Drive, de Nicolas Winding Refn

En 2011 un toque de nostalgia impregnó muchas de las mejores películas del año, ya fuera volviendo la vista a los orígenes del Séptimo Arte (“Hugo”, “The Artist”) o dotando a las historias de un estilo cercano a la década de los 70 y 80, como por ejemplo “X-Men: First Class”, “Super 8” o la presente “Drive”.

La historia gira en torno a un joven conductor especialista de cine que trabaja en un taller reparando coches y, de forma clandestina, presta su talento tras el volante a criminales para cometer robos. Pronto conocerá a Irene, una chica que vive junto a él y con la que comienza una relación pero cuyo marido, que hizo negocios con la mafia, está a punto de salir de prisión.
El cine de justicieros urbanos vivió su mayor gloria a finales de los 70 y principios de los 80 con títulos protagonizados en su mayoría por figuras como Charles Bronson , y es a ese tipo de films al que “Drive” se asemeja sobre el papel pero en lo que respecta a su forma estamos mucho más cerca de Melville y Michael Mann, y eso es lo que prima en la película y por lo que funciona. Nos encontramos ante un estimulante ejercicio estilístico en donde se palpan los 80 por medio de la fotografía, el vestuario y la música. Y es que si hubiera que definir con un adjetivo a “Drive” usaría cool.
El protagonista del film, así como la naturaleza de la cinta, se podrían describir por medio de una escena, para mi gusto la mejor del film, el momento en que el conductor le confiesa a Irene su participación en un crimen que ha cometido con su marido entrando posteriormente en el ascensor, que ya está ocupado por otra persona. No hay palabras, sencillamente vemos al conductor observar al hombre que tiene a su lado, apartar a Irene a su espalda, girarse hacía ella, besarla y de repente golpear violentamente al tipo hasta reventarle la cabeza. Pasamos de un momento intimo y tierno, plasmado por medio de la cámara lenta y oscureciendo la escena, a una situación violenta y sanguinaria inesperadamente. Así es “Drive”, una película elegante que, cuando menos lo esperas, explota.

Hace poco salió otro título con el que “Drive” posee similitudes como es “El Americano”. Ambas ponen la vista en el cine europeo en su forma (no en vano están realizadas por directores del viejo continente) y más concretamente en Melville y su “Le samourai”. Los protagonistas de las mismas son hombres sobre los que tenemos poca información acerca de su vida pasada, solitarios, con un código de honor que rige sus vidas y que tienen la mala suerte de cruzarse con una mujer que cambiará su destino. Claro que mientras la cinta de Anton Corbijn supuso una cierta decepción, quizás por su tono demasiado impostado, la de Winding Refn convence, y para mi gusto lo consigue por saber compaginar ese halo místico del justiciero solitario con un empaque retro.
Además de a Melville antes he citado a Michael Mann como fuente sobre la que el trabajo de Winding Refn se apoya. Mann es otro heredero del cine del director francés, quizás el más evidente, a cuyas películas dota de un estilo visual muy personal ayudado por una selección musical soberbia. En “Drive” vislumbramos algo similar, una cuidada puesta en escena perfectamente ambientada para la ocasión mediante una fotografía a cargo de Newton Thomas Sigel y una banda sonora muy potente en que se alternan canciones ochenteras con la composición de un inspirado Cliff Martinez. Por si eso fuera poco Winding Refn ambienta su historia en una de las ciudades preferidas de Mann, Los Ángeles, y al igual que él, la enmarca en zonas urbanas alejadas de todo lo que tenga que ver con la meca del cine.

Nicolas Winding Refn se alzó con el premio al Mejor Director en el Festival de Cannes de 2011, algo a lo que no se le puede poner muchas pegas visto el resultado final de su película. Y es que todas las virtudes de “Drive” las encontramos en el trabajo y decisiones del director, que va desde la estilosa, y por momentos impactante, puesta en escena a la elección de los actores. Personalmente me estimula ver una película planificada de forma tan elegante, incluso en los momentos en que la violencia se apodera del relato. Escenas como las del enfrentamiento en el motel o la anteriormente citada del ascensor son posiblemente las más memorables, pero a ellas también se podrían añadir la de la persecución tras el robo en donde se introduce un ralentí desde el interior del coche con Christina Hendricks asustadas mientras a su espalda, tras el cristal, el coche rival vuela por los aires o todo el prólogo, maravilloso, en donde se nos describe al protagonista y su forma de actuar tras el volante. La mayor pega que se me ocurre poner al trabajo de Windign Refn es que algunos planos en que no se habla ni ocurre nada parecen demasiado alargados, casi contemplativos.
Refn saca de su reparto lo que la historia necesita, así pues Ryan Gosling (que repetirá con el director en “Only God Forgives”) es un ser de apariencia tranquila capaz de soltar su aguijón en cuanto se siente amenazado. Su imagen con la chaqueta del escorpión, la cual sirve como metáfora (demasiado evidente) para describir la personalidad de su personaje, ha llegado a ser emblemática. Carey Mulligan desprende calidez e inocencia siendo Irene, una joven madre que busca alguien que la proteja a él y su hijo. Oscar Isaac consigue impregnar de arrepentimiento a Standard, esposo de Irene. Ron Perlman es Nino, gerente de un restaurante italiano que tiene negocios con la mafia. Albert Brooks es Bernie, empresario que decide promocionar al conductor dentro de las carreras de coches y que esconde negocios sucios. Dos exitosos rostros televisivos participan en el film. Bryan Cranston es Shannon, jefe del taller en que trabaja el conductor cuando no ejerce de especialista y lo más cercano a un mentor o figura paterna que posee. Christina Hendricks es Blanche, compinche en el robo que desencadenará la tormenta.

El guion, que se basa en la novela de James Sallis, es sencillo y predecible, teniendo bastante en común con el mítico western “Shane”. Su punto de partida recuerda al film de Walter Hill “Driver” aunque luego se centre en la historia intima entre el conductor e Irene y de cómo éste está dispuesto a llegar hasta el final por protegerla a ella y su hijo.

“Drive” es una película primordialmente visual. Un ejercicio de estilo con una personalidad heredera de los 70 y 80. Estimulante.

Lo Mejor: Su estilo visual. La Banda Sonora. El reparto.

Lo Peor: El guion, predecible.

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