Fast & Furious, de Justin Lin

fast_and_furious_posterCinco años después de verse por última vez Dom Toretto y Brian O´Conner se reencuentran en Los Ángeles con un objetivo común, encontrar al narcotraficante Braga.

Reconozco que la franquicia automovilística iniciada en 2001 por Rob Cohen no me entusiasma lo más mínimo, sin embargo me ofrecieron la posibilidad de ir gratis a ver esta cuarta entrega en unos nuevos cines que han abierto, y, claro, cuando invitan al cine no sé decir que no.
¿Qué puede ofrecer una película como esta? Sencillamente lo que ofrecían las otras: coches tuneados, música reggetonera, chicas enseñando palmito y ruido, mucho ruido. Paremos de contar porque no encontramos más. Sin embargo “Fast and Furious” consigue acabar siendo un decente y entretenido film de acción fabricado como vehículo de lucimiento para sus dos protagonistas masculinos (unos Vin Diesel y Paul Walker necesitadísimos de éxito) que retoman los papeles que les hicieron famosos. Esta cuarta entrega supone así la secuela oficial de aquel primer film, pues se obvia por completo lo sucedido en la desastrosa segunda entrega y tan solo hay un ligero guiño a la horripilante tercera.

La historia del film no tiene mucha complicación. Se nos explican los diferentes motivos por los que ambos protagonistas buscan al narcotraficante, Toretto por venganza y Brian por su trabajo como agente federal, y se vuelve a establecer entre ambos ese vinculo que dejaron abandonado cuando se separaron la primera vez, incluyendo la reaparición de la hermana de Toretto que volverá a poner en marcha el corazón de O´Conner.

La película comienza de forma espectacular, rememorando un robo al estilo del que nos mostraban en la primera parte. Toretto, acompañado por Letty y sus compinches van a robar un enorme camión convoy, pero claro la cosa se complica al acabarse el buen tramo de carretera y empezar los interminables baches que hacen peligrar la misión y la vida de los protagonistas. Esta secuencia de apertura está muy bien llevada y sin tirar de recursos tan manidos en el campo de la acción, como son ralentíes o aceleraciones vanas, terminando con una fantasmada enorme pero que perdonamos porque las pretensiones del film no son muy altas. Concluido el prometedor inicio comienza a descender la película a ritmo de reggeaton ensordecedor.
Si algo caracteriza a la saga son las persecuciones. En esta ocasión tenemos dos secuencias de alta velocidad en que los coches compiten. La primera en plena ciudad de Los Ángeles, en lo que parece un fragmento de videojuego al introducirnos más de una vez el monitor que indica a los pilotos la dirección que han de tomar. La segunda es al final, cuando los protagonistas cruzan la frontera perseguidos por una gran cantidad de coches poco amistosos, y está algo mejor que la anterior, aunque no ofrece nada nuevo y acaba resultando monótona.

Justin Lin ya se encargó de dirigir la tercera entrega, con lo que esperaba algo mucho peor de lo que me he encontrado. Si bien la mejor secuencia de la película es la de apertura el director sabe mantener el ritmo y ofrecer a la audiencia a quien va destinado el producto una buena ración de persecuciones, peleas y una larga exhibición de coches y chicas molonas. Por cierto, la gran mayoría de chicas que aparecen debe pesar como mucho 45 kilos porque parecen anoréxicas, y ofrecen una visión perjudicial para la juventud, tanto como la de los protagonistas masculinos, como ese policía que se salta las normas y el criminal chuleta que va de buen rollo.

Vin Diesel y Paul Walker retoman sus personajes sin esfuerzo, tampoco es que el guión les exija mucho más que correr y saber girar el volante. Bueno, en el caso de Diesel tenemos ese dolor interior por la muerte de un ser querido que intenta dejar traslucir tras su inmensa masa muscular. John Ortiz es Campos, el enlace que lleva a los protagonistas hasta Braga. Gal Gadot es Gisele, organizadora de carreras para alistar a hombres que siente atracción por Toretto. Como presencias invitadas para dar continuidad tenemos a Jordana Brewster como Mia, hermana de Dom y amada de Brian, y a Michelle Rodríguez como Letty, cuyo apellido, Ortiz, lo descubrimos en una escena aparentemente dramática que llega a ser bastante guasona para nosotros.

En resumidas cuentas, “Fast and Furious” es el complemento perfecto de la primera entrega. Su resultados en taquilla han sido excelentes, reactivando las carreras de sus actores. Gustará a todos aquellos a los que les guste la gasolina reggetonera.

Lo Mejor: Recuperar el buen pulso de la primera entrega. La secuencia de apertura.

Lo Peor: No ofrece nada nuevo. Mejor no detenerse en el guión.

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