Los Miserables, de Tom Hooper

LesMiserablesPoster“Los Miserables” es, posiblemente y junto con “Notre Dame de París”, el libro más emblemático de Victor Hugo y, por ende, una de las obras más conocidas de la literatura universal. La búsqueda de redención, el odio, el rencor, la pobreza, el amor, la religión, la justicia. “Los Miserables” contiene muchos temas a tratar que, aún ahora, ciento cincuenta años después de ser publicada, siguen teniendo vigencia. Y es que aún existen seres humanos desfavorecidos que sufren el yugo de otros; grupos que claman por una sociedad mejor; personas que buscan enmendar sus errores. La obra traspasa su marco histórico de la rebelión francesa de 1832 para convertirse en un tapiz universal.
Su fama la ha llevado a ser trasladada a todo tipo de medios, incluido el cine y el teatro, en donde se convirtió gracias a la labor de Alain Boubil, Jean-Marc Natel y Claude-Michel Schönberg en uno de los musicales más famosos de todos los tiempos que, aún a día de hoy, se sigue representando. Era de esperar que, tarde o temprano, su paso a la gran pantalla se llevara a cabo, algo que, tras muchos años de intentos, se ha hecho realidad con un elenco de primera categoría dirigido por el ganador del Oscar Tom Hooper.

Jean Valjean es liberado tras nueve años de trabajos forzados, sin embargo, y debido al papel que lo acredita como exconvicto, le es difícil encontrar un oficio. El obispo de Digne le da cobijo y le exculpa de robarle frente a la justicia pidiéndole que siga un camino de bondad, algo que Valjean cumple cambiando de identidad y convirtiéndose en alcalde de Montreuil. Allí conoce a Fantine, una joven que trabaja para dar de comer a su hija Cosette, a quien tiene viviendo en la distancia con los taberneros Thénardier. Tras ser ultrajada y vivir penurias Fantine es rescatada por Valjean, quien le jura proteger de Cosette en su nombre, aunque para ello deberá vivir huyendo del inspector Javert, obsesionado con cazarle.

Tenía mucha expectación por comprobar cómo se había llevado a cabo el traslado del famoso musical a la gran pantalla, y lo cierto es que tengo sentimientos encontrados. Por un lado he de decir que la película consiguió emocionarme y ponerme el vello de punta como hacía tiempo no lograba otra cinta, pero por otro he de manifestar mi descontento con la manera en que se ha llevado a cabo, llegando a resultarme en varios tramos monótona e incluso aburrida.
El teatro y el cine poseen rasgos muy similares, y podríamos decir que son como primos, pertenecen a una familia común pero con diferente ADN. Lo que en teatro queda reducido entre tres paredes en el cine puede ser engrandecido, ampliando los horizontes que ofrece el medio, pero curiosamente con “Los Miserables” encontramos algo a la inversa. El musical teatral, a pesar de su carácter intimista sin grandes coreografías, existen verdaderas piezas llenas de grandeza, en que el escenario llega a engullir al espectador sobrecogiéndolo y transportándolo a la Francia revolucionaria. Por el contrario, en el film, Tom Hooper ha optado por reducir los espacios y centrarse en exceso en los actores, algo que viene de perlas en los soliloquios (“I dremed a dream” como ejemplo más representativo), pero que cojea cuando la ocasión clama por tener algo más majestuoso u operístico (caso de “Do you hear the people sing?” o la parte de la batalla). Y es que un musical cinematográfico, según mi opinión, debe poseer grandeza además de personalidad, algo que parece que Hooper quiere otorgar pero sin saber muy bien cómo, optando finalmente por volver a una dirección funcional y académica con su particular sello en que los personajes queden enmarcados en un lateral, obteniendo un resultado que alcanza en su tramo final la monotonía y la repetición (los dos temas en solitario de Javert poseen planos idénticos), coronado con un montaje torpe.

HathwayFantine

Existen varias similitudes entre “Los Miserables” y otro musical adaptado recientemente a la gran pantalla, “Sweeney Todd”, ambos carentes de coreografías en donde los personajes transmiten sus pensamientos, y dialogan, cantando. Se han llevado al cine siguiendo a rajatabla lo que ya se veía en el musical teatral, aunque aquí ya vemos más virtudes en la de Burton, que recortó finalmente la aparición de los fantasmas y el tema “Ballad of Sweeney Todd” para dar más fluidez a su cinta. En el musical fílmico del barbero se desarrolla muy bien la trama, con escenas que encadenen a la perfección una canción de otra con el particular sello visual del director de Burbank. Por el contrario, en “Los Miserables”, las canciones se suceden casi sin respiro ni apenas transiciones, cuando es algo que la ayudaría sobradamente, en especial algún encadenado o fundido a negro. Además, dicha decisión impide que se desarrollen bien los personajes y varias relaciones resulten muy superficiales (caso de Cosette con Marius o, esto tiene más pecado, Valjean con Javert). Es como si en lugar de haber rodado una película se hubiera cogido todo el repertorio musical, con la aportación del tema “Suddenly” (diseñado para el film y para ver si puede rascar un Oscar, pero sin aportar mucho a la trama) y hubieran dicho “bien, ahora lo rodamos con grandes escenarios, pero con muchos primeros planos de los actores, que en teatro el público está lejos”. Para eso mejor ver el concierto conmemorativo del 25 Aniversario. Por último, resulta curioso comprobar como los elementos cómicos de la trama, los Thénardier, son interpretados por dos actores que participaron en la cinta del barbero (Bonham-Carter y Baron Cohen) y cómo sus escenas dignas de Grand Guignol recuerdan al estilo de Burton (o al menos eso quise ver).

