Holy Motors, de Leos Carax

Reconozco mi desconocimiento hacía la filmografía de Leos Carax, uno de los autores franceses más personales y controvertidos, sin embargo su última obra llamó mi atención tras su sonoro éxito en el último Festival de Sitges y su continua presencia en diferentes redes sociales. La cinta, además, fue la escogida por la distribuidora Avalon para inaugurar la experiencia “Oculto”, en la cual los espectadores desconocen qué película se les va a proyectar, una iniciativa de lo más interesante y atractiva.

Hacer un resumen sobre “Holy Motors” resulta complicado, ya que se trata de una sucesión de historias con el personaje principal como único vínculo. Pero más que la historia, lo que importa en la última película de Carax son las sensaciones que nos transmiten sus imágenes y, sobre todo, su protagonista, Monsieur Oscar, quien viaja en una limusina realizando diferentes paradas en las cuales representará un rol distinto, desde un padre comprensible hasta un grotesco ser de las cloacas. Es un hombre con mil caras, con una paleta de personalidades que parece no tener fin, pero, también, un alma en pena, condenada a vivir diferentes identidades olvidando quién es en realidad. Tras las imágenes chocantes y arrebatadoras del film podemos vislumbrar el drama de un ser que vaga por el mundo cansado de fingir ser otra persona según la situación se lo pida.

El inicio de la película parece ser una declaración de principios por parte del director al mostrarnos el patio de butacas de un cine lleno de espectadores, atrapados por las imágenes que se están proyectando, y a él mismo levantándose de su cama y atravesando la pared decorada con un bosque para entrar en ese mismo cine. Es una secuencia completamente alucinante que recuerda al mejor Lynch y que nos sumerge por completo en la mente de este director tan personal.
Carax parece romper las reglas establecidas al no importarle si el público entiende o no lo que está contando, sólo le interesa mostrar lo que su imaginación rocambolesca le dicta, un viaje en limusina por Paris en donde se den de la mano locura, amor, religión, baile, violencia, música y tristeza. Un show esperpéntico que se podría entender como un universo onírico en donde se pasa del sueño más confortable a la más horripilante de las pesadillas y en que deambulan personajes pintorescos. Una de las mejores frases del film cita que “la belleza está en el ojo de quien mira”, y es cierto, lo que para algunos podría parecer desagradable a otros puede parecerle exquisito, sucede así desde el principio de los tiempos en el arte, y en la aventura de Monsieur Oscar encontramos dicha tesis expuesta, ya que sus imágenes no dejarán indiferente a nadie, recordándonos en más de una ocasión que la belleza también se esconde tras lo bizarro.

Entre las diferentes historias que forman este collage he de decir que consiguieron sobrecogerme tres en concreto: la danza sexual de los dos personajes de motion-capture, en que el contorno de sus cuerpos dibujan formas indescriptibles; la despedida que se produce entre dos familiares cuando uno de ellos está a punto de exhalar su último aliento, con un final chocante; el reencuentro entre dos viejos amantes en que una canción parece resumir la naturaleza de todo el film, en donde florece la belleza y la melancolía, la mejor secuencia de la cinta y una de las mejores del año. Además encontramos un entreacto a ritmo de acordeones que merece la pena ser encuadrado entre lo más fascinante. En contra he de decir que la historia protagonizada por el Sr. Mierda (personaje que Carax ya utilizó en su cortometraje “Tokio!”) me dejó frio y un poco fuera de juego.
La película no sería la que es si no tuviera a Denis Lavant como protagonista. El actor fetiche del director desprende aquí todo su potencial interpretativo transformándose continuamente, demostrando ser todo un camaleón. Sin lugar a dudas es una de las interpretaciones más memorables del año. A Lavant le acompañan Edith Scob como Céline, la enigmática chófer que muestra rasgos de simpatía y amistad hacia el hombre al que debe conducir de un acto a otro, llegando a ser, incluso, su confidente. Eva Mendes personifica la belleza idolatrada por los medios que contrasta con la fealdad del horripilante personaje del Sr. Mierda en el episodio que tergiversa “La Bella y la Bestia” y que posee cierta connotación religiosa. Kylie Minogue protagoniza la secuencia más bella y triste del film.

Leos Carax ha conseguido volver a demostrar que en el cine aún existen posibilidades para hablar del ser humano con personalidad, sin seguir las normas establecidas, consiguiendo el que posiblemente sea el film más valiente, experimental, surrealista y arriesgado del año, una obra abstracta y anárquica. Fascinante.

Lo Mejor: Ser un salto sin red en que se transmite libertad y creatividad. Lavant y sus mil caras.

Lo Peor: El episodio del Sr. Mierda no acabó de engatusarme como el resto.

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