Braveheart, de Mel Gibson

braveheartSiguiendo la estela de otros actores Mel Gibson debutó en la dirección en 1993, con la tierna “El Hombre sin Rostro”, demostrando una sensibilidad fílmica desconocida en él, pero fue en 1995 cuando recibiría los parabienes de la critica y, sobre todo, del público con su cinta épica de corte histórico que narraba la vida del revolucionario William Wallace.

El film comienza a finales del S. XIII en Escocia, con un joven William Wallace que ve partir a su padre y hermano a luchar contra el Rey de Inglaterra, Eduardo I, tras traicionarlos en un pacto. En la batalla fallecen ambos quedando William solo, que parte con su tío Argyle por gran parte de Europa para recibir una amplia educación. A su regreso, muchos años después, comprueba que su patria sigue bajo el dominio inglés, pero no le influye, él tan solo quiere vivir en paz junto a la mujer que lleva amando desde niño, Murron, con la cual se casa en secreto para que los ingleses no puedan tener con ella el derecho a la Prima Notte (Primera noche), por el cual pueden yacer con la esposa en la noche de bodas. Tras impedir que unos soldados ingleses violen a Murron, Wallace huye pero su esposa es apresada y degollada a vistas de todo el pueblo. Momentos después el escocés vuelve para vengarse y comenzar una rebelión en contra de Inglaterra, exigiendo la libertad.

“Braveheart” es cine épico con mayúsculas. Posee romanticismo, batallas, traiciones, venganzas, sufrimiento, todo lo que hace que un film de estas características funcione. Por supuesto debe haber una buena historia y un buen narrador que sepa conjugar todos los ingredientes para hacernos llegar un buen relato. Gibson lo consigue con creces, sentando las bases que regirían sus obras posteriores.
El protagonista, William Wallace, es el prototipo Gibsoniano, un hombre que quiere vivir en paz, que ha visto la muerte a través de su padre y hermano, y que ahora quiere crear una familia y envejecer junto a ella en sus tierras. Sin embargo la inestabilidad social y política de su País se lo impiden. Los ingleses son duros opresores liderados por el cruel Eduardo I, cuya última gran idea ha sido la de reimplantar el derecho a que sus nobles se acuesten con las recién casadas escocesas. Aunque Wallace pone medios para que no se enteren de su unión con Murron, los ingleses no desperdician la oportunidad de estar con una dulce jovencita, cogiendo a la chica a escondidas e intentando abusar de ella, cosa que Wallace impide, iniciando con esta acción el principio de una lucha sangrienta contra toda Inglaterra.
A Wallace le mueven dos cosas en la guerra. En primer lugar la venganza, tanto por la muerte de su padre como por la de su esposa. Será por esta última especialmente por la que Wallace luche fervientemente en el campo de batalla, llevando siempre consigo su prenda de bodas y recordándola continuamente en sueños. La otra razón, y posiblemente tema fundamental del film, es la libertad. Escocia carece de Rey y muchos nobles lucharon entre sí reclamando la corona, sometidos siempre a Eduardo I. Wallace desciende de noble linaje y ha vivido de niño lo que son las consecuencias de una guerra perdiendo familiares y amigos. A su regreso, y tras la fatídica muerte de su esposa, Wallace liderará a los escoceses e intentará unir a los nobles para así plantar cara y derrotar al tiránico Rey inglés, llegando a alcanzar una fama que le convertirá en leyenda.

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No hay que escarbar mucho para ver rasgos similares en los dos protagonistas posteriores de Gibson. Primero, Jesús de “La Pasión de Cristo”, que se entrega y sufre por la libertad de su pueblo. Además Wallace sufre al final un martirio altamente doloroso que el director ampliará y desarrollará de forma más salvaje en su film de 2004. Por otro lado tenemos al Garra de Jaguar de “Apocalypto”, que también pierde a su padre, de una manera similar a cómo muere Murron, y lucha enfurecidamente contra sus captores con la esperanza de reencontrarse con su mujer en los cuarenta minutos más frenéticos y apasionantes que nos ha ofrecido el cine en los últimos años. Tanto Wallace como Garra de Jaguar comienzan como seres tranquilos, sin intención de entrar en ningún conflicto, para acabar revelándose y demostrando su valor.
Además observamos en “Braveheart” otro rasgo característico en el cine de Gibson como es el tomarse libertades creativas que ayuden a la finalidad cinematográfica, por ejemplo al poner a los villanos, los ingleses en este caso, como malos sanguinarios sin piedad y a los buenos, los rebeldes escoceses, como sufridores con los que simpatizar. Gibson no lo hace con ninguna intención más allá que la de contar una historia Universal, cómo es el enfrentamiento entre el bien y el mal, el oprimido y el opresor. Su tema fílmico por excelencia.

