En la ciudad de Los Ángeles el inspector Vincent Hanna junto a su equipo debe detener a la banda de ladrones liderada por Neil McCauley.

Antes de realizar su primer trabajo televisivo tras la cámara Michael Mann tenía escrito un guión considerablemente largo sobre un policía y un criminal. Mann ideo la historia partiendo de lo que le contaban amigos trabajadores en el cuerpo de policía y que habían tratado con verdaderos criminales. El director decidió reducir el guión para rodar un episodio televisivo llamado “L.A. Takedown”, pero cuando Art Linson leyó el verdadero guión le dijo que debía hacer la película. Linson consiguió a De Niro para el papel del ladrón mientras Mann apalabró con Pacino el papel del policía. El anuncio era demoledor: Pacino y De Niro juntos en la gran pantalla, ya habían participado antes en “El Padrino II” pero no coincidían en ningún momento. Con un gran elenco de secundarios, algunos de ellos ahora actores conocidos, Mann realizó la que es su película más personal y significativa.

Lo primero que hay que decir sobre “Heat” es que no se trata de una película sobre policías y ladrones al uso, no es una película donde los polis son buenos y los ladrones malos, sino un retrato autentico de la vida de estos hombres que llevan un arma y se dedican a jugarse la vida todos los días, estén de un lado u otro.
Vincent Hanna es un teniente de policía que lleva cientos de casos turbios sobre sus espaldas. Es un buen policía, trabaja para ello al 100% y eso perjudica su vida intima que ya pasa por su tercer matrimonio. Al llegar a casa no se encuentra un remanso de paz precisamente sino una mujer que se siente abandonada y una hijastra cuyo padre pasa de ella dejándola tirada cada dos por tres. Hanna se define como un hombre que vive para la persecución, no es un hombre de estar por casa, a él le mueve la emoción de capturar a sus presas, que van desde simples ladrones o camellos a verdaderos psicópatas sanguinarios.
Neil McCauley es un expresidiario que planea golpes importantes contando con gente de confianza, amigos a los cuales cuida interviniendo en su vida personal si es preciso. McCauley es un profesional, controla todo al más mínimo detalle y no se arriesga si ve algún cabo suelto por pequeño que este sea. Su lema es no admitas nada en esta vida que no puedas dejar en treinta segundos si la pasma te pisa los talones, ya ha pasado bastantes años en prisión y tiene claro que no va a volver allí. Hombre solitario y callado, de porte siempre integro e intachable, habrá algo con lo que McCauley no cuente, el amor. Su tropiezo con Eady, una joven que trabaja en la biblioteca, marcará el punto de inflexión en su vida a partir del cual reconsidere abandonar lo que mejor sabe hacer para marcharse y llevar una vida normal.
Además de los dos personajes protagonistas, que representa cada gremio, la película cuenta con un gran elenco de personajes secundarios, no sabría decir el número pero es posible que a lo largo del film aparezcan cuarenta o cincuenta personajes con dialogo, los cuales, y es otra de las característica que hacen grande este film, tienen profundidad. No hay ningún personaje en la trama que este de relleno, absolutamente todos ellos tienen un fin y, por supuesto, una personalidad perfectamente definida que crea un repertorio de personajes ricos, dignos de una tragedia shakesperiana. Así pues tenemos por ejemplo a Chris Shiherlis, amigo y compañero de Neil, quien tiene problemas con el juego y ve desmoronarse su vida familiar, o a Donald Breedan, un recién salido de la cárcel cuyo trabajo de libertad condicional le está resultando un infierno.

