Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia), de David Lean

LawrenceposterA día de hoy, el concepto superproducción es aplicable prácticamente a cualquier producto procedente de Hollywood destinado a amasar grandes fortunas en la cartelera con un presupuesto desorbitado que no garantiza, de ningún modo, un resultado cualitativo satisfactorio. Sin embargo, el termino poseía otro cariz en otro tiempo, cuando los grandes estudios no sólo se preocupaban en destinar la mayor parte del presupuesto invertido en efectos especiales ni en grandes estrellas, sino que había una cierta preocupación en cuanto a la historia que se quería contar y al resultado final del conjunto. Famosos son los casos de producciones como “Cleopatra”, “Apocalipse Now” o “La Puerta del Cielo”, poniendo en peligro a las productoras encargadas de realizarlas o destinándolas, directamente, al cierre en el caso del film de Cimino.

Dentro de las superproducciones podemos encontrar grandes nombres como Cecil B. DeMille (el director bíblico por excelencia), William Wyler (sólo por “Ben-Hur” merece ser considerado un gran director de orquesta dentro del campo de las superproducciones), o, ya en la actualidad, Steven Spielberg (clásico vivo). Sin embargo, si existe un director al que considere como el maestro dentro del cine espectáculo, capaz de conjugar a la perfección historias intimistas, llenas de conflictos internos, con grandeza visual, ese es David Lean. El director británico posee una de las mejores y más cuidadas filmografía de la Historia del Cine, desde su primera etapa, en donde encontramos joyas como “Breve encuentro” o las adaptaciones Dickensianas “Great Expectations” y “Oliver Twist”, hasta sus grandes producciones épicas con sello Hollywoodiense, desde “El Puente sobre el Rio Kwai” hasta “Pasaje a la India” pasando por “La hija de Ryan” y, por supuesto, “Doctor Zhivago”. Claro que si hay una película dentro de su carrera que marca todo un antes y un después para la Historia esa es “Lawrence de Arabia”, todo un triunfo cinematográfico centrado en el Teniente Thomas Edward Lawrence, pieza importante dentro de la Rebelión Arabe de primeros del S. XX y autor del libro “Los Siete Pilares de la Sabiduría”, el cual serviría a Lean para crear este retrato psicológico sobre el personaje y sus días en Arabia.

El film gira en todo momento sobre la figura de Lawrence, un oficial con tendencia a la insubordinación y con una gran curiosidad por el mundo árabe, razón por la cual es elegido para ponerse en contacto con el Principe Faysal, gobernante de los pueblo árabes, los cuales se encuentran divididos en tribus y sin capacidad para hacer frente a sus enemigos turcos. Una vez entre en contacto con el Príncipe, y simpatice con él, Lawrence expondrá sus ideas sobre la situación y propondrá un plan para tomar Aqaba, anclaje estratégico dentro del conflicto, convirtiéndose así en simpatizante de la causa árabe y en líder de la rebelión, además de entablar amistad con el Jerife Alí, del clan Harish, y Auda abu Tayi, del clan Howeitat, los cuales deberán dejar al margen sus diferencias para aprender a combatir juntos. Poco a poco los pueblos árabes van ganando terreno a los turcos y, con ayuda ya no sólo de Lawrence sino también del gobierno británico, consiguen tomar finalmente Damasco con un resultado que sólo favorecerá a una de las partes, dejando a los árabes, una vez más, divididos entre sí, y a Lawrence herido anímicamente al ver cómo su utópico Concejo Árabe desaparece como arena entre los dedos.

