Revolutionary Road, de Sam Mendes

revolutionary_roadLa prestigiosa novela de Richard Yates anduvo por la mente de John Frankeheimer o Todd Field para ser llevada al cine. La muerte del autor en 1992 le impidió ver en la gran pantalla su novela sobre la crisis del matrimonio Wheeler en la época de los 50. La actriz Kate Winslet, admiradora de la novela, convenció a su marido Sam Mendes para que se interesara en ella y la realizara. Para dar vida al matrimonio se eligió a la propia Winslet, evidentemente, y a Leonardo DiCaprio, lo cual, sumado a la participación de Kathy Bates, no hace más que incrementar un factor nostálgico y pensar que estamos ante otra historia de amor como en “Titanic”. Pero nada más lejos de la realidad. Como sucede en la película todo eso es fachada ya que nos encontramos ante un film opuesto completamente a la cinta del trasatlántico.

La historia gira en torno a Frank y April Wheeler, un matrimonio que se traslada a un bonito barrio residencial y que llevan una vida normal con sus dos hijos. Pero pronto ambos comenzarán a sentir un vacío que les haga revivir sueños de juventud y marcarse un nuevo futuro, sin embargo la realidad social que les rodea hará aparición dañando a ambos e introduciéndolos en una fuerte crisis.
Cuando vemos “Revolutionary Road” pensamos “otra de matrimonio en crisis”, pero observando detenidamente nos damos cuenta de que es una historia pesimista que pone al matrimonio por los suelos, que lo muestra como un cáncer que anula al ser humano y le impide crecer más en la vida. Los sueños de juventud, la libertad, quedan anulados por lo que el matrimonio trae consigo: responsabilidad. Con el matrimonio llegan los hijos y con ellos la búsqueda de una estabilidad social a través de un buen empleo, lo cual pone a la mayoría de ciudadanos con una vida similar que se resume en ir a trabajar, volver a casa, estar con la familia para la hora de cenar, irse a dormir y vuelta a la rutina, marcándose así una monotonía que acabe por hastiar a más de uno.
Los Wheeler tratan de ir contracorriente. La sombra del pasado aún es reciente y se les aparece recordándoles viejas ilusiones. Como dos rebeldes Frank y April se lanzan a la aventura de planear su huida de los parámetros establecidos, no quieren formar parte de esa muchedumbre que camina todos los días por el más profundo vacío desesperanzador. Los planes de los Wheeler son perfectos, idílicos, pero, una vez más, chocan contra una realidad que hace a uno de ellos seguir amarrado a ella mientras el otro solo piensa en romper con su rutina y partir en busca de nuevas metas, aunque para ello piense hacer primero algo horrible, lo cual empieza a deteriorar irreversible la relación.

La naturaleza autodestructiva del matrimonio aparece sin aspavientos en el relato de forma creciente. Las peleas de Frank y April van a más a medida que avance la historia y su relación se vaya marchitando. Lo más duro llega en el tercio final, cuando una verdad fría y afilada aparece ¿Por qué se casaron? La respuesta de cada uno a ello hace explotar una bomba que llevaba tiempo desactivada empujándolos a soltar todo lo que llevan dentro de sí como cuchillos punzantes.
Tenemos que tener en cuenta que estamos en la sociedad de los 50 y que la apariencia era fundamental dentro de un recinto social como el que viven los Wheeler, rodeados por gente con una fachada tan grande como la de ellos pero que en el fondo esconden tantas miserias, o más, lo cual hace aparecer el tema de la hipocresía de forma sutil. Como muestra de esto no hay mas que ver el plano con el que se cierra la película, magnifico.
Es de puntualizar que apenas existe amor en el relato. De hecho no estamos ante una historia en que el amor aparezca, ni siquiera los “te quiero” suenan sentidos, sino como algo obligado a decirse los personajes, marcados por su condición social de pareja casada.