Si ya de por sí la historia de un hombre que lucha para salvar a su pueblo y se enfrasca en grandes batallas da mucho juego para una película de aventuras, esto se engrandece al introducir un romance con la recién llegada Princesa Isabel. La joven se ha casado con el hijo de Eduardo I, pero este no sabe complacerla pues sus intereses están más bien orientados hacia terrenos masculinos. Al conocer la historia de Wallace y su esposa sentirá un curiosa simpatía por el rebelde, que se engrandecerá cuando conozca al apasionado escocés hasta llegar a ayudarlo en su campaña por medio de mensajes. Aunque Wallace procesa un amor inamovible hacia Murron aún después de muerta no puede ocultar su cariño hacia la joven Princesa, a la cual le desea mucha suerte, y confianza, en su futuro reinado.
También tenemos los distintos pactos que se establecen y se rompen entre los escoceses, demostrando que no todos son buenos y que gran parte, representada por la nobleza, se mueve por codicia. El principal noble es Robert Bruce, quien envidia a Wallace por su alta reputación y el cariño que despierta en el pueblo. Bruce ha nacido para gobernar, pero carece de carisma y fortaleza, dos rasgos imprescindibles para dicha tarea. Siempre aconsejado por su viejo padre, Bruce vivirá en sus carnes la tortura de ser un traidor al mentir a Wallace en dos ocasiones, siendo la segunda toda una sorpresa para el noble, que ha sido utilizado por sus compatriotas para poner fin a la guerra con Eduardo I.

Pura emoción. Mel Gibson crea una de las película épicas más celebres y memorables de cuantas se recuerdan, heredando el estilo de las grandes superproducciones históricas, con una fuerza visual sin discusión. Si bien son las secuencias bélicas las más comentadas, en especial la batalla de Stirling, por su crudeza y realismo, para mi gusto la verdadera riqueza del film se encuentra en los momentos aparentemente más sencillos e íntimos, donde Gibson hace gala de su sabiduría como director. Empecemos mencionando secuencias que posean una carga dramática. El momento del funeral del padre y hermano de William, cuando este es pequeño. Muy sencilla, sin pretensiones. El niño queda solo frente a las tumbas y de repente una pequeña niña, Murron, se le acerca para tenderle un obsequio, una flor. El momento en que la mano de la niña le ofrece la flor y William la acepta con la hermosa música de Horner como ambientación habla por si misma, entre ambos existe un cariño especial. Segundos después otra gran escena, el momento en que el pequeño escucha con su tío las gaitas de noche y acepta su Destino, primero aprenderá a usar la cabeza, y luego aprenderá a usar la espada. Por lo que ahí se sientan las bases de que el personaje será inteligente y valiente. Destacar dos escenas protagonizadas por Murron. La primera el casamiento, prácticamente mudo, de noche, con la luz de la luna bañando a los personajes que consolidan su unión en el río. En segundo lugar su muerte, con un primer plano de su rostro mirando al horizonte, en busca de su esposo, rezando por que la libere. Desgraciadamente dicho hecho no sucederá dando comienzo el genio fílmico de Gibson con secuencias violentas.

