The Master, de Paul Thomas Anderson

MasterPosterPaul Thomas Anderson es una de las voces más personales del cine norteamericano contemporáneo. Sus películas no hablan de un sólo tema sino que abarcan diversas capas argumentales a través de sus protagonistas, verdaderos motores de sus historias. Ahora, tras cinco años de ausencia regresa con otra intensa película que le ha costado sacar adelante.

Freddie Quell es un soldado de la Marina que concluye su servicio y debe reintegrarse laboralmente en la sociedad. Sus problemas con el alcohol parecen impedirle llevar un camino recto, hasta que tropieza con Lancaster Dodd, líder del movimiento conocido como La Causa.

Desde que se dio a conocer el argumento del film se ha promocionado a “The Master” como el film sobre el origen de la Cienciología, sin embargo afirmar que narra el nacimiento del movimiento creado por L. Ron Hubbard sería quedarse muy en la superficie. Y es que la película vuelve a hablar, como es habitual en el director, del individuo, el cual busca en todo momento una manera de huir de la omnipresente opresión en que se encuentra, y lo hace como si de una sesión psicológica se tratara, deteniéndose cuidadosamente en los personajes y su entorno.
Freddie es un rebelde sin causa, un soldado que parece tener un cierto desequilibrio mental causado por los traumas de la guerra y la incesante cantidad de alcohol que ingiere. No le importa nada, vaga por la vida perdido, mudándose de un sitio a otro. Es el tipo perfecto para ser atraído a un club o entorno social que busque crecer por medio de personas débiles (La Causa en el film) a las que abrazar dándoles el afecto anhelado. Freddie acepta unirse a La Causa, aunque, con el tiempo, el vacío y la sensación de opresión vuelven a apoderarse de él.
A su lado tenemos a Lancaster Dodd, el líder y maestro de los fieles que siguen sus creencias sobre la posibilidad de viajar en el tiempo y ver más allá del presente. Dodd se presenta como un hombre seguro de sí mismo, convencido de la doctrina que propaga, sin embargo, y al igual que Freddie, se siente encarcelado, oprimido. Y es que detrás del recto guía espiritual podemos descubrir a un ser amaestrado que llega albergar dudas y a sentirse insatisfecho en su cometido, aunque apenas lo demuestre.
Ambos personajes son dos caras de la misma moneda, claro que mientras Freddie se muestra inquieto en su búsqueda de libertad y contrario a aceptar las normas sociales comportandose como un ser indomable Lancaster ha aceptado su situación. No hay mejor ejemplo de esto que la secuencia en que están encarcelados. Mientras Freddie deja llevarse por sus irrefrenables impulsos psicóticos y lucha por liberarse Lancaster se encuentra calmado, a la espera, como si estar en una prisión para él fuera habitual. Finalmente ambos personajes se enzarzan en una pelea de gritos e insultos como si fueran dos perros rabiosos, poniendo de manifiesto la verdadera naturaleza animal del ser humano, la cual Lancaster y su séquito se empeñen en no aceptar dentro de su credo.

MasterAdams

El marcado carácter psicológico del film rememora especialmente las doctrinas y estudios de Freud. Las sesiones ejercidas por Dodd se llevan a cabo mediante un proceso de hipnosis y de la interpretación de los sueños, sobre lo cual se basó el trabajo del conocido médico austriaco. Claro que más allá de eso nos encontramos con el tema recurrente en todo estudio freudiano, el sexo, con el papel que ejerce la mujer para el hombre especialmente, y ahí entran los personajes de Peggy y Doris. Peggy es la esposa de Lancaster, una dulce y cálida madre de familia que tiene bien cogida la sartén por el mango en casa y que acaba descubriéndose como un personaje inquietante y manipulador, verdadera alma de La Causa, para la cual hará todo lo posible, incluido mantener a su amado maridito a raya de todas las maneras posibles.
El pobre Freddie, por su parte, demuestra tener un deseo sexual inabarcable, es parte de su rebeldía, ninguna mujer consigue satisfacerle del todo, y eso es parte de su mal. El pobre marinero se siente dolido, arrepentido, enfermo por culpa de una mujer a la que hizo daño, Doris. Dicha relación fue breve, intensa, le llegó al corazón. Era amor de verdad. Abandonado por ese sentimiento, Freddie sigue vagando por el mundo soñando con acostarse junto a esa mujer que un día tuvo y ya no le pertenece. Y es que, a la hora de elegir cárceles, ninguna mejor que el cuerpo de una mujer.

En el cine de Anderson encontramos una figura bastante recurrente, la del gurú o guía. En “Magnolía” era T.J.Mackey y sus clases de dominación sexual. En “There will be Blood” Eli Sunday y su espiritual Iglesia de la Iluminación. En “The Master” tenemos a Lancaster Dodd y su Causa. Al contrario de lo que habitualmente sucede, Anderson no utiliza dichos personajes como figura de apoyo sino que a través de ellos demuestra la insatisfacción personal, la cual intentan suplir con creencias a las que sumar a individuos que los apoyen y les hagan sentirse mejor. Macke, Sunday y Dodd saben ganarse a las masas por medio de su labia y sus ideologías, aunque éstas no sea más que una fachada para ocultar lo que en verdad tortura su alma.

