Mi amigo y reciente colaborador Miguel Delgado tuvo la suerte el pasado 17 de Enero de asistir a un paso para bloggers organizado por 20th Centry Fox España vía twitter de la última, y laureada, película de Alexander Payne, “Los Descendientes”. La proyección tuvo lugar en las oficinas de Fox en Madrid. A continuación su crítica.

Los Descendientes

Siete años han pasado desde que Alexander Payne nos trajera su ultima obra como director, que no fue otra que “Entre Copas” (Sideways, 1994). Mucho tiempo para cualquier director. Aunque sí es cierto que produjo un par de cintas y escribió alguna otra, pero de escaso interés. Desconozco los motivos por los que Payne se ha mantenido todo este tiempo alejado detrás de las cámaras, pero aquí está de nuevo y, según parece, hacer cine es como montar en bicicleta para él, no se le ha olvidado (por lo menos en su caso, hay están John Carpenter, Joe Dante o John McTiernan a los que ya ni se les espera). Es más, “Los decendientes” (The Descendants, 2011) que es la película que nos ocupa ahora, parece una continuación bastante lógica a su anterior trabajo, tanto en temática como en estilo.

Pero vayamos al grano. No, no es mejor que “Entre copas”. Pero que nadie tome esto como un insulto, o un menosprecio, porque ni mucho menos lo es. Considero la película que protagonizó Paul Giamatti una estupenda cinta en todos los aspectos, abriendo la veda en cuanto a los premios para ese cine “indie” de USA que desde entonces, como mínimo, se encuentra nominado a los premios, aunque detrás de la mayoría de estas películas suela haber un gran estudio. Uno de los principales problemas del nuevo film de Payne es, precisamente, su falta de originalidad con respecto a sus anteriores obras. ¿Y que cuenta?, pues la historia de un abogado hawaiano que debe afrontar el solo el peso de su familia debido que su mujer ha sufrido un duro accidente. Y por si dos hijas desbocadas no fueran suficiente, tiene que hacer frente a la venta de unas tierras que posee con su familia, y a un secreto… Pues, lo primero que tenemos es, desestructuración de la familia tradicional, adolescentes ácidos, adultos taciturnos, etc. O sea, lo mismo que vimos en “Pequeña Miss Sunshine”, “Juno” o “The Kids Are Allright”. Ahí se acaban los reproches, y es que, estas películas bebían del estilo visual de Payne para contar sus historias de las nuevas familias americanas, pero sin alcanzar sus niveles de fluidez y normalidad (mucho mejor retratadas están en la serie de TV “Modern Family”). Ahora “The Descendants” coge el testigo, cerrando el círculo. Su ventaja es la naturalidad y el realismo del que Payne es capaz de dotar al relato, haciendo que cada giro de guión resulte creíble, cuando en manos de cualquier otro caerían fácilmente en la exageración fácil.

Pero hablar de “The Descendants” es hablar de George Clooney. Este actor metido a estupendo director últimamente goza de un prestigio que se ha ganado a pulso, gracias a duro trabajo y a un talento que nadie habría imaginado en los tiempos de “El pacificador” o “Batman y Robin”. En el papel de Matt King, se encuentra inconmensurable, contenido y polifacético. A los cinco minutos ya no vemos a Clooney, vemos a King, como afronta su vida en ese falso paraíso. Su actuación está siendo correctamente premiada en casi todos los círculos. El resto del reparto se mantiene a su sombra (con la excepción tal vez de Shailene Woodley, que ofrece una interesantísima actuación como la hija mayor), lo que no significa que no estén completamente integrados en sus personajes y en el film. En las pocas intervenciones de Robert Forster, consigue emocionarte a pesar de su árido personaje. Y así el resto.

Aunque es más dramática que sus otros trabajos, Payne no renuncia a divertidos toques de comedia que esparce a lo largo del metraje sin que desentonen ni se excedan. Además, aunque ligeramente, se nota una mejoría en la puesta en escena, Alexander Payne nunca será un mago de la imagen, pero hay una mejoría. Todo ello amenizado por una agradable música hawaiana, aunque hubiera preferido que fuera completamente instrumental. Por esta vez ha prescindido del compositor Rolfe Kent, que se encargo de la música de sus cuatro films anteriores y de muchos de similar estilo. Acierta a la hora de quitar encanto a la imagen que muchos tenemos de Hawai, pero aún así no podemos evitar en algunos momentos disfrutar de esas hermosas playas que sirven muchas veces de escenario.

En resumen, una muy buena cinta, que no sorprende, pero si deja más que satisfecho. Esperemos no tener que esperar siete años para la siguiente.