El Club de los Poetas Muertos (Dead Poets Society), de Peter Weir

¡Oh capitán, mi capitán!

El género estudiantil es uno al que siempre ha echado mano Hollywood para realizar todo tipo de producciones, ya sean comedias musicales (Grease) o dramas con temática social (Rebelión en las aulas). En la gran mayoría de películas con profesor se intenta transmitir un mensaje, consiguiendo que los alumnos, generalmente indisciplinados, encaucen sus vidas. A partir de los 90 casi todas las cintas, dramáticas, de profesores han bebido de la película dirigida por Peter Weir en 1989, con guión de Tom Schulman.

Nos encontramos en 1959 en el prestigioso Instituto Privado Welton para Jóvenes Estudiantes de Estados Unidos. A un pequeño grupo de estudiantes está a punto de cambiarles la vida gracias al nuevo profesor de literatura, quien les inculcará importantes valores que los lleven a luchar por lo que quieren.

Al contrario que en otras producciones escolares, aquí no nos encontramos con estudiantes maleducados ni revoltosos, sino frente a un grupo de estudiantes elitista que aspira a conseguir un renombrado puesto de trabajo el día de mañana. Son muchachos que viven bajo el conservadurismo y la estricta moral predominante en la institución y bajo la presión paterna, sintiéndose oprimidos por las decisiones que toman por ellos. Pertenecen a una larga dinastía de estudiantes que han acabado triunfando en la vida alcanzando grandes metas, pero ¿de qué sirve llegar tan alto si eso no da sentido a tu vida?

Carpe Diem. El emblema de la película. Verdadero grito de guerra para todos los idealistas que buscan extraer de cada momento algo que complete sus vidas, viviéndolo al máximo. Ese el gran tema de la película, el descubrimiento de que la vida pasa una sola vez como para desperdiciarla.
La primera aparición de John Keating frente a los chicos se produce en un hall en donde se exponen fotos de antiguos alumnos. Los muchachos observan a los que antiguamente caminaron por esos mismos pasillos y estudiaron en las mismas aulas que ellos. No son muy diferentes, salvo que la gran mayoría de los que aparecen en las fotografías han muerto. Ya nadie los recuerda, por muchas metas que hayan alcanzado al final han acabado como cualquier persona. Por eso Keating les transmite a sus nuevos alumnos el Carpe Diem, demostrando ser un profesor peculiar, que no se centra en los libros de texto para dar clase, de hecho hace arrancar a sus alumnos la introducción del libro de Poesía porque le parece un excremento todo lo que se dice en él sobre cómo entender la poesía, cuando, como todo arte, debe hacernos sentir, sin preocuparnos por las formas, figuras y demás elementos que la componen. Keatin quiere que sus alumnos piensen por ellos mismos.

John Keating es el guía y la inspiración para gran parte de los alumnos protagonistas. Gracias a él descubrirán el club de los poetas muertos, una antigua agrupación de jóvenes que se reunía en secreto para leer textos poéticos y así sentirse libres. A partir de ese momento nuestros protagonistas se descubrirán a sí mismos y serán capaces de luchar contra sus miedos. Charlie Dalton es el componente más rebelde y pícaro, será capaz de plantar cara a la propia institución Welton pidiendo que se admitan chicas. Knox Overstreet deja de ser uno más cuando conoce a Chris, novia del hijo de unos amigos de sus padre, por la cual sentirá un irrefrenable sentimiento de amor. Richard Cameron sigue a sus compañeros pero no llega a compartir la misma pasión, demostrando ser un cobarde que teme perder su plaza en el Instituto. Neil Perry es uno de los alumnos con más prestigio del Instituto, que se prepara para ser médico por expreso deseo de su padre, sin embargo el joven sueña con expresarse sobre un escenario convirtiéndose en actor, pero el miedo hacía su figura paterna le impide explicárselo y acabar de forma trágica. Todd Anderson no solo sufre la presión de sus padres sino también la de la sombra de su hermano, quien estudió en Welton antes que él graduándose con grandes notas. Todd se descubre como una persona extremadamente tímida que acaba encontrando su voz.

La conjunción entre la imagen y el texto es extraordinaria. Peter Weir consigue transmitir en todo momento verdad engrandeciendo un guión ya de por sí fabuloso. El director australiano rueda de manera clásica, con especial atención a los actores, quienes forman parte del alma de la cinta.
Weir crea secuencias emocionantes, elevando la situación dramática que se nos describe. Por ejemplo el momento en que Todd Anderson tiene que recitar un poema. El director lo rueda en un travelling circular que acentúe el agobio que está sintiendo el personaje para acabar en un leve contrapicado que subraye su triunfo. Tras esta secuencia tiene lugar la escena que da origen al conocido poster, en que los muchachos, inspirados, juegan al futbol acompañados por el Himno de la Alegría.
Aunque no podemos catalogar a la cinta como juvenil, si que posee características para entrar en ese rango. Los protagonistas son jóvenes estudiantes, es lo primero y más obvio, luego tenemos el episodio de fiesta de instituto en donde Knox intenta acercarse a Chris, pero el momento en que más se acerca al cine juvenil para todos los públicos es cuando los muchachos se dirigen por primera vez a la cueva india en donde tienen lugar las reuniones secretas. Caminan de noche con sus abrigos, encapuchados, consiguiendo que sus figuras recuerden a magos o a criaturas fantásticas. La noche siempre otorga al film un toque de misterio y ensueño, hasta llegar al triste acontecimiento que protagoniza Neil.

