada tan grande, ni a salir tan guapa, como aquí. James Woods es Lester, el amiguito de Ginger. El actor da vida muy bien al hombre fracasado que temerá cruzarse con Sam.

Hemos de citar irremediablemente “Uno de los Nuestros”. Si hay una razón por la cual considere “Casino” como notable, en lugar de maestra, es porque está a la sombra de “Uno de los Nuestro”. El uso de la voz en off, el ritmo atosigante al final en que todo parece estallar para los personajes, el ascenso y posterior decadencia de uno de los protagonistas (Liotta en aquella Stone en la presente), lo muy parecidos que son los roles de De Niro y Pesci en ambas (por no decir idénticos), están un nivel por debajo que en la magistral película del 90.
Aún así, “Casino” es con todas las de la ley, la última gran obra de Scorsese, donde todo su genio volvía a deleitarnos con una historia de ambición, poder y traiciones en el mundo del hampa. Todo marcado desde el principio con aire de tragedia griega, aunque al final salve a uno de los protagonistas de lo que parecía una muerte segura.

Las críticas fueron muy favorables para la película, sobre todo para Sharon Stone, quien saboreó las mieles del éxito dentro del circulo de críticos ganando el Globo de Oro y recibiendo una nominación al Oscar como Mejor Secundaria.

Otra muestra más de la genialidad de Scorsese para retratar el mundo de la mafia, esta vez zambulléndonos en Las Vegas y en el turbulento negocio de los casinos. Prueben suerte.

Lo Mejor: Scorsese en su salsa. Sharon Stone.

Lo Peor: Está a la sombra de “Uno de los Nuestros”.