Al profundizar en todos los personajes, en mayor o menos medida, descubrimos que no se diferencia mucho los policías de los criminales. Todos ellos tienen una familia y sus propios problemas personales que no involucran al trabajo, salvo que siempre que salen de casa sus mujeres temen no volver a verlos debido al riesgo que corren. Para remarcar este paralelismo y similitudes entre ambos gremios Mann nos los muestra de manera similar cenando. Si no supiéramos a que se dedican creeríamos que trabajan para un banco o en una tienda, con lo cual se acaban desmitificando los arquetipos caricaturescos con que Hollywood siempre ha retratado ambos oficios. Ni se es un héroe siendo policía, ni te haces famoso por robar. Simplemente son personas que hacen lo único que saben hacer.
En el fondo, y al final, descubrimos que todos los personajes del film son perdedores, incluso aquellos que parecen salir indemnes acaban perdiendo algo importante. Y es que, por qué no decirlo, “Heat” posee uno de los finales más tristes dentro del género. Neil parece que huye con Eady a empezar una nueva vida pero su orgullo le obliga a desviarse de su plan para eliminar al hombre que le traicionó. Ese error le cuesta el tener que enfrentarse a Hanna en un duelo del que solo uno puede salir vivo. Como en las viejas películas vence el policía, pero el sentimiento que nos invade no es el de confort sino el de tristeza, la misma tristeza con la que Hanna se acerca al cuerpo de McCauley y le agarra la mano. Tenemos a dos hombres, uno de ellos posee una vida triste que le obliga a tropezarse diariamente con verdadera chusma y cuya vida familiar se ha ido a pique, el otro es un pecador que parece redimirse gracias al amor y que tenía en perspectiva una nueva vida. Al final la justicia gana, pero desearíamos que se hubiera puesto de otro lado la balanza.

Michael Mann realiza un film visualmente poderoso con todos los rasgos propios del autor. Los tonos azulados predominan en las escenas nocturnas, especialmente cuando se muestra a Neil. La definición del personajes es sensacional y nos describe su personalidad solitaria mediante ese plano en que deja la pistola en su mesa cristalina y se detiene ante la ventana observando el mar. Se palpa la soledad del personaje en esa sencilla escena. El rimo y la fuerza con que se nos narra todo impide que el film tenga un momento de descanso a pesar de sus casi tres horas de duración. El uso del sonido y de la música vuelve a ser primordial para el director, introduciéndola en los momentos puntuales para que sirva como elemento descriptivo, ya sea para reforzar una situación o describir un estado de animo de algún personaje. No creo que haya mejor ejemplo de esto que la secuencia del atraco y posterior tiroteo en donde el tema de percusión de Goldenthal funciona como segundero a medida que están realizando el robo para después desaparecer de golpe y ser sustituida por los disparos ensordecedores. Nunca se habían escuchado disparos tan realistas y vibrantes como en esta película.
El director sabe dirigir cine de acción, es un artesano en la materia. La secuencia del principio en que embisten al camión y lo roban es impactante y nos mete de lleno en la trama. Además sabe sacar de los actores todos sus sentimientos sin que hablen, solo utilizando los primeros planos que ahonden en cada personalidad y la música, algo que personalmente me encanta. Por ejemplo remarco la mirada que echa Neal a Eady cuando la deja durmiendo, cómo si se arrepintiera de haber estado con ella pero con miedo de no verla más, o cuando Chris ve por última vez a su esposa y esta le advierte del peligro que corre. Memorable es también el momento en que Neil está perpetrando el robo de unos cristales siendo vigilado por Hanna y su equipo dentro de un furgón. El movimiento de uno de los policías pone en alerta a Neil quien decide abortar la operación frente a la mirada preocupada de Hanna. Sutileza interpretativa y buena dirección.

La ciudad de Los Ángeles es un personaje más y Mann así la muestra, sacándole partido en todo momento y ofreciéndonos una visión diferente de ella.
Para llevar a buen puerto el proyecto Mann se apoya en profesionales con los que ya había trabajado antes, tal es el caso del director Dante Spinotti, quien consigue crear los ambientes adecuados para cada situación. El compositor Elliot Goldenthal creó una banda sonora arriesgada que encaja como un guante con las imágenes, con dos canciones de Moby, de las cuales la que cierra el film, “God Moving Over The Face Of The Waters”, es imposible escucharla sin asociarla con el mismo.

