La Invención de Hugo (Hugo), de Martin Scorsese

¿Martin Scorsese adaptando un libro infantil? Resulta difícil de creer pero así es. Cuando se conoció la noticia de que el celebre director se encargaría de llevar a la gran pantalla el libro “The Invention of Hugo Cabret” del escritor Brian Selznick muchos no se lo podían creer, y aún menos cuando anunció que la rodaría en 3D, convirtiéndose así en otro de los directores seducidos por el formato de moda y que ha resultado ser en la mayoría de las ocasiones insatisfactorio.

Las primeras imágenes por medio de sus avances no presagiaban nada bueno. Parecía una aventura juvenil del montón, y costaba reconocer tras ellas al creador de “Goodfellas” o “Casino”, pero, como siempre pasa, debemos esperar a ver la película para juzgar, y la sorpresa ha sido mayúscula. La crítica se ha vuelto a rendir a los pies de Scorsese, quien ha realizado a través del relato del joven Hugo, que vive escondido en la estación de tren de Paris dando cuerda a los relojes y ejerciendo como ladronzuelo ocasional para sobrevivir, una hermosa carta de amor al cine en general y a George Méliès en particular.

Una de las funciones primordiales de Scorsese en los últimos años ha sido la de preservar el cine siendo presidente de la Film Foundation, dedicada a rescatar todo aquel material cinematográfico amenazado por el deterioro de los años. De esta forma entendemos mejor que eligiera llevar a la gran pantalla el relato de Hugo Cabret, ya que tras él puede hacer homenaje a uno de los más representativos pioneros del Séptimo Arte, el francés George Méliès, un hombre que vio en el cinematógrafo la oportunidad perfecta para sorprender al público ofreciéndole nuevas experiencias por medio de grandes trucos visuales. Así consiguió transportar al público que acudía a ver sus películas a un maravilloso mundo submarino o al (por aquel entonces) lejano espacio, llevándolos directamente a la luna.

Para mi gusto el núcleo de la historia es Méliès y el importante legado que dejó. Entonces ¿por qué el protagonista es el pequeño Hugo? El niño se pasa casi toda la película de aquí para allá intentando descifrar un mensaje que su padre le dejó escondido en un autómata. Al igual que él el espectador se encuentra desconcertado y a la espera de que se resuelva dicho misterio. Hugo somos nosotros, los espectadores, quienes avanzamos a la par que él en busca de respuestas, que nos serán reveladas de una forma maravillosa.

Hay un tema que me parece fundamental en la película, el tiempo. Nuestro protagonista, Hugo, se dedica a dar cuerda a los relojes; el autómata que le legó su padre funciona mediante un mecanismo de engranajes más propio de un relojero; una de las películas que se homenajea es “El hombre mosca” de Harold Lloyd, y más concretamente la famosa secuencia en que queda colgado de la manecilla del reloj. El tiempo, el enemigo del hombre desde siempre, capaz de enterrar en el olvido a personas que hicieron por la humanidad cosas importantes, por muy pequeñas que fueran. Sin embargo, y éste es el mensaje que nos quiere lanzar Scorsese, no hay que olvidar a aquellos a los que les debemos lo que somos y que marcaron el camino que recorremos.

Méliès nunca dejo de ser mago, con el cine trataba siempre de asombrar al espectador ofreciéndoles un gran truco de magia visual. De la misma forma Scorsese quiere seguir sus pasos consiguiendo enamorarnos y dejaros boquiabiertos con su preciosa puesta en escena en la que ayuda magistralmente el 3D. Puede que “Avatar” fuera la gran revolucionaria y que otras posteriores alcanzaran cotas importantes, pero lo que Scorsese consigue con el formato en ésta ocasión supera todo lo anterior, no porque sea más espectacular, sino porque está utilizado como nunca. Es un elemento narrativo más, y el director es muy consciente de ello, por esa razón lo usa de manera muy efectiva cuando debe, y no tarda en ello, ya desde el inicio del film nos asombra transformando un gran mecanismo de engranajes en la ciudad de Paris y ofreciéndonos un prologo sencillamente espectacular. Luego hay momentos en que el 3D vuelve a hacer gala de manera asombrosa, como para intimidarnos con la presencia del vigilante de la estación (atención a ese primer plano en que se acerca), cuando nos adentra en el esqueleto del autómata y, sobre todo, cuando narra los gloriosos años de Méliès. Así Scorsese nos da lo que su amigo Spielberg no ha conseguido con su aventura equina, magia.

Visualmente la película es una maravilla, no en vano ha sido la triunfadora en apartados técnicos en los últimos Oscar con cinco estatuillas. La fotografía corre a cargo de Robert Richardson, quien da el toque necesario para que el relato parezca un hermoso cuento, resaltando los colores. Howard Shore compone una bonita Banda Sonora cuyo mayor defecto es la de resultar un tanto repetitiva a lo largo del metraje, y a propósito de esto he de citar el talón de Aquiles del film (que no todo es bueno): el ritmo. Como dijo mi acompañante, es curioso que una película en la que tiene tanta importancia los relojes peque de tener un ritmo un tanto irregular. Reconozco que le hubieran venido muy bien un metraje algo menor, en especial me rechinan las repetitivas escenas protagonizadas por el Inspector de la estación, cuya función es ser la amenaza para Hugo hasta el final. Una pena, ya que por culpa de ello la película no llega a ser todo lo redonda que pudiera.

El reparto está formado por conocidos de Scorsese y del guionista John Logan. Ben Kingsley da vida a George Méliès de manera magnifica y haciendo gala de su siempre agradable presencia escénica; Helen McCrory es Jeanne, esposa y musa de Méliès; Sacha Baron Cohen es el Inspector de la estación, personaje que parece sacado del cine de Jaques Tati; Emily Mortimer es la florista de la estación; Christopher Lee es el entrañable librero; Michael Stuhlbarg es el historiador de cine Rene Tabard, alter ego de Scorsese en el film, quien, de paso, se regala un pequeño cameo, algo que no hacía desde “Gangs of New York” si mal no recuerdo. Como presencias invitadas tenemos a Ray Winstone y Jude Law, ambos como tío y padre del joven Hugo respectivamente. Sobre Chloë Grace Moretz y Assa Butterfield diré que es un placer ver a niños así en pantalla, que reflejan tan bien la inocencia y consigan emocionarnos en cada una de sus escenas, en especial el joven actor, brillante como Hugo Cabret.

“Hugo” es otra muestra más del gran talento de Scorsese, quien nos regala una hermosa carta de amor al cine, la segunda del año. Y es que, junto con “The Artist”, la cinta de Scorsese ha conseguido emocionarme y recordarme qué es eso a lo que llamamos la magia del cine.

Lo Mejor: El amor al cine que desprende.

Lo Peor: Su duración podría haber sido menor.

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