El Gran Gatsby, de Baz Luhrmann

great_gatsby_ver17Poca esperanza existía en torno al resultado que pudiera ofrecer la nueva adaptación de la famosa novela de F. Scott Fitzgerald, una de las cimas literarias norteamericanas del S. XX. Y es que el anuncio a mediados del pasado 2012 del cambio de fecha del estreno daba idea de la inseguridad que tenía Warner sobre la misma, cosa sorprendente ya que era una de las que se barajaban para los Oscars, aunque, según justificaron después, era un riesgo que DiCaprio estrenara dos películas simultáneamente y decidieron colocarla en Mayo, justo al comienzo de la temporada veraniega.

Nick Carraway es un joven con aspiraciones a escritor se muda a pasar el verano a Nueva York, en donde vive su prima Daisy con su esposo Tom Buchanan. Junto a su residencia vive un misterioso hombre que organiza fiestas en su inmensa mansión y que responde al nombre de Gatsby. Inesperadamente, Nick recibe una invitación para asistir a uno de esos estruendosos eventos de parte del mismísimo Gatsby, con quien entablará amistad y descubrirá el secreto que esconde tras su riqueza.

La obra de Fitzgerald ofrece una desmitificadora imagen del sueño americano, y más en concreto de los famosos años 20, cuando Estados Unidos vivió una fiesta sin freno gracias a su proliferación económica. No parecía existir mañana para todos aquellos que gastaban el dinero que llenaba sobradamente sus bolsillos gracias a la revolución industrial y el auge inmobiliario, ni para los que, a pesar de la Ley Seca, vivían de fiesta en fiesta, descorchando el champán, ingiriendo alcohol, bailando hasta que los pies casi se les rompieran. Era el desfase en su máximo expresión, un periodo en que la felicidad se medía en la cantidad de dinero que se poseía. Siempre se quería más, y más, y más, nada era imposible, y menos desde que un edificio había llegado a rozar el cielo. Y sin embargo, tras esa alegría, ese poder, se escondía la infelicidad de seres que se sienten solos, incompletos, incapaces de llenar ese hueco que les impedía sonreír de verdad.
“El Gran Gatsby” crítica la clase acomodada sin reparos. La hipocresía, los juicios hacia cualquier persona recién conocida y hacía los nuevos ricos, las máscaras que ocultan infidelidades aparecen a lo largo de un relato que tiene en su misterioso protagonista la personificación del idealismo, el amor y la melancolía. Jay Gatsby es el Sueño Americano sin fisuras, con un marcado idealismo y una pizca de inocencia, se ha formado a sí mismo y ha luchado contra todo lo que se ha puesto por delante hasta lograr lo que todo el mundo ansía, aunque para él no sea más que un medio para llegar a lograr lo que le empuja a seguir rodando, la persona a la que entregó su corazón, Daisy.
Se aporta así, a través del personaje, una visión romántica del mundo destruido por el paso del tiempo y por un pasado que cuesta que regrese.

No diré que la película no adapta fidedignamente el texto de Fitzgerald, ya que no es así, a pesar de prescindir de personajes (o hacerlos más secundarios) o de ofrecer una más protagonismo al narrador Nick, la película narra los hechos tal y cómo suceden en la novela. El problema del film radica en lo que personalmente ya me temía, Baz Luhrmann sigue adorando los excesos visuales, llegando a asfixiar con ellos una historia que no los necesitaba, o al menos, no en la medida en que se usan.
El director australiano sigue fiel a sí mismo regalándonos otra de sus películas personales, y es que, nos guste o no, Luhrmann es un autor, y su cine está caracterizado por música estridente y anacrónica con respecto a la historia, veloces movimientos de cámara y un montaje frenético al más puro estilo videoclip. Además su tema no cambia, una historia de amor que comienza como si de una comedia se tratase y acaba en la más triste de las tragedias (con excepciones, claro). Dicho desarrollo me funcionó como espectador en “Moulin Rouge!” y me horrorizó en “Australia”, así que ahora no me sorprende que siga por el mismo camino, aunque sí que mientras viera el film tuviera destellos de “Moulin Rouge!”, y es que aquí el director casi logra que olvide de que esto viendo “El Gran Gatsby” y piense que esto es la segunda parte del musical, sustituyendo a McGregor por McGuire (el narrador torturado) y a Kidman por DiCaprio (la persona amada/admirada).

