The Expendables, de Sylvester Stallone

Durante la década de los 80 y principios de los 90 el cine de acción estaba representado por actores de gruesos músculos que usaban más las armas que el cerebro. Fue la época dorada de Stallone, Schwarzenegger, Van Damme, Lundgren ó Seagal. Si se estrenaba una película protagonizada por alguno de ellos se colocaba sin problemas en lo alto de la taquilla, pero su vida comercial no acababa ahí, sino que se ampliaba gracias a la alta demanda que tenían sus films en el videoclub, lugar en donde verían ir a parar la mayoría de sus últimas obras, en especial el belga y el budista. A mediados-finales de los 90, y ya a partir del nuevo milenio, el cine de acción ha estado protagonizado por actores más humanos que piensan antes de golpear, sustituyendo los músculos del cuerpo por los del cerebro. El cine de acción ochentero de marcado tono machista parecía enterrado para las grandes salas, pero, como dice el refrán, los viejos rockeros nunca mueren, y Silvester Stallone, que renació de sus cenizas con “Rocky Balboa” y “John Rambo”, ha unido a todo un selecto grupo de actores adictos al gimnasio para realizar su última película, todo un homenaje a esa generación.

“The Expendables”, titulada erróneamente “Los Mercenarios” en nuestro país, no es más que eso, un homenaje. La historia es muy sencilla, de hecho es igual a cualquier otra película protagonizada por alguno de los actores mencionados.
Barney Ross lidera un grupo de mercenarios contratados por el misteriosos Sr. Iglesia para derrocar a un dictador en una isla de Sudamérica.
Ya está. Más simple que un botijo. Stallone no ha querido quebrarse mucho el tarro (como casi siempre) y ha escrito un guión de frases lapidarias dignas del mejor cine de videoclub en donde todos los participantes de su fiesta se lo pasan pipa, una de sus mayores virtudes, ya que la película nunca se toma en serio y posee casi en su totalidad un tono auto paródico. Tan sólo el monologo de Micke Rourke, en primer plano fijo, se sale de esa tónica al reflexionar sobre lo que ha sido su vida cómo asesino contratado y la razón que lo hizo apartarse de ella. El resto, un disfrute para los que de niños disfrutábamos con “Tango Cash”, “Rambo”, “Commando” y demás. Muchas explosiones, muchos disparos, puñetazos, patadas, cuchilladas, acompañadas, como no podía ser de otra forma, de frases y chistes malos con música cañera de fondo. En serio, da gusto desconectar con una película como ésta que recuerda viejos tiempos.

El título significa “Los Prescindibles”, y tiene un significado más allá de la película, ya que el 90% de los actores que participan han sido olvidados o encasillados en el peor cine de acción de Hollywood, y eso los ha hecho ser bastante prescindibles para la industria, y para un gran sector de amantes al cine. Dolph Lundgren, Randy Couture ó Steve Austin han paseado sus rostros por el formato doméstico principalmente, mientras que Jet Li ha tenido más suerte en su país natal, Jason Statham debe su fama a los “Transporter” y Mickey Rourke ha vuelto a obtener reconocimiento en la Meca del Cine. Stallone los ha juntado y le ha dado a cada uno su momento de gloria. Citar que también tienen importancia Terry Crews, con su bestial amiguita capaz de disparar proyectiles de gran tamaño, y Eric Roberts, que ejerce nuevamente de villano.

La película en sí no es gran cosa, todo hay que decirlo, incluso diría que es la más floja de las última películas realizadas por Sly. Su mayor virtud es ver desfilar a todos los personajes que aparecen. Aun así Stallone, que con “John Rambo” ya ofrecía una ración de desmembramientos importante, nos regala secuencias bestiales. La protagonizada por un avión, con una explosión de las de quitar el hipo, y los veinte minutos finales de acción sin freno, en donde volvemos a disfrutar del lado más salvaje del director, con cabezas cortadas, vísceras e infinidad de tiros.
Ahora bien, la secuencia que más disfruté fue la protagonizada por los tres tíos que más entradas de cine vendieron a principios de los 90. El notición no fue que Stallone iba a reunir al elenco mencionado, sino que iba a contar con sus amigos Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger para una pequeña escena. Y menuda escena, estuve el escaso minuto y medio que dura riendo al ver juntos en pantalla a los tres tirándose pullitas. Sly y Suache bromeando mientras Willis, que está en medio, suelta una de las frases más emblemáticas de “Pup Fiction”. Impagable, en serio. Está rodada de la forma más simple del mundo, Stallone da miedo con su exceso de botox, pero ver a Arnie con su puro frente a Sly y Willis es digno de ir directamente a la Historia del Cine de Acción. Sólo por esa escena mereció la pena ver la película.

No hay un buen guión, ninguna interpretación es memorable (salvo, quizás, el momento Rourke con lágrima incluida), las escenas de acción pecan de exceso de montaje entrecortado en donde te pierdes. Pero da igual, son 90 minutos de diversión, y puede que dentro de poco volvamos a disfrutar con este grupo, al que pueden unirse otras figuras del género como Van Damme, Kurt Russell o Steven Seagal. Espero que para dicha secuela, si se realiza, vuelvan a aparecer Willis y Arnie con más minutos.

Lo Mejor: No engaña a nadie. La secuencia del avión. La batalla final. La reunión de tantas figuras representativas del género.

Lo Peor: Su nula inventiva. Pensar que podría haber sido más de lo que es.

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