El Legado de Bourne, de Tony Gilroy

Tras hacerse público al mundo el caso de Jason Bourne la CIA decide poner fin a su último proyecto con agentes especiales eliminando a cada uno de ellos. Tan sólo se salvará Aaron Cross, quien buscará ayuda en la Dra. Marta Shearing.

La Trilogía de Jason Bourne es una de las joyas del reciente cine de acción. Con ritmo trepidante, una buena historia y un gran reparto las películas que forman el tríptico se ganaron el favor de crítica y pública coronando dicha hazaña con 3 Oscars para la última entrega, “El Ultimatum de Bourne”. Al finalizar la tercera entrega Matt Damon y el director Paul Greengrass (artífice de las dos secuelas) declararon que para ellos la historia estaba terminada, claro que Universal no lo veía del mismo modo y barajó la posibilidad de continuar la franquicia de una manera muy arriesgada, sin su protagonista. ¿Cómo podía hacerse un film de Bourne sin Bourne? Parece que Tony Gilroy, guionista de la trilogía, lo tenía muy claro: contando una historia de otro agente que perteneciera a la raíz de donde salió el agente amnésico y ampliando el Universo del mismo. Los productores dieron el visto bueno y pusieron en manos de Gilroy el proyecto. Mejor habrían hecho dejando la idea en el cajón.

El film contiene las señas de identidad de la franquicia: un espía perseguido por quienes le adiestraron; mucha discusión de despachos en que se nos desvelan los proyectos secretos de la CIA; viajes por diversos lugares del mundo (pocos en este caso); persecución final adrenalínica. Todo ello bajo el patrón establecido, pero falla algo, o mejor dicho, le fallan varias cosas.
Para empezar, la historia. Lo más interesante de ella es su primera mitad, que se desarrolla en paralelo con “El Ultimatum”, y en donde descubrimos otro grupo de espías, ésta vez entrenados bajo los efectos de una droga que aumenta sus posibilidades físicas y neuronales, una especia de fármaco para hacer de ellos supersoldados. Una vez sabemos eso hay poco más donde escarbar.
El otro punto débil es la incapacidad de conseguir captar la atención del espectador, todo evoluciona sin fuerza, con continuas sensaciones de “esto ya lo he visto”, sin espacio para la sorpresa.
Por último tenemos al protagonista, Aaron Cross. Si algo conseguía Jason Bourne es que nos sintiéramos identificados con él, queríamos conocer su pasado a la par y saber cómo llegó a ser un asesino. Cross también persigue un objetivo, en este caso superar su dependencia de la famosa droga, pero lamentablemente no conseguí empatizar con él. Entre ambos existen diferencias, las más notorias son que Cross recuerda perfectamente cómo entró en el programa Outcom y que cuando entra en acción no duda en usar armas mientras Bourne era más de andar por casa y repartía golpes con un libro cualquiera.
Sobre Jason Bourne se hace muy poca alusión y tiene nula importancia en la historia que se nos narra, de hecho si no se le mencionara ni apareciera ninguna fotografía suya la película se quedaría de la misma forma, pero, claro, hay que justificar el uso de su nombre en el título.

Tony Gilroy toma las riendas de la dirección sin imprimir la energía de Greengrass ni el efectismo de Liman. El director y guionista tiene un estimable trabajo en su curriculum como es “Michael Clayton”, pero eso no basta como garantía, y aquí se demuestra. Su dirección es muy impersonal, con guiños a las películas anteriores (la presentación de Cross), ni siquiera en la gran secuencia de acción final (la persecución obligatoria, metida a la fuerza) consigue alzar el vuelo. Mal montada, con soluciones de guión penosas (ahora suelto una moto y cojo otra) y una resolución de vergüenza, la persecución motorística pone fin al film de golpe y porrazo. De su trabajo tras la cámara tan sólo me pareció interesante el travelling que realiza siguiendo a Cross desde el exterior al interior de la casa de Marta para concluir disparando a alguien, pero es un pequeñísimo oasis entra tan vasto desierto.

A nivel de guión resulta sorprendente que Gilroy participara en las anteriores. Aquí ha tenido la colaboración de su hermano Dan y no parece que haya sido para mejor en mi opinión. Se amplían los proyectos para crear una nueva raza de espías (de Treadstone y Blackbriar pasamos a Otucom y Lerx-3), aparecen nuevos personajes que van de un lado a otro de las oficinas de la CIA y de los que apenas sabemos nada, mientras que los dos protagonistas (Cross y Shearing) no dejan de ser una pareja de acción del montón.
Para la música se ha sustituido a John Powell por James Newton Howard, un cambio que tampoco ha ido para bien, por muy bueno que sea Howard su composición aquí resulta mu funcional (nada comparado con su gran trabajo para “Blancanieves y la Leyenda del Cazador”). Como regla se finaliza con el “Exteme Ways” de Moby.

Jeremy Renner se está convirtiendo en el chico de las franquicias. De “Mission:Impossible – Protocolo Fantasma” saltó a “Los Vengadores” y de ahí a Bourne. Renner es buen actor pero en las últimas superproducciones que ha realizado parece prestar su presencia y poco más. Si querían que consiguiéramos olvidar a Matt Damon he de decir que no lo han logrado. La maravillosa Rachel Weisz da vida a la chica del relato, la Dra. Marta Shearing, encargada de realizar las pruebas y suministrar el suero a los agentes. Weisz se desenvuelve medianamente bien con un personaje sin mayor trasfondo. Como curiosidad diré que me pareció irónico ver haciendo de chica Bourne a la esposa del actual James Bond. Edward Norton es Byer, antiguo Coronel de Cross que ordena cerrar el poyecto Outcom y lidera la persecución de Cross. El reparto lo completan Stacy Keach y Donna Murphy como miembros de la CIA y Oscar Isaac como otro agente de Outcom que comparte cabaña y comida con Cross (en un tramo, el de Alaska, bastante aburrido). Para unir con las anteriores se vuelve a contar en modo de cameo con David Strathairn, Scott Glen, Joan Allen y Albert Finney (al que veremos también en la próxima de Bond).

Se pretendía continuar la franquicia manteniendo la calidad pero para mi gusto no ha sido así. “El Legado de Bourne” no merece tener en su título el apellido del personaje creado por Ludlum al que el cine trató de manera fantástica. Una sonora decepción para olvidar.

Lo Mejor: La secuencia en casa de Shearing.

Lo Peor: Deshonra una Saga que es de lo mejor del cine de acción.

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2 pensamientos en “El Legado de Bourne, de Tony Gilroy

  1. A mi lo que dejó más descolocado fue todo el tema de las pastillas y las modificaciones genéticas ¿era todo eso necesario? Prefería la clásica historia de espías que proponía la saga de Bourne y no este toque de “ciencia ficción”. Aunque Gilroy resuelve bastante bien la papeleta, no paraba de echar de menos a Greengrass y su emocionante y nervioso estilo durante toda la proyección.

    PD: Buena reseña, como de costumbre.

    • Es cierto Rodi, para que tienen que meter todo el rollo de las pastillas? Ya digo que me aburrió mucho, y ni los actores (que me gustan) consiguieron despertar mi interés en la trama. Floja.

      Gracias por comentar!!
      Saludos 😉

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