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Sin lugar a dudas Lawrence es uno de los personajes más fascinantes de la Historia, ya no sólo cinematográfica sino Universal. Lleno de incógnitas, complejo, cuestionando siempre las ordenes de sus superiores, curioso sobre el mundo que le rodea, especialmente sobre la cultura árabe, hacia la cual muestra una especial simpatía e idealiza para ella una sociedad organizada con un gobierno bien establecido que pretende llevar a cabo mediante la revolución, el oficial británico es mostrado en el film como un ser humano en continuo conflicto consigo mismo y sobre las decisiones que debe tomar.
Uno de los rasgos más fascinantes de la historia que narra la película, y pilar fundamental de la misma, es la evolución que sufre el protagonista, pasando de ser un simple fisgón sobre el terreno a un adulado jefe del pueblo que llega a olvidar su naturaleza mortal. Lawrence toma contacto con el pueblo beduino con ilusión, encontrándose de cara con una cultura que le ha facinado durante mucho tiempo y sobre la que no pierde ocasión para entrar a formar parte, viéndose capaz de tomar partido y empujar a sus pueblos hacia una rebelión contra los turcos. Así comienza su andadura y su transformación, pues a lo largo de la guerra Lawrence crecerá popularmente, especialmente tras cruzar el desierto de Nefud, adquiriendo una gran fama entre los clanes que se le subirá a la cabeza de tal manera que creerá ser un nuevo Mesías para ellos, llegando a desarrollar un narcisismo de forma incontrolada. Pero en el viaje también descubrirá rasgos ocultos de sus personalidad que le harán tener miedo de sí mismo (escalofriante cuando declara haber disfrutado matando a un miembro de su grupo), pero que no le detendrán en su camino por conseguir el triunfo del pueblo árabe. Al contrario, su ansia de poder y egocentrismo parecen crecer a medida que se acerca el final, y las derrotas obtenidas, así como la tortura sufrida a manos del Bey de Daraa, lo cegarán de odio, llevándolo a cometer una masacre contra un pequeño convoy turco de camino a Medina.
A pesar de la importancia que cree tener dentro del mundo Árabe, Lawrence queda finalmente desilusionado con el resultado de su odisea al comprobar cómo todo por lo que ha luchado no ha servido para nada, resultando como ganador, como era de esperar, el gran Imperio Británico, aceptándose a sí mismo como un mero instrumento político que ha sido utilizado cuando la ocasión lo ha requerido, tal y como debe ser para todo soldado. Su Arabia soñada queda en su memoria, entre las limpias montañas de arena que vio teñidas de sangre y en las que dejó parte de su alma.

Levantar una producción de este calibre no fue tarea fácil. Sam Spiegel volvió a unirse a David Lean tras triunfar en los Oscars con “El Puente sobre el Rio Kwai”. Lean tenía especial interés en llevar a la pantalla la vida de Gandhi, pero al ver sus deseos frustrados optó por adaptar la historia que Lawrence relataba en su libro, teniendo así la oportunidad, de paso, de captar el mundo desértico que el escenario donde el personaje relataba su historia le ofrecía. Partiendo del libro escrito por el Teniente Lawrence, y recurriendo a diferentes libros sobre los hechos, se contrataron a los guionistas Robert Bolt y Richard Wilson (cuyo nombre estuvo desacreditado hasta 1978) para escribir el guión mientras se buscaban las localizaciones donde rodar y se contrataba el reparto adecuado, con especial dificultad en los personajes de Alí y Lawrence. Para dar vida al amigo del protagonista se contrató al egipto Omar Sharif mientras que para Lawrence la cosa estuvo más complicada, ya que se barajaron nombres como los de Marlon Brando o Albert Finney, sin resultado en ambos casos. Finalmente el papel recayó en el casi desconocido Peter O´Toole, quien se convertiría en alma del film.
La película se rodó casi en su totalidad en escenarios naturales, salvo el plano del amanecer, ya que siempre que se intentaba rodar el rollo de película de quemaba. El largo rodaje se llevó a cabo en lugares como Almería, Sevilla, Jordania, Londres y Marruecos.