GatsbyDiCaprio

A pesar de no gustarme sus manierismos narrativos, creo que a Luhrmann le gusta el buen cine, el clásico, siempre ha dejado huella de ello, por ejemplo en “Australia” usaba “El Mago de Oz” y su “Over the Rainbow” casi como leit motiv, y sus títulos de crédito son muy elegantes, por no citar el uso dela fotografía en sus películas, rememorando el gran technicolor, aunque en ocasiones resulte pasteloso y sobrecargante, como en la presente. Así pues, Luhrmann, criado entre grandes títulos musicales de MGM y Warner, entiende el cine como un gran espectáculo cercano a una fiesta de luz y color, tal vez sea por esa razón por la que cualquier historia, por muy íntima que sea, las adorna con mil y un trucos que dejen boquiabierto al espectador, ya sea para bien o para mal.

En “El Gran Gatsby” no me gustó que de nuevo se decantara por un estilo excesivamente cómico para la presentación de Nick al llegar a Nueva York, ni que se excediera en la representación de las fiestas, aunque, a medida que va progresando hacia el drama clásico una vez entra Gatsby en escena, mejora y llega a transmitir el alma de la novela.
Si me tuviera que quedar con una secuencia tengo claro que sería la confrontación entre Gatsby y Buchanan en la habitación de Nueva York. Me pareció todo un logro por parte de Luhrmann conseguir transmitir el ambiente tan cargado, ya no sólo por el insoportable calor, ni por los aparatos de aire acondicionado o el picahielos, sino por los personajes, que saben que de un momento a otro todo va a explotar.

La Banda Sonora, a pesar de prescindir del jazz característico de la época y que tan presente estaba en la obra de Fitzgerald (a excepción de la presentación del personaje por medio del Raphsody in Blue), posee una selección de canciones soberbia aunque no me convencieron del todo insertadas en el film.
Los efectos especiales no están todo lo cuidados que debieran, aunque también es cierto que al director le gusta dejar marcado qué es real y qué fabricado por ordenador, como si estuviésemos en un teatro o en la época dorada de las películas.
Luhrmann vuelve a encontrarse con Leonardo DiCaprio para realizar este proyecto tan personal para ambos tras “Romeo+Julieta”. Ya tenemos claro que DiCaprio es muy buen actor y que de unos años a esta parte se ha forjado una carrera impecable, cosa que parece no ensuciará con la presente, aunque si está más bajo de lo que nos tiene acostumbrados. Su interpretación como Gatsby me resultó perfecta en los momentos dramáticos, aunque un tanto forzada cuando se tratan de escenas más alegres o incomodas (cuando espera a Daisy en casa de Nick, por ejemplo). Aun así me convence como el personaje. Su amigo Tobey McGuire sigue dando vida a personajes bondadosos y algo tímidos como es el caso de Nick, el joven que se ve engullido por lo que la gran ciudad le ofrece. McGuire me resultó muy justo y prescindible en más de una escena. Carey Mulligan está correcta como Daisy, la delicada flor que robó el corazón de Gatsby. Mulligan es muy buena actriz, pero, al igual que McGuire, no consigue convencerme del todo, sólo en su escena en el hotel conseguí vislumbrar algo del personaje descrito por Fitzgerald. Joel Edgerton me resulta perfecto como Tom, el millonario esposo de Daisy que tiene un affair con la esposa del dueño de la gasolinera. Edgerton consigue dotar de humanidad al personaje que se catalogaría fácilmente como “el malo”, cuando en realidad no es más que otro infeliz. El mejor del reparto para mí. Tanto Elizabeth Debicki como Isla Fisher y Jason Clarke me resultan desaprovechados, sus personajes tiene más peso y relación con los protagonistas, cosa que aquí se ha reducido.

La película ha sido la encargada de inaugurar el Festival de Cannes 2013 con un recibimiento más bien tibio por parte de la crítica.
En definitiva Luhrmann consigue una atrevida y artificiosa mirada a un clásico. The show must go on.

Lo Mejor: Joel Edgerton. La calurosa secuencia en la habitación del hotel.

Lo Peor: Los excesos de Luhrmann.

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Un pensamiento en “El Gran Gatsby, de Baz Luhrmann

  1. No tiene arreglo Bazz, tod lo lleva al extremo de su imaginación a la hora de dirigir y claro eso conlleva el esperpento de película que ha hecho, lo único que salvo de ella es a Joel Edgerton y el 3D que esta muy conseguido mi pregunta por cierto es, ¿qué narices pinta el 3D en la película? Es que no estaba recargada la película suficientemente con esos decorados y colores tan extravagantes que había que meterle además el 3D.

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