Una de las sorpresas que nos dieron las nominaciones de los Oscar de este año, es la ausencia en el apartado de mejor actor de Michael Fassbender por “Shame”. Su trabajo había sido premiado en Venecia, nominado a los Globos de Oro y se daba por seguro que ocuparía un lugar entre los cinco finalistas. Pero no fue así, y aunque a muchos nos extraño, pocos por estas tierras podíamos opinar al no haber visto el film. Llegará, quien sabe si finalmente precedido por ese gran número de premios y nominaciones, este viernes 17. Y la verdad es una muy buena noticia para quien busque de verdad una película estimulante y diferente. Pude verla en un preestreno el pasado jueves y aunque este es un año de actuaciones muy buenas, ninguno de los cinco candidatos hace algo tan difícil como lo de Fassbender en esta película.

Dirigida por el irlandés Steve McQueen (no tiene nada que ver, que yo sepa, el mítico actor), es su segundo trabajo tras las cámaras después de “Hunger”, también con Fassbender como protagonista. Aquí se nos narra la vida de Brandon, un neoyorkino de origen irlandés, bien avenido, con un buen trabajo, un piso decente… y es un adicto al sexo. Este es el punto de partida, con un prologo arrebatador in crescendo que refleja, sin caer en exageraciones ni en el morbo fácil, la obsesión del personaje. La música de Harry Escott le da un énfasis casi poético a las imágenes. Es curioso, puesto que la música original para el film se compone de una pieza con tres variaciones, al principio, en la recta final y en los créditos. Y aún a pesar de lo corto del trabajo, resulta magnífico. El resto del la banda sonora está compuesta por temas musicales que van desde Bach hasta Blondie, pasando por John Coltrane. Volviendo al hilo del argumento, Brandon parece llevar su vida bastante bien, hasta que Sissy (Carey Mulligan) se traslada a vivir con él. Entonces todo se empezará a venir abajo… Eso es de lo que trata Shame en líneas generales, pero debajo de la superficie hay muchísimo más de lo que uno puede pensar a priori. Hay tantos matices, sus imágenes y sus personajes dicen tanto, que uno no puede más que darle vueltas una vez termina de visionarla. Que nadie espere una película sencilla, fácil y ligera, porque no lo es para nada.

En el plano direccional, McQueen toma la decisión de rodar el film de una manera, que si bien no es difícil, si que es valiente. No hay planos imposibles, ni movimientos virtuosos, pero si planos secuencia fijos, aguantados durante largo tiempo, dejando que sean los actores los que carguen con todo el peso. Dentro de cada secuencia no hay apenas elipsis, lo que hace que sintamos más a fondo como avanzan los sentimientos de los personajes, como se sienten. Es cierto que esta decisión ralentiza el ritmo del film (algunas escenas da la sensación de poder haberse acortado un poco), pero su corta duración, unido al trabajo actoral, hacen que no se haga un film pesado y cansino. Posee una elegante fotografía, que ayuda a crear la belleza que McQueen pretende darle a cada imagen del film. Es una de esas curiosas películas que, a pesar de toda la dureza que expresa, tiene una belleza intrínseca que no hace más que añadir cierto halo de tristeza.

Fassbender esta, como ya he comentado arriba, sencillamente estupendo. Por algo es uno de los actores de moda (era un brillante Carl Jung en “Un método peligroso”). Aquí se expone delante de la cámara de una manera que muy pocos actores serian capaces de hacerlo. No interpreta, crea una persona real, que siente y padece. Y, lo que es más difícil aún, consigue que empaticemos con él, que le comprendamos. Un trabajo titánico en resumidas cuentas. El elenco de secundarios no desmerece, aunque tal vez el personaje de Mulligan quede algo deslucido. A pesar de una muy buena interpretación, uno tiene la sensación de que se encuentra más como contrapunto de la historia que como personaje en sí, aunque tampoco ayuda que sea la tiene que medirse de tu a tu frente a Fassbender, y teniendo en cuenta la papeleta, la actriz sale más que bien parada. Del resto de no muy abultado reparto, destacar el estupendo trabajo de Nicole Beharie, con un par de escenas estupendas, una de ellas un plano fijo tremendamente largo y difícil.

No entraré a valorar, eso sí, si la adicción del personaje está bien tratada de un modo realista o no, ya que no me he topado nunca con ningún caso. Pero por lo que he podido leer, está bastante bien reflejado. Sí puedo decir que en ningún momento es moralista, no sataniza el sexo como tal, lo que es de agradecer.

En resumen, una película que te golpea con fuerza a pesar de su carácter calmado. Sales noqueado, pero según le vas dando vueltas va creciendo poco a poco en la mente. De lo mejor del 2011.