El Último Tango en París, de Bernardo Bertolucci

Nota de 2016: La presente opinión fue escrita en 2010. Aunque Maria Schneider había declarado ser forzada (y violada) para rodar la secuencia con mantequilla, fue en 2013 cuando el propio Bertolucci ratificó sus palabras, aunque se defendió alegando que lo único que Brando y él ocultaron a la actriz fue el uso de la mantequilla y nada más. Personalmente condeno cualquier acto vejatorio y denigrante contra cualquier ser humano, mucho más cuando se trata de algo tan serio y criminal como es una violación.

Una mañana de invierno. Un hombre y una mujer se encuentran en un piso vacío que se alquila en Paris. Tras cruzar unas breves frases hacen el amor de forma salvaje. Después acuerdan verse en ese mismo piso esporádicamente.

Tras largo tiempo leyendo de todo acerca de ella por fin he visto la película dirigida por Bernardo Bertolucci en 1972. De sobra es conocida la cinta por la gran controversia que causó, era la primera vez en el cine comercial que se mostraba el desnudo femenino de forma tan explicita. Sin embargo, tras toda esa publicidad que la cataloga como “erótica” se haya una intensa historia dramática que gira en torno a dos personas que huyen de su realidad para sentirse libres en ese piso a través del sexo.

El tango es el baile entre un hombre y una mujer en que suelen expresar las tristezas, especialmente en las cosas del amor, que sienten. En el film nuestros protagonistas nunca bailan el tango, el cual hace aparición al final solamente, pero si bailan otro baile carnal, el del deseo, por el cual expresan sus emociones escondidas.
La pareja protagonista está formada por Paul y Jeanne. Él tiene 45 años, ha tenido una vida llena de incontables trabajos hasta acabar regentando un hotel en París. Pero una desgracia acaba de suceder y Paul se encuentra en un estado desequilibrado. Jeanne es una joven descendiente de una familia burguesa que tiene un novio director de cine, el cual pretende filmarla para contar la historia de su vida. Una vez conozca a Paul y comiencen su historia de pasión tendrá sentimientos encontrados, demostrando estar en conflicto con sí misma.

Nada de nombres. Esa es la principal regla que pone Paul a la chica que acaba de conocer, y con la que ha tenido sexo, en el piso. Aunque a medida que avancen sus encuentros contarán experiencias de su vida nunca podrán decir un nombre, ya que eso destruiría la relación que están manteniendo. Son dos desconocidos atormentados e infelices en su vida diaria que se sienten libres dando rienda suelta a sus deseos carnales encerrados entre cuatro paredes, como si el mundo exterior no existiera.

La película tiene tres hilos arguméntales. La relación entre Paul y Jeanne es la base, y las dos historias individuales, más secundarias, fuera del piso que viven cada uno y nos describen su vida. La de Jeanne quizás sea la más floja y la que hace cojear el conjunto, y es que en ella se nos narra la relación de la chica con su novio, un joven y pesado director de cine que no piensa en otra cosa que en cómo sacarla en cámara.
Muchas más fuerza e interés tiene la trama de Paul, un ser enfermizo que esta cansado de la realidad que lo rodea y ansía vivir en soledad.

A los 32 años, Bernardo Bertolucci realizó con ésta su sexta película. La panificación, la forma de elaborar las escenas, los movimientos de cámara que se asemejan al baile que da título al film y con el que se inicia el epilogo que cierra la historia consiguen un resultado de una belleza formal irreprochable, con un lirismo visual que transforma una historia dura y enfermiza en una dolorosa balada que no depara más que tragedia. Bertolucci se esfuerza por saber definir a los personajes en todo momento, mostrándonos la soledad que los envuelve y que les hace infelices en su vida diaria.
Tal vez haya tramos que choquen o resulten a día de hoy ridículos, como el momento en el andén de tren en que Tom golpea a Jeanne, pero son tramos cercanos a ese cine verité que se realizó en Europa en la década de los 60 y 70.

El director de fotografía Vittorio Storaro es el encargado de crear el juego de luces y sombras que ayudan a dramatizar la historia. El personaje de Paul se nos presenta dentro del piso como un hombre que busca la oscuridad en todo momento, se siente cómodo entre las sombras, aislado de todo, pero la llegada de Jeanne hace que la luz exterior entre y con ella el desenfreno y despertar sexual.
Hay que mencionar el buen uso que se le da a las cristaleras a través de las cuales se nos definen las figuras que se encuentran tras ellas, así como también la utilización de la profundidad de campo, como en la escena que abre el film, en que la figura de Jeanne aparece desenfocada tras Paul para luego ser al contrario y quedar él desenfocado tras ella.

Marlon Brando brinda una de las mejores interpretaciones de su carrera. La cinta se estrenó un año después de que el actor interpretara “El Padrino” realizando en ésta ocasión un personaje totalmente opuesto al patriarca de los Corleone, pues Paul siente animadversión hacia la familia y se comporta como un loco en muchas ocasiones. Brando está pletórico como el americano que vive en París, desprendiendo su enorme magnetismo durante todo el metraje, componiendo un animal desatado que oculta su tristeza y que recita monólogos como nadie, siendo escalofriante el que tiene junto a su fallecida esposa. Acompañan a Brando en el reparto la joven Maria Schneider dando vida a Jeanne, la cual se deja seducir por el desconocido americano que conoce en el piso vacío. Schneider aporta su juventud y frescura a un personaje contradictorio, aunque su interpretación queda eclipsada por el divo. Jean-Pierre Léaud es Tom, el novio de Jeanne y cineasta de la nueva ola, un hombre más preocupado del resultado de la película que de la vida de su novia. Maria Michi es la suegra de Paul, una mujer dolida por la perdida y por ver el estado en que se encuentra su yerno. Massimo Girotti es Marcel, huésped en el hotel que comparte con Paul algo más que una simple relación comercial.

El guión está escrito por el propio Bertolucci y Franco Arcalli, componiendo un libreto en donde se tratan temas como el dolor, la pasión, la muerte, los recuerdos ó los sueños.
La Banda Sonora está compuesta por Gato Barbieri, creando el conocido tema principal.

La película tuvo problemas entre varios sectores de la censura pero no por ello recibió elogios, siendo nominada a los Oscars para Mejor Director y Actor.

“El Último Tango en París” es la madre de todas las películas posteriores que tenían como demanda el erotismo. Bella, triste, trágica. Una película que hay que ver a pesar del terrible acto que se cometió hacia Schneider para rodar una de las secuencias más famosas de la Historia.

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2 pensamientos en “El Último Tango en París, de Bernardo Bertolucci

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