El Príncipe de Egipto

prince_of_egypt_ver3Cuando en 1994 Jeffrey Katzenberg abandonó Disney y se unió a Steven Spielberg y David Geffen en la creación de Dreamworks tenía muy claro su objetivo en la empresa: encargarse del departamento de animación y plantarle cara directa al estudio para el que antes trabajaba. Al contrario que en la casa del ratón Mickey las historias que protagonizarían los films animados, realizados de manera tradicional ayudados por nuevas herramientas de infografía, estarían basados en textos adultos, ya fueran relatos de aventuras o la mismísima Biblia. Fue en el libro sagrado donde encontraron la historia para su primera película de animación tradicional.

En 1998 Dreamworks Animation llegaba a las pantallas mediante dos films. El primero estuvo realizado por la compañía PDI y se trataba de “AntZ”, que no ocultaba su rivalidad con otro film animado de las mismas fechas, “Bichos” de la PIXAR. Sin embargo Katzenberg se volcó con el otro film de animación del estudio que representaba la verdadera carta de presentación dentro del cine de animación de la productora, “El Príncipe de Egipto”.

La historia de Moisés nos ha sido narrada en cine muchas veces, las más celebres son las realizadas por Cecil B. DeMille, tanto en la época del cine mudo como en los años 50 protagonizada por Charlton Heston y Yul Brynner, así que la propuesta de Dreamworks no podía ofrecernos nada que no supiéramos salvo un espectáculo animado impecable. O eso parecía.
Todo el mundo conoce la historia de Moisés y cómo liberó a los hebreos del yugo egipcio llevándolos hasta el monte Sinaí donde les fueron entregadas las tablas en que estaban escritos los Diez Mandamientos. La revelación de Dios a Moisés a través de una zarza ardiendo. Las plagas que asolaron Egipto. La apertura del Mar Rojo por el que cruzaron los hebreos dirigidos por Moisés. Todo nos es conocido de la historia. Sin embargo la película nos la cuenta desde otra perspectiva diferente al centrarse en la relación entre Moisés y Ramsés. Siempre se han representado a ambos como enemigos, el Faraón malo malísimo y el hebreo como un libertador enviado por Dios. Pero no hemos de desviar la vista ante algo tan instintivo para dos personas, y es donde la cinta triunfa, como es la relación fraterna que han mantenido a lo largo de dieciocho años. En contra de la imagen de Ramsés envidioso que quiere acabar con su hermano menor, en esta ocasión tenemos en el egipcio a un personaje marcado por el Destino de convertirse en Faraón con lo que ello conlleva, todas las miradas están puestas en él, y cuyo único apoyo, además de su madre, es su hermano Moisés, el cual se nos presenta a lo largo del primer acto como un joven alegre, afortunado gracias a su condición de Príncipe y que no hace más que meter en líos a Ramsés.
Si bien la frase promocional cita que “el poder no puede compartirse”, lo cierto es que a los hermanos nos les separa el poder, sino el Destino. Ramsés ha nacido para gobernar y seguir la dinastía que le precede como Faraón. Su palabra es Ley, desde niño ha sido educado para mandar sobre todo hombre, mujer y niño. Moisés por su parte ha nacido para dirigir a los esclavos hebreos hacia la libertad, claro que dicha misión le costara aceptarla años después de conocer su verdadera naturaleza de niño abandonado y encontrado en las aguas para escapar de la muerte que se llevó consigo a todos los recién nacidos de Egipto por orden del hombre al que tanto tiempo llamó padre. A su regreso a Egipto para cumplir su misión para la que Dios le ha encomendado Moisés se reencontrará con Ramsés, y no protagonizarán un enfrentamiento sino una alegría al volver a verse. Pero de nuevo el rango y la misión de cada uno en la vida se interpone convirtiéndolos en enemigos.