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Un rasgo interesante en el film es cómo se utilizan los sueños para causar una sensación de misterio y suspense. Sucede tres veces. La primera cuando el pequeño William acaba de presenciar en un establo una carnicería y sueña con que un niño pequeño lo llama. La segunda es cuando William se reencuentra con su recién fallecido padre en sueños y este le dice que su corazón es libre. El tercer sueño tiene lugar cuando Wallace está sumergido en la guerra y se reencuentra con su esposa, diciéndole que no quiere despertar, pero ella le dice que debe hacerlo. Este último sueño tiene importancia para el tramo final del film, cuando el protagonista está a punto de morir y la ve entre la muchedumbre. El verla significa que está más cerca de reunirse con ella.
Sin duda alguna la secuencia final queda grabada en la memoria de todo el mundo, ya no solo por su frase final, sino por la fuerza que desprende. Aunque posee escenas altamente desagradables que nos describen la tortura de un hombre siendo sometido a la soga o a ser estirado de forma mortal, el director se pone más suave a la hora de mostrar los últimos segundos del personaje, con un primer plano de su rostro expresando todo el dolor que sufre mientras está siendo rasgado por el pecho hasta ese maravilloso e inolvidable plano en que la mano muerta deja caer el pañuelo.
Aunque son memorables y espectaculares, encuentro los principales fallos del film en las escenas de acción. Primero diré que es de alabanza el que estén realizadas a la vieja usanza, sin usar tratamiento por ordenador en ningún sentido y consiguiendo realismo a la hora de mostrar sangre y fragmentos del cuerpo amputados. Pero en lo que a nivel de dirección se refiere me cansa el abusivo uso de la cámara lenta por parte de Gibson. En algunos momentos está bien (el regreso a la aldea una vez muerta Murron), pero en las batallas se excede para describirnos como la caballería inglesa se va acercando. Aún así, no impiden que el conjunto sea muy sólido.

El guión corrió a cargo de Randall Wallace, tomándose ciertas libertades en cuanto a la historia real, aunque, curiosamente, se suavizó la tortura final de William Wallace, pues según cuentan fue mucho peor de lo que muestra el film. Aún así el guión funciona perfectamente para el objetivo que persigue Gibson de narrarnos una historia en post de la Libertad. Existen ciertos ecos shakesperianos en el film y no es casual, pues el famoso monologo que el protagonista dice a los soldados procede de “Enrique V”.
La ambientación es de primera y consigue ofrecernos una visión de la Edad Media realista, con los personajes sucios y mugrientos, en donde primen los colores oscuros y apagados.
La música de James Horner es inolvidable y conocida por todo el mundo, sirviendo como perfecto encaje para las imágenes.
La fotografía de John Toll sobrecoge y consigue resaltar los grandes paisajes escoceses y ayudar a que la ambientación tenga ese aspecto sucio y realista del que antes hemos hablado.

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Mel Gibson se quedó el papel protagonista aún teniendo veinte años más que el personaje histórico. La verdad es que está solvente y sirvió como reclamo para la taquilla. Sophie Marceau está preciosa y muy convincente como la Princesa Isabel, partidaria de la cruzada de Wallace. Patrick McGoohan es Eduardo I, también conocido como Longshanks, otorgando al personaje un porte rabioso y cruel. Brendan Gleeson es Hamish, el mejor amigo de William desde la niñez, un grandullón de buen corazón al que Gleeson sabe dotar de simpatía. Catherine McComarck es Murron, el amor de Wallace y razón por la cual lucha. La actriz consigue enamorar, al menos en mi lo consiguió. David O´Hara es Stephen, el irlandés pendenciero que se une a la cruzada de Wallace y que habla constantemente con su padre, Dios. Peter Mullan es un veterano que combate en el bando escocés. Angus Macfadyen es Rober Bruce, el noble que duda si ponerse del bando inglés o de Wallace. Brian Cox participa brevemente como Argyle, el tío de William.

En el año en que compartía cartel con otra cinta sobre un héroe escocés como es “Rob Roy”, el film de Gibson acabó triunfando, recibiendo diez nominaciones a los Oscars y llegando a hacerse con cinco: Mejor Película, Director, Fotografía, Maquillaje y Efectos de Sonido. Superaba así a las otras dos grandes favoritas del año, “Apollo XIII” y “Sentido y Sensibilidad”.

Salvaje, apasionante, romántica, emocionante, épica, “Braveheart” es una película que homenajea las grandes superproducciones relatándonos una historia universal de un rebelde que se enfrenta a la tiranía. Una Gran Película.

Lo Mejor: Su fuerza visual. La música. La fotografía.

Lo Peor: El abuso de la cámara lenta en las secuencias de acción.

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5 pensamientos en “Braveheart, de Mel Gibson

  1. Madre mía, no se como das a basto a casi crítica por día.

    Qué decir de Braveheart. Obra maestra con todas sus letras.

    Rob Boy estaba maja, pero a años luz de la de Gibson. También se estrenó en mal momento.

    Saludos 😉

  2. sin duda la mejor pelicula, para mi la mejor de la historia del cine y dudo que agan una mejor esque es imposible, lo tiene todo es un drama romantico muy bonito, me faltan palabras para decir lo que significa esta pelicula para mi

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