A pesar de que la década de los 80 no está lo suficientemente reconocida por los expertos, en lo que respecta al cine hollywoodiense, hay que reconocer que en ella encontramos títulos que se han convertido a día de hoy en clásicos indiscutibles, en especial para los que pertenecemos a dicha época. Uno de esos títulos es esta película protagonizada por Robert De Niro y Charles Grodin.

Jack Walsh es un cazarrecompensas que trabaja para un fiador que le encarga encontrar al contable conocido como “El Duque”, el cual estafó a la Mafia 15 millones de dólares que donó a obras de caridad. En el desempeño de su deber Walsh tendrá que viajar con el contable desde Nueva York a Los Ángeles sin que los atrapen el FBI y la Mafia.

En “Huida a medianoche” encontramos varios géneros cinematográficos. Por un lado la road movie, pues toda la película desde el momento en que Walsh captura al Duque es un viaje de cuatro días desde la Gran Manzana a la ciudad de la Meca del Cine utilizando diferentes medios de transporte (autobuses, trenes y coches). Por otro lado tenemos un thriller policíaco en donde nadie puede fiarse de nadie y en que el protagonista se descubre como un antiguo policía retirado por culpa del mafioso de turno que dominaba al cuerpo de policía en donde trabajaba, mientras, por otro lado, los agentes federales siempre intervienen para interferir en su camino.
Con lo dicho bien podríamos encontrarnos con un film extremadamente serio, sin embargo está catalogado como comedia y esto es debido a que básicamente lo que tenemos aquí es una buddy movie a la altura de las grandes películas de Jack Lemmon y Walter Mathau. Y es que si algo hace evolucionar a la cinta no son los kilómetros que recorren los protagonistas sino la relación que se establece entre ellos. Jack y Jon, verdadero nombre de “El Duque”, comienzan su relación de la peor manera posible, pues el primero ha sido contratado para capturar al segundo, pero a medida que avance su viaje acabaran entablando una curiosa amistad que conseguirá redimir a Jack. Los kilómetros compartidos hacen que el cazador y la presa acaben convirtiéndose en una especie de paciente y psicólogo, con Jon intentando comprender lo máximo posible al hombre que quiere entregarlo a su fiador. Los ingeniosos diálogos que se establecen entre ambos son los que ayudan a definirlos psicológicamente, el cazarrecompensas se muestra como un hombre cínico que no descansa hasta haber concluido su tarea mientras el contable parece una mosquita muerta para acabar resultando todo un manipulador que llega a saber dominar situaciones complicadas. Además, es por los diálogos que mantienen por lo que surge la comedia y las situaciones divertidas, ahí tenemos esa incansable cháchara que le suelta el contable a Jack sobre lo perjudicial que es el tabaco o los deferentes alimentos que come.

