Muere otro día, de Lee Tamahori

die-another-dayJames Bond es apresado en Corea del norte. Tras su liberación su objetivo será encontrar a la persona que le tendió la trampa y detener a los norcoreanos que perseguía y que comerciaban con diamantes.

“Muere otro día” no es un una película más del espía británico más famoso del cine. Es la película numero 20 que se estrenaba a la par que el personaje cumplía 40 años en el cine. Así pues había que celebrarlo por todo lo alto y ¿qué mejor que hacerlo con una película que llevara al extremo el Universo Bond.

“Muere otro día” es un sentido homenaje a toda la Saga y si funciona es gracias a ello. Porque reconozcámoslo, que Bond vuelva a salvar el mundo enamorando a toda mujer y derrotando a los villanos no era nada nuevo. La formula estaba agotada. Pero los creadores se marcaron una meta con esta premisa: meter en esta película todas las referencias posibles a la Saga para complacer a los seguidores a la vez que ofrecía un espectáculo sin parangón marca de la casa.
Así pues tenemos esa salida del agua de Halle Berry con un bañador similar al de Ursula Andress en “Dr. No”. La importancia de los diamantes recuerda a “Diamantes para la Eternidad”. Cuando Jinx esta capturada sufre una tortura similar a la que sufría Bond en “Goldfinger” con rayo láser. La alianza entre Bond y Jinx une dos fuerzas gubernamentales como ya pasaba en “La espía que me amó”. A todo esto hay que sumar las frases con doble sentido, los guiños a los gadgets utilizados en anteriores películas, como la mochila voladora de “Operación Trueno”, además de mostrar para deleite de los fans un esperado, y soñado, beso entre Bond y Moneypenny.

Como digo la película no tiene freno. Si bien el principio es de lo más típico, con Bond en una misión, la cosa cambia a partir de los créditos de apertura en que se nos describe la tortura a la que está siendo sometido el protagonista a ritmo de Madonna. Una vez concluyan da lugar la diversión de ver a un Bond indestructible, capaz de dominar su pulso cardiaco, un barbudo que cuando se afeita y se asea no parezca haber pasado catorce meses bajo tortura.
Y es que el título le sienta que ni pintado al protagonista en esta entrega, pero además nos muestra su conciencia de espectáculo sin más pretensiones que divertirnos mediante el más imposible todavía. Un castillo de hielo, un coche invisible, un anillo de ondas ultrasónicas, un satélite que se alimenta del sol capaz de destruir el mundo, un sicario coreano con diamantes incrustados en la cara, o transformaciones genéticas que consiguen otorgar a cualquiera un cambio de personalidad en poco tiempo se dan cita en el Bond más divertido y fresco de cuantos se han visto.
Las secuencias de acción no se quedan atrás. Aquí vemos a Bond en plena persecución con aerodeslizadores, con un reactor, con su coche por el mar helado, protagonizar contra el malo Gustav Graves una pelea de espadas de lo más peligrosa con Madonna como maestra de ceremonias y observamos lo bien que se le da el surfing con paracaídas en una de las escenas que más aplausos robaron el día que la vi en cine. Si con Bond no tenemos suficiente, los productores deciden introducir a Jinx, agente de la CIA que comparte más de una similitud con 007, con lo cual la diversión se multiplica.
Lo escenarios son de ensueño, propios de este tipo de películas. James Bond pasa por Corea del Norte, Hong Kong, Londres, La Habana (en realidad Cadiz transformada) e Islandia donde el maravilloso palacio de hielo es el punto fuerte.

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El director elegido para la película fue Lee Tamahori, el cual realizo dos películas más que notables como son “Guerreros de Antaño” y “El Desafio”, así como la decente “Mulholland Falls”. Tamahori sabe que su misión es ofrecer un Bond fresco con mucha acción y lo consigue aunque se pase con las escenas acrobáticas en donde introduce ralentizaciones porque si. El director sabe que se apoya en un excelente trabajo de dirección artística y en recursos tecnológicos de primer orden capaces de hacer desaparecer un coche entre la nieve.
Pierce Brosnan siempre me pareció un bueno Bond que combinada el encanto de Connery con la bufonería de Moore. Este fue su cuarto y último film como 007, y lo dejo por la puerta grande, dándonos un Bond divertido en un mundo fantástico en que siempre ganaba el bueno. Halle Berry es Jinx. La actriz dio más que hablar y compartió cartel gracias al Oscar ganado ese año, aunque hemos de reconocer que está espectacular en su traje de baño. El personaje de Jinx cayó tan bien que hasta se especuló la posibilidad de hacer un spin-off con el personaje, pero al final todo quedo en palabras. Toby Stephens es el misterioso Gustav Graves, el nuevo chico de oro de Inglaterra cuya mina de diamantes esconde mucho más que un simple satélite para alumbrar al mundo. La belleza de Rosemund Pike, para mi gusto mucho mejor que la Berry, da vida a Miranda Frost, ayudante de Graves y experta en esgrima que tiene mucho que esconder. Rick Yune es Zao, el coreano que queda marcado por diamantes y transformado al ponerse al servicio de la cirugía genética. Un villano made in Bond. Judi Dench volvía a ser M agradándonos con su presencia, mientras John Cleese ascendía como Q por primera y única vez tras la desaparición de Desmond Llewelyn. Michael Madsen ponía el rostro yanqui como jefe de la CIA.

“Muere otro día” fue un éxito, la película Bond más taquillera hasta la fecha. Pero además era mucho más de lo que se imaginaba por aquel entonces para el personaje. Brosnan dijo que no volvería a interpretar al personaje con lo que se sabía que iban a cambiar de actor, pero lo que no imaginábamos es que asistiríamos al renacimiento del personaje, con lo cual “Muere otro día” se convertía en el canto de cisne del Bond conocido. Moría así el mujeriego machista, el charlatán, el hijo de la guerra fría, el del martini con vodka mezclado no agitado, el que se presentaba siempre con la misma famosa frase, el que necesitaba de Q para conseguir nuevos recursos y juguetes. Moría el agente secreto más fantástico con una película a la altura de las circunstancias. Se había tocado techo con él. Había que hacer borrón y cuenta nueva y ponerse a la altura de lo que los nuevos tiempos reclamaban, con el nacimiento de Jason Bourne en el cine ese mismo año tenían un modelo a seguir. Había llegado la hora del hombre normal, atormentado, frió y con cara de pocos amigos. Había llegado la hora de Daniel Craig.

Lo mejor: Su conciencia de entretenimiento-homenaje a toda la serie.

Lo Peor: La formula estaba acabada.

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3 pensamientos en “Muere otro día, de Lee Tamahori

  1. A mi me parece un film demasiado exagerado en algunos momentos, que se pasa de rosca y que obviamente era un canto del cisne….no me entusiasmó en su momento… de hecho Brosnan empezó con un film muy interesante como “Goldeneye” y fue perdiendo mucho mucho fuelle…demasiado…
    a mi me parece un poco “Moonraker” es decir de lo peor de la saga…

    Desde luego el cambio le ha sentado bien a Mr. Bond y eso que Brosnan no me desagradó

  2. “Goldeneye” me parece fallida poruqe mezcla una trama seria con frases y personajes esperpenticos (ese programador ruso interpretado por Alan Cumming). Esta última que protagonizó me gusta precisamente por lo exagerada que es, no se toma en serio ni a sí misma y eso me encanta.

    Saludos.

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