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Paul Thomas Anderson continua el camino emprendido con “There will be Blood”, en la cual su estilo enérgico y acelerado fue sustituido por uno más moderado, en que el ritmo fuera más pausado pero sin perder la intensidad que lo caracteriza, con una fuerza visual acrecentada por un guion lleno de sustancia y unos actores en estado de gracia.
“The Master” posee, pues, una narración reposada en que el director vuelve a hacer gala de su maestría cinematográfica con largos travellings y planos secuencia (atención al que sigue a Freddie desde el muelle al interior del barco), aunque, en ésta ocasión, sustituye la grandeza de los paisajes de su anterior film por espacios más reducidos en donde sean los personajes los que lleven la voz cantante. Y es que Anderson se centra completamente en ellos, utilizando de manera brillante primeros planos que subrayen las sesiones psicológicas llevadas a cabo. De todas ellas quizás la más memorable y sobrecogedora sea la primera a la que es sometido Freddie, en donde aparece el nombre de Doris por vez primera, con una interpretación de Joaquin Phoenix que pone los pelos de punta.
De esta forma el director consigue alcanzar una madurez narrativa incuestionable, con planos llenos de belleza y en donde se refuerza la naturaleza de los personajes (contrapicado de Amy Adams dejando claro quién manda), la sensación de opresión y búsqueda de libertad, llegando a conseguir hipnotizarnos de la misma manera que logra Dodd con sus feligreses.

El guion me parece sensacional, tocando infinidad de temas que no dejan de tener actualidad. La Causa es un movimiento ideológico como otro cualquiera y la película pone de manifiesto cómo puede llegar a convertirse en un suplicio incluso para aquellos que la defienden. El sermón que suelta Lancaster sobre el dragón funciona como pequeño símil a la de los dos protagonistas.
A nivel técnico no se le puede poner pena alguna (en realidad, no se le puede poner pega a ningún apartado). La fotografía de Mihai Malaimare Jr. es sensacional captando el ambiente de los 50 (acojonante cuando Freddie trabaja en los almacenes y aparecen sus modelos) mientras que la Banda Sonora de Johnny Greenwood consigue aportar una atmosfera con personalidad que refuerce las sensaciones que transmite la película.

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Gracias a “The Master” podemos disfrutar de un duelo interpretativo como no veíamos desde hace años. Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman protagonizan conjuntamente secuencias para rememorar una y otra vez, con una riqueza de matices y reacciones dignas de todo halago. Phoenix parece no abandonar el camino de la autodestrucción con un personaje compungido, triste, alguien con el que cuesta simpatizar al principio. Seguramente la labor de Phoenix, con transformación física incluida (aparece excesivamente delgado y encorvado), lleve a mucha gente a catalogarlo como el mejor del film, pero enfrente tiene a otro monstruo de la interpretación como es Philip Seymour Hoffman, socio habitual de Thomas Anderson que llena la pantalla desde el primer instante que aparece. Frente a la irascibilidad de Phoenix tenemos una contenida interpretación por parte de Seymour Hoffman, el cual demuestra, una vez más, su estatus de camaleón aunque sólo lleve bigote. Por favor que Thomas Anderson siga contando con él para sus películas, para mi están consiguiendo llegar a la altura de lo que consiguieron Scorsese-De Niro. Junto a la pareja protagonista tenemos a la gran Amy Adams descubriéndose como una maquiavélica e inquisidora titiritera. Adams es otra de mis debilidades a la que poca pega puedo poner, salvo que si hubiera salido más en pantalla no me habría importado. Laura Dern aparece brevemente como una de las fieles de La Causa.

“The Master” es todo un reto para el espectador. Una película que posee clasicismo y modernidad a partes iguales y en donde volvemos a disfrutar de un duelo interpretativo de altura. Fascinante, atrevida, compleja e hipnótica.

Lo Mejor: Su poder de hipnosis. El duelo interpretativo de Phoenix y Seymour-Hoffman bajo la mirada de Adams.

Lo Peor: Un ligero alargamiento en el tramo final, poca cosa.

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4 pensamientos en “The Master, de Paul Thomas Anderson

  1. Grandísima reseña amigo…poco que decir, aunque ya sabes que compartimos pasión por Amy Adams que me recordó en su papel a Laura Linney en “Mistic river” en aquel discurso que le da a Sean Penn sobre el rey que proteje a sus hijos…
    El otro día estaba viendo en TV “Misión Imposible 3” que no la tenía muy fresca y es cierto lo bueno que es Seymour Hoffman haga lo que haga, me lo creo y me parece un soberbio actor…uno de los grandes

  2. Muchas gracias amigo Ángel!!

    La pobre Amy Adams tiene la mala suerte de estar nominada en años que hay clara ganadora (aunque yo ya se lo habría dado por “La Duda”) pero este año poco tiene que hacer contra Hathaway y su momentazo entonando el “I dreamed a Dream”.
    Sobre Seymour Hoffman creo que estamos todos de acuerdo en reconocerlo como uno de los grandes, y con una filmografía muy sólida (aunque ahora participe en “Juegos de Hambre”).
    Gracias por comentar.

    Un saludo 😉

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