El director Martín Brest realizó la película cuatro años después del éxito de “Superdetective en Hollywood”, donde su relación con Eddie Murphy no fue muy bien y la secuela se le encomendó a Tony Scott. Brest es un director muy poco interesante, artífice de cintas cuya característica principal es la larga duración, ahí tenemos el remake “Esencia de Mujer”, la cual proporcionó a Pacino su único Oscar, “¿Conoces a Joe Black?” o “Gigli”, también conocida como una de las peores películas jamás realizadas. Sin embargo se desenvolvió bastante bien con “Huida a medianoche”, sin lugar a dudas su mejor película. Claro está, a favor el director tiene un guión inteligente escrito por George Gallo que va más allá de la típica comedia de sobremesa y en donde la relación entre Jack y Jon se desarrolla tan bien, o más, que en “Arma Letal”, la buddy movie ochentera por excelencia.
Brest sabe compaginar muy bien las situaciones de acción con momentos puramente cómicos. La presentación de Jack no puede ser mejor, en una cacería y enfrentándose a su rival directo dentro del negocio; el momento en que Jon conoce a Jack resulta ser en el baño de su casa, con el cazarrecompensas protegiéndose del perro tras los cristales de la bañera; el enfrentamiento dentro del coche entre Jack y los miembros del FBI, con Alonzo Mosely en cabeza, es por medio de unas gafas de sol que dan mucho juego, al igual que el nombre del jefe de los agentes, a lo largo de la cinta; la habilidad del Duque para hacerse pasar por agente federal y así conseguir dinero para comida. Son breves escenas imborrables para el espectador que consigue sentir aprecio por los protagonistas, verdaderas almas de la historia.
Debido a su condición de comedia de acción encontramos momentos propios del cine de acción, en especial dos. En primer lugar el enfrentamiento contra el helicóptero, con el coche de los protagonistas intentando huir de los disparos aéreos hasta el momento en que no hay más remedio que combatir con la misma arma y demostrar la puntería de Jack. En segundo lugar, una de las secuencias más memorables, la persecución que tiene lugar entre Jack y Jon en un vehículo y todos los agentes de policía tras ellos. Es una divertida secuencia de persecución por el rocoso desierto en donde Jack demuestra su pericia al volante consiguiendo deshacerse de los vehículos policiales, los cuales acaban esparcidos decorando el paisaje.

El punto fuerte de la cinta son los actores que la protagonizan. Robert De Niro llevaba un tiempo realizando papeles secundarios hasta que apareció en su camino ésta película, posiblemente la más comercial en la que había trabajado hasta el momento. Con Jack Walsh el actor realizaría otro personaje inolvidable, el del cazarrecompensas de buen corazón que sueña con retirarse y abrir una cafetería. De Niro siempre mantiene la compostura y dureza que el personaje requiere, con un punto cínico y divertido que lo engrandece aún más. El actor consigue dotar a su personaje de cierta insatisfacción personal, algo que entendemos cuando relata su marcha de la policía y su bonita escena con su hija. De Niro volvió a demostrar su perfeccionismo queriendo interpretar al completo la secuencia de la persecución, conduciendo él mismo, algo que asustó en exceso a su compañero de fatigas. Charles Grodin no fue la elección deseada por el estudio, preferían a Robin Williams, pero fue el director Martín Brest quien luchó por conseguir a Grodin, y ciertamente fue todo un acierto, pues la química entre él y De Niro es el pilar fundamental sobre el que se aguanta la película. Charles Grodin da vida a Jonathan Mardukas, más conocido como “El Duque” , de forma excelente, intentando camelarse al personaje de De Niro desde el primer minuto con todo tipo de artimañas, inolvidable su avionfobia. Uno de los mejores papeles del actor antes de pasar a formar parte de la Saga “Beethoven”. Yaphet Kotto es el agente del FBI Alonzo Mosely, a quien Walsh gastará más de una broma. John Ashton repite con Brest tras la primera aventura de Axel Foley como el cazarrecompensas rival de Walsh, Marvin Dorfler. Dennis Farina es Jimmy Serrano, el mafioso que quiere ver muerto al contable y la razón por la cual Jack dejó la policía. Joe Pantoliano es el fiador Eddie Moscone.

La película resultó un gran éxito en taquilla y recibió dos nominaciones a los Globos de Oro en la categoría de comedia, para la Película y para De Niro, el cual aquí da muestras de lo que acabaría haciendo en las comedias del nuevo milenio. Ahora dicen que van a hacer una secuela, excesivamente tarde en mi opinión, pero si es tan buena como la presente, bienvenida sea.

Vista a día de hoy seguramente adolece de ciertos ramalazos propios de los 80, en especial en lo que concierne a la Banda Sonora compuesta por Danny Elfman, pero no podemos negar que, aún hoy día, sigue poseyendo la frescura y diversión del primer día, y eso la hace grande. Un clásico.

Lo Mejor: De Niro y Grodin, la extraña pareja.

Lo Peor: No sabría decirlo.