Uno de los rasgos más interesantes es cómo se contrapone, tanto visual como argumentalmente, el ambiente interior del exterior. Los jóvenes están encarcelados entre los muros de Welton, ya sea en sus aulas o en sus habitaciones, bajo los principios conservadores de “Tradición”, “Honor”, “Disciplina” y “Grandeza” hasta que aparece Keating y los saca fuera. Las clases del profesor son en gran parte fuera del aula, insistiendo en que los muchachos necesitan escapar y descubrir cualidades propias que no se aprenden en clase. Si las secuencias interiores poseen un tono algo claustrofóbico y monótono, las secuencias en el exterior siempre denotan libertad, con los grandes campos y bosques que rodean la institución invitando a ser explorados y disfrutados. El momento en que Knox Overstreed va en bicicleta y espanta a una manada de pájaros representa muy bien esa sensación.

Hablar de “El Club de los Poetas Muertos” es hablar de uno de los finales más emocionantes de la Historia del Cine. Cuando todo parece acabar mal y los chicos han fracasado contra sus padres y la institución aparece por última vez el profesor Keating en el aula para recoger sus cosas. Sus alumnos, con Todd a la cabeza, sienten que ha llegado la hora de plantar cara a las reglas. Sobran las palabras para describir este maravilloso momento, solo decir que siempre que veo la película el vello se me pone de punta con el grito de “¡Oh capitán, mi capitán!”.

El guión escrito por Tom Schulman ganó merecidamente el Oscar de 1989 a Mejor Guión Original, y no es para menos. La verdad que exhala el film es una de las razones por las que “El Club de los Poetas Muertos” se ha convertido en uno de los referentes dentro de las películas escolares. Los muchachos protagonistas son creíbles en todo momento, acordes a la edad y con apariencia de niños bien. Las conversaciones entre ellos poseen autenticidad y sus actos son del todo comprensibles. Keating posee las frases más elaboradas y destinadas a ser recordadas, entre ellas tenemos “Solo soñando tenemos libertad, siempre ha sido así y siempre lo será.”. A pesar de la fortaleza del guión, encontramos un breve desliz en el momento en que Keating imita a varios actores recitando a Shakespeare, y es que Brando en 1959 no había interpretado aún “El Padrino”.

El hecho de que Keating posea momentos cómicos se debe al actor que le da vida, un Robin Williams soberbio en su vena dramática, capaz de transmitir al espectador tanto como a sus alumnos en el film. John Keating es uno de los personajes más entrañables y queridos que nos ha dado el cine. El plantel de jóvenes secundarios es excelente y supera a cualquier reparto actual que intenta dar vida a estudiantes de instituto. Robert Sean Leonard es Neil, el joven que sueña con ser actor. Leonard es el soñador por excelencia del grupo, pero que no puede vencer a su figura paterna. Ethan Hawke es Todd, el tímido joven que acabará revelándose. Gale Hansen es Charlie, el temerario. Josh Charles es Knox, el romántico. Dylan Kussman es Cameron, el soplón. Norman Lloyd es el Sr. Nolan, director de Welton, figura autoritaria y dictatorial dentro de la institución. Kutwood Smith es el Sr. Perry, padre de Neil, quien no quiere para su hijo más que sea médico, privándolo de cualquier otra actividad.

La Banda Sonora corre a cargo de Maurice Jarre y es una preciosidad, intimista y elegante, otorgando a la cinta un aroma de tristeza.

La película fue un éxito y consiguió cuatro nominaciones a los Oscars: Película, Dirección, Actor (Williams) y Guión Original, ganando éste último.

“El Club de los Poetas Muertos” es todo un canto a la vida, a la libertad de pensamiento, una película que inspira y que nos hace querer ser mejores personas.

Lo Mejor: Todo.

Lo Peor: Nada.

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5 pensamientos en “El Club de los Poetas Muertos (Dead Poets Society), de Peter Weir

  1. Bufff Keating…Oh capitán mi capitán!!!
    Qué final madre mía…los pelos de punta, siempre consigue hacerme llorar…es una de esas películas generacionales que hoy muchos no entienden o no quieren entender, pero que a algunos nos marcó profundamente en su estreno…
    Gran texto para una película que lo merece.

  2. Cuando en el reader he visto el título de la entrada, me han faltado dedos para entrar corriendo a ver lo que habías escrito. ¡Fantástico! Has resumido con palabras todos los sentimientos que esta película evoca.

    Muchos la tildan de ñoña, de increíble, pero eso es porque no han interiorizado las enseñanzas de Keating. Ver la película es una inyección de libertad, de creer en lo que haces, de buscar tu destino, de hacer realidad tus sueños, de luchar contra las normas arcaicas…

    Esta película es un referente para toda una generación, a la que se nos pone la piel de gallina cada vez que escuchamos ese “Oh capitán, mi capitán” (Uno de los mejores y más conmovedores finales de la historia del cine)

    ¡Gracias por recordarnos esta película!

  3. Una de mis peliculas favoritas, o por lo menos una que he visto 100.000 veces. Tambien me pichó en epoca de la chavaleria y esta pelicula te motivava mil.

    Ademas con “sueño de una noche de verano” para los amantes del teatro. Por mas que vea House, para mi Wilson (Robert Sean Leonard) siempre será Neil.

    Ademas decir que cuanto hemos soñado todos con tener un profesor como John Keating.

  4. Perro Loco, un placer leerte y si, no somos pocos los que hemos querido tener a un profesor como Keating.
    A Robert Sean Leonard me cuesta también separarlo de Neil.

    Saludos !!

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