A Tom Hooper le tocó la lotería cuando ganó el Oscar por “El Discurso del Rey”, ya que no sólo se fue con la dorada estatuilla bajo el brazo, sino que llegó a ser el elegido para un proyecto anhelado por muchos otros. Bien es cierto que Hooper posee una virtud indiscutible que logra que sus películas sean catalogadas, mínimamente, como buenas, y es su excelente labor con los actores, verdadera espina dorsal de su cine. En “Los Miserables” tiene un material base muy sólido sobre el que se apoya con una elección de casting acertada. Sin embargo, y al igual que esa gran virtud, Hooper posee un defecto, es excesivamente teatral, y eso, en esta ocasión, no solo se nota en su planificación sino en el diseño de producción y en el escaso partido que se le saca a los escenarios consiguiendo un acabado artificial, como de cartón piedra(de hecho la barricada juraría que es la misma que aparece en la versión teatral). A parte de eso queda constancia de que el director se pierde a la hora de situar a los personajes en los espacios o cuando trata de rodar escenas de batalla, ininteligibles, con movimientos de cámara caprichosos y sin sentido que llegan a resultar molestos, e incluso feos, y es una pena, porque el prólogo del film promete, sobrecogiendo de la misma manera que en teatro, con la presentación de Valjean y Javert de manera sensacional.

JackmanValjean

El guion cinematográfico ha sido escrito por William Nicholson, cuyo trabajo no parece ser gran cosa más allá de aportar breves diálogos de tres frases. Afortunadamente, y a pesar de sus defectos, se mantiene la esencia de la obra original.
El trabajo de producción está muy cuidado, especialmente lo que se refiere al vestuario y la fotografía, aunque desgraciadamente transmita esa sensación teatralizada.

Aún así la película consigue su objetivo de emocionar llegando a merecer la pena, y eso es gracias al talento de los actores, además de a la innegable calidad de las canciones, que ya de por sí llegan al corazón. Si hay un logro por parte de Hooper es el de saber dirigir actores y el de regalarles planos en que lucirse (aunque abuse de ellos), así como el haber optado por rodar la película con los actores cantando in situ. Del elenco la que peor parada sale es Amanda Seyfried, y no porque lo haga mal sino porque Cosette parece más un personaje testimonial que alguien con verdadero peso. La actriz que ya participó en la adaptación cinematográfica de “Mamma Mia!” queda ensombrecida por Samantha Banks, joven actriz recuperada del musical teatral para dar vida de manera soberbia a la enamorada no correspondida Éponine. Junto a ellas tenemos a Eddie Redmayne, gran sorpresa del film que da vida a Marius y entona la bellísima “Empty chairs at empty tables”. El joven Daniel Huttlestone roba el corazón como Gavroche, el más joven y fiel de los revolucionarios. Aaron Tveit es Enjolras, amigo de Marius y líder del grupo revolucionario. Helena Bonham Carter vuelve a repetir con Hooper dando vida a Madame Thénardier como si lo hiciera para su esposo, mientras que Sacha Baron Cohen sigue demostrando cuán camaleón puede llegar a ser como el ruin Monsieur Thénardier. Russell Crowe ofrece su presencia al Inspector Javert y posee su momento de gloria con la estupenda “Stars” pero poco más, a veces parece deambular sin saber muy bien por donde pisa. Para el final dejo a los dos actores que emocionan y son los pulmones del film: Hugh Jackman y Anne Hathaway, a los cuales el destino ha querido unir tras compartir brevemente escenario en aquella gala de los Ocars que Jackman presentó en 2009. El actor australiano logra por fin un papel que haga justicia a sus dotes musicales que tanto ha desarrollado sobre los escenarios. Con Valjean logra una de sus mejores interpretaciones, llena de fuerza y sensibilidad, con momentos inolvidables como su epifanía al principio o el “Who am I?”. Inmenso. A su lado tenemos al alma del film, una desgarradora Anne Hathaway que nos destroza el corazón cantando “I dreamed a dream” en un primer plano fijo por el que ya le pueden ir dando el Oscar como Secundaria. Las emociones a flor de piel y las lágrimas que fluyen son por ella, que compone una Fantine inolvidable.

“Los Miserables” es una de las películas que más ha dado que hablar en 2012 y que por fin ha visto la luz en unas fechas propicias para acercarse al cine y volverse a enamorar con sus canciones y sus personajes. Supongo que los que no hemos disfrutado tanto del film es porque hemos visto la obra en teatro y no ha alcanzado el impacto que nos causó entonces. Aun así, y a pesar sus defectos, consigue emocionar, por lo cual ya vale la pena.

Lo Mejor: Hathaway y Jackman al timón de un sólido reparto que entona a la perfección canciones inolvidables.

Lo Peor: Visualmente resulta monótona.

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