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Dreamworks puede sentirse orgullosa de su primera película de animación. Si ya de por sí la historia se nos presenta adulta y bien estructurada al relatarnos la relación de dos hermanos que se convierten en enemigos, no lo es menos la forma en que nos la narran. El espectáculo visual que ofrece “El Príncipe de Egipto” es comparable al que causa “El Rey León” o “El Jorobado de Notre Dame”, consiguiendo impactar al espectador mediante imágenes poderosas perfectamente narradas. Ya el prologo en que nos describe la dura vida de los esclavos y la matanza de los niños es para aplaudir, pues lo muestra de manera sutil, utilizando los detalles y las sombras de los soldados con sus espadas. A continuación la despedida de la madre de Moisés, con ese primer plano maravilloso de su mirada llorosa y su boca oculta por el pañuelo, finalizado con la llegada del niño a brazos de la Reina y un gran plano general del Imperio con la figura en forma de esfinge del Faraón. Puro cine. Y la cosa solo acaba de comenzar. Toda la película contiene un dramatismo escénico envuelto por el más puro espectáculo. Ahí tenemos la reprimenda que recibe Ramsés de su padre con Egipto de fondo, la secuencia narrada a través de jeroglíficos en que Moisés sueña con la noche de la matanza o la aparición de Dios a Moisés a través de la zarza. Mientras vemos el film hay un cineasta que llega a nuestra cabeza, David Lean. Los grandioso paisajes del desierto, las grandes secuencias épicas emulan al cineasta británico. Como he citado anteriormente la historia se centra en los dos hermanos, y no hay secuencia mejor que represente su separación que el momento de las plagas, en que queda patente lo que han sido y han llegado a ser, con un conocimiento del lenguaje cinematográfico excelente.
Hay dos secuencias que merecen especial mención por su dramatismo y su espectacularidad. La primera es la muerte que reciben aquellos que no creen en Dios y se han negado a pintar sus puertas con sangre. Es una secuencia terrorífica que no posee música, solo el sonido del fantasmagórico resplandor que va matando a los primogénitos. Aún siendo un film de animación destinado a toda la familia la cinta demuestra su condición adulta al mostrarnos a niños morir, atención a ese pequeño que entra en casa y le es arrebatado el don de la vida apareciendo su mano inerte en el suelo. La otra secuencia es el tramo final en que Moisés guía a los hebreos hasta el Mar Rojo a ritmo de la canción principal, preciosa por otra parte. Sabemos lo que va a pasar, y aún así cuando sucede nos sentimos sobrecogidos. La partición del Mar por medio de la vara de Moisés es la mejor representación jamás vista de ese hecho. El mar se eleva y al adentrarnos observamos las criaturas que viven en él como si en un acuario estuviésemos. Impactante.

Katzenberg sabe como triunfar en el cine de animación y para ello hace falta también una beuna banda sonora. La película contó con unos conocidos de la casa del ratón Mickey como son Hans Zimmer en la música ambiental y Stephen Schwartz en las canciones. Zimmer fue fiel a si mismo componiendo temas épicos y dramáticos a la par que daban a la historia dignidad y empaque emocional. Por su parte Schwartz compuso unas canciones que debían servir para narrar los pensamientos de los personajes o bien acompañar a las imágenes, tal es el caso de la vida de Moisés en el poblado en que va creciendo o el punto álgido a ritmo de “When you believe” cuando el pueblo parte a la libertad.

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Para las voces de los protagonistas acudieron a estrellas de primer orden. Val Kilmer dio voz a Moisés y a Dios. Al actor le tuvo que gustar la experiencia pues luego volvió a dar vida a Moisés en el musical de “Los Diez Mandamientos” aunque en esta presente ocasión no se atrevió a cantar. Ralph Fiennes fue Ramsés. Michelle Pfeiffer prestó sus cuerdas vocales a Tzipporah, esposa de Moisés. Sandra Bullock y Jeff Goldblum hicieron lo propio con los hermanos Miriam y Aarón. Patrick Stewatr fue Seti I y Helen Mirren la Reina, ¿cómo no? Danny Glover es Jethro y Steve Martín y Martín Short formaron dúo como los sacerdotes.

La película consiguió alzarse con el Oscar a la Mejor Canción y tuvo un éxito justito en taquilla, quedándose por debajo de la apuesta Disney de ese mismo año, “Mulan”. Como primer film de animación de Dreamworks es muy digno, incluso me atrevería a decir que arriesgado. “El Príncipe de Egipto” es una película grandiosa, majestuosa, digna de todo elogio, lástima que la productora no volviera a dar tan en el clavo dentro de la animación tradicional y eligiera caminos más fáciles para encandilar a la audiencia.

Lo Mejor: Su capacidad dramática y narrativa envuelta en un gran espectáculo.

Lo Peor: Resultó demasiado adulta.

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6 pensamientos en “El Príncipe de Egipto

  1. La verdad es que me asombra que no hallan hecho mas comentarios sobre esta increible pelicula, es una de mis preferidas exelente ambientacion en todo como historia, dibujo y sobre todo la musica la banda sonora se paso realmente hermoso es una de las pocas peliculas animadas de las que se puede admirar.

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