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“Lawrence de Arabia” supone uno de la mayores triunfos del Septimo Arte. David Lean demostró ser un genio a la hora de narrar una historia que, a lo largo de sus cerca de 224 minutos, consigue embaucarnos y transportarnos al exótico país árabe. El poder que posee cada uno de los fotogramas es incuestionable, demostrando cómo se puede congeniar a la perfección lirismo con espectáculo sin necesidad de recurrir a fuegos artificiales ni grandes efectos, sino sabiendo utilizar los medios que se tienen al alcance de manera sabia y original. La cinta posee imágenes tan inolvidables como la del fundido de la cerilla al amanecer de Arabia; la presentación de Alí, como si de un espejismo se tratara; la carrera de Lawrence a través del desierto de Nefud, emocionante; el momento en que Lawrence viste sus nuevos ropajes y se observa en la daga; la toma de Aqaba; el ataque al convoy con el rostro ensangrentado de Lawrence; los disturbios en Medina. Toda la película es una Obra de Arte en sí misma, con un excelente nivel de composición escénica: montaje, interpretación, música, fotografía…. Todo es perfecto.
El ritmo no decae en ningún momento y es una muestra más de cómo una cinta, dure lo que dure, si está bien narrada apenas pesa, y más mérito tiene aún si la temática no es de nuestras favoritas, consiguiendo que prestemos atención e interés hacia lo que se nos está narrando.

El guión está perfectamente escrito y cuidado, poseyendo diálogos y frases llenos de filosofía.
La dirección artística, así como el vestuario, son excelentes, consiguiendo transformar los escenarios (como la Plaza de España de Sevilla) en las sedes y ciudades Arabes. Me resulta muy interesante la evolución que sufre el vestuario de Lawrence, afín a su desarrollo a lo largo de la historia. Primeramente lo vemos como oficial británico para después vestir los atuendos típicos de las regiones árabes, la vestimenta clara va tornándose más oscura a medida que avanza el conflicto remarcando cómo Lawrence va perdiendo conciencia sobre sí mismo.
El montaje es soberbio, siendo un gran flashback que nos narre la historia y dé pistas sobre la personalidad del oficial británico al que vemos morir en los primeros minutos de la cinta.
La fotografía de Freddie Young es extraordinaria a la hora de captar el ambiente del desierto, especialmente es memorable en las tomas nocturnas, de gran complejidad de rodar.
Maurice Jarre realizó una de las composiciones musicales más memorables de la Historia del Cine. Es imposible imaginar el desierto sin rememorar la música que el compositor creó para la cinta, y que le aporta más personalidad si cabe.

El reparto está compuesto en su totalidad por hombres, ya que el film no posee ningún personaje femenino (aunque si participaron mujeres como extras). El actor fetiche de Lean, Alec Guinness, dio vida al Principe Faysal demostrando de nuevo su capacidad camaleónica y su excelente hacer escénico. Jack Hawkins es el General Allenby, superior de Lawrence y alto mando del Cairo. Claude Rains es Dryden, miembro diplomático que vela por los intereses británicos. Anthony Quinn da rienda suelta, al igual que Guinness, a su fuerza escénica y camaleónica como Auda abu Tayi. Jose Ferrer es el inquietante Bey de Daraa. Omar Shariff ofreció una soberbia interpretación, llena de humanidad y complejidad, como Sherif Ali, papel que le abriría las puertas a Hollywood y lo llevaría a protagonizar la próxima gran obra de Lean. Peter O´Toole compuso uno de los personajes más fascinantes del Septimo Arte. Su Lawrence está en continuo conflicto, demostrándose como un hombre lleno de dudas, ambicioso, temeroso, pero también con rasgos cercanos a la inocencia y la timidez. Sobre el personaje siempre ha existido una cierta ambigüedad, algo a lo que ayuda el físico de O´Toole, la inexistencia femenina en el film y la escena de tortura en que el personaje es sodomizado. Una de la grandes interpretaciones cinematográficas.

La cinta resultó ser todo un éxito en 1962, coronándose con cuatro BAFTA, cuatro Globos de Oro y siete Oscars, incluidos los de Mejor Película y Mejor Director.
Directores como Steven Spielberg, Martin Scorsese, George Lucas, Ridley Scott o Minghella han declarado su amor y admiración al film de Lean, el cual es considerado como una de las obras artísticas más importantes de la Historia.
“Lawrence de Arabia” es más que una gran película, es el Cine en su Máxima Expresión.

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