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Mendes lo ha vuelto a hacer, este hombre se ha vuelto a marcar otra película perfecta en donde su impecable lenguaje fílmico engrandece al guión poniéndose a su servicio y reforzándolo. La primera parte del film se basa en una planificación equilibrada, muy correcta, que represente al matrimonio estable aunque dando señales de su alarmante crisis mediante ese magnifico plano que muestra a ambos caminando por una pasillo vacío a una distancia en que ni se miran ni se tocan. Cuando la pareja llegue al punto álgido de sus peleas la cámara de Mendes se liberará desequilibrándose al mostrarnos su enfrentamiento, con lo cual refuerza mucho más la inestabilidad por la que están pasando. He de decir que esta escena en concreto, la última pelea, me puso los vellos de punta, no solo por cómo esta ejecutada, sino por su crudeza y realismo, vemos una pareja real en una discusión real consiguiendo que nos sintamos violentos.
Para mostrar los cambios de libertad que buscan los protagonistas hay que citar dos secuencias en concreto. La primera cuando Frank va camino a casa y se separa de la marea de gente a la que normalmente va pegado. Su imagen de hombre tranquilo mientras a su espalda caminan incesantemente cientos de personas nos describe su intención de ser diferente, de marcar la diferencia. La segunda secuencia tiene lugar cuando entra en escena John, el hijo de Helen. Aunque se nos presenta como alguien que pasa por enfermedades mentales lo cierto es que es la persona más verdadera de todas, la que dice las cosas tal y como las piensa sin ocultar nada. Al enterarse de los planes de Frank y April no tiene más que aplaudirles y darles la enhorabuena por ser tan valientes, pero lo importante de la escena es, además, donde tiene lugar dicha conversación. Se encuentran en el bosque, rodeados por árboles, sin ningún rastro de edificación o rasgo social que les recuerde que viven dentro de unos parámetros establecidos. Se encuentran en libertad.
Hay que citar que esta es la película más teatral que haya dirigido Mendes. El hecho de que una de las primeras escenas suceda en un teatro con April como actriz no es casual. A lo largo del film observamos como casi siempre las conversaciones son entre April y Frank a solas en su casa, o bien entre cinco personas como mucho en escenarios que se repiten, como el lugar de trabajo de Frank o la casa de los vecinos. Los niños apenas aparecen más que en breves momentos, casi para justificar que existen dentro del matrimonio.

Como es habitual en el cine de Mendes la fotografía es primordial y ayuda a describir el estado anímico de la pareja. En esta ocasión tenemos que prestar atención a tres colores fundamentales. El blanco, símbolo de la estabilidad y la corrección. Las casas del barrio Revolutionary Road se presentan como un lugar idílico y perfecto para vivir, todas blancas inmaculadas. Sin embargo el color significa apariencia, incluso la casa de los Wheeler por dentro aparece excesivamente blanca aunque haya poca estabilidad. El azul significaría estabilidad laboral y social. Cuando Frank está en el trabajo este color predomina por encima del resto. Los colores cálidos, y en especial el rojo, significan primordialmente lujuria, y peligro. Hay una escena en que vemos muy bien lo opuesto entre el azul y el rojo. Cuando Frank baila con su vecina bailan con una luz azulada, no son más que unos amigos que bailan frente a sus respetivas parejas, sin embargo cuando April y su vecino bailan la luz roja los baña al estar solos, sin nadie que los vigile, con la lujuria amenazando. Una de las mejores escenas del film tiene lugar cuando el rojo aparece en pantalla rompiendo la estable blancura que rodea a los Wheeler. Es una escena rodada mimosamente, con un pequeño travelling que se va alejando de un personaje y nos descubre una gran desgracia. Memorable.

