SilverLiningsPosterPat Jr. es un profesor que acaba de salir después de ocho meses del hospital psiquiátrico en que internó por golpear al amante de su esposa tras encontrarlos en la ducha. Pat, que sufre un trastorno de bipolaridad, es incapaz de olvidar a su esposa, a la cual aspira a recuperar de cualquier manera. Será entonces cuando aparezca en su vida Tiffany, otra joven con crisis emocionales.

No debemos dejarnos llevar por las apariencias, la nueva película del director de David O. Russell es, como ya le sucediera a su anterior film (la sobrevalorada “The Fighter”), similar a cualquier telefilm de sobremesa, un drama con tintes familiares e historia de amor como medida de superación personal. Claro que a algo le deberá su éxito en los premios y festivales anuales, al menos eso me cuestionaba cuando el film llevaba escasos quince minutos en que apenas ofrecía que no se haya visto, salvo por el ritmo acelerado y la calidad interpretativa de los actores. Y entonces sucede, aparece un catalizador provocando una reacción inflamable similar a la que causaba Kim Basinger en “Cita a Ciegas”. Al fuego se le combate con fuego, y a Pat Jr. y sus continuos ataques de desequilibrio emocional le debe dar replica y hacer frente alguien tan inestable como él, o más, y ahí aparece Tiffany, la joven recién enviudada que ha sembrado la mala fama de acostarse con todo hombre que se le cruce por delante. Dos trenes acaban de colisionar, dos personajes que sufren las heridas de una pérdida y tratan de salir adelante con sus repentinos cambios de humor a cuestas. Tiffany es la dinamita que hace explotar la historia y convertirla en algo que merece la pena.

La película consigue narrar con desenfado una historia triste que habla de seres perdidos a los que la sociedad no comprende. Pat y Tiffany poseen el don de decir todo lo que piensan sin importar qué dirán, aunque en el caso de él trate de controlarlo para reconquistar a su esposa. En este mundo de locos que vivimos, pero que parece no querer aceptarse, encontramos personas como nuestros protagonistas que se encuentran y viven su particular historia en la que aprenden a pasar página para acabar por aceptarse a sí mismos y ser más felices.

David O. Russell narra con un ritmo vertiginoso la historia, algo que se agradece y la dota de ese aroma agradable. Aunque particularmente no disfruto con su estilo excesivamente libre con la cámara hay que reconocerle saber aprovechar los elementos con los que cuenta, desde un guion escrito por él mismo que adapta la novela de Matthew Quick mediante unos diálogos rápidos, director y certeros hasta unos actores estupendos, desde Bradley Cooper hasta, sorpresa, Chris Tucker. Cooper entró en el proyecto tras la salida de Mark Wahlberg para hacerse cargo del protagonista Pat, y he de decir que es la mejor interpretación que le he visto. Me lo creo en todo momento como ese hombre ansioso, torturado, con cambios de humor marcados y que despierta una extraña simpatía hacía su persona (será la honestidad con que dice las cosas). A día de hoy, su mejor papel. A su lado tenemos a la bomba del film, una Jennifer Lawrence que sigue demostrando su capacidad interpretativa con el rol de Tiffany, la verdadera protagonista, la que hace que el invento funcione. Sale en pantalla y ya todo ha merecido la pena, esta actriz es todo un portento. Da gusto poder disfrutar de un Robert De Niro que posee momentos emotivos y divertidos dando vida a Pat Sr., el hombre que muestra una obsesión supersticiosa y enfermiza (todos los personajes tienen una pizca de locura) con el futbol. Aunque parezca que Jacki Weaver tiene un rol secundario como la madre de Pa Jr. hay que decir que es el pegamento emocional que pone orden en el desequilibrado hogar donde viven, logrando un personaje al que se le coge cariño de inmediato. Chris Tucker es Danny, compañero del Hospital de Pat, experto en “quedar” libre. John Ortiz y Jula Stiles forman el matrimonio “idílico” formado por Ronnie y Veronica, amigo y compañero de juergas deportivas de Pat y hermana de Tiffany respectivamente, causantes de que los protagonistas se conozcan.

“Silver Linings Playbook” (“El Lado Bueno de las Cosas” en nuestro País) es otra agradable película que me ha hecho querer ser mejor persona y superar problemas una vez acaba su visionado. No es la Mejor Película del año, y puede que no sea recordada en los libros de Historia del Cine, pero cintas así vienen bien y demuestran que igual valor posee un aceptable cinco, con sus virtudes y defectos, como un rotundo diez

Lo Mejor: El reparto, con Lawrence en cabeza. El ritmo.

Lo Peor: No es tanto como pregonan, lo cual no tiene nada de malo.