Hay dos secuencias que merecen un aparte. La primera es el citado robo y tiroteo. El director nos sitúa en el corazón del banco y en las perspectivas de los atracadores. La velocidad y precisión con lo que sucede todo es milimétrica, la cual ayudada por la música, nos transmite una ansiedad similar a la que deben sentir los ladrones. Por otra parte se nos muestra en paralelo como Hanna y sus hombres reciben la noticia del robo y se dirigen al lugar, lo cual imparte a la pieza más suspense. Cuando los atracadores van saliendo del banco y todo parece normal observamos al equipo de la policía rodeándolos. Parece que van a capturarlos de manera pacifica a pesar de sus armas. Cuando Chris está a punto de subir al coche se da cuenta de que están siendo observados y sin dilatar empieza a disparar dejándonos petrificados. Se acaba de desatar el caos. La sucesión de disparos, cómo todo va aconteciendo de forma trágica y realista (desde la gente gritando hasta los atracadores cambiando los cartuchos de sus armas), la coreografía a través de los coches por los que Neil y Chris se abren paso a balazos, todo ello está mezclado y montado de manera impactante, tanto que una vez finalizada el espectador siente que ha sido participe al comprobar como su corazón ha pegado un acelerón. Con ella Mann crea escuela realizando la mejor secuencia de acción de la década, y posiblemente de la historia del cine.
La otra secuencia a reivindicar, y por la cual fue famosa la película, es la conversación entre Hanna y McCauley. Que se unieran en pantalla a De Niro y Pacino en un policíaco presagiaba que sus secuencias les enfrentarían poniéndolos frente a frente. Pues bien, Mann los pone frente a frente tomando un café. La secuencia por sí me parece muy interesante al funcionar como descanso dentro del conjunto. Está situada concretamente a la mitad de película y es la más sencilla formalmente hablando. Se trata de un plano contraplano al uso. No hay más. Una conversación tranquila entre dos hombres que se encuentran a ambos lados de la ley y que no discuten sobre si lo que hacen esta bien o esta mal o si yo soy mejor que tu, sino sobre ellos mismo. Su reunión les sirve para expresar sus miedos. Hanna confiesa sus pesadillas a un extraño al que vigila, y McCauley admite su relación en secreto con Eady. Es un climax, el descanso que precede la tormenta que está a punto de desatarse. Su mirada final, además de mostrarnos la admiración mutua que se procesan, no presagia sino un futuro que será fatídico para uno de los dos.

El reparto está sobresaliente. Al Pacino es Vincent Hanna. El actor quiso dotar al personaje de mucha energía, como si fuera colocado todo el día, con cierto histrionismo, así se conseguía realizar una balanza junto al personaje de De Niro, más tranquilo y centrado. Ciertamente Pacino consigue transmitirnos vitalidad y energía en todo el metraje. De Niro realiza su última gran interpretación para mi gusto. El actor vuelve a hacer gala de su estilo contenido creando a un verdadero profesional dentro del mundo de los robos. De Niro nos transmite todo lo que su personaje piensa mediante leves y sutiles miradas, sin necesidad de tirar de tics, y consigue que simpaticemos con el personaje, lo cual no es nada fácil al tratarse de un criminal. Val Kilmer es Chris, mano derecha de Neil. Kilmer está controlado y consigue un personaje creíble que se encuentra a punto de perder a su familia si no cambia su vida. Amy Brenneman es Eady, la joven de la que se enamora Neil, protagonizando con él las secuencias románticas del film. Al igual que el ladrón está sola y necesita a alguien en quien apoyarse. Tom Sizemore es Michael, otro de los miembros de Neil. Sizemore no tiene que esforzarse mucho para su papel pues la vena criminal le sale bien. Diane Venora es Justine, esposa de Hanna, la cual pasa por un momento duro al comprobar como su marido apenas la atiende como debiera. Ashley Judd es Charlene, la mujer de Chris que tiene un lío con un don nadie al que da vida Hank Azaria. Jon Voight es Nate, el encargado de buscar los trabajos a Neil y administrar sus ganancias. Wes Studi vuelve a ponerse a las ordenes de Mann tras “El Último Mohicano” para dar vida a uno de los hombres de Hanna, al igual que Ted Levine. Natalie Portman es la hija de Venora e hijastra de Pacino, Lauren, una chica que se siente abandonada por su padre. La escena que protagoniza en la bañera del motel donde se aloja Pacino es impactante. William Fichtner es Van Zant, un hombre de negocios que quiere jugársela a Neil. Dennis Haysbert es Donald, quien acaba de salir de la cárcel. Danny Trejo hace de si mismo, un exconvicto al que le gusta la acción.

Michael Mann consiguió realizar su mejor película, la más redonda. “Heat” es una pieza indispensable dentro del genero policiaco, siendo protagonizada además por dos figuras carismáticas dentro de dicho género. De hecho es para un servidor la última gran película policíaca.
Épica, impactante, emocionante, con la mejor secuencia de acción jamás rodada. El calificativo de Obra Maestra no se le queda pequeño.

Lo Mejor: Todo.

Lo Peor: Nada.