Leonardo DiCaprio

El guión corre a cargo de Justin Hayte construyendo situaciones y frases realistas, que no busquen algo intelectual. El guionista se apoya completamente en la novela de Yates que tan bien definidos tiene a los protagonistas y que aquí se nos muestran como dos personas normales y corrientes, con sus fallos y sus virtudes, y he ahí otro triunfo, pues ninguno de los dos parece mejor. Tanto Frank como April cometen errores a lo largo de la historia, solo que al final puede que sintamos mayor simpatía por uno que por otro debido al desenlace.
El estilo años 50 está conseguido de forma sobresaliente mediante detalles pequeños, no hay escenas que nos muestren grandes escenarios como suele ser habitual. La música de Thomas Newman resulta demasiado “American Beauty” por decirlo de alguna manera, afortunadamente no posee tanta importancia en este film como en otros anteriores de Mendes, sino que solo funciona como acompañamiento.
El reparto está sobresaliente en su conjunto, no hay nadie que desentone ni que se encuentre en otro nivel, sino que todos están acordes a sus papeles. Es casi imprescindible hacer mención a “Titanic” al tener aquí a tres de sus actores, en concreto a los dos protagonistas. Bien he dicho antes que esta película es antiTitanic en todos sus aspectos, y también lo es en las interpretaciones de DiCaprio y Winslet. Es cierto que han pasada más de diez años, que ambos han madurado de forma postiva interpretativamente, pero mucha gente sigue viendo en ellos a Jack y Rose, y aquí se consigue que no los veamos en ningún momento como a la pareja de amantes. Es de aplaudir que se haya escogido a ellos para dar vida a una pareja en deterioro que se tira los trastos, contraponiéndose a aquella otra pareja idílica que vivía su amor en el barco más famoso del mundo. Kate Winslet es grande, no hay duda de eso. Haga lo que haga esta mujer como mínimo está notable, y aquí se entrega completamente para dar vida a April, esa mujer que sueña con vivir una vida idílica rompiendo con todas las barreras sociales. Winslet da otro recital interpretativo cómo era de esperar, pero quien me ha sorprendido es DiCaprio, quizás el verlo tanto de tío duro para Scorsese o Scott haga que valore mucho más esta interpretación suya como hombre normal de clase media, pero es que está fantástico en su papel de marido y padre de familia, y lo mejor es que parece un hombre de aquella época que no resalta entre la muchedumbre en una secuencia parecida a la que ya nos regaló Mendes en “Camino a la Perdición”. Aunque su cara de niño aún no haya desaparecido el actor nos hace creíble su personaje. Tanto Winslet como DiCaprio se compenetran muy bien, sobre todo en las escenas de peleas, las cuales como he citado antes, parecen realistas y nada forzadas. Kathy Bates es Helen, una amiga de los Wheeler que les enseñó su casa y se hizo amiga de ellos. Aunque parezca una agradable señora no es más que otra hipócrita más. Michael Shannon es John, el hijo de Helen, quien ofrece una excelente interpretación como hombre un tanto desequilibrado pero que ve las cosas como realmente son. Dylan Bakes es Jack, compañero de trabajo de Frank. David Harbour es Shep, el vecino de los Wheeler que mira a April como algo más que una vecina. Zoe Kazan es Maureen, una atractiva oficinista del trabajo de Frank.

Sam Mendes ha realizado otra película sobre la sociedad americana, esta vez ambientada en los 50 y que pone en tela de juicio el concepto de matrimonio. De un punto de partida sólido como es la novela de Yates el director vuelve a hacer gala de su inmenso talento escénico y su buena mano con los actores regalándonos otra gran película dentro de su corta filmografía.

Lo Mejor: La Dirección. Los Actores. El Guión.

Lo Peor: Puede ser recibida como una propuesta demasiado pretenciosa o fría.

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6 pensamientos en “Revolutionary Road, de Sam Mendes

  1. Una peli cojonuda, como comentamos!!

    Una muy buena reseña, felicitaciones !

    PD: Me encanta el nuevo banner gibsoniano 😉 jeje

  2. Una buena película, si bien no me parece tan magistral como a ti. Lo mejor sin duda las interpretaciones y ese retrato que tantas veces hemos oido sobre la vida…cuando la pareja ve que el amor desaparece huye hacia adelante…boda, hijos…otro hijo (aunque afortunadamente el amor existe)…Yo le criticaría en algún momento cierto exceso teatral, demasiado grandilocuente…por ejemplo esas frases de “si me tocas gritaré” y se pone a gritar…y que el “loco” sea el que diga siempre la verdad, un recurso un poco manido…
    Aunque en el cojunto desde mi punto de vista estamos ante un film de notable alto.

  3. A mi el exceso teatral no me chirria, ya digo que me gustó mucho, y la escena esa que mencionas entre Winslet y DiCaprio cuando ella le dice esa frase me encantó.

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